Vídeo: Sevilla, 1 – Real Zaragoza, 2 (Temp. 1995-1996)


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La inclemencia del corazón herido (Sevilla F.C., 5 – Real ZGZ, 0)


(por Juan Antonio Pérez Bello)

El Real Zaragoza cayó derrotado ayer frente al Sevilla por un contundente, sonrojante y humillante 5 – 0. En un partido cruelmente dominado por el equipo andaluz de principio a fin, nuestros jugadores no supieron ni pudieron afrontar con la fortaleza de ánimo suficiente uno de los partidos más importantes que nos quedaban por jugar.

Escribo estas palabras seguro como estoy de lo innecesario que es hablar del encuentro. Fue una lección de fútbol de un equipo con una extraordinaria preparacíón física, con unos conceptos adquiridos de una claridad apabullante, con una poderosa preparación psicológica, con una calidad técnica fuera de toda duda y con una confianza en las propias posibilidades propias de un grupo deportivo con objetivos, metodología y procedimientos. Vamos, lo que ahora se da en llamar “competencias básicas”.

Enfrente, el Real Zaragoza. Es decir, todo lo contrario. Pero quiero explicarlo. El equipo aragonés posee calidad técnica y eso no lo discute nadie, sobre todo en delantera y en la apartado “killer”, léase goleadores. Sin embargo, muestra un gran vacío físico en algunos jugadores, una endeble formación psicológica, una gran confusión conceptual y, quizás lo más importante, una inexistente confianza en sus posibilidades. El deporte, el fútbol, es físico y técnica, pero también mente, alma, corazón. Y eso, ahora y desde hace bastantes meses, no habita en las mochilas de nuestros jugadores.

Es un grupo inseguro, agotado por las muchas vicisitudes que han y hemos vivido desde el verano hasta hoy, exhausto por todo lo que les ha y nos ha pasado. Inerme, incluso. Es un grupo fuera de sí, desorientado y, lo que es peor, indolente. ¿Quiere esto decir que no hay solución? Hum…¿Quiere esto decir que ya no hay explicación? Hum… Creo que lo que esto quiere decir es que huele a azufre, que el calor de las calderas del averno comienza a dejarse notar, que las tinieblas han empezado a adueñarse de nuestras débiles candelas. Ya no hay luz, ni ilusión, ni espíritu. Ya no hay orgullo en los pechos de nuestrs jugadores y eso, estimado lector, sí que duele.

He tenido el capricho de consultar la prensa sevillana y me he encontrado esto:

Después, he abierto las ventanas de nuestras publicaciones locales y el destino me ha ofrecido “esto otro”:

Edificante, ¿no? Para ilusionar, ¿a que sí? Pues eso. Y para acabar, una última reflexión. La afición zaragocista, ese inmenso cuerpo y alma blanquiazul que cada día, cada hora, cada segundo palpita por el león y su Historia, no se merece esto. No nos lo merecemos. Y alguien tendrá que decírselo a los jugadores, al cuerpo técnico, a los dirigentes y hasta a los focos de La Romareda. Espero, casi exijo, una comparecencia pública de los capitanes del equipo dando explicaciones, jurando que se van a dejar la piel por darnos la inmensa alegría de verlos morir por el Real Zaragoza y ruego a quienes ahora mismo estén tentados de pronunciar las palabras fatídicas (“esto ya lo dije yo”, “se veía venir”, “yo ya lo sabía”) se abstengan de hacerlo y se remanguen las venas, que nos va a hacer falta la sangre de todos para sobrevivir. Y no está barato.

P.S.: Sólo como detalle estadístico. En la primera vuelta, en los cinco partidos que el Real Zaragoza se enfrentó al Sevilla, Levante, Alético de Madrid, Villarreal y Almería, se obtuvieron 12 puntos de 15 posibles.

Vídeo: Real Zaragoza, 2 – Sevilla F.C., 0


Los amigos de aupazaragoza.com nos ofrecen la posibilidad de ver el resumen del partido entre el Real Zaragoza y el Sevilla FC, correspondiente a la 6ª jornada del Campeonato de Liga, 2007-2008, y que finalizó con el resultado de 2 – 0.

Para ver los vídeos en línea, pincha aquí con el botón izquierdo del ratón y aguarda a que se descarguen. Para bajarlos a tu ordenador, pincha sobre el enlace con el botón derecho y selecciona la opción “Guardar destino como…”

A veces tú, siempre nosotros. El triunfo del tesón. (Real Zaragoza, 2 – Sevilla F. C., 0)


(por Juan Antonio Pérez Bello)

 Decidimos salir del entorno familiar para ver el Real Zaragoza – Sevilla. Buscamos un lugar con encanto y nos regalamos una merienda con cierto perfume y un breve toque de distinción. “Así, por lo menos, distraeremos la decepción y animaremos la desesperación. Lo digo por si acaso a éstos les da por copiarse a sí mismos y repetir lo del miércoles”, dice mi hermano a quien tanto debo y junto a quien he compartido mis últimas horas y desvelos.

 Comenzó el partido y en seguida supe que todos los que compartíamos mesa y dudas estábamos dispuestos a secarles el sudor a nuestros jugadores y reparar su sed ganada a base de fuerza, furia y corazón. Esa sería nuestra primera y casi única vocación, además de poder contemplar en sus pupilas la sangre de la fiereza y el nervio endurecido por el orgullo. Y algo de eso pudimos empezar a notar a los pocos minutos de iniciado el duelo. Si el domingo pasado ante Osasuna apelamos a la necesidad del trueno, no podíamos comenzar mejor. Nuestros jugadores, algo torpes, sí, se movían por el campo con ganas y hasta cierto orden y eso era una buena noticia. El Sevilla dominaba, se enseñoreaba del cortijo ajeno y señalaba los límites entre un equipo hecho, crecido y cansado de seducir doncellas apuradas y otro ajeno a las mieles de los títulos pero hermoso en su cara y su cuerpo. La experiencia de César y el crecimiento sostenido de dos veteranos defensas, Sergio y Charlie Cuartero, la pelea seca y ventosa de Zapater, la fina y delgada ambición de Gabi, el crujiente destello inacabado de Aimar y la torcida pugna de Diego y Ricardo lograban sostener el encuentro en términos decentes.

El Sevilla atacaba, sujetaba, dominaba; habría sido capaz de separar las aguas del Mar Rojo si hubiera sido preciso y levantar dos nuevas Torres Gemelas si hoy fuese septiembre de 2006. Pero no, hoy la portería se movía, el balón huía de la red blanquiazul y el cielo parecía atraer los anhelos sevillistas para que que de ninguna manera se completara el grito del gol. Llegó el descanso, la flota zaragocista se mantenía a duras penas zarandeada por los oleajes sevillistas y nuestros soldados se lamían las heridas mientras miles de manos secaban el agua sucia de sus pieles y elevaba plegarias para repetir esta primera parte.

La segunda parte el general de impecable estampa (pocos entrenadores tan elegantes recorren las bandas de nuestros estadios) decidió algunos cambios y llamó al más inquietante de sus jugadores, al más diagonal de sus futbolistas, a aquel cuyos hombros tensan el más furibundo de los gestos. D’Alessandro muestra excelencia y decepciona; ofrece arte y exaspera; surca los caminos del talento y pinta los senderos con la torpeza. Andrés es necesario, Andrés no hace falta; Andrés nos hace grandes, Andrés nos hace vulgares. Andrés D’Alessandro. Pero ayer nació de la ira, agarró el balón, engañó a la mediocridad y marcó un gol que vale una vida. Rompió la noche con precisión y desató la alegría allí donde no había sino miedo, pelea, sufrimiento y trabajo. Pero eso, me temo, es lo que tiene que ser un equipo, el nuestro. Cuando hayamos quemado las chabolas de la presunción y construido casas de esfuerzo, estaremos en disposición de ganarnos el pan.

Después, ya lo sabemos. Abrió la puerta del atrevimiento y pisó el césped del coliseo el eterno buscador de cabellos imposibes, que degustó la ovación de La Romareda poque sabia es y quiere reconocer el trabajo y la clase. En seguida le acompañó el caballero de la insolencia, el gentilhombre castellano al que, parece, nadie en el reino del dragón ha sabido entender. Hoy eso no es debate, pero es menester decir que actuó en dos jugadas y estuvo sublime. Ambos, Sergio y Óscar, firmaron la pintura que bien podría adornar las paredes de nuestra Expo futbolística. “La carga de los Mamelucos” me va bien. El Sevilla, el equipo galán, el grupo más bello de la Feria, digno de salir por la Puerta del Príncipe a hombros de la afición más admirada y vitoreada (himno y eso), cayó del caballo en plena Puerta del Carmen. A mí, qué quieres que te diga, amable lector: me supo a miel conocida y deseo completado. Por eso, mi aplauso y mi apoyo.

Crónicas Real Zaragoza, 2 – Sevilla F.C., 0


“Renacido” (Diario EQUIPO), por Juan Pablo Montaner

“El contraanálisis” (Diario EQUIPO), por Pedro Bellido

“El Zaragoza se encuentra” (Diario EQUIPO), por Ignacio Martín

“Balón de oxígeno” (EQUIPO), por Javier Lafuente

“Oro en el banco” (El Periódico de Aragón), por Alfonso Hernández

“D’Alessandro pasaporta a un Sevilla sin puntería” (Diario AS), por Mario Ornat

“El Sevilla perdona y se ahoga” (Marca), por Delfín Melero

Actualidad: 24 de Septiembre de 2007


El Zaragoza da la primera alegría a su afición (2-1) , por Enrique Abenia (Heraldo de Aragón)

Víctor Fernández: “La victoria es un premio a la actitud” (Heraldo de Aragón)

¿Lío de posiciones o riqueza táctica?, por Paco Giménez (Heraldo de Aragón)