Qué frío es el infierno (SD Huesca, 3 – Real Zaragoza, 1)


Las tropas de Al-Musta-in II llegaron en 1096 desde Zaragoza a combatir en la batalla de Alcoraz donde fueron derrotados estrepitosamente por Pedro I. Y muy cerca de ese lugar ayer los guerreros de Rubí destrozaron a las deshilachadas huestes de González en un combate desigual y humillante cuyo recuerdo nos va a doler durante mucho tiempo. Un choque en el que unos pusieron el juego, el esfuerzo, el talento y el compromiso y otros sucumbieron en su desgana, apatía, holgazanería y vacuidad. Un partido que el zaragocismo incorpora a su memoria como un ejemplo más de vergüenza futbolística, otra mancha en el alma hecha jirones de una afición que ayer recibió una ignominiosa puñalada en su dignidad.

   Toquero_04   Natxo propuso un partido de equipo menor. Con su planteamiento le dijo al mundo, nos dijo a todos que somos una mota de polvorienta miseria que no debe tener la osadía de plantarle cara a un equipo, el Huesca, que hoy por hoy es infinitamente superior. Y que como es mucho mejor hay que ir al Alcoraz temerosos de Dios. El mister ya había hablado de que habría que sostenerse con uñas y dientes ante las furiosas acometidas que, seguro, los oscenses nos regalarían los primeros minutos. Por eso, armó al equipo con la presencia de Ros y Guti al lado de Zapater y renunció a jugar al fútbol. Le dejó la responsabilidad de crear juego a un Toquero demasiado aislado y a un Borja inexacto que no pudo conectar ni un solo remate decente. Lo demás, una sinfonía perfectamente interpretada por una orquesta azulgrana armonizada y perfectamente ensamblada que huele a propuesta envidiable.

   Seguramente si un aficionado viese al Real Zaragoza ayer por primera vez no se creería que este equipo ha protagonizado otros partidos en los que ha sido capaz de defender con criterio, de manejar el balón en combinaciones sensatas, de filtrar ideas en medio de marañas oblicuas. Y no se lo creería porque el grupo que ayer saltó al Alcoraz no se reconoció en ningún momento. Faltaron varias piezas que habían sido claves hasta ahora y, sin decir nombres, todos los echamos de menos desde el primer momento. Parece mentira que la ausencia de dos o tres jugadores sea tan determinante y desequilibre tanto, pero ayer lo pudimos comprobar. El Zaragoza no fue el Zaragoza, se travistió y perdió la honra.

   Si enfrente tienes a un equipo que se mira al espejo y sabe quién es y además se reconoce en su belleza, fortaleza y sabiduría, poco, muy poco tienes que hacer. Salvo que te pongas detrás de tu propia imagen y le digas a tu oponente que tú también eres bello, fuerte y sabio. O, por lo menos, aspiras a serlo. Pero nada de eso se dio. El equipo zaragocista inició la travesía con un bajel lleno de agujeros en su cascarón y salvo una primera ocasión de Borja que marró inexplicablemente, el partido fue del Huesca. Cuando Melero cabeceó osadamente una falta lateral y logró el 1-0, el partido ya se dio por perdido. Nada salió bien porque nada podía salir bien. La defensa se mostraba frágil en los laterales, Zapater luchaba lo indecible pero Ros se empeñaba en darle la razón a quienes piensan que no está para jugar y el resto del equipo echaba en falta a sus dos mejores jugadores en la sala de máquinas: Egauaras y Febas. 

   La segunda parte sirvió para profundizar en el desastre. Vinicius salió en lugar de un mortecino Buff, que incluso se oyó algún silbido de su angustiada afición, pero no sirvió de nada. Cuando Cucho remató a placer el segundo gol la debacle ya asomaba la patita por las cuatro esquinas de El Alcoraz. Ni siquiera la obra magistral de Zapater consiguió enganchar al equipo a la equipo. No había forma de activar ningún desfibrilador, porque en seguida de nuevo Cucho lograba otro gol, excelente por cierto, para dejar las cosas bien claras.

   Los jugadores zaragocistas no solo jugaron un mal partido, sino que vinieron a decirnos que algunos de ellos no están bien preparados para esta empresa. Y Natxo se equivocó. Él mismo lo reconoció en la sala de prensa y lo mejor que nos puede pasar es que escuchemos sus palabras una y mil veces y luego escuchemos las de Toquero una y dos mil veces y luego escuchemos a la afición cantar el himno al final del partido. Una y un millón de veces.

Foto: http://www.sporthuesca.com

CALIFICACIONES

Christian: 2. Falló en el primer gol y luego detuvo tres buenos balones.

Benito: 0. Lento, torpe y desajustado.

Mikel: 3. Cortó y corrigió varios errores defensivos. Estuvo serio.

Verdasca: 2. Le pudo el partido y la situación. Lo intentó, pero sin jerarquía.

Alain: 1. Su lateral fue un paseo dominical muy bien aprovechado.

Zapater: 4. Trabajó por todos y se dejó el alma. Metió un gol extraordinario.

Ros: 0. No jugó al nivel que requería la situación.

Guti: 2. A pesar de su juventud, aportó esfuerzo y tesón.

Toquero: 3. Estuvo en todas las batallas pero no encontró aliados.

Buff: 0. Desaparecido y muy poco trabajador.

Borja: 2. Muy solo, trató de guerrear por su cuenta. Falló un gol fácil.

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Dreaming in the rain (SD Huesca, 2 – Real Zaragoza, 3)


   dongouY bajo el agua bendita del prepirineo se produjo el milagro. Hace una semana nadie podía imaginarse que el partido de ayer resultase ser una espoleta que activase el zaragocismo más profundo, pero así fue. Así es el fútbol, así es esta actividad humana de muy difícil catalogación, que escapa a definiciones y raciocinios. Así es nuestro Real Zaragoza.

   Se vivieron horas de incertidumbre y hubo que asumir una decisión arbitral (“se juega”) de extraño perfume (la sombra de Tebas es muy, pero que muy alargada). Así y todo, el partido de fútbol por excelencia en estos momentos en Aragón, el choque entre SD Huesca y Real Zaragoza, nos regaló un lienzo de esfuerzo infinito y generoso derroche para acabar con una victoria de lectura postrera. Dentro de un tiempo sabremos si lo de ayer fue el “clic” que activa una recuperación futbolística, moral y social o tan solo se trató de un efímero rayo de luz en medio de la tormenta. De momento, rabioso alborozo el que disfruta en estos momentos el zaragocismo.

   xumetra_02Alberto Zapater habló hace unos días. Quiso poner algunos puntos sobre algunas íes y en cierto modo lo consiguió. Sin embargo, también el futuro nos dirá si los metálicos gestos de rabia que ayer le regaló a la historia significan algo que no comprendemos. Sus abrazos sin medida y su fusión con una leyenda viva como Belsué son algo más que la celebración de un triunfo. Son un grito al viento que casi nos arrasa hace unos días para decirle que, por el contrario, tiene que ser la fuerza que despliegue las velas de nuestros bajeles. Se jugó en un campo encharcado y embarrado como hacía años que no veíamos. Pero en ese campo que a mí me hizo revivir las imágenes de un Real Zaragoza – Oviedo de hace 45 años en el que un tal Lombardía lo paró todo anegado de barro y hielo, el Real Zaragoza se transformó.

   Soportó durante toda la primera parte los embates de un Huesca bien armado, confiado y cohesionado. La distribución defensiva de Agné, con cuatro tipos aguerridos, faltos de técnica pero sobrados de músculo, fue suficiente para evitar el gol de los de Anquela. Además, Irureta tuvo el acierto de detener un par de balones complicados, lo que nos permitió sujetar un encuentro sucio y malherido por la lluvia y el frío. Todo podía pasar. Un balón frenado por las piscinas del césped, un chut mal gestionado, un rechace improcedente podían ser suficientes para emborronar cualquier plan. Eso podía ocurrir, así que ambos equipos se entregaron a la lucha con todo el rigor que sus fuerzas les permitieron.

   Arriba, Dongou y Ángel, pero sobre todo Xumetra, ayer entregado a la causa y acertado en sus acciones, procuraban estorbar todo lo que podían. Mientras tanto el centro del campo bastante hacía con impedir circulaciones razonables de los oscenses. Todo para llegar al descanso.

   Después ocurrió lo ya casi habitual: el Real Zaragoza recibió un gol en una mala actuación defensiva. Sin embargo, después no sucedió lo usual: el Real Zaragoza no se vino abajo. Siguió porfiando, aceptó la batalla y ello le llevó a lograr en seguida el empate. Y ahí se transformó el paisaje. Los azulgranas abandonaron la intensidad y los blanquillos se hicieron con las riendas del partido. Agné les pidió a Cani y Edu García que entrasen para darle profundidad al equipo. Por otra parte, colocó a los tres fortachones como centrales y les dio las bandas a Xumetra y el citado Edu. La decisión ahogó al Huesca, que recibió dos goles en pocos minutos, lo que significó el finiquito del match.

   Fueron dos latigazos, dos ejecuciones acertadas y de alto rango en las que participaron casi todos los jugadores del equipo. Eso es un buen síntoma. Quiere decir muchas cosas que ojalá se confirmen a partir de ahora. Cuando hemos ganado un partido fuera de casa y lo hemos hecho en el mejor escenario posible. Ya no nos da miedo ir al Alcoraz. Ya no tenemos miedo al miedo si es que los gestos del gran capitán, de Zapater, los sabemos leer correctamente.

   Hoy es el día después. Pueden confirmarse ciertas buenas noticias en forma de fichajes, pero la mejor de todas es que podemos ser mejores que los demás. Que de nuestro corazón y nuestra unión depende que, cabalgando sobre el sufrimiento, seamos capaces de descubrirnos a nosotros mismos.

CALIFICACIONES

Irureta: 3. Tuvo algunas actuaciones acertadas, pero el segundo gol…

Feltscher: 2. Fuerte y musculado, consiguió tapar su banda.

Silva: 3. Se fajó con todos y se empleó con hondura.

Valentín: 2. Fallón y voluntarioso a partes iguales, cerró filas con Silva.

Cabrera: 3. Plantó el banderín de la pelea en su zona y lo luchó todo. El primer gol, en parte fue suyo.

Zapater: 4. Enorme. Todo lo que habló el jueves lo plasmó ayer. Imperial.

Ros: 3. Trabajador, disciplinado y colaborador.

Xumetra: 4. Jugó su mejor partido. Profundizó en la banda y participó en todo.

Edu Bedia: 2. Algo frío en el juego de equipo, aportó cierta pausa.

Ángel: 4. De nuevo trabajó lo indecible y metió un buen gol.

Dongou: 4. Logró dos goles y mezcló bien con todos.

Cani: 3. Su presencia fue un rayo de luz en medio de la negrura.

Edu García: 3. Participó en el tercer gol y aportó sacrificio y esfuerzo.

Casado: S.C.

 

Te sigo, fe (Real Zaragoza, 1 – SD Huesca, 0)


04_septiembre_2016No es justo el cronista cuando señala con el dedo a uno o dos jugadores si el partido se ha ido por el sumidero. No lo es, pero ayer, la grada de la Basílica anduvo nerviosa cada vez que el lateral izquierdo del Real Zaragoza no ajustaba sus acciones a la categoría del choque. Imprecisiones, golpeos desajustados y combinaciones decadentes abundaron en su tarjeta. Tal era el enfado que llegamos a pensar en titular esta crónica “Solteros contra Casado”. Sin embargo, todo cambió cuando el madrileño se ubicó en el lugar apropiado y en el momento adecuado. Un corner que llevó el balón al área oscense para que una sucesión de decisiones erróneas diese con el cuero en la perpendicular de la portería y lograse un gol que supo a pura ambrosía. El Alcoraz dejó de botar y la Romareda respiró aliviada. Gol y liderato.

   El partido se anunció espeso y agotador. El Huesca planteó un desafío en el que la potencia, la fuerza y el trabajo fuesen las razones de ser de una propuesta en la que venciese el más ordenado, el más disciplinado, el más solidario. Los primeros quince minutos fueron un lienzo azulgrana. Las únicas pinceladas las daban los centrocampistas de Anquela y el peso de la lucha era mejor llevado por el bloque oscense. Muy bien armado, no había resquicio para el desarrollo de las buenas ideas de los Cani, Lanza y demás futbolistas de bien jugar.

   A partir del minuto 15, no obstante, el suflé se desinfló. Bien las fuerzas flaquearon, bien la doble hélice del ADN del Zaragoza se está replicando de una manera distinta, pero el partido comenzó a ser gobernado por los de Milla. Con paciencia, con calma, con la idea de ir tejiendo una sutil red en la que el cuerpo oscense se fuese enmarañando. Este estuvo a punto de llegar en el minuto 25, cuando un lío en el área altoaragonesa casi lo deshace Lanzarote, pero sobre todo en el minuto 30. Fue, de nuevo, Lanza el protagonista, pero su vertiginoso caracoleo que casi acaba con la cadera de Jair lo resolvió magistralmente Herrera a mano cambiada.

   Era un partido de doble llanura. Había equilibrio entre vanguardia blanquilla y retaguardia azulgrana, pero Bambock se empeñó en cometer una tontería y romper el hilo. La segunda amarilla, tras una primera injusta, dio con sus jóvenes huesos en la caseta. Empezó entonces el segundo acto de una obra que se mostraba de incierto final. 

   Mientras Anquela recompuso a sus chicos Milla sugirió seguir con el martilleo. Si acaso buscó mayor circulación en una tarde en que se nos dijo que Morán no es el guía que necesita el grupo para iniciar la vida en cada jugada y que si se cortocircuita la chispa de Cani, la velocidad de Xumetra y los diálogos de Lanza, los adversarios tienen mucho ganado. Y algo de eso ocurrió. El Huesca se aplicó a la tarea de cerrar compuertas, redirigir la órbita del sol y acomodar los espacios a su inferioridad. El plan le funcionó perfectamente durante 30 minutos más y al turolense algo le dijo que había que modificar la propuesta inicial. Quizás era el momento de deshacer un centro del campo muy atascado y estirar el equipo con otro delantero, digamos que Muñoz. Después le pidió a Fran que alargase sus avances y ensanchase la banda y al resto que sujetasen el balón y le diesen barra libre al cuentakilómetros. Había que lograr que el dibujo de futbolín diseñado por el jienense se disolviese a causa de esos movimientos.

   En medio de ese elaborado discurso el Huesca provocó algún sonoro sobresalto, como el magnífico cabezazo de Carlos David al larguero, pero sobre la Romareda planeaba la sensación de que íbamos a vivir un final agónico. En un caso por la urgencia de la victoria necesaria. En el otro, porque el extraordinario esfuerzo defensivo reclamaba una recompensa en forma, al menos, de empate. El paso de los minutos anunciaba sensaciones extremas, y eso se tradujo en un cierto combate en las gradasentre dos aficiones enamoradas de los suyos.

   En pleno combate, la inmisericorde insistencia blanquilla y la heroica defensa azulgrana. Heridas de combate, pugnas sin horizonte, oscuridad futbolística, deseos incumplidos. Y la luz. En forma de error injusto, de justa tenacidad. Un corner, tres golpeos de balón incomprensibles, un balón desorientado en medio del desorden y la bota de Casado. El lateral inestable, el honrado defensor que había firmado un pacto con la inexactitud encontró el punto exacto en que se unen oportunidad y fe. Y el gol. Y la victoria. Merecida. Inmerecida. Bienvenida.

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Irureta: 1. Inexacto en algunas acciones. Una buena parada.  

Isaac: 2. Inestable en defensa y poco atrevido en ataque.

Cabrera: 3. Sobrio y sereno, evita perder balones.

Marcelo Silva: 2. Fuerte y colocado, lo luchó todo.

Casado: 2. Desordenado en la combinación, su honradez obtuvo premio.

Morán: 2. Irregular y poco creativo, cuando conecta con Zapater, gana.

Zapater: 3.Luchador y jefe, jugó más adelantado en la segunda parte.

Lanzarote: 2. Descuidado y tímido, se le vio más retrasado.

Cani: 3. Muy activo, tuvo que buscar territorios favorables.

Xumetra: 2. No pudo lucir su velocidad. Debe mejorar su conexión con Casado.

Ángel: 3. Lo intentó varias veces y tuvo tres buenas ocasiones. Muy vigilado.

Muñoz: 2. Buen debut. Abrió huecos y se ofreció siempre.

Fran: 2.Cumplió con la misión de ensanchar el campo hasta la Casa Grande.

Popa: S.C.

Pobreza y pavor (SD Huesca, 1 – Real Zaragoza, 1)


 

_PartidoSDHuescaRea20454368_e25c2f75Nadie sabe cómo recordará el zaragocismo este tridente de famélicos partidos que el Real Zaragoza ha disputado en Soria, en Zaragoza y Huesca en tan solo diez días, pero lo que es seguro es que en nuestra memoria negaremos haberlos vivido. Por dolorosos, por miserables. Por injustos. No hay en la historia reciente del fútbol español una afición más castigada, más apaleada, más humillada que la del escudo del león y lo peor es que lo ha sido por directivos, por técnicos, por jugadores y por medios. No la hay. Y ayer se escribió el último capítulo de un relato que apunta a corrosión y a final infeliz.

   El partido de ayer era muy importante para ambos equipos. El Huesca podía cerrar su salvación y el Zaragoza tenía la oportunidad de acercarse de nuevo a la vida. Se prestaba al sacrificio, a la fiera lucha deportiva, al compromiso infinito. A todo ello se aplicó el equipo altoaragonés, con tan buen resultado que un choque que se le puso muy cuesta arriba con el gol de Dongou y, sobre todo, con la expulsión de Machís acabó convertido en un monumento a la raza y la rasmia. Sin embargo, el equipo de Carreras cumplió un vergonzoso ejercicio de indolencia. Y de insolencia.

   Indolencia porque la segunda parte del Zaragoza, ante un rival disminuido pero cumplidor y trabajador, fue sencillamente desastrosa. Después de haber cumplido unos aceptables primeros cuarenta y cinco donde estuvo bien plantado en el campo y supo aprovechar la ocasión que Pedro le regaló a Dongou, tras el descanso todo se derrumbó. Si hubiera seguido el guión con que comenzó el partido, con una buena línea de medio campo a cargo de Morán y Dorca y varias acciones correctas de Pedro y Lanzarote, otro habría sido el libreto, pero después de quince minutos aseados apareció Fran Mérida, que quiso enseñarnos cómo se gobierna un partido y cómo se reparte juego y se habilita a los compañeros.

   Quien mejor le acompañó fue Machís, que decidió complicarle la tarde a Isaac con sus incursiones y su velocidad. También el propio Mérida puso a prueba a Manu Herrera en el lanzamiento de una falta que detuvo el madrileño con agilidad. No obstante, cosas del fútbol, cuando más equilibrado estaba el encuentro llegó un rápido contraataque que Pedro culminó muy bien con un buen pase a Dongou para que este convirtiese el gol blanquillo. Era un premio que alegraba a la afición del valle y abría las puertas a la ilusión. Además, el Huesca no reaccionó con claridad al golpe recibido e, incluso, vio cómo Machís se ganaba una segunda amarilla en el minuto 44 por una dura entrada a Lanza.

   Era un buen momento para irse a la caseta a descansar y preparar con holgura y calma una segunda parte que se anunciaba favorable para los intereses zaragocistas. Y ahí llegó el revés del destino. El Huesca saltó al terreno de juego dispuesto a beberse el alma de los visitantes y lo hizo a base de furia, esfuerzo, trabajo y pundonor. Y porque tienen un plan que se lo han aprendido a las mil maravillas y saben ejecutarlo con presteza y aplicación. El día, en fin, frente a la noche en la que se instaló el Real Zaragoza. 

   Anquela decidió retirar a un apagado Camacho y darle entrada a Samu, quien, a la postre, se convertiría en el héroe de la tarde. Su agitación, osadía y voluntad férrea fueron suficientes para desarmar a un Real Zaragoza que vio cómo, con una jugada del madrileño, se le esfumaban todos los sueños que pudieran haberse traído a la Hoya. Carreras trató de reaccionar al gol oscense y dio entrada a Jaime, el añorado extremo que firmó un partido eléctrico y, cuando menos, significativo. Sus carreras, sus desbordes y sus regates dieron a entender que está recuperado para la causa y que puede aportar ese toque de distinción y carácter del que ahora mismo carece el Zaragoza. Así y todo, su aportación fue insuficiente para doblegar a un Huesca que supo muy bien nadar y guardar la ropa e, incluso, asustar en un par de ocasiones al Zaragoza con sus contragolpes y sus galopadas.

   Así murió el partido, en medio del regocijo del Alcoraz y la indefensión de la afición blanquilla que contemplaba, atónita e indignada, cómo sus jugadores deambulaban por el césped y no oponían ni medio gramo de intensidad a un Huesca que se les comió el ternasco, lo adornaron con una estupenda Trenza de Almudévar y lo regaron con un magnífico Somontano. Todo ello para propiciarle una digestión extremadamente pesada de la que no sabemos cómo se repondrá. Desde luego con algo más de autocrítica de la que hizo gala ayer por la noche Carreras en su rueda de prensa. Y con alguna solución futbolística que le permita afrontar la visita de un deshuesado Oviedo al que hay que derrotar para seguir teniendo la oportunidad de recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Estuvo magnífico en un par de intervenciones.

Isaac: 3. Lo luchó todo y tuvo que hacer frente a un peligroso Machís.

Guitián: 3. Como siempre, cumplidor y trabajador.

Cabrera. 2. Algo descoordinado con el resto de la defensa y blando en el corte.

Abraham. 1. Falto de ritmo y poco constructivo.

Morán: 2. Fue de más a menos. Acabó superado.

Dorca: 2. Como el resto, se desorientó en la segunda parte. No leyó bien la situación.

Diamanka: 1. Desaprovechó su oportunidad. Tácticamente débil y poco participativo.

Lanzarote: 3. Buenos movimientos, acciones talentosas pero no fue definitivo.

Dongou: 3. Goleó y eso siempre es positivo. No culminó otra buena ocasión.

Pedro: 1. Buen pase de gol, pero poco más.

Jaime: 4. Sin duda, la mejor noticia de la noche. Rápido, técnicamente creíble y osado.

Ángel: 1. Caracoleó pero no remató.

Tarsi: S.C.

Duelo con todo (Real Zaragoza, 3 – SD Huesca, 3)


   No hay peor cuña que la de la misma madera. Lo digo por lo que lo digo y me duele. Algo así sucedió en el partido entre el Real Zaragoza y la SD Huesca. Un choque que se aventuraba incierto pero que acabó cayendo del lado de la marrullería y del oficio de quienes se mueven como vertebrado en el barro.

   Era el primer partido de Lluis Carreras. El técnico debutó en el banquillo del equipo aragonés en un partido en el que las pasiones se iban a desbordar y para el que armó un equipo con un par de sorpresas. Todo igual de Bono hasta Dorca, pero en la línea ofensiva incluyó a Ortí en la media punta y le pidió a Ángel que jugase en punta en lugar de Ortuño. Dos sorpresas que dieron resultado si nos fijamos en que el canario logró el primer gol y el aragonés cumplió a pesar de no haber jugado prácticamente nada hasta ahora, pero que durante la primera media hora ofreció muchas dudas.

   Durante ese tramo del partido el Huesca gobernó con firmeza el choque. Disparó hasta seis veces a la portería de Bono y botó siete corners, demostrando que Anquela sabe muy bien cómo tienen que hacer las cosas sus chicos. Fue un mini festival oscense, si bien el buen hacer del portero marroquí del Zaragoza evitó que subiese ningún gol al vetusto marcador de la Romareda. Fue a partir de entonces cuando los de Carreras se estiraron un poquito y en cinco minutos elaboraron un par de jugadas verticales y bien cosidas que finalizaron con sendos chuts que Leo Franco resolvió bien. 

  La tercera que se acercaron al área del Huesca fue para que Ángel soltase un eléctrico latigazo que se convirtió en el primer gol de la tarde. Fue tras un pase alargado de Morán, quien poco a poco se había hecho con el manejo del balón, equilibrando lo que hasta ese momento había sido un buen partido de Bambock, Mérida y Camacho. La grada vibraba mientras en el terreno se estaba librando una dura batalla que dio lugar a varios roces y pantomimas protagonizadas por algún jugador de pasado blanquillo que consiguió manchar lo que debía ser una fiesta. En una de esas disputas el árbitro, poco apto, cayó en la trampa y expulsó a Ángel por agresión, mientras que solo castigó con amarilla al provocador Carlos David. El Zaragoza se quedaba con diez.

   La segunda parte dio paso a cambios. Primero Carreras le pidió a Ortí que actuase en punta, con dos líneas de cuatro por detrás. No funcionó. Sustituyó al aragonés por Diamanka, paea que jugase como falso delantero. Tampcoo fue buena idea. Mientras tanto, Anquela movió el banquillo y cambió un defensa (Iñigo) por un delantero (Figueroa). Y acertó,. En tres minutos el Huesca destrozó a la defensa zaragocista con sendos goles de Fran Mérida y Figueroa. El partido pintaba azulgrana.

   Fue entonces cuando Carreras eligió a Ortuño para que apretase a la defensa oscense saliendo por un inoperante Pedro. Y la jugada salió muy bien. A los dos minutos el murciano recogía u rechace ylograba el empate. Y ahí comenzó una fase del partido en la que todo podía pasar. De hecho el Huesca dispuso de varias ocasiones claras de gol que Bono se encargó de desbaratar, como un buen cabezazo de Camacho que el cancercero blanquillo detuvo haciendo gala de sus reflejos. Pero fue Diamanka quien rompió las tablas. Un chut seco desde el borde del área lograba que se confirmase la remontada, algo que unos minutos antes nadie imaginaba.

   Se entró en el último tramo del partido con todo por decidir. El Huesca presionó con fe y gozó de varias ocasiones. Dos de ellas muy claras. La primera a cargo de Machis y la segunda de nuevo de Camacho, pero en ambas Bono estuvo inmenso. Luego sería Figueroa quien dispuso de una clarísima oportunidad, pero su chut salió fuera por centímetros. También el Zaragoza tuvo sus opciones en las botas de Rico, Morán y Diamanka, pero ninguno logró modificar el resultado. A los pocos minutos Fran Mérida vio la segunda amarilla, con lo que las fuerzas se equilibraban.

   Hinestroza estaba fundido y su banda era una autopista. Carreras le pidió a Isaac que saliera para taponar esa vía de agua. Cuando el choque ya moría y el zaragocismo se disponía a saborear una trabajadísima victoria ocurrió lo que nos sucede con demasiada frecuencia. Quedaban veinte segundos. Morillas recogió un rechace de un corner botado uno se segundos antes y centró muy pasado. El balón llegó al segundo palo y allí, libre de marca, apareció Carlos David. su remate entró en la portería de Bono como un puñal en el corazón blanquillo. Era demasiado castigo. Después de haber luchado contra los elementos, de haber podido perder el partido, de haberlo podido ganar, cuando solo quedaban dos brazadas para llegar a la orilla el fútbol, una vez más, sentenciaba injustamente a un equipo que lucha por sobrevivir y por abandonar la estela del infortunio.

   Carreras dice que hay que reconstruir la mente de los jugadores. También tiene trabajo en el apartado táctico y técnico. Y sobre todo deberá implantar en el vestuario un mensaje único: estamos aquí para hacer todo lo posible por volver a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Bono: 4. Realizó varias paradas de gran calidad.

Marc Bertrán: 1. Por su banada llegaron muchos problemas.

Vallejo: 2. Mediocre partido. Blando y descolocado.

Cabrera: 1. Mala actuación. En los tres goles pudo hacer más.

Rico: 3. Bien en defensa y agresivo en ataque.

Morán: 3. Fue de menos a más. Buena asistencia de gol.

Dorca: 1. No aporta ni recuperación ni conducción.

Pedro: 1. Está desorientado. No sabe a qué jugar.

Hinestroza: 1. Practica un juego estéril. No sabe jugar a pierna cambiada.

Ortí: 2. Trabajador y bullidor.

Ángel: 2. Goleó pero cayó en la provocación. Su expulsión fue determinante.

Diamanka: 4. Cuando jugó en su puesto fue el mejor. Goleó.

Ortuño: 2. Goleó pero perdió balones vitales. Su gesto, innecesario.

Isaac: S.C:

 

S. D. Huesca, 1 – Real Zaragoza, 4 (vídeo)


Los amigos de aupazaragoza.com nos ofrecen la posibilidad de ver el resumen del partido entre el Real Zaragoza y la S. D. Huesca, que finalizó con la victoria del equipo zaragocista por 4 – 1.

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