Lento pero llega (Real Oviedo, 0 – Real Zaragoza, 0)


Ayer hice algo que no he hecho en los últimos diez años: vi el partido que jugó el Real Zaragoza en diferido, como esos ciudadanos que viven en el mundo de las cajas B. No es una buena experiencia, pues se sufre igual o más que cuando asisto al gol postrero que cada domingo encaja nuestro equipo, pero es novedosa. Lo que no cambia es el dolor que atraviesa nuestros maltrechos corazones cada vez que los muchachos se visten con la camiseta blanquilla/avispa/tomate y deciden manchar un poco más nuestro escudo. Que eso, y no otra cosa, es lo que son estos chicos (con honrosísimas excepciones que todos sabemos) y los cientos de mercenarios que han atracado sus almadias en el puerto del Ebro: una banda de mediocres artistillas del pelotón que casi acaban con una historia legendaria.

   El partido de ayer fue el peor de la era Láinez. Lo digo yo y lo dice el propio mister. Y lo dices tú, amable lector. Y lo dice el fútbol. EL que no hubo, el que se extravió en el césped del Carlos Tartiere cuando el Zaragoza perdió el balón y se lo entregó al Oviedo, que ayer también se jugaba su ser o no ser aunque él lo hacía por arriba. Durante los primeros 45 minutos solo al comienzo supo el equipo aragonés ejecutar el plan trazado, pero muy pronto se cayó y se vio desbordado por las bandas y en las segundas jugadas.

   Ni la defensa ni las dos líneas del centro del campo entendieron el choque ni la defensa comprendió la propuesta asturiana, de tal modo que el balón comenzó a merodear por el área de Ratón que, ayer sí, completó un notable partido. Y menos mal, porque poco más podemos salvar de esta primera parte. El portero gallego realizó varias paradas de mérito que impidieron que se moviera el marcador, un hecho de gran mérito porque los de Hierro acosaron a los blanquillos con incursiones por las bandas, una gran intensidad y un amor propio digno del objetivo que peleaban.

   Carlitos, Nando, Toché, Susaeta y Costas pudieron marcar en un alarde de agresividad y voluntad encendida que solo la magnífica actuación de Ratón pudo amortiguar. Sin embargo, lo que es el fútbol: Ángel bien pudo anular la muy interesante propuesta futbolística del Oviedo con un estupendo cabezazo tras un saque de banda que Juan Carlos despejó con una florida estirada. Habría sido un resultado injusto, pues el único amo y señor del partido había sido el equipo azulón.

   Tras el descanso, y con el temor instalado en el zaragocismo, pues la costumbre es una maestra de emociones, el Zaragoza salió un tanto más activado. Los primeros diez minutos contemplaron una versión correcta del equipo, que apretó al Oviedo e hizo posible un pare de acercamientos interesantes, pero la imagen de recuperación en seguida fundió a negro. Susaeta de nuevo probó a Ratón y el partido volvió al guión inicial. Buenas combinaciones locales, inconsistencia defensiva de los avispas e incapacidad para tejer combinaciones. Algo vio Láinez para decidir el cambio de Edu Bedia y Cani, que habían aportado muy poco, por Pombo y Edu García. Su entrada aportó algo más de verticalidad y control del juego, pero el Oviedo seguía a lo suyo.

   Con una grada entregada, con el aliento indesmayable de su público los de Hierro se echaron al monte y buscaron el gol con desesperación. Lo rozaron de nuevo en el minuto 78, cuando Toché cabeceó fuera por muy poco y minutos después el aragonés Linares, en una suave vaselina que Ratón le detuvo y del que recibió un duro golpe que desencadenó el rush final. Porque el Oviedo se desquició, el Zaragoza arañaba la vida en cada jugada y el árbitro demostró un alto grado de ineptitud golpeando a Ratón con dos tarjetas amarillas que supusieron su expulsión. El partido se fue hasta el minuto 100, como suele suceder en los partidos de regional cuando se alargan los tiempos hasta que el equipo local marca y se lleva la victoria.

   Afortunadamente eso no ocurrió y el equipo aragonés le robó un punto al destino que puede ayudarle a preparar el partido ante el Rayo con ánimo positivo y chance de lograr el objetivo final. El domingo a las 6 de la tarde el zaragocismo espera cerrar esta miserable temporada y comenzar a mirar con esperanza el horizonte de un futuro fértil y digno.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Extraordinario partido. Ratón firmó su mejor partido.

Isaac: 1. Deficiente partido. Ni en ataque ni en defensa estuvo acertado.

Silva: 2. Partido muy sufrido en el que tuvo que hacer su trabajo y el de los demás.

José Enrique: 1. Juega con fuego y no transmite seguridad. Demasiados errores serios.

Cabrera: 2. Muy irregular. Con luces y sombras, trabajó mucho.

Zapater: 1. Su peor partido de la temporada. Le puede la ansiedad y cometió fallos serios.

Ros: 0. No controló el balón y erró en los pases. Muy desnortado.

Edu Bedia: 0. No estuvo en ningún momento en el partido. Le ganó la presión.

Xumetra: 1. No se le puede negar su esfuerzo y sus ganas, pero no está.

Cani: 0. No fue el jugador sabio y talentoso que el equipo necesita.

Ángel: 3. Lo intentó pero nadie le entendió. Casi logra un gran gol.

Pombo: 2. Su entrada aportó frescura y control. Trabajó bien.

Edu García: 2. Su alma zaragocista le ayuda en su propuesta. Colaboró bien.

Lanzarote: 2. Inquietó a la defensa ovetense en apenas unos minutos. Acabó de portero.

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La salvación, tacita a tacita (Real Zaragoza, 1 – Cádiz, 1)


Otra vez el folio en blanco. Otra vez el endiablado desafío de construir un relato cuyos protagonistas fracasan. Otra vez el regalo envenenado, el derrumbe de las murallas de nuestra herida esperanza. Una noche que debía haber sido una sinfonía de amor entre una afición desesperada y un equipo malherido acabó convertida en página de frustración que no entiende de lealtades infinitas. Cuando el partido agonizaba, un balón náufrago encalló en las botas de un guerrero inopinado que, loco de fe, consiguió destrozar las líneas defensivas. Y despojó a los pobres de una necesaria victoria.

   Porque el Zaragoza es un equipo hambriento, muerto de sed y huérfano de destino. Su único futuro es no morir y por mucho que derrame el alma en el campo siempre dejará una puerta abierta para que por ella entre el fuego exterminador. Como ayer. Como otras diez ocasiones en que dejó escapar los tres puntos en los últimos minutos porque no saben o no pueden o no entienden. O no aprenden, en palabras de su entrenador.

   Láinez volvió a su equipo fetiche, a sus once fieles soldados que le habían dado la vida a este grupo en las primeras jornadas de su era. Incluyó, eso sí, a Feltscher en lugar de Isaac, pero por lo demás fue un viaje a los orígenes. Y funcionó bien durante gran parte del choque. Ya en el minuto 4 Ángel la tuvo, pero Cifuentes resolvió con reflejos el chut del tinerfeño y segundos después un cabezazo emponzoñado de Cabrera. Habría sido un gran comienzo para un partido de enorme enjundia. No fue, pero el equipo continuó con su plan, el que ya se sabe y que tan buen final le ha otorgado en varios partidos.

   Poco a poco el equipo aragonés de deconstruyó, pero las partes resultantes no ofrecieron delicatessen, sino nerviosismo y tiritonas. Feltscher en seguida señaló el camino perfecto al Cádiz y este no lo desaprovechó. Bajo el mando de Aketxe, un buen jugador que le hace mucho bien al equipo andaluz, el balón comenzó a acostumbrarse a rodar en el medio campo zaragocista. Ratón tuvo que actuar con reflejos para detener un disparo oblicuo en tiro de falta y el equipo, en general, veía que el balón tenía ribetes de plata, porque sus dueños viven en la Tacita.

   Con un centro del campo anodino y alejado de su mejor versión solo Pombo aparecía esporádicamente para conducir con talento ciertos balones. Sin embargo, no llegaban nunca a los pies de Ángel ni de la segunda línea. Algunos de los nuestros, como Lanzarote, intentaban cosas pero fuera de lugar y lejos del área gaditana. Nada relevante, al fin. En estas estábamos cuando poco a poco Bedia fue adquiriendo algo de tono. Demostró que bien entrenado puede ser un jugador valioso para este Real Zaragoza. Y él fue el listo del recreo. Sacó una falta avispadamente, entregándole el balón a José Enrique que dibujó un centro perfecto para la cabeza de Ángel. El gol del canario suponía una inyección de alegría que la Basílica acogió con alborozo. La afición, esforzada y generosa durante toda la noche apoyando a los suyos, lo celebró con una explosión de júbilo digna de mayores gestas.

   El descanso llegó y la Basílica respiró contenidamente la brisa tenue de la noche. Cuando el partido se reanudó, el Cádiz pretendió ser el Cádiz. Martilleó las bandas, recogió con avidez cada balón que se arrimó a su orilla y decidió asustar al Zaragoza. Esta tarea no es nada difícil y a poco que conozcan los rivales al equipo aragonés les resulta cómodo hurgar en sus muchas heridas. El partido era de los andaluces aunque la chispa de Ángel y las acciones emergente de Pombo mantenían cierta tensión en el partido.

   Antes de la marcha de Lanzarote aún tuvo el Cádiz una ocasión de empatar, pero Feltscher lo evitó tras una mala acción de Zapater y otra no mejor de Ratón. El partido se sostenía porque el Zaragoza mantenía el orden en la cobertura y minimizaba sus errores. Al mismo tiempo Pombo ejecutó varios gestos inteligentes que mantenían alerta al Cádiz, que no se fiaba. Entró Isaac por Edu Bedia y ahí el equipo de Láinez perdió pausa y manejo de balón, si bien sus acciones ganaron en imprecisa electricidad.

   Pero cuando el partido parecía finiquitado, cuando la Romareda estaba a punto de cerrar una noche para el recuerdo en medio de un ambiente grandioso gracias a una afición galana y leal, la luna se apagó. Un balón al centro del área fue muy mal despejado por José Enrique. Lo recogió Aitor, que pasaba por allí, y enganchó un disparo seco y malhadado que arruinó la quebradiza felicidad de la fidelísima hinchada blanquilla. La grada sintió el hondo desgarro de la penuria una vez más y el silencio se escuchó en el corazón de cada quien. Después, Xumetra pudo marcar, pero erró. Todo daba igual.

Foto: Jaime

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Buen trabajo. Ágil y con reflejos, blandea en las salidas.

Feltscher: 3. Fue de menos a más. Tapó bien y dio opciones en ataque.

Silva: 3. Buen partido. Contundente en el corte y audaz en el remate. Casi marca.

José Enrique: 2. Irregular. Alternó buenas acciones con errores.

Cabrera: 2. Sufrió mucho en defensa. No supo leer el ataque.

Zapater: 3. Quiso jugar el balón, pero arriesgó mucho. Algún error de bulto. Luchador.

Ros: 2. No sorprende. Trabaja mucho, pero no está acertado en el pase.

Edu Bedia: 3. Buen manejo, ofrece criterio y visión. Aguantó mejor el ritmo del partido.

Lanzarote: 3. Trabajó mucho y lo intentó todo, pero estuvo alejado de su lugar natural.

Pombo: 3. Volvió a ser osado y diferente. Algunas acciones, de lujo. Ayudó mucho.

Ángel: 4. Qué decir. Lo da todo, participa sin reservas y golea. Sobresaliente.

Xumetra: 1. Muy acelerado. Se nota que quiere pero le falta poso. Falló un gol.

Isaac: 1. Jugó en un lugar extraño. Corrió pero sin concreción.

Barrera: S.C.

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Asoma el abismo (CF Reus, 1 – Real Zaragoza, 0)


El Real Zaragoza fue ayer un equipo de torpe aliño indumentario. Un equipo al que se le cae sobre el babero el líquido que sorbe y que no sabe digerir ni el más mínimo contratiempo. Ante un grupo ortodoxo, firme y razonablemente ordenado, no supo ni pudo argumentar ni una sola acción meritoria, como si la poca sabiduría futbolística que Láinez ha traído al equipo ya no sirva para sostener su plan. El Reus, un concepto en sí mismo, le dio un repaso táctico, técnico, físico y mental y el zaragocismo, su afición, recibió una bofetada insultante que hunde todavía más la vergüenza de estos años en el desánimo y, lo que es peor, el temor a consecuencias fatales.

   Láinez dio entrada a Samaras por Bedia y movió a Pombo, que ocupó de forma alternativa posiciones más centradas, buscando circulación inteligente del balón y rupturas interiores que hicieran daño a la muy bien armada defensa catalana. El propósito pareció cumplirse al principio, cuando el Zaragoza fue capaz de acercarse al territorio de Badía, pero Ros no supo aprovechar la primera y mejor ocasión que tuvieron los blanquillos, algo que ya se ha visto que en esta categoría se paga muy caro.  

   Poco a poco el Reus se fue adueñando de la situación. El cambio de guión tuvo nombres propios, entre los que sobresalió, para maldición de la leyenda negra zaragocista, Querol. Los zaragocistas lo recuerdan bien porque en la aciaga tarde de Palamós, ante la Llagostera, fue el jugador que nos asestó cuatro puñaladas mortales. Doloroso recuerdo que ayer se encargó de reavivar. El Reus comenzó a gobernar el partido bajo el mando de Folch y Vitor Silva y la notable actividad de Benito, el lateral al que pretende el Zaragoza para la temporada que viene. Él mismo lanzó un buen chut que Ratón detuvo con  dificultad y que fue el aviso del gol que fabricó Máyor, más hábil y listo que Silva, habilitando a Querol para que este fusilase al portero zaragocista.

   El gol hizo mucho daño y Láinez decidió variar el guión. Quitó a un invisible Pombo y dio entrada a Cani con la idea de reunir talento y calidad en la segunda línea y romper la maraña del Reus. No lo consiguió y además el grupo perdió el norte a pesar de mejorar un tanto su actitud. Los errores eran muchos y la impericia de los jugadores aragoneses exasperaba a cualquier aficionado que estuviese contemplando el desastroso partido.

   Los laterales volvían a ser dos enormes agujeros negros que ni Cabrera ni Isaac podían tapar, además de contar con un centro del campo inerme y muy torpe, donde Zapater no llegaba a solucionar todas las situaciones problemáticas que Ros provocaba con su inexactitud.

   Xumetra salió por un inoperante e irritado Lanzarote, pero tampoco este cambio funcionó. El Reus se agazapó muy bien atrás y salió a la contra en varias ocasiones, propiciando varias situaciones de gol, pero ahí demostró que es un grupo sin gol y muy fallón a la hora de resolver situaciones. Y menos mal, porque de haber sido un poco más eficaces el resultado de ayer le habría sacado los colores a un Zaragoza que se iba fundiendo por momentos.

   Aún tuvo una buena ocasión Ángel, pero tampoco ayer era su día. Un buen pase largo le habilitó ante Badía pero su remate fácil y fláccido fue detenido bien por el portero local. Ni siquiera la entrada de un casi olvidado Edu García pudo reactivar al Zaragoza en los últimos minutos. El equipo, curiosamente, recordó muchísimo al que salió escandalosamente derrotado ante la Llagostera. Mortecino, débil, confundido, aletargado. Todos esos adjetivos describen muy bien a un grupo que ha vuelto al punto de partida, cuando César Láinez llegó y recogió a un espectro futbolístico que se arrastraba por los terrenos de juego y amenazaba por despeñarse por el acantilado del descenso.

   No está mucho más lejos de esa situación en estos momentos. Con la amenaza de la Segunda B muy próxima y un calendario terrorífico, Láinez tiene motivos para no dormir, para seguir sin comer y para volverse loco tratando de encontrar soluciones a los mil problemas que asolan al Real Zaragoza.

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Poco pudo hacer en el gol pero tampoco transmitió seguridad.

Isaac: 1. Empezó entonado en ataque pero en seguida perdió todas las batallas defensivas.

Silva: 2. Se mostró irregular y poco resolutivo.

José Enrique: 1. No está para jugar. Pobre físicamente y muy mal ubicado.

Cabrera: 1. Ha bajado muchos enteros. No cubrió bien su banda y en ataque estuvo mal.

Zapater: 3. Luchó lo indecible, pero de nuevo vuelve a estar solo y desasistido.

Ros: 0. Muy mal partido. Ni manejó ni sostuvo.

Lanzarote: 1. Comenzó bien, gustándose, pero acabó nervioso, aportando muy poco.

Pombo: 1. Invisible. No supo qué hacer con el balón.

Samaras: 3. Físicamente está muy flojo, pero su calidad aportó acciones de interés. Luchó como el que más.

Ángel: 2. No estuvo tan ágil y rompedor. Le ahogaron anulando todos los espacios por los que transita habitualmente.

Cani: 2. Comenzó bien, dibujando buenos pases, pero acabó desquiciado. Y expulsado.

Xumetra: 0. Nula aportación.

Edu García: 0. Nada que comentar.

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La delgada línea azul (Real Zaragoza, 1 – Getafe, 2)


   Pocas veces el zaragocismo ha podido sentir el vacío de una forma tan radical como ayer en la Basílica. Del paraíso de la primera parte al infierno de la segunda mitad. De la deliciosa ambición de los primeros 45 minutos a la decepcionante incapacidad que nos regalaron tras el descanso. De la esperanzadora ilusión que impregnó a la afición blanquilla al metálico baño de realismo que nos inundó a última hora del día.

   El Real Zaragoza mostró una vitalista versión de sí mismo en la primera fase de un encuentro muy complejo. Ante un Getafe duro y mal encarado supo oponer una propuesta inteligente y sacrificada, con la presencia de Casado y Cani como novedades en la alineación. Desde el primer momento asumimos que iba a ser un choque tintado de jugadas poliédricas en el que habría que hacerlo todo muy bien si queríamos salir vivos. En un principio la idea asomaba por la esquina del riesgo controlado. Decidir que Cani se sumase a la causa para dotar al equipo de más control y mejores atribuciones ofensivas contrastaba con la necesidad de mantener un adecuado equilibrio defensivo, pues el Getafe se asomaba al balcón de Ratón con mucho descaro y mil ideas que desarrollar.

   Los acercamientos a ambas áreas se sucedieron sin rubor y los dos equipos disfrutaron de ocasiones de gol. Bien por la impericia de los delanteros, bien por las intervenciones de los porteros, el marcador no se movía, si bien la tensión se mantuvo a lo largo de la primera fase. Cani, Edu Bedia, Pombo y Lanzarote masticaban las combinaciones con cierta osadía sin descuidar las coberturas, tejiendo una inteligente malla que envolvía al centro del campo madrileño eficazmente.

   En medio de semejante fragor, surgió el talento y la sabiduría de Cani, que le regaló un pase de diamante al mejor delantero de la categoría. Ángel recibió el regalo y no quiso decepcionar a su rendida afición, así que cruzó eléctricamente el balón y batió a Alberto. Era un premio jugoso que alimentaba ilusiones quizás desmedidas pero, en todo caso, legítimas y estimulantes.

   Sin embargo, nada más comenzar la segunda parte ya se vio que el camino por recorrer iba a ser durísimo y extraordinariamente largo. Bordalás arengó a los suyos y les afiló el cuchillo con el que salieron al césped de la Romareda. No había pasado ni un minuto y el Getafe ya había enseñado sus armas, que eran muchas y de calidad. Buen manejo del balón, excelentes transiciones y adecuada ocupación de espacios. Para defender semejante ataque hacía falta una cohorte de jugadores dispuestos mentalmente y capaces físicamente, pero el Zaragoza no disponía de semejantes herramientas.

   En esas llegó el empate. Una jugada revoltosa muy mal resuelta por la zaga aragonesa dio con el balón en los pies de Molina que solo tuvo que ejecutar el gesto para batir a Ratón. El partido estaba basculando hacia la propuesta del Getafe, así que Láinez trató de solventar el problema sustituyendo a Cani por Javi Ros. Claramente se veía que nadie se conformaba con el empate, aunque los de Bordalás parecían mejor dispuestos. Y sucedió que el infortunio se alió con el Zaragoza. Un remate de cabeza de Fuster fue a dar al palo para luego rebotar en Ratón y entrar mansamente en la portería. Fue un duro golpe. Se escapaba claramente la victoria, pues las sensaciones físicas de los locales eran muy pobres.

   A ello había que añadir que algunos jugadores como Edu Bedia y Casado habían bajado sus prestaciones respecto del primer tiempo, por lo que Láinez hizo los cambios obligado por las circunstancias, no porque considerase que había alternativas tácticas que incorporar. Eso es un hándicap y en un equipo tan justo con tantos déficits no deja de ser un problema añadido si hay que remontar un marcador adverso. Desde ese momento hasta el final, ni la aparición de Samaras ni el empuje de la afición pudieron lograr siquiera el empate final. No diré que Ángel la tuvo en la última jugada, pues su error, con ser grave, no nubla en ningún momento su enorme trabajo y la importancia de su juego y sus goles.

   Derrota dura, pero al fin y al cabo nada extraña si atendemos a la trayectoria del equipo a lo largo de la temporada. Ciertamente el zaragocismo ha llegado a sentir el perfume de la promoción a lo largo de esta semana, sobre todo porque ilusionarse es humano y necesario, pero la crudeza de la realidad es mucho más fuerte que la fuerza de los sueños. Por lo menos de momento.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Gustó su trabajo, su tranquilidad y su valentía en algunos momentos.

Isaac: 2. Sigue en su línea de trabajo y constancia, aunque ayer estuvo menos profundo.

Silva: 2. Los dos goles se produjeron en remates cerca del área pequeña, su territorio.

José Enrique: 2. El mismo diagnóstico que para Silva, si bien ofrece detalles técnicos de altura.

Casado: 2. Mostró altibajos, alternando aciertos con errores de bulto.

Zapater: 4. Incansable, omnipresente y protagonista.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su déficit físico es un problema.

Cani: 4. Calidad, talento y compromiso.

Pombo: 3. Estuvo valiente, talentoso y presente.

Lanzarote: 3. Se muestra generoso, esforzado y con detalles de gran calidad.

Ángel: 4. De nuevo goleador y trabajador incansable. Aclamado por la afición.

Javi Ros: 3. Hizo un buen trabajo y entonó el centro del campo.

Samaras: 1. Está para pocos minutos a pesar de que tiene detalles de gran jugador.

Valentín: 2. Correcto en el corte y firme en la marca.

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Queda limpio el camino (CD Mirandés, 0 – Real Zaragoza, 1)


   AficiónEl terreno de juego de Anduva es más grande que el de la Romareda y Miranda es un pueblo enamorado de su club de fútbol. Son dos detalles que, seguro, César Láinez tuvo en cuenta a la hora de preparar el partido. Además, había transmitido a quien quisiera escucharle, que a día de hoy somos miles, que había que acudir a las orillas jóvenes del Ebro con el cuchillo entre los dientes. ¿Cabe menos ambigüedad?

   Para completar el mensaje, en la grada del coliseo burgalés se asentaron más de mil zaragocistas ciegos de fe y abrazados al amor a unos colores. Este hecho mueve a la admiración, teniendo en cuenta el miserable presente que nos abruma. Mil hombres y mujeres capaces de emocionarse con un equipo que se ajusta a unos valores que Láinez ha rescatado del pozo de la vergüenza, ese al que unos cuantos advenedizos e incapaces los habían arrojado. Y recibieron una justa recompensa en forma de victoria luchada hasta la gangrena del alma.

   Fueron diez minutos de presión durísima, de combate a ciegas en el que los chicos de Pablo Alfaro plantearon un choque a vida o vida. Pasados esos primeros minutos, el Zaragoza activó su plan. El mismo que lleva implementando desde que llegó Láinez: posesión, circulación interior, incorporación de los laterales, firmeza defensiva y juego entre líneas para aprovechar los desmarques en ruptura de Ángel. Es su idea, su propuesta. Es lo que saben hacer y a ello se aplican los muchachos con un interés plausible y un nivel de ejecución correcto.

   Con esos argumentos el relato se nos antojaba previsible. Tenía que llegar el gol si los  de César eran capaces de ajustar alguna acción de ataque. Eso ocurrió en el minuto 15, cuando Cabrera, en una de sus heterodoxas galopadas por la banda, puso un balón en el área pequeña al que llegó, avispado como siempre, Ángel. El choque con el portero del Mirandés dio como resultado que el balón se alojase en la red local, firmando el canario su gol número 19. El partido, una semana más, se ponía donde quería el Zaragoza y a partir de ahí se trataba de manejar los tiempos, los gestos y los espacios. Y lo hizo bien.

    El Mirandés entró en parada futbolística y el centro del campo del Zaragoza hizo un buen trabajo manejando el balón y propiciando incursiones de calidad. Lanzarote, Bedia, Ros y Pombo se hicieron los dueños de ese espacio y transitaron con fluidez, al mismo tiempo que facilitaban la defensa del gol logrado. El equipo se ubicó muy bien y pudo desactivar todos y cada uno de los intentos castellanos, a pesar del cambio que Alfaro realizó en el minuto 30 obligado por las urgencias.

   La segunda parte comenzó exactamente igual que la primera. El Mirandés echó todo el carbón a la caldera, provocando que casi explotara, pero todas las jugadas locales morían con disparos lejanos o aproximaciones muy bajas en calorías y talento. Ratón tuvo que intervenir en tres ocasiones, una de ellas ciertamente comprometida, pero las solventó bien, mostrando que poco a poco va creciendo razonablemente en sus prestaciones. Láinez hizo los dos cambios habituales, es decir, Cani por Bedia y Valentín por Ros, con el fin de reforzar su idea. Era el momento, por un lado, de recuperar el balón, tarea encargada al aragonés. Por otro lado, había que sostener el centro del campo, algo resquebrajado por el desgaste de Ros, con la aportación del canario.

   El objetivo se cumplió sobradamente, incluso ampliado cuando Samaras entró al terreno de juego sustituyendo a Lanzarote. Su trote amortiguado y sus movimientos analógicos, lejos de los gestos centelleantes de jugadores como Ángel, no le impidieron dar dos pases de calidad al canario que hablaron bien de sus posibilidades. Fueron gestos que podían haber venido muy bien para cerrar un partido que acabó en victoria después de haber trabajado mucho y derrochar esfuerzo y generoso compromiso con la causa. Todo ello muy necesario para firmar una jornada que invita a pensar que el objetivo asumido por la afición blanquilla, la permanencia, prácticamente se ha conseguido. A partir de aquí, como dijo Láinez, se trata de que crezcan todos y cada uno de los actores de esta obra mediocre y muy mal escrita que se llama “Temporada 2016-2017”.

Fotos: http://www.realzaragoza.com

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Supo solucionar todas las situaciones que se le plantearon con corrección.

Isaac: 3. Buen trabajo global. Como siempre, mejor en el desdoble que en el repliegue.

Silva: 3. Firme y seguro, no dio opciones a Urko Vera.

José Enrique: 2. Sus frivolités a veces desajustan la defensa. Por lo demás, con oficio.

Cabrera: 3. El lateral, aunque no le guste, ha encontrado su lugar en mundo. Fuerte y atrevido.

Zapater: 3. Buen partido. Sin alardes, cada día está más cómodo con este esquema.

Ros: 3. Se vació. Algo irregular, trabaja muy bien junto a Bedia.

Bedia: 3. Su calidad le protege de su debilidad física.

Lanzarote: 2. Algo apagado, tuvo destellos de gran calidad. Se le ve cómodo.

Pombo: 3. Realizó varios movimientos técnicos de altura. Algo inconstante.

Ángel: 4. De nuevo goleó. Lo da todo y eso es mucho.

Cani: 3. Le aportó al equipo pausa y poso. Y manejo de la situación.

Valentín: 3. Cumplió a la perfección su trabajo de cementar el centro del campo.

Samaras: 2. Apenas estuvo doce minutos en el campo, pero aportó clase.

 

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Ángel de oro (Real Zaragoza, 1 – Real Mallorca,0)


Gran noche. Flotaba en el ambiente una inquietante sensación de abismo contenido y en ese contexto afrontó el Real Zaragoza el partido frente al Real Mallorca. Y lo hizo desde su condición de equipo perfilado y definido, equipo que ahora mismo tiene un objetivo y está formado por un grupo de artesanos que hace lo que sabe hacer, no lo que cree que tiene que saber hacer. Y ayer el equipo aragonés, al igual que en los tres últimos partidos, se ajustó al guión que su comandante escribió: tener el balón, procurar gobernar las circulaciones y dejarse su frágil alma en el campo. Todo ello lo hizo y se abrazó a esos gramos de fortuna que tan necesarios son en la vida.

El Zaragoza ayer tuvo ángel. Y tuvo a Ángel. El mejor, el más valioso, el que nos enseña cada domingo el valor del valor, el que consigue que la tarde sea un monumento a la pugna, al pundonor, a la inacabable voluntad de crecer. Su partido es la rúbrica a un texto repleto de páginas valerosas y por eso la Basílica coreó su nombre y se encendieron las luces de la renovación urgente.

El partido fue una dura prueba para el zaragocismo. No se jugó un buen partido, hubo mucha igualdad y se notó esa electricidad que atenaza el músculo y el hueso del futbolista cuando hay un peligro tan cruel rondando la casa propia. Sin embargo, el equipo de Láinez permaneció fiel a su propuesta y eso es algo inestimable. Eso hace grandes a los grupos, a los jugadores y a los técnicos. Las cosas podrán salir bien o mal pero ahora el Zaragoza ya es un equipo reconocible. Jugar el balón, buscar la circulación interior, primar la combinación, abrir senderos por los que los laterales transiten y procurar que la línea de contención se sitúe lo más arriba posible. E impedir que el balón entre en nuestra portería, bien porque el contrario no llegue, bien porque nuestro portero lo impida.
La primera parte fue un reflejo de lo expuesto desde que Láinez está con nosotros. Repitió una alienación anterior, rescatando a Lele, Isaac y Lanzarote, y les pidió a los chicos que se aplicasen a la tarea de jugar por dentro y propiciar las incursiones de Isaac y Cabrera. La tarea era complicada, pues el Mallorca dispuso una doble fila defensiva de 4 y 5 jugadores, lo que impidió que Edu Bedia y Ros tocasen el balón y Pombo y Lanzarote recibiesen en buenas condiciones. Aun así, la presión zaragocista consiguió rescatar varios balones que facilitaron la llegada ante Santamaría. No se acertó en la definición, pero el esquema continuaba siendo válido y se mantenía la intensidad ofensiva. El gol llegaría a balón parado. Un corner botado por Lanza fue magistralmente rematado de cabeza por Ángel. Era la muestra de que el delantero canario está de dulce y es, como dijo Láinez, una mina de oro.

La Basílica estalló de júbilo y se aprestó a degustar el gol con la esperanza de que la segunda parte el equipo no se cayese como es habitual. Con toda seguridad el mister dispuso todo lo necesario en el descanso para que eso no sucediese, pero como él mismo dijo después, la cabeza a veces no actúa como debe y le equipo se refugió en las proximidades de su área. El Mallorca, claro está, se echó al monte y acorraló al Zaragoza durante los primeros veinte minutos, aunque con muy poco peligro. Cani sustituyó a Edu Bedia con el fin de recuperar el control de la pelota y algo se consiguió. Poco a poco el equipo adelantó líneas y logró amortiguar el empuje inicial de los bermellones.

Láinez le pidió poco después a Valentín que relevase a un fundido Ros, en un claro intento por sujetar el partido. A ello también contribuyó, y fue muy celebrado el hecho, Ratón, que realizó dos magníficas paradas. Sin duda fueron dos acciones de gran trascendencia por un doble motivo: porque la victoria se quedó en casa y porque el portero participó estelarmente en el triunfo final, lo que eleva su estatus en un equipo necesitado de autoestima.

El triunfo, en fin, es un bálsamo que ayuda a afrontar el último tramo de esta mediocre temporada con algo más de aire fresco en los pulmones. No menos importante es la fortaleza de ánimo necesaria para viajar a Miranda y comenzar a cerrar todas las heridas que aún sangran en el cuerpo y el alma blanquiazules. Tarea de todos es empujar para llegar al final del camino lejos de la sima del descenso, cerca de un futuro esperanzador.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Hizo dos extraordinarias paradas.
Isaac: 2. Luchador como siempre, tuvo algún debe en defensa. Bien en ataque.
Silva: 3. Correcto y profesional.
José Enrique: 2. Irregular y algo inestable.
Cabrera: 3. Se fajó con todos y subió bien la banda.
Zapater: 4. Trabajó a destajo y cumplió de sobra.
Ros: 3. Buen trabajo corrector aunque algo deshilachado en la creación.
Edu Bedia: 3. Sigue entonándose. Fino con el balón, débil en el apartado físico.
Lanzarote: 3. Muy trabajador e implicado. Buenos detalles, como el corner del gol.
Pombo: 2. Algo desasistido y menos participativo de lo esperado.
Ángel: 5. La nota es por su partido de ayer y por lo que significa para este equipo.
Cani: 3. Aportó frescura y clase.
Valentín: 2. Hizo lo que se le pidió, sin complicaciones.
Edu García: S.C:

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Punto de plástico (UD Almería, 2 – Real Zaragoza, 2)


 

  La capacidad que tiene el Real Zaragoza para desandar caminos es extraordinaria. Y preocupante. En la tarde de ayer, frente al Almería, se repitió la película. En apenas ocho minutos consiguió adelantarse en el marcador con dos magníficos goles de Edu Bedia y ángel y una vez más dilapidó una ventaja que en esta categoría es, casi siempre, definitiva. Casi siempre, digo, porque el Zaragoza es un equipo deshilachado, frágil, muy deficiente físicamente y tremendamente timorato. Nada menos que 22 puntos ha dejado escapar esta temporada tras ponerse por delante en el marcador. Una herida imposible de taponar si no hay talento, fortaleza ni templanza. El Real Zaragoza,. Es decir.

   A los ocho minutos el marcador ya reflejaba un magnífico 0-2. En dos jugadas magistralmente gestionadas por Cani y Pombo, pasado y futuro, y resueltas por Bedia y Ángel, Casto vio cómo su red acogía el balón sin apenas haber puesto en modo “on” el partido. Un extraordinario resultado que había que saber digerir. Esa era la duda. Ese era el temor. Que muy pronto resolvimos. Como ya imaginamos, el equipo de Láinez dio mil pasos atrás y propuso un partido que en absoluto le convenía. ¡Malditos dos goles tempraneros!. Con la cabeza licuada por una niebla que adormece a este equipo cada vez que se pone por delante en el marcador, el Almería, que aún se jugaba más que nosotros, apretó los dientes e inició un choque duro, metálico. Un choque a muerte.

   Sus jugadores discutieron cada balón, lucharon con la fiereza que el encuentro requería y con esas armas doblegaron a un pusilánime Zaragoza que se arrugó al primer golpe recibido. Así, nadie supo poner orden en el caos. Y lo que es peor: nadie pudo oponer la fortaleza y la rudeza que el momento precisaba. Las bandas sufrieron los embates de los jugadores locales y ni Feltscher ni sobre todo Casado pudieron poner coto a las incursiones locales. Por si eso fuera poco, Cani no está para labores defensivas y esa circunstancia la sufrió el venezolano, que recibía ataques de dos contra uno que le hacían sufrir mucho.

   El equipo se descosía y sin balón es un grupo inerme y muy frágil. Así llegó el primer gol almeriense. Un ataque multitudinario horriblemente defendido fue la antesala del 1-2. El partido se ponía muy cuesta arriba a pesar de la ventaja, pues además se notaba que el Almería creía que podía darle la vuelta a la situación. No quedaba más remedio que apoderarse del balón que es la única manera en que el Zaragoza sabe vivir ahora mismo. Cuando lo consiguió estuvo a punto de ampliar su ventaja. Primero fue Cani en un mano a mano que le detuvo Casto y después Zapater, con un lanzamiento de falta que detuvo de nuevo el portero local con una extraordinaria intervención. Así pues, tarea imposible. Por si fuera poco, de nuevo mostró su ineptitud para defender jugadas a balón parado y en una de esas llegó el segundo gol. Un corner corto fue suficiente para recibir un gran mazazo en forma de gol al filo del descanso. Un cabezazo en el área pequeña y a la caseta.

   El empate dolió mucho. Los jugadores se retiraron cabizbajos y a Láinez se le vio dolido y afectado con lo que había sucedido en la primera parte. Pero la segunda no cambió mucho el paisaje. Tan solo el cambio, obligado, de Edu García por un fundido Cani pero que apenas aportó un par de carreras por la banda, y la de Isaac por un agotado y dolido Feltscher, algo más positiva pues le otorgó cierta profundidad a la banda. La que no fue no nada productiva fue la sustitución de Dongou por Edu Bedia. El cántabro, agotado en el minuto 50, dio entrada al joven camerunés que no está para jugar en este equipo. Con todo y eso, el partido se convirtió en seguida en un correcalles que no favorecía a ninguno de los dos equipos. Hasta que llegó el minuto 70, cuando el árbitro expulsó a Fidel.

   Se abría un nuevo panorama, pero el Zaragoza estaba absolutamente roto físicamente y no encontró en ningún momento un pasillo por el que penetrar para acercarse al área de Casto. El partido moría y en esas circunstancias lo importante era no perder, pues un punto puede significar la vida en medio de un páramo que nos asfixia desde hace demasiado tiempo. Láinez tiene hecho el diagnóstico, pero no tiene jugadores para encontrar la solución y esa es la evidencia con la que vamos a tener que convivir de aquí a final de temporada.

Foto: La Voz de Almería

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Nervioso y demasiado estático. Le cuesta abandonar el arco.

Feltscher: 2. Mientras le aguantó el físico achicó las avalanchas locales. Luego se cayó.

Silva: 2. Menos relevante. Cumplió en el uno contra uno pero falló por arriba.

José Enrique: 2. Tuvo luces y sombras. Le gusta jugar el balón, pero defiende regular.

Casado: 1. Partido insustancial. Se posiciona mal y pierde en el uno contra uno.

Zapater: 3. Luchador y comprometido, no encontró apoyos. Casi logra un gran gol.

Ros: 1. Insignificante. Cometió errores y no aportó en el manejo del partido.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su físico es su debilidad. Goleó.

Cani: 2. Mientras está, es importante. Su baja forma física es un problema.

Pombo: 2. Poco participativo, debió dar un paso adelante.

Ángel: 4. De nuevo extraordinario. Es el mejor de lejos. Goleó.

Edu García: 2. Lo intentó por la banda, pero no culminó las jugadas.

Isaac: 2.Le dio profundidad a la banda. En defensa, correcto.

Dongou: 0. No aportó ni un solo balón en condiciones.

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