Ángel de oro (Real Zaragoza, 1 – Real Mallorca,0)


Gran noche. Flotaba en el ambiente una inquietante sensación de abismo contenido y en ese contexto afrontó el Real Zaragoza el partido frente al Real Mallorca. Y lo hizo desde su condición de equipo perfilado y definido, equipo que ahora mismo tiene un objetivo y está formado por un grupo de artesanos que hace lo que sabe hacer, no lo que cree que tiene que saber hacer. Y ayer el equipo aragonés, al igual que en los tres últimos partidos, se ajustó al guión que su comandante escribió: tener el balón, procurar gobernar las circulaciones y dejarse su frágil alma en el campo. Todo ello lo hizo y se abrazó a esos gramos de fortuna que tan necesarios son en la vida.

El Zaragoza ayer tuvo ángel. Y tuvo a Ángel. El mejor, el más valioso, el que nos enseña cada domingo el valor del valor, el que consigue que la tarde sea un monumento a la pugna, al pundonor, a la inacabable voluntad de crecer. Su partido es la rúbrica a un texto repleto de páginas valerosas y por eso la Basílica coreó su nombre y se encendieron las luces de la renovación urgente.

El partido fue una dura prueba para el zaragocismo. No se jugó un buen partido, hubo mucha igualdad y se notó esa electricidad que atenaza el músculo y el hueso del futbolista cuando hay un peligro tan cruel rondando la casa propia. Sin embargo, el equipo de Láinez permaneció fiel a su propuesta y eso es algo inestimable. Eso hace grandes a los grupos, a los jugadores y a los técnicos. Las cosas podrán salir bien o mal pero ahora el Zaragoza ya es un equipo reconocible. Jugar el balón, buscar la circulación interior, primar la combinación, abrir senderos por los que los laterales transiten y procurar que la línea de contención se sitúe lo más arriba posible. E impedir que el balón entre en nuestra portería, bien porque el contrario no llegue, bien porque nuestro portero lo impida.
La primera parte fue un reflejo de lo expuesto desde que Láinez está con nosotros. Repitió una alienación anterior, rescatando a Lele, Isaac y Lanzarote, y les pidió a los chicos que se aplicasen a la tarea de jugar por dentro y propiciar las incursiones de Isaac y Cabrera. La tarea era complicada, pues el Mallorca dispuso una doble fila defensiva de 4 y 5 jugadores, lo que impidió que Edu Bedia y Ros tocasen el balón y Pombo y Lanzarote recibiesen en buenas condiciones. Aun así, la presión zaragocista consiguió rescatar varios balones que facilitaron la llegada ante Santamaría. No se acertó en la definición, pero el esquema continuaba siendo válido y se mantenía la intensidad ofensiva. El gol llegaría a balón parado. Un corner botado por Lanza fue magistralmente rematado de cabeza por Ángel. Era la muestra de que el delantero canario está de dulce y es, como dijo Láinez, una mina de oro.

La Basílica estalló de júbilo y se aprestó a degustar el gol con la esperanza de que la segunda parte el equipo no se cayese como es habitual. Con toda seguridad el mister dispuso todo lo necesario en el descanso para que eso no sucediese, pero como él mismo dijo después, la cabeza a veces no actúa como debe y le equipo se refugió en las proximidades de su área. El Mallorca, claro está, se echó al monte y acorraló al Zaragoza durante los primeros veinte minutos, aunque con muy poco peligro. Cani sustituyó a Edu Bedia con el fin de recuperar el control de la pelota y algo se consiguió. Poco a poco el equipo adelantó líneas y logró amortiguar el empuje inicial de los bermellones.

Láinez le pidió poco después a Valentín que relevase a un fundido Ros, en un claro intento por sujetar el partido. A ello también contribuyó, y fue muy celebrado el hecho, Ratón, que realizó dos magníficas paradas. Sin duda fueron dos acciones de gran trascendencia por un doble motivo: porque la victoria se quedó en casa y porque el portero participó estelarmente en el triunfo final, lo que eleva su estatus en un equipo necesitado de autoestima.

El triunfo, en fin, es un bálsamo que ayuda a afrontar el último tramo de esta mediocre temporada con algo más de aire fresco en los pulmones. No menos importante es la fortaleza de ánimo necesaria para viajar a Miranda y comenzar a cerrar todas las heridas que aún sangran en el cuerpo y el alma blanquiazules. Tarea de todos es empujar para llegar al final del camino lejos de la sima del descenso, cerca de un futuro esperanzador.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Hizo dos extraordinarias paradas.
Isaac: 2. Luchador como siempre, tuvo algún debe en defensa. Bien en ataque.
Silva: 3. Correcto y profesional.
José Enrique: 2. Irregular y algo inestable.
Cabrera: 3. Se fajó con todos y subió bien la banda.
Zapater: 4. Trabajó a destajo y cumplió de sobra.
Ros: 3. Buen trabajo corrector aunque algo deshilachado en la creación.
Edu Bedia: 3. Sigue entonándose. Fino con el balón, débil en el apartado físico.
Lanzarote: 3. Muy trabajador e implicado. Buenos detalles, como el corner del gol.
Pombo: 2. Algo desasistido y menos participativo de lo esperado.
Ángel: 5. La nota es por su partido de ayer y por lo que significa para este equipo.
Cani: 3. Aportó frescura y clase.
Valentín: 2. Hizo lo que se le pidió, sin complicaciones.
Edu García: S.C:

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Punto de plástico (UD Almería, 2 – Real Zaragoza, 2)


 

  La capacidad que tiene el Real Zaragoza para desandar caminos es extraordinaria. Y preocupante. En la tarde de ayer, frente al Almería, se repitió la película. En apenas ocho minutos consiguió adelantarse en el marcador con dos magníficos goles de Edu Bedia y ángel y una vez más dilapidó una ventaja que en esta categoría es, casi siempre, definitiva. Casi siempre, digo, porque el Zaragoza es un equipo deshilachado, frágil, muy deficiente físicamente y tremendamente timorato. Nada menos que 22 puntos ha dejado escapar esta temporada tras ponerse por delante en el marcador. Una herida imposible de taponar si no hay talento, fortaleza ni templanza. El Real Zaragoza,. Es decir.

   A los ocho minutos el marcador ya reflejaba un magnífico 0-2. En dos jugadas magistralmente gestionadas por Cani y Pombo, pasado y futuro, y resueltas por Bedia y Ángel, Casto vio cómo su red acogía el balón sin apenas haber puesto en modo “on” el partido. Un extraordinario resultado que había que saber digerir. Esa era la duda. Ese era el temor. Que muy pronto resolvimos. Como ya imaginamos, el equipo de Láinez dio mil pasos atrás y propuso un partido que en absoluto le convenía. ¡Malditos dos goles tempraneros!. Con la cabeza licuada por una niebla que adormece a este equipo cada vez que se pone por delante en el marcador, el Almería, que aún se jugaba más que nosotros, apretó los dientes e inició un choque duro, metálico. Un choque a muerte.

   Sus jugadores discutieron cada balón, lucharon con la fiereza que el encuentro requería y con esas armas doblegaron a un pusilánime Zaragoza que se arrugó al primer golpe recibido. Así, nadie supo poner orden en el caos. Y lo que es peor: nadie pudo oponer la fortaleza y la rudeza que el momento precisaba. Las bandas sufrieron los embates de los jugadores locales y ni Feltscher ni sobre todo Casado pudieron poner coto a las incursiones locales. Por si eso fuera poco, Cani no está para labores defensivas y esa circunstancia la sufrió el venezolano, que recibía ataques de dos contra uno que le hacían sufrir mucho.

   El equipo se descosía y sin balón es un grupo inerme y muy frágil. Así llegó el primer gol almeriense. Un ataque multitudinario horriblemente defendido fue la antesala del 1-2. El partido se ponía muy cuesta arriba a pesar de la ventaja, pues además se notaba que el Almería creía que podía darle la vuelta a la situación. No quedaba más remedio que apoderarse del balón que es la única manera en que el Zaragoza sabe vivir ahora mismo. Cuando lo consiguió estuvo a punto de ampliar su ventaja. Primero fue Cani en un mano a mano que le detuvo Casto y después Zapater, con un lanzamiento de falta que detuvo de nuevo el portero local con una extraordinaria intervención. Así pues, tarea imposible. Por si fuera poco, de nuevo mostró su ineptitud para defender jugadas a balón parado y en una de esas llegó el segundo gol. Un corner corto fue suficiente para recibir un gran mazazo en forma de gol al filo del descanso. Un cabezazo en el área pequeña y a la caseta.

   El empate dolió mucho. Los jugadores se retiraron cabizbajos y a Láinez se le vio dolido y afectado con lo que había sucedido en la primera parte. Pero la segunda no cambió mucho el paisaje. Tan solo el cambio, obligado, de Edu García por un fundido Cani pero que apenas aportó un par de carreras por la banda, y la de Isaac por un agotado y dolido Feltscher, algo más positiva pues le otorgó cierta profundidad a la banda. La que no fue no nada productiva fue la sustitución de Dongou por Edu Bedia. El cántabro, agotado en el minuto 50, dio entrada al joven camerunés que no está para jugar en este equipo. Con todo y eso, el partido se convirtió en seguida en un correcalles que no favorecía a ninguno de los dos equipos. Hasta que llegó el minuto 70, cuando el árbitro expulsó a Fidel.

   Se abría un nuevo panorama, pero el Zaragoza estaba absolutamente roto físicamente y no encontró en ningún momento un pasillo por el que penetrar para acercarse al área de Casto. El partido moría y en esas circunstancias lo importante era no perder, pues un punto puede significar la vida en medio de un páramo que nos asfixia desde hace demasiado tiempo. Láinez tiene hecho el diagnóstico, pero no tiene jugadores para encontrar la solución y esa es la evidencia con la que vamos a tener que convivir de aquí a final de temporada.

Foto: La Voz de Almería

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Nervioso y demasiado estático. Le cuesta abandonar el arco.

Feltscher: 2. Mientras le aguantó el físico achicó las avalanchas locales. Luego se cayó.

Silva: 2. Menos relevante. Cumplió en el uno contra uno pero falló por arriba.

José Enrique: 2. Tuvo luces y sombras. Le gusta jugar el balón, pero defiende regular.

Casado: 1. Partido insustancial. Se posiciona mal y pierde en el uno contra uno.

Zapater: 3. Luchador y comprometido, no encontró apoyos. Casi logra un gran gol.

Ros: 1. Insignificante. Cometió errores y no aportó en el manejo del partido.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su físico es su debilidad. Goleó.

Cani: 2. Mientras está, es importante. Su baja forma física es un problema.

Pombo: 2. Poco participativo, debió dar un paso adelante.

Ángel: 4. De nuevo extraordinario. Es el mejor de lejos. Goleó.

Edu García: 2. Lo intentó por la banda, pero no culminó las jugadas.

Isaac: 2.Le dio profundidad a la banda. En defensa, correcto.

Dongou: 0. No aportó ni un solo balón en condiciones.

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Si poco es suficiente (Real Zaragoza, 1 – Real Valladolid, 1)


La Basílica es sabia. Su césped ha acogido el brillo de centenares de jugadores mágicos. Cada uno de ellos ha hecho que tengamos un gusto especial por el fútbol inteligente, maduro, esculpido con cinceles de extrema belleza. Por eso, cuando uno de esos jugadores asoma por el horizonte de la vieja Romareda su gente lo reconoce al primer gesto, tras el segundo regate, después del tercer quiebro al destino. Eso, amable lector, ocurrió ayer. Lo viste, ¿verdad?

   El partido apenas había cumplido el minuto 15 y ya habíamos degustado más fútbol que en los últimos cinco partidos en casa. Nada para guardarlo en nuestra memoria, pero sí suficiente para hacer bueno algo que dijo Láinez esta semana: empezar a soñar con dejar de ver vídeos históricos y acudir al estadio zaragozano a ver fútbol. Herrera reconoció que el Real Zaragoza había ocultado el paisaje de su equipo a base de combinaciones y gestión inteligente de espacios. Ahí vino a decir que el equipo blanquillo tiene una propuesta. La que ayer nos regaló durante los primeros 50 minutos.

   Bien asociados en las zonas interiores del campo, con dos carriles francos para que sus laterales, más o menos afortunadamente, los recorrieran, el Real Zaragoza llegó a tener el balón en casi el 70% del tiempo. Buen recorrido y aceptable verticalidad. El Valladolid venía preparado, pero ese período fue un capítulo de dominio local en el que tan solo faltó el gol. Faltó Ángel.

   En apenas 900 segundos el equipo de Láinez disfrutó de hasta cinco ocasiones de gol, ninguna transformada porque Dongou no es el canario y los demás no acertaron. De todas ellas destacamos un magnífico chut de Pombo despejado por Becerra y un golpeo lateral de Lanza que se fue fuera por poco y que podrían haber cambiado el signo del partido. Sin embargo, quien se llevó el gol a su casillero fue el Valladolid, que aprovechó un contragolpe rápido para fusilar a Ratón tras un apurado despeje a disparo de Mata. Duro golpe que el Zaragoza se sacudió al cabo de unos minutos con el apoyo de su parroquia y la fe del carbonero que Láinez les ha insuflado. Fue tras un magnífico pase de Zapater que Lanzarote, listo como el hambre, aprovechó para batir a Becerra. Era el mal menor. Se había trabajado mucho y dignamente para disponer solo de un empate, aunque tal y como va la temporada la afición dio por buenas las tablas en el descanso como así lo demostró con los aplausos a los suyos.

   La segunda parte fue peor. El equipo zaragocista dio muestras de cansancio, lo que provocó que sus acciones, correctas y lejos del error, no fructificasen en nada positivo, pues no había chispa. En el centro del campo Edu Bedia, que había hecho una buena primera parte, se cayó y la conducción del balón corrió a cargo de un voluntarioso pero poco ágil Zapater. Láinez movió el banquillo dándole entrada a Cani en lugar de Lanza. El catalán andaba dolorido y el aragonés tenía que hacer su trabajo conectando con Pombo y surtiendo de balones a Dongou, pero este se diluyó en un bosque en el que no se encuentra a gusto si está solo.

   El partido entró en una fase de ritmo bajo, con mucho pase al pie pero con poca verticalidad. El Valladolid aceptó el empate como una buena noticia y a conservarlo se dispuso Herrera, que pobló su defensa con jugadores frescos y prestos a la lucha. Esa superioridad física acabó con las posibilidades zaragocistas. Los jugadores aragoneses dieron muestras de agotamiento físico y mental y Láinez tampoco contribuyó con sus decisiones. Eligió a Edu García para sustituir a Dongou pero esa opción no limpió el camino hacia la portería de Becerra. Aun así, el Zaragoza dispuso de tres ocasiones relativamente claras en la cabeza de Cabrera y las botas de Edu García e Isaac. De haber tenido el nivel de efectividad de la semana pasada, estaríamos hablando de una trabajada victoria ante un ordenado aunque discreto Valladolid.

   El punto es poco pero es más que nada. Si algo hay de cierto en esta paupérrima categoría es que cualquier botín, por miserable que sea, puede convertirse en agua salvadora en los labios del náufrago sin esperanza. Con ello nos quedamos y con la certeza de que este equipo es capaz de iluminar una breve sonrisa en el zaragocismo. Ese corazón blanco y azul , negro y amarillo, rojo como la sangre que nos queda y que sueña con seguir soñando.

Foto: Jaime Galindo (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Aún no nos da puntos, pero tampoco los regala. Correcto.

Isaac: 3. Profundo y rápido, su vehemencia en ataque le penaliza en defensa.

Silva: 2. Poderoso en el choque, ayer pecó de desordenado.

José Enrique: 2. Sus frivolités lo convierten en un defensa irregular.

Cabrera: 2. Más eficaz en el corte que en el manejo del balón.

Zapater: 3. Muy importante en la cobertura, buscó la salida del balón con acierto desigual. Gran pase de gol.

Ros: 3. Trabajador, bullidor y muy presente.

Edu Bedia: 3. Hizo una buena primera parte, pero el físico no le aguantó la segunda.

Lanzarote: 3. Más participativo y eficaz. Tuvo varias ocasiones. Goleó.

Pombo: 3. Tiene movimientos muy interesantes. Ahora mismo es titular.

Dongou: 2. No encontró su sitio. De forma natural buscó posiciones atrasadas.

Cani: 2. No encajó en la propuesta de partido.

Edu García: 2. Hizo lo que se le pidió, pero no es su lugar en el mundo.

Samaras: S.C.

 

 

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Palmeras en el corazón (Elche CF, 0 – Real Zaragoza, 3)


   Magnífica victoria. No hay nada como un 0-3 en campo contrario para despejar los nubarrones y acariciar el aroma de la calma tan necesaria para el zaragocismo. Tres goles como tres soles que cumplieron la función salvífica ya casi olvidada en el universo blanquiazul, en el cosmos avispa, en el sistema tomate.

   El primer partido de la era Lainez asomaba por la esquina del calendario anunciando una tarde de sobresaltos. El equipo estaba tan desnutrido, tan irreconocible que la afición esperaba que algo terrible sucediera, pues la dinámica sobre la que ha cabalgado los tres últimos meses nos había arrojado a un abismo del que nadie sabía cómo salir. ¿Nadie? El joven entrenador zaragocista, leyenda viva de un club que estos días ha celebrado el centenario de su nodriza, sí. O al menos eso ha demostrado una vez finalizado el choque.

   Para abrir boca, la alineación ofrecía algunas gotas de innovación. Ratón, a la portería. El gallego es del gusto de Lainez y de hecho fue él quien más apostó por su subida al primer equipo. En el lateral, el demonizado por Agné Isaac. Y en la medular, dos novedades: Edu Bedia y el joven Pombo, gran debilidad del mister. ¡Ah! Y en defensa, José Enrique y Cabrera intercambiaron sus posiciones. No estaba mal para empezar. La propuesta ofrecía un riesgo notable, pero la idea era clara: dotar al centro del campo de más vitamina futbolística, con una clara intención de fortalecer la idea de la circulación y la combinación. Lainez es de los que cree que quien tiene el balón tiene el deseo y en esto del fútbol la voluntad cuenta y mucho.

   Los primeros minutos fueron el entorno perfecto para comprobar que a fórmula era correcta. El equipo avispa tenía el dominio y los senderos eran suyos. El equipo estaba junto, se movía con buena coordinación y ocupaba los espacios con razón y sentido. Y no tardó en fructificar el plan. Ángel recibía buenos balones pero mucho más ajustados que hasta ahora, pues no se trataba de balonazos largos e imprecisos, sino de lanzamientos concretos que encontraban al canario en buenas posiciones para la conversión. A ello le ayudaba la nueva posición de Ros, más acorde con sus características, y la frescura y movilidad de Pombo, osado y exacto en sus acciones.

   Cuando Isaac le puso el balón a Ángel en el minuto 14 este no se lo pensó. Aún le dio tiempo para mirar al linier, pero en seguida obedeció a su instinto y le cruzó un balón imposible a Juan Carlos, logrando el primer gol. Era un bonito regalo de debut para Lainez, quien propugnó continuar en la misma línea. Nada de defender la ventaja. Al contrario: había que porfiar. Y a ese mensaje se aplicó el equipo, que obtuvo su recompensa con un disparo seco y afortunado de Pombo que entró como una folha seca en la portería ilicitana. Llevar dos goles de ventaja en campo ajeno en el minuto 24 era una extraordinaria noticia que el zaragocismo degustó con asombrada alegría.

   Pero el paisaje no varió. Con un Elche algo desorientado y la firme voluntad de seguir con el guion inicial, el Real Zaragoza sostuvo el partido a base de presión, combinación y solidez en su estructura. Ahí fue cuando emergieron con entidad propia Ros y Pombo, bien secundados por Edu Bedia. Los tres entendieron muy bien el libreto y consiguieron que un nuevo balón llegase a Ángel para que lograse otro nuevo tanto que, como el primero, no celebró por su pasado franjiverde. Un 0-3 en el minuto 40 era un regalo de los dioses. Además, jugando bien y desarrollando una idea de fútbol inteligente, razonable y solidaria. Muy bien los jugadores, muy bien el entrenador.

   La segunda parte había que afrontarla con sabiduría. El Elche quemó sus naves y reforzó el ataque. Ahí comenzó una fase de cierta inconsistencia futbolística por parte del Zaragoza. Lanza se lesionó y lo sustituyó Edu García, que haría un buen trabajo. Poco después, Lainez cambió a un tocado Zapater por Valentín, pero no para ubicarlo en el sitio del ejeano, sino para dibujar un nuevo esquema que pudiera contrarrestar los embates levantinos. Creó una barrera de cinco defensas y cuatro centrocampistas que sirvió para anular el ataque local y mantener la portería a cero. Supo el mister leer muy bien la situación y aportar soluciones imaginativas y adecuadas según venían dadas, lo que es sin duda una de las mejores noticias de lo que ayer vimos y vivimos en Elche.

   Victoria, en fin, muy valiosa, vitamínica, relevante. Victoria que sirve para agrandar al equipo, lograr que se active la plantilla y se rearme una afición que está viviendo un final de temporada durísimo. Victoria que saboreamos sabiendo que aún quedan batallas cruentas que habremos de librar sin bajar los brazos y manteniendo la unidad entre todos los sectores del zaragocismo.

Foto: Antonio Amorós (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Discreto, correcto y sin errores.

Isaac: 3. Buen trabajo tanto defensivo como ofensivo hasta que se hundió físicamente.

Silva: 3. Cometió algunos errores de bulto, sobre todo por alto. Por lo demás, luchador.

José Enrique: 2. Cambió su posición y firmó un partido aceptable.

Cabrera: 3. Mejoró otras actuaciones. El lateral es su entorno más favorable.

Zapater: 3. Bien arropando a la defensa. Si lo liberan de tareas de creación, lo agradece.

Ros: 4. Buen partido en una posición que le permite desarrollas sus habilidades.

Edu Bedia: 3. Tiene calidad y con jugadores como Ros y Pombo a su lado puede ofrecer buenas prestaciones.

Pombo: 4. Buen debut como titular. Osado, valiente y talentoso. Además goleó.

Lanzarote: 2. Disminuido físicamente, aportó destellos y cierta finura por la banda.

Ángel: 4. Gran partido. Metió dos goles y lo dio todo.

Edu García: 3. Es un gran jugador de quipo. Trabaja, tiene detalles y es disciplinado.

Valentín: 3. Como tercer central cumplió con las instrucciones correctamente.

Barrera: 2. Corrió, luchó y recuperó el ánimo.

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Negra tengo el alma (Real Zaragoza, 1 – Sevilla At, 2)


El partido que ayer disputó el Real Zaragoza pasará a los anales de la historia. Por vergüenza, por dolor, por humillación. Por abismo, por acantilado, por fosa abisal. Si el zaragocismo mira hacia abajo comprueba que bajo sus pies no hay suelo que sostenga la catástrofe que nos amenaza después de tirar por la borda los últimos seis puntos con una actitud de los futbolistas lamentable y vergonzante y una actuación del entrenador deplorable.

   Fue deprimente escuchar a Raúl Agné después de sufrir una de las derrotas más dolorosas del equipo que ayer celebraba su 85 aniversario. Sus palabras, su lenguaje corporal y la escasa entidad de su trabajo nos dejaron una sensación de orfandad que aun ahora, al finalizar el domingo, golpea furiosamente nuestro maltrecho corazón.

   El partido de ayer fue un desastre de principio a fin. Solo se salvan unos quince minutos de la segunda parte gracias a un cambio de actitud de los jugadores después, sobre todo, de la salida al campo de Cani y el novel Raí. Lo demás, un saco de despropósitos que nadie pudo amortiguar. Ni Rodri desde la banda, ni Agné desde su trinchera ni los jugadores desde el césped ofrecieron ni un gramo de fútbol al choque frente a un grupo de aguerridos y talentosos jóvenes que bailaron al equipo aragonés durante toda la primera parte. Se quedaron el balón, lo manejaron con arte y ligereza mental, anularon a los hieráticos jugadores aragoneses y dispusieron de varias opciones que Saja y la defensa anularon a duras penas.

   El equipo aragonés era incapaz de generar ni una sola jugada razonable. Algún latigazo a cargo de Lanzarote o Ángel pero sin ningún peligro y siempre siguiendo el mismo esquema: robo de balón y pelotazo largo. Muy pobre propuesta para lo que había en juego. En ese contexto, los cachorros sevillistas se dedicaron a jugar al fútbol, empresa insuperable para el Zaragoza, que vio cómo un centro largo de Carmona era magníficamente cabeceado por Marc Gual, que no tuvo ni siquiera que pugnar con un muy fláccido Silva. Saja voló hacia la nada y el 0-1 destrozó las mínimas ilusiones de los parroquianos de la Basílica.

   La segunda parte se inició con algo más de energía por parte de los de Agné. Un mayor empuje, cierto amor propio en la disputa y la calidad de Cani, que entró por Dongou ayudaron a alimentar un tanto la esperanza de la grada. Incluso estuvo a punto de empatar con un gran remate de Edu García que Ondoa detuvo haciendo alarde de unos grandes reflejos. Sin embargo el joven portero ayudó poco después con una torpe gestión del tiempo que permitió que el árbitro pitase una falta favorable dentro del área. Edu García fue el encargado de hacer profesión de fe zaragocista y con toda su alma blanquiazul golpeó el balón para lograr el empate.

   Quedaban quince minutos cuando se produjo el debut de Raí. La apuesta de Rodri/Agné dio muy buen resultado, pues el chaval mostró osadía y talento y a punto estuvo de conseguir un gol antológico con una suave y precisa vaselina que se topó con el larguero. Y poco después entró el deseado Samaras. No es un jugador eléctrico que revolucione el partido, pero sus acciones ayer ya dejaron entrever que puede darnos cosas que ahora mismo el equipo no tiene.

   El partido se encontraba en un momento extraño. El Sevilla completamente desorganizado y el Zaragoza nervioso aunque empeñado en la remontada. Y fue entonces cuando  de nuevo Ondoa la lió parda al retrasar un saque de banda negándole el balón a Samaras en un saque de banda. La segunda amarilla y la roja correspondiente supuso que su equipo se quedaba con diez y sin portero. Había una luz. Pero los de Agné no supieron gestionar la situación y tiraron por la borda una extraordinaria oportunidad. El remate negativo lo propuso Silva con una terrorífica entrada que le sirvió para que lo expulsaran. El lanzamiento de la falta era la última jugada del partido y de ahí nada malo tenía que salir, pero salió. Ivi chutó, Saja despejó fatal y Cotán, que pasaba por allí, remató casi sin querer y logró el 1-2.

   El desastre estaba consumado. La Basílica lloró. Lágrimas de oro que corrían por las mejillas de niños, jóvenes, adultos y mayores. La televisión se recreó en esos primeros planos y le mostró al mundo la fragilidad del corazón del león. Las próximas semanas vamos a mirar de frente a la muerte. Solo cabe desear que su reflejo no nos amilane. Es el tiempo de los fuertes.

P.S.: Termino esta crónica con la noticia de la destitución de Agné y la elección de Lainez. Colosal empresa la que asume el zaragozano. El zaragocismo deberá hacer fuertes a los suyos.

Foto: Javier Belver (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Saja: 1. Hizo un trabajo correcto pero falló estrepitosamente en el segundo gol.

Feltscher: 2. Defendió bien y subió con interés, pese a sus limitaciones.

Silva: 2. Luchó y se fajó con firmeza. Cometió un grave error con la falta del final.

Cabrera: 1. Errático y poco útil como central. Cuando jugó de lateral, mejoró.

José Enrique: 1. Lento, arriesgado y poco atento en el segundo gol.

Zapater: 1. Trabajó, se implicó pero no encontró su zona de confort.

Ros: 1. Poco eficaz y desorientado.

Lanzarote: 3. Estuvo en el partido. Su trabajo se notó para bien.

Edu García: 2. Pone el alma en todo lo que hace. Goleó.

Ángel: 3. Trabajador y comprometido.

Dongou: 1. No complementó el juego de ataque. Inexacto.

Cani: 3. Su entrada fue un soplo de calidad y audacia.

Samaras: 2. En diez minutos ofreció nuevas posibilidades como pivote de referencia.

 

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85 aniversario del Real Zaragoza


   El Zaragoza F.C. nació hoy. Hace 85 años. Nació porque murieron otros dos clubes, el Iberia S.C. y el Real Zaragoza C.D. Nació el Zaragoza que hemos amado hasta la pasión desbordada quienes hoy lloramos lágrimas de piedra con nuestra propia realidad, al tiempo que sonreímos esperanzados en un mañana más claro y digno de nuestra lealtad.

   El 18 de Marzo de 1932 nace el Zaragoza F.C. y acaba con 29 años de múltiples colores, numerosos escudos e inacabables camisetas merodeando por la capital aragonesa. Nace el Zaragoza F.C. y se convierte en el único club de la ciudad, el que ha cabalgado a lo largo del siglo XX sobre corceles furiosos y jamelgos mortecinos, el que ha conocido el brillo de las estrellas y las sombras de la caverna. Ese Zaragoza F.C., que hoy es el Real Zaragoza S.A.D., cubre nuestro presente con polvo pesado, difícil de respirar, pero siempre queda el aroma de lo ya vivido y el perfume de lo por vivir.

 El primer partido que disputó el recién nacido Zaragoza F.C. fue frente al C.D. Valladolid, el 21 de Marzo de 1932 y venció nuestro equipo por 4 – 0. La alineación que presentó el entrenador zaragocista, el todavía jugador Elías Sauca, que dirigiría el equipo hasta final de temporada, fue: Osés, Chomín, Chacártegui, Juanito Chacártegui; Epelde, Salas, Orcolaga; Rolloso, Zorrozúa, Anduíza, Tomás y Almandoz, a quienes podemos ver en la fotografía. El partido lo arbitró el colegiado Sr. Duce y los goles los marcaron Rolloso (2), Zorrozúa y Anduíza y el aspecto que presentó el campo de Torrero fue de un lleno casi total.

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Sí, es una mierda (Córdoba, 2 – Real Zaragoza, 1)


Sí, José Enrique: es una mierda. Lo es sentir tu estómago doblarse de dolor cada vez que el equipo te abofetea con su indolencia, cada vez que te avergüenza con su torpeza.

   Lo es comprobar que el entrenador no tiene respuestas razonables a ninguna pregunta y cuando encuentra una es para responsabilizar a su segundo.

   Lo es contemplar el histrionismo del Director General en el palco y no conocer aún su voz como responsable de la parcela deportiva.

   Lo es recibir un mensaje vacío e insultante por parte del consejo de administración mientras notas el frío de las aguas que inundan el barco zaragocista.

   Lo es escuchar a ciertos periodistas primero lanzar sus soflamas contra el mundo sin decir nombres, después modificar su discurso con el gol de Ángel y por último, cuando recibimos el segundo, ondear la bandera del “yo ya lo dije”.

   Sí, José Enrique. Lo es enfrentarse una semana más al folio en blanco para relatar las deplorables derrotas que nos regaláis jornada tras jornada.

   Pero por encima de todas las miserias hay una que produce  más sufrimiento es ver el lunes por la mañana en los patios de recreo de los colegios aragoneses a esos niños y niñas con su camiseta del Real Zaragoza. ¿Hace falta que lo explique, ilustres generadores de mierda?

   Agné repitió el equipo que venció al Numancia con un único cambio: Feltscher por Fran. Buscaba más músculo, dijo. Esa modificación que pudiera parecer mínima, fue sin embargo una declaración de intenciones de gran calado. Con esa decisión abandonamos el principal argumento que tiene el Real Zaragoza para convertirse en un equipo interesante: el manejo del balón, el gobierno de la combinación, la gestión de los tiempos y los espacios. Eligiendo al venezolano le dices al contrario que le tienes miedo. Si eliges al andaluz, le transmites tu intención de crearle problemas.

   Ese cambio condicionó el partido. Toda la primera parte fue un monólogo cordobés, que eligió la banda derecha para martillear la defensa zaragocista y crear varias ocasiones de gol. Mientras tanto, el equipo aragonés no encontró la vía de la combinación y solo tenía el recurso del balonazo. O del robo. Y eso fue lo que propició el inesperado gol de Ángel. Una recuperación y un pase largo al canario. Y gol.

   Llegar al descanso con un 0-1 era un premio que se antojaba excesivo, pero al que no le hicimos ascos. En la caseta Agné le pidió a Edu García que saliese por Xumetra, ayer poco acertado, con la idea de cerrar el partido. Y después a Dongou. Fueron buenas decisiones, pues el equipo recuperó el control y dispuso de varias ocasiones claras. Incluso le birlaron un clarísimo penalti y degustó, una vez más, las hieles de los desaciertos arbitrales. No es asunto menor, pues este tipo de circunstancias también suman, y casi siempre en contra.

   Como suman los errores propios, la falta de concentración, la flaccidez en la disputa que dio al Córdoba la oportunidad de empatar. Mazazo cruel aunque ya conocido. El equipo que se deshace, el equipo que no acierta a gobernar la tormenta. Y el entrenador que no toma decisiones acertadas, como bien se encargó de resaltar Samaras con su lenguaje corporal al apoyarse displicentemente en el banderín de corner.

   Los minutos volaban, se husmeaba el aroma de un empate mugriento y hasta se percibía la melodía de la justificación de los pobres. Pero nada de ello alcanza para consolar a un zaragocismo agrietado por la desgracia y el trabajo muy mal hecho de directivos, técnicos y jugadores. Allá vuela el golpeo al azar de un contrario con fe incluso frente a las protestas de su gente. Y aquí llega la puñalada mortal de un nuevo fracaso. Tantos son que nuestras lágrimas ya son agua seca incapaz de consolar al zaragocista, a ese aficionado que sigue fiel al equipo de sus amores porque eso significa que sigues siendo fiel a tu infancia. No lo digo yo; lo dice el gran Ignacio Martínez de Pisón.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Saja: 3. Lo que tuvo que parar, lo paró. En los goles nada pudo hacer.

Feltscher: 2. En defensa cumplió, pero en ataque se mostró nulo.

Silva: 1. Fallón, incorrecto y demasiado agresivo.

Cabrera: 1. Mal partido. Descolocado y torpe con el balón en los pies.

José Enrique: 3. Tuvo mucho trabajo y lo solventó con casta y oficio.

Zapater: 2. Trató de tapar muchos espacios pero no pudo sacar el balón con limpieza.

Javi Ros: 2. Muy trabajador aunque poco clarividente en la entrega del balón.

Xumetra: 2. Gestionó mal algunas decisiones. Lo mejor, su asistencia en el gol.

Cani: 1. Ayer se perdió en la maraña cordobesa. Eligió mal sus acciones.

Lanzarote: 2. Trabajó bien aunque estuvo un tanto errático. Colgó buenos balones.

Ángel: 4. Trabajador, luchador y goleador.

Edu García: 3. Se aplicó bien a la tarea de abrir espacios. Tuvo un gol en sus botas.

Dongou: 3. Ensanchó el campo y jugó muy bien de espaldas. Propició varias ocasiones.

Valentín: S.C.

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