Queda limpio el camino (CD Mirandés, 0 – Real Zaragoza, 1)


   AficiónEl terreno de juego de Anduva es más grande que el de la Romareda y Miranda es un pueblo enamorado de su club de fútbol. Son dos detalles que, seguro, César Láinez tuvo en cuenta a la hora de preparar el partido. Además, había transmitido a quien quisiera escucharle, que a día de hoy somos miles, que había que acudir a las orillas jóvenes del Ebro con el cuchillo entre los dientes. ¿Cabe menos ambigüedad?

   Para completar el mensaje, en la grada del coliseo burgalés se asentaron más de mil zaragocistas ciegos de fe y abrazados al amor a unos colores. Este hecho mueve a la admiración, teniendo en cuenta el miserable presente que nos abruma. Mil hombres y mujeres capaces de emocionarse con un equipo que se ajusta a unos valores que Láinez ha rescatado del pozo de la vergüenza, ese al que unos cuantos advenedizos e incapaces los habían arrojado. Y recibieron una justa recompensa en forma de victoria luchada hasta la gangrena del alma.

   Fueron diez minutos de presión durísima, de combate a ciegas en el que los chicos de Pablo Alfaro plantearon un choque a vida o vida. Pasados esos primeros minutos, el Zaragoza activó su plan. El mismo que lleva implementando desde que llegó Láinez: posesión, circulación interior, incorporación de los laterales, firmeza defensiva y juego entre líneas para aprovechar los desmarques en ruptura de Ángel. Es su idea, su propuesta. Es lo que saben hacer y a ello se aplican los muchachos con un interés plausible y un nivel de ejecución correcto.

   Con esos argumentos el relato se nos antojaba previsible. Tenía que llegar el gol si los  de César eran capaces de ajustar alguna acción de ataque. Eso ocurrió en el minuto 15, cuando Cabrera, en una de sus heterodoxas galopadas por la banda, puso un balón en el área pequeña al que llegó, avispado como siempre, Ángel. El choque con el portero del Mirandés dio como resultado que el balón se alojase en la red local, firmando el canario su gol número 19. El partido, una semana más, se ponía donde quería el Zaragoza y a partir de ahí se trataba de manejar los tiempos, los gestos y los espacios. Y lo hizo bien.

    El Mirandés entró en parada futbolística y el centro del campo del Zaragoza hizo un buen trabajo manejando el balón y propiciando incursiones de calidad. Lanzarote, Bedia, Ros y Pombo se hicieron los dueños de ese espacio y transitaron con fluidez, al mismo tiempo que facilitaban la defensa del gol logrado. El equipo se ubicó muy bien y pudo desactivar todos y cada uno de los intentos castellanos, a pesar del cambio que Alfaro realizó en el minuto 30 obligado por las urgencias.

   La segunda parte comenzó exactamente igual que la primera. El Mirandés echó todo el carbón a la caldera, provocando que casi explotara, pero todas las jugadas locales morían con disparos lejanos o aproximaciones muy bajas en calorías y talento. Ratón tuvo que intervenir en tres ocasiones, una de ellas ciertamente comprometida, pero las solventó bien, mostrando que poco a poco va creciendo razonablemente en sus prestaciones. Láinez hizo los dos cambios habituales, es decir, Cani por Bedia y Valentín por Ros, con el fin de reforzar su idea. Era el momento, por un lado, de recuperar el balón, tarea encargada al aragonés. Por otro lado, había que sostener el centro del campo, algo resquebrajado por el desgaste de Ros, con la aportación del canario.

   El objetivo se cumplió sobradamente, incluso ampliado cuando Samaras entró al terreno de juego sustituyendo a Lanzarote. Su trote amortiguado y sus movimientos analógicos, lejos de los gestos centelleantes de jugadores como Ángel, no le impidieron dar dos pases de calidad al canario que hablaron bien de sus posibilidades. Fueron gestos que podían haber venido muy bien para cerrar un partido que acabó en victoria después de haber trabajado mucho y derrochar esfuerzo y generoso compromiso con la causa. Todo ello muy necesario para firmar una jornada que invita a pensar que el objetivo asumido por la afición blanquilla, la permanencia, prácticamente se ha conseguido. A partir de aquí, como dijo Láinez, se trata de que crezcan todos y cada uno de los actores de esta obra mediocre y muy mal escrita que se llama “Temporada 2016-2017”.

Fotos: http://www.realzaragoza.com

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Supo solucionar todas las situaciones que se le plantearon con corrección.

Isaac: 3. Buen trabajo global. Como siempre, mejor en el desdoble que en el repliegue.

Silva: 3. Firme y seguro, no dio opciones a Urko Vera.

José Enrique: 2. Sus frivolités a veces desajustan la defensa. Por lo demás, con oficio.

Cabrera: 3. El lateral, aunque no le guste, ha encontrado su lugar en mundo. Fuerte y atrevido.

Zapater: 3. Buen partido. Sin alardes, cada día está más cómodo con este esquema.

Ros: 3. Se vació. Algo irregular, trabaja muy bien junto a Bedia.

Bedia: 3. Su calidad le protege de su debilidad física.

Lanzarote: 2. Algo apagado, tuvo destellos de gran calidad. Se le ve cómodo.

Pombo: 3. Realizó varios movimientos técnicos de altura. Algo inconstante.

Ángel: 4. De nuevo goleó. Lo da todo y eso es mucho.

Cani: 3. Le aportó al equipo pausa y poso. Y manejo de la situación.

Valentín: 3. Cumplió a la perfección su trabajo de cementar el centro del campo.

Samaras: 2. Apenas estuvo doce minutos en el campo, pero aportó clase.

 

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El Cielo ya no puede esperar (Real Zaragoza, 2 – CD Mirandés, 0)


Hay jugadores que hacen historia y jugadas que pasan a la historia. En ambos casos Cani edu_garcia_02aparece como protagonista la tarde del domingo 13. Una tarde en la que un equipo, el Real Zaragoza, comenzó a abrir los ojos después de un largo y doloroso letargo al que había caído en las últimas semanas. No porque jugara un partido extraordinario, ni porque ofreciera a sus incondicionales señales de excelencia, pero sí porque mostró algunas dignas señales de vida.

   Fue un choque deslucido en sus inicios, escaso de literatura y vacío de música. El Mirandés, el equipo extravagante pero inteligentemente dirigido por un técnico, Terrazas, que ha dado muestras a lo largo de estos años de inteligencia y sabiduría lateral, opuso una seria resistencia los primeros minutos. Planteó un choque obtuso y enmarañado que impidió que el juego local fluyera con armonía, pero eso no rompió el plan de Agné. El aragonés sabía lo que se iba a encontrar, había estudiado muy bien al rival y les había dado a los muchachos las herramientas adecuadas para no caer en la trampa castellana. Y lo consiguió.

   Después de más de veinte minutos de batalla metálica, ni Ratón ni Sergio tuvieron que acometer ningún balón con peligro. Sería Edu García, muy ganado para la causa después de su simbólico gesto de Mallorca, quien se atrevería a disparar por primera vez y provocar una ocasión de gol que sería, al fin, la antesala del gol de Cabrera. Un Zaragoza muy ordenado, con ideas muy claras y con unos jugadores interpretando muy bien las consignas de su entrenador, supo encontrar la manera de batir al portero del Mirandés tras una jugada de estrategia. Otra vez. Un buen centro de Javi Ros lo remata Juan Muñoz provocando un rechace que recoge el charrúa para lograr así un gol muy celebrado.

   Agné continuó marcando los tiempos y las decisiones de los suyos. A pesar de algún error como una falta de entendimiento entre Cabrera y Ratón que estuvo a punto de costarle un gol al equipo aragonés, los locales siguieron sujetando bien el encuentro. Zapater y Ros dominaban los tiempos y los espacios en el centro del campo, la defensa enseñaba su firmeza a los contrarios, con un José Enrique maduro y experto, y arriba…Bueno, arriba había tres jugadores que comenzaban a diseñar algunas acciones de calidad dignas de mejores empresas.

   Y en esas estaba la noche cuando un contraataque muy bien llevado por Juan Muñoz pasó por las botas magistrales de Cani para acabar en Territorio Edu. Allí apareció el zaragozano, ávido de luz, henchido de orgullo blanquiazul y remató con finura y precisión, logrando un importante gol. El segundo de la tarde, el primero de su carrera como zaragocista. La Basílica respiró. Y aplaudió a los suyos, a los que se habían ido pero han vuelto para quedarse.

   La segunda parte se esperaba con viento favorable a los blanquillos. Con un Mirandés roto en su disposición y con la urgencia en sus tacos, el Zaragoza supo manejar todas las variables. La defensa reforzó su propuesta, Zapater y Ros cosieron la medular y entonces emergió el talento de ese chico que asombró al mundo la primera vez que burló a un experto holandés en la banda de tribuna y todavía hoy enamora cuando con cada gesto consigue que el universo se detenga y gire sobre sí mismo. Cani recibió el aplauso de la luna, mareó al último satélite con sus acciones y logró que el espíritu de Lapetra cubriese de nuevo el cielo aragonés. Fue en el minuto 75 cuando desvió la órbita de los planetas con un gesto técnico que, de haber acabado en gol, nos obligaría ahora mismo a hablar de la jugada de la jornada.

   Es un hecho que Cani solo no es el Real Zaragoza, pero sí lo es que el Real Zaragoza sin Cani es menos equipo. Cada gesto, cada carrera, cada golpeo, cada amago es una invitación al Fútbol. Quienes están a su alrededor saben que serán mejores y quienes lo adoran en la grada se mueren cuando la gloria que desprende cubre cada centímetro cuadrado del altar que los dioses le han preparado. Fue la noche de la magia, pero fue, sobre todo, la confirmación de que su corazón zaragocista late con la fuerza del amor que no se acaba. Vendrán partidos grises, errores que costarán puntos y tardes apagadas porque el fulgor de los dioses también se acaba, pero el mensaje que el zaragocismo recibió el domingo contiene la expresión de grandeza que solo quien ama puede construir. Y Rubén es, por encima de todas las cosas, uno de los nuestros.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Ratón: 2.Tuvo poco trabajo, que solucionó bien con alguna duda.

Fran: 2. Tuvo momentos correctos y alguna que otra indecisión.

Silva: 3. Firme y sólido.

Cabrera: 3. Centrado y eficaz. Marcó un gol.

José Enrique: 4. La banda izquierda ya tiene un amo y un señor.

Zapater: 3. Muy equilibrado y coherente.

Javi Ros: 3. Dispuesto al trabajo y a la cooperación.

Lanzarote: 2. Algo apagado pero siempre propone su calidad.

Edu García: 4. Muy valioso en el trabajo y eficaz en el remate. Marcó un gol.

Cani: 5. Es la clave que sustenta esta catedral que se llama Real Zaragoza.

Juan Muños: 3. Trabajó fuera del área y participó en los dos goles.

Barrera: 2. Voluntarioso y cada vez más seguro de sí mismo.

Jorge Pombo: S.C.

Xiscu: S.C.

Lanzas rotas (Real Zaragoza, 1 – Mirandés, 2)


 

Rea_ Zaragoza_MirandésYa ha llegado ese momento que tanto temíamos. El momento del derrumbe, de la desorientación, de la incapacidad, de la falta de respuestas. El momento de la inacción, de la ineptitud, de la pérdida de valores. El momento del miedo.

   El Real Zaragoza escribió ayer sobre el césped de la Romareda el peor texto futbolístico de la temporada. No porque fuera su peor partido, sino porque fue el peor partido posible. La peor puesta en escena ante un adversario que con solo ubicarse bien en el campo, interpretar a la perfección un guión y dejarse la vida en cada balón disputado le fue suficiente para derrotar al equipo de Carreras.

   El choque empezó con algún cambio en la alineación a causa de la lesión de Rico. Jugó Rubén de central y apostó Carreras fuertemente por Ángel, a la postre goleador, con un dibujo que hacía imposible que Dorca y Morán manejasen el balón ante la nutridísima presencia de jugadores burgaleses. Estos se hicieron con el dominio del juego desde el minuto uno, impidieron cualquier ejecución razonable y agobiaron a la indefensa defensa blanquilla con continuos acercamientos al área y balones a las nerviosas manos de Bono que tuvo que escuchar algún pitido y vio cómo Rubén reclamaba a la grada apoyo ante sus errores.

   El centro del campo no hizo su trabajo. No entendió en ningún momento las indicaciones del entrenador ni encontró soluciones a los mil problemas que le acuciaban. Morán se perdió en un bosque rojinegro y Dorca llegaba tarde a todas las citas, como un novio desinteresado. Tampoco Diamanka supo encoger los espacios para limpiar el territorio enemigo, por lo que a los de arriba solo les quedaba el recurso de la acción individual.

   En esas estábamos cuando Isaac se rompió. Otro contratiempo de importancia. Carreras tiró de Nieto y desplazó a Vallejo al lateral, reubicando a Cabrera de central. Solución de emergencia que no funcionó. Y no solo eso, sino que el Mirandés se encontró con un gol que marcó la vida del partido. Eguaras cazó un rechace de Bono y el balón entró en la portería de Bono como un furioso misil que rompió el ánimo de la Basílica. El equipo zaragocista trató de recomponerse con poca fe, pero quien tenía las ocasiones era el equipo de Terrazas, que en un par de ocasiones pudo ampliar su ventaja.

   El partido no ofrecía argumentos para pensar que se pudiera equilibrar, pero a veces la injusticia se pone de nuestro lado. Una jugada extrañamente trenzada por Pedro dio con el cuero en las botas de Ángel, que consiguió el gol tras un chut forzado. El tanto, además, llegó instantes antes del descanso, lo que aportó un plus de aliento, sabido como es que esos goles aportan estímulos a los equipos que amortiguan la caída antes del abismo de la caseta y suponen un golpe para el contrario.

   Sin embargo los disciplinados jugadores forasteros no lo acusaron. Tras la ducha, los de Miranda sabían cómo continuar la pelea, mientras que los blanquillos se atornillaron a la escasez de ideas y la inoperancia física, táctica y técnica. No había resquicio por el que pensar que el partido tenía solución. El centro del campo se desplomó definitivamente y en ese territorio yermo se gestó la tragedia. En una jugada en la que llegaron a tocar el balón hasta cuatro jugadores visitantes mientras los nuestros lo veían pasar estupefactos e inanes consiguió el Mirandés el segundo gol. Un segundo mazazo al alma del atónito zaragocismo que sufrió la vergüenza de ver a los suyos superados por un equipo al que no le hizo falta jugar al fútbol. Tan solo hicieron bien su trabajo. Un gol humillante por cómo se produjo y por el significado que entrañó la sucesión de combinaciones más propias de un rondo que de un partido de competición.

   Carreras decidió mover la banqueta y tomó la decisión de sacar a Sergio Gil y Dongou. La primera elección arrancó la ovación de la Romareda pero la segunda nos heló la poca sangre que nos queda. Dejó a Ortuño, el máximo goleador, con el chándal puesto y la rabia incorporada. Un claro mensaje de que el mister no le concede ningún crédito. Y tampoco salió bien la jugada. En el caso del chico nuevo porque salió acelerado y no dio una a derechas. En el caso de nuestro Sergio porque jugó cerca de un incompetente como Hinestroza que no le dio ningún balón ni quiso combinar con él ni un solo pase.

   El desastre se consumó. Un manto de desolación cubrió el corazón de una afición golpeada una y otra vez por el trabajo mal hecho de unos y otros. No hay pulso ni soluciones. Ni siquiera argumentaciones exculpatorias en la rueda de prensa. Solo abatimiento y desgracias acumuladas en forma de lesiones, sanciones y decisiones equivocadas. Y un espíritu mortecino que transmite muy malas sensaciones. En fútbol casi todo es posible, pero en estos momentos precisamos una extraordinaria combinación de acierto en los fichajes y actos milagrosos que nos permitan volver al camino que nos ha de devolver a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Bono: 1. Extraño y deficiente partido.

Isaac: S.C.

Vallejo: 4. Luchador y tenaz.

Rubén: 1. Irregular e inseguro.

Cabrera: 1. Desatendido y desnortado.

Morán: 1. Abrumado y acorralado.

Dorca: 1. Lento e ineficaz.

Hinestroza: 1. Inestable y errático.

Pedro: 2. Voluntarioso y persistente.

Diamanka: 1. Incierto y ofuscado.

Ángel: 2. Inquietante y goleador.

Nieto: 2. Valiente e inexacto.

Sergio Gil: 2. Atrevido e ignorado.

Dongou: 1. Equivocado y excesivo.

 

CD Mirandés, 1 – Real Zaragoza, 1 (Un punto, con perdón)


   _laliga_e24ad24eY el árbitro pitó y dio comienzo el partido. El primero de una serie de 42, ojalá solo 42, a cuyo final todos deseamos contemplar la luz que de momento nos conformamos con soñar. Y el balón dibujó los primeros pases de un baile que el Real Zaragoza gobernó con solvencia desde el minuto 1. Con un planteamiento diáfano, muy bien interpretado por los jugadores y perfectamente ejecutado, el primer match de la temporada perfiló estupendas sensaciones durante los primeros cuarenta y cinco minutos. La cumplida continuación del partido del Memorial Carlos Lapetra. Brillante inicio, es decir.

   El equipo de Popovic jugó al fútbol. Seriedad defensiva, coherentes combinaciones, sensatez en las transiciones y vocación de gol. En estos primeros compases la banda izquierda era el sendero de la vanguardia, con un Pedro muy activo que recibió el implacable marcaje de los defensas mirandeses. A su tarea se sumó la eléctrica aportación de Hinestroza, muy rápido y osado en sus conducciones, aunque ninguno de los dos consiguió proporcionarle ningún balón amigo a Ángel, aislado y muy encimado por los centrales.

   La defensa no tuvo ningún problema en alejar los balones aéreos de los volantes locales. Cabrera, Rico y, sobre todo, Rubén hacían un buen trabajo, acompañados por la sobriedad de Marc Bertrán en la banda derecha, muy mejorada respecto al pasado reciente. Lo único que no funiconaba con finura era el centro del campo, demasiado defensivo, escasamente creativo. Dorca lo luchaba todo, pero Wilk no aportaba oxígeno en la medular, en la que se diluyó en seguida Aria.

   El partido estuvo sujeto durante toda la primera parte. La pena fue que no se marcó. Al parecer la cosa quedó para el minuto 49. En ese instante, ya segunda parte, Pedro bombeó un magnífico balón al botar una falta y Cabrera desvió el cuero lo suficiente para lograr el gol. Fue una excelente noticia, sobre todo porque el equipo se animó. A partir de ese momento el dinámico Mirandés estiró aún más su esqueleto buscando el empate, lo que propició varios contraataques que a punto estuvieron de propiciar variuos goles. Pedro, a pase de un recién salido Jaime, y Ortuño lo tuvieron en sus botas, pero no encontraron el premio final. Por contra, el Mirandés decidió pisar el acelerador y buscar un resquicio en medio del desgaste zaragocista. Y ocurrió.

   Después de varias aproximaciones con peligro, una de ellas salvada con una gran parada por Bono y otra desactivada por Pedro cuando el balón ya iba camino de la red, el equipo de Terrazas construyó una llegada por la banda izquierda que remató con acierto Abdon. Fue el empate y el inicio, a ocho minutos del final, de una fase de dominio burgalés que muy bien podría haber acabado con la pérdida de los tres puntos. Afortunadamente, Lago Junior ha rematado al larguero el enésimo centro al área pequeña y eso ha hecho posible rescatar, al menos, un empate.

   Escaso botín, desde luego, si nos quedamos con la copla de la primera parte, pero un punto de oro si nos acordamos de los últimos minutos. Habría sido una muy buena noticia haber comenzado ganando, porque el mensaje a la categoría habría sido nítido y consistente. Y además, porque el bueno de Valeriano Jarné habría recibido el mereceido homenaje que el equipo quería rendirle con una victoria. La primera del camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Bono: 4. Sobrio, seguro y ágil.

Marc Bertrán: 3. Trabajador y bien colocado.

Cabrera: 4. Esforzado y presente.

Rubén: 4. Acertado en el corte y la pugna.

Rico: 2. Irregular e inexacto.

Dorca: 3. Conductor y responsable.

Wilk: 2. A ratos, desaparecido.

Hinestroza: 4. Rápido y vertical.

Aria: 3. Inteligente aunque tímido.

Pedro: 3. Primera parte con luces y segunda con sombras.

Ángel: 4. Agitador y peligroso.

Jaime: 2. Le falta frescura.

Ortuño: 2. Potencia sin precisión.

Fútbol de chatarra (Real Zaragoza, 0 – Mirandés, 1)


La noche del miércoles nos ofreció una temperatura que, sin saber muy bien, hacía que el espinazo del zaragocismo notase la frescura de la inquietud. Era uno de esos partidos que si ganas uno piensa que has hecho lo que tienes que hacer pero que si lo pierdes puede ser un pequeño drama. Los castizos lko llaman, en fin, “partido trampa”. Y en ella caímos.

Es verdad que los primeros minutos mostraron una cara amable protagonizados por unos jugadores de perfil bajo que se presentaban en la Basílica con el afán de evitar que echñáramos de menos a los titulares. Es verdad que el Real Zaragoza insufló intención y deseo de romper el partido desde el primer momento. Pero también es verdad que la alineación nos preocupó, pues encontrar en el dibujo inicial a Insa de volante era un toque que nos desorientó. Y poco duró la esperanza.

   Ante un equipo mediocre y pusilánime, flojo de talento y escaso de fútbol, los de Popovic no acababan de encontrar elúltimo pase que habilitase a un Borja desasistido y huérfano de balones. Y eso no es una buena noticia. Nunca lo es. Como tampoco es defender una falta lateral con el estatismo y flaccidez con que lo hicieron Rubén, Mario y cía. Una jugada que todos sabíamos que se iba a producir fue la espoleta que habilitó a un más que previsible Urko para cabecear con maestría lograr el gol. 

   Se nos congeló la sonrisa y la pregunta pertinente no encontró respuesta: ¿serían capaces los muchachos de contestar adecuadamente? Quedaba tiempo, había necesidad y teníamos mucho por hacer, pero al grupo le faltaba lo más importante: fútbol. El centro del campo blanquillo no funcionaba, pues Basha no encontró su sitio y Dorca adoleció de sequedad creativa, y Álamo e Insa no eran los puñales que pudiesen rasgar la torpe defensa burgalesa. Curiosamente eran Fernández y Rico los únicos capaces de acercarse con intención a las murallas contrarias, pero con muy poca eficacia.

   Comenzó la segunda parte y el Real Zaragoza aportó al choque lo único que podía ofrecer: corazón. No había razones, no había ideas así que el equipo apostó por la acumulación de efectivos. Popovic le pidió a Eldin que se despojase de las telarañas de su lesión y sustituyese a un diluido Galarreta que no acaba de encontrar su sitio. Salió con ganas, con intensidad pero no está todavía fino y eso se notó en seguida. Luego le pidió a su denostado Willian José que nos trajese fuerza y potencia, pero no pudo incorporar al partido otra cosa que no fuese confusión y atropelladas acciones.

   Los minutos pasaban y como mucho se producían acercamientos a latigazos. De dos oportunidades disfrutó el equipo aragonés para batir al inseguro portero del Mirandés, pero no tocaba gol. Sin un plan claro, con muchas lagunas en las líneas de pase era muy difícil acercarse con garantías a la posibilidad de lograr siquiera fuera el empate. Y no se consiguió. La Romareda se expresó con claridad y castigó con dureza la incompetencia del equipo que vio cómo una ocasión magnífica se diluía merced a su incompetencia y su pobreza futbolística.

CALIFICACIONES

Bono: 2. Sin trabajo.Nada pudo hacer en el gol.

Fernández: 3. Trabajador y rápido, pero inexacto en el pase.

Rubén: 1. Confirmó su bajo momento de forma.

Mario: 2. Alternó gestos de calidad con escasez defensiva.

Rico: 3. Buen partido, luchador y trabajador.

Basha: 1. Incompleta aportación.

Dorca: 1. No ofreció la claridad creativa que el equipo necesitaba.

Álamo: 1. Voluntad, mucha. Acierto, poco.

Insa: 2. Jugó en un puesto desconocido para él. Luchó y lo intentó.

Galarreta: 1. No encuentra su sitio en el mundo.

Borja: 1. Fuera del área no es casi nadie.

Eldin: 2. Nos regaló algunos intentos de mérito, pero le falta forma.

Willian: 1. Su clase y potencia no apareció.

Tato: S.C.