No solo fútbol (CD Lugo, 2 – Real Zaragoza, 1)


  zapater05.jpgDos acciones torpes le rompieron ayer la cara al joven equipo aragonés.  A este grupo de audaces futbolistas se le va la sangre por los poros de la impericia y aunque pudiéramos acordar que la derrota de ayer fue injusta el dato duele: cuatro puntos de quince. Eso son matemáticas y habrá quien se acueste al lado de esa verdad. También habrá quien se quede con el aroma de unos muchachos que ofrecen lucha, compromiso, descaro y vocación de ser grandes. ¿De qué lado de la moneda está más cerca nuestro corazón?

   El Real Zaragoza se encuentra ahora mismo al 60% de su rendimiento. Así lo argumentó el pasado viernes Lalo Arantegui en una entrevista en la que compartió con el zaragocismo su libro de cabecera. Está plenamente convencido de que aún hay mucho margen de mejora y de que el mejor Zaragoza lo conoceremos dentro de unos meses. A su lado Natxo González se nos muestra como un entrenador firme en su fe. Ayer cambió de portero y prolongó su credo con una propuesta atrevida de la que no abjuró ni siquiera con el empate. Ese fue su acierto. Ese fue su error.

   La primera parte nació de la mano del Lugo, que para eso estaba en su casa y se conoce cada rincón de su campo, Unos primeros minutos de gobierno a cargo de unos chicos a los que les gusta correr, manejar el balón y desafiar al contrario con una idea de fútbol jovial. Dispuso de varias opciones, llegó a poner a prueba a un pausado Christian e incluso logró un bello gol que la torpeza arbitral anuló para respiro aragonés. Al equipo del león le supuso un cierto trabajo desbrozar los arbustos gallegos, pero cuando lo logró degustamos de nuevo el fútbol azul y blanco que nos invita a recordar días de triunfo.

   Fue a partir de entonces cuando los blamquillos construyeron un partido dinámico en el que algunos de sus jugadores supieron interpretar muy bien el relato de su entrenador. Benito en el lateral derecho quiso volver a dibujar las galopadas de Belsué y a ello le ayudaron sus compañeros, sobre todo Toquero y Borja, que arrastraban con redes invisibles a los contrarios al interior del campo. Buff contribuyó con su elegante movilidad a aclarar el territorio y sus gestos técnicos contribuyeron al control del choque mostrando qué fácil puede ser convivir con la dificultad.

   El partido hundió sus pies en la arena de una playa con agua cada vez más dulce y en uno de esos oleajes Benito dispuso un balón preciso en los pies de Buff, que rompió la línea defensiva lucense y logró un gol exacto que hizo aún más clarividente el plan de Natxo González. Todo ello sin olvidar que el equipo tiene un sólido sistema de contención que se apoya en el vigor de Zapater, que ayer de nuevo volvió a mostrarnos cuál es su lugar en el mundo, en unos laterales que cementan las bandas y agrandan el campo al mismo tiempo, y en un portero que ofrece otros horizontes que los hasta ahora conocidos.

   La segunda parte se abrió con una novedad significativa. Grippo, lesionado, dejó su puesto a Mikel González, aún no maduro para la competición pero relevante solo con estar. El equipo regresó al césped con la misma intensidad desplegada en la primera y esa velocidad de crucero propició sendos acercamientos de Borja Iglesias que de haber cristalizado habría supuesto el cierre a una victoria de oro. Es bien cierto que la idea futbolística es profundamente atractiva y si de convierten las brechas que se abren en los muros enemigos podemos hablar de equipo bonito, pero en no lograrlo radica la principal miseria.

   El Lugo tampoco tuvo miedo. No es un grupo cobarde y le plantó cara a la noche. En ese intercambio de golpes que pudo haber inclinado la cara de la luna en un sentido u otro estuvo la clave del encuentro. Es el Zaragoza un equipo muy joven y en su bisoñez anida el entusiasmo. Puede ser una bendición o una maldición y ayer tocó lo segundo. Cuando el Lugo empató tras un rechace mal gestionado por los zaragozanos fue novedad que no tuviéramos la sensación de que ya todo estaba perdido. Y a ello sumó argumento Natxo apostando por ir a por los tres puntos con la inclusión de Vinicius en lugar de coser las costuras con Eguaras. Así vivirá o morirá este proyecto, dándole la cara al riesgo y jugando a todo o todo.

   La pena fue no lograr, por lo menos, un punto. Pudo haber cerrado la victoria con un cabezazo de Toquero, pero lo evitó Juan Carlos. Pudo haber roto el empate Christian Herrera pero lo abortó su tocayo argentino. Todo lo que veíamos en el césped tenía apellido de igualdad. Todo. Excepto la fortuna. Fue en el minuto 92. Un centro fácil desde la izquierda, un remate fácil desde el área pequeña. Fue, en fin, una dolorosa derrota en un partido muy bien jugado como concepto pero mal gestionado en sus detalles. Y ese es el trabajo que le queda por delante a este Real Zaragoza que, a pesar de llevar solo cuatro puntos de quince, le sostiene la mirada al desánimo. Será porque el zaragocismo siente este año que cuando el corcel blanquiazul logre atemperar su desbocado corazón veremos con claridad la meta.

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CALIFICACIONES

Christian: 4. Realizó varias paradas de gran calidad.

Benito: 4. Extraordinaria primera parte. En la segunda bajó el rendimiento.

Grippo: 3. Correcto y serio hasta que se lesionó.

Verdasca: 3. Ortodoxo y aseado.

Ángel: 3. Bien en términos generales, aunque en ataque   

Zapater: 4. Magnífico en el despliegue y enorme en el corte.

Ros: 3. Empezó desajustado y poco a poco se entonó.

Buff: 4. Tuvo unos 60 minutos muy completos. Después se cayó físicamente. Goleó.

Pombo: 3. Alternó luces con alguna sombra. Chutó con descaro.

Toquero: 3. Supo abrir muchos espacios en ataque. Casi logra un gran gol.

Borja Iglesias: 3. Luchó lo indecible y arrastró a la defensa a lugares inhóspitos.

Mikel González: 3. Mostró madurez y colocación. Será titular pronto.

Vinicius: 2. Colaboró con Borja y creó peligro.

Alain: 3. En cinco minutos chutó dos veces a puerta con peligro.

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Paisaje sin horizonte (Real Zaragoza, 1 – CD Lugo, 1)


cani_zapaterUn grito desgarrado cubrió la cúpula de la Basílica cuando el balón atravesó la meta de Irureta a poco más de un minuto del final del partido. Era el grito de la desolación, de la incredulidad, de la confirmación de que la Miseria se ha instalado en nuestro hogar. Era el grito de pánico de una afición, la zaragocista, aterrorizada por el maremoto que asola nuestra esperanza. No podía ser, no debía ser, pero fue. Un partido que se pudo ganar y también perder acabó en un misérrimo empate que nada añade, salvo negrura.

   Agné firmó una alineación alejada de la normalidad aunque próxima a la necesidad de resucitar. Pretendió ganar fortaleza en la defensa, el gran fracaso de Juliá, acudiendo a jugadores de hierro y sudor como Cabrera y Zapater en los laterales. Ya se pueden enmascarar las deficiencias de Fran y sobre todo Casado en lesiones más o menos reales, que la afición ya sabe que ahí no tenemos jugadores fiables. Rescató a Ros y sobre todo Morán para construir un centro del campo más fino y combinativo y volvió a cometer el error de pedirle a “Xumi” que jugara por la banda. Este no le defraudó y de nuevo firmó un partido mediocre. A su lado, un magnífico Cani y el voluntarioso Edu, que lleva camino de convertirse en santo y seña del zaragocismo con su actitud y su dolor indisimulado. Y Ángel, el eterno luchador, el interminable fajador, el delantero ignorante del gol.

   Con semejante construcción el Real Zaragoza apuntaló las líneas de pase interiores y obligó al Lugo a jugar largo y por fuera. No pareció muy incómodo el equipo gallego con esta otra posibilidad y así lo confirmó siempre que le ganó las espaldas a Cabrera y Zapater. Tras una buena salida zaragocista con sendas ocasiones para Xumetra y Ángel, el equipo visitante propició varias opciones de gol y una de ellas la convirtió. Afortunadamente para los intereses aragoneses, el árbitro anuló lo que era un gol legal y eso les permitió a los de Agné respirar y mantener el tipo con cierta dignidad. Morán y Ros consolidaban con solvencia el juego en el centro del campo y arriba Cani se animaba a hacer cosas, lo que siempre supone una amenaza para el contrario.

   La peor noticia nos la regalaba el irregular Xumetra, que no hacía olvidar a Lanzarote. ¡Un momento! ¿Lanzarote? Es verdad, no estaba el catalán en el campo y ni tan siquiera en el banquillo. ¿Qué había ocurrido? Lo sabríamos después, pero al parecer hay algo más que un desencuentro entre entrenador y jugador, lo que impide que uno de los mejores no esté en el grupo. Mala noticia, entonces, si tenemos que afrontar la batalla sin todas las armas a nuestro alcance.

   Se llegó al descanso con 0-0, con las lanzas en alto y la necesidad acuciando al equipo y al entrenador. En la grada, en sus peñas, en sus casas la afición esperaba una acción aislada, un error del contario que permitiera al equipo lograr un gol y obtener una victoria que alimentase un soplo de vida. El choque no estaba para alegrías y las imprecisiones y desajustes se daban a partes iguales en ambos bandos. Y entonces ocurrió.

   Un robo de balón a cargo de Javi Ros permitió que este combinase con Cani, quien convirtió un magnífico gol que adelantaba a los aragoneses en el partido. Fue un gol bendito, de esos que si sirven para conseguir la victoria se convierten en gol memorable. El extraordinario jugador aragonés lo celebró con alegría y gran intensidad y la afición se aprestó a vivir un final de noche intenso y difícil. El Lugo no se dio por vencido y minutos después dispuso de una excelente ocasión que solventó Irureta con una felina intervención. Fue su mejor parada en mucho tiempo y una buena noticia, según soplan los vientos. Poco después volvió a evitar el gol cuando el cuero parecía entrar en la portería tras un intento de gol olímpico, acción que puso el miedo en el cuerpo a los locales.

   Agné optó por refrescar el centro del campo con un doble cambio. Ya había salido Xisco por un inoperante Xumetra y ahora era el momento para el debut de Edu Bedia por Cani. Por último, la decisión que descosió al equipo. Salió Barrera por un buen Javi Ros, lo que supuso un desajuste en el equipo en un momento en que el Lugo se había echado al monte y buscaba el empate con ahínco. Y se produjo. Una aproximación de Fede Vico al borde del área que nadie supo impedir y un chut seco junto a la base del poste que un Irureta lento y descolocado no supo atajar fueron las dos acciones que rompieron en mil pedazos la quebradiza alma zaragocista. El desánimo y la frustración se instalaron en los corazones blanquiazules que buscan desesperadamente respuestas a tantas preguntas.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 2. Demasiado irregular. Alternó buenas intervenciones con errores evitables.

Zapater: 3. Sufrió a la hora de recuperar, pero hizo un excelente trabajo de contención.

Silva: 3. Buen trabajo en el corte y contundente en la marca.

Valentín: 2. Correcto y aplicado en sus funciones.

Cabrera: 3. Ejerció su labor con correosa determinación.

Morán: 2. Estuvo bien situado y trató de darle sentido al juego.

Javi Ros: 3. Buen trabajo defensivo y decidido en la presión. Suya fue la jugada del gol.

Xumetra: 1. Intentó muchas cosas pero su forma no es la adecuada.

Edu García: 2. Pundonoroso  e intencionado, a veces le falta intensidad.

Cani: 4. Magnífico partido. Inteligente, audaz y comprometido. Metió un gran gol.

Ángel: 2. Lucha, corre y se implica, pero da muestras de torpeza en los metros finales.

Xisco: 2. Le dio cierta rapidez y profundidad a la banda.

Edu Bedia: 2. Un tanto frío e indolente, apuntó algún detalle.

Barrera: 1. Su salida desordenó al equipo.

 

 

Empate en diferido (CD Lugo, 3 – Real Zaragoza, 3)


27_agosto_2016No resulta fácil digerir un empate después de tener un partido muy bien controlado y con un resultado tan favorable, pero casi igual de difícil parece conservar la calma en el entorno zaragocista, tan dado a los vaivenes bruscos y desmedidos. Ni estamos ante un equipo descalabrado ni lo sucedido en Lugo es algo accidental. Hay aspectos que mejorar pero también datos para la esperanza, así que dicho lo cual vayamos a la arena para tratar de explicar lo ocurrido.

Apostó Milla por el mismo once que derrotó al UCAM hace seis días y le encomendó al grupo la misma tarea a realizar: trabajo solidario, presencia permanente en todas las fases del juego, rapidez en la ejecución y solidez en el repliegue. Esa propuesta exige un tremendo esfuerzo y desgaste físico y mientras los jugadores fueron capaces de sostener el ritmo, el plan funcionó. Fruto de un ejercicio de presión a la defensa contraria vino el primer gol. El defensa del Lugo cedió muy mal a su portero al verse encimado por Ángel y Lanzarote aprovechó la flaccidez defensiva para lograr el 0-1. A partir de ahí, el choque se equilibró, algo en lo que tuvo que ver el hecho de que en dos minutos Silva, Cabrera e Isaac vieran la tarjeta amarilla. Golpe duro a la zaga, que tuvo que medir sus movimientos a partir de ese instante. Así y todo, el Real Zaragoza mantuvo su idea procurando que el equipo gallego no encontrase líneas de pase ni senderos de circulación.

Durante un buen puñado de minutos el centro del campo zaragocista no logró gobernar con solvencia el partido. Se amparaba en la capacidad de Zapater para cosechar balones, pero a la hora de darle salida Morán no ofrecía soluciones y Cani, en su habitual rol de reparto inteligente, se encontraba con una tupida red de jugadores contrarios que impedían que Lanza, Xumetra o Ángel recibiesen en disposición de martillear la portería de José Juan. Bajo ese escenario el Lugo comenzó a acercarse al área de Irureta, cuyos defensores no encontraban la forma de defender de una forma aseada y firme. Al contrario, sus despejes y acciones de cobertura mostraban ciertos desajustes que verían la culminación negativa con una jugada muy bien resuelta con un trallazo eléctrico de Pedraza después de haber despejado torpemente otro balón lucense. Definitivamente no era la noche de las defensas.

Pero lo mejor nos lo habían reservado ambos equipos para la segunda parte. Aun sabiendo que la batalla iba a ser dura en el terreno físico, el Zaragoza siguió con el guión establecido de ayudas múltiples y latigazos arriba. Eso dio sus frutos a los pocos minutos, cuando Zapater robó un balón y se lo entregó a Ángel para que este fusilase a José Juan. Buen plan y mejor ejecución. Y eso no fue todo. Nueve minutos después Ángel volvía a recoger un balón generosamente proporcionado, en esta ocasión, por Cabrera y le amargaba definitivamente la noche a José Juan con el tercer gol, segundo de su cuenta. Era un 1-3 que nos permitía comenzar a saborear una más que factible victoria, sobre todo cuando de nuevo el canario se plantó ante al aturdido cancerbero lucense con intenciones más que claras. La pena fue que falló estrepitosamente y ahí se apagaron las luces.

El Zaragoza había hecho un esfuerzo enorme y las fuerzas empezaron a flaquear. Eso se notó en el resquebrajamiento de la medular, que se vio incapaz de sostener al equipo con la solidez que requería el choque. Esa circunstancia la intentó paliar Milla dando entrada a Javi Ros en lugar de un Morán difuminado con la sana intención de darle cemento al centro del campo, pero el infortunio y la torpeza Cabrera y Cabrera se encargaron de negarle al destino lo que ya parecía escrito en el cielo. Una mala decisión defensiva, añadido al hundimiento físico del equipo, le facilitaron al Lugo el segundo gol primero y el empate después tras jugada muy bien elaborada con incursión por el lateral izquierdo y remate fulminante de Campillo. Fue una caída vertiginosa, dolorosa e inesperada, que dejó al descubierto la todavía incompleta preparación física necesaria para mantener un estilo de juego que requiere de mucho fondo. De ahí hasta el final de partido, ambos equipos trataron de encontrar un contragolpe que les permitiera lograr la victoria, pero esa posibilidad no se dio, con lo que el reparto de puntos acabó siendo el punto final no deseado, a esas alturas, por nadie.

Partido loco, fláccido en defensa e incompleto en cuanto despliegue físico que obliga a esperar que dentro de un tiempo el Zaragoza ya tenga a sus jugadores dispuestos a soportar el altísimo ritmo que necesita para desarrollar su propuesta futbolística. Mientras tanto, pues, paciencia y fortaleza.

Foto: http://www.losotros18.com

CALIFICACIONES

Irureta: 1. Su actuación dejó algunas dudas y un error suyo propició el segundo gol.
Isaac: 1. Desbordado por Pedraza en casi todas las pugnas.
Cabrera:1. Despistado y un tanto irregular. No se entendió con Irureta.
Silva: 2. El más entonado, Serio y correcto.
Casado: 1. Le vino grande la banda. Físicamente, mejorable.
Zapater:2. Tuvo una primera parte buena, pero luego se cayó.
Morán: 1. Se fue descolocando poco a poco.
Lanza: 2. Metió un gol pero no conectó bien con sus compañeros.
Cani: 2. Bloqueado en algunos momentos, perdió presencia al final.
Xumetra: 2.Fue demenos a más. Al final fue el más activo.
Ángel: 4. Fue el mejor. Dos goles, un casi gol y su activismo, para aplaudir.
Javi Ros: 1. Entró al campo con entusiasmo, pero se desdibujó pronto.
Fran: 1. Poca participación.
Wilk: 1. Irrelevante su concurso.

Vendrá la vida (Real Zaragoza, 3 – Lugo, 1)


   1091657_1Un negro manto de desolación cubrió el pecho de la Basílica cuando Manuherrera cabeceó un balón irrelevante que acabó en las botas de Ferreiro. La sorpresa no le impidió empujarlo al fondo de la red, provocando un sentimiento de abatimiento e incredulidad en los corazones del zaragocismo. Un gol que demostraba, una vez más, lo injusto que puede llegar a ser el fútbol, pues hasta ese momento, minuto 73, el equipo gallego no había logrado producir ninguna duda en el credo blanquiazul.

   Luce el equipo lucense un tipo fino y esbelto que gusta a quien ama el fútbol combinativo y de toque. En eso no han cambiado después de la marcha del aragonés Luis Milla y bien que lo agradecimos el domingo cuando ambos equipos se enfrentaron en un partido que el zaragocismo desea recordar durante mucho tiempo. Si es así, querrá decir que las buenas noticias se han instalado en la orilla del Ebro, algo que el futuro ya comienza a aceptar de tal modo que hasta Carreras nos ha permitido comprobar que sabe sonreir.

   Se sabía que la jornada era importante. La nutrida combinación de enfrentamientos directos entre los gallitos de la categoría hacía pensar que a poco que hubiese un par de resultados favorables y el Real Zaragoza cumpliese con su obligación, el paisaje se aclararía. Y a ello se dispuso el equipo aragonés. Sin embargo, los primeros intercambios hicieron ver que el Lugo traía una propuesta muy biena prendida. Balones cortos, buenas relaciones entre sus jugadores, movimientos estudiados y ninguna concesión al juego directo. Y mucho juego a la espalda de Rico, que sufrió un acoso metálico y vertical que a punto estuvo de proporcionar un gol apresurado a pies de Caballero. Habría sido un durísimo golpe de consecuencias amargas.

   El Lugo asfixiaba la salida de balón, que, obstinado, se empeñaba en acudir a los pies de Cabrera en lugar de a los de Morán. Decisión equivocada. El uruguayo es la peor opción para gobernar el inicio del viaje y eso hacía que el partido estuviese a lo que decidiese el equipo gallego. Además, el resto del campo actuaban con desconocida apatía, al tiempo que Pedro y Lanza decidían apagar cualquier luz que pudiese iluminar su juego. No era una buena idea la que ofrecía el Zaragoza, atado de pies y mente por su oponente. Por su parte, el Lugo veía cómo el partido no crecía a su amparo. No había motivos para creer que el marcador pudiera moverse y eso animó a la grada a expresar cierto enfado, solo amortiguado por los rápidos movimientos de Ángel, muy activo toda la tarde y que en el minuto 8 ya había avisado de su deseo de batir a José Juan.

   La segunda parte no presentó modificaciones en la alineación, pero sí se produjo una mejoría en el juego del Real Zaragoza. El autor del cambio fue Lanzarote. El fino jugador zaragocista dio un paso lateral y abrillantó la banda con acciones nada fáciles de defender. Por su botas pasaron muchos balones, surtidos por Morán, más adecuado a su misión, y Javi Ros, que protagonizó una segunda parte a voz completa. Esa conjunción animó a la afición a ponerle nombre a la tarde y lo hizo con el calor que no nos traía el viento. José Juan, el portero, se convirtió poco a poco en la figura de su equipo y evitó un par de ocasiones a pies de Ángel y Lanza.

   El equipo iba creciendo porque la tarde así lo quería. El balón se quedaba cada vez con más frecuencia al amparo del Real Zaragoza, que manejaba el juego con paciencia y voluntad de jugada ancha. Quedaba tiempo y el relato acomodaba en cada párrafo una ocasión de gol. Sin embargo lo que nadie esperaba sucedió. Un balón suelto llegó a la zona del líbero que ahora es territorio Manuherrera. Este, en un gesto técnico arriesgado, cabeceó mal y quedó a los pies de Ferreiro. El gol golpeó con fiereza la esperanza zaragocista. Es un riesgo que se corre cuando el portero es el jugador número once. Un riesgo que habita en las estancias de los equipos atrevidos. Un riesgo que puede matar.

   Quedaba muy poco tiempo, pero el Zaragoza no perdió el norte. Siguió el guión marcado y esperó su ocasión. Y aceptó el abrazo de la fortuna en forma de expulsión de Seoane. Además, el entrenador catalán volvió a acertar con los cambios. Hinestroza ya había salido por Pedro y ahora era Diamanka quien le pedía el relevo a Javi Ros. Fueron dos buenas decisiones, a la que hubo que sumar la salida de Dongou por Campins.  Fue una sucesión de hechos que ayudaron a que se produjese una buena jugada de ataque que acabó con un remate seco y vidrioso de ángel. Gol merecido. Gol que incendia. El Lugo acusó el crochet y el equipo de Lluis Carreras optó por seguir jugando al fútbol. 

   Lo mejor estaba por llegar. Un minuto después, tras ejecutar un corner, Lanza bordaba un extraordinario chut que volteaba el corazón del león. Un golazo, un rayo dorado en medio de la noche, esa noche que no interroga, que solo escucha, que no se agota. Era un gesto mágico que puede alcanzar a convertirse en una tarde de historia. Menor, pues hablamos de la segunda división, pero historia para ser relatada, para coser estrella de memoria. Luego, por cierto, vendría el tercer gol, uno de esos goles que casi no celebras porque la piel se ha roto con el grito de la victoria inesperada.

   Fue, en fin, un partido desgarrado y fragmentado con un final épico y nunca oscuro que puede convertir este camino en un sendero que nos lleve, por fin, de vuelta a casa. A Primera. 

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Su grave fallo puede convertirse en un hecho legendario.

Campins: 3. Altivo, audaz y rápido.

Cabrera: 3. Poderoso y más pausado en el manejo del balón.

Guitián: 4. Seguro, aguerrido y gobernador.

Rico: 1. Muy incierto e inestable.

Morán: 3. Empezó desdibujado pero recuperó prestaciones correctas-

Javi Ros: 4. Comenzó frío pero hizo una segunda parte atlética y osada.

Pedro: 1. Lo dijo Carreras: espeso.

Culio: 3. De nuevo comandó el partido cuando hizo falta.

Lanzarote: 4. Sin duda el mejor del partido. Valiente, talentoso y decisivo. Gran gol.

Ángel: 4. Luchó, inventó vidas y las vivió por todos. Y goleó.

Hinestroza: 3. Agitó el partido con sus incursiones por la banda.

Diamanka: 3. Entró cuando el partido estaba para él. Ahí se mueve como pez en el agua.

Dongou: 2. Metió el tercer gol.

Gol, te busco (CD Lugo, 0 – Real Zaragoza, 0)


_diamanka_79860020Las sensaciones. Esas amigas que lo son si todo va bien y que cuando los renglones se tuercen son incómodas enemigas. Sensaciones que nos ayudan a creer o nos llevan a la desesperanza. Las de ayer se quedan a mitad de camino. El partido que Popovic preparó ante el Lugo tenía un claro objetivo: dejar la red propia seca y evitar que Bono doblase el espinazo para recoger ningún balón. Portería a cero, es decir. Y por eso, no sabemos si obligado por la roja de Wilk o por convencimiento tejió una cuidada malla en la que había un ancla por la que deberían pasar todos los balones, los buenos y los malos: Morán. A sus costados, un Dorca más liberado y un Diamanka fresco y liviano con los que poder gobernar un partido, seguro, enrejado.

   Y pronto empezó a funcionar la maquinaria. Un equipo más compacto, conjuntado y solidario marcó desde el minuto cero el sendero a seguir. Y eso permitió que en el minuto 4 Ángel dispusiese de una magnífica ocasión que solventó bien Juan José. Habría sido magnífico comenzar con un gol, pero aunque no pudo ser eso no impidió que el equipo se arrimase a la idea de partido/cemento, mostrando que llevaban bien aprendida la lección.

   Esa fue la tónica durante toda la tarde. El equipo no sufrió en defensa ni Bono tuvo que emplearse a fondo salvo en un remate globósferico de Caballero, lo que suponen dos magníficas noticias viniendo de donde venimos. El trabajo de Morán, Dorca y Diamanka fue bien compensado por una defensa más arropada y segura y eso permitió que los puntas mostrasen algo más de confianza en su trabajo y las bandas aceptasen el desafío de las águilas, si bien es cierto que no con mucho acierto. Mientras tanto, el Lugo se vio atrapado por un trabajo táctico zaragocista digno de mejor rédito y por eso la afición local, sabia y entendida, acabó coreando el nombre de su portero. Dos buenos mano a mano dieron al traste con una victoria, sucia pero justa, que mereció el Real Zaragoza.

   También un más entonado Vallejo estuvo a punto de sacar partido de un corner, pero su semifallo lo sacó bajo Palos Manu. Esa era la prueba del algodón de que el Real Zaragoza seguía confiando en el balón parado, aunque ayer completaron sus intenciones con algunas aproximaciones de Diamanka e Hinestroza sin resultado positivo. Esa esterilidad en el gol dejó un regusto un tanto agrio cuando se llegó al descanso, Cierta sensación de que se podía haber hecho algo más, pero también la confianza en que el camino estaba bien trazado y que lo que hacía falta era convertir.

   La segunda parte comenzó con argumentos parecidos aunque el Lugo introdujo una variación en el guión. Incluyó a un dinámico Jonathan Pereira que aportó mayor viveza y movilidad al juego ofensivo. Se vio a más jugadores gallegos merodeando la línea de tres cuartos de la zaga zaragocista, pero eso no impidió que los chicos de Popovic siguieran manejando razonablemente el choque. Morán, por cuyas botas pasaron muchos balones, hizo un buen trabajo aunque la falta de ritmo le impidió acertar en la transición con algunos de ellos, pero la dinámica del partido llevaba al equipo a gozar de alguna ocasión de gol  mjuy clara, como la que tuvo Diamanka. Tras una jugada de tiralíneas de esas que casi hemos olvidado en Zaragoza, el senegalés se plantó ante José Juan que recibió un balonazo en el cuerpo y evitó por segunda vez el gol.

   La última parte del partido estuvo marcada por un terrible golpe que recibió Hinestroza y por unos cambios a los que se vio obligado Popovic con los que desarmó un tanto al equipo. Abraham tuvo que entrar por un lesionado Marc, Aria por Diamanka y Jorge Díaz por un Jaime. El equipo mantuvo a duras penas el espíritu, sobre todo con el cambio de Diamanka, pero el Lugo ayer era un equipo seco e inhábil, bien controlado por un Real Zaragoza más ajustado a la categoría y con dos ideas claras en la cabeza. Oro molido, si lo que queremos es volver a casa. A Primera.

Foto: Heraldo de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 3. Poco trabajo y bien resuelto.

Marc: 2. Bien en defensa y animoso en ataque. Le faltó mejor control del pase.

Vallejo: 3. Se sacudió la atonía inicial y completó un partido correcto.

Cabrera: 2. Bien por alto, pero poco atrevido en la salida del balón.

Rico: 2. Irregular, con claros y oscuros.

Morán: 3. Tiene voluntad de dirigir al equipo. Trató al balón de tú, con algunas indefiniciones.

Dorca: 3. Liberado de tareas que le agobian, hizo un buen trabajo.

Diamanka: 3. Vivaz, dinámico y físico.

Jaime: 2. Hiperactivo y voluntarioso, tiene que desbordar más.

Hinestroza: 2. Potente y rápido, pero le falta decisión para el uno contra uno.

Ángel: 1. Falló una clara ocasión y luego se apagó.

Abraham: 2. Aportó lo justo.

Jorge Díaz: 1. Muy revolucionado y poco útil.

Aria: 1. 1. Muy débil particip

Informe sobre el vacío (Real Zaragoza, 0 – CD Lugo, 0)


   Llega el Lugo, le damos un balón, agachamos la cabeza y casi morimos. Así es nuestra vida, así nos la dibuja un entrenador apocado, desorientado y paralizado. Así nos la escriben unos jugadores paralizados, pusilánimes y estériles. La realidad es fea como yermo es el presente y el inexistente discurso futbolístico es la peor de las noticias.

   Desde el primer minuto el equipo visitante ha dominado el encuentro y ha jugado a voluntad. Todas las combinaciones han sido suyas, los minutos han tenido sabor a cerveza gallega y las líneas del Real Zaragoza han ofrecido una paupérrima propuesta. Muy nervioso, agarrotado, sin ninguna confianza en sus propias posibilidades, el centro del campo formado por Dorca y Lolo no ha sido capaz de gestionar el juego. El Lugo ha jugado muy cómodo y cada balón ha sidoa un motivo para el nerviosismo. Demasiada tensión, muchísimo miedo.

   Los minutos han ido pasando y el equipo de Setién, dueño y señor de todo, parecía a punto de lograr el gol en cualquier momento. Los laterales han sufrido como ya es habitual en ellos y los centrales no han estado para muchas certezas. Incluso Cabrera ha visto una tarjeta que le impedirá estar el domingo en Santander después de hacer una falta provocada por un error suyo. Sin embargo, y afortunadamente, no ha sido así.

   En ese derroche de despropósitos hemos vivido cuarenta y cinco minutos y ni siquiera las dos aproximaciones que ha protagonizado Borja con cierta posibilidad de acierto han calmado a una Basílica que ha pitado en varios momentos a los suyos, algo que demuestra el nivel de desacuerdo que se ha dado esta tarde entre equipo y afición.

   La segunda parte ha comenzado con algo de chispa por parte de los zaragocistas. Los primeros minutos el equipo ha ofrecido una imagen más participativa, con varias jugadas de ataque de cierto rango y un punto de intensidad que se parecía más a lo que vivimos hace mes y medio. Han sido los mejores momentos del partido por parte blanquilla, pero en ellos no se ha logrado el gol que todos deseábamos. Poco a poco el CD Lugo se ha sacudido el breve dominio y el encuentro ha entrado en una fase de indefinición. 

   Esa situación ha podido verse modificada en el minuto 51, cuando Alcolea ha realizado una gran parada ante un remate a bocajarro. Ha sido la ocasión más clara del Lugo, que no ha sabido rentabilizar su mejor trato al balón. Popovic ha optado por darle entrada a Willian José, que ha ocupado la banda derecha en lugar de Tato, pero no ha servido de mucho. El juego seguía en los pies de los gallegos, que trataban de acercarse una y otra vez con balones a la espalda de Rico, creando así muchos problemas con centros al área que una y otra vez achicaban los centrales o desactivaba Alcolea.

   En el tramo final Galarreta ha dejado su puesto a Sergio Gil. Han sido los mejores minutos del Real Zaragoza. El chaval ha aportado fluidez al balón, ha tramitado varios pases con criterio y ha proporcionado aire a un cuerpo mortecino y atrofiado. No ha sido casualidad, sino una aportación razonable a un equipo que pedía a gritos una mente limpia y atrevida. Nada sorprendente, nada fuera de lo común. O sí, porque esta tarde cualquier decisión lógica era bien recibida. El gol no ha llegado, seguramente porque no habría sido justo, pero por lo menos nos henos llevado a la boca un par de bocados, breves aunque jugosos, de fútbol normalizado.

   El punto, después de haber sufrido este infame partido, no sé a qué sabe. No sé si a mucho, a poco o a nada. Pero visto lo visto hay una verdad irrefutable: este equipo necesita una sacudida vigorosa y radical para salir de la agonía insustancial en la que se ha instalado. Excusas hay millones; razones no veo ninguna. 

CALIFICACIONES:

Alcolea: 4. Seguro y determinante.

Fernández: 1. Inconsistente y descolocado.

Vallejo: 2. Nervioso y fallón.

Cabrera: 2. Desordenado y precipitado.

Dorca: 1. Desfondado y lento. (Por cierto: mi pésame por la muerte de su madre)

Lolo: 1. Desdibujado e irrelevante.

Tato: 2. Participativo y voluntarioso.

Eldin: 1. Distraído e inexacto.

Galarreta: 1. Blando y errático.

Borja: 3. Batallador y vertical.

Willian J.: 1. Torpe e indolente.

Sergio Gil: 3. Todo lo ha hecho bien.

Meseguer: S.C.