La isla de Alcaraz (Real Zaragoza, 0 – Granada CF, 0)


   Llegar al descanso con un 0-2 en contra, un jugador menos por expulsión, un lesionado de gravedad, los jugadores desquiciados, el entrenador desorientado y la afición irritada no son los argumentos más positivos para defender una idea de equipo. Y todo ello le ocurrió al Real Zaragoza en la muy aciaga tarde de ayer en el transcurso del partido ante un poderoso Granada que hizo gala de fortaleza, juicio y galanura. Una jornada que quedará, seguro, en la memoria del zaragocismo por su trascendencia negativa y por los mensajes terroríficos que transmitió desde el minuto 1 al 93. Prueba de ello fue la insólita escena que protagonizaron los jugadores y el propio entrenador al finalizar el choque acercándose al Gol de Pie para recibir una muy merecida reprimenda, en una acción más propia del mes de mayo que de noviembre. Bueno, todos menos Verdasca, que desapareció y escribió así un feo párrafo que le costará limpiar de su currículum.

Zapater12

   Desastroso domingo, en fin. El anuncio de la alineación ya nos regaló ciertas dudas, al optar Alcaraz por los mismos jugadores que había elegido el torpe día de Elche, con la única modificación de Gual por Aguirre. Los medios y la afición mostraron su escepticismo al conocer el once y confirmaron sus temores nada más iniciarse el duelo. El Granada, hoy, es mucho equipo y el Zaragoza, desde hace varias semanas, es una piltrafa. Magnífica combinación para firmar una derrota firmada casi sin jugar.

   Los chicos de Idiakez/Alcaraz eran un manojo de nervios, unos fieles ejecutores de decenas de errores e imprecisiones, unos estupendos actores de una ópera bufa escrita por el peor de nuestros enemigos. El Granada, por el contrario, manejaba el balón con soltura y pericia y gobernaba el juego con una superioridad insultante. Eguaras no es ni sombra de lo que fue la temporada pasada y James y Zapater no ofrecen las prestaciones necesarias para sostener los conceptos que emanan del sistema que tantos réditos le dio al equipo no hace mucho. Atrás, una defensa timorata y deshecha en conceptos y esfuerzos y arriba, el talento incompleto de Pombo y el esfuerzo estéril de Gual. Y Buff, haciendo honor a su apellido.

   El Granada supo sacarle punta al frágil estado anímico del equipo aragonés y lo hizo de la mejor forma: con dos goles. El primero tras un chut seco de Vadillo que mató y remató Vico de forma inapelable. El segundo, gracias a un magnífico disparo de Vadillo a saque de una falta. Dos goles como dos soles en medio de las negras noches, pues ayer parecía que había tanta oscuridad porque la negrura era plural. En medio, un disparo lejano de Pombo que Rui despejó sin muchos apuros,

   El silencio de la grada se hizo dueño y señor y se apoderó de nuestra alma encogida. ¿Cómo actuar a partir de ese minuto 38? Desde luego no como se hizo. Y lo peor es que Grippo se lesionó de gravedad. Y lo peor de lo peor es que Benito, muy acelerado desde el inicio, fue expulsado. Y lo peor de lo peor de lo peor es que el equipo murió. Con todo ese bagaje llegó el descanso y Alcaraz aprovechó para hacer un cambio obligado, por la expulsión de Benito y por la abulia de Buff.

   El Zaragoza salió con el corazón en la mano y lo puso a latir sobre el césped de la Basílica. Durante casi diez minutos dio un pequeño golpecito sobre esa mesa imaginaria de la que todos hablamos y consiguió generar dos ocasiones de gol a través de sendas faltas al borde del área. La primera la ejecutó Zapater y se lució Rui. La segunda se le fue alta. Y hasta ahí pudo leer el equipo del león. A partir de ese momento el Granada tomó de nuevo las riendas y sin mucho esfuerzo controló la situación. La grada, herida en su orgullo, humillada por el juego y la superioridad del Granada y la incapacidad de los suyos, profirió gritos de inconformidad primero y cánticos irónicos después para expulsar los demonios que muerden sin piedad las heridas almas blanquillas.

   Nada bueno podía ocurrir en el terreno de juego. Si acaso, alegrarnos de que el equipo andaluz renunciase a hacer más profunda la herida, aunque en el minuto 90, casi sin querer, estuvo a punto de lograr el 0-3. Afortunadamente, Álex lo evitó rechazando el disparo de Montoro. Habría sido mucho más doloroso, aunque el sufrimiento ya se consideraba excesivo a esas alturas, ocurriese lo que ocurriese. Si en el último partido de la temporada pasada, el día maldito del Numancia, el zaragocista se quedó a pie de localidad cantando el himno en homenaje a sus chicos, ayer abandonó con mucha antelación el pozo de basura en que se ha convertido este equipo, en un gesto que dice mucho de lo que ahora mismo es el Real Zaragoza.

   Sin ninguna duda, el club aragonés escribió ayer la primera página de un libro cuyo argumento invita al pánico. Mucho nos tememos que la transformación que tiene que vivir el grupo es de gran calado. ¿Habrá agua suficiente para soportar la operación?

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Nada pudo hacer en los goles, Lo que pudo parar, lo paró.

Benito: 1. Muy nervioso y alterado, se expulsó a sí mismo con su irascibilidad.

Griuppo: 1. Escaso de acierto. Se lesionó de gravedad.

Verdasca: 1. Se ha ido del equipo. Completamente desubicado mentalmente.

Lasure: 2. Combativo y comprometido, no encuentra caminos adecuados.

Eguaras: 1. Ni sombra de lo que era.

Zapater: 2. Bravo y luchador, no le acompaña el equipo.

James: 1. Ha desparecido o nos lo han cambiado.

Buff: 0. Pues eso: ¡uf!.

Pombo: 3. Tiene un enorme talento y ejecutó acciones de mérito, pero estuvo muy solo.

Gual: 2. Activo y voluntarioso, no logró conectar con los suyos.

Álex: 2. Correcto y sobrio

Delmás: 2.Estuvo peleón y empeñado en lograr abrir vías de agua en el lateral.

Soro: S. C.

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Con rombo, sin rumbo (Elche CF, 2 – Real Zaragoza, 0)


En fútbol, no ganar es una mala noticia; que te derroten, un drama; perder tú, un desastre. Por razones que nadie alcanza a comprender, el Real Zaragoza ha caído en un abismo del que cada día le cuesta más salir y en el que poco a poco se está desintegrando su paupérrima alma. No hay excusas, no quedan argumentos. Tan solo la desesperanza que se ha apoderado del espíritu zaragocista, apagado por tanta desidia.

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   Lo expresó muy bien Albert Benito en la zona mixta. Sus declaraciones, francas y nítidas, apuntan a varios frentes, uno de los cuales es el propio vestuario. Palabras que deben servir para agitar conciencias y despertar del letargo a más de uno que está pidiendo a gritos la censura y el banquillo, a partes iguales.

   El partido que el Real Zaragoza disputó ayer fue un ejemplo de cómo un equipo puede negarse a sí mismo. En apenas dos meses se ha derrumbado un edificio que parecía sólido. ¡Qué engañados estábamos! No ha hecho falta mucho para destruir una obra que tanto costó construir: cierta indolencia, algo de desorden, unas cuantas decisiones erróneas y una falta de actitud positiva. Y fin. Ayer, ante un Elche soso, mediocre y escaso de enjundia, el equipo aragonés firmó un partido, otro, fatuo y vacío. Un partido que empezó a perder muy pronto, cuando uno de esos goles que solo reciben los equipos descreídos y faltos de fe rompió la débil llama de la esperanza que Alcaraz nos había mostrado los días previos al partido .

   El remate del central (¡del central!) ilicitano desde el borde del área se produjo porque la lentitud y falta de concentración de los jugadores zaragocistas lo hizo posible. Y era el minuto 10, por lo que todos nos echamos a temblar, pues el Zaragoza no se distingue por su capacidad para remontar partidos, precisamente. La bofetada recibida lo dejó noqueado y le costó veinte minutos rehacerse. Con una alineación con algunos cambios, como la presencia de Buff y la idea de Pombo y Aguirre arriba, además de la ausencia de Ros, Alcaraz salió al campo con la idea de “orden, orden, orden” grabada a fuego. No estaba mal, pero fue insuficiente para plantarle cara al Elche.

   Solo Pombo se atrevió con algún chut alejado de la portería local, a lo que sumaremos la férrea voluntad de batalla de Benito, incisivo y trabajador, y la claridad de ideas de Aguirre, siempre vertical, siempre dispuesto a sumar. Lo demás, insustancial.

   Se llegó al descanso con el 1-0 casi inicial y algo había que hacer, pues solo con cierto orden ya se veía que no era suficiente para voltear el marcador. Y si se seguían cometiendo errores de bulto, mucho menos. El equipo que saltó al campo era el mismo. Quien más quien menos ya habría tomado la decisión de sustituir a un intrascendente Buff, cada día más lejos de Zaragoza y del Zaragoza en cuerpo y mente, pero Alcaraz no lo vio así. En el medio campo, tan solo Zapater estaba a la altura de la circunstancias. Eguaras no era capaz de parecerse a sí mismo y James parece haberse contagiado de la inanición de alguno de sus compañeros.

   El partido no encontraba una salida razonable para los intereses del Zaragoza, mientras que Pacheta decidió darle una oportunidad al oportunismo. Viendo que no resultaba descabellado considerar que el equipo aragonés habría de cometer algún error más, le pidió a Nino, el viejo rockero, que saliese al verde a ver si cazaba algo. ¡Y vaya si lo hizo! Una metedura de pata de Verdasca, otra más en su debe, habilitó al rapidísimo Sory Kaba, cuyo contraataque culminó el recién ingresado con un chut seco que Cristian no logró atajar. De nuevo la defensa zaragocista volvía a dispararse en el pie. Ya son muchos los agujeros en el empeine blanquillo.

   Con 2-0 el equipo murió. Alcaraz, en una decisión incomprensible, sacó al campo a Rai, que debutaba en Liga, y Soro por Aguirre y Zapater, sin duda dos de los mejores en en el terreno de juego. Y dejó en juego a un apagado Eguaras y al ya finiquitado Buff. Nadie lo entendió. Ni el propio equipo, que dio por acabado el partido mucho antes del pitido final, trasmitiendo un mensaje deplorable de muy difícil digestión por parte del aficionado. Porque es imposible digerir la miseria. Sobre todo cuando no se comprende.

CALIFICACIONES

Cristian: 2. Poco trabajo. En los goles poco puco hacer.

Benito: 3. Muy trabajador y, en ocasiones, resolutivo. Implicado.

Verdasca: 1. Sus errores nos cuestan muy caros.

Grippo: 1. Poco intenso y descolocado.

Lasure: 2. No encuentra su línea personal, aunque lo intenta.

Eguaras: 1. Obstaculizado y falto de soluciones.

James: 1.Ha caído empicado. No se reconoce.

Zapater: 3. Supo reaccionar y aportó rasmia y trabajo.

Buff: 1. No está. Y ya no le esperamos.

Pombo: 2. Buscó líneas de incursión y remató varios balones, aunque con poca fortuna.

Aguirre: 2. Empezó directo y atrevido. Es de los pocos que ofrece una idea.

Rai: 2. El muchacho lo intentó, agitando la banda.

Soro: 2. Se ofreció, aunque tuvo poco tiempo para regalar soluciones.

Idiakez, peine sin viento


Cuando la cabeza de Acosta golpeó con fiereza el balón que volaba hacia el área zaragocista, estoy seguro que el corazón de Idiakez dejó de bombear. Su cara transmitió un mensaje de desolación y estupefacción al tiempo que la Basílica sujetaba con sus más de 60 años de historia el silencio que cubrió la noche otoñal. Era un gol que acababa con los sueños de un joven entrenador que llegó a la orilla del Ebro con una sonrisa ensamblada y abandonaba anoche los aledaños de la Romareda lanzando una última mirada de incredulidad y desolación al templo del zaragocismo. Su “aúpa el Zaragoza” que le regaló al niño con el que se hizo la foto en la soledad de la noche fue algo más que un grito de ánimo. Fue su último llanto a Zaragoza.

Idiakez

La deriva que amenazaba con devorar al Real Zaragoza antes de comenzar el partido sehizo carne mortal con ese gol en el minuto 95. Cruel, devastador. Las mil preguntas que ayer nos hicimos jamás tendrán respuesta, sobre todo porque el dolor y el gozo van tan de la mano en este injusto deporte que a veces hasta se confunden. Y eso se pudo comprobar incluso cuando Javi Ros fusiló a Dani Hernández, cuando tras celebrar fugazmente el gol la grada explosionó al grito unánime de “¡Idiakez, vete ya!”.

La primera parte fue un combo de pases sin sustancia, de combinaciones anunciadas, de
patrones estériles que no aportaban absolutamente nada al juego. Ni Zaragoza ni Tenerife se atrevían a dar un paso adelante, no proponían un solo desborde, no encontraban, porque no buscaban, ninguna línea vertical. Atonía y vacío.

Fue en el minuto 26 cuando el equipo chicharrero apostó por intentar jugar al fútbol. Fue una jugada de Suso Santana de esas de toda la vida, de coger el balón y encarar a ladefensa y esquivar la salida del portero y chutar a puerta para marcar gol. Fútbol, en fin. Todo lo hizo bien el capitán tinerfeño. Afortunadamente Álex Muñoz acertó a interceptar el disparo y evitar el 0-1. Ahí, no obstante, comenzó un período de dominio forastero que se tradujo en dos ocasiones de gol más que irritaron levemente a la hinchada blanquilla.

El descanso sirvió de estímulo para los chicos de Idiakez. En los primeros minutos Lasure
se reencontró consigo mismo. Volvió a ser el Dani del año pasado: incisivo, rápido, valiente. Con esos argumentos llegó dos veces al área y la segunda vez con gran calidad. Tan es así que su disparo se estrelló en el larguero cuando ya se cantaba el gol. La línea medular comenzó a funcionar, con Zapater más en su sitio y James un punto más activo que la primera parte. Fue suficiente para provocar cierta inquietud en el Tenerife, que a base de acciones rocosas y pundonor logró sacudirse el asedio zaragocista.

Entramos así en una fase de alternativas en ambas porterías que anunciaban incertidumbre y esperanza a partes iguales. El zaragocismo presente y el que seguía a su equipo por televisión comenzó a impacientarse al ver que Idiakez no movía el banquillo. El mismo equipo de inicio parecía el depositario de la fe del guipuzcoano hasta que llegó el minuto 77, cuando tiró de repertorio y puso en el campo al colombiano Medina. No fue la solución final pero sí que su presencia coincidió con un par de ocasiones que no acabó de cumplimentar. Sobre todo una de ellas protagonizada por Aguirre, cuyo pase no remató por muy poco.

Hizo falta que el portero tinerfeño cometiese un error infantil empujando a Medina en el
área para que los cielos se abriesen. El árbitro pitó penalty y la Romareda contuvo el aliento. La pena máxima tardó en ejecutarse por las mil protestas del Tenerife. Javi Ros, el brazo no armado de Idiakez en el campo, convirtió y el júbilo impregnó la noche zaragocista, abrazo de este y del entrenador incluido.

Quedaba muy poco partido. El mister decidió que había que cementar la portería de Cristian y sacó a Perone con tal fin. Los minutos finales no presagiaban que el Tenerife fuese capaz de darle media pincelada al cuadro. Y así pareció hasta el minuto 94. Álex Muñoz cometió una falta al borde del área. Los veinte jugadores de campo se apostaron en el área local y Milla, el hijo del entrenador aragonés que hace dos años protagonizó una fase oscura del zaragocismo, se aprestó a colgar el balón. Y sucedió. El centro llegó milimétrico a la cabeza de Acosta, que taladró el corazón del león con impía insolencia. Muerte.

Todo se hundió bajo los pies de Idiakez mientras el zaragocismo, desolado, abandonaba el estadio zaragozano. Nada tenía sentido. O todo alcanzaba su último sentido. La insostenible situación en la que quedaba el equipo auguraba decisiones de alambre oxidado, de esas que duelen aunque no queda ninguna posibilidad de buscar otra solución. Y la noche se hizo de hiel y escombro. Apenas un par de horas después comenzó a correr de boca en boca el nombre de Lucas Alcaraz. Que D. Manuel González le dé cobijo y le transfiera toda su sabiduría y bien hacer. Nos va a hacer falta para volver a encontrar el sendero que nos devuelva al camino de regreso a casa. A Primera.

CALIFICACIONES
Cristian: 3. Cumplidor y sobrio en sus acciones.
Delmás: 3. Activo y bullidor, lo intentó todo.
Verdasca: 1. Desigual y poco efectivo.
Álex Muñoz: 2. Encontró soluciones casi siempre, excepto en la falta.
Lasure: 3. Tras una primera parte insustancial, mejoró notablemente.
Ros: 4. Se dejó el alma y goleó.
Zapater: 3. La segunda parte encontró vías de pase y progresión.
James: 2. Primera parte desastrosa, en la segunda recuperó algo su identidad.
Aguirre: 3. Tuco acciones de mérito, aunque le faltó ritmo.
Pombo: 2. Bullidor y activo, le faltó exactitud.
Soro: 2. Poco activo e irregular, intentó cosas pero no finalizó.
Medina: 2. El poco rato que estuvo fue provechoso.
Buff: S.C.
Perone: S.C.

Siento que te estoy perdiendo (CD Numancia, 1 – Real Zaragoza, 0)


BenitoYa está aquí. La frustración de toda una hinchada, la sensación de fracaso, la certeza de la ruptura de una idea que nos ilusionó. Solo hicieron falta diez minutos de partido ante el Numancia para comprobar en carne propia que el infierno abría sus puertas de par en par al equipo zaragocista. Y que este aceptaba, pusilánime, la invitación. Con los muchachos elegidos por el inane Idiakez era muy difícil afrontar el partido con garantías, pero es que no hizo falta prolongar mucho la expectativa para temernos lo peor.

   Y lo peor es y fue que al césped del campo soriano saltó un grupo de futbolistas con el espíritu fragmentado y las nociones de jugar al fútbol completamente sepultadas en el cofre de la ineptitud. Y con unas órdenes emanadas de un entrenador confundido y abandonado a la excentricidad. Porque eso y no otra cosa es insistir en un centro del campo con un Eguaras disminuido, un Zapater escaso de pulmón y un Ros estático; eso es pedirle a James que juegue de vértice de un rombo deshilachado; eso es ubicar a Pombo y Álvaro abiertos a la banda para que recorran decenas de metros cada vez que encaren la meta contraria. Y ahora, construye un partido.

   Fue imposible. Era imposible. Limitarle a James la posibilidad de recorrer metros y ocupar espacios amplios es una mala decisión que acarreó que el equipo se bloquease a sí mismo y se cerrase todos los caminos. El Zaragoza fue una mala copia de su peor imagen. Torpe, nervioso, incapaz de generar ni una sola jugada inteligente, se encerró en su campo y aguantó con muy poca pericia los minúsculos ataques del Numancia, tampoco muy fino en su fútbol aunque más convencido de lo que hacía.

   No tuvo que preocuparse Crsitian en ningún momento de las ofensivas sorianas. Si acaso, del activo Diamanka, a quien el equipo aragonés parece estimular cuando se enfrenta a él. Se aproximó en varias ocasiones al borde del área y desde allí consiguió rematar con cierto peligro en una ocasión, pero más allá de eso, muy poco más. Una primera parte desesperante y desesperanzada que nos regaló un 0-0 estéril con el que nos fuimos a la caseta. Todos.

   De verdad que no hay nada más que comentar de lo sucedido estos 45 minutos. En todo caso, que Idiakez tendría que hacer algo en la caseta, porque su insólita idea había fracasado estrepitosamente. Solo cabía esperar que él también lo hubiese detectado.

   Y al parecer así fue. Dejó a Eguaras en el banquillo y sacó a Aguirre, un jugador que ha utilizado muy poco y con el que pretendió dotar de mayor profundidad al equipo. Y eso se logró durante los primeros minutos de la segunda parte. El equipo se aplicó a golpear las bandas, se generaron algunos centros y Verdasca probó con un disparo lejano: un plan, en fin. La cara del partido cambió sustancialmente, algo no difícil por la atonía de la primera parte. También por parte del Numancia, que aceptó jugar al fútbol, que de eso se trata.

   Cuando el partido prometía una pugna, un duelo, un enfrentamiento, al Zaragoza le creció otra mala hierba en el jardín. Álvaro se lesionó y el equipo perdió a su último delantero nato. Idiakez utilizó a Soro para subsanar el contratiempo, pero lo cierto es que el equipo jugó, a partir de entonces, sin delanteros puros. En medio de la llegada de ese nubarrón, Diamanka puso a prueba de nuevo a Cristian, que le sacó un mano a mano que olía a gol. Otra vez el rosarino haciendo de salvador, demostrando que es un portero de alto nivel y que su estancia en el Zaragoza es un regalo que tenemos que valorar en su justa medida. Al mismo tiempo, Aguirre protagonizó un contraataque que acabó, tras notable combinación, con un mal remate de Pombo. No era mucho, pero era mucho, viniendo de donde veníamos.

   La última parte del partido fue un canto a la desilusión. Aguirre volvió a protagonizar otra incursión por su banda, empleando un recurso nada habitual en el Zaragoza de los últimos tiempos, pero no encontró rematador. Porque no lo había, porque ni Soro ni Pombo lo son. De eso se dio cuenta Idiaklez, quien le pidió a Jeison que se preparase. Pero justo en ese momento le pitaron un penalti a Grippo que ensombreció el horizonte zaragocista. Un penalti dudoso que, sin embargo, sería el puñal con el que acabar con las aspiraciones aragonesas al convertirlo Borja Viguera en el 1-0.

   Quedaba muy poco tiempo y ya nada cambió. Grippo reclamó un penalti sobre él y aún pudo rematar de cabeza pero el balón salió fuera por poco. Y eso mismo, poco, es lo que ayer nos ofreció el Zaragoza. Una derrota muy dolorosa que confirma la debacle, que nos aleja de cualquier opción de luchar por algo y que nos enseña la negrura del abismo de los puestos de descenso. Una derrota que obliga a cambiar muchas cosas en el equipo, empezando por la conveniencia de mantener o no a Idiakez, y que oscurece los accesos al camino que nos tiene que llevar de vuelta a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Cristian: 4. Poco trabajo pero muy bien solucionado. El mejor.

Benito: 2. En la segunda parte revivió algunos detalles que lo identifican.

Verdasca: 1. Nervioso y descolocado. Llegó a discutir con algún compañero.

Grippo: 2. Mejor en tareas ofensivas que defendiendo.

Lasure: 2. Poco protagonista e irregular.

Eguaras: 1. Lento, fuera de forma y poco útil.

Zapater: 1. Físicamente escaso y con poco recorrido.

Ros: 2. Inestable y con poco recorrido.

James: 2. Cuando jugó en su sitio aportó trabajo y pulmón.

Álvaro: 1. Descolocado y poco participativo.

Pombo: 2. Más activo tras el descanso, se le ve desconectado del juego.

Aguirre: 3. Incisivo y atrevido, creó caminos y aportó balones positivos.

Soro: 3. Le dio verticalidad y sentido al ataque.

Jeison: S.C.

Balada del erro (UD Almería, 2 – Real Zaragoza, 1)


Cada partido tiene su propio aroma. Es un perfume que captura el corazón del hincha y este, experto explorador de pasiones insondables, en seguida percibe si el viento proviene de cumbres favorables o de páramos estériles. Ayer, a los pocos minutos de iniciado el combate, un escalofrío recorrió la espina dorsal del zaragocismo. Los primeros gestos de los jugadores de Idiakez anunciaron fragilidad, inexactitud, incertidumbre. Fue como un mensaje imperceptible para el neófito pero explícito para el curtido seguidor del escudo del león.

UD_Almería

  La alineación fue la misma que en Oviedo. Pero las piezas, con ser exactas, recorrían espacios distintos que en el Tartiere. Pudimos vislumbrar que Pombo se alejaba unos metros de su territorio natural y eso, que puede parecer detalle nimio, desequilibró el discurso del Zaragoza. Además, el centro del campo no encontraba el ritmo eléctrico de otros partidos. Ni Ros ni James eran reconocibles, mientras que Zapater parecía no descubrir demasiados senderos para ser recorridos.

  Eso ocurrió durante los primeros veinte minutos. Enfrente un disminuido Almería parecía disfrutar evitando la salida fácil del balón de la cobertura zaragozana. Con dos alfiles basculando en diagonal por toda la línea de tres cuartos, el balón no salía con fluidez, detalle que completó el pobre arranque del equipo aragonés.

  Fue a partir de entonces cuando comenzó a funcionar razonablemente el argumento de los laterales. Lasure y sobre todo Benito activaron sus dispositivos y procuraron nutrir con balones diagonales a Pombo y Marc Gual. El catalán, del que todos dicen que necesita un gol como un náufrago una bengala, dio un par de pasitos adelante y protagonizó dos jugadas con algo de veneno. La primera la finalizó con un chut seco y ajustado al palo desde fuera del área. Habría sido un gol magnífico que habría calmado la sed del muchacho y activado las válvulas de la maquinaria blanquilla (ayer amarilla). La segunda fue una estupenda jugada cosida a base de puntadas con clase elaboradas por Zapater y Benito. El centro del lateral cayó a los pies de Gual, pero al chico se le hizo de noche cuando un remate de libro habría bastado para culminar la combinación. También estaríamos hablando de un gol para guardar. Pero no.

  Esas dos ocasiones habrían bastado para cerrar un partido que manejaba el Zaragoza, ahora sí, sin brillantez pero con mucho oficio. Ver cómo Cristian no participaba en ninguna jugada comprometida era una gran noticia, si bien no se pudo firmar la alegría antes del descanso. El perfume incierto, el aroma inquietante acompañó a los jugadores a la caseta con un 0-0 en el marcador nada justo.

  Y asomó la segunda parte. Idiakez dejó a James en el vestuario después de haber comprobado que su estado físico no daba más de sí y eligió a Buff buscando más finura en el paso y frescura en la combinación. Era un buen plan pero no salió bien. El suizo deambuló por espacios intrascendentes y la segunda línea se convirtió en un pequeño ejército desarmado y pusilánime. No había clarividencia en la propuesta y Fran, el mister almeriense tiró de repertorio y sacó al joven Chema, un agitador descarado que electrificó el partido con sus desbordes y sus carreras. No peligró el portal aragonés, aunque sí le cambió la cara a la tarde.

  Pero llegó la bala que no habíamos previsto. Grippo, lento y displicente, perdió un balón en favor de Álvaro. Detrás de él, un vacío que el delantero andaluz devoró con una carrera definitiva. Se plantó ante Cristian y trató de batirle. El rosarino hizo bien su trabajo y lo evitó, pero el balón tropezó en un dislocado Grippo que lo introdujo involuntariamente en la propia meta. Doble torpeza, doble desgracia.

  El gol golpeó la autoestima del Zaragoza, pero afortunadamente este equipo cuenta con jugadores capaces de muchas cosas. Entre ellos, Pombo y Lasure, que llevan juntos desde que medían 1.20 y se saben de memoria dónde está el amigo y cómo dibujar jugadas de Play. Jorge le filtró una delicia de pase a Dani, que no se lo pensó y fusiló a Rène con la furia del león que lleva cosido al corazón. Un gran gol, un enorme poema.

  Quedaba poco partido y había que tomar decisiones. Y del acierto de las mismas depende en estos casos que definamos un lienzo o manchemos una tela. Idiakez había puesto hacía un rato a Papu en el tapete y a poco del final invitó al vertical Aguirre, pero sus aportaciones no fueron suficientes para desequilibrar el encuentro.

  Con todo y eso llegamos al minuto 87. El Zaragoza se fue arriba con todo. Y cuando decimos “con todo”, queremos decir “con todo”. Papu condujo el balón acompañado de hasta cinco compañeros, pero ese balón, que llevaba la marca del peligro en sus pespuntes, acabo cayéndose de las botas del georgiano. Rebotó y cuando Zapater trató de recuperarlo hizo un extraño y el Almería se lo quedó. Dos pases bastaron para que Corpas lo recibiese en el área pequeña y fusilase a Cristian. Crueldad, sí; torpeza, también.

  Demasiado castigo. Golpe duro y, también, inmerecido. Es cierto que el Zaragoza no fue el equipo osado y vertical de Oviedo, pero perder los tres puntos es un castigo excesivo. Habrá que meditar y valorar los errores cometidos, porque en esta categoría los fallos se pagan muy caros y es muy fácil perderse en la maraña de senderos que se cruzan extrañamente, lo que nos puede despistar y perder el camino que nos devuelva a casa. A Primera.

Foto: Carlos Barba (www.heraldo.es)

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Trabajó bien. Los goles, imparables.

Benito: 3. Trabajador y activo.

Grippo: 1. Lento y torpe. Sus errores, serios.

Verdasca: 2. No capitaneó y vaciló en varias acciones.

Lasure: 3. De menos a más, marcó un golazo.

Ros: 2. Un tanto espeso y físicamente limitado.

James: 1. No fue su partido. No cubrió campo y erró demasiados balones.

Zapater: 3. Comprometido, estuvo atento a su trabajo.

Pombo: 3. Un tanto alejado del área, a veces se perdió. Gran asistencia en el gol.

Gual: 3. Combatió y lo intentó todo. Dos grandes ocasiones.

Álvaro: 2. Intermitente y poco preciso. Perdió intensidad y presencia.

Buff: 2. Insustancial, no acabó de situarse con claridad.

Papu: 1. Muy individualista, no supo leer las situaciones del juego.

Aguirre. S.C.

Quiero guardar tus sueños (Real Oviedo, 0 – Real Zaragoza, 4)


El gol de Soro fue el cuarto movimiento de la excelsa sinfonía que nos regaló el Real Zaragoza, el cuarto capítulo del relato con que nos obsequió el equipo heredero de los Magníficos, el cuarto lienzo que completó la memorable pinacoteca con que nos deslumbraron los sucesores de la Quinta de París. Ese gol, decimos, fue como un sencillo pero irrepetible broche que adornó un partido que ojalá se convierta en inolvidable por lo que significó. Porque lo que firmaron los chicos de Idiakez es digno de formar parte de una narración de alto valor histórico y para que así sea tiene que ocurrir que el próximo, y el siguiente y el posterior sean un reflejo del argumentario que ayer nos mostraron.

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   La enorme victoria sobre el metálico Oviedo de Anquela alcanza un significado de superior nivel por la forma en que se dio y por el mensaje que lanzó el equipo. Sofisticado, sólido, elegante y sacrificado, el Zaragoza fue ayer un equipo campeón. Y lo mejor de todo: ofreció un rostro de grandeza sostenida, pues en cada pase, en cada pugna, en cada decisión advertimos una razón para creer en él. Ya cuando conocimos la alineación constatamos que Idiakez es un entrenador leal a sí mismo. Jugar en el Carlos Tartiere con la misma propuesta que en la Basílica lo dice todo. No especuló, no echó el freno por el mero hecho de jugar en llanuras enemigas. Al contrario. Mantuvo su idea y les dijo a los chicos que lo que se expresa ante los medios luego hay que hacerlo verdad en el césped.  Y allá que se fue.

   Le pidió a Verdasca que volviera a su espacio natural, recuperando así la defensa histórica de la segunda vuelta del año pasado. Además, movió el centro del campo para construir su tridente titular colocando a Ros en el vértice y dándole a Zapater la vereda lateral. Con los dos veteranos, James, “el Abundante”, completó una línea dinámica y sólida que desactivó por completo la maquinaria carballona, al tiempo que engrandecía la línea de construcción tomate activando enérgicamente a Pombo, Gual y Álvaro. “Los Tres Mosqueteros” hicieron alarde de su velocidad, talento y movilidad para desorganizar el sistema defensivo local y provocar situaciones de peligro desde el comienzo.

   No tardaron en llegar las ocasiones, pero la mejor se produjo en el minuto 15, cuando Javi Ros le envió un medido pase a Álvaro buscando y encontrando la espalda de los centrales del Oviedo. El catalán dejó botar el balón y con un delicado toque ubicó el cuero en la red de Herrero. Un gran gol que abrió las mil bahías de los mares zaragocistas. Se veía que aquello era fruto de un plan, de un libro de estilo más que asumido por todos y cada uno de los redactores, pues no se paró el viento. El Zaragoza siguió jugando a las mil maravillas, y Gual por dos veces y el engrandecido Pombo dispusieron de sendas ocasiones que no llegaron a buen puerto por poco.

   Lo que sí ocurrió de nuevo fue que jugar en Segunda División penalizó al Zaragoza. El VAR habría dado como válido un gol anulado a Gual por fuera de juego, pero afortunadamente eso no fue obstáculo para que el partido siguiera en manos del equipo aragonés. Este llevó la tarde al minuto 45 sabiendo que la batalla apuntaba a victoria si bien habría que evitar despistes dolorosos en la reanudación.

   Y se logró. El Oviedo salió con un cambio significativo, el de Floch por Boateng, pero los muchachos aguantaron las dos primeras embestidas y en la primera ocasión logró el segundo gol. Fue a la salida de un corner. James lo botó y Verdasca remató con el exterior consiguiendo un tanto que confirmaba que el choque tenía un dueño, absoluto e indiscutible. Y hasta se dio una de esas jugadas que avalan la grandeza de los equipos victoriosos con unos gramos de fortuna. Fue poco después de que Idiakez sustituyera a Gual por Aguirre, ex oviedista que decidió martillear la banda local con sus carreras y desequilibrar la desarticulada defensa asturiana.

   La jugada de la que hablamos fue un remate de Fernández que rebotó en el poste y que no consiguió rematar Toché. Fue una de esas situaciones afortunadas que son tan necesarias para cumplir temporadas de éxito de la que se aprovechó el Zaragoza. Y lo hizo con la misma fe y férrea voluntad que manifestó desde el minuto uno. La traducción de esa confianza la firmó James. El nigeriano dibujó una magnífica pared con Pombo y resolvió la jugada con un regate seco y una ejecución de miel que logró batir al desesperado Herrero, que musitaba “No puede ser” mientras recogía por tercera vez el balón del fondo de su portería.

   Era un premio merecido por haberlo soñado, una melodía de palabras de agua que hizo feliz a la parroquia zaragocista que elevaba sus cánticos en la tarde ovetense orgullosa de su escudo y de su futuro. Y eso que aún quedaba el punto final. El que imprimió al acabar la última frase Alberto Soro, ese chico serio y trabajador que guarda en su mochila los párrafos necesarios para soñar con un futuro brillante. Su gol, el cuarto de la tarde tras cabecear un rechace que provocó el chut de Aguirre, fue la confirmación de que este Zaragoza apunta a ser esta temporada uno de los equipos lindos. No hay duda.

   Victoria grandiosa y, sobre todo, partido hermoso. Quedan mil caminos por recorrer pero tras lo visto ayer todos y cada uno de ellos están dispuestos a invitar al Zaragoza a ser recorridos y llevarlo de vuelta a casa. A Primera.

Foto: David S. Bustamante (www.heraldo.es)

CALIFICACIONES

Cristian: 4. Seguro, firme y eficaz.

Benito: 4. Firme en la defensa y audaz en el ataque.

Grippo: 3. Correcto en todas las acciones.

Verdasca: 4. Ganó todos los desafíos y además, goleó.

Lasure: 4. Su regreso aportó solidez y recorrido.

Ros: 5. Gran partido. El mejor de su historia zaragocista.

Zapater: 4. Serio, inteligente y firme.

James: 4. Llegó a todo y aportó calidad y gol.

Pombo: 4. De nuevo dibujó lienzos de calidad y clase.

Gual: 3. Luchó y trabajó con inteligencia. Le falta exactitud.

Álvaro: 4. Goleó y desequilibró. Muy valioso.

Aguirre: 3. Corrió la banda con rapidez y osadía.

Soro: 4. Activó la vanguardia y goleó.

Nieto: S.C.

Cada uno su razón (Real Zaragoza, 1 – UD Las Palmas, 1)


Ver a Jorge Pombo navegar por las cristalinas aguas del Fútbol, así, en mayúsculas, es un placer que ayer disfrutó el público que iluminó con su presencia la Basílica, ese campo “no muy grande”, en palabras del entrenador visitante. Fue un deleite para el espíritu de los amantes de la clase y la magia, un homenaje al buen gusto que define al zaragocismo y que pudo contemplar desde la grada Poyet, una de nuestras leyendas vivas.

Real Zaragoza 1 – 1 UD Las Palmas | Crónica

Fue el partido ante Las Palmas un buen ejemplo de lo que este Zaragoza nos puede ofrecer este año. Un ejercicio de atrevimiento y talento fresco que hizo que el equipo canario mordiese el polvo durante los primeros cuarenta y cinco minutos y a duras penas mantuviese su puerta con un solo gol en contra, más por errores blanquillos que por méritos defensivos. Salió Idiakez con casi todo arriba, alineando a los Tres Mosqueteros, dígase Álvaro, Marc y Jorge, dígase Vázquez, Gual y Pombo, bien escoltados por un amplísimo James que llegó a todo y en cuyas botas nacieron algunas de las jugadas más brillantes de la tarde.

Enfrente la UD Las Palmas no acertaba a desahogar la presión zaragocista, bien trabajada arriba y completada con rigor por la segunda línea, donde Ros ejercía con entusiasmo su papel de batallador incansable. Los laterales trabajaron mucho y bien, tanto Benito por la derecha como el novedoso Nieto por la izquierda. Todo ello sumado dio para combinar abundantemente entre líneas, sobre todo gracias a la magia de Pombo, que decidió jugar su mejor partido desde que es zaragocista de pleno derecho. Quien aún tiene que defender su calidad entre sus amigos no puede por menos que alegrarse de su gran actuación, pues sus quiebros, diagonales, esquinadas fracturas de líneas y pases algodonosos fueron una delicia para el hincha entregado y un regalo para el espectador neutral.

Las Palmas se acercaba esporádicamente al área de Cristian, pero siempre masticando balas de plata. Cuando el balón rondaba el Gol de Pie había peligro, como cuando el arquero rosarino desvió un balón raro con una mano milagrosa. Sin embargo, el protagonista del partido era Pombo y sus jugadas lograban levantar a los aficionados de sus asientos. No finalizando siempre, pero sí inquietando a la zaga amarilla. Protagonizó tres magníficas jugadas, las tres calcadas: fractura, diagonal, amago y chut. En dos ocasiones provocó rechaces del portero aunque ni Marc ni Álvaro pudieron rematar a gol. En la tercera fue el poste el aliado y ahora sí, Álvaro la cazó y la alojó en la red isleña.

Era el premio al talento, a la audacia, al jogo bonito. La Romareda, ese estadio que no es el Nou Camp, ni el Bernabeu, ni Mestalla, ni el Pizjuán, ese estadio, digo, alentaba a los suyos como lo hace siempre y anhelaba el segundo gol, pero no llegó porque a este equipo aún le falta un punto de cocción para coser los resultados cuando el viento sopla de cola. Así, se llegó al descanso con un 1-0 merecido pero escaso.

En la caseta canaria Manolo Jiménez les explicó un par de cosas a los suyos y cambió la disposición de su equipo. En seguida se vio que el balón había cambiado de dueño. Ahora era el equipo canario el que gobernaba los tiempos y los espacios y al Zaragoza solo le quedaba tratar de armarse bien atrás y recuperar la posesión para construir contragolpes amenazantes. A eso contribuyó el cambio de Buff por Álvaro, algo mermado físicamente. Pero sería después del gol canarión, un tanto conseguido en el minuto 64 tras una falta lateral que fue rematada por Mir en flagrante fuera de juego. Era el empate, un empate que no se habría dado en caso de haber contado con el VAR. A partir de aquí el partido se equilibró. Buff, por ejemplo, consiguió disponer de una buena ocasión y Benito y Pombo, cada uno con sus armas, consiguieron aportar gramos de sal y pimienta al choque con sus galopadas y llegadas al área contraria.

Las Cinco Villas se hicieron carne y alma con la entrada de Zapater, ovacionado, y Soro, vitoreado. Presente histórico y futuro deslumbrante. Poco pudieron hacer, pero su presencia reactivó el espíritu aragonesista que tanto bien le está haciendo al equipo. Con todo, el partido aún dio para que Cristian hiciese la parada de la tarde a cabezazo de Pekhart y para que Pombo la tuviese a un minuto del final tras su enésimo regate y su remate final que encontró a Raúl para detenerlo.

El empate supo a poco y mucho. A poco porque aunque hubo un tiempo para cada equipo, el gol visitante fue ilegal, y eso deja un mal sabor de boca. A mucho porque el Zaragoza mostró ayer argumentos más que sobrados para endulzarnos la esperanza. Todo ello a añadir al hecho de que ayer faltaban varios jugadores considerados titulares y cuyo regreso se supone que incrementará el valor de un grupo capaz de aceptar el desafío de volver el año que viene a casa. A Primera.

Foto: LaLiga

CALIFICACIONES

Cristian: 4. Tuvo dos intervenciones grandiosas. El gol, imparable.
Benito: 4. Seguro en defensa y muy peligroso en ataque.
Grippo: 3. Le vinieron grandes algunos balones aéreos. Por lo demás, correcto.
Álex: 3. Tuvo que luchar y trabajar mucho para cuidar su espalda.
Nieto: 3. Derrochó entusiasmo y pundonor. Muy valiente.
Verdasca: 3. Cuando Idiakez lo reubicó, hizo un buen trabajo de cobertura.
Ros: 3. Siempre cumplidor, estuvo atento a todas las tareas.
James: 4. Gran partido. Omnipresente, inteligente y batallador.
Pombo: 5. Fue el mejor. Brillante, desequilibrante, sorprendente. Mágico.
Marc Gual: 3. Trabajó y sumó. Le falta el gol.
Álvaro: 3. Dio lo que se le pide: presencia y gol.
Buff: 3. Cuando salió equilibró el partido y dispuso de ocasiones.
Soro: 2. Apenas participó.
Zapater: S.C.