El Cielo nos espera (Real Zaragoza, 1 – At. Osasuna, 1)


celebrando_un_golLa Basílica lució ayer hermosa y galana. Acogió un partido de fútbol enorme, de esos que aprietan el corazón y dejan exhausta el alma. Lo fue antes del pitido final, cuando
Zaragoza y Aragón entero suspiraban porque llegase el momento del choque. Lo fue
mientras rodó el balón, con unas gradas henchidas de orgullo nunca perdido aunque dormido desde hace demasiado tiempo. Lo sigue siendo horas después de echar el telón, aún presente en el viento de la ribera la pasión que ayer abrasó al zaragocismo.

Fue el partido frente a Osasuna una batalla noble e igual. Ante un rival monumental
que huele a zona noble por mucho tiempo y que llegó a la capital aragonesa con los
oropeles de líder poco tratable, el equipo de Natxo González planteó un duelo de igual a
igual aún sabiendo que el forastero era más fuerte. No temió el vitoriano plantear una
idea atrevida, osada incluso. Tampoco evitó la pugna legítima, sabiendo que los
primeros minutos de los navarros vendrían a la grupa de vendavales imparables. Supo
sostenerse el equipo y detener los embates del contrario para, a partir del minuto 15,
reelaborar su plan e iniciar la construcción de un partido de sabor blanquillo.

Cuando la defensa logró sujetar el choque, la segunda línea activó sus argumentos.
Reúne el Zaragoza mucho talento en las botas de Buff, Papu y, por supuesto Febas. Los
tres, con la grandiosa aportación de Borja Iglesias, esa locomotora que abre caminos de
hierro hacia el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, habilitaron ingeniosos movimientos en
la zona de tres cuartos, logrando varias llegadas muy interesantes al área de Herrera. El
portero navarro agitó los mares ausentes con dos paradas de enorme calidad que
impidieron que se abriera el marcador. Todo lo que sucedía en el campo ayudaba a
elaborar un espectáculo para recordar e incluso las dos aficiones vivieron un intenso
pero caballeroso duelo con sus cánticos sin llegar a la violencia verbal de otras
ocasiones. Eso sí: la hinchada zaragocista lució como en las mejores ocasiones, en un
claro guiño a lo que muchos sentimos como un partido de Primera.

El choque se partió en el minuto 43 cuando Buff fue derribado por Fran Mérida en el
área. Penalty y eclosión. La Romareda estalló en un grito de inacabable entusiasmo al
ver a su enemigo doblar la rodilla. Es lo que ocurrió cuando Borja, siempre Borja, rasgó
la red osasunista. Delirio.

El descanso fue un momento aprovechado por ambos entrenadores para acoplar sus
fuerzas y reiniciar el camino. Se veía venir que Osasuna iba a tomar el mando del
enfrentamiento y el Zaragoza afrontaría la segunda parte tratando de contener el
tornado rojillo. Ese era el guión y así lo interpretaron los actores. Cada ataque navarro
era contrarrestado con orden y concierto por los locales y cuando podían, procuraban
romper el fornido espinazo contrario con la velocidad de Papu y la inteligencia de Buff.
Natxo introdujo a Pombo, Toquero y Guti para refrescar la línea de vanguardia,
tratando, al mismo tiempo, de contener con mayor prestancia las peligrosas oleadas
ofensivas del contrario. Y es que el equipo iruñarra cada vez lo tenía más claro y lo veía
más cerca. Y llegó.

Tuvo que ser un corner, un balón parado de esos que tanto daño le hacen al Zaragoza.
Oier buscó el primer palo y Zapater, ayer imperial una vez más, no pudo amortiguar el
ingenioso remate. Fue el gol del empate, pero el zaragocismo mantuvo el pulso firme y
continuó al lado de los suyos. Con más razón, con más razones si cabe. Porque enfrente
estaba Osasuna, sin duda el gigante de la categoría en estos momentos, que no cejó en
su empeño y prolongó el asedio con aliento metálico. Los cánticos atronaban en la noche
aragonesa y esa atmósfera cómplice acompañó a los chicos del león hasta el último
minuto.

Si no se puede vencer, empatar. Esa verdad se ha hecho grande entre nosotros
este año, y aunque aún se dispuso de una ocasión a cargo de Guti y Pombo, se llegó al
final con un empate de oro que refuerza a un equipo generoso y a una afición
enamorada que ayer disfrutó de una noche de fútbol a lo grande. Ni siquiera el lunar de
la expulsión de Pombo puede empañar lo que ayer vivimos en la Romareda, una fecha
que ojalá recordemos dentro de un tiempo como uno de esos peirones que jalonan los
caminos aragoneses. El que nos tiene que llevar a conocer horizontes de grandeza.

CALIFICACIONES
Christian: 4. Sereno y maduro.
Delmás: 4. Esforzado y solidario.
Mikel: 4. Ecuánime y preciso.
Verdasca: 3. Generoso y cumplidor.
Zapater: 4. Grandioso y comprometido.
Eguaras: 3. Canalizador y referente.
Papu: 4. Rápido y vertical.
Febas: 4. Inteligente e inquietante.
Buff: 4. Comunicativo y técnico.
Borja: 4. Potente y audaz.
Pombo: 2. Osado aunque incompleto.
Toquero: 3. Guerrero y mordaz.
Guti: 3. Atrevido y turbador.

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Ni patrón ni marineros (Real Zaragoza, 0 – At Osasuna, 1)


   HinestrozaAndaba la parroquia zaragocista tan disgustada e indignada con el horrible juego de sus muchachos y la nefasta gestión de su entrenador que casi nadie ha reparado que quien se nos estaba comiendo el ternasco era nuestro saludable enemigo iruñarra/pamplonés. El mejor termómetro, osea, para calibrar la importancia del desastre que esta mañana hemos contemplado. Y lo mejor es que en esta ocasión ni siquiera ha esperado el zaragocismo a que acabase el partido para canturrear desde el cariño aquello de “¡Ranko, vete ya!”. Mal asunto.

   La alineación nos ha traído la feliz noticia de la reaparición de Jesús Vallejo, muy aplaudido desde el inicio, al mismo tiempo que la equivocada alineación, de nuevo, de Dorca y Wilk, centrocampistas que ahora mismo no son los que necesita el equipo. Mal ubicados, desorientados, torpes en el manejo del balón y superados siempre por sus rivales, ese disecado doble pivote no es que sea el único responsable del fracaso, pero sí suman inseguridad y fútbol vacío a la propuesta de Ranko. Atrás, una línea enclenque que no ha sabido bloquear la movilidad de los navarros y arriba la estrecha voluntad de Jaime, el estéril barroquismo de Hinestroza, el continuado naufragio de Aria y la prolongada soledad de Ángel. ¡Ah! Y enfrente un equipo muy equipo que juega como equipo.

   Digo esto porque el Real Zaragoza ha dado hoy muestras de pertinaz empeño en repetir, una jornada más, varios errores que hacen de él un equipo reconocible, muy previsible y, por tanto, fácilmente batible. Digamos que el primero es la facilidad que tiene para reuniri en una infinita línea defensiva a seis jugadores que se amontonan pero no defienden. Digamos que el segundo es iniciar la salida del balón siempre por la izquierda, poniendo en las botas de Rico la responsabilidad de prolongar la jugada inicial. Digamos que que el tercero es no contar con Morán desde el principio, el único jugador capaz, a día de hoy, de combinar y enlazar con algo de sentido dos pases seguidos. Digamos que el cuarto es depender de los arabescos de Jaime y pretender que sus balones aéreos los cace Ángel. Y digamos, en fin, que el quinto es confiar en los balones largos como arma de ataque evitando que el centro del campo sea el laboratorio donde se cuecen las victorias. Por ejemplo.

   Con todo eso, Osasuna lo ha tenido muy fácil. Orden táctico, combinación y colocación adecuada en cada posesión o gesto defensivo. Y algo de acierto, claro. No hace falta más. Con esos renglones un poco enderezados cualquier equipo nos escribe una obra maestra. Y nos gana. ante eso, Ranko aporta como solución la falta de soluciones. “Hay que seguir trabajando”, dice. Sí, pero hay que seguir trabajando bien.

   La segunda parte ha cambiado algo el paisaje desde el momento en que ha salido Morán. Sin ser Xavi Alonso, es un jugador que pide el balón y desde una posición central y centrada trata de hacer correr el balón, pretende que llegue a jugadores bien posicionados y ofrece pasillos aireados por los que puede circular el juego. Con eso y con que Vallejo se ha sacudido la ñoñería inicial, el equipo ha contado con más chance para tratar de equilibrar el choque. Solo la mala puntería lo ha impedido, es cierto, pues hasta de tres ocasiones ha disfrutado el equipo para empatar y si esos balones hubieran entrado ahora estaríamos hablando de otra cosa. Sin embargo eso no lo ha entendido así la grada, que ha entonado con cierta intensidad el “Rankoveteya” pues las malas decisiones y peores actuaciones irritan a una afición que se merece otra cosa.

   El partido se ha desangrado con varias acciones desnutridas de fútbol que no han sido suficientes para lograr un gol que hubiera sido balsámico. Osasuna ha gobernado bien los minutos finales y la mañana ha muerto manchada de ruido, el que produce el miedo a tener miedo.    Al menos Popovic ha reconocido el apoyo de la afición. Espero y deseo que nunca más se le vuelva a ocurrir volver a cuestionarla, pues bastante hace con soportar su escasez y su desconsideración. Demasiado. El zaragocismo necesita un líder en el vestuario y un ejército de voluntades en el campo que consiga enderezar el errático viaje iniciado para volver al camino que nos devuelva de nuevo a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Bono: 3. Ha tenido poco trabajo y lo ha resuelto bien.

Marc Bertrán: 2. Algo lento y blando en defensa.

Cabrera: 1. Inexacto y poco lúcido en el manejo del balón.

Vallejo: 3. Ha empezado muy tímido, si bien ha mejorado en control en la segunda parte.

Rico: 1. Muy luchador, pero incorrecto en sus decisiones.

Wilk: 1. Se ha esforzado más, pero su trato al balón es deficiente.

Dorca: 1. Bloquedao mental y futbolísticamente.

Hinestroza: 2. Tiene calidad, pero necesita mucho balón para poco resultado.

Aria: 2. Ha dejado detalles y ha luchado los balones divididos.

Jaime: 3. Ha sido muy protagonista, pero ha alternado luces y sombras.

Ángel: 2. Trabaja y se vacía, aunque no le llegan balones en condiciones favorables.

Morán: 3. Le ha dado sentido al juego. Con minutos es la apuesta.

Ortuño: 1. No ha controlado los balones que le han llegado.

Jorge Díaz: 1. Pobre aportación.

Bendita Normalidad. (Osasuna, 0 – Real Zaragoza, 1)


   Esta sonrisa bobalicona que se ha instalado en la cara del zaragocismo tiene una causa. O varias. La legendaria victoria de ayer, como la calificó Pepe Melero en “La jornada”, de ATV, tiene un efecto multiplicador, como ha expresado acertadamente Pedro Luis Ferrer en las últimas horas. Ambos tienen razón. Todos tenemos razón. Porque cuando las victorias se quedan a dormir en las riberas del Ebro la vida es blanca y azul.

   El 0-1 en el Sadar es una magnífica noticia. Precisamente porque fue en el Sadar. Porque llegó después de once años. Porque se logró con esfuerzo y personalidad. Porque se transmitió un mensaje de ánimo. Porque se consiguió, de nuevo, mantener la puerta a cero y porque, una vez más, se volvió a marcar.

   Cuando comenzó el choque las chispas se adueñaron del césped. Los dos equipos sabían a qué jugar y lo pusieron en práctica. Presión, intensidad y ruptura de las líneas de pase del contrario. Un bonito intercambio de golpes que sirvió para mostrarnos que la tarde sería intensa. Los centros del campo se batieron el cobre y las defensas trataron de imponer su ley. Mientras, en el aspecto atacante la línea ofensiva del Real Zaragoza enseñaba unos dientes más afilados y dispuestos al éxito.

   Por lo demás, mucho trabajo. De nuevo Basha a la conquista de una parcela que mientras él lo quiera tendrá dueño, como así lo demostró ayer de nuevo. Y Dorca, que ha encontrado su lugar en el mundo para aportar esos gramos de control del balón que hasta ahora no podía mostrar porque se le encomendaban tareas para las que no está concebido. Con ambos en la sala de máquinas y una defensa cabalgando a lomos de la veteranía de Mario y el desparpajo de Vallejo el equipo dominaba la situación.

   Osasuna también quiso jugar su partido y a ello se aplicó. Con ambos contendientes peleando por los suyo tuvo que deslumbrarnos un Pedro mágico que se quedó el balón en varios momentos del choque y nos mostró el camino a la victoria. Y de sus botas nació la jugada que nos daría, a la postre, los tres puntos. Un balón rescatado en la medular lo condujo con soberbia elegancia y le regaló un centro a Galarreta que este aprovechó para logra el gol al filo del descanso.

   Había sido una primera parte peleada, consistente y madura, unos minutos jugados por un grupo que ha crecido a pasos agigantados y que ofrece una cara firme que presenta credenciales para la competición. Con todo eso se afrontaba la segunda parte, en la que siguió desarrollándose el guión inicial. Osasuna supo que había que irse arriba y eso lo intentó aprovechar el Real Zaragoza con subidas muy bien planteadas que buscaban hacer daño y cerrar el partido. Estuvo a punto de suceder en una de esas contras, pero la buena vaselina de Borja tropezó en el larguero en lo que habría sido el 0-2 definitivo.

   No pudo ser, pero en ningún momento dio la sensación de que el partido se podía perder. El equipo navarro ponía pundonor y ganas, pero el sistema defensivo actuó con gran seriedad, en una tarde en la que destacó de manera muy especial el joven Vallejo. Decir, a estas alturas, que ha nacido un futbolista ya no es apresurado. Su talento, templanza y galanura futbolística anuncian a un gran jugador y el equipo nota su aportación desde que regresó a la titularidad. Él y Basha y Pedro y Borja y Galarreta y Mario y los demás. Y un Popovic que ha encontrado la tecla.

   Ahora solo hace falta que el grupo se mantenga unido, que nos respeten las lesiones y que cuando vengan los momentos duros sepamos acordarnos de lo mucho y bueno que este grupo sabe hacer para afrontar el futuro que la ilusión nos invita a vivir.

CALIFICACIONES

Bono: 3. Poco trabajo pero muy bien solventado.

Fernández: 4. Luchador, rápido y presente.

Vallejo: 5. Grandioso en todas las facetas del juego. 

Mario: 4. Ha vuelto y lo ha hecho para confirmar su jerarquía.

Cabrera: 3. Muy bien defendiendo y correcto en las subidas por la banda.

Basha: 5. Otro gran partido el suyo, ocupando espacios y empujando al equipo.

Dorca: 4. Muy bueno complementando a Basha y conduciendo el juego.

Pedro: 5. Inteligente, hábil y generoso. Gran encuentro.

Galarreta: 4. Trabajador, comprometido y eficaz en el remate.

Eldin: 2. Apagado y poco participativo.

Borja: 4. Lo intentó siempre y jugó para el equipo. Lástima sus dos ocasiones.

Insa: S.C.

Real Zaragoza, 1 – Osasuna, 1 (La esperanza ya está en casa)


   Tifo OsasunaEl cuerpo sudoroso, la garganta con sabor a madera, el corazón bañado en sangre azul y blanca, el alma ensanchada en las orillas de la pasión. Este es el paisaje que se dibujaba anoche en la mirada del zaragocismo después de haber cobijado en cada nota del himno un mensaje de futuro. El Real Zaragoza se desajustó en los segundos finales y perdió dos puntos que eran suyos, pero la afición le enseñó al mundo los dientes de un amor infinito por su equipo. La Basílica, ayer, fue el templo legendario que nos merecemos y en el que vamos a vivir la plenitud del amor recuperado.

   Desde el minuto uno hasta el final el equipo de Víctormuñoz lo dio todo. Lo que tiene y lo que no aún no posee pero conseguirá. Frente a un equipo duro, correoso y disciplinado un grupo de muchachos que aún no se conocen muy bien planteó un encuentro de batalla, coraje e incluso manejo de balón, no dando por perdida ninguna disputa y apuntando las ideas que van a gobernar el estilo de fútbol que el entrenador aragonés pretende.

   VallejoLa primera parte fue muy disputada. Osasuna se quedaba el balón y llegaba con cierta autoridad, pero salvo un gol anulado y un chut blando a la parte superior del larguero, no hubo muestras de peligro para la meta de Whalley. El Real Zaragoza, mientras tanto, presionaba al contrario, robaba balones, disparaba a Álamo y Pedro y buscaba la contra con ambición y corazón, mucho corazón. Eso lo agradeció la grada, que no dejaba de animar y que llevaba en volandas a los chicos con sus cánticos y palmas, consciente de que su apoyo va a ser de ahora en adelante crucial para seguir vivos.

   Y el corazón le pudo a la posesión. En una de las aproximaciones zaragocistas Fernández sacó un centro preciso que cabeceó Pedro con potencia e inteligencia lejos del alcance de Riesgo. El estadio explotó y sentimos una sensación de enorme liberación, como si rompiéramos unas cadenas que nos apretaban la garganta hasta casi asfixiarnos. Y sabiendo que aquel gol era más que un gol. Mucho más.

   Con el marcador de cara la segunda parte comenzó con mejores sensaciones aún. El centro del campo se templó, con Dorca ejerciendo un control férreo de la circulación del balón, lo que permitió que Galarreta apareciese con combinaciones finas y ágiles. Estaba claro que el partido era local. El Real Zaragoza cumplió todas las consignas de Víctor, estoy seguro. La defensa sujetaba las incursiones navarras y cuando el balón llegaba al área contraria se respiraba peligro a favor.

   Todo eso incluso mejoró cuando saltó al terreno de juego Adán, que revolucionó el partido con sus incorporaciones y la explosividad de sus pases. Faltó el chut, el disparo a puerta. Faltó la definición. Tengo anotadas siete aproximaciones blanquillas que no encontraron un remate digno, pero cada una de ellas era acompañada por un clamor en la grada que hacía pensar que era posible lograr el segundo gol. Las palmas sonaban, el himno atronaba, la gente seguía el juego puesta en pie. La fiesta apuntaba a la plenitud.

   En medio de la esperanza, Osasuna asomaba la patita gracias a la aportación de Cedrick, quien desde su entrada apreció grandes posibilidades en las paredes con Nino y por ahí vimos el peligro. Sin embargo, el gol de Osasuna llegaría por la otra banda. Cuando ya todo estaba acabado, cuando la noche ya era nuestra apareció De las Cuevas con el balón en sus pies, jugueteó con Kodro y a bola devuelta enganchó un chut imparable que rasgó la red de Whalley. Se nos cayó la sonrisa de la cara. No podía ser. Pero era.

   Sin embargo la afición despertó en tres segundos y aún tuvo energía para jalear un último ataque que los esforzados muchachos forjaron con ardor. Y aunque no prosperó no impidió que el pitido final anunciase una cerrada ovación que el equipo agradeció desde el centro del campo. En nuestras bocas, la frase compartida era: “Ha sido una pena, pero no pasa nada. Si luchan así y apoyamos de este modo, podemos completar una buena temporada, Estamos en construcción. Paciencia”. Dicho de otra manera: “Y en la Historia se grabó: Zaragoza, la Inmortal”.

Fotografías: “El Periódico de Aragón”

CALIFICACIONES

Whalley: 3. El poco trabajo que tuvo lo hizo bien. En el gol le sobró soledad.

Fernández: 3. Rápido y enérgico.

Mario: 3. Sobrio y potente, aunque algo lento.

Vallejo: 4. Magnífico. Inteligente y bien ubicado.

Rico: 2. Participativo y bien relacionado con sus extremos pero inexacto.  

Ruiz de Galarreta: 3. Mejor en la segunda parte, cuando el balón pasó por sus pies.

Dorca: 3. La segunda parte fue suya, una vez que supo a qué jugar.

Álamo: 4. Potente y vigoroso, tiene problemas para finalizar.

Pedro: 3. Muy trabajador y eficaz. Metió un buen gol.

Borja Bastón: 2. Buscó el desmarque y peleó con tesón.

Muñoz: 3. Lo luchó todo y trató de combinar con la segunda línea.

Cabrera: 3. Contundente y trabajador.

Adán: 3. Explosivo y combinativo.

Diogo: S.C.

Mi crónica del partido: At Osasuna, 3 – Real Zaragoza, 0 (Nos queda el silencio)


(por Juan Antonio Pérez-Bello)

   He buscado en las rendijas de la memoria argumentos para completar un relato carnoso y sugerente de lo que ha sido el choque entre At Osasuna y Real Zaragoza, pero es tal la sequedad de las frases con que me encuentro que ahora mismo me queda como única opción cerrar la puerta de este día cuya muerte ya necesito.

    Habíamos soñado con un combate igual en el que nuestros guerreros blandiesen orgullosos sus armas con la gallardía que se le supone a un equipo capaz y competitivo, pero apenas quince minutos han servido para mostrarnos la cara más fofa y vergonzante del Real Zaragoza. En la primera llegada navarra Osasuna ha hecho gol. En la segunda llegada navarra Osasuna ha hecho gol. En la tercera llegada navarra Osasuna ha hecho gol. Tres. Y la cara del sol se ha ocultado, mancillada por la cobardía.

 ¿Cómo es posible que un equipo desapacible y roñoso como Osasuna consiga tres goles en sendas jugadas inesperadas y aún estemos buscando una respuesta a las varios miles de preguntas que sepultan nuestra incredulidad? Es inaceptable que el equipo no sepa actuar ante la llegada de tres balones con un coeficiente intelectual por debajo de la media, pero todavía más inadmisible es que tengamos que soportar una actitud hueca y estéril por parte de todos los protagonistas, llámense jugadores o entrenador.

 El Real Zaragoza ha navegado desarbolado, no ha conseguido encontrar el control del balón y su inexactitud futbolística nos ha producido un dolor que cada día nos cuesta más soportar. Ver deambular a los blanquillos por el inhóspito paraje navarro es un castigo que seguimos sin merecer, pero parece que es una tortura que nos reservan los nuestros de vez en cuando para que no olvidemos de dónde venimos. Ahora bien, ¿sabemos a dónde vamos?

 Visto lo decidido por Aguirre, no. Ni ha logrado activar a los jugadores antes del partido ni ha hecho una lectura adecuada del discurrir de la batalla. En el descanso alguien ha debido decirles que un grupo de profesionales no puede permitirse el lujo de no impedir que el balón bote y rebote hasta que el contrario acierte a chutar a gol, pero al parecer esa voz ha estado callada o los oídos de nuestros muchachos tienen mejores melodías que disfrutar. Y lo que nos ha propuesto nos ha hundido. Los segundos cuarenta y cinco minutos han sido la firma de un desastre cuyas consecuencias duelen más por haberse producido en Pamplona.

 Ni una sola solución que pudiera enmendar los errores de la primera parte. El balón se ha negado a pintarse de blanco y este equipo sufre muchísimo cuando enfrente hay un grupo aguerrido y avaricioso que disputa la pelota con fuerza y determinación y es capaz de poner a prueba a nuestro excelente portero, Roberto, que ha realizado tres magníficas intervenciones que agrandan un poco más su ya fantástica imagen. Nosotros, mientras tanto, nada. Tan solo un disparo de mi añorado Juan Carlos, disparo que se ha producido en el minuto 77 y que en ese momento era el primero de todo el partido. Edificante.

 Llegados a este punto, algunos interrogantes. ¿Alguien entiende el baile de Ponzio? ¿Alguien intuye la razón del cambio de Lafita por Lanzaro? ¿Alguien comprende por qué no juega Juan Carlos de titular? Inquieta que una semana después no veamos ni un mal reflejo de luz cuando hace unos días nos deslumbraba la alegría de la victoria, por lo que haríamos bien en rearmar nuestro ánimo ante el inminente partido que el miércoles nos enfrenta al Valencia. Eso sí, este equipo tiene que repetirse domingo tras domingo, buscar un espejo en el que encontrarse para que un sobresalto en forma de gol no signifique naufragio, sobre todo porque aún hay mucho mar que surcar.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 4. Ha encajado tres goles de los que no le hacemos responsable al tiempo que ha protagonizado varias intervenciones de gran calidad. Es un portero grandioso.

 Juárez: 0. Ha vuelto a ser el defensa lateral inocuo de principio de temporada. No defiende con acierto y en ataque ha estado insustancial.

 Da Silva: 0. Fuera de forma, el defensa paraguayo ha protagonizado varias acciones deficientes y muestra una falta de contundencia importante. Además, no sabe sacar un balón en condiciones.

 Mateos: 1. No es la primera vez que lo escribimos: al lado de un defensa más firme el joven defensa madrileño ofrecería mejores prestaciones. Hoy ha estado enclenque y dubitativo.

 Paredes: 0. No ha sido el peor pero sí de los peores. Hoy Javi ha pagado los platos rotos y se ha visto desbordado por todo lo que pasaba por su lado.

 Ponzio: 1. Lo intenta siempre pero cuando no le sale parece que a él se le nota más. Revolucionado, su participación no es valorable. Además, Aguirre parece que juegue con él, pues lo ha desubicado y vuelto a situar en su posición natural en apenas unos minutos.

 Meira: 1. Fláccido y superficial, al enjuto portugués le ha venido muy grande el partido. La inexactitud en los pases, una de sus mejores armas, ha agrandado su pobreza y escasa aportación al equipo.

 Lafita: 1. Luchador pero excesivamente responsabilizado ante el choque. El único aragonés del equipo no ha encontrado ni una sola señal que seguir en medio de la maraña en que se ha convertido el choque. No está en buen momento.

 Barrera: 1. No ha sabido interpretar el partido en ningún momento. Su juego vertical y de desborde no sirve cuando no se tiene el balón y hoy ha ocurrido lo peor que podía suceder: ni combinación ni huecos que completar con su velocidad.

 Luis García: 1. Su juego de enganche con Postiga no se ha visto en ningún momento y ha estado tan perdido como todos sus compañeros. Ni las faltas las ha sacado bien.

 Postiga: 1. Ha hecho su trabajo de siempre, pero hoy le han llegado menos balones que nunca. Su juego de espaldas a la defensa no ha encontrado segundas líneas con que mezclar.

 Ruben Micael: 0. No ha participado prácticamente nada en el juego y sus pocos pases largos no han encontrado en ningún momento un compañero franco que pudiera definir.

 Juan Carlos: 2. Ha estado muy poco tiempo en el campo para lo que se merece, y de sus botas ha salido el único chut con peligro del partido. ¿A qué esperamos para darle la oportunidad de mostrar su calidad?

 Lanzaro: 2. Ha mostrado en el poco tiempo que ha participado más fortaleza, colocación y eficacia defensiva que todos sus compañeros juntos. 

At. Osasuna, 2 – Real Zaragoza, 0


El garabato que me temía

El Real Zaragoza ha caído derrotado (2 – 0) en su partido ante Osasuna correspondiente a la 31ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División.

Se sabía, se había dicho en todos los foros blanquiazules del mundo, se había expresado en todas y cada una de las ruedas de prensa de la semana. Incluso Ponzio y Paredes lo habían comentado en el encuentro que mantuvieron con los zaragocistas de la Peña “Juan Señor” de Alcorisa el jueves por la tarde: el partido ante Osasuna podía salir mal, iba a ser muy duro y al final del mismo podíamos vernos en la situación de tener que volver a apretar los dientes para afrontar una semana decisiva. Lo sabíamos. Y ocurrió.

Y mucho antes de lo esperado. Si Gay había dicho el sábado que debíamos procurar evitar que marcaran ellos primero “si es que lo tienen que hacer”, de nada sirvió, puesto que como no queríamos una taza, ya se sabe: taza y media. En el minuto 1 y pocos segundos un despeje tontorrón y sin intebnción le proporciona a Aranda un balón largo con dibujo de Premier League y logra un primer gol que ni en mejor de los sueños había imaginado Camacho ni ningún osasunista que se precie. Y ahí empezó nuestro calvario.

El Real Zaragoza es ahora mismo un equipo muy apañado para afrontar los partidos que se prolongan, que se alargan en el tiempo y en el espacio, que se estiran hasta la raya del fin del mundo, porque ahí se encuentra muy cómodo, logra intranquilizar al contrario y posee armas para, en un destello, en un fulgor inesperado, hacer gol y ponérselo todo de cara. Pero, amigo, como tenga que remar contracorriente, como tenga que llevar la iniciativa por imperativo legal, como el guión le imponga la necesidad de ser él quien lidere el choque entonces, Houston, tenemos un problema. Y ayer lo tuvimos, si bien seré justo diciendo que en todo momento lo intentó, quiso, ardió en deseos por darle la vuelta al partido e, incluso, lograr ese empate que yo creo que nos habría gustado a todos y lo habríamos recibido con los brazos abiertos.

El Real Zaragoza tuvo la mala suerte de encajar ese gol inesperado como un relámpago traidor. Sé que habrá quien será muy duro y dirá que se podía haber evitado y que es imperdonable, py no le faltará razón, pero me alegró poder ver que el equipo quiso en todo momento y puso empeño en afrontar la larga agonía que se avecinaba. Mas no pudo. Mostró algunas dudas en defensa tras el inesperado gol, pero se entonó. Sin embargo el centro del campo no encontró el camino de la elaboración, de la combinación y del desborde. Sencillamente porque no lo tiene. Sin ser Ander el centrocampista que todo lo organiza, se notó el carácter que el vasco-aragonés aporta a esa línea, por lo que se nos hizo un mundo cada vez que cogimos el baló. A ello añadimos, como dijo Gay, que cada vez que disparábamos a puerta aquello parecía más una cesión que un disparo en toda la regla. Y ahí nos morimos.

En la segunda parte, y después de haber demostrado Roberto una vez más que es un portero de garantías con un par de intervenciones de esas que dan puntos, conseguimos llegar más y mejor. Y durante un rato se perfiló el gol como una posibilidad real, pero no llegó. Demasiada candidez, demasiada fragilidad muscular. Mucha, muchísima inocencia. Y ante Osasuna o ante el Tronos hay que mostrar un mayor perfil matador. Y por ahí se nos fue el partido. Recuperamos el gesto de antes de Navidad y fuimos el equipo que no debemos ser nunca más. Porque ayer demostró el Real Zaragoza que si tenemos una desgracia como la de encajar un gol pronto ante un equipo que nos da la pelota, vamos a sufrir para levantar los partidos. Y lo que viene ahora es de aúpa. Mallorca y Athletic nos van a exigir mucho y hay que sacar tres puntos entre estos dos partidos para poder soportar el vendaval de dentro de quince días. La máxima, ante los baleares, ya la sabemos, es no encajar. Cuando lo hemos conseguido, hemos sonreído.

El camino desandado (Osasuna, 1 – Real ZGZ, 0).


El Real Zaragoza ha sido derrotado por Osasuna por 1 – 0 en el partido que han disputado esta tarde en el Reyno de Navarra de Pamplona. El encuentro se presumía áspero, terroso, bordeado de metálicas zancadillas y rugosas intenciones y lo cierto es que no ha abandonado el guión ni en una línea. Pero no voy a hablar del choque, ni de los aspectos futbolísticos, pocos, que nos haya podido ofrecer, pues no tiene uno el ánimo blindado para soportar tanta miseria.

Recuerdo bien que hace unos días escribí sobre lo agradable que resulta vivir en medio de la placidez que otorga la ausencia de emociones fuertes. Sin embargo, creo haber escrito también que en Pamplona íbamos a cosechar, pues la garra nos iba a compañar y el esfuerzo vivido frente al Athletic sería el más bravo de los alientos. Lamento haberme equivocado.

El Real Zaragoza no transmite. Si hace unas semanas éramos un volcán en plena erupción ahora somos un barbecho ausente de espíritu o un cauce reseco en el que no discurren ni las lágrimas de la desesperanza. Ha sido un partido para grabar y enviar a tu peor enemigo o para ubicarlo en la estantería de los despropósitos. No hay mucho más que decir. Si hace unas semanas implorábamos una victoria, hoy rogamos que una gota de alegría visite nuestros paupérrimos hogares. No somos merecedores de tanta mediocridad. Hoy es un día negro.