Y el rayo cesó (Real Zaragoza, 3 – Rayo Vallecano, 2)


 

Tras cuatro temporadas vagando por los áridos desiertos que conforman el continente de la segunda División, ya podemos escribir dos ideas que son tan verdad como el infierno que nos cobija. Una: aquí el que no corre y se deja el alma durante los 93 minutos de cada partido, muere. Dos: no es sostenible un equipo que para ganar tiene que meter dos o tres goles. Lo de correr como un canalla no te da la victoria, pero no correr te acerca al vacío. Eso, seguro. Y quien recibe cinco goles en dos partidos tiene muy poco que esperar de la vida. Más bien todo de la muerte.

   Zapater07

Y en esas estamos, amigos. Ayer el Real Zaragoza ganó al Rayo Vallecano porque el equipo de Michel falló mucho. Todo. Y también porque acertó en las tres ocasiones que construyó, una de ellas después de un corner y las otras dos porque Borja Iglesias abrió vías de gol y regaló sendas asistencias que valen su pase en oro. Si el fútbol ha sido injusto en modo derrota en otras ocasiones, ayer lo fue pero para regalarnos una victoria que apunta a rearme moral, a recolocación de piezas y ajuste de conceptos.

   Natxo volvió a contar con los buenos. Dejó en el banquillo o en la grada hasta a cinco jugadores que sufrieron la derrota en Huesca y recuperó a tres de ellos que, hoy por hoy, son fundamentales. Delmás  es en estos momentos el lateral derecho titular. Febas es clave en el juego de creación y combinación y Eguaras es el principal argumento para equilibrar a un grupo que necesita de manejo, cierto gobierno y líneas de pase. Aun así, el choque fue del Rayo desde el primer destello. Su concepto del juego, la solidez de su propuesta, la calidad de algunos de sus jugadores fueron argumentos de gran peso que desbarataron al Zaragoza en todo momento. Llegaban a la portería de Cristian con suma facilidad y solo su desacierto o la buena disposición del portero argentino impidieron que los goles cayesen del lado madrileño. De Tomás, Embarba y Unai aún deben estar calibrando el nivel de sus errores, porque disfrutaron de tres ocasiones impecables que podrían haber dado una ventaja insuperable al Rayo.

   El paisaje, decimos, tenía un dibujo claramente vallecano, pero el fútbol es muy inexacto en ocasiones, como ayer lo fue. En el minuto 25 Eguaras centró un balón que cabeceó Grippo impecablemente logrando el primer gol. No era lo esperado, si siquiera lo imaginado, pero ahí estaba el 1-0 campeando en el decrépito marcador de la Basílica. No obstante, el Rayito siguió a lo suyo. Perseveró en su propuesta, prosiguió desarrollando su argumentario que no era otro que jugar (muy bien) al fútbol y enseñarle los blancos colmillos a los de Natxo. 

   De nuevo De Tomás, otra vez Embarba y una vez más Embarba. Tres nuevas oportunidades desaprovechadas, mil suspiros de angustia en las gradas. Y el sábado, milagro. En forma de fantasía de Febas dándole un balón elevado a Borja que éste le devolvió para que el catalán lo alojase en la red de Alberto. Dos a cero. ¿Dos a cero? Los ojos de la afición zaragocista se abrían y cerraban, sujetos al asombro. Y había motivos.

   La segunda parte anunciaba una salida eléctrica del Rayo, al que imaginábamos herido pero en absoluto derrotado. Habría que hacer muy bien las cosas, pues era evidente que el equipo visitante porfiaría para remediar los errores de la primera parte. Y así fue. Desde el pitido inicial asistimos a un asedio controlado, firme y muy bien orquestado que provocó una situación de evidente inferioridad zaragocista. Natxo cambió a Mikel por un ineficaz y tarjeteado Verdasca, pero no logró apuntalar le sistema defensivo. Y no pasaron ni diez minutos hasta que el rayo logró su primer gol. Un centro lateral, otra vez un centro lateral, que habilitó a De Tomás para rematar inapelablemente. Un esquema demasiado conocido que nos sabemos de memoria y que activó el temblor en los corazones blanquiazules.

   El Zaragoza no sabía gestionar su ventaja y por eso Natxo optó por darle entrada a Pombo para agitar el partido. No surtió efecto en un principio. El control seguía en manos forasteras y el juego tenía color rojo lo mirásemos como lo mirásemos. Se antojaba imposible mantener la ventaja pues los únicos párrafos los escribía el Rayo y como son buenos narradores en el minuto 73 Trejo logró el empate. Una aproximación por la banda derecha y una combinación muy mal contrastada dio con el balón en la red de Cristian. 

   ¿Qué hacer? Confiar en mantener el empate como mal muy menor y suspirar por un hecho aislado que nos regalase el destino. Y sucedió. Pombo, que ya había intentado el gol con un magnífico chut que rozó el poste derecho, combinó con Borja Iglesias. El gallego, que llevaba ya un rato luchando con furia cada balón, cada opción, arrastró al mundo entero hasta la línea de fondo y le cedió el balón a Jorge para que rematase el tercer gol. Fue maravilloso estallar de alegría y, sobre todo, fue especial disfrutar con la expresividad del gran capitán, Alberto Zapater. Es evidente que el grupo se liberó de una pesadísima losa que le estaba hundiendo, poco a poco, en el fango de la incredulidad en sus posibilidades. Ahora es momento de recuperar el perfume de principio de hace algunas semanas y consolidar los cimientos. Almería es un buen lugar para lograrlo.

Foto: http://www.losotros18.com

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Tuvo varias intervenciones acertadas. Algo inexacto en los goles.

Delmás: 3. Luchó y corrió lo indecible. Falló en los centros.

Grippo: 3. Buen regreso. Muy bien por alto. Goleó.

Verdasca: 1. Irregular y falto de solidez.

Ángel: 2. Bien en ataque aunque algo desajustado en la posición.

Zapater: 4. Muy implicado y con galones.

Eguaras: 3. Tuvo momentos buenos y alternó alguna inexactitud.

Guti: 2. En la banda derecha estuvo desaparecido. En la medular, muy útil.

Toquero: 1. No fue su tarde. Trabajador pero desubicado.

Febas: 3. De nuevo agitó al equipo. Tiene talento y rasmia. Goleó.

Borja: 4. Vive solo pero se sabe asociar con cualquiera. Dio dos goles.

Mikel: 2. Algo frío y poco protagonista.

Pombo: 3. Activó al equipo y aportó frescura. Goleó.

Ros: S. C.

 

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No, no la merecéis (Real Zaragoza, 1 – Rayo Vallecano, 1)


   La grada estalló. Cuando Embarba empaló un remate seco y curvo que dio con el balón en la red de un estupefacto Ratón, la castigada afición zaragocista explotó. Lo hizo mostrando toda su ira contra unos jugadores incapaces físicamente y débiles mentalmente que han llevado al equipo al borde del abismo. No podía ser verdad. No era posible que de nuevo el frágil edificio construido sobre la base del gol de Pombo se viniese abajo arrastrando a miles de corazones destrozados por la desgracia. Pero sí. El Rayo empataba en el último minuto y la anhelada salvación se escapaba por el sumidero de la impotencia.

   La tarde nos presentó un paisaje árido de la mano de un horario infame. El sol bañaba todos los rincones de la Basílica y la afición se dispuso a cerrar una temporada infame que nos ha regalado decenas de momentos amargos. El Rayo vino a Zaragoza dispuesto a jugar al fútbol frente a un equipo, el de Láinez, agotado en el físico y exhausto en lo futbolístico. El entrenador aragonés dispuso el mismo dibujo que tan buenos resultados le dio hace unas semanas, pero sus peones ya no están para ejecutar un plan de semejante calibre. Además, enfrente se plantó un equipo muy bien organizado que se apropió del balón y lo supo manejar con buen criterio y talento. Fran Beltrán, Baena y Jordi saben a qué juegan y se aplican con gran dedicación a lo que Michel les pide que hagan. Eso fue suficiente para dominar el partido y eso que faltaba el veterano e inteligente Trashorras. Arriba, además, Embarba y Ebert sabían cómo hacer daño y a punto estuvieron de adelantarse en el marcador, pero los palos lo impidieron.

   En esas estábamos cuando Isaac y Lanza tejieron una correcta jugada que dio con el balón en los pies de Pombo, quien enganchó un certero latigazo que supuso el 1-0. Grande fue la alegría del joven jugador y más aún la de una afición muy necesitada de estímulos positivos. El gol no era justo, pues el partido tenía color visitante, pero esto del fútbol es así de raro. En cualquier caso, el partido se ponía de cara y ahora empezaba la segunda parte, ese tramo en el que el Zaragoza suele tirar por la borda lo conquistado en la primera.

   Láinez tuvo que echar mano de Feltscher a causa de un golpe de calor sufrido por Isaac. De este modo, además de la aportación de un muy cuestionado Xumetra en lugar del irascible Lanza, el entrenador pretendía bloquear las incursiones visitantes por esa banda, lo que había sido un enorme problema en los primeros 45 minutos. Sin embargo, el equipo cayó en el mismo error de siempre. Sus dos centrales retrasaron su posición y Zapater se incrustó entre ellos, lo que propició que tanto los laterales como Ros y Edu Bedia se echaran atrás, provocando un atasco que impedía que el balón saliera con limpieza. El Rayo aprovechó la circunstancia y comenzó un asedio tanto por las bandas como con balones diagonales que asfixiaron las combinaciones zaragocistas. Arriba Ángel se desgastaba en carreras inútiles a la búsqueda de los balones largos que Cabrera o Silva le entregaban con muy mala fortuna y ni Xumetra ni el incorporado Edu García supieron abrir líneas de circulación.

   La grada comenzó a desesperarse. Cada vez con más frecuencia el balón rondaba el área de Ratón, que recibió varios remates inexactos pero francos. Si el Zaragoza llegaba a las inmediaciones de Amaya podía hacer daño, como Edu Bedia con un acrobático remate que rozó el larguero u otro remate de Ángel, pero eran acciones aisladas, muy poco frecuentes. Michel apostó por introducir a Javi Guerra y por jugar con tan solo tres defensas arriesgando pero sabiendo que era su oportunidad.

   Llegaba el final del partido y los jugadores blanquillos notaron el temblor en sus piernas y en sus mentes. En muchas jugadas llegamos a contar ocho jugadores resguardados aterrorizados dentro del área, incapaces de expulsar el balón de la zona defensiva. Con ello el peligro se hacía muy evidente. La tragedia se mascaba y quien más quien menos contábamos los segundos desesperados, ansiando el pitido final. Pero no ocurrió. De nuevo antes del último minuto sucedió el error fatal, la equivocación bastarda, la torpeza excavada en el alma blanquilla. Feltscher despejó con la espinilla un balón fláccido que fue a parar a Lass para que este se lo acomodase a Embarba. Y los cielos se desplomaron sobre la Romareda.

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Discreto trabajo. No se sacudió a la defensa de su área.

Isaac: 0 Sufrió lo indecible.

Silva: 2. Luchador pero poco eficiente.

José Enrique: 0. Juega con juego. Y se quema.

Cabrera: 1. Inexacto y fallón.

Zapater: 2. Tuvo que tapar muchas vías de agua.

Ros: 1. No está acertado en sus decisiones.

Edu Bedia: 2. Tiene talento y calidad. Casi mete un gran gol.

Lanzarote: 1. No supo leer el partido y aportó poco.

Pombo: 3. Buen trabajo. Con clase y buenas intenciones. Goleó.

Ángel: 2. Desasistido y mal acompañado.

Feltscher: 0. Errático y torpe.

Xumetra: 0. Lento y apático.

Edu García: 1. Pone interés pero no aporta soluciones.

Luz en el Valle del Kas (Rayo Vallecano,1 – Real Zaragoza, 2)


aficion_en_vallecasGanar cuando la noche se ensancha apetece. No porque sea más justo, sino porque era necesario. Tanto como respirar cuando te ahogas y no queda aire en el mundo. Y si lo haces porque eres un poco mejor que el otro equipo, quien te acompaña hasta el infierno porque te ama y no puede vivir sin ti ve recompensa a sus desvelos.

   Ayer el zaragocismo recogió las migajas de un partido construido por dos equipos adelgazados por la enorme exigencia que la Historia les propone. Se quedó con esos dos goles inesperados que en modo alguno tapan los vacíos del equipo pero al menos ayudan a esperar el nuevo año con algo más de amor propio en el zurrón. Agné lo dijo: hemos hecho un partido más largo en prestaciones y eso nos abre la puerta a seguir creciendo. Porque queremos jugar a otra cosa y nos va mejor. Porque utilizamos a otros jugadores que nos dan otras posibilidades y nos va mejor. Porque conseguimos que el otro equipo se desnude él solo y nos va mejor. Porque logramos que el contrario se caiga en sus propias zanjas y nos va mejor.

   Nadie se atreve a hablar de fútbol todavía. Nadie encuentra argumentos sólidos, ni frágiles, que expliquen lo que sucedió en el campo. Pero nos quedamos con la verdad matemática: el Real Zaragoza, el equipo que hace pocas cosas bien, que no encuentra su alma porque alguien la vendió al diablo, que desconoce dónde comienza el camino de regreso a la Verdad, llama a las puertas de la luz y luce un pespunte de veintisiete puntos. No es mucho, no es poco.

   Irureta en la puerta despejó las pocas dudas que asomaron a su puerta. La defensa ha logrado un correcto equilibrio siempre y cuando Silva, Cabrera y José Enrique se citen en el balcón de las murallas. Lo del lateral derecho ya es otra cosa, pero no hay muchas soluciones a la vista. Arriba está claro que hay respuesta a casi todas las preguntas. Por lo que hay ahora y por lo que espera a volver. Pero el centro del campo es un territorio de sequía prolongada. Ahí se ha instalado el sufrimiento, el discurso hueco. La lucha heroica y no siempre fértil de Zapater, que partido tras partido remienda su enorme corazón para aceptar las batallas desiguales que los rivales le presentan. A su lado Ros nos da y nos quita, en un impagable aunque insuficiente esfuerzo.

   Cuando el partido languidecía, cuando el Rayo Vallecano ya nos había explicado que no sabía cómo deshacerse de la presión adelantada del Zaragoza y los nuestros no encontraban el sendero del gol, bien por impericia, bien porque el árbitro se encargó de anular una buena jugada de Ángel y Dongou, llegó el esperpento. Un balón insignificante acabó en al red madrileña porque el portero del Rayo cometió un gravísimo error que le costó el primer gol en contra. Asombroso regalo, inesperado fruto, estruendoso botín. Nada que no hubiésemos vivido antes aunque ahora fuese en carne propia. Un 0-1 que abría de par en par las puertas a una posible y vivificante victoria.

   La segunda caricia a la buena suerte vendría con un penalty cometido al joven Xiscu. Ayer, sí. Ayer el árbitro nos concedió esa posibilidad que otras veces se nos había negado y Ángel la aprovechó para lograr el 0-2. Gratísima noticia en un partido difícil por muchos motivos y que teníamos en nuestras manos ganar después de ocho meses. Si el equipo era capaz de aburrir el match, de adormecer al rival, de matar el aire vallecano sería posible irse de vacaciones con un mensaje de futuro.

   Serían quince minutos de brega y veteranía, de lucha y experiencia. Y de pugna colectiva para cosechar tres puntos de oro con los que completar un mensaje ordenado. La brecha entre la miseria y la posible gloria es mínima, delgada como los hilos que mueven nuestra vida desde hace diez años. Hace dos semanas sentíamos el gélido viento de la 2ª B en nuestras nucas y hoy sospechamos que hay calidez no demasiado lejos de donde habitamos. Así es este pozo de miseria en el que habitamos. Y de él podemos salir si las decisiones que se tomen estos días se acercan a la coherencia y la razón. Hasta que llegue el momento de medirnos ante los más fuertes, que los dioses nos otorguen el privilegio de la esperanza. La que se merece la mejor afición del mundo.  

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 3. Correcto y solvente en sus actuaciones.

Isaac: 2. Sufrió por su banda y tuvo más de un problema con su par.

Silva: 3. De nuevo de los mejores. Su presencia se valora cuando no está.

Cabrera: 3. Luchador y serio en el corte.

José Enrique: 3. Otro buen partido tanto en defensa como en ataque.

Zapater: 3. Lo dio todo, aunque no llega siempre a lo que se propone.

Ros: 2. Irregular y con cierto desequilibrio en la contención.

Cani: 3. Todo lo que hace es valioso.

Xiscu: 2. Menos presente en el juego, aunque volvió a aportar rapidez y profundidad.

Dongou: 4.El mejor. Luchó, controló de espaldas y se asoció bien con Ángel.

Ángel: 4. De nuevo goleador.

Morán: 2. No consigue recuperar protagonismo.

Lanzarote: 2. Justo en su juego, aunque de sus botas nació el pase que propició el penalti.

Bagnack: S.C.

Efemérides. Dos goleadas (1951 y 2001) para recordar.


   El 4 de febrero es un día para conmemorar goleadas. En 1951 el Real Zaragoza le endosó un 8-3 al San Andrés en partido de Segunda División, mientras que en 2001 se venció al Rayo Vallecano con un contundente 6-1.

   IMAG0455En el primer caso el equipo vivió una temporada exitosa, logrando el ascenso a Primera gracias a la confección de una plantilla formada por experimentados jugadores, alguno de los cuales habían formado parte de la selección española que había quedado cuarta en el Mundial de Brasil, como Pepe Gonzalvo o Rosendo Hernández. Al Zaragoza se le conoció como el equipo de “Los Millonarios”, pues se realizó un gran esfuerzo económico para conseguir un equipo competitivo. Además, esa temporada el club adoptó el “Real” para su nombre. Esto fue posible porque el presidente, Julián Abril, consintió en que el club recuperara el título y la corona real que Alfonso XIII había concedido a la Real Sociedad Athlética Stadium, una de las tres entidades que aportaron su esencia para que naciera el Real Zaragoza.

   IMAG0456En el segundo partido objeto de este recuerdo (Real Zaragoza, 6 – Rayo Vallecano, 1) la goleada también fue de importancia. Fue un partido en el que debutó Gurenko, aquel defensa que pasaría a la historia meses después por su extraordinario marcaje a Mostovoi en la final de la Copa del rey en la que se venció al Celta en Sevilla (3-1) contra todo pronóstico. Fue una temporada, convulsa, rara, que comenzó con un tremendo fracaso en Cracovia, cuando el Real Zaragoza fue eliminado de la Copa de la UEFA y que continuó con la destitución de Lillo para dar a paso a Luis Costa, quien, una vez más, llegaba para salvar al equipo y al club del desastre. Luego, una vez lograda in extremis la salvación, llegaría la inesperada conquista de la Copa del Rey.

Vídeo: Real Zaragoza, 6 – Rayo Vallecano, 1

Rayo

Mi crónica: Real Zaragoza, 3 – Rayo Vallecano, 0 (Al borde de nuestro sueño)


   apoñoSi uno busca, es más fácil encontrar. Si uno cree, es factible que la fe te provea de recompensa. Si uno lucha, es posible lograr la victoria. Hoy el Real Zaragoza ha buscado, ha tenido fe y ha luchado y estas tres acciones han ayudado a lograr una victoria tan importante para el equipo como merecida para una afición grande como la Historia que nos contempla.

   El Real Zaragoza ha jugado un trabajado partido en el que ha puesto sobre el césped los pocos argumentos futbolísticos con que cuenta pero que han sido suficientes para derrotar a ese bonito equipo que ha construido Paco Jémez. Con una presencia física irreprochable y una altísima intensidad para evitar la salida del balón del Rayo, el partido lo ha sabido manejar el equipo aragonés hasta conseguir equilibrarlo. No había ocasiones claras en ninguna de las dos áreas, pero sí interés por llegar al territorio contrario entendiéndolo como la mejor manera de proteger el propio. En ese contexto ha llegado la jugada del primer gol, fruto de una porfía implacable del incasable Abraham que ha dado como resultado un penalty que le ha abierto al Real Zaragoza las puertas del cielo.

   Apoño ha encarado a Rubén con la firmeza y seguridad que le otorgan los galones de los que hoy ha hecho ostentación y ha subido el primer gol al marcador. El partido se ponía bien pero había que seguir. Habría sido un error abandonar la intensidad que le había aportado al match y afortunadamente la ha mantenido. De este modo el balón ha seguido en poder de los chicos de Vallecas pero con muy poca sustancia y la primera parte ha muerto con la ventaja en el marcador y la esperanza en el corazón.

   En el descanso las tertulias han abierto el cajón de la duda sobre si era conveniente tocar algo o mantener el concepto. La defensa estaba más entonada que otras tardes, el centro del campo ofrecía una estupenda mezcla con un Apoño mandón y un Pinter omnipresente y el ataque aportaba soluciones imaginativas y creativas, con Montañés y Victor muy activos, Postiga peligroso y Rodri bullidor y hacendoso. Por eso la lógica ordenaba continuar con el plan y así se ha hecho. El Rayo seguía tocando y tocando y ha encerrado a los zaragocistas en su terreno, lo que ha provocado una cierta inquietud en la grada. Esta ha desaparecido cuando en una de esas contras que tan felices nos hicieron en la primera vuelta Victor ha centrado, Postiga ha rematado y el rechace lo ha recogido Rodri para conseguir el segundo.

   Era el momento de la velocidad y verticalidad de Rochina y de la sabiduría de Movilla, sustitutos de los muy aplaudidos Rodri y Victor, y en seguida se ha visto que los cambios iban a ayudar a sostener al equipo en la misma línea. Antes la Basílica viviría un sobresalto tras una mala salida de Roberto que solventaría Apoño sacando bajo la línea un remate rayista y eso aun le ha dado más valor al espíritu combativo y certero tácticamente que ha sabido mantener el equipo. Rochina había avisado con un chut poderoso ligeramente alto. Después, Postiga ha cruzado en exceso un chut después de prodigiosa galopada y aun ha tenido ocasión el portugués de poner en pie a la Romareda tras otra grandiosa jugada que no ha podido culminar por culpa del poste. Todo eran razones para la ilusión, por eso la llegada del tercer gol ha significado que la afición explotase de emoción. Un balón que Romaric, que había salido por un magnífico Pinter, ha habilitado para el malagueño se lo ha sacudido éste procurando un latigazo magistral que se ha colado como un obús en la meta de Rubén. No cabía más felicidad y la satisfacción del deber cumplido ha henchido los maltratados pulmones zaragocistas que hoy han cogido un poco más aire que nos permite llegar a la fase final vivos como la mirada del padre Ebro cuando pasa por el Pilar.

CALIFICACIONES

Roberto: 3. Un tanto inseguro en las salidas, ha protagonizado una de ellas que no ha sido gol gracias a Apoño. Ha detenido dos balones peligrosos que podrían haber sido gol.

Sapunaru: 3. Combativo e intenso ha sufrido con los retruécanos de Piti y los balones a la espalda de Trashorras.

Álvaro: 4. Muy bien colocado, ha actuado con seguridad y firmeza. Se ha multiplicado e incluso ha tenido arrestos para rematar jugadas de estrategia.

Loovens: 2. Ha ido de menos a más. Por alto ha ido bien y su buena colocación le ha ayudado a anticiparse a los balones diagonales del Rayo.

Abraham: 4. Gran partido del lateral. Intenso, llegando a los balones divididos una milésima de segundo antes que el contrario, ha subido la banda con energía y clase. suyo es el mérito del penalty a favor.

Apoño: 5. El mejor en construcción e insuperable en mando y presencia. Ha metido dos goles, el segundo muy bueno, y ha salvado otro. Si él juega, el mundo gira.

Pinter: 5. Su mejor partido con el Real Zaragoza. Ha prorrogado la buena actuación del otro día y ha actuado con disciplina rigor y vigor cortocircuitando las líneas de pase y de construcción del Rayo.

Montañés: 4. Muy activo, eléctrico en sus jugadas e inteligente interpretando los pases de Abraham y Victor.

Victor: 4. Ha entendido cuál es su papel en el equipo y sus pases diagonales a través de senderos imposibles hacen mucho daño. Controla el balón con seguridad y está muy bien físicamente.

Rodri: 4. Ha corrido lo indecible, ha obturado la salida del balón del Rayo, ha combinado con intención con Victor y Montañés y ha metido un gol de delantero-delantero.

Postiga: 4. Sólo le ha faltado el gol, que la mala fortuna le ha negado. El segundo tanto viene de un remate suyo rechazado por Rubén, ha enviado un balón al palo y se ha peleado con Amat y Figueras, con éxito casi siempre.

Movilla: 2. Ha hecho de Rodri (¿?) y ha luchado cada balón. Su labor de liderazgo dentro y fuera de la cancha es muy positiva.

Rochina: 3. Nada más salir ya ha disparado a puerta un gran chut y hoy, además, ha combinado y ha contribuido con su velocidad y potencia en tareas defensivas.

Romaric: S.C.

Rayo Vallecano, 0 – Real Zaragoza, 2 (El bulevar de los cinco mil)


   zuculiniEl Real Zaragoza consiguió ayer su gol número “zucumil” y logró una valiosísima victoria que trae a las riberas del zaragocismo vientos favorables que empujan la nave blanca y azul hacia paisajes amables y merecidos. Fue un partido redondo, fornido, inteligente y afectuoso. Redondo porque no hubo más que acierto en todas las fases del lance; fornido porque hubo que apretarse los remaches de las armaduras para acoger los hachazos de los muchachos de Pacojémez; inteligente porque se manejaron los entresijos del combate con listeza, y afectuoso porque el equipo transmitió amor por sus colores y entrega a un escudo.

   Desde el prmer momento el partido fue aragonés. Después de unos minutos balbuceantes el centro del campo se pintó de negro y amarillo y no hubo balón que por allí circulase que no acabase en los pies de Movilla y Apoño, que velozmente dibujaban tiralíneas para armar dañinos contraataques. Víctor, Montañés y Postiga movían a la defensa del Rayo con sus continuos cambios de rumbo y sentido y Zucculini anunciaba una noche histórica con su profundidad de espíritu y sus valerosas acometidas.

   A partir del minuto 10 el Real Zaragoza compró el balón y se lo quedó para jugar él solo. Los rayistas no lograban hacer efectiva su propuesta futbolística y una y otra vez la presion de delanteros y medios centro obtenían el premio de la posesión o proporcionaba a los zaragocistas situaciones de peligro. La mejor de todas fue una extraordinaria escapada de Montañés, con toque de clase incluido, que le permitió poner el balón fuera del alcance de Cobeño, pero Amat impidió un gol que habría sido histórico y bellísimo.

   No importó. El Real Zaragoza siguió a lo suyo y cinco minutos después el Zucu logró el gol. El 0-1 y el 5000. Dos en uno, con celebración filial y entusiasta agrupamiento de jugadores en torno al argentino. El equipo funcionaba muy bien, aunque no sabía cómo gestionar los balones estratégicos que el Rayo le enviaba. Defendidos mediocremente, nos salvó la ineficacia goleadora de los locales, si bien eso no quería decir que un empate hubiera sido justo. Al contrario, el equipo de Manlojiménez supo cómo ocupar los espacios y administrar su esfuerzo ante un Rayo guapo pero fláccido e incapaz de superar al equipo aragonés en ninguna faceta.

   La segunda parte comenzó con una amenaza no despreciable: Lass tomó las riendas atacantes de los de Vallecas y protagonizó varias juagadas peligrosas afotunadamente muy mal finalizadas. Era lo mejor de los franjirrojos, mientras el Real Zaragoza trataba de ajustar su defensa y reorganizar su ataque con el fin de rematar el partido. Y lo que son las cosas: lo que pudo ser el empate gracias a un fenomenal disparo de Trashorras que se fue fuera por muy poco se transformó en el 0-2 tras una bonita jugada en el borde del área, con magistral movimiento de Zuculini que permitió que el balón le llegase a Apoño para rematar duro, seco y a la base del poste para marcar el segundo del Real Zaragoza.

   Ese momento fue clave, pues al Rayo no le quedó otro remedio que quemar todas sus naves con la inclusión de Delibasic por Vázquez en busca de un gol que les abriese las puertas de la esperanza. Esa era la intención de Pacojémez, pero Roberto en dos ocasiones se encargó de cerrar el marco y permitir que el equipo siguiese controlando la situación con pulso metálico y la mente puesta en mantener la portería a cero por primera vez en la temporada. Todo se consiguió. Vallecas fue territorio de conquista y la afición zaragocista pudo celebrar una  importante victoria en la que brillaron, por derecho propio, Zuccu, Movilla y Roberto si habamos de indvidulidades, y todo el equipo si queremos que pase a la historia el relato del partido en que supimos saborear la memoria que nunca dejó de ser.

CALIFICACIONES

Roberto: 4. Dubitativo en las salidas por alto, echó el pestillo a su meta con dos excelentes paradas que llevaban perfume de gol.

Sapunaru: 4. No tan brillante como otras ocasiones, pero muy eficaz. Borró la banda derecha del GPS vallecano.

Álvaro: 4. Partido de central grande. Muy bien colocado, resolutivo en el corte y valiente en la lucha.

Pintèr: 3. Firmó un partido muy interesante En las distancias cortas sufre y eso le valió algún que otro susto pero en el resto de acciones cumplió con su trabajo.

Abraham: 3. No subió tanto como en otras ocasiones pero su esfuerzo defensivo valió la pena. Lass le encaró con rapidez y habilidad y ahí no lo pasó bien.

Movilla: 4. Menos protagonista que en otras ocasiones pero tremendamente importante su aportación. El balón llevó su nombre todo el partido y el pase de gol a Zucculin fue magistral.

Apoño: 4. Pareció muy dispuesto a la batalla desde el primer momento. No se arrugó, dispuso de genio para gobernar los choques con los duros contrincantes y metió un gol de gran calidad.

Zucculini: 5. Partido extraordinario. Desarrolló una labor de gran entrega, corrió la banda con la energía de una máquina de “Wild, wild, West” y metió el gol histórico de la jornada.

Víctor: 3. No era partido para jóvenes como él, pero se supo sacrificar y gobernó el balón cuando hizo falta para propiciar jugadas de ataque que lograron poner nerviosos a los defensas locales.

Montañés: 4. Tiene mucha calidad y lo mejor de todo es que ya se lo ha creído del todo. Maduro, atrevido y esforzado, su partido fue impecable.

Postiga: 4. Resultará extraño poner semejante nota a un delantero que ayer no marcó, pero es que su labor de desgaste de la cobertura contraria y su presencia en todas y cada una de la jugadas de ataque fue extraordinaria.

Babovic: 2. Muy frío, sin embargo cogió el testigo de Zuccu y le dio un toque de calidad al equipo en unos momentos de mucha presión vallecana.

José Mari: 3. Salió para lo que salió y lo hizo bien. Él era el cerrojo que Manolojiménez utilizó para cerrar la noche.

Wilchez: S.C.

Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 1 – Rayo Vallecano, 2 (Entierro de Segunda)


   Este Real Zaragoza ya no respira. Han sido muchos los boca-a-boca que se le han aplicado, a veces por expertos, las más de las veces por inadecuados reanimadores que ya no saben dónde encontrarle el pulso a un equipo inánime, exangüe, aniquilado por la Historia que ha escrito un personaje cuya pluma sólo puede introducirse en tinteros de sangre negra. Ayer asistimos al último latido de un corazón despedazado por la ignominia de unos dirigentes políticos que le han encontrado el gusto al gatillo de las conspiraciones y de unos gestores deportivos que no se avergüenzan ni de su vergüenza. Ayer, el rayo que no cesa, en forma de grupo amanerado pero capaz, eso sí, de pespuntar tres pases seguidos y rematarle a la luna el primer balón que por allí pasa, nos recordó el verso de Miguel Hernández para dolor y oprobio de todo un pueblo: “¿A dónde iré que no vaya mi perdición a buscar?”

 El partido, el último partido que habrá jugado el Real Zaragoza con un hálito de esperanza en sus masticados músculos, comenzó terso y valiente. Jiménez planteó un choque en el que la vida estaba en la delantera y la muerte en el resto del campo. Aranda y Postiga debían fijarle los huesos al Rayo Vallecano y los demás tendrían por orden única y obligada limpiarle las telarañas a la defensa contraria. Y salió bien durante diez minutos. El andaluz, lento y seco como una tarde de la estepa turolense, aún consiguió enhebrar un centro tras jugada lateral que remató Postiga de cabeza provocando un “huy” en la grada, gélida y escasa. Pocos minutos después, el propio Postiga trató de sorprender a Joel con un fdisparo largo, estirado, que sujetó sin problemas el ex del Atleti, pero bueno, servía para decirle al mundo que estábamos allí para algo. Para seguir viviendo, por ejemplo.

   Sin embargo, algo pasó a partir del minuto diez. El grupo se deshilachó y lo que parecía iba a ser un match competido y nervudo se convirtió en un monólogo soso, pero monólogo, del Rayo. Cogió la pelota, comenzó a moverla por cada centímetro cuadrado del césped de la vieja Romareda y la noche se hizo de hojalata para los nuestros. Micael, Apoño y Luis García, que suponíamos debían ser los que sujetasen los hilos de aquella propuesta que nos había anunciado Jiménez se hicieron un lío con su propia indisposición y se borraron del mundo. Ni una pelota en condiciones, ni un cortocircuito en la línea de pases madrileña, ni una disposición inteligente sobre el terreno. Nada y vacío.

   El partido estaba para la derrota cuando un centro de Apoño, en medio del marasmo provocado por la justa y necesaria pitada contra Agapito Iglesias, encontró un excepcional remate de Postiga que nos recordó aquel golazo a la Real Sociedad que supuso la segunda y última victoria lograda por los nuestros. Hace de ello casi cuatro meses. Fue un extraordinario tanto que abría las puertas a la esperanza, aunque el juego del Real Zaragoza seguía siendo estéril en el planteamiento y hueco en la resolución.

   El centro del campo seguía siendo inoperante y la defensa mostraba más dudas de las necesarias. Ya no se parecía a esa línea mínimamente solvente que nos había mostrado ciertas señas de corrección en los últimos encuentros. Lanzaro se ensañaba con él mismo, Da Silva cada día es más oscuro en sus acciones, Paredes comienza a sentir el peso del brazalete y Obradovic estaba inconcreto en las coberturas e inexacto en sus cabalgadas por la banda, aunque, eso sí, estuvo a punto de cerrar alguna jugada que habría supuesto un dos a cero inmerecido pero vital para nuestros intereses.

   La segunda parte amaneció como un anochecer. El mundo al revés. Quien tendría que haber ido a por el partido se escondió en su cueva y permitió que se le comiera el pan el contrario. O no supo jugar al fútbol, algo por otra parte que ya hemos aprendido los aficionados que es así. No había ningún jugador vistiendo la camiseta blanca con alma y la victoria estaba en peligro. Se veía en peligro. Jiménez había ordenado a Lafita salir al campo en lugar de un apagado Micael. Un inepto Micael. Fue un cambio buscando la rasmia y la velocidad de Lafi, pero el cambio bueno lo hizo Sandoval cuando puso en el campo a Diego Costa, que se convirtió en el verdugo de los aragoneses.

   Sus compañeros le buscaron desde el primer momento y él, voraz e insaciable, encontró un magnífico centro de Casado y utilizó su frente para colocar el balón muy lejos de las manoplas de Roberto. El brasileño ya había mostrado sus colmillos y había aportado desde el primer minuto una verticalidad y un hambre que para sí quisiéramos nosotros y no le faltó tiempo para completar el ataque vallecano con su estupendo testarazo.

   Un par minutos después Lafita contó con una buena ocasión, pero su disparo, flojo y bondadoso, fue bien detenido por Joel. El equipo comenzó a dar muestras de encefalograma plano y era cuestión de minutos que llegase el segundo gol de los de Sandoval. Nuestro lateral derecho era una autopista y por ahí llegó el segundo. Nuevo centro y nuevo certero remate, ahora de Michu. Gol y al cadalso.

   El mazazo fue brutal. La Romareda enmudeció. La guadaña acababa de segar el cuello del condenado. La muerte, ambiciosa y cruel, cubrió con su sanguinario manto la noche zaragozana y ni una sola mirada pudo encontrarse aquel niño de la bufanda con el escudo del león que contemplaba atónito cómo el zaragocismo recogía el último suspiro de un equipo construido para el abismo. A él hemos caído y sólo la Virgen del Pilar sabe cuándo volveremos a respirar el aire azul que tantas veces nos dio la vida.

CALIFICACIONES:

Roberto: 2. Se ha difuminado como un azucarillo. Le ha podido la presión y su autoridad se ha esfumado. Asun así, ninguna responsabilidad en los goles.

Lanzaro: 1. Descuidado en las marcas y torpe en el corte. Ayer fue una sombra del jugador serio y tácticamente impecable de oytras veces.

Da Silva: 1. Es un central inhábil para ejercer la autoridad que se le supone. Tuvo que salir al corte en el primer gol, claramente desubicado.

Paredes: 1. No es central y cada vez es menos defensa.

Obradovic: 1. Defensivamente se perdió en la jungla de su nerviosismo. Protagonizó alguna subida interesante, pero poco más.

Micael: 0. El portugués no supo en ningún momento a qué tenía que jugar. Ni un balón interesante salió de sus botas, ni un pase intencionado.

Apoño: 1. Más invisible que otros partidos, fue el autor del centro del gol. Muy desorientado, no encontró el ritmo ni el paisaje en el que acomodar su calidad.

Luis García: 0. Ya no sabe qué hacer. Ni acierta en el pase, ni centra adecuadamente ni ocupa el espacio que tanto le gusta, detrás del delantero centro.

Aranda: 2. Fue un delantero que fijó a la defensa contraria, y eso, en este equipo, es mucho. Sus centros nos recordaron a los zaragocistas que se puede hacer daño por la banda. Se lesionó y fue una mala noticia.

Postiga: 2. Su gol le da el aprobado y su intención fue en todo momento ajustar su pie al gol. No tuvo suerte.

Lafita: 1. Tuvo una buena ocasión de gol, pero está muy lejos de un estado de forma físico y mental adecuado.

Mateos: 0. No aportó nada a lo que había propuesto Duijmovic en un trabajo para el que lo quiere Jiménez, por delante de la defensa, pero que dudo pueda realizar.

Juan Carlos: 0. Salió cuando ya todo estaba perdido y él acabó por perderse del todo.mI