Punto de plástico (UD Almería, 2 – Real Zaragoza, 2)


 

  La capacidad que tiene el Real Zaragoza para desandar caminos es extraordinaria. Y preocupante. En la tarde de ayer, frente al Almería, se repitió la película. En apenas ocho minutos consiguió adelantarse en el marcador con dos magníficos goles de Edu Bedia y ángel y una vez más dilapidó una ventaja que en esta categoría es, casi siempre, definitiva. Casi siempre, digo, porque el Zaragoza es un equipo deshilachado, frágil, muy deficiente físicamente y tremendamente timorato. Nada menos que 22 puntos ha dejado escapar esta temporada tras ponerse por delante en el marcador. Una herida imposible de taponar si no hay talento, fortaleza ni templanza. El Real Zaragoza,. Es decir.

   A los ocho minutos el marcador ya reflejaba un magnífico 0-2. En dos jugadas magistralmente gestionadas por Cani y Pombo, pasado y futuro, y resueltas por Bedia y Ángel, Casto vio cómo su red acogía el balón sin apenas haber puesto en modo “on” el partido. Un extraordinario resultado que había que saber digerir. Esa era la duda. Ese era el temor. Que muy pronto resolvimos. Como ya imaginamos, el equipo de Láinez dio mil pasos atrás y propuso un partido que en absoluto le convenía. ¡Malditos dos goles tempraneros!. Con la cabeza licuada por una niebla que adormece a este equipo cada vez que se pone por delante en el marcador, el Almería, que aún se jugaba más que nosotros, apretó los dientes e inició un choque duro, metálico. Un choque a muerte.

   Sus jugadores discutieron cada balón, lucharon con la fiereza que el encuentro requería y con esas armas doblegaron a un pusilánime Zaragoza que se arrugó al primer golpe recibido. Así, nadie supo poner orden en el caos. Y lo que es peor: nadie pudo oponer la fortaleza y la rudeza que el momento precisaba. Las bandas sufrieron los embates de los jugadores locales y ni Feltscher ni sobre todo Casado pudieron poner coto a las incursiones locales. Por si eso fuera poco, Cani no está para labores defensivas y esa circunstancia la sufrió el venezolano, que recibía ataques de dos contra uno que le hacían sufrir mucho.

   El equipo se descosía y sin balón es un grupo inerme y muy frágil. Así llegó el primer gol almeriense. Un ataque multitudinario horriblemente defendido fue la antesala del 1-2. El partido se ponía muy cuesta arriba a pesar de la ventaja, pues además se notaba que el Almería creía que podía darle la vuelta a la situación. No quedaba más remedio que apoderarse del balón que es la única manera en que el Zaragoza sabe vivir ahora mismo. Cuando lo consiguió estuvo a punto de ampliar su ventaja. Primero fue Cani en un mano a mano que le detuvo Casto y después Zapater, con un lanzamiento de falta que detuvo de nuevo el portero local con una extraordinaria intervención. Así pues, tarea imposible. Por si fuera poco, de nuevo mostró su ineptitud para defender jugadas a balón parado y en una de esas llegó el segundo gol. Un corner corto fue suficiente para recibir un gran mazazo en forma de gol al filo del descanso. Un cabezazo en el área pequeña y a la caseta.

   El empate dolió mucho. Los jugadores se retiraron cabizbajos y a Láinez se le vio dolido y afectado con lo que había sucedido en la primera parte. Pero la segunda no cambió mucho el paisaje. Tan solo el cambio, obligado, de Edu García por un fundido Cani pero que apenas aportó un par de carreras por la banda, y la de Isaac por un agotado y dolido Feltscher, algo más positiva pues le otorgó cierta profundidad a la banda. La que no fue no nada productiva fue la sustitución de Dongou por Edu Bedia. El cántabro, agotado en el minuto 50, dio entrada al joven camerunés que no está para jugar en este equipo. Con todo y eso, el partido se convirtió en seguida en un correcalles que no favorecía a ninguno de los dos equipos. Hasta que llegó el minuto 70, cuando el árbitro expulsó a Fidel.

   Se abría un nuevo panorama, pero el Zaragoza estaba absolutamente roto físicamente y no encontró en ningún momento un pasillo por el que penetrar para acercarse al área de Casto. El partido moría y en esas circunstancias lo importante era no perder, pues un punto puede significar la vida en medio de un páramo que nos asfixia desde hace demasiado tiempo. Láinez tiene hecho el diagnóstico, pero no tiene jugadores para encontrar la solución y esa es la evidencia con la que vamos a tener que convivir de aquí a final de temporada.

Foto: La Voz de Almería

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Nervioso y demasiado estático. Le cuesta abandonar el arco.

Feltscher: 2. Mientras le aguantó el físico achicó las avalanchas locales. Luego se cayó.

Silva: 2. Menos relevante. Cumplió en el uno contra uno pero falló por arriba.

José Enrique: 2. Tuvo luces y sombras. Le gusta jugar el balón, pero defiende regular.

Casado: 1. Partido insustancial. Se posiciona mal y pierde en el uno contra uno.

Zapater: 3. Luchador y comprometido, no encontró apoyos. Casi logra un gran gol.

Ros: 1. Insignificante. Cometió errores y no aportó en el manejo del partido.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su físico es su debilidad. Goleó.

Cani: 2. Mientras está, es importante. Su baja forma física es un problema.

Pombo: 2. Poco participativo, debió dar un paso adelante.

Ángel: 4. De nuevo extraordinario. Es el mejor de lejos. Goleó.

Edu García: 2. Lo intentó por la banda, pero no culminó las jugadas.

Isaac: 2.Le dio profundidad a la banda. En defensa, correcto.

Dongou: 0. No aportó ni un solo balón en condiciones.

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Partido de alivio (Real Zaragoza, 2 -UD Almería, 1)


   29_octubre_2016En plena celebración del recuerdo a los nuestros, se me ocurre que igual que hay un luto de alivio también puede haber partidos que pueden marcar la transición del dolor profundo a una cierta sensación balsámica. Como el de ayer.

   Volvía el Real Zaragoza a la Basílica después de vivir una (otra) profunda crisis deportiva e institucional. Un nuevo terremoto que hizo tambalear los cimientos del zaragocismo y arrugarse al corazón blanco y azul más templado. En medio de los relámpagos y los truenos surgió la figura de un aragonés de gesto adusto y voz minera que, con tan solo tres días por delante, nos trasladó un mensaje firme y honesto: “Estos jugadores necesitan creer en sí mismos, son mejores que lo que nos han mostrado y el esfuerzo no se negocia”. Fin de la cita.

   Con estos argumentos se plantó el equipo en el césped. Agné mantuvo a Ratón, eligió a Juan Muñoz y a Ángel para marcar goles, les pidió a todos que se dejaran el alma y los mandó a jugar. Y ganar. Los primeros minutos fueron lo que todos esperábamos. Incluso el Almería. Se planteó un partido metálico y disputado, sin mucho fútbol pero con garra por parte de unos jugadores que pretendieron decirnos a todos que habían empezado a atisbar por dónde quiere el míster que vayan las cosas. Peleones, más acertados en el pase, con alguna brizna de atrevimiento y buscando al contrario para transmitirle la idea de que aquí las judías hay que ganárselas. Esa sensación llegó nítida a la grada, que aceptó de buen grado la actitud de los chicos y se puso de su lado en seguida.

   Este plan se llevó a cabo gracias a tres factores relevantes: la implicación en la causa de jugadores como Ángel, Cani, Ros, Lanza y José Enrique, además del habitual pundonor del capitán, Zapater. En segundo lugar, porque las cosas se hacían razonablemente bien: se defendía con firmeza y se manejaba el balón con cierta dignidad. Y tres: el equipo se apoyó en el esfuerzo común en beneficio del grupo. No es fútbol de quilates, no es calidad ni superioridad manifiesta, pero es orden, concierto y voluntad de vivir.

   El equipo mantuvo el nivel después del primer gol. Una falta ejecutada por un redivivo Lanzarote la remató, tras varios rechaces, Javi Ros, ayer ganado para la causa. Fue una magnífica noticia, pues los jugadores se vieron a sí mismos como unos muchachos capaces de adelantarse en el marcador y refrendar su propuesta futbolera (no futbolística). La banda derecha era una finca por la que transitaban con rapidez y buenas combinaciones Fran y Lanzarote, si bien el Zaragoza bajó el pistón de la intensidad y esperaba a que el Almería cometiese un fallo para aprovechar la velocidad de Ángel.

   El partido se quedó dormido a la espera de una segunda parte en la que poder certificar la victoria con otro gol. Lo mismo debió pensar Agné, ayer sancionado, que mantuvo el esquema procurando que nada se rompiese, sobre todo la firmeza defensiva. Ahí tuvo un papel muy importante José Enrique, muy seguro y mostrando una gran experiencia y madurez, tan necesarias ayer. Eso permitió sostener la noche y aventurar que el triunfo era posible. La confirmación a esa idea vino con el gol de Ángel. De nuevo Lanza ejecutó magistralmente un golpe franco que pilló soñando con los mares de plástico a los jugadores de Soriano. El tinerfeño convirtió el segundo y el choque mostró su rostro cristalino. Hasta que ocurrió. El árbitro no quiso abandonar nuestra bimilenaria ciudad sin dejar su sello personal y sancionó con penalty una entrada de Zapater que en el campo no lo pareció. El quinto que castiga al Zaragoza en lo que va de temporada para continuar la nómina de penalizaciones. Ratón bajo los palos trató de detener el lanzamiento de Quique y casi lo consigue. Pero no.

   Y comenzaron las dudas. No tantas como en otras ocasiones, pero sí suficientes como para temernos lo peor. El choque se enturbió y solo una buena defensa y un par de movimientos tácticos, con la incorporación de nuevos jugadores, podía evitar lo peor. Y ambas cosas se dieron. Agné había dado entrada a Edu García por Juan Muñoz, lo que había supuesto dotar al equipo de mayor equilibrio, y la línea de contención supo hacer su trabajo. Y Ratón. El joven portero de nuevo le salvó al Zaragoza la cara con una prodigiosa parada a chut de Chuli en el minuto 90. No es tema baladí contar ahora mismo con un portero que nos da puntos. Es clave.

   Victoria, pues. Trabajada, luchada, sufrida pero merecida. Victoria que le da un toque gris al traje que hasta ahora era negro. Como en la tradición funeraria. Ahora que estanos en Todos Santos.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. De nuevo fundamental. La parada a Chuli puede resultar valiosísima.

Fran: 3. Buena primera parte y buen trabajo ofensivo. Mejoró en defensa.

Silva: 3. Contundente y fornido.

Cabrera: 2. Tener a su lado a José Enrique le hace mejor.

José Enrique: 4. Experiencia, calidad y presencia.

Zapater: 2. Luchó con denuedo pero se precipita en la gestión del balón.

Javi Ros: 3. Se pareció al de la temporada pasada. Trabajador y honrado. Goleó.

Lanzarote: 4. Se ha activado. Calidad y trabajo lo convierten en fundamental.

Cani: 4. Muy buen trabajo. Menos lucido pero muy lúcido.

Juan Muñoz: 1. Intrascendente  por jugar donde no sabe.

Ángel: 4. Activo, dinámico, esforzado y goleador.

Edu García: 2. Su presencia le dio sentido al equipo y lo equilibró.

Pombo: 2. Tocoó dos o tres balones pero en uno de ellos ya

Real ZGZ, 1 – UD Almería, 1 (Crónica del partido).


La falsa moneda
El Real Zaragoza empató ayer frente al Almería (1 – 1) en partido correspondiente a la 29ª Jornada del Canpeonato Nacional de Liga. El encuentro se presentaba frío y distante, como una amante desconocida, como una carta del Ministerio de Hacienda, como un control de esos con que la Policía Nacional nos obsequia últimamente en la pre-expositiva Zaragoza. Un choque-trampa, un enfrentamiento más falso que la falsa “monea”, noventa y pico minutos de esos que escuecen más que el picotazo de una medusa de Salou. En fin, un horror.

Y así resultó. Desde los primeros minutos fuimos capaces de hacer un análisis sencillo pero lamentablemente certero de nuestro equipo: sin Matuzalem, este equipo es otra cosa. O sea, poca cosa. El propio Óscar, que parecía estar cargándose de razones para callarnos la boca a cuantos habíamos despotricado contra él y contra todos, he dicho todos, los entrenadores que habían confiado en él a lo largo de los años, se mostró muy desorientado, perdido, difuminado. Lo veíamos descender a las calderas del centro del campo en busca de su único alimento, el balón, ese que Matu le había porporcionado con tanta elegancia como eficacia en los dos últimos partidos. Pero hoy no estaba el brasileño, sino Gabi, una experto en deambular sin ton ni son por el medio campo sin otra orientación que los bandazos que el cierzo ofrecía y un torpe eslabón en esa débil cadena que fue ayer el Real Zaragoza que no supo aguantar 30 segundos a que Villanova hiciera el cambio que tanto bien nos iba a hacer: Gabi fue expulsado (justamente, me temo) por una segunda tarjeta amarilla que “solicitó” con insistencia al árbitro más odiado por el zaragocismo: Iturralde. Y ese fue un problema añadido.

La primera parte fue un tuya-mía bastante insulso pero necesario para lograr que este partido fuese construyéndose como una buena ocasión para lograr los tres puntos. Mucho pelotazo, es verdad, y mucho balón largo que nuestros jugadores no supieron interpretar correctamente. Así y todo, se sujetó bien al Almería, que juega muy bien sin balón y no tanto cuando lo tiene en los pies y que gusta, pues ha sabido acoger en su regazo la calidad de Corona, la picardía de Negredo y la disciplina del resto.
La segunda parte continuó por los mismos senderos, hasta la salida de Matuzalem. Fueron muy pocos los minutos que pudimos contar con su aportación, pero creo que todos estamos de acuerdo en que el Real Zaragoza, cuando juega el brasileño, es un buen equipo, muy bueno, diría yo, y cuando él no está, el equipo se deshuesa, se deshace como un tolmo de hielo en día de verano. Esos minutos, no obstante, fueron suficientes para lograr un gol y casi los tres puntos.
Sin embargo, como este Real Zaragoza es un perro flaco, pues pasa lo que tiene que pasar. Y sobrevino la tragedia. Matuzalem se lesionó y Villanova hizo dos cambios más (Zapater y Celades) en un intento casi a la desesprada para lograr el control del balón, pero es verdad que este año estamos teniendo de todo menos suerte. Dos extraordinarias paradas de César, que habrían supuesto una ovación de La Romareda si todo hubiera acabado bien, fueron contrarrestadas con una extraña jugada de córner a favor del Almería que dio con el balón dentro de nuestra portería. Quedaba un minuto. Empate y a casa.
Por la noche, escuché con mucha atención a Manolo Villanova en el programa “La jornada”, de Aragón Televisión y sus palabras fueron el mejor bálsamo. Vamos a salir, vamos a mantener la categoría y vamos a seguir siendo equipo de Primera División. ¡Ah! Y vamos a enterrar el 75 Aniversario, sin lugar a dudas un “Anno Horribilis” que recordaremos con chufla dentro de un tiempo, cuando todo haya pasado. Porque pasará, ¿verdad?