Efemérides. El 13 de febrero de 1994 el Real Zaragoza golea al FC Barcelona (6-3).


   zgz 6“Un equipo mediocre se hubiera llevado diez goles. El campeón solamente seis.” Esto escribió heraldo de Aragón en la crónica de uno de los partidos que el Real Zaragoza guarda en sus altares para gloria de su historia y el zaragocismo saborea hoy, justo veinte años después. Aquel domingo 13 de febrero de 1994 la Romareda contempló cómo un equipo que jugaba al fútbol como pocos le regalaba una goleada ancha y siempre soñada al equipo que jugaba al fútbol como nadie. El resultado (6-3) duerme en el alma blanquilla para siempre y es hoy cuando parece que fue ayer que se abrieron los mares para contemplar un partido reservado solo a los grandes.

   Cáceres (m. 5), Gay (m. 15), Esnaider (m. 40), Esnaider (m. 44), Higuera (m. 65) y Poyet (m. 75) fueron los gladiadores que abocaron a los contrarios a morder la arena, acompañados por Cedrún, Belsué, Aguado, Solana, Aragón, Pardeza, Sanjuán y Lizarralde. Y de una afición que degustaba laureles futbolísticos con un juego magnífico que recordaba a los Magníficos. Lo ocurrido aquella tarde era la antesala de lo que se viviría semanas después en la gfinal de Copa ante el Celta y el preámbulo de lo que sucedería al cabo de quince meses en París. Todo muy grande.

   Y es que aquella temporada 1993-1994 el Real Zaragoza protagonizaría una formidable segunda vuelta que le llevaría hasta el segundo puesto en Liga y hasta el triunfo en la final de la Copa del Rey. Y que nos permitiría disfrutar de legendarias goleadas en la Basílica: además de la que hoy recordamos, hubo un 6-2 al Tenerife, un 4-1 al Rayo, un 4-1 al Celta, un 0-4 al Atlético en el Calderón y un broche de oro, con un 4-1 al Real Madrid que nos permitiría conquistar ese tercer puesto mencionado.

   Veinte años de la gesta, veinte años de una gloria que nos mantiene vivos y nos hace creer que el futuro nos guarda días de luz, tardes de vida.

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Otros artículos: Real Zaragoza, 6 – FC Barcelona, 3

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Efemérides. 1 de Febrero de 2006: El Real Zaragoza se clasifica para las semifinales de Copa


   El 1 de febrero de 2006 el Real Zaragoza logró el pase a las semifinales de la Copa del Rey al lograr un resultado (FC Barcelona, 2 – Real Zaragoza, 1) que le permitía superar la eliminatoria, pues en el partido de ida había derrotado al FC Barcelona en la Romareda (4-2).

   Víctor Muñoz entrenaba a aquel equipo y en ese partido Óscar logró uno de los goles más bellos que marcó con la camiseta zaragocista, al colocar el balón en la escuadra izquierda de la portería defendida por Jorquera. Fue el partido de la expulsión de Ronaldinho por una fea entrada a Cani y la puerta a una eliminatoria ya legendaria en la que nuestro equipo se enfrentaría al Real Madrid de los galácticos, al que acabaría eliminado después de aquel glorioso partido (6-1) que llevó a Diego Milito al cielo con sus cuatro goles a Casillas. 

Mi crónica: Real Zaragoza, 0 – FC Barcelona, 3 (Garrote vil a la esperanza)


   333835_gbis¿Alguien sostiene en su memoria alguna sensación parecida a la que nos abruma esta noche? Si es así este cronista agradecerá que ese prójimo benefactor le haga llegar un puñado de palabras con que describir el bochornoso espectáculo que hemos sufrido hoy en la Romareda, muy alejado de lo que esta afición y esta ciudad se merecen por Historia y por Vida.

   El partido ha sido un desastre de principio a fin. La ausencia de fútbol en el equipo de Manolojiménez ha sido tan escandalosa que dolían las costuras del sentimiento blanquillo cada vez que el equipo visitante se quedaba el balón. O sea, en todo momento. Ha sido tal la vergüenza que nos han hecho pasar que cada pase del contrario era una puñalada en el pecho del león y en seguida ha sido evidente que era cuestión de tiempo que llegase el primer gol y la impotencia se adueñase de la animosa parroquia zaragocista que había saludado al mundo con dos caprichosos tifos en cada uno de los goles, Norte y Sur.

   El endeble centro del campo encarnado en un voluntarioso Movilla y un torpe José Mari era incapaz de gestionar el aluvión de fútbol de los blaugrana y eso daba pie a que la defensa viera con asombro cómo una y otra vez Alexis y, sobre todo, Tello nos rompiesen la cara con sus diagonales y sus precisos regates. Y ha sido preciamente en una de esas pérdidas de balón cuando Thiago se ha merendado a Álvaro, ha combinado con Alexis y ha resuelto a la perfección con un tiro cruzado. se le ha quedado cara de estupefacción a la Basílica y a partir de ahí, la debacle. Tímidos intentos de reaccionar, alguna suave protesta al árbitro por sus erráticas decisiones, algún que otro arranque de pundonor, pero e partido estaba fuera del gobierno local. Víctor porfiaba por la derecha, Rodri trotaba desorientado y Montañés, ese sí, procuraba abrir vías de penetración por su banda, pero lo cierto es que ninguno conseguía conectar adecuadamente con un, una vez más, abandonado a su suerte Postiga. Y así ha llegado la segunda muerte, el segundo gol.

   Porque la tarde ha sido un monumento a la desidia. Y a ello ha contribuido también Jiménez. Porque en el descanso ha optado por sustituir a José Mari, desafortunado, y a Victor, voluntarioso, por Apoño, aparentemente recuperado, y Jorge Ortí. esta decisión ha provocado debate en la grada porque nos e veía muy claro que este fuese el partido para la reaparición del malagueño. Lamentablemente, y se veía venir, los cambios no han aportado nada. Si acaso entusiasmo del joven aragonés, porque el malagueño ha firmado un dislocado partido en el que ha protagonizado algunas pintorescas jugadas que han logrado irritar a los aficionados del león. Y la gota que ha colmado el vaso de la desesperación ha sido la jugada en la que Tello ha desnudado a Loovens y ha cruzado un mágico chut que cerraba el círculo de la excelencia futbolística.

   ¿Y a partir de ahí? Esperpento. Jiménez le ha dicho a Rochina que saliese en lugar de Postiga y el equipo se ha aprestado a tratar de arañar el casco del Titanic con las uñas rotas, pero el resultado ha sido que el equipo contrario ha sonreído con displicencia y además ha visto cómo la afición local aplaudía a dos de sus jugadores cuando salían al campo, seguramente porque esa afición están tan huérfana de alegrías que ya se anima incluso a vitorear a sus verdugos. El concepto “contradicción” en estado puro. De ahí hasta el final, la nada. Tan sólo Rochina, que en una jugada de calidad y empuje ha conseguido armar un poderoso chut que ha salido por encima del larguero, y Montañés, que ha puesto el alma en un contraataque finalizándolo con un disparo esquinado después de pelear ardorosamente con su par, han sido capaces de incordiar al coloso. Los demás, secos y estériles como el hogar de un escorpión. Y algunos, como Loovens, señalados por la Basílica en un gesto que hacía muchísimo tiempo que no se veía a orillas del Ebro.

   En definitiva, día aciago. Horizonte oblicuo. No ha habido agallas, pero lo peor es que no ha habido fútbol y lo más importante: no hay liderazgo. Fin.

CALIFICACIONES

Roberto: 2. No manda, no gobierna, no resuelve. Muy nervioso e inexacto todo el partido.

Sapunaru: 0. Lamentable partido de Sapu. Doblegado por Tello una y otra vez, su lateral ha sido un agujero negro en la defensa por el que ha desaparecido.

Loovens: 0. Deplorable actuación. Su trabajo ha recibido el premio de unos silbidos lacerantes por parte de la grada.

Álvaro: 2. Valiente y atento a todas las vías de agua que ha abierto el equipo contrario, no ha podido evitar el desastre.

Paredes: 1. Regresaba al equipo titular, pero su actuación no ha hecho olvidar a Abraham. Flojea mucho en tareas ofensivas.

Movilla: 1. Su pulmón ya no es capaz de insuflar aire a este cuerpo maltrecho. Hoy no ha llegado a las vías de creación en ningún caso.

José Mari: 0. No ha tapado los senderos ofensivos contrarios y ha perdido balones con mucho peligro.

Victor: 2. Lo ha intentado de todas las maneras pero ha perdido frescura en el toque de balón. Tiene que recuperar esa finura técnica que exhibió en otoño.

Rodri: 1. No, no ha sido un buen día. Ha trotado por el frente pero siempre muy alejado de los focos de eficacia ofensiva.

Montañés: 3. El mejor. Es el único que ha estado a la altura del choque, con velocidad, vigor, intención y calidad.

Apoño: 1. Muy torpe. Lento y falto de criterio. Excesivamente escorado a la izquierda, él mismo se ha cerrado la línea de creación con una muy mediocre interpretación del partido.

Jorge Ortí: 2. Le ha puesto un punto de velocidad y presencia a la segunda línea, pero no ha podido con la zaga contraria.

Rochina: 2. Su presencia es muy útil. Su control del balón y su gran disparo so dos argumentos que hoy habrían hecho falta durante más minutos.

Mi crónica: FC Barcelona, 3 – Real Zaragoza, 1 (Ilusión hecha torre)


   La Dignidad ayer vistió de blanco. Blanco Talento, Blanco Esfuerzo, Blanco Orgullo, Blanco Esperanza. El partido que todos los zaragocistas deseábamos jugar, el partido que anhelábamos disputar para que lo viera toda España, el partido que propuso el Real Zaragoza fue un choque valiente, sereno, consistente y leal con nuestra Historia.

   Con jugadores que volvían a su raíz, con futbolistas que luchabn por recuperar el aroma del césped, con una alineación de contraportada Manolojiménez despertó la memoria de un club que merecía que el respeto a nosotros mismos se convirtiera en la auténtica bandera del proyecto futbolistico que poco a poco empezamos a recuperar, y por eso dio tanto gusto escuchar a un exzaragocista pero culé de piel y corazón como Pichi Alonso hablar con palabras aplauso del juego de los nuestros.

   El equipo salió suelto y alegre, un tanto dubitativo pero nunca aterrado por pisar uno de los campos más sanguinarios para el forastero. La vocación futbolística de los chicos se vio en seguida, cuando comprobamos que buscábamos con serena ambición jugar el balón, combinar y provocar que los contrarios nos tomaran en serio. El Barça es el Barça, pero ayer el Real Zaragoza continuó con su tarea de reconstrucción, de recuperación de un espíritu y un estilo que siempre nos distinguió. Al fantástico gol de Messi se contestó con más fútbol, más juego, más equipo. Y llegó el empate, a manos de uno de los chicos que nacieron en Can Barça y ahora está creciendo enormemente a la sombra del león. Montañés convirtió y lo celebró y con él toda una afición que sintió cómo ayer se quedaban unos cuantos fantasmas más en el camino.

   El partido no era un choque entre iguales, pero tampoco un tsunami blaugrana. Los porcentajes de posesión iban por un 60/40 y eso, amigos, es oro molido. Y nuestros muchachos chutaban a puerta, fnalizaban jugadas, provocaban córners. El Barça metió su segundo, pero allí nadie bajó los brazos. Víctor, Aranda, Zucculini, Montañés y, por encima de todos, un Movilla que lleva camino de convertirse en el héroe de la temporada. Templando, conjugando el fútbol, ubicando su menudo aunque metálico cuerpo entre el cuero y el enemigo para proteger nuestra vida. El partido era para los locales, pero allí nadie sufría, nadie lloraba, no había cabezas mirando al suelo. Au contraire: la vista alta, el músculo tenso, la alegría por estandarte.

   Comenzó la segunda parte y el partido siguió navegando por aguas claras en las que la espuma era redonda como el balón. Hubo continuidad en la idea, sostenida en la atmósfera jovial en la que poco a poco nos vamos instalando y eso fue así porque la defensa siguió consiguiendo que nos olvidáramos de los titulares, el centro del campo continuó con su idilio con el balón y nuestros delanteros procuraron momentos de incertdumbre en la zaga barcelonista. En definitiva, seguimos siendo un equipo fornido y atrevido.

   No hubo prisa, el grupo mantuvo el pulso firme y sus acciones, templadas e intencionadas, no se nubló ni siquiera cuando Messi logró el tercer gol con un chut diabólico que nos obligó al asombro. Había que ver a Aranda sujetar el balón y apremiar a sus compañeros alentando la presión y la anticipación y había que ver cómo en ningún caso se anticipó la noche. Incuso hubo ocasiones de acortar el resultado, como ese momnto en que el recién incorporado Postiga y Aranda disputaron con ambición un balón con marchamo de gol. ¿Habría sido justo el segundo gol? Sí. La afición y el equipo lo habrían merecido y habría servido para darle color a un partido que ha pintado una enorme sonrisa en el zaragocismo, presto a empresas exitosas a las que tan desacostumbrados estamos pero a las que esperamos con fundadas esperanzas.

CALIFCACIONES

Roberto: 3. Ha recibido tres goles imparables y poco trabajo serio ha tenido que despachar, aunque lo ha hecho con seguridad.

Goni: 3. Muy aprovechada presencia del aragonés en un partido en el que ha ofrecido trabajo y disciplina táctica.

Álvaro: 3. Bien el central cántabro. Sus cruces y su presencia han sido una herramienta útil en varios momentos del partido.

Pintér: 3. Ha trabajado esforzadamente y ha logrado cerrar varias líneas de pase contrarias.

Paredes: 3. El capitán ha mostrado veteranía y presencia, sobre todo a la hora de ordenar y gobernar.

Movilla: 4. Ha sido el jugador clave del partido. Su capacidad para gobernar los partidos lleva camino de convertirse en la herramienta más valiosa de este equipo.

Apoño: 3. El andaluz crece cuando Movilla está a su lado. Ha protagonizado momentos brillantes junto a momentos laguna pero en cualquier caso es un jugador fundamental.

Zucculini: 3. Difícil papeleta tras el sábado horrible que vivió la semana pasada. Rápido, pundonoroso, tenaz y valeroso, su trabajo fue muy valioso.

Montañés: 4. Decididamente, el jugador castellonense está encontrando su lugar en el mundo. Juega muy bien el balón, sujeta las jugadas y sus remates se cuentan por goles.

Víctor: 4. Ni el Bernabeu ni el Camp Nou le amilanan. Su calidad y su rapidez son armas que le permiten brillar en cada partido.

Aranda. 4. Gran partido de Carlitos Aranda. Desde Milosevic y Diego Miito no tenía nuestro equipo un delantero con su capacidad para manejar el balón de espaldas como él. Le hizo un par de rotos a Puyol y buscó el gol con ahínco. ¡Ah! Y supo dirigir a sus compañeros. Lástima ese cabezazo que no llegó.

Postiga: 2. Apenas tuvo tiempo de aportar al equipo. Así y todo, participó en varias jugads de ataque y, como siempre, importunó a los defensas contrarios.

Wilchez: 1. Muy pobre su aportación. Intentó un par de arranques, pero el balón le rebotó en los pies.

Babovic: S.C.

Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 1 – FC Barcelona, 4 (Blancas almas, negro lienzo)


Abrir los ojos, contemplar un atardecer solidario y escuchar los miles de corazones zaragocistas reivindicar tu historia y tu futuro es gobernar la vida que te queda y abastecer con amor el ímpetu del gallardo león que todos llevamos bordado en nuestro pecho. Eso y la voluntad de ser. Todo eso se puso sobre el tapete de la Vieja Dama Blanca, sobre la piel de la Basílica del Fútbol, el escenario que alimenta nuestro orgullo aragonés con oleadas de valor que sólo quienes tenemos en nuestra memoria el sello de los asedios podemos vivir en plenitud.

    Llegaban los forasteros a nuestra casa con la soberbia cosida a sus botas y se encontraron con un equipo aguerrido, sabio en su debilidad y osado en su fragilidad. En la grada todo un pueblo clamaba por vivir y en el césped nuestros chicos reducían los senderos con una presión infatigable y un descaro propio de la desesperación. Los balones incómodos eran nuestros y las situaciones de ataque imprevisto hicieron que el entrenador visitante enarcase su ceja derecha en un gesto que denotaba cierta sorpresa y una incómoda sensación de fatiga inesperada. Jiménez había tenido que retocar su once obligado por las sanciones y optó por Da Silva en lugar de Mateos para que pudiéramos ver desde el primer momento que iba a sufrir mil con la rapidez de los delanteros contrarios. Mejor le salió la decisión de ubicar a Zucculini, eléctrico e inquieto, en lugar de un Duijmovic que el otro día en Gijón ya había expresado su inoperancia táctica. Por último, eligió la opción Micael, en un intento por mantener fijada la defensa enemiga con la presencia de Aranda en el vértice. Esta disposición, además del voraz ímpetu de Lafita, que gana enteros día a día y que está llegando a este útlimo y decisivo tramo fuerte, veloz y decidido como un felino maduro, creó en los primeros veinte minutos varias situaciones de contraataque que hicieron que la grada aragonesa rugiese de placer y ambición.

    Y los cielos se abrieron cuando su portero cometió penalty sobre Lafi segundos después de que Aranda hubiese rematado blandito al poste derecho de los contrincantes. Inusitada alegría en el zaragocismo y ocasión de oro para adelantarse en el marcador. Aranda se dispone y arma su pierna derecha pero le sale un chut blandiblup que el portero visitante detiene con seguridad. Desazón y lamento general por haber desperdiciado la ocasión de adelantarse al equipo guapo.

     Mas no importó. Siete minutos más tarde Aranda recibe un preciso pase de Zucculini y encara al portero rival. Éste rechaza y el balón golpea en la cabeza del malagueño que acaba consiguiendo así el primer gol del partido. La alegría es indescriptible y la Basílica tiembla de emoción. Las bufandas y banderas cubren el cielo de sonrisas blancas y azules y nace la noche. Es un partido púber, en cuya cara el acné simboliza el vigor de un sentimiento cuyo aroma nos hace grandes ante el ricachón y enormes ante la fuerza del poderoso.

    El partido es un ejercicio de músculo y garra. Rasmia, lo llamamos en Aragón los aragoneses zaragocistas. Y ahí se ubica nuestra propuesta. ¿Podremos construirla en su totalidad? ¿Conseguiremos cerrar la última almena? Esa pregunta en seguida obtuvo respuesta. Roberto, nuestro mejor jugador, el gigantesco atleta        que es símbolo de pureza deportiva y apego al esfuerzo, detuvo un peligroso chut del la delantera foránea produciéndose córner. Y ahí apareció el iceberg inesperado. El fuenlabreño salió a por el balón por alto, no lo sujetó bien y cayó a los pies de un defensa adversario que lo empujó al fondo de nuestra portería. Era un castigo demasiado cruel a un deportista que domingo tras domingo obtiene el abrazo de su afición y recoge la admiración de propios e impropios.

    Y como este guión ya estaba escrito, algunos minutos más tarde llegó el segundo gol visitante tras un contraataque armado tras error defensivo nuestro. Demasiado castigo, demasiada crueldad. Nuestros chicos habían realizado un sobrehumano esfuerzo que ya entonces aventurábamos que nos iba a pasar factura, pero lo peor vino cuando el colegiado interpretó una falta de Abraham como merecedora de una segunda tarjeta amarilla que implicaba su expulsión. Definitivamente el partido acababa de ser dinamitado por una decisión, una más, que demostraba la ínfima calidad del árbitro, pero como aún quedaba mucha tela que cortar, en el minuto 46 decidió acabar de triturar el espectáculo expulsando a nuestro entrenador cuando éste le recriminó no haber sacado amarilla tras una dura entrada de un jugador de negro a Lafita.

    Con un jugador menos, exhausto pero valiente, el Real Zaragoza era un juguete roto en manos de un grupo de jugadores ensoberbecidos que sentían la impunidad del invasor ante el juicio de la Historia. No les hace falta a estos equipos tanta protección, semejante abuso de poder, but that’s life! Fueron cuarenta minutos de rondo interminable, aunque si miramos la vida desde nuestra fragilidad, encontraremos argumentos para aplaudir a los nuestros y relatar que en ningún momento rechazaron la posibilidad del ataque. Heridos, harapientos, con la sangre seca cubriendo nuestra piel resquebrajada por la fuerza invasora, seguimos sosteniendo nuestra fe en gestos de audacia. ¿Recibimos más goles? Hasta dos más. ¡No habría de ser así, cuando estos jugadores golean a poderosas armadas y destrozan orgullosas murallas! ¡Cuánto más fácil no les iba a resultar derrotar a un equipo famélico en calidad y magullado por las decisiones arbitrales!

    Pero todo dio igual. La grada atronó el cielo zaragozano, tomó la voz de una afición que anhela el regreso del león y que va a seguir ayudando a los suyos, a los nuestros, más allá de éxitos dorados, triunfos argénteos, victorias de bronce. El partido acabó en derrota pero la vivimos como una victoria en nuestras almas. En nuestras almas blancas, las que rechazan la existencia tantos Turienzos, de cualquier negro lienzo.

 CALIFICACIONES:

Roberto: 4. Grandioso, emperador. Su error en el primer gol no oscurece su extraordinaria actuación de ayer con varias paradas mágicas.

 Álvarez: 2. Muy trabajador y rápido. No dio ni un solo balón por perdido.

 Da Silva: 1. El más flojo de la zaga. Su lentitud fue un lastre para el equipo. ¿Qué tal su cadera?

 Paredes: 2. Estos partidos le van. Son choques guerreros en los que se encuentra a gusto. Aún así, perdió varios balones y cometió un penalty.

 Abraham: 1. Por su banda corría el viento y su afán por detenerlo le llevó a la caseta.

Pinter: 4. El húngaro es un campeón del despliegue y es capaz de dibujar fronteras infranqueables donde otros tan sólo ven ribazos secos.

Micael: 1. Se echó en falta más participación en el juego. Trabajó más con la vista que con las piernas.

 Obradovic: 1. No fue su noche. Demasiados balones que no supo controlar en su interés por atacar.

 Lafita: 4. Grandioso. Ha llegado a este momento convertido en un guerrero fuerte, valiente, rápido y vertical.

 Zucculini: 3. Muy trabajador y esforzado. Es, ahora mismo, un jugador muy valioso en el centro del campo, tanto en labores de contención como subiendo el balón.

 Aranda: 4. Mientras estuvo en el campo fue un terremoto. Fijó a la defensa, metió un gol y jugó de espaldas sensacionalmente.

 Lanzaro: 1. Su trabajo apenas pudo ser valorado pues entró en un momento muy complicado.

 Postiga: 1. Lo intentó al principio, pero no llegó a la presencia de Aranda. Blandito.

 Juan Carlos: S.C.

Efemérides: el Real Zaragoza elimina al FC Barcelona en la Copa


   El 14 de Junio de 1975 el Real Zaragoza venció al FC Barcelona (1-0) y conseguía el pase a la siguiente ronda de semifinales, donde nos enfrentaríamos al Real Madrid, ese año campeón de Liga con Netzer, Del Bosque y Santillana.

En aquellos tiempos nuestro equipo había acabado subcampeón de Liga, hacía varias semanas había derrotado (6-1) al Real Madrid en partido de Liga y los aficionados disfrutábamos con el juego de los Violeta, Planas, García Castany, Rubial, Diarte y Arrúa. 

   El 8 de Junio se había jugado el partido de ida y se obtuvo un magnífico empate (0-0). El partido de vuelta se jugó seis días después y un gol de Javier Planas nos dio el pase a semifinales.

Al final comienza un camino (FC Barcelona, 1 – Real Zaragoza, 0)


Confieso que me confesé antes del partido. Acudí a mi director espiritual y puse en sus manos todos mis temores, le conté los precipicios por los que temía despeñarme, le confié las dudas que se habían adueñado de mi petrificado corazón y compartí con él los monstruos que asaltaban mis inquietos sueños. Todo eso hice antes de que el Real Zaragoza se enfrentase al imperial FC Barcelona, ese despiadado coloso que cuenta sus batallas por demoledores triunfos y posee el colmillo mejor afilado de la Vía Láctea. Confieso que confesé antes de morir, pero anoche los dioses olían a tierra, despreciando al firmamento.

Javier Aguirre planteó un partido aglutinado, alejado de la audacia, despegado del balón. Optó por amurallar la portería propia, condenar los espacios y dinamitar cualquier circulación. Para ello dispuso un aguerrido contingente formado por cinco titanes armónicamente coordinados cuya única misión era abortar el tiralíneas blaugrana. Delante, le encomendó a los novatos Pinter y N’Daw que torpedeasen hasta la extenuación la primera línea de pase y les confió a Ander, Bertolo y Sinama la imposible misión de recorrer ochenta metros cada vez que consiguiésemos recuperar la bola para llevarla hasta el jardín de Valdés. ¡Ah! Y le pidió a Tonidoblas que detuviese todo lo que le llegase. Sobre el papel, descomunal cometido.

El partido se planteó en los términos imaginados. Con una posesión insultante, el FC Barcelona jugaba a lo que sabe, pero enfrente se encontró con una cohorte de legionarios curtidos en batallas no deseadas que fueron, poco a poco, erosionando la actuación blaugrana. Era una lucha desigual, como era previsto, dura y volcánica, una lucha de trinchera y escudo en la que el Real Zaragoza comenzó a sentirse cómodo conforme iban pasando los minutos y, ora la defensa, ora un grandioso Tonidoblas  construían un edificio que iba tomando forma en términos favorables. Las manoplas del andaluz echaban humo y los pechos de los jugadores ardían sinceros ante la avalancha local.

Hubo un gol en nuestra contra, pero fue anulado por fuera de juego, y el tiempo se encogía en un Nou Camp que recordaba el fantasma de un Inter de Milan que hace unos meses impidió, con las mismas armas, acceder a otra final europea. Mismas armas aunque no del todo, pues el Real Zaragoza no tiene arriba a Diego Milito para acabar de completar un éxito ni siquiera soñado. Hasta que apareció, por fin, el mago, el “númerouno”, el mejor. Leo Messi se llevó hasta tres defensas zaragocistas y dibujó un pase de la muerte que Lanzaro no acertó a taponar. La defensa mezcló mal y Keita, que pasaba por allí, metió un gol al borde del descanso que aliviaba, en cierto modo, al barcelonismo, pero que, curiosamente, no le hacía daño al zaragocismo, pues el trabajo había sido ingente y merecía nuestro aplauso.

La segunda parte no fue una simple continuación. Aguirre apostó fuerte y le dio un giro a la tuerca del equipo aportando la presencia de Uche. Eso lo hizo segundos después de que Bertolo dejase sin respiración al templo de la guapura mundial con un contraataque de libro que no culminó por centímetros. Habría sido la gloria, pero estábamos en que salió el nuevo ídolo de la Romareda que se acopló a su amigo Sinama para, entre los dos, construir una estrategia que atemperase el ímpetu de los de casa. Que, por cierto, seguían a lo suyo y se encontraban con lo mismo que antes. Disciplina, lucha feroz, esfuerzo común, eficacia en la defensa y un portero, Tonidoblas, que jugaba uno de los partidos de su vida.

Guardiola no lo veía claro y decidió jugar con lo que le faltaba: sacó a Villa, a Abidal y a Iniesta, pero no lograron cerrar su partido. El Real Zaragoza volvió a contar con otras dos estupendas ocasiones a la contra, sobre todo una de Sinama que habría sido el gol de su vida, pues hizo un control magnífico y la lástima fue el pie de Valdés, pero ciertamente el partido, tal y como estaba, cubría las expectativas de ambos con lo que estaba sucediendo. Tonidoblas seguía parando y se hacía digno sucesor de otros héroes zaragocistas que han dejado su impronta en el Nou Camp, como Eugenio Vitaller, que a principios de los ochenta protagonizó actuaciones prodigiosas. Y todos los demás, a los que tenemos que agradecerles que ayer dejasen su piel y su alma en el terreno catalán aun sabiendo que queda un largo y tortuoso camino por recorrer. Pero a su lado nos tendrán pues estos guerreros, nuestros héroes, son la única arma de que disponemos para mantener la vida acostada a la orilla del Ebro.

Calificaciones

Toni Doblas: 5. Grandioso partido de un portero que estuvo a todas y en todas, con paradas decisivas, decisiones adecuadas y actitud modélica.

Diogo: 3. Estuvo muy bien en la faceta defensiva, seguramente porque no tuvo que activar su lado ofensivo y eso le ayudó a centrarse en su labor.

Jarosik: 3. Acertó en casi todas sus acciones, si bien en ocasiones se embarulló en los despejes, tan importantes ayer.

Lanzaro: 3. Complementó perfectamente a sus compañeros y luchó con energía y valor. En su debe, quizás, su leve torpeza para interceptar el centro de Messi.

Da Silva: 3. Era difícil la papeleta, pues llegaba nuevo al grupo, pero se le notó su experiencia y su madurez. Aportó audacia y colocación y mostró sus argumentos.

Obradovic: 4. Tenía un trabajo complicadísimo pero lo asumió con valor y trabajó lo indecible. Supera a sus compañeros porque, además, trató de sacar el balón con criterio en circunstancias muy complicadas.

N’Daw: 3. Su fortaleza física ayer fue un buen argumento que aprovechó con dignidad. Sus choques con Piquer fueron vitales e, incluso, intentó la combinación, aportando algunos balones interesantes.

Pinter: 2. Quizás el más prescindible. En algunos momentos le perjudicó la intensidad del choque y no supo leer bien sus acciones. Sus compañeros le hicieron mejor.

Ander: 4. Dificilísimo trabajo el que tuvo que afrontar. Absolutamente solo en ese enorme territorio que abandonó el Real Zaragoza, su tarea consistía en recoger las sobras y dárselas a Sinama y Bertolo y, asombrosamente, lo consiguió en más de una ocasión.

Bertolo: 3: Muy activo en medio de la nada, sacó petróleo en más de una ocasión y fijó a la defensa como ni ellos mismos podían imaginar. Y la ocasión que se fabricó, magnífica.

Sinama: 4. Sorprendentemente en la segunda parte descubrimos a un Sinama atento, luchador, rápido y habilidoso que aportó intensidad al cho        que con sus desmarques y carreras y preocupó a la defensa barcelonista.

Uche: 3. Menos importante que frente al Bilbao, su presencia, sin embargo, pareció darle sentido a la vida de su compañero y amigo Sinama. Se presume imprescindible en este Real Zaragoza.

Jorge López: 3. Trabajó en los minutos finales en un escenario antipático y poco acogedor. Aun así, su presencia siempre es interesante y sí lo demostró en varias acciones que sirvieron para alimentar las carreras de Sinama y Uche.