Tormenta de tormento (UD Almería, 3 – Real Zaragoza, 0)


   Mikel_Gonzalez_01Dolorosa derrota. El Real Zaragoza fue vapuleado por un equipo, la UD Almería, mediocre y escaso de juego pero con suficiente corazón como para endosarle tres goles a los aragoneses. El viernes nadie hizo bien su trabajo. Nadie supo cumplir con su obligación y, a veces es lo peor, nadie pudo explicar las razones de semejante desastre. La rueda de prensa del entrenador dio miedo, con sus respuestas inestables y esa afirmación sin sentido en la que habla de cómo va a acabar este proyecto (“fantásticamente”) y cuando una afición ve a sus jugadores incumplir con los tres mandamientos básicos de un equipo de fútbol, capacidad física, talento técnico y fortaleza táctica, quiere decirse que estamos ante una crisis de enorme entidad.

   La primera parte fue un horrible homenaje al fútbol. Ninguno de los dos equipos aportó absolutamente al propósito de este deporte y nos ofrecieron 45 minutos feos de cuerpo y espantosos de alma. Ni una sola propuesta interesante, ni una sola ejecución atractiva. Ambos equipos se adueñaron de un discurso narrativamente seco que sirvió para confirmar que no se merecen el cariño que reciben de su gente. Al menos el Zaragoza, que con 18 puntos de 45 posibles ha cubierto uno de los recorridos más humillantes de su historia.

   Con una idea de fútbol demasiado conocida por sus rivales, Natxo se ha encontrado con un problema añadido: sus chicos ya no pueden o no quieren seguir su plan. No aportan intensidad, físicamente están hundidos, su fortaleza mental se ha apagado y en ningún caso ganan las mil microbatallas que conforman un choque de la Liga 123. Porque aquí el que no se deja las entrañas en cada acción cae seguro y este Zaragoza está ahora mismo agotado física, mental y futbolísticamente. Y de eso se dio cuenta en seguida el Almería, un grupo de jugadores discretos que encontraron en las bandas de Delmás y Ángel una posible solución a sus enormes problemas. Por ahí atacaron y desde una de ellas, al saque de una falta, llegó el primer gol. El ex zaragocista Fran enganchó un increíble chut desde fuera del área que le rompió la escuadra a Cristian. Imparable el chut, pero muy mal defendida la jugada.

   Se retiraron ambos equipos al vestuario con la sorpresa dibujada en sus rostros. Los locales, por el gol encontrado sin tampoco merecerlo; los visitantes, por el gol encontrado seguramente merecidamente. Natxo mostraba su preocupación y su enfado con sus enérgicos gestos  y todos imaginamos que algo cambiaría en el descanso para tratar de arreglar semejante fiasco. Pero no. Mantuvo al equipo ante la perplejidad de todos, pues ninguno de los jugadores había estado a la altura. La defensa había dado muestras de flaccidez, el centro del campo, con Zapa y Guti, no había logrado un encaje adecuado para sostener al equipo y la parte ofensiva no había ligado ni media jugada interesante, con Toquero torpe, Pombo deshilachado, Febas ausente y Borja aislado del mundo. Ese era el diagnóstico, pero evidentemente no coincidía con el del mister.

   La segunda parte comenzó con el Almería replegado y el Zaragoza jugando a nada. En estas, cuando el equipo de Natxo perdía el balón, que era algo que sucedía con mucha facilidad, los andaluces por medio de Gaspar y Fran golpeaban los flancos zaragocistas y llevaban el balón al área contraria, donde construían jugadas de peligro a cargo casi siempre de Juan Muñoz. El “pepinazo en el área” de Milla puso en aprietos a Cristian en dos ocasiones. Una, con una vaselina que el argentino desbarató con la yema de los dedos, y la otra con un cabezazo bien resulto con una palomita.

   Los minutos nacían y morían a un ritmo indeseado y el zaragocismo no acababa de ver claro que el empate pudiera llegar. En el minuto 79 aún no había creado ninguna ocasión de gol clara, así que el Almería decidió que el partido tenía que ser suyo. De nuevo un balón fuera del área grande fue la invitación para probar suerte. Ahora fue Alcaraz el que lo intentó. Un chut raso y ajustado al palo fue suficiente para lograr un segundo gol. Mazazo de hierro y ridículo que el equipo, el club, la afición acogieron con asombrado dolor. Dos a cero y nada, absolutamente nada, que objetar. Eguaras había salido en lugar de un alborotado Guti, pero no había servido de nada. Y para rematar el saco de despropósitos en que se ha convertido este equipo, Natxo les pidió a Buff y Oyarzun que salieran a acompañar a sus compañeros en la vergüenza.

   Y todavía les dio tiempo a participar en ella. Oyarzun con un chut lejano que detuvo René, en la única acción de ataque decente del partido. Y todos con el inaceptable gol que logró Alcaraz desde 50 metros. El oprobio, la humillación, la deshonra visitaba una vez más  el mancillado hogar del Real Zaragoza. ¡Qué desidia! ¡Qué deshonor! ¡Y cuánto dolor nos regaláis!. Ciertamente, es un misterio hacia dónde nos lleváis. A qué abismo, a qué acantilado. Decidlo: necesitamos saber dónde moriremos.

Foto: Carlos Barba (www.heraldo.es)

 CALIFICACIONES

Cristian: 2. Salvó dos goles pero encajó tres. El último, inaceptable.

Delmás: 1. La ganaron casi todos los envites.

Mikel: 2. Débil en el corte y parco en el mando.

Grippo: 1. Lento y descolocado. Perdió balones peligrosos.

Ángel: 1. Perdió la espalda y le ganaron la posición. Arriba, estéril.

Zapater: 2. Luchó, como siempre. Poco más.

Guti: 1. Torpe, inexacto y desubicado.

Toquero: 1. No aportó nada al ataque.

Fecbas: 1. Ausente y fuera del partido.

Pombo: 1. Individualista y poco eficaz.

Borja: 1. Aislado y poco acertado.

Eguaras: 1. Trató de recuperar el timón, con escaso éxito.

Buff: 0. Inexistente.

Oyarzun: 1. Un chut y nada más.

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Y el rayo cesó (Real Zaragoza, 3 – Rayo Vallecano, 2)


 

Tras cuatro temporadas vagando por los áridos desiertos que conforman el continente de la segunda División, ya podemos escribir dos ideas que son tan verdad como el infierno que nos cobija. Una: aquí el que no corre y se deja el alma durante los 93 minutos de cada partido, muere. Dos: no es sostenible un equipo que para ganar tiene que meter dos o tres goles. Lo de correr como un canalla no te da la victoria, pero no correr te acerca al vacío. Eso, seguro. Y quien recibe cinco goles en dos partidos tiene muy poco que esperar de la vida. Más bien todo de la muerte.

   Zapater07

Y en esas estamos, amigos. Ayer el Real Zaragoza ganó al Rayo Vallecano porque el equipo de Michel falló mucho. Todo. Y también porque acertó en las tres ocasiones que construyó, una de ellas después de un corner y las otras dos porque Borja Iglesias abrió vías de gol y regaló sendas asistencias que valen su pase en oro. Si el fútbol ha sido injusto en modo derrota en otras ocasiones, ayer lo fue pero para regalarnos una victoria que apunta a rearme moral, a recolocación de piezas y ajuste de conceptos.

   Natxo volvió a contar con los buenos. Dejó en el banquillo o en la grada hasta a cinco jugadores que sufrieron la derrota en Huesca y recuperó a tres de ellos que, hoy por hoy, son fundamentales. Delmás  es en estos momentos el lateral derecho titular. Febas es clave en el juego de creación y combinación y Eguaras es el principal argumento para equilibrar a un grupo que necesita de manejo, cierto gobierno y líneas de pase. Aun así, el choque fue del Rayo desde el primer destello. Su concepto del juego, la solidez de su propuesta, la calidad de algunos de sus jugadores fueron argumentos de gran peso que desbarataron al Zaragoza en todo momento. Llegaban a la portería de Cristian con suma facilidad y solo su desacierto o la buena disposición del portero argentino impidieron que los goles cayesen del lado madrileño. De Tomás, Embarba y Unai aún deben estar calibrando el nivel de sus errores, porque disfrutaron de tres ocasiones impecables que podrían haber dado una ventaja insuperable al Rayo.

   El paisaje, decimos, tenía un dibujo claramente vallecano, pero el fútbol es muy inexacto en ocasiones, como ayer lo fue. En el minuto 25 Eguaras centró un balón que cabeceó Grippo impecablemente logrando el primer gol. No era lo esperado, si siquiera lo imaginado, pero ahí estaba el 1-0 campeando en el decrépito marcador de la Basílica. No obstante, el Rayito siguió a lo suyo. Perseveró en su propuesta, prosiguió desarrollando su argumentario que no era otro que jugar (muy bien) al fútbol y enseñarle los blancos colmillos a los de Natxo. 

   De nuevo De Tomás, otra vez Embarba y una vez más Embarba. Tres nuevas oportunidades desaprovechadas, mil suspiros de angustia en las gradas. Y el sábado, milagro. En forma de fantasía de Febas dándole un balón elevado a Borja que éste le devolvió para que el catalán lo alojase en la red de Alberto. Dos a cero. ¿Dos a cero? Los ojos de la afición zaragocista se abrían y cerraban, sujetos al asombro. Y había motivos.

   La segunda parte anunciaba una salida eléctrica del Rayo, al que imaginábamos herido pero en absoluto derrotado. Habría que hacer muy bien las cosas, pues era evidente que el equipo visitante porfiaría para remediar los errores de la primera parte. Y así fue. Desde el pitido inicial asistimos a un asedio controlado, firme y muy bien orquestado que provocó una situación de evidente inferioridad zaragocista. Natxo cambió a Mikel por un ineficaz y tarjeteado Verdasca, pero no logró apuntalar le sistema defensivo. Y no pasaron ni diez minutos hasta que el rayo logró su primer gol. Un centro lateral, otra vez un centro lateral, que habilitó a De Tomás para rematar inapelablemente. Un esquema demasiado conocido que nos sabemos de memoria y que activó el temblor en los corazones blanquiazules.

   El Zaragoza no sabía gestionar su ventaja y por eso Natxo optó por darle entrada a Pombo para agitar el partido. No surtió efecto en un principio. El control seguía en manos forasteras y el juego tenía color rojo lo mirásemos como lo mirásemos. Se antojaba imposible mantener la ventaja pues los únicos párrafos los escribía el Rayo y como son buenos narradores en el minuto 73 Trejo logró el empate. Una aproximación por la banda derecha y una combinación muy mal contrastada dio con el balón en la red de Cristian. 

   ¿Qué hacer? Confiar en mantener el empate como mal muy menor y suspirar por un hecho aislado que nos regalase el destino. Y sucedió. Pombo, que ya había intentado el gol con un magnífico chut que rozó el poste derecho, combinó con Borja Iglesias. El gallego, que llevaba ya un rato luchando con furia cada balón, cada opción, arrastró al mundo entero hasta la línea de fondo y le cedió el balón a Jorge para que rematase el tercer gol. Fue maravilloso estallar de alegría y, sobre todo, fue especial disfrutar con la expresividad del gran capitán, Alberto Zapater. Es evidente que el grupo se liberó de una pesadísima losa que le estaba hundiendo, poco a poco, en el fango de la incredulidad en sus posibilidades. Ahora es momento de recuperar el perfume de principio de hace algunas semanas y consolidar los cimientos. Almería es un buen lugar para lograrlo.

Foto: http://www.losotros18.com

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Tuvo varias intervenciones acertadas. Algo inexacto en los goles.

Delmás: 3. Luchó y corrió lo indecible. Falló en los centros.

Grippo: 3. Buen regreso. Muy bien por alto. Goleó.

Verdasca: 1. Irregular y falto de solidez.

Ángel: 2. Bien en ataque aunque algo desajustado en la posición.

Zapater: 4. Muy implicado y con galones.

Eguaras: 3. Tuvo momentos buenos y alternó alguna inexactitud.

Guti: 2. En la banda derecha estuvo desaparecido. En la medular, muy útil.

Toquero: 1. No fue su tarde. Trabajador pero desubicado.

Febas: 3. De nuevo agitó al equipo. Tiene talento y rasmia. Goleó.

Borja: 4. Vive solo pero se sabe asociar con cualquiera. Dio dos goles.

Mikel: 2. Algo frío y poco protagonista.

Pombo: 3. Activó al equipo y aportó frescura. Goleó.

Ros: S. C.

 

Qué frío es el infierno (SD Huesca, 3 – Real Zaragoza, 1)


Las tropas de Al-Musta-in II llegaron en 1096 desde Zaragoza a combatir en la batalla de Alcoraz donde fueron derrotados estrepitosamente por Pedro I. Y muy cerca de ese lugar ayer los guerreros de Rubí destrozaron a las deshilachadas huestes de González en un combate desigual y humillante cuyo recuerdo nos va a doler durante mucho tiempo. Un choque en el que unos pusieron el juego, el esfuerzo, el talento y el compromiso y otros sucumbieron en su desgana, apatía, holgazanería y vacuidad. Un partido que el zaragocismo incorpora a su memoria como un ejemplo más de vergüenza futbolística, otra mancha en el alma hecha jirones de una afición que ayer recibió una ignominiosa puñalada en su dignidad.

   Toquero_04   Natxo propuso un partido de equipo menor. Con su planteamiento le dijo al mundo, nos dijo a todos que somos una mota de polvorienta miseria que no debe tener la osadía de plantarle cara a un equipo, el Huesca, que hoy por hoy es infinitamente superior. Y que como es mucho mejor hay que ir al Alcoraz temerosos de Dios. El mister ya había hablado de que habría que sostenerse con uñas y dientes ante las furiosas acometidas que, seguro, los oscenses nos regalarían los primeros minutos. Por eso, armó al equipo con la presencia de Ros y Guti al lado de Zapater y renunció a jugar al fútbol. Le dejó la responsabilidad de crear juego a un Toquero demasiado aislado y a un Borja inexacto que no pudo conectar ni un solo remate decente. Lo demás, una sinfonía perfectamente interpretada por una orquesta azulgrana armonizada y perfectamente ensamblada que huele a propuesta envidiable.

   Seguramente si un aficionado viese al Real Zaragoza ayer por primera vez no se creería que este equipo ha protagonizado otros partidos en los que ha sido capaz de defender con criterio, de manejar el balón en combinaciones sensatas, de filtrar ideas en medio de marañas oblicuas. Y no se lo creería porque el grupo que ayer saltó al Alcoraz no se reconoció en ningún momento. Faltaron varias piezas que habían sido claves hasta ahora y, sin decir nombres, todos los echamos de menos desde el primer momento. Parece mentira que la ausencia de dos o tres jugadores sea tan determinante y desequilibre tanto, pero ayer lo pudimos comprobar. El Zaragoza no fue el Zaragoza, se travistió y perdió la honra.

   Si enfrente tienes a un equipo que se mira al espejo y sabe quién es y además se reconoce en su belleza, fortaleza y sabiduría, poco, muy poco tienes que hacer. Salvo que te pongas detrás de tu propia imagen y le digas a tu oponente que tú también eres bello, fuerte y sabio. O, por lo menos, aspiras a serlo. Pero nada de eso se dio. El equipo zaragocista inició la travesía con un bajel lleno de agujeros en su cascarón y salvo una primera ocasión de Borja que marró inexplicablemente, el partido fue del Huesca. Cuando Melero cabeceó osadamente una falta lateral y logró el 1-0, el partido ya se dio por perdido. Nada salió bien porque nada podía salir bien. La defensa se mostraba frágil en los laterales, Zapater luchaba lo indecible pero Ros se empeñaba en darle la razón a quienes piensan que no está para jugar y el resto del equipo echaba en falta a sus dos mejores jugadores en la sala de máquinas: Egauaras y Febas. 

   La segunda parte sirvió para profundizar en el desastre. Vinicius salió en lugar de un mortecino Buff, que incluso se oyó algún silbido de su angustiada afición, pero no sirvió de nada. Cuando Cucho remató a placer el segundo gol la debacle ya asomaba la patita por las cuatro esquinas de El Alcoraz. Ni siquiera la obra magistral de Zapater consiguió enganchar al equipo a la equipo. No había forma de activar ningún desfibrilador, porque en seguida de nuevo Cucho lograba otro gol, excelente por cierto, para dejar las cosas bien claras.

   Los jugadores zaragocistas no solo jugaron un mal partido, sino que vinieron a decirnos que algunos de ellos no están bien preparados para esta empresa. Y Natxo se equivocó. Él mismo lo reconoció en la sala de prensa y lo mejor que nos puede pasar es que escuchemos sus palabras una y mil veces y luego escuchemos las de Toquero una y dos mil veces y luego escuchemos a la afición cantar el himno al final del partido. Una y un millón de veces.

Foto: http://www.sporthuesca.com

CALIFICACIONES

Christian: 2. Falló en el primer gol y luego detuvo tres buenos balones.

Benito: 0. Lento, torpe y desajustado.

Mikel: 3. Cortó y corrigió varios errores defensivos. Estuvo serio.

Verdasca: 2. Le pudo el partido y la situación. Lo intentó, pero sin jerarquía.

Alain: 1. Su lateral fue un paseo dominical muy bien aprovechado.

Zapater: 4. Trabajó por todos y se dejó el alma. Metió un gol extraordinario.

Ros: 0. No jugó al nivel que requería la situación.

Guti: 2. A pesar de su juventud, aportó esfuerzo y tesón.

Toquero: 3. Estuvo en todas las batallas pero no encontró aliados.

Buff: 0. Desaparecido y muy poco trabajador.

Borja: 2. Muy solo, trató de guerrear por su cuenta. Falló un gol fácil.

En proceso (Real Zaragoza, 0 – Cultural Leonesa, 0)


 

Ayer el cierzo no nos trajo la victoria, sino que se llevó parte de nuestra ilusión. No fue un viento generoso, sino un ladrón feo y mal encarado. Fue una jornada de pie cambiado, de gesto torcido, como ese amigo que no te miente pero tampoco te dice la verdad. Con partidos como el de ayer la sonrisa se nos congela un poco más, sobre todo porque no encontramos explicación. Los chicos son los mismos que otros días, pero su mirada nos transmitió cierto cansancio. Es como si nos dijeran que necesitan un respiro, que ahora mismo es momento de detener la máquina y tomar aire. Quizás sea eso.

   Natxo González introdujo un cambio de calado en el equipo. Sentó a Buff y le pidió a Guti que fuera el enganche entre el medio campo y los talentos de arriba, pero es evidente que la idea le salió mal. El canterano desplazó a Febas a la izquierda y por el centro faltaron canales de comunicación. No es jugador para ese territorio y por añadido el equipo perdió la fluidez que le otorgan al juego Febas y Buff.

   De eso se aprovechó la Cultural, que supo parar el ímpetu inicial del Zaragoza y bloquear todas sus iniciativas ofensivas, al tiempo que manejó con criterio el balón. Eso sí, ni uno ni otro pusieron en apuros a los porteros, salvo una ocasión en el minuto 6 a cargo de la Cultu que Christian solucionó con un gesto ágil. Pudimos, así, asistir a una primera parte mohína e insípida, sin interés y en algún momento hasta irritante, sobre todo cuando la afición contempló la inexactitud de jugadores como Toquero y Febas, poco dados ayer al acierto.

   Se llegó al descanso con un cierto alivio y con la esperanza de que Natxo tomase decisiones que ayudasen al equipo a retomar el rumbo. Y parece que lo consiguió. Retiró a Eguaras y sacó a Vinicius, de forma que las piezas se recompusieron. Guti se ubicó en llanuras más amables, en las que se siente muy cómodo, y el equipo ganó en recorrido y circulación. Febas ya vio los espacios y la posterior entrada de Papu por Toquero abrió al equipo, que respiró hondo y pudo empezar a jugar al fútbol.

   La Cultural siguió a lo suyo, a estrechar el campo hasta la asfixia, y lo consiguió. Además, salía con cierto peligro al contraataque, lo que no era una buena noticia. Pero al mismo tiempo el área de Fernández comenzó a recibir la visita de los jugadores zaragocistas con más frecuencia que durante el primer tiempo. Oyarzun lo intentó de falta y las bandas vivieron una mayor presencia de los laterales, que aprovechaban para filtrar balones por los interiores. Lo único que faltó fue el remate. No había forma de rasgar la maraña leonesa. Tan solo algún corner o falta lateral propiciaba que el balón sobrevolase la portería forastera.

   Los chicos de Rubén de la Barrera tenían las costuras defensivas bien cosidas y cada vez resultaba más difícil imaginar un gol zaragocista. Sin embargo, en las postrimerías el Zaragoza dispuso de tres buenas ocasiones, cada una de ellas construida con esquemas distintos. La primera, una infiltración habilidosa gracias a una combinación entre Vinicius y Papu que rompió la defensa. La segunda, un chut cruzado de Vinicius tras un corner que no entró por centímetros. Y la tercera un misil de Borja Iglesias tras recibir un balón largo que despejó con los dedos Fernández en lo que fue la última oportunidad de lograr el gol.

    Pero fue insuficiente. Seguramente el empate fue lo más justo, como también es justo reconocer que ayer el Real Zaragoza jugó un partido oblicuo, de espesura gris y muy poca clarividencia. Y aunque no hay que desesperar sí es razonable mostrar cierta preocupación pues los puntos no acaban de llegar y la Romareda, a pesar de contar con una afición leal, indesmayable y de muchos quilates que apoya en todo momento a sus chicos, es una pesada losa que anula al equipo. Es un problema haber ganado solo un partido en casa después de seis jugados. Más bien es un motivo para reflexionar y tomar decisiones. Mientras tanto, a reponer fuerzas y preparar el partido en Huesca con la mejor disposición. Y a ganar.

CALIFICACIONES

Christian: 3. Poco trabajo y bien resuelto, con una parada salvadora.

Delmás: 3. Luchador aunque un tanto irregular.

Mikel: 3. Bien posicionado y muy ordenado.

Verdasca: 2. Un tanto alborotado en ocasiones, sobre todo con los pies.

Alain: 3. Bien en defensa aunque poco profundo.

Zapater: 3. Intentó llegar a todo y cumplió como recuperador.

Eguaras: 2. Incapaz de romper la doble línea defensiva de la Cultural.

Guti: 3. Como enganche no funcionó, pero cuando ocupó el centro del campo cumplió.

Febas: 2. Muy oculto en la banda y poco exacto. Cuando se fue al centro, lo reconocimos.

Toquero: 2. Empezó muy frágil en el control. Mejoró en la segunda parte.

Borja: 3. Muy vigilado. Se peleó con todos. Remató solo una vez.

Vinicius: 3. Combinó, aportó nuevas posibilidades y completó el ataque.

Papu: 2. Hábil y rápido, le faltó culminar.

Nervios en Nervión (Sevilla At., 2 – Real zaragoza, 2)


   No es suficiente. Nunca lo es. Mira que se había hablado a lo largo de la semana de que el partido ante el Sevilla At era un choque trampa, de esos que parecen una cosa pero luego se convierten en algo totalmente distinto. En tertulias de radiBorja_Iglesiaso, de televisión en la prensa escrita se habían comentado las mil dificultades que entrañan estas jornadas en campos pequeños, con muy poco público y ante rivales jóvenes, pero no ha bastado. Lamentablemente.

   El Real Zaragoza cayó ayer en una trampa enorme de la que salió a duras penas gracias al buen hacer de Delmás, ayer enorme, y Borja Iglesias, ayer más Borja Iglesias que nunca. Dos acciones magistralmente ejecutadas por estos dos jugadores libraron al equipo de Natxo de volver con la vergüenza en la mochila y le permite al vasco ajustar piezas, reescribir su discurso y ayudar al grupo a limpiar su mente.

   La primera parte fue insípida. El equipo entró al irregular césped del Viejo Nervión un tanto apático y algo fuera de onda. Natxo optó por Ángel en lugar de Alain y por esa banda, fláccidamente guarecida por el lateral y por un Toquero que acusó los efectos de su proceso vírico. Hasta el minuto 15 se buscó el toque y la combinación, con varias aproximaciones filtradas que no prosperaron debido a que tanto Borja como Buff cayeron en el fuera de juego. Al mismo tiempo, poco a poco Delmás fue cogiendo ritmo y se fue apoderando de su banda, por la que construyó jugadas de peligro, un argumento que a la postre sería determinante.

   Sin embargo, el Zaragoza se está abonando a recibir goles estúpidos, como el segundo del Oviedo en el Carlos Tartiere. Ayer se repitió el guión. Un centro lateral lejano cayó enel área pequeña, donde Ángel y Verdasca resolvieron fatal el balón que acabó en la red después de rebotar en Fernández. Absurdo bofetón.

   El partido siguió el mismo recorrido, si bien el Zaragoza no acababa de coser jugadas verticales. Los pases se enganchaban en la horizontalidad y se notaba que ni Buff noi Toquero ofrecían las prestaciones de agudeza ofensiva que en otras ocasiones proponen. Además, ayer Febas sufrió un duro marcaje, otro más, y no se encontró cómodo en ningún momento. Para más motivo de preocupación, los minutos 30 y siguientes significaron un repunte en el juego ofensivo andaluz que coincidió con una fase de desajustes defensivos en los que Verdasca fue protagonista, tarjeta amarilla incluida.

   La luz nació gracias al talento de Delmás y la potencia de Borja. Era el minto 43 cuando el joven aragonés recibió una buena apertura de Buff, corrió la banda al más puro estilo Belsué y dibujó un magnífico centro al área pequeña que Borja Iglesias enganchó logrando así el gol del empate. Fue una excelente noticia, pues suponía arreglar los errores cometidos y disponer de un partido nuevo con toda la segunda parte por delante. Incluos minutos después Borja pudo darle la vuelta totalmente el partido si su disparo hubiera ido un poco más abajo.

   En la caseta seguro que Natxo habló con sus chicos. Seguro que cogió al equipo por el pecho y más seguro aún que les regaló varios mensajes de esos que a veces conviene verter sobre la muchachada cuando esta no espabila. Mas nada funcionó. Apenas reiniciado el partido un delnatero local consiguió gestionar un balón rodeado de defensas rojillos que no acertaron a abortar su acción. Su pase lo cabeceó de forma inverosímil Fernández ante la sorpresa de Christian.

   De nuevo a empezar. Y ahora sí que Natxo cambió sus planes. Vio que algunos de los suyos no daban respuesta a los problemas y optó por darle la alternativa a Vinicius en lugar de un agotado (física y futbolísticamente) Buff. No fue suficiente, pues tan solo Delmás aportaba soluciones por su banda derecha, como lo demostró con un chut que golpeó en el lateral de la red. Por tanto, el mister les pidió a Papu y Alain que suplieran a Toquero y Ángel, ambos m por debajo de su nivel habitual.

   Las decisiones aportaron un soplo de frescura al equipo. Sus incursiones por las bandas consiguieron deshilachar un tanto las costuras del Sevilla At. y tanto Papu, con un chut muy similar al de Lorca obstruido por Berrocal, como Borja, cuyo disparo escupió el poste, estuvieron a punto de igualar el resultado. Había vida, como se pudo certificar en el minuto 78 cuando el Panda, de nuevo tras perfecto centro de Delmás, enganchó un remate raso y seco que batió a Soriano. Era la forma de maquillar el partido, de evitar una humillante derrota que habría significado un bofetón a la autoestima del equipo.

   Escaso botín para lo que necesita el Zaragoza pero como tantas veces se dijo la temporada pasada, si no se puede ganar, al menos empatar. El punto escaso hay que engordarlo con una convincente victoria ante la difícil Cultural. Será la manera de mantener intacta la llama de la ilusión.

Foto: @CanteraSFC

CALIFICACIONES

Christian: 2. Recibió dos goles impropios.

Delmás: 4. Extraordinario partido, tanto en ataque como en defensa.

González: 3. Impreciso e inexacto en ocasiones.

Verdasca: 1. No encontró el rumbo y falló sin presión.

Ángel: 2. Tuvo problemas para sujetar su banda. En ataque, correcto.

Zapater: 3. Tuvo que apagar muchos fuegos y no siempre conectó bien con la defensa.

Eguaras: 3. Tuvo buenos momentos y algunas sombras.

Febas: 3. Bullidor y activo, pero no siempre acertado.

Buff: 2. No eligió siempre bien sus acciones.

Toquero: 2. Le faltó físico, su principal herramienta.

Borja: 4. Luchó indecible y metió dos goles.

Vinicius: 1. Falto de ritmo.

Papu: 3. Reactivó al equipo pero pecó de individualista.

Alain: 3. Mejoró a Ángel con su presencia en la banda y su dinamismo.

El Cielo nos espera (Real Zaragoza, 1 – At. Osasuna, 1)


celebrando_un_golLa Basílica lució ayer hermosa y galana. Acogió un partido de fútbol enorme, de esos que aprietan el corazón y dejan exhausta el alma. Lo fue antes del pitido final, cuando
Zaragoza y Aragón entero suspiraban porque llegase el momento del choque. Lo fue
mientras rodó el balón, con unas gradas henchidas de orgullo nunca perdido aunque dormido desde hace demasiado tiempo. Lo sigue siendo horas después de echar el telón, aún presente en el viento de la ribera la pasión que ayer abrasó al zaragocismo.

Fue el partido frente a Osasuna una batalla noble e igual. Ante un rival monumental
que huele a zona noble por mucho tiempo y que llegó a la capital aragonesa con los
oropeles de líder poco tratable, el equipo de Natxo González planteó un duelo de igual a
igual aún sabiendo que el forastero era más fuerte. No temió el vitoriano plantear una
idea atrevida, osada incluso. Tampoco evitó la pugna legítima, sabiendo que los
primeros minutos de los navarros vendrían a la grupa de vendavales imparables. Supo
sostenerse el equipo y detener los embates del contrario para, a partir del minuto 15,
reelaborar su plan e iniciar la construcción de un partido de sabor blanquillo.

Cuando la defensa logró sujetar el choque, la segunda línea activó sus argumentos.
Reúne el Zaragoza mucho talento en las botas de Buff, Papu y, por supuesto Febas. Los
tres, con la grandiosa aportación de Borja Iglesias, esa locomotora que abre caminos de
hierro hacia el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, habilitaron ingeniosos movimientos en
la zona de tres cuartos, logrando varias llegadas muy interesantes al área de Herrera. El
portero navarro agitó los mares ausentes con dos paradas de enorme calidad que
impidieron que se abriera el marcador. Todo lo que sucedía en el campo ayudaba a
elaborar un espectáculo para recordar e incluso las dos aficiones vivieron un intenso
pero caballeroso duelo con sus cánticos sin llegar a la violencia verbal de otras
ocasiones. Eso sí: la hinchada zaragocista lució como en las mejores ocasiones, en un
claro guiño a lo que muchos sentimos como un partido de Primera.

El choque se partió en el minuto 43 cuando Buff fue derribado por Fran Mérida en el
área. Penalty y eclosión. La Romareda estalló en un grito de inacabable entusiasmo al
ver a su enemigo doblar la rodilla. Es lo que ocurrió cuando Borja, siempre Borja, rasgó
la red osasunista. Delirio.

El descanso fue un momento aprovechado por ambos entrenadores para acoplar sus
fuerzas y reiniciar el camino. Se veía venir que Osasuna iba a tomar el mando del
enfrentamiento y el Zaragoza afrontaría la segunda parte tratando de contener el
tornado rojillo. Ese era el guión y así lo interpretaron los actores. Cada ataque navarro
era contrarrestado con orden y concierto por los locales y cuando podían, procuraban
romper el fornido espinazo contrario con la velocidad de Papu y la inteligencia de Buff.
Natxo introdujo a Pombo, Toquero y Guti para refrescar la línea de vanguardia,
tratando, al mismo tiempo, de contener con mayor prestancia las peligrosas oleadas
ofensivas del contrario. Y es que el equipo iruñarra cada vez lo tenía más claro y lo veía
más cerca. Y llegó.

Tuvo que ser un corner, un balón parado de esos que tanto daño le hacen al Zaragoza.
Oier buscó el primer palo y Zapater, ayer imperial una vez más, no pudo amortiguar el
ingenioso remate. Fue el gol del empate, pero el zaragocismo mantuvo el pulso firme y
continuó al lado de los suyos. Con más razón, con más razones si cabe. Porque enfrente
estaba Osasuna, sin duda el gigante de la categoría en estos momentos, que no cejó en
su empeño y prolongó el asedio con aliento metálico. Los cánticos atronaban en la noche
aragonesa y esa atmósfera cómplice acompañó a los chicos del león hasta el último
minuto.

Si no se puede vencer, empatar. Esa verdad se ha hecho grande entre nosotros
este año, y aunque aún se dispuso de una ocasión a cargo de Guti y Pombo, se llegó al
final con un empate de oro que refuerza a un equipo generoso y a una afición
enamorada que ayer disfrutó de una noche de fútbol a lo grande. Ni siquiera el lunar de
la expulsión de Pombo puede empañar lo que ayer vivimos en la Romareda, una fecha
que ojalá recordemos dentro de un tiempo como uno de esos peirones que jalonan los
caminos aragoneses. El que nos tiene que llevar a conocer horizontes de grandeza.

CALIFICACIONES
Christian: 4. Sereno y maduro.
Delmás: 4. Esforzado y solidario.
Mikel: 4. Ecuánime y preciso.
Verdasca: 3. Generoso y cumplidor.
Zapater: 4. Grandioso y comprometido.
Eguaras: 3. Canalizador y referente.
Papu: 4. Rápido y vertical.
Febas: 4. Inteligente e inquietante.
Buff: 4. Comunicativo y técnico.
Borja: 4. Potente y audaz.
Pombo: 2. Osado aunque incompleto.
Toquero: 3. Guerrero y mordaz.
Guti: 3. Atrevido y turbador.

Gigantes en crecimiento (Lorca, 0 – Real Zaragoza, 2)


FebasConfieso que escribo esta crónica después de celebrar el día grande de nuestras fiestas queridas. He preferido disfrutar de mi gente y guardar por unas horas en el cajón de
nuestra alegría las sensaciones que este Real Zaragoza nos regala. Que son muchas y muy positivas, lo que hace que el Ebro ya no guarde silencio al pasar por el Pilar, sino que se anime a proclamar al viento ahora amigo que ya tenemos equipo.

El Zaragoza ganó al Lorca en un partido forrado de alambre en cuyas púas muchas
otras veces se enganchaba y se dejaba mil fragmentos de piel. Lo afrontó con algunos
cambios importantes, como la titularidad de Guti y el regreso de Ros en lugar de
Eguaras. Además, regresó Ángel al lateral. Estas novedades las interpretamos muy
positivamente, pues significan que hay un grupo solvente que puede aportar soluciones a cada situación y que la idea no se resquebraja ni lo más mínimo. Esto es muy
importante, pues ayuda a entender que lo que estamos viviendo no es flor de un día.
Los primeros veinte minutos fueron una maraña de choques, balones divididos y
decisiones inestables que beneficiaron la propuesta murciana. Los chicos de Natxo se
encontraron con un Lorca muy enérgico que obstaculizaba las líneas de pase y ocupaba
las bandas para proveer de balones a sus rematadores. Afortunadamente en el área
pequeña los dominadores eran los jugadores rojillos y si no, Christian deshacía cualquier
peligro con maestría y agilidad, como ese primer chut que lamió la escuadra aragonesa
en el minuto 1.

El encuentro ofendía al buen gusto. Había que fajarse con decisión y afrontar cada
discusión con energía, pues lo que se jugaba era un duelo por la posesión del balón.
Ambos equipos sufren cuando no lo tienen, así que quien se lo quedase tenía mucho
ganado. No hubo ocasiones de gol. Tan solo la ya mencionada de Adán y otra por parte
zaragocista a cargo de Febas, cuyo chut se perdió muy cerca del poste. Por lo demás,
muchos corners para el Zaragoza, tantos como ocho, y mucho fuego cruzado en la zona
ancha.

La segunda parte nació con otro perfume. Tan es así que a los tres minutos el Zaragoza
ya recogió su primer fruto. El relato nació por la banda izquierda después de que Borja,
en un alarde de guerrero incombustible, iniciase el contragolpe. El pase de Ángel lo
recogió Javi Ros, quien remató duro y seco y batió a un desafortunado Dorronsoro. El
gol, efusivamente celebrado, activó la reacción del Lorca, pero una de las virtudes
zaragocistas es el manejo de los mecanismos defensivos. Supo resistir los gestos
ofensivos del Lorca, quien dispuso de sus ocasiones, pero ninguna fructificó.

Se sufrió durante un buen rato, pero también es verdad que el equipo mantuvo sus
costuras bien cosidas y comenzó a elaborar un plan para contrarrestar la intensidad
local. Febas pudo cerrar el partido, pero su disparo salió alto y desviado. Se veía que era
muy importante lograr el segundo tanto y por eso Natxo dio el paso incluyendo en el
equipo a Papu. Los contraataques se sucedían y fue de nuevo Ángel quien elaboraría una incursión, otra más, por su banda cediendo el balón a un activo Febas quien, a su vez,
vio libre de marca a Papu. El joven georgiano colocó el balón en la escuadra con un sutil
toque de rosca que celebró con una alegría compartida por todo el equipo, banquillo
incluido.

El 0-2 supo a gloria. Era el premio a un partido muy disputado y resuelto con una
maestría y una madurez dignas de equipos sólidos. Tal vez eso es lo que es ahora mismo
el Real Zaragoza. Un grupo con criterio, trabajador y trabajado, un entorno que
favorece que el talento aflore y la calidad crezca en las botas de unos jugadores que a
día de hoy están viviendo su momento más dulce de la temporada. Con estos , el
zaragocismo espera ávido el partido ante Osasuna el próximo domingo. Y la ilusión
parece que quiere quedarse a vivir entre nosotros.

CALIFICACIONES
Christian: 4. Madurez y estabilidad.
Delmás: 4. Entusiasmo y generosidad.
Verdasca: 3. Crecimiento y voluntad.
Mikel: 4. Experiencia y sabiduría.
Ángel: 3. Dinamismo y conducción.
Zapater: 3. Esfuerzo y mando.
Ros: 3. Derroche y compromiso.
Guti: 3. Responsabilidad y trabajo.
Toquero: 3. Cumplimiento y energía.
Febas: 4. Clase y calidad.
Borja: 4. Inteligencia y potencia.
Papu: 3. Talento y habilidad.
Eguaras: 3. Manejo y tempo.
Buff: S.C.