En el sur existimos (Córdoba CF, 1 – Real Zaragoza, 2)


Zapater04Dos latigazos con sello atlántico fueron la señal de que el león vuelve a rugir. Dos estruendosos aldabonazos que culminaron el trabajo de un colectivo armonioso, juvenilmente osado y esforzadamente veterano a partes iguales. Así selló ayer el Real Zaragoza una vitamínica victoria que le supo al zaragocismo a pura ambrosía. Después de más de cuatro meses de miserable sequía, el equipo aragonés supo vencer a un rival en competición oficial. A un buen rival, por cierto.

Venían los de Natxo de empatar ante el poderoso Granada y de jugar un más que aceptable partido. La semana sirvió para degustar tertulias algo más amables y aventurar un horizonte ilusionado, pero ni el más irredento de los optimistas pudo imaginar un choque tan bien resuelto ante un correoso Córdoba que apunta maneras y ofrece buena cara. Optó el vasco por rescatar a Vardasca en defensa, aligerar el centro del campo con la electricidad de Febas y darle a Toquero el mando de un corazón que empieza a latir con otro ritmo, hace tiempo olvidado. Y una idea bien instalada en la mente del equipo: disciplina táctica, despliegue de los laterales, combinación interior, presión a la salida del contrario y protagonismo de Borja Iglesias.

¡Ay, Borja Iglesias! De nuevo un extraordinario delantero centro en las filas blanquillas. De nuevo un nombre para convertirse en héroe de la infancia y no es para menos. En la primera fase del encuentro el Zaragoza supo manejar muy bien la situación con la preclara intención de invadir el terreno enemigo con minas blandas en forma de combinaciones y transiciones rápidas. Borja y Toquero agitaban la defensa cordobesa y cada llegada anunciaba peligro. Y así llegó el primer gol. Un pase del activo Ángel a Borja fue definido por el compostelano con un chut granítico que le limpió la red a Stefanovic. Un gran gol.

La alegría fue breve, pues cuatro minutos después en un ataque fláccido del Córdoba pero frágilmente defendido por el Zaragoza empató el partido. ¡Ah! Y tras llevarse Jona el balón con la mano. Gol ilegal, es decir. Fue un momento delicado, pues al gol hubo que sumar una tarjetita a Zapater por protestar y el equipo aragonés sufrió una sacudida que lo desequilibró, lo que supuso unos minutos de incertidumbre, con un chut al larguero incluido.

Natxo recolocó a sus jugadores tras el descanso. Le pidió a Toquero que se cambiase de banda y acompañase a Ángel por la izquierda. Con total libertad de movimientos tanto el vitoriano como Febas consiguieron agitar la media punta aragonesa y el partido pasó a manos y botas zaragocistas. Fue un primer cuarto de hora muy serio, con un gran rigor táctico, y una media hora final para guardar en la memoria. Con gran implicación física y un buen nivel de talento el partido tenía un claro color rojillo y ese aroma impregnó el Nuevo Arcángel con un segundo magnífico gol logrado de nuevo por Borja. Una prolongación de Toquero la recogió el gallego al borde del área, quien, después de otear el horizonte y no encontrar ningún socio interesante, optó por un chut seco e impertinente que afeitó el poste del estupefacto Stefanovic.

El Córdoba se echó al monte. Decidió armar todas sus baterías y tratar de acorralar al Zaragoza, pero la fortaleza física de que hizo gala el equipo le permitió sostener los embates y controlar el partido con solvencia. Ni siquiera la injusta expulsión de Zapater por una segunda amarilla puso en peligro la victoria, merecida y gratificante. Hubo algún susto, sí, como ese disparo lejano que Ratón sacó con agilidad, o el mal remate de Jovanovic que se fue al cerro Muriano, pero el Zaragoza acomodó una victoria necesaria en sus maletas y se trajo tres puntos que guardará en la Aljafería como oro andalusí encontrado en la Mezquita.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

Ficha técnica

Córdoba CF:
Stefanovic, Fernández, Joao Afonso (Sergi Guardiola, min. 79), Josema, Pinillos (Markovic, min.69), Javi Lara, Edu Ramos, Carlos Caballero (Jovanovic, min. 66), Jaime Romero, Javi Galán y Jona.

Real Zaragoza:
Ratón, Benito, Verdasca, Grippo, Ángel, Zapater, Javi Ros, Febas (Eguaras, min. 90), Toquero (Pombo, min. 93), Buff (Oyarzun, min. 76) y Borja Iglesias.

Goles:
0-1, m. 18: Borja Iglesias. 1-1, m. 22: Jona. 1-2, m. 68: Borja Iglesias.

Árbitro:
Moreno Aragón (Colegio madrileño). Amonestó a los locales Edu Ramos (min. 53) y Sergi Guardiola (min. 87) y a los visitantes Ros (min. 4) y Grippo (min. 78). Expulsó por doble amarilla a Zapater (min. 23 y 88).

Incidencias:
Partido de la tercera jornada de LaLiga 1/2/3, disputado en El Arcángel ante 11.100 espectadores, con terreno de juego en buenas condiciones.

Puntuaciones

Ratón: 3. Correcto en general y bien en un disparo lejano.
Benito: 3. Atento, rápido y valiente.
Verdasca: 2. Incierto en sus acciones ofensivas. Más ajustado en el corte.
Grippo: 3. Contundente y bien colocado,
Ángel: 4. Su trabajo es muy valioso. En ataque y en defensa.
Zapater: 3. Valiente, decidido y trabajador.
Javi Ros: 2. Muy irregular y poco acertado en sus decisiones.
Febas: 4. Eléctrico, habilidoso e inteligente.
Buff: 3. Tuvo claros y oscuros.
Toquero: 4. Omnipresente, Su capacidad de liderazgo está fuera de toda duda.
Borja: 5. Magnífico. Fija, limpia y da esplendor. Y golea. Top.
Alain: 3. Trabajo muy interesante. Desequilibra y afronta al contrario.
Eguaras: S.C.
Pombo: S.C.

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Sí, es una mierda (Córdoba, 2 – Real Zaragoza, 1)


Sí, José Enrique: es una mierda. Lo es sentir tu estómago doblarse de dolor cada vez que el equipo te abofetea con su indolencia, cada vez que te avergüenza con su torpeza.

   Lo es comprobar que el entrenador no tiene respuestas razonables a ninguna pregunta y cuando encuentra una es para responsabilizar a su segundo.

   Lo es contemplar el histrionismo del Director General en el palco y no conocer aún su voz como responsable de la parcela deportiva.

   Lo es recibir un mensaje vacío e insultante por parte del consejo de administración mientras notas el frío de las aguas que inundan el barco zaragocista.

   Lo es escuchar a ciertos periodistas primero lanzar sus soflamas contra el mundo sin decir nombres, después modificar su discurso con el gol de Ángel y por último, cuando recibimos el segundo, ondear la bandera del “yo ya lo dije”.

   Sí, José Enrique. Lo es enfrentarse una semana más al folio en blanco para relatar las deplorables derrotas que nos regaláis jornada tras jornada.

   Pero por encima de todas las miserias hay una que produce  más sufrimiento es ver el lunes por la mañana en los patios de recreo de los colegios aragoneses a esos niños y niñas con su camiseta del Real Zaragoza. ¿Hace falta que lo explique, ilustres generadores de mierda?

   Agné repitió el equipo que venció al Numancia con un único cambio: Feltscher por Fran. Buscaba más músculo, dijo. Esa modificación que pudiera parecer mínima, fue sin embargo una declaración de intenciones de gran calado. Con esa decisión abandonamos el principal argumento que tiene el Real Zaragoza para convertirse en un equipo interesante: el manejo del balón, el gobierno de la combinación, la gestión de los tiempos y los espacios. Eligiendo al venezolano le dices al contrario que le tienes miedo. Si eliges al andaluz, le transmites tu intención de crearle problemas.

   Ese cambio condicionó el partido. Toda la primera parte fue un monólogo cordobés, que eligió la banda derecha para martillear la defensa zaragocista y crear varias ocasiones de gol. Mientras tanto, el equipo aragonés no encontró la vía de la combinación y solo tenía el recurso del balonazo. O del robo. Y eso fue lo que propició el inesperado gol de Ángel. Una recuperación y un pase largo al canario. Y gol.

   Llegar al descanso con un 0-1 era un premio que se antojaba excesivo, pero al que no le hicimos ascos. En la caseta Agné le pidió a Edu García que saliese por Xumetra, ayer poco acertado, con la idea de cerrar el partido. Y después a Dongou. Fueron buenas decisiones, pues el equipo recuperó el control y dispuso de varias ocasiones claras. Incluso le birlaron un clarísimo penalti y degustó, una vez más, las hieles de los desaciertos arbitrales. No es asunto menor, pues este tipo de circunstancias también suman, y casi siempre en contra.

   Como suman los errores propios, la falta de concentración, la flaccidez en la disputa que dio al Córdoba la oportunidad de empatar. Mazazo cruel aunque ya conocido. El equipo que se deshace, el equipo que no acierta a gobernar la tormenta. Y el entrenador que no toma decisiones acertadas, como bien se encargó de resaltar Samaras con su lenguaje corporal al apoyarse displicentemente en el banderín de corner.

   Los minutos volaban, se husmeaba el aroma de un empate mugriento y hasta se percibía la melodía de la justificación de los pobres. Pero nada de ello alcanza para consolar a un zaragocismo agrietado por la desgracia y el trabajo muy mal hecho de directivos, técnicos y jugadores. Allá vuela el golpeo al azar de un contrario con fe incluso frente a las protestas de su gente. Y aquí llega la puñalada mortal de un nuevo fracaso. Tantos son que nuestras lágrimas ya son agua seca incapaz de consolar al zaragocista, a ese aficionado que sigue fiel al equipo de sus amores porque eso significa que sigues siendo fiel a tu infancia. No lo digo yo; lo dice el gran Ignacio Martínez de Pisón.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Saja: 3. Lo que tuvo que parar, lo paró. En los goles nada pudo hacer.

Feltscher: 2. En defensa cumplió, pero en ataque se mostró nulo.

Silva: 1. Fallón, incorrecto y demasiado agresivo.

Cabrera: 1. Mal partido. Descolocado y torpe con el balón en los pies.

José Enrique: 3. Tuvo mucho trabajo y lo solventó con casta y oficio.

Zapater: 2. Trató de tapar muchos espacios pero no pudo sacar el balón con limpieza.

Javi Ros: 2. Muy trabajador aunque poco clarividente en la entrega del balón.

Xumetra: 2. Gestionó mal algunas decisiones. Lo mejor, su asistencia en el gol.

Cani: 1. Ayer se perdió en la maraña cordobesa. Eligió mal sus acciones.

Lanzarote: 2. Trabajó bien aunque estuvo un tanto errático. Colgó buenos balones.

Ángel: 4. Trabajador, luchador y goleador.

Edu García: 3. Se aplicó bien a la tarea de abrir espacios. Tuvo un gol en sus botas.

Dongou: 3. Ensanchó el campo y jugó muy bien de espaldas. Propició varias ocasiones.

Valentín: S.C.

Cofre sin llave (Real Zaragoza, 1 – Córdoba CF, 1)


01_octubre   Poner los puntos sobre las íes no siempre es popular, pero tras ver el partido que ayer enfrentó al Real Zaragoza y al Córdoba es justo afirmar que hubo un hecho que desvirtuó la disputó y contaminó el resultado. El equipo aragonés, sí, no dispones de jugadores excelsos ni su propuesta futbolística es superior a la de sus rivales, pero también es cierto que los jugadores rivales no son mejores y la idea del contrario no se distingue notoriamente. Por eso es crucial contar con jueces más justos y capaces de interpretar los partidos con más sabiduría de la que nos muestran. Que es muy limitada.

   Desde el inicio, a un equipo cordobés bien plantado y con superioridad numérica en el centro del campo Milla opuso un grupo un tanto más estirado que en Soria y mejor dispuesto para el ataque. Eso suponía que había mejor presencia en la punta de ataque pero que el equipo se descosía en la medular si Morán y Ros no cumplían con su tarea. Que es lo que ocurrió. Por eso los primeros momentos se pintaron de verde pistacho y parecía que los de Oltra se hacían dueños del combate.

   Zapater no daba abasto para contener las oleadas andaluzas que, sin embargo, ofrecían un bagaje ofensivo más bien pobre y limitado. Tan solo algunos balones aéreos que Irureta controlaba sin gran dificultad, excepto la ya clásica torpeza que nos regala cada semana, esta vez en forma de despeje de puños deficitario. Fue un período de dominio cordobés estéril perfumado de balas de fogueo caducadas. Hasta que se produjo el gesto técnico mal interpretado por el juez Pérez Pallás. Un balón correctamente despejado por Casado dio con los huesos de Guille en el suelo, en una acción que fue castigada con penalti. No lo era, no lo fue, pero se pitó. La Basílica reaccionó con gallardía y firmeza y abroncó al trencilla (que palabra más castiza), pero de nada sirvió. El ex-zaragocista Rodri batió a Irureta y el primer gol subió al vetusto marcador.

   A diferencia de Soria, el equipo mantuvo la calma, la cara y el alma. Siguió a lo suyo y consiguió equilibrar las fuerzas gracias, sobre todo, a una mayor presencia de Lanza y Ángel en las zonas de peligro del Córdoba. Y es que no hay mejor defensa que tener el balón en nuestro poder. Se ha demostrado ya sobradamente que el Real Zaragoza es un equipo cuando maneja el cuero y se convierte en una banda cuando corre detrás de él. Ayer fue el de la primera opción y porfió para conseguir el empate. Este llegaría de un corner botado, cómo no, por Lanzarote, que puso el balón en la coronilla de Casado, que lo peinó para que llegara a la frente de Cabrera. Su testarazo rompió la red de Kieszek, diluyendo así la injusta ventaja del Córdoba.

   Se llegó con el empate al descanso y después del mismo el Real Zaragoza nos invitó a acompañarle en la tarea de solucionar el partido a base de esfuerzo, garra, buena colocación y la calidad de Lanza. Vivió el partido entonces una puesta en escena diferente. El Córdoba pretendió seguir con el guión de la primera parte, pero una mejor distribución de jugadores en el centro de campo y la presencia de Fran en lugar de Isaac le otorgó al equipo Milla la autoridad moral suficiente como para obligar a los visitantes a estar más atentos a defender que a atacar.

   La banda derecha se convirtió en un territorio propicio para crear peligro y así sucedió. Por allí llegaron los balones más sugerentes y a punto estuvo el Real Zaragoza se lograr el gol de la victoria hasta en tres ocasiones en las botas de Ros, Juan Muños y Lanzarote, pero el portero polaco tuvo su noche y protagonizó varias paradas de gran mérito. El Real Zaragoza era puro corazón, un ingrediente muy necesario en esta categoría, pero le faltó algo más de sustancia en el ataque y un mejor perfil organizativo. Este último detalle nos lleva a pensar que Milla tiene que terminar de ajustar sus piezas para lograr que el equipo funcione de un modo más compensado. Esperar que Fran se asiente, desear la llegada del mejor José Enrique, recuperar a Cani y Xumetra y acoplar definitivamente a Morán en su lugar natural se antojan decisiones razonables que le darán al equipo argumentos suficientes para crecer en medio de este páramo que no nos ampara. Y mantenernos firmes en la idea de que hace falta mostrar paciencia y fortaleza.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 2. Mejores prestaciones, pero aún es capaz de ponernos nerviosos.

Isaac: 1. Muy flojo y desorientado. No da el nivel.

Marcelo Silva: 2. Impetuoso y bravo, pero a veces mide mal.

Cabrera: 3. Mejor de cabeza que con los pies. Fue el goleador,

Casado: 1. Estuvo más centrado en defensa, pero en ataque no aporta.

Zapater: 3. Fue de menos a más. Cuando encontró su sitio, dio mucho.

Morán: 1. No acaba de rendir donde se lo pide Milla. Pide a gritos ser reubicado.

Ros: 1. Torpe, acelerado e irregular.

Lanza: 4. Protagonizó varias jugadas de gran calidad. El mejor.

Ángel: 3. Luchador y omnipresente. Debe mejorar sus controles.

Juan Muños: 2. Luchó y buscó espacios. Su lugar natural es el área.

Fran: 3. Muy participativo, le dio calidad a su banda, en ataque y también en defensa.

Edu García: 1. No participó mucho y se le vio falto de ritmo.

Pombo: S.C.

Cerca de la certeza (Córdoba, 0 – Real Zaragoza, 2)


583647_gLa mañana cordobesa ha tenido la fortuna de contemplar cómo se confecciona un partido sereno, maduro y fértil. No es fácil encontrar en nuestro registro de crónicas un texto que nos hable de un trabajo bien hecho sin recurrir a los aspavientos o a los gestos de fácil aplauso pero escasa profundidad. Pero hoy sí. Hoy el zaragocismo ha disfrutado de su equipo y tras frotarse los ojos ha reconocido en el juego de los muchachos el espíritu de su club. Hasta hace unos años mostraba con orgullo por todos los campos de fútbol el gusto por el balón, el aprecio a la elegancia y el apego al buen trato y algo de eso hemos podido volver a degustar, si quiera sea en formato de boceto. Un buen partido, desde luego, que nos hace imaginar que otro futuro es posible.

Lluis Carreras, nadie lo duda, ha recibido buenos jugadores para afrontar el tramo definitivo de la temporada, pero también es cierto que ha recuperado para la causa a jugadores veteranos que llevaban demasiado tiempo alejados de su cota razonable de aportación. Hombres como Manu Herrera, Cabrera, Morán, Hinestroza y el propio Pedro asoman en este nuevo universo con un nivel de prestaciones muy interesante, lo que ayuda mucho a que la idea del entrenador se haga carne. Se les ve cómodos, integrados, identificados con la propuesta futbolística y todo ello suma en un momento en que lo que se necesita es identidad y esfuerzo común.

El partido presentaba algunos aspectos interesantes a considerar. El terreno de juego, la fragilidad defensiva del Córdoba y la presencia, desde el inicio, de Hinestroza, que el sábado pasado jugó unos muy buenos veinte minutos. Estos detalles han ayudado a entender los primeros minutos, claramente zaragocistas, y el círculo se ha cerrado con la consecución del 0-1 tras jugada enmarañada protagonizada por Cabrera. Es verdad que ha sido un gol encontrado que ha cambiado el sentido del partido, pero también lo es que el equipo tenía muy bien aprendido el guión y ha sabido desarrollarlo al margen del gol obtenido. Control, circulación, muy buena colocación y sentido de juego de equipo han sido cuatro argumentos que han ayudado a trenzar un choque claramente dominado por el Real Zaragoza.

El equipo aragonés estaba disputando el partido con seriedad y conocimiento. La defensa se apoyaba en un centro del campo que ha transformado de arriba a abajo al grupo y su juego. Es la clave, la llave que ha abierto la ventana del juego razonado y razonable, que es un aspecto de altísimo valor en esta categoría en la que mandan los fogonazos y la solidez competitiva. Por eso, cuando el equipo activa los fundamentos del fútbol todo alcanza su sentido y el equipo contrario se deshilacha y se convierte en un grupo de futbolistas que no encuentran sentido a lo que hacen. Tal cual el Córdoba hoy.

La segunda parte aún ha sido mejor. Con la certeza que te da saber que sabes, el Zaragoza ha confirmado lo apuntado en los primeros cuarenta y cinco minutos y en seguida le ha brindado al sol su segunda copa. Un buen balón controlado en el centro del campo lo ha servido Javi Ros a Ángel para que este devolviese la perla al centro del área. El navarro no lo ha controlado bien, pero Hinestroza, dispuesto al gatillazo, ha rematado con solvencia para lograr el 0-2.

   El partido recogía el sabor del equipo aragonés, que gestionaba cada jugada con calma y sabiduría. El Córdoba acusaba los dos goles pero, sobre todo, la buena colocación de los chicos de Carreras, el aseo en cada jugada y el compromiso en la disputa. El bien armado centro del campo seguía surtiendo de balones a Ángel, Pedro e Hinestroza y la defensa se encontraba a cada minuto más segura, sabiendo que el juego cordobés llegaba desnutrido al área de Manu Herrera.

   El ágil delantero canario disfrutaba de dos ocasiones magníficas para cerrar el partido. Una de ellas la invalidó el árbitro al decretar un justísimo fuera de juego y la otra la anuló el propio Ángel al fallar clamorosamente ante Razak. No ha importado. El partido estaba sujeto por los cuatro costados y en ningún momento peligró el resultado. Por si acaso, Carreras ha refrescado al equipo con dos cambios muy bien elegidos: Dongou y Diamanka han oxigenado al equipo, que ha encarado el tramo final con una consistencia casi olvidada en los últimos tiempos.

   Magnífico partido, en fin. Extraordinarias sensaciones y buen trabajo el realizado por el cuerpo técnico, que ha sabido darle la vuelta a una situación catastrófica y moldear un grupo que parece haber comenzado a entender una idea futbolística fértil y de futuro. Con esta idea bien puede decirse que hemos encontrado las señales que nos indican el caminod e regreso a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Poco trabajo solucionado con acierto.

Campins: 3. Rápido y bien dispuesto.

Guitián: 3. Sobrio y eficaz.

Cabrera: 4. Valiente y sólido.

Rico: 4. Poderoso y comprometido.

Morán: 3. Aseado y acertado.

Javi Ros: 3. Dispuesto al trabajo y el esfuerzo.

Culio: 4. Gobierna, templa y lidera.

Pedro: 3. Centrado y abierto al talento.

Hinestroza: 4. Rápido, audaz y goleador.

Ángel: 4. Ágil, hábil y peligroso.

Dongou: 2. Ha cumplido las instrucciones.

Diamanka: 2. Ha inquietado a la defensa.

Dorca: S.C. 

Ranko no arranca (Real Zaragoza, 0 – Córdoba, 1)


   561856_gNada. Ni siquiera la nada. El partido de ayer pasa a formar parte de la nutridísima galería de los horrores a la que tan acostumbrados nos tiene el Real Zaragoza en los últimos años. Tras la previa de Popovic en la que se despachó a gusto con el zaragocismo para protegerse de una exigencia que está empezando a venirle grande, la afición esperaba, al menos, una victoria. No ya juego, no ya una propuesta razonable, no ya interés y compromiso. Solo una victoria. O, en los minutos finales, un empate. Pero no. Nada.

   La mejor traducción de lo que ayer ocurrió fue el discurso templado y apagado que nos regaló el entrenador después de la derrota. Un saco de palabras vacías y timoratas con las que tratar de salir del paso después de un desastre clamoroso que no satisface a nadie. Y estamos en la cuarta jornada, lo que no impidió que al finalizar el choque un sector de la grada entonase el “Popo vete ya”.

   Un partido que se presumía clave, de esos de los que a los jugadores les gusta decir que “vamos a dar un golpe en la mesa” y todas esas tontadas a que nos tienen tan acostumbrados, se conviritó en un suplicio difícilmente soportable. Salvo una primera acción de Ángel ante el portero que no supo aprovechar y varios corners seguidos a cargo de Pedro que animaron a los hinchas (¡los corners nos animan!), ya no hubo nada más que apuntar en el casillero de las cosas positivas. A partir de aquí solo hubo un equipo. El Córdoba, herido y vapuleado por los resultados, se dijo a sí mismo que con estar un poquito encima de Dorca y Wilk sería más que suficiente para bloquear el cerebro blanquillo. Luego no había más que echar balones a la espalda de Rico y Marc y aprovechar la lentitud de Rubén para provocar el temblor en las piernas de la Basílica. Y a ello se pusieron.

   El equipo de Popo en seguida se partió. Atrás solo Bono actuaba con correción y arriba a los tres medias puntas, entre los que no estaba Aria después de haberlo defendido a capa y catana, no les llegaba ni un solo balón aprovechable. Por último, Ángel deambulaba en un mar sin agua en el que no encontró ni media ameba que llevarse al gatillo. La lectura del partido era tan simple que rozaba la incredulidad. ¿Cómo era posible que no hubiera dos pases con criterio seguidos? ¿Cómo era posible que los balones divididos tuviesen siempre dueño forastero? ¿Cómo es posible que el centro del campo fuese territorio califal desde el minuto uno?

   Todo era posible. Para mal. En el minuto veintitrés Popo puso a calentar a Abraham y Morán, pero no movió ninguna ficha hasta el descanso. Y ninguno de los dos fue el elegido, sino el murciano Ortuño. La solución no fue tal. Es verdad que el Real Zaragoza adelantó un tanto sus líneas, pero las mejores ocasiones siguieron siendo cordobesas, como ese chut desviado ágilmente por Bono nada más comenzar la segunda parte. Por parte local el concierto mantuvo el mismo tono desafinado. Morán entró por un anodino Dorca y le dio algo más de circulación al balón, ofereciendo algunos indicios de gobierno, y Abraham tuvo que sustituir a un lesionado Pedro, lo que no fue ni buena ni mala noticia.

   Los minutos siguieron pasando y la afición mostró su enfado e impaciencia más que justificadamente. El match era propiedad absoluta del Córdoba, que aún tuvo alguna ocasión más para rematar la faena y dejar todavía más abatido al equipo y a la sufridísima afición zaragocista. Por parte del equipo aragonés un par de acciones individualistas muy mal gestionadas, algún balón suelto fruto de desajustes defensivos del Córdoba y nada más. Popovic tiene un colosal desafío por delante y seguramente algo muy importante que hacer: mostrar seguridad en sus argumentos, respetar sinceramente al zaragocismo y comenzar a dibujar los senderos que nos devuelvan de nuevo a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 3. Quizás en el gol pudo hacer algo más, pero realizó varias buenas paradas.

Marc: 2. Flojo en defensa en la primera parte, se sumó algo más al ataque en la segunda.

Rubén: 1. Desajustado y lento.

Cabrera: 1. Incoherente y e inseguro.

Rico: 2. Dio varias de cal y alguna de arena. Gana en ataque, pierde en defensa.

Dorca: 1. Irrelevante.

Wilk: 1. Desapareci.

Jorge Díaz: 1. Voluntarioso pero improductivo.

Pedro: 2. Los balones a balón parado se han convertido en su mejor arma.

Jaime: 1. Individualista y torpe.

Ángel: 1. Tuvo una ocasión. Luchó muy solo.

Ortuño: 1. Apenas participó.

Morán: 2. Ayudó a que el balón circulase con cierto criterio.

abraham: 1. Su presencia no solucionó los problemas que se encontró.

 

Mi crónica. La vida tenía un precio (Córdoba, 1 – Real Zaragoza, 2)


   A Víctor no le ha gustado cómo ha jugado el equipo, pero ha ensalzado la actitud de sus jugadores. A Víctor le ha parecido que Barkero y Luis García eran dos buenas opciones, pero ha aprovechado la lesión de uno y la ingravidez del otro para reconstruir el equipo. A Víctor se le ha visto lejano durante el partido debido a su sanción, pero cercano y eléctrico en la distancia corta cuando ha visto, de repente, sin esperarlo, una luz al final del túnel. Como todos. A Víctor, en fin, le salen las cuentas de la salvación.

   Con la no muy comprendida decisión de colocar a Cidoncha de central el Real Zaragoza ha afrontado un partido que se presentaba hosco y arisco. Enfrente un Córdoba que venía de ganar en Barcelona al B con un juego rocoso, firme atrás y a la contra. Y con esas armas nos han propuesto un choque en el que si no poníamos todo sobre el campo íbamos a sufrir. 

   Pronto se ha visto que el equipo no estaba para ninguna alegría. Ni para una sonrisa de media comisura. El desafortunado resbalón de Cidoncha ha propiciado, complementado por la indolencia del resto de compañeros, que el Córdoba se adelantase en el marcador. Ni quince minutos y ya estaba el partido agrisado. Y lo peor es que no había jerarquía en el grupo ni personalidad para diseñar un plan. Además, un apático Barkero se lesionaba y tenía que dejar su puesto a Paglialunga.

   Los minutos pasaban y no había ni apunte de recuperación. Con un juego largo y directo, el Córdoba desnudaba todas nuestras carencias y tan solo un esquelético contraataque mal finalizado por Montañés podía haber supuesto la ocasión para empatar. Espejismo, en todo caso. El partido era del Córdoba. La desesperanza, del equipo aragonés.

   En el descanso Víctor ha sustituido a Luis García por Víctor Rodríguez, lo que ha supuesto que el partido se reactivase. El incansable trabajo del pequeño catalán ha sido el mejor argumento para revertir la situación. El balón se ha quedado en los pies de los (hoy sí) tomates, se ha comido el campo y las jugadas han empezado a fluir. Sin llegada y, por supuesto, sin pegada, pero el dominio ha sido completo durante este período. Se veía a un Córdoba amedrentado, fatigado en su idea futbolística y los movimientos rápidos e intencionados de Víctor, Montañés y, más tarde, Álamo han conseguido abrir levemente la ventana a la esperanza.

   El cariz que ha tomado el partido hacía pensar en el empate. Más por minutos de posesión que por sensación de peligro, pero como el fútbol es una ráfaga de viento que tan pronto sopla de poniente como vuela desde levante, el gol ha venido tras una falta al agitador Víctor. Él mismo la ha sacado y Cidoncha, como quien pasa por ahí, ha peinado el balón consiguiendo un gol balsámico. Edulcorante.

   A partir de ese momento el match ha entrado en una fase en la que el error podía provocar una debacle, así que con los dedos cruzados contemplábamos cómo pasaban los minutos y los nuestros, aunque no convertían, caso de Paglialunga, lograban que los andaluces no asustasen salvo la ocasión de Abel. Partido deshuesado en el que casi nada más podía pasar. O casi nada más tenía que pasar. Pero fútbol es fútbol.

   Arzo ha colgado un balón al balcón de la Mezquita, se ha enganchado en la media luna de los muros de Medina Azahara y cuando ha caído lo ha recogido Roger, quien hoy ha decidido que acertaba con el chut y conseguía el gol de la victoria. Cuando nadie lo esperaba. Cuando nadie creía en nada más que en seguir atemorizados a la espera de que los próximos partidos nos trajesen los cuatro puntos que necesitamos para salvar la categoría. Gol de último suspiro. Gol de resurrección. 

Mi crónica. Real Zaragoza, 2 – Córdoba, 1 (Califas en la niebla)


Califas en la niebla

gol de RicoEl presente es horrendo, el futuro paupérrimo y el horizonte curvo como el terreno de juego de Oliver y Benji pero nada de eso importa si una canilla oportuna se interpone entre la bota de un jugador zaragocista y la grada del Ligallo para conducir el balón hasta la victoria. Y eso es lo que ocurrió. Después de sufrir un esperpéntico partido de fútbol, de soportar una infernal tarde de indolencia e incapacidad, de aguantar que nuestros jugadores fueran superados por un equipo modoso y dichararero, lo último que imaginábamos es que el Real Zaragoza iba a conquistar tres puntos de oro que nos colocan a las puertas de la fiesta. ¿Nos colaremos y nos plantaremos en ella aunque sea sin coca cola y sin algo de comer?

El mismo equipo que ganó en Canarias saltó al césped de la Basílica y ese mismo grupo no tardó en recordarnos que le tiemblan las piernas y su corazón sufre una estrepitosa taquicardia que le impide dar dos pases seguidos y evitar que el contrario nos atemorice con muy poquito fútbol que tengan en sus botas. En el segundo 31 Leo Franco ya tuvo que esforzarse con una buena parada y anunciar así que es el mejor del equipo. Mal negocio. Las dudas de Álvaro, la lentitud de Paglialunga y la inoperancia de los tres puntas fueron las rendijas por las que se introdujo la propuesta de los andaluces, guiados por un clon de Saviola llamado Dávila que no necesitó a nadie para volver locos a los de Herrera. Pases mal dados, coberturas decrépitas, espacios mal leídos, movimientos erróneos, combinaciones decadentes…Todo se hacía mal. Hasta la comunicación con la grada falló, como lo demostró el lío en el que se metió Leo Franco segundos después de evitar por segunda vez un gol andaluz. Mal todo. Somos malos hasta para hacer mal las cosas.

 

Y en esas estábamos, en un miniconcierto del Córdoba dirigido por un chico de aquí (¿cuántas veces se está repitiendo que ex-zaragocistas que en su momeno salieron por la puerta de atrás vuelven a su casa para sacarnos los colores?), Luso, cuando se produce una falta cerca del área y Rico le estampa un zurdazo europeo al balón que le estalla en las narices al portero Saizar. Un golzao de estirpe de reyes que nos obligaba a abrir la boca y poner los ojos en blanco. Era lo único que nos había dado el equipo hasta entonces, pero era mucho. Y aún pudo ser más bello el espejismo si unos minutos después Roger llega a culminar una buena jugada de ataque en combinación con Ángelo, pero el valencià no encontró arco. Con todo eso, a la ducha.

Al poco de salir ya se vio que los zaragocistas mantenían su estado de terror y amigdalitis futbolística. El Córdoba se creyó que podía derrotar a aquella caricatura de equipo que fue y ya no es y empezó a jugar al fútbol. El gol se masticaba porque en aquel gélido paisaje solo veíamos a once futbolistas. Herrera hizo el consabido cambio de Víctor por un desgastado Álamo pero únicamente sirvió para continuar el (mal) relato futbolero. Con una afición desolada y cierta división en la grada por el rifi rafe de Leo, la tarde pintaba muy mal. Y el gol forastero llegó. Fue una jugada muy bien cosida por el Córdoba que dio con el balón dentro del marco local, aunque aforunadamente se señaló un fuera de juego claro que evitó el bofetón. Por unos minutos. Solo había un balón; solo habia un equipo; solo había una vountad; solo había un destino. Y todo ello se tradujo en el gol, ahora sí legal, del visitante. Fue en una falta, ¿te acuerdas?, en una tarde al este del edén. Solo con ver la disposición de los actores ya se adivinó que iba a ser lo que al final fue. Un castigo horriblemente defendido que dio con el balón andaluz en nuestra cesta.

Desolador. ¿He utilizado ya esta palabra? Sí, claro, pero, ¿qué mejor término para calificar lo que allí estábamos viviendo? Muy poco quedaba para el final, aunque si algo podía ocurrir era que los cordobeses se llevasen el partido, a pesar de quedarse con diez por expulsión de Mendi. Previamente Herrera había cambiado a Paglialunga por José Mari y a Ángelo por Lui García, pero aquello, obviamente, difícilmente podía mejorar, dada la dinámica en la que se hallaba envueto el equipo. Y, en efecto, no mejoró. En todo caso quien más quien menos ya nos dábamos por satisfechos con el raquítico y deplorable empate al que nos había abocado el tristísimo equipo de nuestros dolores, comandado por un centro del campo muerto de miedo, una defensa corajuda gracias al valor de un Lagu cada día más capitan sin llevar el brazalete y una delantera deshuesada y fláccida. ¿Entonces?

Pues entonces, la vida. Un balón suelto en la banda lo recogió Víctor, centró, lo despejó al centro de la segunda línea un defensa, le llegó a José Mari, que chutó con ganas dirigiendo el balón a sus amigos del Ligallo, pero otro amigo, con camiseta naranja y espinilla divina, decidió que había que desviar la bola para meterla al cesto propio. Así de absurdo, así de increíble, así de bien.

No hay nada más que decir del partido, sencillamente porque no hubo partido. Hubo un juego al que la mitad de los jugadores jugaron muy mal aunque acabaron saboreando las mieles del triunfo. Injusta fortuna.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 4. Salvó al equipo con tres paradas decisivas.

Cortés: 2. En su línea habitual de esfuerzo y oficio. No subió con fluidez.

Álvaro: 1. Fallón y nervioso. Sus acciones imprecisas estuvieron a punto de costarnos algún gol.

Laguardia: 3. Fue el sustento de la defensa. Su carácter y vigor le ayudan a ser cada día más líder.

Rico: 4. De los mejores. Gran trabajo defensivo y buena ocupación de espacios en la banda. Su gol, extraordinario.

Tarsi: 1. Menos importante que otros días. Buena disposición táctica pero poca participación distribuyendo.

Paglialunga: 0. Lento, impreciso y muy flojo defensivamente.

Movilla: 2. Quiso participar pero sus oponentes lo envolvieron en una maraña en la que se perdió a veces.

Álamo: 1. Luchador pero poco acertado. Tan solo un chut a puerta y nada más.

Ángelo: 1. Buscó el balón pero siempre en los territorios equivocados.

Roger: 1. Trató de asociarse pero el balón no fue su amigo. Se inventó una buena jugada pero remató muy mal.

Víctor: 1. Insípida actuación solo maquillada por el centro que propició el segundo gol.

José Mari: 2. Metió un gol de rebote pero su trabajo no lució.

Lusi García: S.C.