Milla, Zapater y Cani o la abundancia del futuro.


   Milla02Vamos a empezar. Vamos a darle la bienvenida al presente y a poner algún punto azul sobre esas íes blancas que amamos aunque hace años sea tan difícil encontrar medio gramo de alegría. 

   Hace casi un mes y medio escribí la última crónica de este blog que va camino de la década de vida. Lo titulé “Se nos muere la Verdad” y el primer párrafo rezaba:

   “El zaragocismo vivió ayer la jornada más humillante y dolorosa de su historia reciente y una de las más vergonzantes de sus 84 años de vida. Quienes ayer representaron el escudo del león no son dignos ni de esta afición, ni de esta institución ni de esta ciudad y pasará mucho tiempo antes de que podamos recuperarnos de la catastrófica derrota que ayer nos infringió el Llagostera.”

   Zapater01Eso es lo que pensaba esa tarde miserable y lo que mi corazón me dictaba, pero también diré que el tiempo es un amable amigo que ayuda a apagar fuegos de indignación. Y ese es nuestro caso. Hoy el horizonte zaragocista ha recuperado la sonrisa y puede afrontar el futuro con ilusión y fuerza. La ilusión la han puesto, principalmente, tres hombres: Milla, Zapater y Cani. Los tres, cada uno desde su posición, han conseguido activar la esperanza de un zaragocismo que moría de pena y ahora sonríe porque ve que hay proyecto que apoyar.

   La muerte dio paso a la desolación. De un barco astillado y una tripulación en algunos casos cobarde y sin alma hablamos en su momento y la historia juzgará a quienes ni supieron ni, mucho peor, quisieron morir con honor. Y a aquellos que abandonaron nuestras vidas para subirse a las cuádrigas de otros generales supuestamente victoriosos les decimos que ni hay ni habrá perdón. Y volverán a pisar el sagrado césped de la basílica vistiendo otros uniformes. No esperen desprecio, que no lo merecen, pero tampoco comprensión ante su ignominia. Y no volveré a mencionar los nombres de Guitián, Pedro y Culio. Adiós.

   Cani01Hoy es hoy. Y mañana, al mismo tiempo. La llegada de Milla me produjo una honda calma. Su discurso maduro, equilibrado y fuerte trasladó al zaragocismo un mensaje sólido y clarividente. Después llegó Alberto Zapater. Un chute de fortaleza y pasión muy bien encauzada. Su presentación sirvió para darle al play de la fe y los cinco mil corazones blanquiazules fueron testigos de un resurgir que nos convierten, de un plumazo, en firmes aspirantes a la vida. Por último, la joya de la corona. El diamante muy bien pulido que la historia nos devuelve para darle brillo a un proyecto ganador: Cani. El emblema del buen gusto, de la calidad infinita. El símbolo de una generación que va a volver a degustar la magia de un fútbol que, en realidad, nunca ha abandonado la Romareda.

   Los tres, Milla, Zapater y Cani, son los faros que ha conectado Julià para alumbrar el camino que ahora comenzamos a andar juntos. Un proyecto de altísimo riesgo, que debe afrontar una empresa de titanes. Una temporada durísima, llena de obstáculos, dificultades, minas ocultas y proyectiles visibles, pero una temporada que puede ser la de la definitiva resurrección. De nuestra capacidad para estar unidos y nuestra altura de miras dependerá que el último partido ante el Tenerife sea la Gran Fiesta del Siglo XXI. De nuestra generosidad y amor sin límites a un escudo dependerá que este camino, ahora sí, sea el que nos lleve por fin de vuelta a casa. A Primera.

Anuncios

Real Zaragoza: Ganar algo para no perderlo todo


831298_1b   La introducción que ayer se marcó Pedro Hernández, director de La Jornada, en ATV fue de las de guardar. No por lo que dijo, con lo que se puede estar hasta de acuerdo, sino por las formas que empleó. Chirrían esos tonos de voz, ese vocabulario y esa actitud desafiante cuando se dirige a los televidentes, emulando a aquellos periodistas de los setenta y ochenta que, parapetados en sus micrófonos nocturnos, arengaban a los somnolientos españoles con la narración de las corruptelas de los federativos y tal. O sea.

   Pero no es eso asunto que me preocupe. Sí la situación del Real Zaragoza y, sobre todo, cómo está Manolojiménez. O cómo esté. Porque algo me dice que este hombre está pasando por un momento agrio, en el que algunos fantasmas le acompañan y ciertas incertidumbres se han quedado a dormir en su alcoba. Todo ello lo transmite en sus ruedas de prensa y no creo equivocarme si digo que el sevillano está en trance de hacer de la equivocación su compañera.

   Es Jimenez un entrenador excepcional que ha logrado que este club se parezca a un club, cuando lo más fácil, siendo el máximo accionista quien es, es que se acerque fácilmente al concepto de “La Casa de Pepe Merda”. Su trabajo el año pasado pasará a la Historia del zaragocismo como una gesta casi sin igual y la afición le recordará por siempre como un profesional que supo aunar voluntades y reunir en torno al “Sí, se puede” un torrente de vigor blanco y azul inigualable. Pero ahora todo eso es pasado. Nada de lo hecho hasta ahora servirá para reflotar al equipo, que ha entrado en un túnel del que, con su juego, nos dice que no sabe salir, al menos por el momento.

   Él y sus colaboradores tienen la palabra. Las decisiones, las instrucciones y los pasos a dar corren de su cuenta. La afición, como siempre, estará con el equipo y la prensa espero que cumpla su papel con ecuanimidad, objetividad y sensatez. De quien no me fío, o mejor, me fío para mal, es del Sr. Iglesias, capaz de lo peor y lo peor en situaciones como la que vivimos en la actalidad, pues se maneja muy bien en el fango de las crisis y esto, amigos, es una crisis como un piano. Ese es mi temor, ese debe ser nuestro temor: que no se gane al Valencia el próximo sábado y todo empiece a derrumbarse bajo la piqueta demoledora de la insensatez del empresario de Navaleno. Por ello, vamos a empujar todos para evitar darle argumentos al enemigo, y eso significa que hay que conseguir una victoria honrosa ante el equipo de Valverde. Y me da igual que sea con cinco euros o con quinientos maravedíes.

Entrevista a Manolo Jiménez en Heraldo de Aragón


«PASE LO QUE PASE, EL ZARAGOZA SIEMPRE ESTARÁ EN MI CORAZÓN»

Es el hombre del momento, la persona que ha sido capaz de volver a dar sentido al zaragocismo. Porque, pase lo que pase hoy, se ha ganado el respeto y la admiración de la afición

«Mi padre era mi ídolo, mi amigo, me enseñó todos los valores»

«Siento haberme perdido momentos importantes de mis hijos por mi trabajo»

«Soy costalero desde los 15 años y saldré la ‘madrugá’ de Arahal esté donde esté»

PICOS LAGUNA. Heraldo de Aragón. Domingo 13. 05.2012

   Tiene a Sevilla metida en el alma y en el corazón, una Sevilla que le ha dado todo, la gloria deportiva, la esencia de sus raíces; una Sevilla que llegó a ahogarle y que le impuso el reto de buscarse fuera a sí mismo, ver si también lejos de ella podía encontrarse con ese Manolo Jiménez (Arahal, Sevilla, 1964) capaz de triunfar. Y lo ha hecho. Hoy, este andaluz sensato, reflexivo y metódico, marcado por un padre que le enseñó todos los valores importantes para un hombre, lleva también en el alma prendida a esa Grecia que dejó en medio del caos y la pobreza, y a una Zaragoza, a un Zaragoza que le adora y que se ha rendido a sus pies.

Impresionaba su rostro en el autobús que le llevó a la Romareda, antes del encuentro frente al Racing.

¡Uf! Es que se acumula mucha tensión. Dese cuenta que no es solo cumplir con tu trabajo, sino la responsabilidad de los sentimientos que hay detrás de ti, de tanta gente. Si eres una persona responsable, todo se te refleja.

Era emocionante ver cómo le animaban tantos seguidores, más que a los jugadores.

Bueno, me he erigido un poco como el buque insignia, pero, y lo digo de corazón, me contrataron para intentar salvar al Zaragoza y lo que hago es cumplir con mi deber y llegar a mi objetivo. Todos valoran las dificultades que había, pero los protagonistas son quienes hacen el gran esfuerzo físico de ganar, los futbolistas; y el gran esfuerzo de desgaste sentimental y emocional de la afición. Por supuesto, algo que tengo que ver, porque soy quien diseña el trabajo.

¿Cómo aguanta la presión?

Sufro, sufro, pero intento disimular ante los jugadores y la afición, aunque mi cara la refleja muchas veces, refleja el miedo de fallarle a la gente a la que te debes y creo que ese miedo se llama responsabilidad. Desde pequeñito siempre me ha dicho mi madre que he sido muy responsable en todo.

Además de reflexivo y metódico, y esto se ve en su trabajo.

Hay que saber diferenciar los momentos que tiene el ritmo de la competición. A veces que hay que ser un poco vehemente, y lo soy; ser un poco padre o hermano mayor para los más jóvenes, y lo intento; o tirar de autoridad. Me ayuda mucho haber sido futbolista tantos años, haber sido capitán de un equipo histórico, el Sevilla, como es el Zaragoza. También, y en el plano personal, ser el segundo de cinco hermanos, porque por mi carácter siempre he intentado ser un poco líder, también en el colegio, lo que me ha servido para involucrarme mucho en los problemas de los demás. Me gusta ayudar, por eso me hice entrenador, en principio para ser formador, para ayudar a los niños, porque yo cumplí mi sueño y sé lo mucho que me costó. Empecé en el Sevilla más que de entrenador de formador deportivo, hasta que me llegó el reto de entrenar al primer equipo.

Usted es canterano, ha estado años en el mismo equipo y eso genera un gran sentimiento hacia una camiseta.

Soy canterano cien por cien. Por eso tengo aquí chavales de la cantera, aunque los utilizo poco, pero quiero que ganen confianza y experiencia que puedan aportar al Real Zaragoza. Soy un canterano porque creo en los sentimientos y está claro que un chico que viene desde la base, aparte de ser tan profesional por condiciones como cualquiera, tiene un plus, que es saber cómo se vive y se respira el fútbol en Zaragoza, qué siente el zaragocismo.

Un sentimiento no muy habitual.

Es que la sociedad ha cambiado. Recuerdo que cuando comencé todos éramos canteranos, 2-3 de otra región y como máximo tres extranjeros. Ahora la libre circulación de ciudadanos en la Unión Europea, y que pueden venir tres extracomunitarios, ha abierto un abanico de posibilidades que es bueno, aunque tiene su lado negativo. No se tiene que perder al jugador de las ‘vacas flacas’, de cuando todo mal, cuando todo son problemas y se tira de la cantera. Quienes estamos encargados de dirigir los equipos deberíamos tener mucho tacto con ella; de hecho, grandes equipos como el Barcelona o el Bilbao lo hacen y es algo muy grato para mí.

Jugó en 15 ocasiones con la selección absoluta.

En total fueron 21, con la olímpica y la B.

Y era lateral izquierdo, una posición no muy habitual.

Tuve que sustituir a jugadores como Camacho o Gordillo; después estábamos Sánchez Flores, López Recarte, luego llegó Sergi… Ha habido grandes laterales izquierdos y tuve el honor de representar a mi país en un Mundial, en una Eurocopa Sub-21, en un preolímpico. Al salir de un pueblo, pasar por todas las categorías y llegar a lo más alto que es un Mundial, fue un premio al trabajo que quise compartir con mis compañeros, porque en el fútbol todos dependemos de todos y si llegué fue también por lo bien que lo hicieron para que yo destacase.

¿Por qué se hizo entrenador?

Me retiré por una lesión y me hice porque me gusta mucho la formación del jugador. Empecé porque casualmente en la barriada Sevilla Este de Sevilla jugaba mi hijo y se quedaron sin entrenador; coincidió que ya no era jugador y decidí coger a ese equipo. Yo disfrutaba más que los niños con su ilusión; ellos me respetaban mucho, claro, un ex futbolista del Sevilla… Ahí empezó esa vocación y fui sacando todos los títulos de entrenador. También empecé desde abajo: Preferente, Tercera, Segunda B, Segunda A y Primera División. Me ha gustado seguir los pasos y no utilizar mi nombre, empezar desde abajo porque es como más se aprende.

Y le fue muy bien.

Sí, sí, cogí al filial del Sevilla que estaba en Tercera División y lo ascendimos a Segunda B y Segunda, algo histórico porque se tenía un equipo en Primera y otro en Segunda; me necesitaron en el primer equipo y di el salto: dos competiciones en Champions, semifinal de Copa, final de Copa, tercer clasificado con 71 puntos… Todo muy bonito, pero me tuve que ir al extranjero porque necesitaba salir de todo lo que había sido siempre el Sevilla; el Sevilla era todo lo que yo veía y me fui al AEK de Atenas.

Precisamente cuando se produjeron graves revueltas, en 2010-11.

Me acogieron fenomenal, guardo un gran recuerdo y cariño por todo y por todos. El equipo ganó la Copa, después de nueve años de sequía de títulos y para un grande como el AEK era algo imperdonable. Me exigían ganar un título en un corto periodo y en apenas cuatro-cinco meses lo conseguimos.

¡Es usted un apafuegos!

Bueno, ¡parece que me estoy definiendo por eso! Al poco tiempo surgieron las revueltas, la crisis azotó fuerte y la vida se hizo muy difícil. Grecia fue dura, un idioma que no puedes ni leer, que no sabes si estás comprando leche o aceite porque no entiendes nada. La gente es muy pasional, muy fanática de su equipo, pero le cogí un cariño muy especial porque son muy de verdad.

Se mueve solo, sin su familia.

Voy con mi equipo, pero no con mi familia porque los dos últimos años me he movido cuando ya estaba todo comenzado y llegaba de una forma improvisada.

¿Sus hijos?

Tengo tres, dos mayores de 23 y 21 años, y uno muy pequeño de 2 y medio; y claro, uno trabajaba, otra estudiaba, el pequeñito en la guardería. Llegar con el curso empezado es una locura, se hace muy difícil pero lo sobrellevas. No cambio ninguna de las tres paternidades porque todas han sido muy especiales y lo que siento es haberme perdido momentos importantes de su vida por mi trabajo, pero es lo que tiene esta profesión.

¿Cómo lleva la separación en momentos de presión, como ahora?

Echas de menos a la familia, porque tus hijos te cambian el chip, y a los amigos. Cuando llegué aquí estaba todo el mundo abatido, no solo jugadores, sino la gente por la calle que no creía en nada. Al no tenerles cerca te encariñas más con los jugadores, con la gente del club y te vas involucrando en su vida; al llegar más fresco que ellos -llevaban unas vueltas para olvidar, de sacrificio y penalidad-, crees que tienes que ayudarles y para eso creo que estoy preparado, porque me gusta y vengo de abajo en todos los aspectos.

Veo que lleva una pulsera de nazareno.

Es de mi hermandad, Jesús Nazareno de Arahal y Santísima Virgen de los Dolores. Soy costalero desde los 15 años y tuve que mentir porque solo puedes ser con 18. Es algo que me trasmitió mi padre y que he trasmitido a mi hijos. Yo creo mucho en Dios, pero también en la unión que en torno a una hermandad se crea; me gusta esa forma de vida y me gusta que la sociedad se lleve bien.

Exigió por contrato tener libre Viernes Santo para procesionar.

Es cierto, yo les dije que tenía que tener libre la madrugada del Jueves Santo al Viernes Santo. Lo hice en Atenas, lo hice aquí y lo haré allí donde vaya, es una condición, porque perdí a mi padre en 1994, que era el que me llevaba de la mano a ver mi cofradía, el que me acompañaba cuando era nazareno y el que me llevaba un dulce, un bocadillo, un batido debajo del paso. Siempre he tenido a mi padre muy cerca. Porque las cosas no se hacen por dinero, sino por sentimiento, aunque, por supuesto, quiero el bienestar de mi familia y eso lo da el dinero.

Su padre le ha marcado mucho.

Era mi amigo y me enseñó todos los valores que hay que tener en la vida. Mire, él era bético, muy bético y se interesó por mí el Sevilla, el Betis y me seguía el Real Madrid. El primero que le llamó fue el Betis y lo que le propusieron fue un dinero para Arahal y un dinerito para mí, para que pudiera ir a entrenar con ellos varios días a la semana. Pepe Alfaro, que era el coordinador de la cantera del Sevilla, se reunió con mi padre y le dijo que él iba a cuidar de que viviese junto a otros chavales de la cantera para que no estuviera continuamente viajando, que se encargaría de que estudiara, me matriculaba en la Universidad Laboral y me iba hacer un seguimiento como si de un padre se tratase. Y eso le llegó, y mi padre, bético, le dio la mano y dijo: «Mi hijo va a firmar por el Sevilla». Gracias a él yo estudié Maestría Industrial, no una carrera como hubiese querido, porque decidí dedicarme más al fútbol.

Era difícil entonces compaginar ambas cosas.

Muy, muy complicado, ahora no. Empecé a destacar muy pronto, con 17 años firmé por el Sevilla, con 18-19 debuté en el primer equipo y con 19 entré en la plantilla. Mi padre ha sido la única persona allegada a mí que nunca me ha pedido una entrada, nunca supe que iba a verme, eran los porteros del Sánchez Pizjuan quienes me lo decían. Nunca me dijo si había jugado bien o mal, simplemente al comienzo, cuando firmé con el Sevilla, me dijo que no quería que fuera el mejor, sino que intentara ser el mejor en todo lo que me propusiera. Era mi amigo, mi ídolo. Era mi padre.

¿Por qué le llamaban Macario?

¡Ja, ja, ja! Hubo una época en el Sevilla donde coincidimos casi todos de la cantera y todos teníamos motes. Yo era ‘el cateto’ por ser de pueblo y como José Luis Moreno sacaba un muñeco que se llamaba Macario, que iba vestido de bruto, pasaron a llamarme así. Todos teníamos motes y ahí estaba ‘Trabuque’, ‘el cara cabra’, ‘el reverendo’… le puedo dar un recital de ellos..

¿Con qué se evade? Porque no estará todo el día viendo fútbol.

Desgraciadamente, y lo digo por quienes me quieren, estoy enganchado al fútbol. No soy un fanático, porque me gusta el cine quizá más que un partido, pero le tengo tanto respeto a la profesión que entiendo que tengo que ver partidos para mejorar. El día que me canse o que vea que ya no me motiva lo dejaré y disfrutaré de lo que me gusta, de mi campo, mi caballo. Tengo pensado comprarme una parcela, un cortijito cuando me retire en Arahal.

No le pregunto sobre su futuro, ya lo harán esta noche o mañana.

Mi futuro es que en mis sentimientos, que son determinantes en mi vida, el Zaragoza siempre va a estar en mi corazón, esté dentro o fuera de él. Como tengo un trocito del AEK, el Arahal y el Sevilla Este.

Sevilla, Sevilla. Estuvo vinculado al Sevilla durante 32 años, primero como jugador y después como entrenador en sus distintas categorías, «pero tenía un desgaste tremendo, era una persona demasiado vista y tuve que irme».

«La afición me pedía que no arrastrara la camiseta»

Es un idealista al que le gusta la gente sencilla. Dice que como jugador tuvo muchos fallos, aunque uno de ellos «fue una virtud, porque era muy temperamental, muy ansioso, aunque me trasformaba. Soy nervioso, pero cuando salto al terreno de juego tengo una gran lucidez, tengo claro lo que quiero. Mire, en toda mi vida como jugador solo me expulsaron del campo una vez». Ojito derecho del seleccionador Luis Suárez, recuerda que le hizo debutar en un amistoso, «donde me rompí el glúteo mayor. Quiso cambiarme pero le pedí que no lo hiciera, que era la ilusión de mi vida y me dejó terminar el partido. Me fue bien y siempre fui titular con él».

Nadie ha hecho tanto en tan poco tiempo en el Zaragoza: «Lo hemos hecho entre muchos y sobre todo hubiera sido imposible sin la afición. Porque salir a un campo sin sentir que creen en ti es muy difícil, trabajar sin reconocimiento es imposible y la afición, a la mínima que le hemos dado, nos ha llevado en volandas, por eso creo que en Getafe solo podemos ganar con ellos. Va a ser un partido con muchos miedos y ansiedad». Por eso, ahora, reconoce sus dudas de si iba a poder ser capaz de levantar a un equipo hundido, con una afición hundida que le pedía en sus cartas que no arrastrara la camiseta: por eso estalló cuando dijo, allá por febrero, sentir vergüenza por sus jugadores. E insiste una y otra vez que la clave está en la cantera, en cuidar a esos chavales que dan sentido a un sentimiento llamado zaragocismo.

Javier Aguirre en persona (La Oca Loca)


Reportaje, realizado por el taller de cine del centro penitenciario de Daroca, sobre la charla-entrevista con el entrenador del Real Zaragoza, Javier Aguirre, en su visita al centro.

Tus olas mancharon mi inocencia


Por primera vez en la corta pero intensa historia de este blog he dejado de escribir hasta dos crónicas consecutivas de sendos partidos oficiales de nuestro Real Zaragoza. Por primera vez y espero que no se vuelva a dar esta circunstancia, pero es cierto también que leído lo leído, oído lo oído y visto lo visto sospecho que me habría resultado mu difícil encontrar palabras dignas de tal desastre.

Acabo de regresar de Valencia. En la playa de la Malvarrosa viví ayer uno de los días más emotivos de mi vida y en el reflejo de ese mar que Sorolla supo hacer eterno encontré la verdad a muchas preguntas hasta ahora huérfanas de respuesta. Uní afectos, recuerdos y futuro y cuando el sol ya empezaba a acostarse mi familia y yo nos refugiamos en los jardines del Hotel Las Arenas. Fue un atardecer apacible, cálido y azul, como el emblema de esta bitácora, como el corazón de muchos de nosotros. Y en medio de ese ocaso comenzaron a desfilar ante los clientes que agotábamos las últimas luces del mediterráneo un grupo de jóvenes, tersos, fornidos y despreocupados que se dirigían a un templete con perfume heleno. Su uniforme les delataba: eran, seguro, deportistas. Y tenían que ser de élite.

   Una furtiva mirada al escudo bordado de aquellas camisetas fue suficiente para averiguar quiénes eran: los muchachos del Bayer Leverkusen, rival del Valencia CF en la Champions League, se disponían a cenar, recién llegados como estaban de su viaje desde Alemania. ¿Sentí envidia? ¿Soñé que era valencianista y el orgullo erguía mi pecho al ver cómo los guerreros teutones se alojaban en aquel hotel dispuestos a la grandiosa batalla que se habría de librar dos días después? ¿Me dispuse a sonreír pues me sentí parte de un nuevo encuentro con la Gloria? No. No. No. En ese momento tan solo pensé en que en apenas unos minutos mi Real Zaragoza iba a enfrentarse al Atlético de Madrid en un partido muy difícil del que no sabía ni sabría hasta pasadas unas horas.

Y supe. ¿Caben frases que expliquen la debacle? ¿Existen argumentos que indiquen cuál debe ser el sendero que ofrezca la revelación de este nuevo misterio? Hoy, desde luego, no. Leído lo leído, oído lo oído y visto lo visto, el zaragocismo está knock out, fuera de juego, atónito y estupefacto. Lo que podía haber sido una semana magnífica ha devenido en Semana Trágica. No es frase ingeniosa de listo que escribe a toro pasado: ya lo escribí el pasado 19 de Octubre: “(…) ahora hay que ratificarlo en una semana que tiene que alejar el adjetivo”trágica” y acercar, con nuestros argumentos, el adjetivo “magnífica”. Osasuna, Valencia y Atleti nos esperan. Espero que con temor por su parte.” ¿Eso me calma? No. ¿Sirve semejante párrafo para confortarme en la tristeza? No. Todo es banal. Lo único que importa es salir de esta sima, pero hay algunas señales que me alarman.

La apatía con que veo a Aguirre desde hace unas semanas. Sus declaraciones del sábado. Su errática propuesta futbolística. Su desacierto en los prolegómenos de los partidos. Y, sobre todo, su falta de argumentos para darle sentido a este sinsentido. Nótese que centro kmi preocupación en el entrenador. Lo hago porque es él el único referente válido en este torbellino desnortado que es el Real Zaragoza. Se ha volcado toda la responsabilidad futbolística en él; Aguirre la ha aceptado. Pero es evidente que hay signos que nos hacen pensar que el otoño, una vez más, amenaza con devorar al héroe de la primavera. Ocurrió con Víctor Fernández: ocurrió con Marcelino; ocurrió con Gay. ¿Ocurrirá con Aguirre?

No hay entrenador que, en los últimos años, haya superado un otoño. Es la época preferida por las sirenas del fútbol para desorientar con sus cantos a nuestros entrenadores y aunque muchos nos preguntábamos si ocurriría lo mismo con Aguirre, también respondimos que no, que éste está hecho de otra pasta y que su corpachón no se desharía como un azucarillo ante los primeros reveses que pudieran nacer a orillas de la Romareda. Pues bien, tal y como estamos ahora, vivimos un nuevo momento crisis que promete emociones fuertes a esta afición malherida, harapienta y fatigada que durante unos días vivió ilusionada con una temporada calmada, sobre todo después de la victoria ante la Real, pero que de nuevo se reconoce a sí misma ahogada en una nueva sima de fango y putrefacción. 

Vídeo: El fútbol según Aguirre


Curiosa “fast interview” a Javier Aguirre en la que, en dos palabras, define su universo futbolístico.

<object style=”height: 290px; width: 480px”><param name=”movie” value=”http://www.youtube.com/v/_eY1wzt1ktM?version=3″><param name=”allowFullScreen” value=”true”><param name=”allowScriptAccess” value=”always”>

</object>

Aurelio Gay, a true gentleman


Varios tornados han atravesado, de lado a lado, el valle del Ebro. El cierzo de la inestabilidad ha zarandeado, una vez más, las naves del zaragocismo, zaheridas por tanta desgracia como somos capaces de sufrir.

La derrota del pasado domingo ante el Sevilla fue mucho más mortífera de lo que puso hacernos creer el presidente Iglesias a la salida de la Romareda cuando, ante las cámaras de Aragón Televisión, contestó a la pregunta de si Gay estaría en Getafe: “Seguramente sí”. Eso dijo.

Pero es que es su modo de actuar. Aún recuerdo perfectamente cómo fue destituído Víctor Fernández. Cómo él mismo explicaba aquella noche de domingo después de empatar ante el Mallorca que él se encontraba plácidamente en su casa, en chándal, disponiéndose a ver junto a su mujer, Olga, un partido de fútbol cuando una llamada de teléfono le sobresaltó para requerir su presencia en las oficinaas del club. Y darle el finiquito, claro está, cuando no se lo esperaba.

Así pues, adiós a Gay. Adiós a un caballero, a un zaragocista, a un señor que dio todo lo que sus fuerzas le permitieron a un club que siempre le recordará por lo que hizo la temporada 2009-2010, cuando recogió los despojos de un equipo muerto y supo construir un grupo que completó una magnífica segunda vuelta. Adiós a un entrenador que sufrió el infortunio, al que la desdicha le mostró su rostro sin piedad y que mereció mejor suerte. Adiós a un trabajador del fútbol al que recordaremos por su entrega, su lealtad y su compromiso azul y blanco.

Cuando visitó el Bernabeu y sufrió aquella cruel derrota supo mantener el tipo y ofrecerse al zaragocismo para afrontar el vendaval de podredumbre que azotaba el club. Aceptó el desafío, no se amilanó aunque su puesto tuvo  muchos nombres , todos menos el suyo y afrontó una durísima travesía que completó con gallardía, serenidad y aplomo. Terminó la temporada y resistió los embates de la indiferencia, acertó a mantener el pulso a la incertidumbre y, cuando por fin renovaron su contrato, salió a la arena y explicó que se cumplía un sueño, todo un regalo para los oídos zaragocistas: ser entrenador de su Real Zaragoza una temporada más.

Después los despachos le negaron lo que, por dignidad y esfuerzo, le pertenecía. Le entregaron un grupo famélico y con poco estómago y aún así inició el camino por senderos que, a veces, han podido parecer de traición. Nunca renunció al trabajo. Acomodó la vida a la muerte que se aproximaba y tanta fue su fe que rozó la proeza. Sevilla (en la Copa) y Valencia, junto con el agónico triunfo ante el Mallorca, marcaron la luz que despertó su esperanza. Pero fue una trampa del destino. Lo que parecía una resurreción no fue sino la leve mejoría que precede el final. Su tiempo, por lo menos de momento, se ha acabado.

Adiós, Aurelio. Adiós ahora que ya otro comandante arenga las tropas harapientas que no supieron seguirte. Ojalá los estandartes que se acuestan en las llanuras de la batalla perdida puedan ser recogidos en seguida y proseguir el combate. Sé que lo celebrarás, pues en tu pecho duerme un león dorado sobre un fondo rojo, el mismo color que luce tu amor por nuestro equipo. El tuyo y el nuestro.