Senderos de penuria (CD Tenerife, 1 – Real Zaragoza, 0)


casadoTocan a muerto. No hay nadie en la aldea, pues los pocos habitantes que quedan, los que aún no han emigrado a otras ciudades donde los poderosos les dan cobijo y les prometen un mejor futuro, han iniciado en silencio la comitiva hacia el camposanto. Allí darán sepultura al cuarto proyecto que ayer exhaló su último suspiro tras una dolorosa agonía.

   “El Real Zaragoza ha perdido el aura, pero para mí sigue siendo más que un club”. Estas palabras nos las regaló Narcis Juliá en 2015 y entonces nos pareció que quien las decía era un zaragocista cabal que ama al equipo de nuestras vidas. Hoy comprobamos que no es suficiente con volcar todo nuestro amor hacia una institución como el Zaragoza, sino que es necesario acertar en el análisis de la realidad para desarrollar un proyecto y lograr el éxito. Y eso, es evidente, no ha sucedido. La última prueba de lo dicho, si cabía alguna duda, la tuvimos en la tarde de ayer. El partido que disputó el equipo aragonés ante el Tenerife fue una demostración de que el club, la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores no disponen de los argumentos precisos para llevar a buen puerto esta nave.

   Agné, tras el fracaso ante el Girona, decidió hasta seis cambios en la alineación. Algunos obligado por las tarjetas o la salud y otros, por cuestiones técnicas o tácticas. Una mini revolución de esas que llevan a cabo los entrenadores y que suelen ser la antesala de las malas noticias. Casi nunca salen bien y ayer no fue una excepción. La inclusión de Valentín en lugar de Ros para darle más fortaleza al centro del campo y la presencia de Dongou en lugar de Cani fueron sus opciones más significativas, además de Ratón por un enfermo Irureta. La propuesta defensiva debía dotar al grupo de más consistencia, pero en seguida se vio que los jugadores no sabían hacer lo que se les pedía. El Tenerife hizo muy ancho el campo y sin proponer nada especial conseguían merodear por el área de Ratón con gran facilidad. Afortunadamente tampoco el equipo local estuvo la primera parte muy acertado, si bien se quedó el balón hasta alcanzar un 70 % de posesión.

   El equipo zaragocista estuvo mortecino, torpón, oscurecido y ausente. No había guía, ni ideas, ni lucha ni solidaridad. Ni, desde luego, medio gramo de fútbol. Eso ya se ha olvidado. La idea de Agné de crecer desde el balón se ha perdido por el camino y ahora ya solo cuenta descubrirse el pecho, construir alineaciones dispares a ver si suena la flauta y diseñar discursos diagonales que expliquen lo que solo tiene una respuesta: este grupo no está para competir.

   Y eso se vio todavía más claro en la segunda parte. A los pocos minutos un corner a favor se convirtió en un contraataque de esos que el Zaragoza no hace nunca y que no acabó en gol porque el chut final fue al larguero. Pero eso ya fue una señal de lo que iba a ser el resto del partido. Una continua percusión de los atacantes tinerfeños y una pusilánime y muy mal desarrollada defensa de los intereses aragoneses. El gol se masticó a lo largo de treinta minutos, con un segundo larguero incluido, y con ninguna solución a los muchos problemas que mostraba el Zaragoza. Edu por un deshilachado Xumetra y Lanza por un incompetente Dongou fueron los cambios para que nada cambiara. Tan solo una meritoria galopada de Edu García que acabó con un chut largo y desviado. Esa fue la única aportación ofensiva de cierto valor, además de otro disparo lejano de Casado. Nada más.

   Por eso, cuando llegó el gol del Tenerife la noche se hizo aún más noche. Un corner, otro corner. Una mala defensa de Cabrera, otra mala defensa de Cabrera. Un gol a falta de muy poco para el final, otro gol a falta de muy poco para el final. Y en él estamos. En el final de una idea, de un concepto. En el final de un mensaje que ya debemos despreciar. En el final de un objetivo que ya no es tal. Este club ha equivocado el proyecto, seguramente devorado por la urgencia de una situación económica terrorífica que, sin embargo, está sabiendo gestionar muy bien. Sin embargo este es el momento en que el zaragocismo tiene que comenzar a redireccionar el rumbo, pues con estas velas, estos remeros y este oleaje lo más probable es que en lugar de Ítaca nuestro destino sea el Hades.

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CALIFICACIONES

Ratón: 2. Correcto. No da puntos, pero tampoco los quita.

Isaac: 0. De nuevo sufrió en defensa y no encontró soluciones en ataque.

Silva: 3. Seguro, sereno y maduro.

Cabrera: 1. Sus errores son de tal calibre que nos penalizan mucho.

Casado: 0. No hay sitio para él en un equipo de futuro.

Zapater: 1. Desbordado, desorientado y triste.

Valentín: 2. Seguro en el corte y limitado en la salida.

Xumetra: 0: No estuvo acertado en ninguna acción.

Dongou: 0. Aislado, insustancial y prescindible.

Ángel: 1. Corrió, corrió, corrió.

Xisco: 2. Fue el único atacante que controló el balón y circuló con él.

Edu García: 2. El rato que estuvo en el partido aportó cierto sentido y conducción.

Lanzarote: 1. A mí me aseguró que este año estaban mejor. No aporta.

Morán: 0. Los cinco pases que dio no añadieron nada al equipo.

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A solas con el vacío (Real Zaragoza, 0 – Girona, 2 )


 

   cani02Eugenio Vitaller fue portero del Real Zaragoza bajo las órdenes del Leo Benhakker. El entrenador holandés trajo un bendito aire fresco a las orillas del Ebro y entre los muchos mensajes que regaló a sus jugadores y a la afición de mediados de los 80 figura el consejo que le dio al cancerbero aragonés: “Tú tranquilo. Si te meten dos goles, ya meteremos nosotros tres”.

   Más de treinta años después, el Real Zaragoza cumple una inacabable condena que consume al zaragocismo desde hace casi diez años. De ella no parece que vaya a ser fácil librarse después de sufrir derrotas como la de ayer a botas del eficiente Girona y al desamparo de los pitidos del inepto árbitro de turno, y mucho menos cuando sabemos que si el equipo blanquillo recibe un gol, damos por seguro que no va a meter dos. Ni siquiera uno.

   Partidos como el que se jugó en la Basílica son la tónica eterna de una competición donde casi nadie es mejor que el rival, pero en la que el Zaragoza habitualmente es peor en los detalles menores. Choques que ofrecen jugadas inacabadas, combinaciones embarulladas, batallas tácticas de brocha gorda y poco, muy poco fútbol. Todo ello sucedió sobre el césped desde el minuto uno, si bien el plan inicial de Agné por momentos nos pareció la mejor idea. Anda el técnico de Mequinenza empeñado en un concepto que no acaban de saber aplicar sus pupilos con la destreza requerida y eso pasa factura. Sin embargo, es justo destacar que hay un plan.

   La idea futbolística consiste en manejar el encuentro siempre en posesión, con transiciones rápidas y movimientos eléctricos que permitan llegar en superioridad ante los porteros contrarios. Cuando el Zaragoza es capaz de ejecutar esas acciones con precisión, el peligro ronda el área contraria y en ocasiones se logra el objetivo. Así fue ante el Oviedo y ante el Rayo, pero para eso hay que contar con jugadores que abran las bandas y con Lanzarote y Cani en estado de gracia (y no es un juego de palabras), finos en el filtro y sabios en el último pase.

   La culminación de lo planeado estuvo a punto de darse en el minuto 19, pero Ángel no definió bien y el palo repelió el balón. Pudo haber sido el primer gol. Tenía que haberlo sido. Habría supuesto un escenario favorable con final probablemente feliz. Sin embargo, no fue así y el partido llegó al descanso con un 0-0 mentiroso, en medio, por cierto, de una jugada de ataque zaragocista que el inefable colegiado abortó ensuciando todas las reglas no escritas del fútbol moderno.

   Esa decisión fue una más de las varias que adoptó de forma manifiestamente perjudicial a los intereses del equipo de Agné. Un estudio meticuloso de su actuación nos mostraría a un juez proclive a la parcialidad y afecto a la permisividad con el forastero. Decisiones torpes y bajo sospecha que alcanzaron el cénit cuando expulsó a Cani por doble amarilla o ignoró un penalti a Ángel que mereció la roja y los 24 partidos a Cortizo. Fue el momento en que todo se vino abajo. La posterior lesión de José Enrique, el gol de opereta que logró el Girona y los últimos minutos a la desesperada. En ellos el Zaragoza trató de reconstruir un edificio cuyos cimientos se doblaban bajo el peso de la impotencia. Es el dibujo de un paisaje no demasiado justo para lo que fue el partido.

   Es loable el esfuerzo del equipo, así como verificable que algunos jugadores no son capaces de soportar el peso de la contrariedad. Al grupo le falla la otra cara de la moneda, la que se esconde tras la verdad del infortunio. No soporta las bofetadas que le propinan estos equipos curtidos en mil batallas, esculpidos a golpe de cinceles oscuros que tanto abundan en la categoría. Y por eso, cuando llega la primera ola sucia la barca hace aguas. Hay un trabajo que hacer: grabar a fuego y barro en los corazones de los jugadores que este negocio no entiende de oropeles ni destellos. Aquí se sobrevive a base de machetazos y todo lo demás es abismo y averno. A ello hay que ponerse, pues aún quedan muchas batallas que librar.

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CALIFICACIONES

Irureta: 1. Cuando un portero no da puntos, le faltan razones.

Isaac: 1. No tiene soluciones para casi ninguna situación.

Valentín: 3. Apunta a ser un jugador que cumple en todo momento.

Cabrera: 1. Se metió en berenjenales de los que no supo salir.

Zapater: 2. Luchó con el corazón en la mano, pero no le salió casi nada.

Javi Ros: 1. Opaco y muy poco constructivo.

Lanzarote: 2. Fue a menos. Después de su mejor jugada fue sustituido.

Cani: 3. Tuvo una actuación intermitente. Injustamente expulsado.

Xiscu: 1. Desubicado y poco protagonista.

Ángel: 3. Una vez más, el mejor. Activo, trabajador y molesto. Le faltó el gol.

Xumetra: 1. Físicamente muy justo, mezcló mal con Isaac.

Dongou: 1. No ofreció ni velocidad ni combinación.

Casado: 1. Corrió la banda pero no tuvo claridad ni opciones.

 

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Luz en el Valle del Kas (Rayo Vallecano,1 – Real Zaragoza, 2)


aficion_en_vallecasGanar cuando la noche se ensancha apetece. No porque sea más justo, sino porque era necesario. Tanto como respirar cuando te ahogas y no queda aire en el mundo. Y si lo haces porque eres un poco mejor que el otro equipo, quien te acompaña hasta el infierno porque te ama y no puede vivir sin ti ve recompensa a sus desvelos.

   Ayer el zaragocismo recogió las migajas de un partido construido por dos equipos adelgazados por la enorme exigencia que la Historia les propone. Se quedó con esos dos goles inesperados que en modo alguno tapan los vacíos del equipo pero al menos ayudan a esperar el nuevo año con algo más de amor propio en el zurrón. Agné lo dijo: hemos hecho un partido más largo en prestaciones y eso nos abre la puerta a seguir creciendo. Porque queremos jugar a otra cosa y nos va mejor. Porque utilizamos a otros jugadores que nos dan otras posibilidades y nos va mejor. Porque conseguimos que el otro equipo se desnude él solo y nos va mejor. Porque logramos que el contrario se caiga en sus propias zanjas y nos va mejor.

   Nadie se atreve a hablar de fútbol todavía. Nadie encuentra argumentos sólidos, ni frágiles, que expliquen lo que sucedió en el campo. Pero nos quedamos con la verdad matemática: el Real Zaragoza, el equipo que hace pocas cosas bien, que no encuentra su alma porque alguien la vendió al diablo, que desconoce dónde comienza el camino de regreso a la Verdad, llama a las puertas de la luz y luce un pespunte de veintisiete puntos. No es mucho, no es poco.

   Irureta en la puerta despejó las pocas dudas que asomaron a su puerta. La defensa ha logrado un correcto equilibrio siempre y cuando Silva, Cabrera y José Enrique se citen en el balcón de las murallas. Lo del lateral derecho ya es otra cosa, pero no hay muchas soluciones a la vista. Arriba está claro que hay respuesta a casi todas las preguntas. Por lo que hay ahora y por lo que espera a volver. Pero el centro del campo es un territorio de sequía prolongada. Ahí se ha instalado el sufrimiento, el discurso hueco. La lucha heroica y no siempre fértil de Zapater, que partido tras partido remienda su enorme corazón para aceptar las batallas desiguales que los rivales le presentan. A su lado Ros nos da y nos quita, en un impagable aunque insuficiente esfuerzo.

   Cuando el partido languidecía, cuando el Rayo Vallecano ya nos había explicado que no sabía cómo deshacerse de la presión adelantada del Zaragoza y los nuestros no encontraban el sendero del gol, bien por impericia, bien porque el árbitro se encargó de anular una buena jugada de Ángel y Dongou, llegó el esperpento. Un balón insignificante acabó en al red madrileña porque el portero del Rayo cometió un gravísimo error que le costó el primer gol en contra. Asombroso regalo, inesperado fruto, estruendoso botín. Nada que no hubiésemos vivido antes aunque ahora fuese en carne propia. Un 0-1 que abría de par en par las puertas a una posible y vivificante victoria.

   La segunda caricia a la buena suerte vendría con un penalty cometido al joven Xiscu. Ayer, sí. Ayer el árbitro nos concedió esa posibilidad que otras veces se nos había negado y Ángel la aprovechó para lograr el 0-2. Gratísima noticia en un partido difícil por muchos motivos y que teníamos en nuestras manos ganar después de ocho meses. Si el equipo era capaz de aburrir el match, de adormecer al rival, de matar el aire vallecano sería posible irse de vacaciones con un mensaje de futuro.

   Serían quince minutos de brega y veteranía, de lucha y experiencia. Y de pugna colectiva para cosechar tres puntos de oro con los que completar un mensaje ordenado. La brecha entre la miseria y la posible gloria es mínima, delgada como los hilos que mueven nuestra vida desde hace diez años. Hace dos semanas sentíamos el gélido viento de la 2ª B en nuestras nucas y hoy sospechamos que hay calidez no demasiado lejos de donde habitamos. Así es este pozo de miseria en el que habitamos. Y de él podemos salir si las decisiones que se tomen estos días se acercan a la coherencia y la razón. Hasta que llegue el momento de medirnos ante los más fuertes, que los dioses nos otorguen el privilegio de la esperanza. La que se merece la mejor afición del mundo.  

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CALIFICACIONES

Irureta: 3. Correcto y solvente en sus actuaciones.

Isaac: 2. Sufrió por su banda y tuvo más de un problema con su par.

Silva: 3. De nuevo de los mejores. Su presencia se valora cuando no está.

Cabrera: 3. Luchador y serio en el corte.

José Enrique: 3. Otro buen partido tanto en defensa como en ataque.

Zapater: 3. Lo dio todo, aunque no llega siempre a lo que se propone.

Ros: 2. Irregular y con cierto desequilibrio en la contención.

Cani: 3. Todo lo que hace es valioso.

Xiscu: 2. Menos presente en el juego, aunque volvió a aportar rapidez y profundidad.

Dongou: 4.El mejor. Luchó, controló de espaldas y se asoció bien con Ángel.

Ángel: 4. De nuevo goleador.

Morán: 2. No consigue recuperar protagonismo.

Lanzarote: 2. Justo en su juego, aunque de sus botas nació el pase que propició el penalti.

Bagnack: S.C.

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Me das una victoria (Real Zaragoza, 2 – Real Oviedo, 1)


 

angel_02   En el minuto 73 la Basílica se puso en pie para despedir con un cálido aplauso a un chico de 21 años, por nombre Xisco, que había jugado un correcto partido y cuyo juego había cautivado a una afición tan huérfana de estímulos como ávida de alegrías. Y esta llegó ayer en forma de balsámica victoria ante un Oviedo que tuvo la mala suerte de perder a uno de sus mejores jugadores, Toché, por lesión en el minuto tres y que cuenta entre sus filas con los suficiente jugadores mediocres como para cometer errores que pueden costar un partido.

   Agné se fue contento a casa. El zaragocismo también, pues tres puntos son tres puntos en los tiempos que corren. Oro molido, en fin, en medio de una categoría acostada en la niebla de la mediocridad y en la que el tuerto con parche en el ojo bueno es emperador. Y ese fue ayer el Real Zaragoza, al que su entrenador hizo jugar con el portero titular por nómina, con un inestable Bagnack en el lateral y con un joven jugador menorquí que demostró ayer que con osadía, ganas, rapidez y espíritu guerrero se pueden hacer cosas dignas de ser tenidas en cuenta. Todo ello ante un rival, el Oviedo, que cuenta con buenps jugadores pero también con malos; que en el banquillo tiene a un hombre de fútbol que ha ganado muchas cosas y quiere abrirse camino en esto de entrenar y con algún defensa fuera de sí capaz de agredir a un contrario sin ton ni son y dejar a su equipo con diez por culpa de su mala cabeza.

   Sí es verdad que el partido fue al principio un dance de pases cruzados y posesiones cortas debido al pundonor de todos los contendientes entre los que en seguida brilló con luz propia la conexión entre Cani y Lanzarote. Ahí se vio que había partido. Ángel, como siempre, atento al límite del fuera de juego y dispuesto a pescar algún balón que la defensa contraria no supiese gestionar correctamente. Y ese balón llegó en el minuto 17, cuando el delantero tinerfeño le robó la cartera y todas las tarjetas al central David Fernández y batió a Juan Carlos con un sutil derechazo que suponía el 1-0.

   A partir de ahí el choque entró en una dimensión cómoda para el Zaragoza, que no tuvo muchos problemas para tapar las incursiones de Linares y bloquear al fino Susaeta. Tuvo que recurrir a múltiples ayudas, es verdad, sobre todo en el caso de Bagnack, por cuyo lateral llegaban las corrientes fluidas del cantábrico. Afortunadamente no cristalizó ninguna llegada carballona y en ello tuvo mucho que ver el buen trabajo coordinado de Ros y Zapater y las buenas basculaciones defensivas de Lanzarote, muy activo, y de Xisco, atento y dispuesto a todo. Incluso a dar balones de gol a sus mayores, como ese centro magistral que construyó en el minuto 34 que no fue gol por la buena intervención de Juan Carlos.

   Otra de las jugadas clave se produjo en el minuto 43. Verdés atrapó violentamente a Lanzarote en una jugada en la banda ganándose una tarjeta roja que casi pudieron ser dos. Llegar al descanso con 1-0 a favor y un jugador más parecían buenas noticias para el equipo aragonés, que afrontó el segundo tiempo con una cierta ventaja que se dispuso a aprovechar nada más saltar al césped. Y lo hizo en el minuto 49, cuando Xiscu cedió a Lanzarote, este Cani y el pase de este llegó a Ángel, quien fue derribado en la boca de gol por Óscar Gil. Penalty a favor. Penalty después de casi veinte partidos que fue convertido por Ángel.

   El 2-0 en el marcador parecía un buen argumento para afrontar el resto del partido con cierta tranquilidad. El Oviedo se aprestó a vender cara su piel y lo intentó sin descanso. El Real Zaragoza trató de dormir la noche, Agné les pidió a Zapater y Cani que le dieran pausa al juego y a ello se dedicaron durante un buen rato Hasta que Xisco dejó el campo. Amparado en la ovación de la grada, el chico se fue encantado a la ducha pero con su marcha elñ equipo se acyó, Dongou no sostuvo su ritmo y el resto del grupo se aletargó. Y en una de esas acciones indolentes Cani perdió la bola en la frontal del área y provocó una falta que sirvió para que el Oviedo empatase el partido. A cinco minutos del final.

   La Romareda se temió lo peor. Se temió una nueva debacle, que es lo que habría sido un empate. Afortunadamente el Oviedo ya no pudo cerrar las tablas y eso significó que los tres puntos se quedasen a dormir en la orilla del Ebro. Buen botín . Justo y, sobre todo, muy necesario. Por pura supervivencia, es decir.

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CALIFICACIONES

Irureta: 2. Correcto en casi todas las acciones, con cierta inexactitud en su relación con la defensa.

Bagnack: 1. Pagó todos los platos rotos, no siempre con justicia.  Muy afectado.

Cabrera: 3. Firmó un partido digno y sobrio.

Silva: 3. Ahora mismo es el mejor defensa. No por lo que da, sino por lo que le falta al equipo cuando él no está.

José Enrique: 3. De nuevo firme y sólido. Aporta experiencia y solvencia.

Zapater: 3. Con Ros es un jugador coherente y equilibrado.

Ros: 2. Protagonizó buenas acciones y cometió algunos errores de bulto. Irregular.

Lanzarote: 3. Volvió a la senda del talento y colaboró en la cobertura.

Cani: 4. Cuando el balón se deja acariciar por él se convierte en un argumento definitivo.

Xiscu: 4. Fue el partido que todo debutante sueña. Rápido, audaz, profundo, sostenido.

Ángel: 4. Cuando un delantero consigue dos goles merece el aplauso de todos.

Dongou: 2. Intentó un par de jugadas de definición.

Morán: 1. Trató de encontrar alguna luz con poca fortuna.

Casado: S.C.

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Tacita de hiel (Cádiz, 3 – Real Zaragoza, 0)


 

img_20161204_125046   Y fin. Desconexión. No en dos fases, no es preciso. En una. Y con la misma displicencia que ellos nos regalan afronto esta crónica. Con dolor, con tristeza. Y con rabia, porque es la crónica que llevo esperando toda la temporada. La crónica del partido que el equipo de mis amores tenía que jugar frente al equipo de mi sobrino Sergio, sobre el que llevamos varios meses hablando en tono de cariñosa rivalidad. 

   Fin, digo, porque el horrible y oxidado sonido de la humillación se instaló ayer en el corazón del zaragocismo después de recibir los tres balazos que un equipo sencillo, simple y honrado alojó en nuestro maltrecho y malnutrido cuerpo. Y porque es insoportable comprobar qué baratos son los goles que encajamos, con qué poco destrozan nuestro orgullo, mancillan nuestra historia, descosen nuestro escudo los rivales de una categoría paupérrima y maloliente donde el Real Zaragoza es, sin duda, el equipo más indigno de los veintidós.

   ¿Alguien se anima a analizar el partido? ¿Alguien encuentra un argumento que desmonte la eficaz y animosa propuesta futbolística del Cádiz? ¿Tan difícil es contrarrestar una idea de partido como la que planteó el equipo andaluz, simple y próspera? Ellos te dan el balón y tú ya sabes que tienen dos puñales en las bandas y un tipo rocoso, burdo y potente en la punta. Lo sabes, lo has visto en vídeo, te lo cuentan, lo anuncian, lo pregonan a los cuatro vientos. Y tú caes en la trampa y a la primera bofetada te rindes. Para oponer ese relato decides deambular, nunca correr. Evitar el choque, nunca discutir el balón. Optar por el desorden, nunca elegir el sentido de grupo. Y el Cádiz, audaz y desinhibido, percute una y otra vez sobre tus debilidades y le echa toda la gasolina a la hoguera que tú ya traes avivada desde Zaragoza. Y ruge el Carranza aunque ayer estuviese medio vacío y tú te hundes y abandonas el combate.

   La defensa sufrió mil y un embates del contrario, sobre todo por el carril de Fran, ayer frágil y torpe. El centro de la defensa, ya de por sí inestable, desde que no está Silva es el sumidero por el que mueren todas nuestras vidas. Y hasta José Enrique se contagió ayer de la dejadez general, recreándose en estúpidas jugadas defensivas.

   El centro del campo fue un caos de principio a fin. Zapater, desquiciado, Morán, indolente y Barrera desnortado. Y en la punta Cani y Lanzarote no reciben ni un solo balón benefactor ni su talento les da para gobernar una nave zarandeada por la ineptitud del equipo. Para rematar, es decir, para no rematar, Ángel se inmoló a base de carreras estériles fácilmente desmontadas por la muy bien organizada defensa cadista, como si Oliva y Carmelo hubieran vuelto de sus dorados retiros.

   Y cuando llega la segunda parte tu entrenador decide insistir en una ruta que ya hemos visto todos que es un camino muerto. Y recibes un segundo crochet. Nada del otro mundo, ¿eh?. Desborde por la banda, centro al área pequeña y remate. ¡Ah! Y gol, ese acontecimiento que ya ha tocado a nuestra puerta en veinticinco ocasiones para otorgarte el honor de ser el equipo más goleado de la competición. Muerte más muerte. El Cádiz, mientras, gustándose. Alegre, aguerrido, aplicado, audaz. Cada muchacho de amarillo sabía qué tenía que hacer, cómo debía hacerlo, dónde debía acometer su tarea y cómo desarrollar cada acción. Con disciplina, con diligencia, con cierto talento. Y con amor a sus colores.

   Agné ha tirado de repertorio y tras el segundo gol ha elegido a Juan Muñoz para sustituir a un desactivado Barrera. Ha sido inútil. Después le ha pedido a Xiscu que saliera en lugar de un inexistente Morán, decisión que no ha emocionado a nadie y que no ha servido para activar al equipo, en clara caída libre desde el minuto 47. El entrenador zaragocista no ha encontrado ni la letra ni la música adecuada para reactivar a un grupo muerto futbolísticamente, a merced de un Cádiz que ha sabido jugar sus bazas y ha cumplido al milímetro el plan de su entrenador, Cervera. Un Cádiz que ha llevado a lo largo de todo el partido otra velocidad, otra emoción, otra actitud. Y el castigo ha sido muy doloroso. Por el resultado y por el mensaje que transmite el grupo, vacío y descosido en todas sus costuras. Y porque el tercero ha sido obra de Ortuño, el díscolo delantero que se fue del Zaragoza por la puerta de atrás y nos tenía unas ganas enormes.

   El panorama es sombrío y quizás sea el momento de plantear que el objetivo del equipo no es, de ningún modo, el ascenso. Si se logra será porque sea la consecuencia de un proceso que, ahora mismo, está muy lejos de afrontar, pues los jugadores no tienen calidad, no disponen de fortaleza física y su ánimo es una línea plana que señala caminos pedregosos de difícil tránsito.

   Hoy solo me queda el gusto de felicitarte, Sergio, por la victoria de tu equipo, ese Cádiz fidedigno y generoso cuya victoria nos dice que se puede ser modesto y al mismo tiempo digno de ser admirado.

CALIFICACIONES

Ratón: 1. No ha aportado ni una sola acción reseñable.

Fran: 0. Desbordado, desasistido y desordenado.

Bagnack: 1. Lento y fuera de sitio en muchas ocasiones.

Cabrera: 1. Ya no es líder ni aporta fortaleza.

José Enrique: 1. Se ha perdido en controles estériles.

Zapater: 1. Desbordado y descolocado.

Morán: 0. Desaparecido y oscurecido.

Barrera: 0. No ha aportado nada.

Lanzarote: 1. Frío y pasivo.

Cani: 1. Ha intentado algunas cosas, pero no ha estado acertado.

Ángel: 1. Aislado y torpón.

Juan Muñoz: 1. No ha participado nada en el juego.

Xiscu: 1. Pasivo e insignificante.

 

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Empate impropio (Real Zaragoza, 2 – CF Reus, 2)


jose_enriqueMe imagino a Agné repasando una y otra vez el partido frente el Reus. Me imagino al entrenador zaragocista dándole una y mil vueltas a lo sucedido y recogiendo las migajas de sus propios pensamientos. Me imagino al cuerpo técnico comentando los pormenores del choque y empaquetando algunas conclusiones con la sana intención de enderezar la nave blanquilla, últimamente zarandeada por antipáticos contratiempos y varios errores de navegación.

   La visita del Reus presentaba algunos argumentos preocupantes. Se trata de un equipo muy bien organizado, que se conoce muy bien a sí mismo y que ha firmado con bolígrafo de hierro un pacto con el fútbol que hasta ahora le ha dado muy buenos réditos. Frente a él un Zaragoza dubitativo tras su revés en Getafe y con varios detalles negativos en su alineación. La ausencia de Silva llevó al centro de la defensa a Bagnack, que no ofrece garantías a nadie. Ni a su mister, que ayer decidió voltear la línea de atrás ubicando a José Enrique de central y rescatando a Casado para el lateral. Y arriba también hubo modificaciones. No se sabe muy bien qué lleva a tantos entrenadores a colocar a Cani en la banda si todos saben que ahí es menos jugador, más insignificante. Si la razón es que Agné quería unir a Ángel y Juan Muñoz y para ello había que trasladar al de Torrero a convivir con la cal, habrá que decir que es muy alto el precio que se paga para tan poco beneficio.  

   El partido fue de inicio una dura lucha de dos equipos dispuestos a no cometer errores y mantener el tipo ante un contrario al que se respeta. El balón se lo quedó el Reus, pero no por eso el Real Zaragoza perdió la paciencia. Procuró no desajustarse, no olvidar las enseñanzas de su entrenador y esperar a que el rumbo fuese favorable para comenzar a intentar cosas. No había peligro en las áreas y sí la sensación de que en el momento en que el equipo zaragozano consiguiese modular algún balón entre líneas, el rumbo del choque podría cambiar.

   Eso sucedió en el minuto 34, cuando Lanzarote recogió un mal despeje de Badía, el portero catalán, y lanzó un misil con toda la intención del mundo. Fue rechazado, pero ahí estaba Ángel para recuperar su olfato goleador y lograr el 1-0. Gran noticia que dejaba las cosas muy bien ordenadas para afrontar una segunda parte en la que, seguro, el Reus tendría que modificar sus planes, facilitando así que el Zaragoza pudiera maniobrar más suelto.

   Algo de eso hubo. Los visitantes se lanzaron a tumba a vierta en busca del gol del empate. En seguida vimos que el centro del campo local no podría sofocar la avalancha del contrario, con un Ros desbordado y un Zapater incapaz de tapar tantas vías de agua. Sin hacer gran cosa, los de Natxo González consiguieron encontrar senderos de incursión, sobre todo por el lateral frágilmente guardado por Casado. Y por ahí llegó el mal. Un desborde de libro a cargo de Benito desnudó un poco más al defensa madrileño, que permitió que se produjese un centro que remató muy fácilmente Folch logrando el 1-1. Fue una bofetada inesperada y quizás por eso dolorosa. Al equipo le costó reaccionar, no así a la afición ni a Agné. Este optó por incluir a Edu García en lugar de Casado, buscando romper líneas y una mayor circulación y decidió también construir una línea de tres atrás con Fran, Cabrera y José Enrique. Fue, a la postre, la mejor manera de oponerse al juego más fino y vertical del Reus, aunque no suficiente para evitar un segundo gol que llegó con la insolencia de una mala defensa.

   A falta de 8 minutos solo quedaba apelar a la heroica. Recurrió Agné a Dongou, el delantero camerunés aún inédito esta temporada a causa de una lesión de esas misteriosas que en el mundo del fútbol tanto se dan hoy en día. Fue una entrada milagrosa, pues el chico cazó un balón suelto en el área visitante y empató el partido a falta de 3 minutos. Todo muy al límite, todo muy extremo, muy agónico. La afición empujaba y empujaba y casi logra Edu García el gol victorioso en un remate que Badía sacó con muchos apuros, pero la noche no daba para más. Un punto rescatado del abismo y la sensación, una jornada más, de que el motor está sucio, que hay piezas que no encajan del todo bien y que ante la menor dificultad el pequeño edificio se tambalea y hay que apuntalarlo urgentemente. Al mismo tiempo, el equipo tiene capacidad para golear y crear peligro. ¿El problema? Que no hay una única solución. Y a veces eso nos lleva a un callejón con una salida pequeña que no siempre vemos.

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CALIFICACIONES

Ratón: 2. Correcto en general, quizás pudo hacer algo más en el primer gol.

Fran: 3. Ágil y talentoso en ataque, sus desajustes en defensa nos cuestan caros.

Cabrera: 2. Bregó y luchó, pero no lució.

José Enrique: 4. Su presencia engrandece al equipo, sobre todo en el lateral, donde da mucho.

Casado: 1. Ayer fue un defensa menor. Permeable y débil con el balón.

Zapater: 2. Superado por el juego del Reus, no pudo con tanto balón en los pies del contrario.

Ros: 2. Corrió y trabajó, pero fue superado por sus contrarios.

Lanzarote: 3. Su talento es indiscutible. Aporta calidad y fútbol.

Cani: 2. En la banda no es ni la mitad de jugador. Sufrió mucho en esa posición. Luego mejoró.

Ángel: 3. Como siempre, gran trabajo el suyo. Y goleó.

Juan Muñoz: 2. Fue de menos a más. Su entrenador le pide más intensidad.

Barrera: 2. Salió por Ros y cumplió.

Edu García: 3. Su implicación y compromiso son fundamentales en el equipo.

Dongou: 3. Su gol vale un punto.

 

 

 

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Punto a la fuga (Getafe, 1 – Real Zaragoza, 0)


   fran_rodriguezUn gesto afortunado, una acción desdichada, una mala recepción, un pase defectuoso. El fútbol, en realidad, es un arte puntillista en el que no cabe la brocha gorda ni la melodía en tonos menores porque nos acostumbra a que no siempre la escultura más bella es la más valorada. 

   Algo de eso le ocurrió ayer al Real Zaragoza. Jugando una primera parte muy digna no fue capaz de confirmar sus intenciones, bien definidas con un planteamiento serio y una correcta ejecución en todas sus líneas. Si bien la alineación de Bagnack suscitó desde el primer momento justificadas dudas en el entorno zaragocista, la presencia de Fran y sobre todo Lanzarote, dudosa hasta cinco minutos antes del inicio, ayudó a calmar a la hinchada, que vio cómo Agné repetía prácticamente las piezas del partido ante el Mirandés, a excepción del cambio de Ángel por Juan Muñoz. Con esa idea, el choque ofrecía argumentos suficientes para esperar un combate igualado e interesante.

   Muy pronto disfrutó el Real Zaragoza de una magnífica ocasión en las botas de Ángel. Cani ejercía de maestro filtrador y uno de esos balones llegó a la posición del tinerfeño, que se plantó solo ante el portero madrileño, pero su chut no encontró la red. Fue un momento clave, pues el gol habría supuesto un duro golpe al Getafe. No fue, y eso ayudó a que las fuerzas se igualasen y presenciásemos un partido de poder a poder aunque con un dominio más acusado a favor de los aragoneses.

   Zapater trabajó mucho y bien, realizando tareas de contención junto a los centrales, como un quinto defensa con cierta vocación de salida de balón. Esta propuesta no siempre la cumplió correctamente, pero su trabajo fue el cemento que ayudó a sostener al equipo atrás. Eso afectó al centro del campo, donde Javi Ros no fue el compañero diligente de otras tardes, seguramente porque hubo mucha distancia entre él y Zapa y eso deshilachó un tanto el músculo central. Esa fue también la razón por la que Cani y sobre todo Lanza no enganchasen adecuadamente las jugadas de ataque, aunque no fue obstáculo para que Ángel recibiese hasta tres balones muy claros que no supo aprovechar. Es su cruz. Y la nuestra.

   Demasiado empeñado en resolver él solo, mostrando una cierta obsesión por el gol en una sucesión de malas decisiones. Ángel contra el mundo, Ángel esclavo de su individualismo. Si el Zaragoza hubiera aprovechado su buena ubicación, su nivel competitivo y su seriedad táctica, ese gol que no encontró habría sido suficiente para llevarse el partido, pues el Getafe jugó incómodo y en ningún momento encontró vías de progresión ni oportunidades para incomodar a Ratón.

   La segunda parte fue algo más equilibrada, con un equipo madrileño más parecido a sí mismo aunque nunca cerca del gol. El esquema era el mismo, aunque el Zaragoza perdió arriba el sentido vertical que había ejecutado en la primera mitad. Es verdad que sus jugadores principales no estuvieron a la altura de otros partidos, pero por otra parte algunos jugadores rayaron a gran altura. Dos de ellos fueron sus laterales, Fran y José Enrique. El primero está progresando a tal ritmo que apunta a convertirse en uno de los mejores de la categoría. Rápido, con sentido de la anticipación, atrevido, técnicamente bueno y con soluciones distintas a lo que vemos estos años, Fran es ese jugador que gana enteros a cada partido y que ofrece respuestas a muchas preguntas. Por la izquierda, José Enrique nos está convenciendo de que es, sin duda, el mejor lateral izquierdo de los últimos años y su presencia es, ahora mismo, capital para el equipo.

   El problema vino en el centro de la defensa. No es justo ponerle nombre y apellidos a una derrota, pero el penalti que cometió ayer Bagnack, que no lo es aunque se puede pitar, es una de esas acciones que dan argumentos a sus detractores y difícilmente podemos rebatir porque suponen un gol en contra. Amenaza con convertirse en tema sustancial de debate, pero poco ganamos ahora con gastar horas y horas en discutir sobre ello. Agné quiere ensanchar la plantilla y ganar para la causa a algunos jugadores. Lo que ocurre es que el Zaragoza no tiene tiempo y sí algunos interrogantes que responder. Mientras eso ocurre, el Getafe aprovechó su ocasión, convirtió en gol su única ocasión y se llevó los tres puntos.

   El Zaragoza no mereció perder, ha ganado en intensidad, compromiso e idea futbolística. Tampoco mereció ganar, pues los errores en esta categoría penalizan mucho, pero hay que mantener la calma y seguir en este camino, largo y tortuoso como ninguno para seguir aspirando a reconstruir un equipo que hace tres semanas estaba diluido en su desconfianza y hoy compite con todos.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Ratón: 3. No tuvo mucho trabajo y lo resolvió bien.

Fran: 4. Audaz, rápido y diligente.

Bagnack: 1. Está marcado por sus dos primeros partidos. El error del penalti le condena.

Cabrera: 3. Luchó y resolvió varias situaciones comprometidas.

José Enrique: 4. Versátil, talentoso y muy eficaz en su trabajo.

Zapater: 3.Hizo un gran trabajo defensivo, pero no manejó bien el balón.

Ros: 2. Lejos de Zapater se diluye su aportación.

Lanzarote: 1. Muy poco participativo y ajeno a la causa.

Cani: 3. Se vació, pero sus acciones no encontraron respuesta digna.

Edu García: 2. Menos activo, con algunos problemas para leer el juego.

Ángel: 2. Muy trabajador, no estuvo acertado en la resolución de las jugadas.

Barrera: 2. Correcto en su trabajo, aportó cierto equilibrio.

Pombo: 2. Buscó el balón y trató de combinar.

Juan Muñoz: 1. Salió tarde y no tuvo ocasión de contribuir.

 

 

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