El valor es alto (Real Zaragoza, 1 – Granada, 1)


Llegó el Real Zaragoza a la vieja Basílica con el alma prendida por finos alfileres después de una pretemporada difícil y un primer partido enjuto y sin alma en Tenerife. Para colmo de dudas, el miércoles en Morata ofreció una imagen desgarbada y para cerrar el círculo de la inquietud la Fundación 2032 y ZEC nos agitaron los miedos con sendos textos que hablaban de abismos e infidelidades. Para amortiguar tantas sacudidas, Natxo González explicó el viernes que su ideario no es fácil de asimilar y que hace falta más tiempo para que este “equipo diesel” alcance la velocidad pretendida.

Bajo estas premisas afrontó el Zaragoza ayer su partido frente a un potente Granada, uno de los tres descendidos y, por tanto, uno de los nuevos ricos de la categoría. Y lo hizo con un cambio significativo en la alineación. Una vez ya destapada la verdad de que el centro de la defensa no cuenta con las piezas adecuadas, el entrenador decidió cementar el centro del campo contando con sus tres escuderos a la vez y propiciando que tanto Pombo como sobre todo Buff fuesen los encargados de hilar las jugadas de ataque para surtir para Borja Iglesias. El plan funcionó a medias durante los primeros 15 minutos. Ciertamente se logró que el balón circulase con más seguridad y se ralentizasen las posibles acometidas, pero costaba un mundo y parte de la luna llegar a la portería de Javi Varas.

Con todo y eso, el equipo se fue acomodando y en un robo de balón Borja se plantó ante el portero sevillano. Lástima que el mano a mano lo solucionase bien Varas. Por el contrario, fue el Granada el que convirtió gracias a una falta ejecutada hábilmente por Pedro, uno de nuestros ex. El origen de la jugada fue un error de control que propició que el cuestionado Valentín hiciese una falta al borde del área, lo que agitó aún más las aguas del debate sobre la defensa.

Era el minuto 22 y quedaba mucho partido. El Zaragoza, habitualmente, ha sufrido muchísimo cuando ha encajado primero. Es una pauta que se ha instalado en el subconsciente del equipo hace ya un tiempo, pero ayer el equipo mostró otro registro. No se dejó vencer por la indolencia sino que emprendió un combate serio y sereno, lo que hizo que el partido fuese, a partir de entonces, todo suyo. Buff comenzó a aparecer, los laterales asumieron el rol que les habíamos conocido en el Reus, Eguaras y Zapater, aunque aún con problemas espaciales, iniciaron episodios de combinación y sostén en la medular y Borja Iglesias se conjuró consigo mismo para desestabilizar a la defensa granaína.

Fueron 15 minutos de intención, de deseo encendido, de presencia en territorio enemigo con la sola idea de equilibrar el choque, algo que no se pudo conseguir a pesar de la intensidad mostrada gracias a la buena disposición defensiva de los visitantes.

La segunda parte fue un ejercicio de voluntad. Comenzó con cierta indisposición creativa, pues el Granada tenía claro que si se mantenía ordenado y atento tenía muchas posibilidades de llevarse los tres puntos. Sin embargo, poco a poco el Zaragoza se desperezó. Fue la emergente presencia de Buff lo que alicató el juego aragonés y la mejor distribución táctica de los mediocentros habilitó al equipo para resetear un partido que, a partir de entonces, fue totalmente suyo.

En el minuto 57 Pombo rasuró el césped con un remate intencionado que detuvo Varas y en el 69 Borja Iglesias consiguió, por fin, desestabilizar al central Germán que le hizo un penalty de libro que abría las puertas del cielo a un Zaragoza que merecía un premio a su juvenil empeño. El propio Borja transformó el penal y la Romareda explotó entusiasmada. Toquero entró por Pombo y su presencia agitó el universo blanquillo. Cada una de sus acciones llevaba el sello del compromiso y la veteranía y así, en el minuto 69, estuvo a punto de lograr el segundo gol tras recoger un excelente pase de Buff, pero el poste derecho lo evitó. Dos minutos después Baena vio la segunda amarilla tras una falta a Ros y el lanzamiento lo ejecutó Zapater, que no llegó a acariciar la red de la escuadra porque Varas es un portero que se las sabe todas y evitó el gol con una buena parada.

Desde entonces hasta el final el Zaragoza ejerció de anfitrión y puso en marcha un acoso a la francesa sobre la portería del Granada. Sin embargo, a pesar de que se tuvo la sensación de que el gol podía llegar en cualquier momento, Varas no tuvo que recoger el balón de su red y el partido acabó en tablas. Con el sabor de la decepción pero con el aroma de la esperanza. Quizás Natxo tenga un discurso elíptico y diagonal, pero es cierto que ayer sus muchachos trataron de mostrarnos que tienen el alma erizada de deseo y que hay un camino que, oculto aún tras la hojarasca de tanto sufrimiento y miseria, quizás podamos recorrer.

Foto: http://www.heraldo.es

Ficha técnica
Real Zaragoza:
Ratón, Benito, Valentín, Grippo, Ángel, Zapater, Javi Ros, Eguaras (Febas 77′), Buff (Papunashvili 86′), Pombo (Toquero 71′) y Borja Iglesias.

Granada CF:
Javi Varas, Víctor Díaz, Menosse, Germán (Charlie 86′), Álex Martínez, Baena, Montoro, Machís, (Puertas 71′), Pedro, Espinosa (Alberto Martín, 61′) y Joselu.

Goles:
0-1 Pedro (23′), 1-1 Borja Iglesias (70′).

Árbitro:
Vicandi Garrido (Comité vasco). Amonestó a Valentín (22′), Eguaras (35′), Pombo (67′), Germán (69′). Expulsó a Baena (42′ y 79′).

Incidencias:
Partido correspondiente a la 2ª jornada de la liga 123, disputado en el Estadio de La Romareda, 13.761 espectadores.

Puntuaciones
Ratón: 2. Convierte los balones colgados en situaciones de incertidumbre. Debe mandar más.
Benito: 3. Buen balance defensivo y notable presencia en los desdobles.
Valentín: 1. Es un saco de dudas y temores anunciados.
Grippo: 3. Correcto, serio y cumplidor. Su aportación ofensiva en jugadas de estrategia, interesante.
Ángel: 3. Es un jugador de gran importancia. Su presencia eleva el nivel del equipo.
Ros: 3. Voluntarioso y comprometido.
Zapater: 4. Gran partido. Fue de menos a más. Su entendimiento con Eguaras y Ros, fundamental.
Eguaras: 3. Tras una primera parte apagado, en la segunda participó con criterio.
Pombo: 2. Muestra cierta irregularidad. Aporta clase y calidad pero a veces ralentiza el juego.
Buff: 4. Comenzó desubicado pero cuando encontró su sitio activó el ataque.
Borja Iglesias: 4. Luchó, se ofreció, colaboró y goleó.
Toquero: 4. Agitó al equipo y le regaló coraje, trabajo y verticalidad.
Febas: 3. Se ofrece, aporta soluciones y se entrega sin reservas.
Papu: 2. Su rapidez y descaro son dos argumentos muy útiles.

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Mi crónica: Real Zaragoza, 0 – Granada, 0 (Demasiado cerca ese acantilado)


“Con Apoño habríamos ganado el partido”. Ese es el titular que nos ha regalado Manolojiménez en su rueda de prensa y en esas palabras se encierra toda una filosofía de vida. Primero, porque eleva al jugador malagueño a la categoría de constructor salvífico; segundo, porque destaca las ausencias frente a las presencias; y tercero porque demuestra que no hay argumentos futbolísticos con que explicar la situación.

   Hoy era “el” partido, “la” final, según todos los actores, pero sus declaraciones de intenciones no han pasado de ser un fláccido brindis al sol del que no hemos podido saborear ni medio rayo de luna. Un encuentro en el que ha habido algunos destellos, pero en el que también hemos podido sufrir con la inoperancia ofensiva que nos tiene maniatados ante el futuro. Es verdad que ha estado muy bien no encajar ningún gol, pero en absoluto puede consolarnos, porque el resultado nos pone ante una situación ya insostenible.

   La primera parte ha sido un escenario en el que el Real Zaragoza ha pretendido convencernos de que sí sabía combinar y crear situaciones de gol, pero como ninguna de sus propuestas ha conseguido su objetivo el escenario prometedor se ha difuminado poco a poco hasta caer en una situación de precariedad preocupante y hasta deprimente. El Granada, al mismo tiempo, le ha puesto precio a la cabeza de Leofranco, quien ha visto comprometida su puerta en varias ocasiones con balones colgados que se ha visto obligado a alejar con heterodoxos despejes de puños. ¿Había calidad en el juego? No. ¿Había tensión competitiva? Poca. Lo único que nos ha aportado el combate ha sido músculo y ansiedad, dos ingredientes que ya nos están empezando a hartar, aunque en ningún momento el apoyo de la afición ha faltado.

   En medio de la hojarasca futbolera ha surgido la figura de Rochina, un jugador capaz, por una parte, de apuntar maneras y, por otra y al mismo tiempo, de tumbar la fe del seguidor más fervoroso con sus decisiones. Él ha sido el encargado de finalizar alguna de las jugadas más prometedoras del Real Zaragoza, pero su falta de visión de equipo le maniata en el éxito, lo que en los tiempos que corren no es una buena noticia. Y con esa rémora en el grupo nos hemos ido a la ducha.

   La segunda parte no ha supuesto el refrendo de la apuesta ofensiva de Jiménez. Demasiados balones largos, demasiado evidente la idea de juego. Cuando los jugadores no son capaces de interpretar la obra poco se puede lograr y algo así le ha ocurrido al equipo. Con un centro del campo estéril y torpón, el balón no circulaba con fluidez ni intención y lo único que cabía era el hecho heroico, la jugada de estrategia, el balón suelto que llega al borde del área y una bota dispuesta lo engatilla. Y nada más. De las tres posibilidades hemos tenido ejemplos. Los dos más claros una falta que ha rematado Sapunaru/Maihz y un chut de Babobic que Toño ha detenido con dificultad. Y nada más.

   Jiménez ha realizado los tres cambios que lo único que han logrado ha sido propiciar el derrumbe del edificio que había presentado, pues de ellos tan sólo Babovic ha aportado algo de frescura y genio. Ni Eduoriol ni Bienvenu han aportado nada al equipo y los minutos han ido confirmando con inexorable tozudez que en el césped de la Basílica no iba a producirse ningún milagro, como así ha sido. Ni el “Sí se puede” ha retumbado en la noche zaragozana ni los arreones de los chicos han servido para  ganar el partido. Malas noticias por todas partes; noche sobre la noche. Y, por primera vez, pitos de la afición a unos jugadores que no están a la altura de las circunstancias ni, me temo, de la institución. 

CALIFICACIONES

Leo Franco 3. Ha dado seguridad a la defensa y ha interpretado uy bien su papel de portero/líbero.

Sapunaru: 2. Brillante en el arranque, le ha costado mucho recuperar su posición cuando tenía que retornar tras una subida, lo que ha propiciado el ataque granadino.

Pinter: 3. Ha tenido que batallar mucho en su demarcación y en los vacíos que ha dejado Sapu, cumpliendo en ambas tareas..

Álvaro: 3. Muy atento al corte y a la velocidad de los delanteros granadinos.

Abraham: 3. Muy mejorado en ataque y mejor ispuesto a la defensa. Ha ganado en velocidad y colocación.

Movilla: 1. Quizás su peor partido delaño. Descolocado, impreciso y fallón en el pase, el físico le está pasando factura.

José Mari: 1. No ha sido el barredor al que nos tiene acostumbrados. se le ha hecho muy grande el campo y no ha llegado a casi nada.

Víctor: 2. La pelota le quema y en algunos momentos se le escapa a su control. Le falta atrevimiento y ha perdido el descaro que le adornó hace unos meses.

Rochina: 3. Intenta cosas muy interesantes y cuando le salen nos muestra a un jugador diferente. Obsesionado con el gol, corre el riesgo de perder el afecto de sus compañeros.

Montañés: 2. No le han salido las cosas. Cuando tiene el balón en seguida le presionan dos y hasta tres jugadores y no ha encontrado su sitio.

Postiga: 1. Peleado con el mundo, no le ha llegado ni un solo balón en condiciones. Tan solo hemos anotado una jugada en la que ha combinado muy bien con Rochina.

Babovic: 2. Ha aportado frescura y descaro. Un chut suyo ha merecido ser gol.

Edu Oriol: 0. Ineficaz, torpe y falto de ritmo y de ideas.

Bienvenu: 0. Dios santo, cuando tu afición hace juerga de tu juego algo muy grave esta ocurriendo.

Mi crónica: Real Zaragoza, 1 – Granada CF, 0 (Digamos que vino la victoria)


   El fútbol, lo tenemos dicho, es un deporte desleal con la verdad e injusto con la justicia. Si hace tres días escribimos una crónica crujiente y seducida por un grupo fértil y comprometido con la valentía, esta noche terrorífica en la que la Directiva ha estado muy desafortunada con su decisión de cortarle la hierba bajo los pies a una afición que no se merece este desplante hemos vivido una penosa experiencia.

   El partido, despreciado por el Granada y sujeto a componendas en la alineación en el lado zaragocista, ha respondido a la mediocre expectación que el Real Zaragoza ha construido en torno a sta primera eliminatoria. Manolojiménez ha optado por dibujar un equipo en el que se mezclaban los fijos con los discontinuos. Entra las decisiones tomadas la más comentada ha sido la elección de Leofranco, aunque otras han respondido al típico juego de gestión de vestuario al que tan aficionados son los entrenadores.

   Con esa idea, el choque prometía pocas emociones. Y así se ha visto desde le primer minuto. El ritmo lo ha querido marcar el equipo aragonés, sobre todo con un Víctor un tanto sobreactuado que ha buscado desde el comienzo la portería del Roberto granaíno. No ha tenido suerte, pero ganas no le han faltado. En l centro del campo el tándem Movilla-Romaric ha ofrecido algunos detalles correctos, sobre todo por parte del africano, que nos ha propuesto una idea de fútbol más parecida a la que algunos nos imaginamos. Pero no ha sido suficiente. A los pocos minutos el Real Zaragoza se ha contagiado del ritmo cansino y tristón de los andaluces, por lo que nos hemos comido unos primeros cuarenta y cinco minutos sosos como un telediario de David Cubedo. Muy pocas ocasiones y demasiados bostezos.

   La segunda parte ha servido para coser la noche a la atonía. Y ni siquiera Víctor, que se ha ido a dormir a la cara oculta de la luna, ha sido capaz de continuar con el ritmo bajo que ha perfumado la primea mitad. Jiménez ha retirado al Zuccu, que hoy no ha estado al nivel del domingo, por Wílchez, dándole así la oportunidad de mostrar lo que puede aportar. Poco nuevo bajo la capa negra del firmamento, algo que no ha acabado de impacientar a la afición, si bien sí lo ha hecho Romaric, que ha recibido algunos pitos en ciertos momentos del partido.

   El partido languidecía y la vieja Basílica parecía no salir de su asombro. Ella, que ha vivido noches mágicas en un torneo tan querido por el corazón del león, la última aquella de febrero de 2006 en que pusimos patas arriba el Planeta Fútbol, se frotaba los ojos incrédula ante el mortecino espectáculo con que nos estaban castigando ambos equipos. Pero ahí está la grandeza de este deporte. Cuando las legañas ya nos impedían ver más allá de nuestras adormecidas narices, Romaric se ha inventado un grandioso pase y Carlitos Aranda ha sujetado el balón con su pecho para descerrajarle un balonazo a Roberto que acaba convirtiéndose en el gol de la victoria. ¿Alguien se acordará, si pasamos la eliminatoria, de este horrendo partido? Seguramente, no. Por eso, quizás lo mejor sea pensar, por ejemplo, que hacía casi cinco años que no se ganaba en casa en la Copa. O que ya llevamos tres victorias consecutivas. O que hemos dejado la portería a cero por primera vez esta temporada. Que todo es verdad y en el fútbol son, todas ellas, circunstancias de cierto relieve. Como pensar que todo es posible. Incluso lo imposible.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 3. Sin problemas. El poco trabajo que le ha propuesto el Granada lo ha resuelto con oficio.

Sapunaru: 3. Un tanto desactivado, pero dentro de las prestaciones a que nos esta acostumbrando.

Álvaro: 3. Buen trabajo del central zaragocista, que hoy ha resuelto algunas situaciones de cierto compromiso con solvencia.

Paredes: 2. Algún despiste suyo ha podido costarnos caro, si bien ha estado atento al corte.

Movilla: 3. Más lento que en partidos anteriores, le ha faltado una referencia con la que conectar, aunque su presencia lo llena todo.

Romaric: 3. Su pase de gol le redime de una actuación en la que ha ido de menos a más.

Zuculini. 2. Hoy, en un partido de perfil bajo, no ha mostrado la misma motivación. Rendimiento menor.

Edu Oriol: 1. No ha logrado conectar adecuadamente con los puntas. Le falta un punto de chispa, que es lo que le puede hacer diferente.

Víctor Rodríguez: 3. Lo ha intentado de todas las maneras, pero hoy ha llegado un segundo tarde a los check point del partido. 

Aranda: 3. Su gol, magnífico, lo convierte en el protagonista de la noche.

Wílchez: 2. Su rapidez debe ser su mejor arma, pero está muy fato de ritmo.

Postiga: 2. Ha salido tarde y su aportación ha sido irrelevante.

Babovic: S.C.

Granada, 1 – Real Zaragoza, 2 (Lo que supimos defender como hombres)


   A nadie le interesa saber que mi primer autógrafo futbolero me lo firmó Miguel Muñoz cundo era entrenador del Granada, pero forma parte de mis recuerdos de infancia y esos, amigos, se quedan grabados en el corazón de cada cual con fuego de cuero.

   Y lo mismo le ocurrirá a Víctor con estas primeras jornadas de la temporada 2012-2013. Será un período de su historia personal que lucirá como la luz de la mañana por tratarse del momento en que su nombre llenó la boca del zaragocismo y sus movimientos en el campo deslumbraron a una afición huérfana de ídolos. El catalán ha sido una de las estrellas del partido y el aplauso es unánime, pero nos sobran adjetivos para aclamar a Movilla, elogiar a Apoño y ensalzar, en fin, el trabajo de todo el grupo. Porque el partido de hoy ha sido el mejor de los últimos meses y los motivos para estar satisfechos son varios, así que trataremos de mostrárselos al mundo. Por una vez.

   Jiménez ha planteado un match en el que Movilla se postulaba como el jefe de la sala de máquinas y Apoño y Víctor debían conformar las otras dos esquinas de un triángulo constructivo que facilitase la transición a los territorios dominados por el acierto rematador de Postiga. Detrás, Loovens se estrenaba en el centro, lo que auguraba un mejor argumento defensivo en los balones aéreos. Con todo ello sobre la pizarra ha empezado el choque. Y a los tres minutos se han abierto las puertas de la victoria. Un excelente centro de Víctor lo ha cabeceado Postiga. Gol y esperanza.

   El partido lo ha controlado el Real Zaragoza perfectamente. Cuando tenía el balón lo manejaba con sabiduría y talento. Cuando no era suyo, trabajaba solidaria y esforzadamente para recuperarlo, encontrando el éxito en muchas ocasiones. El partido era nuestro y Movilla gobernaba la reunión con una maestría propia de los grandes jugadors, aquellos que con dos pasos abarcan un mundo y parece tan sencillo lo que hacen como respirar lo es para el común.

   En ese punto de la batalla, el equipo de Manoljiménez ha dibujado un contraataque fulminante que Abraham ha cerrado con un pase magistral al área pequeña donde un eléctrico Víctor ha golpeado con insultante seguridad el balón, logrando el segundo gol. Magnífica jugada; magnífica resolución. Víctor, que ha encontrado su lugar en el mundo jugando como enganche y proporcionándole a Postiga todo el oxígeno que le ha faltado tantas veces. Víctor, que le ha mostrado al equipo un sendero nuevo por el que caminar a partir de ahora. Víctor, que ha resucitado en el alma del zaragocismo la sensación de que este equipo puede volver a ser la nodriza a cuyos pechos poder amamantar a jugadores que aquí crecen y aquí se hacen grandes.

   La segunda parte ha supuesto un vuelco en el latido del encuentro. Los andaluces, seguramente arengados por Anquela, se han echado al monte y le han dicho al Albaicín que quizás muriesen, pero que si así era no lo harían con lágrimas de Boabdil, sino con un puñal de acero entre los dientes. Han variado su sistema, han colocado un segundo delantero y han dicho aquí estoy yo. El Real Zaragoza ha tenido que ajustar su esquema, pero en ningún momento ha perdido el mando de la pugna.

   Las primeras señales de inquietud han aparecido cuando el Zuccu ha sido sustituido por Josémari. El argentino había salido de inicio con una sola misión: estrangular las subidas de Siqueira, labor que ha cumplido con corrección, pero su generoso esfuerzo físico le ha pasado factura y ha dejado su sitio al andaluz. Ahí hemos vivido algunos minutos de incertidumbre. Quizás porque Movilla no ha sabido dónde había dejado las llaves del coche; tal vez porque Josémari ha ralentizado a veces la salida del balón. En cualquier caso, han sido los minutos en los que ha llegado el gol local. De nuevo en un corner. De nuevo por alto. Lo hemos defendido en zona y el cabezazo de El Arabi ha roto la red de Roberto.

   Quedaba poco, y aunque el Granada jugaba con uno menos por expulsión de Iriney, un cierto escalofrío ha recorrido nuestro espinazo blanco y azul. Es tan dolorosa nuestra historia reciente que estaba justificado el temor, pero salvo un balón envenenado que Roberto ha sacado con algún apuro el Granada no ha encontrado el sendero del empate. Antes ha podido cerrar el partido el Real Zaragoza, pero Postiga, en dos ocasiones, no ha sido capaz de batir a Toño.

   Al final, pues, el principio. El inicio de un mes en el que vamos a jugar cuatro partidos duros y cerrados. En algún caso casi imposibles. Sin embargo, la importancia de llamarse Real Zaragoza nos lleva a creer que hay buenas noticias a orillas de este Ebro crecido por las lluvias recientes. Que el mundo lo sepa: el león sabe jugar al fútbol.

CALIFICACIONES

Roberto: 4. Poco trabajo y bien resuelto. El peligro que le ha llegado era de poca entidad para tanto portero.

Sapunaru: 4. Muy buen trabajo defensivo. Su labor como lateral desvela, semana tras semana, entidad.

Loovens: 3. Bien por alto y bien colocado. Sufre cuando el balón corre.

Paredes: 3. Ha cometido un par de errores que han provocado algún que otro “¡huy!” Su velocidad, sin embargo, ha sido un buen argumento en algunos pasajes.

Abraham: 4. Buen partido, tanto defensiva como ofensivamente. La jugada del segundo gol, de gran calidad.

Movilla: 5. El mejor del partido. Su presencia ha sido una lección de fútbol con mayúsculas. Presente, gobernante, sabio, esforzado.

Apoño: 4. ¡Qué a gusto se le ha visto todo el partido! Cada vez que giraba la cabeza y veía a Movi su dispositivo de hacer fútbol se recargaba.

Zucculini: 3. Ha cumplido a la perfección la misión posible de secar a Siqueira. Generoso en el esfuerzo.

Montañés: 3. Muy activo y participativo, ha encontrado un carril por el que manejarse con comodidad. Debe aprovechar su buen disparo a puerta.

Víctor: 5. Grandísimo partido. Todo lo que se ha propuesto lo ha hecho bien. Su trabajo como enganche engrandece a este deporte. Además, golea. ¿Dónde estaba este chico hasta hace dos días?

Postiga: 4. Ha crecido mucho con Víctor a su espalda. Postiga remata muy bien, así que habrá que darle comida, ¿no?

José Mari: 3. Su salida ha desorganizado un tanto al equipo, pero al final ha encontrado el sitio.

Edu Oriol. S.C.

Javi Álamo: S.C.

Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 1 – Granada CF, 0 (La luz, que es siempre nuestra compañera)


   El Moncayo es un dios que aún nos ampara. Su viento, el de las almas desgarradas, el de los flequillos vivarachos, el de las ráfagas lascivas, sinuosas como las caderas de la mañana, limpió ayer nuestros corazones de emociones apresadas en las telarañas de la derrota del jueves y aupó a un equipo que aún tiene sangre en el alma y amor que derrochar.

    Si a los cuatro minutos el zarpazo de Daniálvarez hubiera logrado su pretendida herida en el costado zaragocista la noche se habría hecho eterna en una luminosa tarde. Sin embargo, el larguero de Jerusalem impidió que la tragedia llegase antes de tiempo y a los pocos segundos nuestros muchachos cosían una elegante jugada magistralmente culminada por un espigado chaval, por nombre Dujmovic, que entendió perfectamente el pase de Aranda logrando un hermoso gol que provocaba la sonrisa de una afición que, una vez más, aportó energía, pasión y amor incondicional al equipo.

   Dio comienzo entonces una fase en la que el Real Zaragoza trató de organizar una ordenada defensa y aprestar, si se presentaba la ocasión, diagonales contraataques que permitieran cerrar el partido con algún gol de esos a los que poco a poco nos vamos acostumbrando. El Granada, mientras tanto, armó una estrategia ofensiva que no encerró poco a poco, aunque con muy poca intensidad y ninguna aproximación con peligro al área de Roberto. Zucculini y Lafita eran los jugadores más incisivos e incluso el argentino enganchó algún disparo con intención que avisaba de la posibilidad de cerrar un encuentro en el que ambos equipos morían por no morir.

   El Granada se movía con cierta comodidad e incluso se atrevió a encenderle las luces de DEFCON 2 a los aragoneses, que le rogaban con fe inquebrantable a la Virgen del Pilar que aquello terminase, pues las postrimerías de la primera parte estaban convirtiéndose en territorio fértil para lo que podría ser un gol desconsolador. Afortunadamente el árbitro pitó el final y la respiración volvió a la afición.

   La segunda parte comenzó con una energía y una disposición por parte de los nuestros que auguraba noticias en positivo. El mejor jugador del equipo, un muchacho que hasta ahora había contemplado con cierta distancia como su posición era vivir lejos del área contraria, un croata con aire despistado que no nos había enseñado todavía de lo que es capaz cuando le roza el pecho a la defensa contraria, armó varias jugadas de ataque que constituyeron los mejores momentos del equipo local. Sobre todo la que nos hizo vibrar en el minuto 1: robó un balón en la línea de tres cuartos, con potencia se llevó por delante al mundo, dibujó tres slaloms consecutivos ante un desorientado Julio César y su chut se fue de viaje al Centro de la Tierra rozando el palo lateral del portero granaíno. Y pocos minutos después culminó otra buena jugada de Aranda con un chut impreciso fruto de un inoportuno resbalón que evitó lo que podría haber sido el segundo.

   Y se acabó. A partir de ese momento las piernas de varios jugadores se negaron a responder a los impulsos racionales de unos corazones que buscaban con desesperación los caminos del alivio. El Granada se quedó el pelotón, invadió todo el territorio disponible y comenzó a tejer una asfixiante tela de araña de la que nuestros chicos no pudieron salir en ningún momento. Cierto es que no llegaron en ningún momento a preocupar a Roberto, quien, ayer sí, despejó con firmeza y rabia cada balón aéreo que sobrevoló su finca, pero la sensación de agobio se iba haciendo cada vez más agobiante. Obradovic salió por Edu Oriol y Postiga por un roto Aranda. Paredes se dislocó el hombro, la defensa se rompía la vida en cada balón y el cierzo, novio de una ciudad que semana tras semana suspira por un final feliz y azul, se asociaba en cada jugada con nuestros jugadores para evitar la tragedia.

   Fue entonces cuando llegó el momento. Daniálvarez, que ya había tratado de asustar a la parroquia zaragocista con un chut lejano y lateral, se dispuso a lanzar una de las muchas faltas que hasta ese momento había hecho el Real Zaragoza. Una falta contra el viento, contra el destino, contra la vida. Una falta que Roberto defendió con una barrera deshilachada, trémula. Una falta que estuvo a punto de derribar los muros de la patria mía. El balón se estrelló con ira en el palo derecho de la casa de Roberto, que voló desesperado hacia el misil, y el rechace no lo rentó ningún delantero andaluz. El zaragocismo recogió el corazón del suelo, donde palpitaba estupefacto víctima del tremendo susto, y nos apresuramos a elevar nuestras plegarias a una Virgen que, seguro, ayer se arremangó el manto y puso sobre la columna las preces de todo un pueblo que cada día cree con más fuerza que sí se puede.

   Los últimos minutos fueron una sucesión de ocasiones fláccidas que defendimos con uñas, dientes y toda la fiereza que nos permitía nuestra desesperación. Aún le dio tiempo al colegiado a expulsar a Micael tras una jugada que no fue merecedora de tal decisión, pero cuando pitó el final la tierra se abrió y el cielo suspiró aliviado, pensando que si hay razones para mantenernos en Primera esas llevan como nombre “Afición” y como apellido, “Zaragocista”.

 CALIFICACIONES:    la recuperación en la segunda parte de Sevilla.

 Roberto: 4. Ayer retomó el pulso después de haber iniciado su recuperación en la segunda parte de Sevilla.

 Álvarez: 2. Mucho más acertado que el partido anterior. Estuvo fuerte y convencido.

 Da Silva: 1. Tiene tantísimo interés que sus errores mueven a ternura.

 Paredes: 3. Está consiguiendo recuperar su credibilidad como defensa en un puesto para el que no fue fichado. El brazalete le da fuerzas.

 Abraham: 3. Muy activo y con gran fe en sí mismo. Tiene fuerzas incluso para salir con el balón jugado.

 Micael: 3. Ayer demostró que además de calidad tiene ganas y fuerza para competir con la intensidad que ahora necesitamos. Injustamente expulsado.

 Duijmovic: 4. El mejor. Su posición adelantada le hizo ganar enteros y se vio a un jugador muy involucrado en la fe atacante. Precioso gol el suyo.

 Zucculini: 3. Intenso y omnipresente en defensa, sus chuts son débiles y mal dirigidos, pero acaba las jugadas, un valor muy deseable.

 Lafita: 4. Lucha lo indecible y sube y baja con una intensidad que la hinchada agradece. Además, cuando encara siempre pueden pasar cosas.

 Edu Oriol: 2. Fue de más a menos. Perdió presencia y fue sustituido, pero la primera media hora aportó equilibrio táctico.

 Aranda: 3. Fija muy bien a la defensa contraria y sus pases fueron ayer dinamita. El primer gol vino de un excelente desborde por la banda derecha.

 Obradovic: 1. Salió con muchas ganas, pero participó muy poco por el perfil que había adquirido el partido.

 Postiga: 1. Frío y poco activo. Sustituyó a un agotado Aranda en un momento muy complicado y optó por apoyar suavemente en tareas defensivas.

 Lanzaro: 2. Entró en lugar de un herido Paredes y cumplió perfectamente su papel.