La delgada línea azul (Real Zaragoza, 1 – Getafe, 2)


   Pocas veces el zaragocismo ha podido sentir el vacío de una forma tan radical como ayer en la Basílica. Del paraíso de la primera parte al infierno de la segunda mitad. De la deliciosa ambición de los primeros 45 minutos a la decepcionante incapacidad que nos regalaron tras el descanso. De la esperanzadora ilusión que impregnó a la afición blanquilla al metálico baño de realismo que nos inundó a última hora del día.

   El Real Zaragoza mostró una vitalista versión de sí mismo en la primera fase de un encuentro muy complejo. Ante un Getafe duro y mal encarado supo oponer una propuesta inteligente y sacrificada, con la presencia de Casado y Cani como novedades en la alineación. Desde el primer momento asumimos que iba a ser un choque tintado de jugadas poliédricas en el que habría que hacerlo todo muy bien si queríamos salir vivos. En un principio la idea asomaba por la esquina del riesgo controlado. Decidir que Cani se sumase a la causa para dotar al equipo de más control y mejores atribuciones ofensivas contrastaba con la necesidad de mantener un adecuado equilibrio defensivo, pues el Getafe se asomaba al balcón de Ratón con mucho descaro y mil ideas que desarrollar.

   Los acercamientos a ambas áreas se sucedieron sin rubor y los dos equipos disfrutaron de ocasiones de gol. Bien por la impericia de los delanteros, bien por las intervenciones de los porteros, el marcador no se movía, si bien la tensión se mantuvo a lo largo de la primera fase. Cani, Edu Bedia, Pombo y Lanzarote masticaban las combinaciones con cierta osadía sin descuidar las coberturas, tejiendo una inteligente malla que envolvía al centro del campo madrileño eficazmente.

   En medio de semejante fragor, surgió el talento y la sabiduría de Cani, que le regaló un pase de diamante al mejor delantero de la categoría. Ángel recibió el regalo y no quiso decepcionar a su rendida afición, así que cruzó eléctricamente el balón y batió a Alberto. Era un premio jugoso que alimentaba ilusiones quizás desmedidas pero, en todo caso, legítimas y estimulantes.

   Sin embargo, nada más comenzar la segunda parte ya se vio que el camino por recorrer iba a ser durísimo y extraordinariamente largo. Bordalás arengó a los suyos y les afiló el cuchillo con el que salieron al césped de la Romareda. No había pasado ni un minuto y el Getafe ya había enseñado sus armas, que eran muchas y de calidad. Buen manejo del balón, excelentes transiciones y adecuada ocupación de espacios. Para defender semejante ataque hacía falta una cohorte de jugadores dispuestos mentalmente y capaces físicamente, pero el Zaragoza no disponía de semejantes herramientas.

   En esas llegó el empate. Una jugada revoltosa muy mal resuelta por la zaga aragonesa dio con el balón en los pies de Molina que solo tuvo que ejecutar el gesto para batir a Ratón. El partido estaba basculando hacia la propuesta del Getafe, así que Láinez trató de solventar el problema sustituyendo a Cani por Javi Ros. Claramente se veía que nadie se conformaba con el empate, aunque los de Bordalás parecían mejor dispuestos. Y sucedió que el infortunio se alió con el Zaragoza. Un remate de cabeza de Fuster fue a dar al palo para luego rebotar en Ratón y entrar mansamente en la portería. Fue un duro golpe. Se escapaba claramente la victoria, pues las sensaciones físicas de los locales eran muy pobres.

   A ello había que añadir que algunos jugadores como Edu Bedia y Casado habían bajado sus prestaciones respecto del primer tiempo, por lo que Láinez hizo los cambios obligado por las circunstancias, no porque considerase que había alternativas tácticas que incorporar. Eso es un hándicap y en un equipo tan justo con tantos déficits no deja de ser un problema añadido si hay que remontar un marcador adverso. Desde ese momento hasta el final, ni la aparición de Samaras ni el empuje de la afición pudieron lograr siquiera el empate final. No diré que Ángel la tuvo en la última jugada, pues su error, con ser grave, no nubla en ningún momento su enorme trabajo y la importancia de su juego y sus goles.

   Derrota dura, pero al fin y al cabo nada extraña si atendemos a la trayectoria del equipo a lo largo de la temporada. Ciertamente el zaragocismo ha llegado a sentir el perfume de la promoción a lo largo de esta semana, sobre todo porque ilusionarse es humano y necesario, pero la crudeza de la realidad es mucho más fuerte que la fuerza de los sueños. Por lo menos de momento.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Gustó su trabajo, su tranquilidad y su valentía en algunos momentos.

Isaac: 2. Sigue en su línea de trabajo y constancia, aunque ayer estuvo menos profundo.

Silva: 2. Los dos goles se produjeron en remates cerca del área pequeña, su territorio.

José Enrique: 2. El mismo diagnóstico que para Silva, si bien ofrece detalles técnicos de altura.

Casado: 2. Mostró altibajos, alternando aciertos con errores de bulto.

Zapater: 4. Incansable, omnipresente y protagonista.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su déficit físico es un problema.

Cani: 4. Calidad, talento y compromiso.

Pombo: 3. Estuvo valiente, talentoso y presente.

Lanzarote: 3. Se muestra generoso, esforzado y con detalles de gran calidad.

Ángel: 4. De nuevo goleador y trabajador incansable. Aclamado por la afición.

Javi Ros: 3. Hizo un buen trabajo y entonó el centro del campo.

Samaras: 1. Está para pocos minutos a pesar de que tiene detalles de gran jugador.

Valentín: 2. Correcto en el corte y firme en la marca.

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Punto a la fuga (Getafe, 1 – Real Zaragoza, 0)


   fran_rodriguezUn gesto afortunado, una acción desdichada, una mala recepción, un pase defectuoso. El fútbol, en realidad, es un arte puntillista en el que no cabe la brocha gorda ni la melodía en tonos menores porque nos acostumbra a que no siempre la escultura más bella es la más valorada. 

   Algo de eso le ocurrió ayer al Real Zaragoza. Jugando una primera parte muy digna no fue capaz de confirmar sus intenciones, bien definidas con un planteamiento serio y una correcta ejecución en todas sus líneas. Si bien la alineación de Bagnack suscitó desde el primer momento justificadas dudas en el entorno zaragocista, la presencia de Fran y sobre todo Lanzarote, dudosa hasta cinco minutos antes del inicio, ayudó a calmar a la hinchada, que vio cómo Agné repetía prácticamente las piezas del partido ante el Mirandés, a excepción del cambio de Ángel por Juan Muñoz. Con esa idea, el choque ofrecía argumentos suficientes para esperar un combate igualado e interesante.

   Muy pronto disfrutó el Real Zaragoza de una magnífica ocasión en las botas de Ángel. Cani ejercía de maestro filtrador y uno de esos balones llegó a la posición del tinerfeño, que se plantó solo ante el portero madrileño, pero su chut no encontró la red. Fue un momento clave, pues el gol habría supuesto un duro golpe al Getafe. No fue, y eso ayudó a que las fuerzas se igualasen y presenciásemos un partido de poder a poder aunque con un dominio más acusado a favor de los aragoneses.

   Zapater trabajó mucho y bien, realizando tareas de contención junto a los centrales, como un quinto defensa con cierta vocación de salida de balón. Esta propuesta no siempre la cumplió correctamente, pero su trabajo fue el cemento que ayudó a sostener al equipo atrás. Eso afectó al centro del campo, donde Javi Ros no fue el compañero diligente de otras tardes, seguramente porque hubo mucha distancia entre él y Zapa y eso deshilachó un tanto el músculo central. Esa fue también la razón por la que Cani y sobre todo Lanza no enganchasen adecuadamente las jugadas de ataque, aunque no fue obstáculo para que Ángel recibiese hasta tres balones muy claros que no supo aprovechar. Es su cruz. Y la nuestra.

   Demasiado empeñado en resolver él solo, mostrando una cierta obsesión por el gol en una sucesión de malas decisiones. Ángel contra el mundo, Ángel esclavo de su individualismo. Si el Zaragoza hubiera aprovechado su buena ubicación, su nivel competitivo y su seriedad táctica, ese gol que no encontró habría sido suficiente para llevarse el partido, pues el Getafe jugó incómodo y en ningún momento encontró vías de progresión ni oportunidades para incomodar a Ratón.

   La segunda parte fue algo más equilibrada, con un equipo madrileño más parecido a sí mismo aunque nunca cerca del gol. El esquema era el mismo, aunque el Zaragoza perdió arriba el sentido vertical que había ejecutado en la primera mitad. Es verdad que sus jugadores principales no estuvieron a la altura de otros partidos, pero por otra parte algunos jugadores rayaron a gran altura. Dos de ellos fueron sus laterales, Fran y José Enrique. El primero está progresando a tal ritmo que apunta a convertirse en uno de los mejores de la categoría. Rápido, con sentido de la anticipación, atrevido, técnicamente bueno y con soluciones distintas a lo que vemos estos años, Fran es ese jugador que gana enteros a cada partido y que ofrece respuestas a muchas preguntas. Por la izquierda, José Enrique nos está convenciendo de que es, sin duda, el mejor lateral izquierdo de los últimos años y su presencia es, ahora mismo, capital para el equipo.

   El problema vino en el centro de la defensa. No es justo ponerle nombre y apellidos a una derrota, pero el penalti que cometió ayer Bagnack, que no lo es aunque se puede pitar, es una de esas acciones que dan argumentos a sus detractores y difícilmente podemos rebatir porque suponen un gol en contra. Amenaza con convertirse en tema sustancial de debate, pero poco ganamos ahora con gastar horas y horas en discutir sobre ello. Agné quiere ensanchar la plantilla y ganar para la causa a algunos jugadores. Lo que ocurre es que el Zaragoza no tiene tiempo y sí algunos interrogantes que responder. Mientras eso ocurre, el Getafe aprovechó su ocasión, convirtió en gol su única ocasión y se llevó los tres puntos.

   El Zaragoza no mereció perder, ha ganado en intensidad, compromiso e idea futbolística. Tampoco mereció ganar, pues los errores en esta categoría penalizan mucho, pero hay que mantener la calma y seguir en este camino, largo y tortuoso como ninguno para seguir aspirando a reconstruir un equipo que hace tres semanas estaba diluido en su desconfianza y hoy compite con todos.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Ratón: 3. No tuvo mucho trabajo y lo resolvió bien.

Fran: 4. Audaz, rápido y diligente.

Bagnack: 1. Está marcado por sus dos primeros partidos. El error del penalti le condena.

Cabrera: 3. Luchó y resolvió varias situaciones comprometidas.

José Enrique: 4. Versátil, talentoso y muy eficaz en su trabajo.

Zapater: 3.Hizo un gran trabajo defensivo, pero no manejó bien el balón.

Ros: 2. Lejos de Zapater se diluye su aportación.

Lanzarote: 1. Muy poco participativo y ajeno a la causa.

Cani: 3. Se vació, pero sus acciones no encontraron respuesta digna.

Edu García: 2. Menos activo, con algunos problemas para leer el juego.

Ángel: 2. Muy trabajador, no estuvo acertado en la resolución de las jugadas.

Barrera: 2. Correcto en su trabajo, aportó cierto equilibrio.

Pombo: 2. Buscó el balón y trató de combinar.

Juan Muñoz: 1. Salió tarde y no tuvo ocasión de contribuir.

 

 

Real Zaragoza: Primer escáner de los jugadores después del partido ante el Getafe


   goldeOrtíEl Real Zaragoza venció al Getafe y consiguió un año más el Trofeo “Ciudad de Zaragoza – Carlos Lapetra”. Las crónicas hablan de un partido aseado, con una buena propuesta futbolística y un planteamiento interesante por parte de Herrera y todo ello lo firmo. Fue un partido entretenido, con fases de juego dinámico y ágil y donde pudimos ver a unos jugadores animosos y dispuestos a cumplir las instrucciones de su mister.

   Unas instrucciones que nos llevan a un escenario distinto del que hemos vivido hasta hace muy poco. En una Romareda vacía, los pocos zaragocistas que nos dimos cita en la Basílica nos lo tomamos con calma y no demasiada exigencia, así que cualquier cosa que nos ofrecieran los muchachos nos parecía bien. Y eso hicieron. Y eso hicimos.

   Uno por uno, esto es lo que puedo escribir de los protagonistas. Leo Franco tuvo una actuación seria y profesional. Fernández es rápido y corre bien la banda en ambos sentidos, pero su jugada de ataque es siempre la misma. Álvaro está ausente y más pendiente del horizonte que del terrerno que hay que labrar. Paredes lo hizo lo mejor que pudo y tuvo de todo, como siempre. Abraham fue un puñal por la banda y lo veo muy zaragocista. Paglialunga nos dio varios detalles positivos, pero no da un pase bueno ni por ver morir. Cidoncha tiene clase y desparpajo, pero le falta poso. Barkero es el jefe y su clase y técnica son su mejor razón de ser. Luis García estuvo listo, veterano y talentoso. Montañés corró y dribló y dio juego es decir, muy bien. Roger tiene madera de delantero, pero tiene que ser más canalla. Victor es otro jugador, con más seguridad y ambición. Jorge Ortí marcó un golazo y tuvo detalles muy interesantes. Porcar aporta dribling y pase. Movilla es Movilla. Laguardia estuvo sereno y bien por alto.

   El equipo estuvo bien. correcto. Y ya.

Mi crónica: Getafe, 2 – Real Zaragoza, 0 (S’ha feito de nuey)


   834937_1bSi nos falta fe, si nos falta confianza, si nos falta creer es que no hay futuro. Si nos faltan jugadores que son importantes cada partido, si  partidos como el de hoy anulan encuentros como el de Málaga o Valencia es que no hay futuro. Y si lo que Manolojiménez propone como idea para abandonar el túnel es poner cojones es que no hay presente.

   El alma plana y seca que hoy ha mostrado el Real Zaragoza sobre el césped del estadio que hace unos meses acogió una de las jornadas más hondas que el zaragocismo haya vivido a lo largo de sus casi 81 años de vida es el reflejo de un cuerpo al que los gusanos del miedo están empezando a devorar. El partido ha sido horrendo y los jugadores han protagonizado un choque del que muy pocos párrafos futbolísticos podemos extraer. Desde el primer momento el Getafe, muy cómodo en su piel y encantado de haber conocido, ha sabido que ante él había un equipo sin ambición, sin ideales ni ideas y por eso se le ha dibujado al equipo del sur de Madrid una sonrisa entre sarcástica e incrédula que le ha acompañado a lo largo de los noventa y pico minutos. Tan sólo un par de disparos desde el borde del área de este chico, Rochina, que parece que en Inglaterra no tocó un balón en meses, ha aportado el equipo de Jiménez al choque, porque poco después Pedro León ha recogido un magistral pase y le ha dado la oportunidad a Colunga de que amartillase a su ex-equipo con un gol que ha cerrado el partido. Y sólo era el minuto 21.

   Ni asomo de reacción ni atisbo de fútbol por parte avispa. El centro del campo era una sala de máquinas sin maquinaria y la defensa un monumento a la mediocridad en el que Loovens desespera con su lentitud y sus escasos recursos técnicos y Sapunaru se ha convertido en una sombra con la marca de Transilvania. Todo ello, sumado a la ineficacia de Rochina y el embrollo que ha fabricado Montañés cada vez que ha pretendido desbordar por su banda a Miguel Torres, ha servido para construir un lienzo paupérrimo en el que apenas da para poder contemplar un Ecce Homo inacabado. Mientras el Getafe, sin hacer nada interesante salvo mover con agilidad sus peones, ha podido cerrar una primera parte fértil, el Real Zaragoza ha apagado las pocas velas gastadas y manchadas de cera sólida que le quedaban. Poca o nula esperanza hemos podido encontrar en nuestras mochilas y para la segunda entrega nos hemos dispuesto a esperar lo peor.

    Que ha llegado. El equipo zaragocista no ha despertado, la poca sangre que le quedaba se ha evaporado y para colmo de fatalidad, la mal suerte se ha presentado a la puerta de nuestros hogares para ofreceros sus servicios. Loovens, torpe e ineficaz durante todo el partido, ha sido expulsado por doble tarjeta amarilla, pero eso, con ser malo, no ha sido lo peor. De la falta consiguiente ha nacido un gol inesperado cuando el balón ha rebotado en la barrera y ha entrado ante la estupefacción de Alcolea. ¿Ha muerto el Real Zaragoza en ese momento? No, pues ya lo había hecho en el minuto uno. Ha seguido, eso sí, divagando, ofreciendo una propuesta holgazana y digna de un vagabundo que recurre a la sopa boba para subsistir. Ni los que estaban ni los no muy bien aceptados cambios de Manolojiménez han tenido capacidad para mantener vivo el partido. Ni tampoco cuando Pedro León ha sido expulsado o el árbitro ha invalidado un gol, el tercero, del Getafe. Nada ha sido y nada habría servido para recuperar el rumbo del grupo.

   El partido ha tenido un final lánguido, en el que han cabido bastantes minutos de la basura, tantos como más de 90, pues eso ha sido el partido: una escultura de basura, una sinfonía de detritus, un poema a  las cloacas, un fresco a la desidia. Ni un sólo minuto ha creído el equipo en sí mismo y aquellos jugadores que hasta hace poco habían sido símbolos de fe y madurez hoy nos han mostrado el lado lamentable de su interés por la vida. Y aquel entrenador que construyó el milagro más grande nunca concebido ha tenido que salir a la sala de prensa para explicar que lo que hacen falta ahora son cojones. No está mal como declaración de intenciones, pero se me ocurre pensar que también harán falta calidad y talento, ¿no? Porque si hay algo en lo que estamos todos los zaragcistas de acuerdo es en que a este equipo se le ha hecho de noche

CALIFICACIONES:

Alcolea: 2. No ha podido hacer nada en los goles y el reto del trabajo lo ha solventado eficazmente.

Sapunaru: 1. Muy alejado de las líneas de ataque del Getafe, se le ha visto descolocado y débil en el corte.

Loovens: 0 Lento, torpe y sin recursos, su absurda expulsión le ha hecho daño al equipo.

Abraham: 1. El primer gol ha venido por su banda, cuando no ha sabido defenderla bien.

Álvaro: 3. Bien en tareas defensivas y valiente a la hora de salir con el balón controlado.

José Mari: 2. Ha tenido momentos de fortaleza que ha combinado con instantes de debilidad y nerviosismo.

Movilla: 2. No juega a gusto en la ubicación que le proporciona Jiménez. Ha sido sacrificado y su hueco se ha notado.

Babovic: 1. Caracoleador y superficial, su patrón se ha perdido en los amagos y los pases cortos.

Montañés: 2. Ha empezado activo y dinámico buscando al contrario y tratando de abrir líneas de pase interesantes, pero se ha embarullado excesivamente.

Rochina: 2. Tiene una gran calidad individual, pero no aporta espíritu de grupo. Casi siempre ha elegido mal entre sus opciones.

Postiga: 2. Muy luchador y muy aislado. Ninguno de sus inverosímiles remates ha llegado a la portería de Moyá.

Víctor: 1. Muy aislado y pegado a la línea de banda, casi nunca ha encontrado huecos por los que progresar.

Edu Oriol 1. No ha participado mucho en el juego y su presencia pasa inadvertida hasta para sus compañeros. 

Fernández: 1. Ha salido demasiado tarde. Sus carreras han demostrado que podía ofrecer frescura, pero ha salido muy tarde.

Real Zaragoza, 0 – Getafe, 1 (Nadie es mejor que nadie)


   Pues bien. Recojamos nuestras armas y bagages y dediquémosle una última mirada al campo de batalla en el que yacen nuestros guerreros, exhaustos. Busquemos el horizonte hacia el que deberemos dirigir nuestros pasos y roguemos por que la ira que nos consume no impida que podamos vislumbrar la salida, hoy negra y oculta por las heridas recibidas.

   Manolojiménez resumió con apesadumbrada voz lo que ayer sentía el zaragocismo. “Hay que levantarse, aunque nos cueste, porque el Real Zaragoza es lo más importante. Porque por encima del Real Zaragoza sólo está la Virgen del Pilar”. ¿Hay mejor titular? ¿Quedan palabras más ciertas en el diccionario? Pues eso es lo que La Basílica expresó ayer al final del partido con esa cerrada ovación a sus jugadores, reunidos en el centro del campo para firmar una comunión que, por lo visto, va a hacer falta reactivar.

   Jiménez planteó un partido valiente, ofensivo. Quería ganar porque necesitaba ganar, así que le pidió a Aranda que se dispusiese a participar desde el principio. Para eso tuvo que dejar a un mediocentro en la banqueta y optó por Apoño, dándole así una nueva oportunidad a Romaric, su jugador estandarte. Que no le defraudó, una vez más. Con una entrada desafortunada le pidió a gritos a Muñiz, un árbitro que nos hizo recordar al peor Segrelles, que ya es recordar, que le enseñase por dónde se va a la ducha. Y eso cuando sólo llevábamos ocho minutos de partido. A la basura toda la semana; a la basura la idea de partido; a la basura toda la basura.

   Cambio de guión. ¿Movilla por Montañés? ¡No! Movilla por Víctor. Cambio motivado por los galones, sin duda. La Romareda desaprobó la decisión, pero de nada sirvió, así que a jugar. El partido entró en una fase negra, de alambre, en la que las piernas de los jugadores se enredaban en los cuerpos contrarios. Golpes, agarrones, empujones. De esa situación se fue saliendo poco a poco y el que mejor la aprovechó fue el equipo aragonés, que se hizo con el balón pese a jugar con diez.

   El derroche físico estaba siendo muy importante pero la claridad futbolística de Movilla era el mejor argumento para seguir en la pelea, hasta tal punto que Postiga disfrutó de una muy buena ocasión que no cerró e incluso el propio ovilla se atrevió con un chut lejano aunque sin peligro. A esa buena imagen contribuyeron también Josémari y Aranda, el primero barriendo los Monegros con su impresionante despliegue físico, y Aranda agitando las arboledas en una lucha sin cuartel de la que salió siempre vencedor. Mientras tanto, el Getafe, flácido y sin ambición, jugaba a no jugar y esperaba que el contrario se cayese por desgaste y surgiese alguna ocasión propicia que le acercase la victoria.

   Y eso sucedería. Sucedería porque el árbitro lo quiso. Si en la primera parte animó el cotarro con su parcial interpretación del partido, en la segunda lo remataría con una sucesión de decisiones inequívocamente perjudiciales para los intereses del Real Zaragoza. Y le daría carta de naturaleza a su mal trabajo señalando penalty y expulsión de Álvaro en el minuto 18. La bronca fue monumental, pues la afición estalló indignada ante lo que consideró un atropello inadmisible. De nada sirvió y Diego Castro ejecutó el castigo consiguiendo un inmerecido gol que le supondría la victoria al equipo madrileño.

   Con nueve, muertos por el desgaste y hundidos moralmente por la persecución arbitral de un profesional inepto y soberbio en su mediocridad, el partido se puso de cara para los forasteros, que dispusieron de varias ocasiones que no concretaron, algunas de ellas dignas de aquel buen chico sudamericano que las fallaba con la puerta vacía o se caía en su presentación. O también porque Roberto solucionaba los balones que le llegaban con la solvencia que le caracteriza.

   Poco antes de acabar, apelando a la Historia, implorando a la Virgen del Pilar que nos echase una mano, Postiga pudo haber empatado, pero su cabezazo de nuevo fue detenido por un buen Moyá, acabando así con la ilusión de los zaragocistas. Y recordándonos de dónde venimos y a dónde puede que volvamos a ir.

   Llega ahora el peor de los escenarios. Llega el maldito parón que tanto daño hace si tus heridas sangran en abundancia y no sabemos si tenemos con qué cortar la hemorragia. Ahí le queda eso a Manolojiménez. Ahí le queda eso a los jugadores. Ahí nos queda eso, amigos.

CALIFICACIONES

Roberto: 4. Muy bien. Resolvió magníficamente todos los balones con los que tuvo que discutir y casi detiene el penalty.

Sapunaru: 4. Estuvo luchador, eficaz y contundente. Y está ganando enteros como eficaz pivote en la estrategia.

Paredes: 4. Ayer fue un central rápido y muy bien ubicado. Son sus mejores virtudes y las explotó con madurez.

Álvaro: 3. Empezó lento y casi nos cuesta un gol, pero se reactivó y jugó un partido muy inteligente. No hizo penalty y fue injustamente expulsado. 

Abraham: 3. Sacrificado y mejor asentado, volvió a cumplir bien en tareas de despliegue por la banda.

José Mari: 5. Hizo un gran partido. Le tocó jugar, de nuevo, por dos, pero esta vez de verdad y está demostrando que su trabajo, hoy, es fundamental para el equipo.

Romaric: S.C. ¿O le ponemos un cero por su inadecuada acción?

Movilla: 5. Inmenso. Conquistó el centro el campo y se quedó con él. No hubo balón que asomar la nariz por allí que no acabase en sus botas. Su clarividencia es un diamante en este grupo.

Víctor Rodríguez: S.C.

Montañés: 2. Se cerró demasiado en la banda, de la que no supo salir cuando sus balones eran necesarios en el área.

Aranda: 4. Luchó, sujetó a la defensa, los encaró…Se los llevó de calle, vaya. Fue un jugador vital para mantener la tensión en el grupo y su presencia hace mejores a sus compañeros.

Postiga: 3. Consiguió llegar con más opciones a los remates gracias a los aclarados de Aranda. Lástima su falta de vehemencia a la hora de definir. 

Zucculini: 3. Lo dio todo. Se vació, luchó, se incorporó al ataque, chutó a puerta…Le falta concretar su propuesta.

Apoño: 3. Su presencia junto a Movilla fue una buena noticia. Mezclan bien, se siente libre y aporta muchas cosas en ataque.

Real Zaragoza: “Crónica. Real Zaragoza, 1 – Getafe, 1”


El Real Zaragoza empató (1 – 1) frente al Getafe en partido correspondiente a la 12ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. El gol lo consiguió Bertolo.

“Quiero un equipo que se juegue la vida”. Esta frase fue la tarjeta de presentación de Javier Aguirre horas antes del choque que debía disputar el equipo aragonés frente al de Getafe. Y, en efecto, el equipo se jugó la vida. Y casi la pierde. En un choque en el que nadie llevaba brújula, en el que no había capitán que pudiese aportar dos órdenes razonable seguidas, en el que ni el contramestre ni el timonel eran capaces de ver nada entre la espesa niebla que cubre este Campeonato, pudimos rescatar un punto de la nada, un punto que encontramos en medio de unos rocosos islotes en los que casi embarrancamos y de los que nos costó un mundo salir.

El partido comenzó con la fuerza que la desesperación le otorgó al Getafe. En apenas cinco mintuso crearon dos magníficas ocasiones que no fueron convertidas gracias a la eficacia de nuestro portero y a su falta de acierto. El equipo del sur de Madrid llegaba con genio, intención y claridad y nuestra defensa, desordenada y nerviosa, achicaba balones como podía y en ningún momento el equipo se hizo con el control del balón. El lateral izquierdo era una autopista al infierno y por ella circulaban los jugadores azulones con mucho peligro y para completar el fresco que pintaban con trazos inseguros nuestros muchachos, Jarosik y Contini demostraban que no son, ni de lejos, los imperiales defensores que la temporada pasada elevaron la retaguardia a una categoría como hacía tiempo no gozábamos.

Se lesionó Obradovic y entró Paredes. El Jabalí vio la luz del sol en plena noche y se aprestó a demostrar que es un juugador válido para el equipo. Lo logró en cierto modo y su aportación en algo contribuyó a que , en un despeje a lo Agustina de Aragón llegase un balón suelto a la línea de tres cuartos getafense, Codina hiciese una salida digna de un partido entre solteros y casados y Bertolo, avispado y resuelto, lograse convertir un gol que, en medio de la tormenta, nos supo a gloria.

Los cielos se abrieron y vivimos unos minutos de dominio que no supimos aprovechar. El Getafe se descompuso y nos hicimos con la pelota, pero ya. No estamos para más fiestas y es ahí donde mostramos nuestra desnudez, nuestro vacío creativo, nuestra falsa verdad. Y si a eso le sumamos la desastrosa actuación del árbitro, que no señaló un penalty clamoroso a Lafita y no advirtió la agresión de Boateng a Contini, que ya es el mundo al revés, obtendremos una clara fotografía de la primera parte. Se tuvo el partido pero lo perdimos en el camino.

La segunda parte comenzó con otro ataque frontal y vehemente del Getafe, con remate al larguero incluido, que dio sus frutos a los pocos minutos cuando Teixeira pitó un penalty en contra que no fue. Esto supuso que Colunga convirtiese el gol que tanto había buscado y que, caballerosamente, no celebró y que Ponzio se llevase la primera amarilla que, a la postre, supondría su condena, cuando a los pocos minutos recibiese una segunda, injusta y áspera, que le envió a la ducha. Exasperante el colegiado. Y determinante.

El Real Zaragoza sostuvo el choque a base de esfuerzo, voluntad y sudor, fundamentalmente porque no tiene otros argumentos dignos de atención. O, en todo caso, dispone de una nueva herramienta que ayer puso en práctica, el contraataque, pero que no supo ejecutar adecuadamente. En varias ocasiones se plantaron nuestros muchachos ante Codina, pero les falta tanta dinamita, hay tan poca mecha, escasea tanto el fuego cruzado que así es imposible completar cada partido el reto que la Historia nos encomienda. Sinama y Lafita fallaron dos excelentes ocasiones y ahí le mostramos al mundo quiénes somos.

Los últimos minutos fueron agónicos, con un Getafe volcado y un partido despedazado por las urgencias, que en otras circunstancias habríamos cerrado con cualquiera de esos dos contraataques que desperdiciamos en las botas de Braulio y de Gabi, pero que hoy no son sino lastimeras bocanadas de un cuerpo que busca desesperadamente el aire que nos sigue faltando. Y eso, desde luego, lo vio Javier Aguirre, que en la rueda de prensa mostró un semblante serio y delator de un pensamiento que, me temo, está más cerca del “¡Virgen de Guadalupe! ¡Ayúdanos!” que del “Yes, we can!”. ¿O no?

Mi crónica del partido: Getafe, 0 – Real Zaragoza, 2 (Todo lo que vale es mi horizonte abierto)


   Ya está. Ya se asoma el futuro ante nuestras limpias miradas. Ya nuestra fuerza de espíritu ha clausurado los espacios que antes eran abismo y Hades. Y las olas, amorosas y fértiles, acarician la espalda de este cuerpo azul y blanco que, feliz, avanza y pleno y vivo con el amor de la vida rociando los minutos de las miles de gargantas fecundas. Ayer escribimos la oración más bella, los versos más amados mientras los guerreros recogen los restos de vida que dibujan el paisaje de la victoria.

   Ayer el Real Zaragoza conquistó el derecho a pasar a la Historia. Nunca antes un equipo había destrozado un espectro tan fornido y firme como el que atenazaba nuestro futuro hace apenas unas semanas, pero un trabajo impecablemente ejecutado por Manolo Jiménez y una fe metálica que ha llevado a los chicos a ganar todo lo que tenían que ganar han permitido que hoy estemos hablando de Primera División y de un mañana posible. El Real Zaragoza y una afición que debería ostentar el honor de ser Pregonera de las Fiestas del Pilar, mérito más que ganado a fuerza de coraje, comunión indestructible y  vigor espiritual.

   El partido de ayer quedará en los corazones blanquiazules y nada ni nadie conseguirá arrancarlo de la memoria histórica del zaragocismo, de Zaragoza, de Aragón. En muy pocas ocasiones se pudo vivir la intensidad de un final que en varios momentos, confieso, vimos peligrar. Sobre todo cuando a falta de diez minutos, con uno a cero a favor, el Getafe con ocho y nosotros con diez, la atonía del grupo invitaba a los locales a matarnos en cualquier contra. Como así pudo ocurrir, cuando Güiza pudo rematar completamente solo, en una falta horriblemente defendida, y provocar un cataclismo en el alma zaragocista. Afortunadamente su chut salió desviado, como si un imán atrajese al cielo getafeño un balón que llevaba la muesca del gol grabada en el cuero.

   No queremos ni pensar qué podría haber ocurrido. Ni podemos, tal es el dolor que podría haber supuesto el empate, pero anoche no estaba de Dios que el Real Zaragoza no venciese. A pesar de una primera parte ahíta de balones muertos y pases secos, de fútbol horizontal y miradas huidizas. A pesar de quedarse el equipo de Luis García con un jugador menos después de una desafortunada acción de Sarabia, que se atrevió a aplaudir con mofa y befa la tarjeta amarilla que le acababa de sacar Teixeira Vitienes. En varias ocasiones se acercó el equipo avispa a los territorios fláccidamente defendidos por los madrileños, pero todos los chuts se hicieron con una timidez y una discreción dignas de mejores empresas, mientras que el Getafe jugaba a no jugar y de vez en cuando, como para lavarse la cara a sí mismo, ejecutaba alguna entrada durísima o empleaba cierto grado de dureza futbolística no muy bien explicada. Aun así, en el minuto 45 Álvarez dispuso de una oportunidad muy clara, pero su disparo se dobló hacia afuera y salió a un palmo del poste derecho de Moyá. Y cerocero.

  Durante el descanso debió vivirse una situación de profunda reactivación mental. Nos imaginamos a Manolojiménez abrazando a sus jugadores, mimando a cada uno de los soldados y tirando de gimnasia mental para procurar una actitud más positiva. Las dos velocidades que todos veíamos que era necesario meterle al partido, vamos. Y empleó un cambio, el de Luis García, veterano y avezado jugador que ya había vivido varias situaciones como ésta, la más sangrante la del partido en que el Espanyol se salvó con un gol de Corominas, por un Zuculini que ayer no podía imprimirle al centro del campo la energía habitual en él. Con ello se pudo lograr una mayor frescura y claridad ofensiva, una mayor movilidad, un viento más nítido y atrevido. No era demasiado, pero sí fue suficiente para que en el minuto 57 Postiga se incrustase entre los dos defensas centrales, se escorase a la izquierda y enviase un balón blandito al centro del área pequeña para que Miguel Torres entorpeciera la trayectoria con la mano. Era penalty, era expulsión, era el Cielo, que ya no podía esperar.

   Apoño, que ayer jugó un partido grande, en su papel de general sabio y entregado, armó su pierna derecha y colocó el balón en el palo derecho. Gol y explosión de júbilo, paroxismo, exaltación de la amistad. Pero miedo. Porque el que puede morir, sabe que puede morir. Por eso, El Real Zaragoza comenzó un partido hueco, paralítico. Se empeñó en sumergirse en un juego de contención, de tuyamía y no me la pierdas que perdemos. Un error provocado por el pánico, por la agonía de un equipo que ha vivido todo el año en la negrura del descenso y que sabía que un gol, un miserable gol del Getafe, le metía en descenso con muy poco margen para la recuperación. Así que a jugar a la taba.

   Pasaban los minutos y la tiritona mental empezó a apoderarse de todos. Y el partido se trabó, se empeñó en presentar la bofetada como único argumento, lo que provocó la expulsión de Duijmovic y Miku. Ocho para diez. Aunque lo peor ya había pasado. El susto. La tragedia que estuvo a punto de consumarse. Esa de la que habábamos antes. Ese error, bendito error, cometido por Güiza y que pronto olvidará el zaragocismo, porque la memoria es amable y estamos muy necesitados de recuerdos amables. Y de héroes.

   Las crónicas hablarán del excelente trabajo de Manolojiménez, de su magnífica labor, de la epopeya protagonizada por el equipo. Y todo eso es verdad. Grandiosa verdad. Mas aquí pondremos sobre el altar del zaragocismo a la afición, la que se lo merece todo, la que se merece pregonarle a la Virgen del Pilar, la que ayer rompió a llorar exhausta después de un titánico esfuerzo que sólo la Historia valorará en su justa medida, que sólo el Corazón del León, ese que siempre vuelve, sabrá apreciar con equidad. Mientras eso llega, aquí queda esta última crónica de la Temporada 2011-2012, la que quedará para siempre moldeada con letras de nácar blanco y oro azul en el Libro de las Leyendas.

CALIFICACIONES

Roberto: 3. La calma fue su compañera. El mejor jugador zaragocista de la temporada se lo merecía.

Álvarez: 3. Muy motivado y trabajador, corrió con zapatos de tacón. Su fallo ante el gol fue fruto de la ansiedad.

Da Silva: 3. Ayer dio una lección de veteranía. Muy sereno y atento, leyó muy bien el partido.

Paredes: 4. Aunque no era partido para lucirse, no sólo controló en defensa sino que salió con jerarquía, poniendo balones a la delantera que podían haber sido mejor aprovechados.

Abraham: 2. Le tocó defender al mejor, Pedro León. Se le vio un tanto inseguro, aunque no le perdió la cara al partido.

Zuculini: 1. No estuvo bien. Le pudo la responsabilidad. El centro del campo estuvo mortecino sin su energía.

Micael: 2. Ayer no fue el jugador talentoso y técnico que ha demostrado ser. No aportó mando ni gobierno.

Edu Oriol: 1. Ayer se le notó fatigado, mental y físicamente. No consiguió desbordar y sus intervenciones fueron confusas.

Apoño: 4. Fue el comandante del equipo. Sobre todo en la segunda pare, cuando con la entrada de Luis García encontró un compañero que supo interpretar sus pases y su manejo del tiempo.

Lafita: 4. Grandioso, responsable, líder. Levantó el partido cuando ya no había luz en la noche. Muchas ganas y todo el empeño por salvar a su Real Zaragoza, nuestro Real Zaragoza.

Hélder Postiga: 4. Provocar un penalty y lograr el segundo gol son argumentos de gran importancia para darle el galardón al jugador decisivo del partido. Pudo con los dos centrales.

Luis García: 3. Le dio al equipo la electricidad necesaria para reactivar un cuerpo cansado y un alma apagada. Su trabajo por la banda y su veteranía, cruciales.

Duijmovic: S.C.

Barrera: S.C.