¿Nos falta rango o nos sobra Ranko? (Real Zaragoza, 1 – Sporting, 1)


   PedroEl Real Zaragoza vive instalado en la indefinición y la flaccidez futbolística. Mal gobernado por un entrenador  desorientado y locuaz, desinflado psicológicamente y debilitado futbolísticamente, la afición no sabe a qué atenerse. No sabemos si anclarnos a la miseria de la que venimos y que justifica que, sencillamente, estemos vivos o exigir algo más que seguir respirando, que ya es la hora de dar un paso adelante y creernos que somos capaces de creer.

El partido de hoy ha sido un copia/pega de los tiempos podridos que nos acompañan. Es verdad que con una alineación que pretendía ajustar la fortaleza en el medio campo el equipo ganó en seguridad en la cobertura y que los pocos balones que llegaban al Territorio Alcolea eran bien gestionados por Cabrera y, sobre todo, por Vallejo, que nos regalaba una actuación modélica, perfumada de futuro y leyenda, pero arriba las jugadas parecían jugarse con balones medicinales de cinco kilos. Las líneas de pase aparecían borradas pro el viento de la impericia y la desidia gobernaba cualquier deseo de abiordar la bien armada Línea Maginot del Sporting. Pobres argumentos, en fin.

   En cualquier caso como este grupo posee talento dispuso de hasta tres ocasiones de gol, mal resueltas, es verdad, pero ocasiones al cabo. La más clara, un balón elíptico que Pedro dirigió con intención pero que solo recibió el premio de saberse amigo del larguero contrario. Habría sido un buen premio al interés del mediapunta zaragocista, que ayer sí cerró una actuación voluntariosa y energética.

   El centro del campo contaba con tres buenos jugadores, pero ni Dorca ni, sobre todo, Galarreta pudieron aportar capacidad de gobierno. Insa, sí. Insa ajustó su capacidad e lucha y su amplitud de pugna para contrarrestar a una medular roja que ofrecía resistencia y calidad. Esa quizás fue la clave de la primera parte, la llave de un empate que dimos por bueno habida cuenta la entidad del rival.

   Sin embargo llegó la segunda parte, el momento basura al que nos está mal acostumbrando el equipo de Popo. Salió Lolo por Galarreta y todo se rompió. Hizo bueno al vasco y la línea central del grupo notó el bajón físico de Insa. Todo apuntaba a sufrimiento cuando, de repente, un centro de Pedro tras jugada de estrategia lo remató Dorca en gesto difícil para lograr el 1-0. Gran alegría en la Basílica, que veía que los suyos se adelantaban y pintaban un nuevo escenario. Y gran decepción un minuto después, cuando Isma López recogía un despeje fláccido de Alcolea para empatar. Fue durísimo el golpe y todos lo acusamos: jugadores, técnicos y afición.

   El Sporting metió una marcha más y un poco después a punto estuvo de sentenciar. El balón dio en el palo y luego en el brazo de Fernández, en regalo arbitral para olvidar, dibujando así una jugada que pudo haber sido la tierra que cubriese la tumba zaragocista. No fue así, y además recibimos buenas noticias con la expulsión del sportinguista Álex Menéndez. La circunstancia pudo aprovecharla Borja Bastón con un buen remate de cabeza que salió fuera por poco, aunque ahí se acabó todo. Popo le pidió a Willian que saliese a reforzar el ataque pero su juego fue lamentable. Antes al contrario, los de Abelardop se adueñaron del partido y acabaron acorralando al Real Zaragoza, que vivió unos últimos minutos agónicos y vergonzosos.

   La actitud, pobre, la intensidad, misérrima, el deseo, muerto. Y el entrenador metiendo el dedo en el ojo del grupo en la rueda de prensa posterior. Esta película tiene un guión inacabado que nadie parece ser capaz de cerrar. No, al menos, este director y estos actores.

CALIFICACIONES

Alcolea: 2. Lamentablemente su error costó un gol. El resto del partido, casi sin trabajo.

Fernández: 1. Un partido más, un suspenso más.

Vallejo: 4. El heredero del espíritu de Violeta realizó un gran trabajo defensivo.

Cabrera: 3. Trabajador, exacto en el corte y presente, aunque algo acelerado.

Rico: 1. El heredero del espíritu de Paredes jugó un pobre partido.

Dorca: 2. Metió el gol e hizo un buen primer tiempo, pero luego se hundió.

Insa: 3. Mientras estuvo en el campo sostuvo al grupo y le dio consistencia.

Galarreta: 1. Mal partido: ineficaz, ausente e inexacto.

Jaime: 2. Firmó algunas acciones de gran calidad, pero no suma al grupo. 

Pedro: 3. Realizó un gran esfuerzo y mostró voluntad de participar en el partido.

Borja: 3. Como siempre luchó y buscó el gol, que no llegó.

Lolo: 1. Escaso juego y desequilibrada presencia.

Willian: 1. Nula aportación al trabajo e invisible actuación.

Tato: S.C.

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Sporting, 3 – Real Zaragoza, 1 (Nos queda el disturbio)


Si el fútbol es un deporte de detalles, como todos, es decir, hoy afirmamos que el partido lo ha perdido el Real Zaragoza porque sus jugadores lo han echado por la borda. Los desaciertos de algunos de ellos han hecho posible que fuera imposible extraer un punto de las minas asturianas y en ello va a tener que trabajar mucho Víctor si quiere evitar que, un año más, el zaragocismo viva su Noviembre Horrible habitual.

El análisis tiene que poner su acento, forzosamente, en la defensa. Se trata de una línea que está haciendo malo a un equipo que tiene más propuestas que la que los dos últimos resultados nos indican y no es difícil apuntar que la clave se llama Mario. Su ausencia es un drama para este grupo que desde que no está el canario ve hundirse sus argumentos futbolísticos porque nadie gobierna la cobertura como él.

El partido se ha perdido porque los mantecosos jugadores de atrás han sido destrozados futbolísticamente por los hábiles y talentosos asturianos. Uno tras otro los errores se han sucedido y sabido es que en estos tiempos un equipo sin fortaleza en la cobertura es un juguete roto.

A los diez minutos ya habíamos recibido un gol y sufrido varias ocasiones. El centro del campo y los de arriba hacían su tarea pero cualquier balón colgado en nuestro territorio se convertía en un pozo de sufrimiento. Un baile instalado en el pánico y aunque en el ataque había ideas, la blandura y la falta de intensidad eran una invitación a los de Abelardo a tirarse al monte.

A partir de los veinte minutos Galarreta comenzó a gobernar el partido y eso, unido al desgaste físico que habían hecho los locales, permitió al Real Zaragoza aproximarse con cierto peligro al arco de Cuéllar. Y en uno de esos balones largos álamo encontró puerta tras un buen control y una mejor definición. El horizonte se aclaraba.   Sin embargo un partido puede nacer y morir varias veces en un minuto. Una carrera limpia y vigorosa entre Fernández y Jony dio con los huesos del cordobés en la caseta al ser expulsado por una falta inexistente. Injusta decisión y golpe bajo al fútbol. Que le digan a Rubial cuántas como esa recibía en los setenta y cuántas le pitaron. Blandiblup.

Se llegó al descanso con uno menos y Diogo en el campo por Borja. Partido nuevo y malas vibraciones. Y se confirmaron. A los cuatro minutos de nuevo Castro fusilaba a Whalley tras un penoso despeje de Rubén que provocó un rechace fácil. Dos a uno era, de nuevo, una losa complicada de levantar. Con uno menos y con algunos jugadores acumulando errores impropios de nuestro equipo no había forma de imaginarse otra cosa que la derrota. Y si había alguna ocasión favorable ahí estaban nuestros delanteros para demostrar que algunos no saben jugar en equipo ni acompañar un contraataque.

Víctor reaccionó y sacó al campo a Pedro y Eldin. Ambos aportaron algo de chispa y energía al choque y se pudo sentir que había alguna posibilidad de equilibrar el combate. Fueron breves fogonazos, chispazos de voluntad más que de oportunidad, y la opción de un balón parado, una jugada aislada, un chut de lejos estaba abierta. El Sporting parecía confortablemente resguardado en su ventaja y los minutos pasaban contra la necesidad zaragocista de puntuar.

La situación de indefensión numérica se notó en el tramo final. El equipo daba sensación de debilidad y lo que tenía que haber sido un enfrentamiento equilibrado se convirtió en una derrota abultada cuando Sergio Álvarez remató un córner en el minuto 75. Todo había salido mal, todo eran malas noticias en una mañana de la que muchos esperábamos un buen resultado que nuestros chicos no supieron ganarse.

CALIFICACIONES

Whalley: 3. Realizó varias paradas de mérito. El tercer gol lo gestionó mal.

Fernández: 1. Sufrió mucho. Su banda, una autopista durante casi toda la primera mitad.

Rubén: 1. Mal partido. Perdió varios balones por su lentitud y torpeza.

Vallejo: 1. Blando y muy poco atento a la velocidad de los delanteros rojiblancos.

Cabrera: 1. Desubicado y frágil en defensa. Subió bien pero combinó mal.

Dorca: 2. Irregular y sobrepasado por la rapidez contraria.

Galarreta: 3. Tuvo ratitos brillantes, pero su físico no soporta una presión como la de hoy.

Álamo: 2. Buen gol. Más combinativo y colaborativo en la presión.

Jaime: 1. No sabe jugar al fútbol asociación.

Dorca: 2. Aislado y con pocas opciones de remate.

William: 1. Fallón e inexacto en los controles. No ha ayudado al equipo.

Diogo: 1. Le falta físico y oportunidad en los balones divididos.

Pedro: 2. Ha aportado rapidez, control y visión de juego.

Eldin: 2. Su juego es muy importante en este equipo. Se nota su presencia en ataque.

Mi crónica. La Vergüenza vive aquí (Real Zaragoza, 1 – Sporting, 1)


460975_g_b   Si el Real Zaragoza no fue capaz ayer de derrotar a un amorfo y anodino Sporting, muy mal acompañado por una “Mareona” apática y muda, ya se puede decir que no está preparado para nada. En una tarde que nos recibió en la Romareda con una exhibición de truenos y relámpagos y una molesta lluvia primaveral y nos despidió con unos tímidos rayos de sol crepuscular, pudimos vivir el último capítulo de una temporada miserable, irrespirable, inmoral.

   Un partido que se presumía difícil, pues el equipo asturiano pretendía optar a la promoción y cuenta entre sus filas a varios jugadores de talento y clase, no fue tal. Los jugadores de los dos equipos decidieron ofrecernos un espectáculo lento, con movimientos al ralentí, en el que, sin embargo, los locales decidían apurar un tanto sus débiles virtudes. Con Tierno y Víctor como jugadores más atrevidos y seguros, algunos balones llegaron a la meta de Cuéllar, que incluso evitó un gol con una buena parada a un chut de Henríquez. La banda derecha funcionaba bien, con Montañés y Fernández muy activos. Incluso Ángelo se movía por allí con cierta soltura, mientras que en la izquierda Abraham vivió sus mejores minutos de la temporada mientras le duraron las fuerzas.

   El Sporting de Abelardo, mientras tanto, trazaba balones altos para poner a prueba a la defensa zaragocista y a un excesivamente nervioso Whalley, el debutante que no encontraba su sitio en una portería que parecía venirle grande. El partido, así, se vivía con la breve esperanza de un gol que podría llegar de nuestro lado y encarrilar el partido. Y mire usted por dónde fue el portero rojiblanco quien nos lo regaló. Un mal control con los pies le puso en bandeja a Roger el balón y lograr el gol blanquillo. Gol de opereta, pero gol. La grada, que había visto un par de detalles de Henríquez y consideraba que el partido se podía ganar, aplaudió con moderación y esperó que llegase el descanso.

   El debate estaba en la grada. Demasiados frentes abiertos, demasiadas heridas sangrando, demasiados temas que comentar. Y entre todo ello la necesidad imperiosa de conseguir al menos un punto, combinada con la vergüenza de estar luchando por evitar el descenso a 2ª B, hecho éste, por cierto, que olía a muerte. A final.

   La segunda parte fue peor. El Real Zaragoza no encontraba tan fácilmente los caminos para llegar a la portería contraria. Aun así, Víctor y Ángelo disfrutaron de sendas ocasiones que habrían supuesto un segundo gol que, no obstante, ya sabemos que nunca es garantía de nada. Poco a poco el Sporting se fue adueñando del partido, ganó metros, se quedó con el balón y arrinconó a los nuestros. Abelardo lo vio claro y optó por Barrera, Jara y Pablo. Con ellos empezó a jugar mejor entre líneas y a esta situación contribuyó Víctor Muñoz con sus cambios: quitó a Tierno y Víctor Rodríguez, los dos mejores del partido. Parece como si pensara: voy a romper mi centro del campo y así se lo pongo fácil a mi amigo Abelardo. No, ya sé que no fue esa su intención, pero no puedo estar de acuerdo con esos cambios. De hecho, la salida de Acevedo, fuertemente pitado, y Álamo fue una mala decisión.

   Y llegó el gol asturiano. Como siempre, en el minuto ochentaytantos. Un centro, un cabezazo y, en esta ocasión, una muy mala acción de Whalley, al que se le coló el inocente cabezazo entre las piernas. Gol y nervios. Gol y miedo. Pánico. ¿Se imagina el lector qué habría supuesto un segundo gol en contra? Derrota y viaje a Alcorcón donde, quizás, el equipo madrileño se jugase el pase a la fase de promoción. Afortunadamente ni lo uno lo otro sucedió. Se pitó el final del partido, el Real Zaragoza certificó su permanencia, el Sporting tan contento porque ganando al Tenerife en casa se cuela en la lucha y, además, había salido el sol. Pero sólo el de verdad, porque el otro, el blanco y azul, sigue cubierto por unos negrísimos nubarrones que sólo anuncian desesperación y un horizonte aterrador.

Foto original: El Periódico de Aragón

Mi crónica. Sporting, 2 – Real Zaragoza, 3 (Alma blanca, futuro azul)


   Pocos partidos ha jugado el Real Zaragoza con tantas lecturas como el disputado ayer contra el Sporting. Dinámico, vigoroso, violentado en ocasiones por las acciones dislocadas de los asturianos, excitante e indignnate por tantas circunstancias que acontecieron en él, el choque deja de todo menos indiferencia en medios y afición. Y jugadores, que no tardaron en publicar una foto en las redes mostrando su alegría en un acto que no ha recibido el aplauso unánime, sino una catarata de opiniones encontradas y dispares.

   La mañana se anunciaba incierta. Jugar en El Molinón gusta, pero se sabía que el contrincante se encontraba en un momento dulce (ocho partidos sin perder) y los nuestros venían de sufrir una horrible semana en la que, de nuevo, la inestabilidad ha sido el huésped del vestuario. Con algunas novedades en la alineación, como la presencia del recién llegado Arzo y la recuperación de Acevedo, Herrera nos dijo a todos que él sigue creyendo que lo más improtante es estar unidos y nada más, y que ahí empieza el camino de regreso a Primera.

   El choque nació de cara. Limpio, esperanzador. En el minuto 3 Roger inauguraba el marcador y la mañana lucía guapa. Comenzó entonces un intercambio de golpes, más peligrosos los locales, en cuyo torbellino emergió la figura de Leo Franco, que intervino hasta en tres ocasiones para evitar el gol del empate. El RealZaragoza contenía el partido y entre todos la figura de Arzo transmitía cierta calma defensiva. Los gijoneses iban pasados de agresividad y en el minuto 9 ya habían recogido dos amarillas. Sin embargo, Acevedo y Mario no acababan de sellar la sala de cocción y el equipo sufría por las bandas y los centros llegaban limpios y amenazantes, lo que auguraba el gol asturiano. Y llegó. Fue una de esas jugadas que los constrarios elaboran para romperle las costuras a Rico y ponerle un centro perfecto al delantero contrario. En este caso, Cases.

   El Real Zaragoza reaccionó inmediatamente y dos minutos después elaboró dos interesantes jugadas de ataque de la mano de Montañés y Cortés que estuvieron a punto de obtener premio. Y también rozó el gol el Sporting, lo que demostraba que el partido estaba muy vivo y en la segunda parte podía pasar de todo.

   El equipo de Sandoval Salió con ganas. Agresivo, decidido, vehemente. Y así, en cuatro minutos logró que su presión recogiese el fruto merecido. Un mal pase de Mario no lo recogió Álvaro y la jugada se prolongó con una galopada de Sergio que culminó con el segundo gol local. El equipo aragonés se encogió y Herrera no cambió su apuesta. La oportunidad llegó de manos de Luis Hernández, que después de un partido agreste y oxidado le pidió al{arbitro que le sacase la segunda amarilla, ruego que fue cereteramente atendido. Fue el momento en que el fútbol fue justo con un jugador, Montañés, hasta el momento el más decidido y vertical, concediéndole la oportunidad de lograr el gol del empate. Aun así, ni siquiera con un jugador más los de Herrera dieron un paso adelante. Parecían ateridos de precaución. Jugaban en horizontal y no acababan de darle esa vuelta de tuerca al partido para acabar de romperlo. El Sporing se dio cuenta y decidió echarnos una mano. En esta ocasión fue Iván Hernández el benefactor, propinándole un feo golpe a Montañés en plena carrera. Segunda amarilla y a por la gomina.

   ¿Daría Herrera la orden de “a por ellos”? Pues no. Seguimos jugando al balonmano: pases laterales, tuya, no, mía, dámela, tómala. Había que jugar por las bandas, pero no teníamos quien lo hiciera. La afición clamaba por un cambio, pero estábamos demasidado lejos. El partido estaba para ser ganado, pero los minutos pasaban y el cielo cada vez era más rojo y blanco. Con veinticinco minutos para jugar y ganar, parecía impensable no ganar, pero el grupo no daba pasos decididos. Por fin, Herrera sacó a Víctor. Era la decisión. Y él fue la víctima del penalty que provocó la tercera expulsión local. Inmejorable panorama: contra ocho, penalty a favor, minuto 80…¿Se culminó? No. Víctor decidió darnos una bofetada y no pudo ganarle la guerra de nervios al antideportivo portro Cuéllar, que minutos antes había destrozado el punto de penalty a bases de patadas en un gesto que le deshonra. Víctor falló el penalty y la desesperación se apoderó de todos.

   Al final, una jugada de libro, de esas de manual, de esas que se entrenan cuando eres chaval para aprender a aprovechar la superioridad y hay que ejecutar con precisión y rapidez fue la llave para logra el tercer gol, obra de Cidoncha tras taconazo de Víctor. La victoria caía de nuestro lado por su propio peso y nos proporcionaba una balsámica victoria que aliviaba la desazón que nos ha acompañado durante estos primeros días de 2014. Ahora toca hablar de unión, trabajo, solución a los problemas futbolísticos y salida digna para todos los implicados en este aquelarre de los despropósitos a que nos llevan los dirigentes de la entidad.

   P.S.: Las acciones protagonizadas por los técnicos y jugadores sportinguistas tienen que ser objeto de censura.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 4. Sus paradas evitaron que el Sporting lograse la victoria ya en la primer parte.

Cortés: 1. Demasiados balones llegaron por su banda.

Álvaro: 2. Se le vio más tranquilo y centrado en el corte y las coberturas.

Arzo: 3. Dio sensación de seguridad y confianza. Bien por alto.

Rico: 1. Demasiados balones llegaron por su banda.

Paglialunga: 0. Mal partido, tanto en la contención como en la conducción.

Acevedo: 1. Supo marcar algunos tiempos, pero se le vio desconectado del partido.

Montañés: 4. El mejor en el campo. Vertical, decidido y talentoso. Marcó un buen gol.

Barkero: 2. Más seguro, combinó bien tácticamente con Cidoncha. Aun así, pierde demasiados balones.

Cidoncha: 2. Le dio buena salida a los balones y combinó bien su posición con Barkero, con buenos movimientos tácticos. Marcó el gol de la victoria. Buen gol.

Roger: 3. Muy dinámico, vivaz, rápido. Metió un buen gol.

Víctor: 2. Falló un penalty y dio el pase del tercer gol. Su aportación desde el banquillo siempre es buena. Herrera así lo ve.

Abraham: 2. Le dio más seguridad a la banda y aun le dio tiempo a subir, aunque no estuvo muy acertado.

Álamo: 2. Salió a diez minutos del final y de sus botas salió la jugada del tercer gol.

Mi crónicadel partido: Sporting, 1 – Real Zaragoza, 2 (Búscame en los sueños de otros)


(por Juan Antonio Pérez Bello)

¿Cabe más angustia? ¿Cabe mayor alegría tras un gol como el de Lafita? ¿Cabe aún esperanza en este paisaje desértico en el que unas gotas de fe alivian nuestra sed? Las tres preguntas obtienen una sola respuesta: sí. Sí a la agonizante recta final que nos espera. Sí a los abrazos que quedan por darnos. Y sí a la posible vida que nos espera al final del camino. Si hay en la sala un escriba capaz de ponerle palabras a esta historia que nos consume el alma, que se manifieste, agarre el teclado y relate lo que hoy hemos vivido en El Molinón. Quizás todavía queden lectores con el corazón firme y la voluntad agarrada al futuro.

El Real Zaragoza de Jiménez es un equipo. Mediocre, escaso de fuerzas y pobre en recursos, pero un equipo. Y cuando once jugadores más cinco consiguen ser algo más que la suma de dieciséis cuerpos deshilachados y alcanzan la categoría de grupo, podemos hablar de que es posible conseguir el objetivo. Sin garantías, pero con posibilidades.

Desde el minuto uno se ha visto que el partido de hoy era una bofetada al buen fútbol. Ambos equipos, eso sí, le han plantado cara al dolor y han empujado al contrario con audacia, buscando el gol sin descuidar la retaguardia. El Sporting ha optado por el pase largo y eso no ha sido una buena idea, pues si algo ha ganado este Real Zaragoza es en conceptos defensivos. A una defensa bien ubicada sumamos el buen trabajo de Duijmovic y, sobre todo, de Pinter, un jugador que está creciendo a zancadas y se está convirtiendo en una de las claves de este risorgimento al que asistimos desde hace algunas jornadas. Esta seguridad en la cobertura, refrendada, cómo no, por una estupenda parada de Roberto a cabezazo de Eguren, ha propiciado varios acercamientos al área asturiana y hasta se ha podido lograr el gol en un par de ocasiones que no se han convertido por falta de finura en la conclusión.

A partir del minuto 20 el choque se ha ensuciado. Muy mal dirigido el encuentro por Teixeira, los locales han sabido sacar partido a una situación en la que cualquier jugada protagonizada por los aragoneses era motivo de falta y tarjeta. En ese clima, Álvarez le ha propinado un codazo a Lora y el ambiente se ha caldeado en contra de los aragoneses. Esta situación le ha permitido a Barral aprovechar un error de Paredes para obligarle a Roberto a lucirse de nuevo. Demasiado peligro para tan pocos méritos.

La situación se ha aclarado un tanto cuando Postiga ha aprovechado muy bien un pase de cabeza de Mateos para batir a Juan Pablo. El gol ha sido una excelente noticia para el zaragocismo y un jarro de agua negra para el sportinguismo. El equipo asturiano se ha bloqueado y el Real Zaragoza ha aprovechado muy bien al circunstancia para acabar plácidamente la primera parte y prepararse para la segunda.

El regreso lo ha vivido el Sporting con la metálica voluntad de romperle la cara al destino. Ha puesto cerco a la portería de Roberto y se ha hecho en apenas dos minutos con el control del balón y del partido. Ha sido un acoso brutal, a duras penas sostenido por los blanquillos que han visto, sin embargo, cómo una vez más un corner era la situación ideal para recibir un gol impropio de un equipo de altura. Gol por una mala defensa. Gol por ineptitud.

Lo bueno ha sido que el equipo no se ha arrugado. El espíritu acelga que otras veces se ha apoderado del grupo ni por asomo ha aparecido hoy. Al contrario: se ha mantenido una actitud aguerrida, operativa, fértil que ha propiciado que el Sporting, poco a poco, se haya ido desinflando y se haya plegado a la mayor ambición y consistencia de los nuestros. Zucculini, recambio de un Duijmovic más desdibujado que hace una semana, ha sido un revulsivo muy útil en la tarea de seguir porfiando el triunfo. Ha tomado la banda derecha como un territorio propio y por ahí ha llegado gran parte del peligro que ha generado el equipo de Jiménez. Alocadamente a veces, es cierto, pero la presión que ha ejercido su ambición ha servido para crear un escenario más favorable a los forasteros que a los locales.

Aranda ha entrado por Postiga y su presencia ha reforzado la idea ofensiva del equipo. Su fortaleza, su empuje y su vigor han sido tres buenas razones para lograr que el Sporting se encogiera. Y por ahí ha venido el peligro y por ahí ha llegado el gol. Cuando faltaba apenas un suspiro para el fin, cuando ya casi nadie respiraba aire limpio en El Molinón, cuando ya empezábamos a mirarnos los unos a los otros y comenzábamos a preguntarnos todo aquello para lo que no encontramos respuestas, ha llegado la llegada de Zuccu por la derecha y su chut lastimero que ha encontrado la salvífica pierna de Lafita para lograr un gol que quiera la Virgen del Pilar valga oro cuando llegue Mayo. Hoy, de momento, la parroquia ha saltado jubilosa y ha cantado himnos de victoria cuando todavía no somos nada. Lo ha dicho Jiménez: “Pongan esto: no hemos hecho nada”. Yo apostillo, sin embargo: “Pongan esto: hemos hecho feliz al zaragocismo”. Por unas horas.

CALIFICACIONES

Roberto: 4. Magnífico, como siempre. Pero aunque me sabe muy mal escribir esto, en los córners…

Álvarez: 2. El vigoroso defensa argentino ha cumplido a base de fiereza, a veces mal contenida.

Mateos: 2. Muy trabajador e implicado, va cogiendo el tono. Lástima sus problemas musculares.

Paredes: 1. Sigue en su línea de pundonor sin fin, pero sus errores provocan situaciones de gol de alto riesgo.

Abraham: 2. Está encontrando su lugar en el mundo. Su capacidad para el desdoble está alcanzando un punto interesante.

Pinter: 4. Muy bien. Ajustado al terreno, que cada vez domina más y mejor, y muy presente tanto en el repliegue como en el despliegue.

Duijmovic: 1. Hoy ha vivido momentos de desorientación. Ha estado mediocre en el aspecto ofensivo.

Apoño: 3. Este es el centrocampista que necesita el equipo y el que sueña Jiménez. Maneja muy bien el balón y ordena los tiempos con su talento.

Lafita: 4. Impecable trabajo el de Lafi. Descarado en el desborde, fuerte físicamente y atrevido en el remate.

Obradovic: 3. Muy bien se ha adaptado Iván al espacio que le ha adjudicado Jiménez. Se entiende muy bien con el centro del campo y combina correctamente con Abraham.

Postiga: 3. Su gol es el de un delantero centro como debe ser. Ha estado incisivoy le ha creado muchos problema a la defensa contraria.

Zucculini: 3. Impetuoso y vivaracho, ha revolucionado el partido con sus contraataques. Algo individualista, su chut final ha propiciado el segundo gol.

Aranda: 3. Ha sido una pesadilla para la defensa local con esos balones que recibía de espaldas. Incluso se ha atrevido a encarar y lo ha hecho con fuerza y osadía.

Da Silva: 2. Su trabajo, en poco tiempo, ha sido correcto. Ha estado muy atento en un cruce que llevaba mucho peligro.

Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 2 – Sporting, 2 (Ojalá tu sombra me dé la luz)


Dicen que Postiga no es un goleador. Dicen que Postiga no ha marcado nunca más de diez goles por temporada. Dicen que Postiga está aquí de paso y no sabe qué será de él la próxima temporada. Probablemente todo eso sea cierto. O no, que uno ya no sabe a qué carta quedarse. Pero lo que sí se puede constatar es que casi todo lo que le llega al portugués, lo enchufa. Porque es así, ¿verdad?

Escribo esto y lo hago al comienzo de esta crónica porque hay muy poca chicha futbolística de la que hablar. Porque con partidos como el de ayer es difícil encontrar argumentos en los que navegar en medio de mares tan agitados como los que surca el Real Zaragoza y por eso me agarro a la actuación de nuestro delantero centro, que logró ayer un gol y tres cuartos y evitó, con su actuación, que ahora mismo estuviésemos quemándonos el culo en las llamas de las posiciones de descenso.

El partido comenzó con dos propuestas muy timoratas, en cuyo seno era muy difícil desarrollar un relato futbolísticamente aceptable. SIn embargo sí quedó claro desde el principio que había un equipo, el Sporting, que sabía cuál era su apuesta, y otro, el Real Zaragoza, bloqueado por su pasado reciente y angustiado, que no encontraba camino ni vías amables por las que circular un balón que a veces más parecía de piedra que de cuero. Así las cosas, y aun cuando ninguno de los dos porteros había tenido ocasión de demostrar sus cualidades, llegó el primer gol. Una falta muy bien sacada por Juan Carlos fue rematada por Botía en propoia puerta ante el acoso de Pstiga. Un gol magnífico que dejaba el match franco para los del león y anunciaba un desarrollo favorable que la aficiñón recibió con alborozo.

Mas la alegría es plato no comestible en la casa del pobre. A los pocos minutos nuestra defensa,empeñada en enseñarle al mundo sus desnudeces, no supo evitar que Barral rematase estupendamente una brillante jugada de De las Cuevas. Como siempre. Como cada partido. Como cada jornada. No hay día que Juárez, Da Silva, Lanzaro, Mateos o Paredes no ejerzan su derecho al error y nos lo hagan saber. Que esa es otra, pues a veces uno casi desearí no tener tanto acceso a la información.

Pero como quiera que la primera jugada había salido tan bien decidieron repetir esquema y a los pocos minutos el Sporting repetía afrenta. Centro por nuestra derecha, Territorio Juárez, rebote en la cabeza de Ponzio y Barral, que pasaba por allí, enganchó la bola mientras pelaba el cucurucho de pipas de calabaza y batió a Roberto, que puso gesto de “loflipo” cuando la cámara le pilló un primer plano. Y a la ducha.

En el descanso Aguirre debió de decidir que le iba a dar más gusto a la opinión pública zaragocista y sumó, a la alineación forzada de Juan Carlos y Micael, dos jugadores que no le van ni le vienen, un cambio que provocó la hilaridad de la parroquia: quitó a Juárez, al que puso a los pies delos caballos pues facilitó la pitada de la Romarweda, y sacó a Ortí. ¿No queríais cantera? Pues toma ración. Y retrasó a Barrera al lateral. ¿Opciones incoherentes? ¿Brindis al sol? ¿Es esto lo que hay? ¿Me creo lo que hago? Pues un poco de todo. Lo cierto es que el equipo, ya descompuesto por el devenir de los hechos, se echó al monte y cercó la portería de Juan Pablo, que aun tuvo ocasión de mostrar sus cualidades ante un par de chuts de Lafita y Barrera respectivamente.

Y llegó el minuto final. Postiga, que ha sido el protagonista del inicio de esta crónica, acabó la obra con un magnífico gol muy propio de talentos pasados como Milosevic o Esnáider. ¿Nos alegró? Sí, claro. Ante la imagen de una nueva derrota, que podría llevarnos a un escenario de cinco o seis derrotas consecutivas (el Barça herido ayer en San Mamés y el Sevilla de nuestro amado enemigo Marcelino nos esperan), evitamos el abismo. Es un solo punto, pero rompe la ruta de espinos que habría supuesto un escenario tan catastrófico.

¿Algo positivo? Sí: Barrera es mucho mejor lateral que Juárez, pues tiene más recorrido y un enorme y alargado campo que completar. Sí: Juan Carlos, aun con la desconfianza de su entrenador, es una opción valorable por su rapidez y descaro. Sí:Postiga es un delantero que puede ofrecernos muchas más cosas de las que podíamos imaginar. Sí: Ortí es un joven que tiene fútbol y, ya lo veréis, gol.

¿Algo negativo? Mucho. No hay idea de equipo. No hay narración futbolística. Algunos jugadores están en muy baja forma (Da Silva) o les falta calidad (Juárez) o no están en lo que están (Ponzio) o no juegan donde pueden aportar lo mejor (Micael) o se mueren en su propia ansiedad (Lafita) o su aportación es ni frío ni calor (Paredes) o dudan ante la duda (Luisgarcía). Y muy importante: Aguirre está empezando a crearme ciertas dudas. Su credibilidad se tambalea y esa es la peor noticia. Durante estas dos semanas tiene trabajo. Mañana hablaremos de ello.

Quedan tantas cicatrices (Real Sporting de Gijón, 0 – Real Zaragoza, 0)


El verdadero rostro de nuestro mísero horizonte ha asomado por la esquina del miedo. Hoy hemos disputado un partido ante un equipo que no tiene casi nada pero que es capaz de acorralarnos, agotar nuestros paupérrimos pulmones y anochecer nuestra esperanza. Hoy hemos encontrado vida donde casi no queda muerte que llorar. Hoy hemos alojado un soplo de futuro en el páramo de las batallas perdidas.

El Real Zaragoza ha ofrecido esta tarde unos primeros minutos esforzados y desprendidos. Ha dibujado una propuesta juvenil, en la que el acné de la presión ha propiciado una situación de control correcto del juego que permitía acercamientos continuados y prometedores. En ese escenario Ponzio ha logrado engatillar un chut que ha salido a dos palmos de la puerta asturiana y que ha servido para ponernos una sonrisa en nuestros atemorizados  corazones. Esos primeros minutos han sido buenos, pero en seguida Preciado ha escudriñado la llanura y el viejo zorro ha encontrado la causa de sus males. Cap problema: ha hecho un par de movimientos tácticos, ha reconfigurado su clásico 4-2-3-1 y ha logrado transformar el panorama. A su favor. Obvio.

Así, a partir del minuto veinte el Sporting ha comenzado a moverse mucho mejor por el terreno, ha encontrado dos hermosos pasillos en los laterales zaragocistas por los que ha comenzado a diseñar su plan de ataque y ha puesto cerco a nuestra portería. Las bandas eran las mejores aliadas de los asturianos y Barral, un muchacho del sur con un desparpajo a señalar, ha logrado poner en apuros a la portería zaragocista hasta en tres ocasiones. Una de ellas, la última antes del descanso, en una borrachera de driblings en el área que ha conseguido despejar con acierto y seguridad Toni Doblas. Las sucesivas ocasiones que era capaz de crear el Sporting eran la muestra de un dominio en ocasiones abrumador, pero ya los desaciertos rojiblancos, ya los aciertos defensivos zaragocistas, impedían que el marcador fuera estrenado en la casilla local.

La segunda parte ha comenzado con una actitud un tanto más osada por parte de los chicos de Aguirre, pero esa sensación ha durado muy poco, pues en seguida el Sporting se ha quedado con el balón y ha comenzado un asedio interminable a nuestra portería. Aguirre, entonces, ha hecho dos cambios aparentemente ofensivos, sacando a Uche y Braulio por Sinama y Boutahar, pero esa decisión, supuestamente valiente y decidida, ha significado que el equipo se haya partido en dos y haya muerto la mínima cohesión que hasta el momento había conservado el grupo. Y es que está más que demostrado que el Real Zaragoza no sabe jugar con dos delanteros, pues el centro del campo se deshuesa y facilita el control del balón por parte del contrario, lo cual es una muy mala noticia para nuestra defensa. Y eso, de nuevo, ha sucedido hoy.

El Sporting ha tocado a rebato y ha seguido profundizando sus ataques por las veredas de la cal, invadiendo con audacia y descaro especialmente el territorio Diogo. Han sido tantas las llegadas al área aragonesa y tantos los momentos críticos que ha vivido la defensa de Aguirre que aun ahora nos preguntamos cómo ha sido posible que no haya logrado ningún gol el equipo local. Porque sí ha habido uno, pero ha sido anulado por fuera de juego de Carmelo. Afortunadamente.

Ha sido una segunda parte anochecida, vacía de argumentos, disminuida futbolísticamente, agotada en una nada que nos ahoga cada vez que debemos mostrarnos a nosotros mismos como un equipo solvente. Sólo el desacierto asturiano ha hecho posible el empate. A cero, por supuesto, porque si había algo claro era que el Real Zaragoza iba a ser incapaz de lograr un gol. Tan sólo en una ocasión ha logrado acercarse con criterio al jardín de Cuéllar, pero lo ha hecho en fuera de juego y el chut final, invalidado, tampoco ha significado nada en el espíritu blanquillo (hoy amarillo Molière).

El partido, en fin, ha sido una mala escenificación de una tarde hundida en los pozos de los silencios. El Real Zaragoza ha ofrecido una estampa rancia, desamparada, sepultada en su insoportable necedad futbolística, pero es la nuestra, es la que tenemos. La que debemos guardar con todo el cuidado del mundo, porque con ella hemos de caminar hasta el mes de Mayo, cuando se agote esta lluvia de ceniza que cae, inmisericorde, sobre nuestras cabezas.

Calificaciones:

Toni Doblas: 3. Valiente, seguro y decidido. Ha intervenido en varios balones peligrosos y, como siempre, ha completado un partido muy serio, ofreciendo seguridad a su defensa.

Diogo: 0. Horroroso. No solamente ha estado fuera de sitio, sino que se muestra torpe con el balón, tanto en defensa como en ataque. No es un lateral adecuado para este equipo.

Contini: 2. Ha recuperado el carácter y la seriedad que recordábamos de él. Ha estado acertado en el corte y luchador en esa extraña madeja defensiva que hemos construido.

Jarosik. 1. Sigue ofreciendo lagunas defensivas preocupantes. Es muy trabajador, pero cada día le pierde más su falta de velocidad.

Paredes: 1. Flojo. La banda derecha ha sido un problema para nuestro equipo. No ha podido casi nunca con De las Cuevas y se ha hecho más de un lío a la hora de airear el balance defensivo.

Gabi: 2. Luchador y muy trabajador, como siempre. Es fundamental para este equipo.

Ponzio: 2. En la línea de seriedad que le caracteriza. Ha chutado con ganas desde lejos y ha recuperado un buen número de balones.

Ander: 1. Muy desorientado. No está cómodo en el equipo y sus detalles de calidad no lucen en este grupo.

Boutahar: 1. Ha estado menos protagonista que otros partidos. El equipo ha estado muy replegado y él no es un recuperador.

Bertolo. 1. Ha intentado desbordar en varias ocasiones, pero no ha estado muy afortunado. Sin embargo, se le ha visto más trabajador en defensa.

Sinama: 0. No, no y no. Ni es goleador, ni sujeta el balón en espera de la segunda línea, ni abre huecos, ni…

Braulio: 1. Muy poco participativo. No mezcla bien con un segundo delantero, sea Sinama, sea Uche.

Uche: 1. Se le han visto varios detalles de calidad, pero aún no tiene la velocidad necesaria para aportar cosas en partidos como este.

Jorge López: 1. No ha acabado de interpretar el partido que tocaba jugar y los minutos que ha estado no ha sumado, si bien ha aportado algo de control y presencia al vacío que existía en el centro del campo.