Ganaremos (Real Oviedo, 2 – Real Zaragoza, 2)


zapater06El Carlos Tartiere es un estadio duro, rocoso y poco amable con el adversario. Tanto como el fútbol que plantea el entrenador del Real Oviedo, nuestro bien conocido Anquela. Sus equipos, ya lo sabemos, practican un fútbol de masa fornida y pocas grietas y estas, cuando las encuentras, ofrecen poca holgura.

El Real Zaragoza se presentó en la capital asturiana con la noble intención de oponer una resistencia inteligencia y aseada, a base de jugar al fútbol y manejar el balón como solo los buenos lo saben hacer. Era, es y será su idea, eso ya lo tenemos muchos muy claro y con esos argumentos estamos aprendiendo a convivir. Y lo pretendió desde el principio, aunque el Oviedo sabía lo que tenía enfrente y trató de romperle los esquemas Natxo González porque sabía que ahí estaba la clave del choque.

Mientras pudo, el Oviedo organizó una maraña empalagosa y fiable que torpedeó a los jugadores ayer rojillos. Hizo papilla el esqueleto zaragocista, que aun así se acercó con alguna holgura al área de Juan Carlos. Este pudo comprobar que enfrente había un jugador que lanzaba las faltas francamente bien y tuvo que esmerarse en el minuto 4 para impedir el primer gol a lanzamiento de Zapater. Fue una ocasión extraordinaria que acabó en corner, pero se abría así el tarro de algunas esencias. Comenzó en ese instante un eléctrico periodo de acciones puntiagudas que auguraban la llegada del gol del Oviedo. No había forma de contener las corrientes futbolísticas que el equipo carballón construía con facilidad y en una de esas avanzadas llegó el primer gol. Una falta al borde del área la lanzó Níguez y batió a Christian. Era el 1-0 y una bofetada en la mejilla del joven grupo aragonés.

Pero lo peor estaba por llegar. Poco después llegaría el 2-0 y además de la peor manera posible: a lo tonto. Fue una jugada pésimamente defendida y peor gestionada en su tramo final. El equipo no se lo podía creer pero la verdad incuestionable es que el Oviedo vencía por 2-0 y el panorama se oscurecía abruptamente. No había mucho donde agarrarse salvo en la fe que tenemos en este equipo y en el buen trabajo que está realizando Natxo con estos muchachos que poco tardarían en devolvernos con su juego y con dos goles esa confianza.

Sería Mikel quien lograría el primer verso de esperanza. Buff botó un corner y el vasco enganchó una jugosa volea que sirvió para marcar el 2-1. El Carlos Tartiere se frotaba los ojos porque nadie podía creer que con todo lo que habían hecho sus chicos fuese razonable aceptar una renta tan exigua. Y más que se los iban a frotar cuando poco después el capitán zaragocista, ahora sí, logró un excelente gol tras convertir una falta directa. La celebración con su gente, nuestra gente, pasará a formar parte del imaginario zaragocista y si no, al tiempo.

El partido estaba nivelado y ahora iba a venir lo mejor. En el descanso Natxo redefinió su discurso y cuando los chicos volvieron al campo comenzó un nuevo partido. Con las costuras del centro del campo muy bien dibujadas por un hermético Zapater y un poligonal Eguaras, el equipo carburó como una máquina perfectamente engrasada. Delmás y Ángel alargaron las bandas y por los corredores interiores comenzó a circular el balón con una fineza muy grata al gusto aragonés. En esa idea encontramos a varios protagonistas destacados, sobre todo Eguaras, quien se erigió en ingeniero de una propuesta tan atractiva como, es verdad, poco fértil.

El Real Zaragoza tuvo varias ocasiones de gol. Borja, Ángel, de nuevo Borja. Nadie fue capaz, nadie logró el gol que tanto mereció el Zaragoza. Y eso sí es un problema, por lo menos de momento. Bien es cierto que cada día está más cerca, cada día las ocasiones de gol son de más calidad, cada día sentimos más cerca el perfume de la victoria. Esa es la grandeza de este equipo, que a pesar de no lograr la victoria ha conseguido que su gente siga creyendo en él. Por eso, no hay lugar para la desazón ni el desánimo. Antes al contrario, el zaragocismo sigue enganchado a una luz blanca y azul que ha permanecido oculta durante mucho tiempo y ahora brilla en el corazón de muchos.

Foto: LFP

Ficha técnica

R Oviedo:
Juan Carlos; Cotugno, Verdés, Carlos Hdez, Christian F.; Forlín, Ramón Folch, Pucko (Rocha, m. 70); Ñíguez (Mossa, m. 75), Saúl Berjón (Owusu, m. 62) y Toché.

Real Zaragoza:
Cristian, Delmás, Verdasca, Mikel, Ángel; Zapater, Eguaras; Toquero (Papu, m. 70), Buff (Guti, m. 80), Febas (Alaín, m. 87); y Borja Iglesias.

Goles:
1-0, m. 06: Aaron Ñíguez. 2-0, m. 29: Toché. 2-1, m. 32: Mikel. 2-2, m. 39: Zapater

Árbitro:
Pulido Santana. Amonestó a Verdasca (10′), Christian Fernández (27′), Forlín (63′), Rocha (82′)

Incidencias:
Partido de la séptimma jornada de LaLiga 1/2/3, disputado en el Carlos Tartiere.

Puntuaciones

Christian: 3. Tuvo algunas indecisiones, pero se ha convertido en el portero que necesitaba el equipo.
Delmás: 4. Ágil, rápido y competente. Buen partido.
Mikel: 4. Le dio soporte a la defensa y jerarquía al espacio central. Marcó un buen gol.
Verdasca: 3. Salvo alguna indecisión, le da una buena salida al balón.
Ángel: 3. Alargó el lateral y pugnó con sus oponentes con potencia.
Zapater: 4. Extraordinario en el corte y el gobierno. Marcó un gol extraordinario.
Eguaras: 4. Fue el timonel del equipo. Cada día crece en mando y manejo del equipo.
Buff: 3. La primera parte jugó oscurecido. La segunda emergió con clase y calidad.
Toquero: 3. Luchador y comprometido, se fajó seriamente con sus rivales.
Febas: 4. Tiene una gran calidad y la mostró en muchos momentos.
Borja: 3. Luchó como siempre y abrió huecos enormes. Le faltó el gol.
Guti: 3. Aportó músculo y presencia.
Alain: 3. Siempre le da al equipo velocidad y desborde.
Papu: 3. Este chico juega poco pero mucho. Siempre aporta.

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Lento pero llega (Real Oviedo, 0 – Real Zaragoza, 0)


Ayer hice algo que no he hecho en los últimos diez años: vi el partido que jugó el Real Zaragoza en diferido, como esos ciudadanos que viven en el mundo de las cajas B. No es una buena experiencia, pues se sufre igual o más que cuando asisto al gol postrero que cada domingo encaja nuestro equipo, pero es novedosa. Lo que no cambia es el dolor que atraviesa nuestros maltrechos corazones cada vez que los muchachos se visten con la camiseta blanquilla/avispa/tomate y deciden manchar un poco más nuestro escudo. Que eso, y no otra cosa, es lo que son estos chicos (con honrosísimas excepciones que todos sabemos) y los cientos de mercenarios que han atracado sus almadias en el puerto del Ebro: una banda de mediocres artistillas del pelotón que casi acaban con una historia legendaria.

   El partido de ayer fue el peor de la era Láinez. Lo digo yo y lo dice el propio mister. Y lo dices tú, amable lector. Y lo dice el fútbol. EL que no hubo, el que se extravió en el césped del Carlos Tartiere cuando el Zaragoza perdió el balón y se lo entregó al Oviedo, que ayer también se jugaba su ser o no ser aunque él lo hacía por arriba. Durante los primeros 45 minutos solo al comienzo supo el equipo aragonés ejecutar el plan trazado, pero muy pronto se cayó y se vio desbordado por las bandas y en las segundas jugadas.

   Ni la defensa ni las dos líneas del centro del campo entendieron el choque ni la defensa comprendió la propuesta asturiana, de tal modo que el balón comenzó a merodear por el área de Ratón que, ayer sí, completó un notable partido. Y menos mal, porque poco más podemos salvar de esta primera parte. El portero gallego realizó varias paradas de mérito que impidieron que se moviera el marcador, un hecho de gran mérito porque los de Hierro acosaron a los blanquillos con incursiones por las bandas, una gran intensidad y un amor propio digno del objetivo que peleaban.

   Carlitos, Nando, Toché, Susaeta y Costas pudieron marcar en un alarde de agresividad y voluntad encendida que solo la magnífica actuación de Ratón pudo amortiguar. Sin embargo, lo que es el fútbol: Ángel bien pudo anular la muy interesante propuesta futbolística del Oviedo con un estupendo cabezazo tras un saque de banda que Juan Carlos despejó con una florida estirada. Habría sido un resultado injusto, pues el único amo y señor del partido había sido el equipo azulón.

   Tras el descanso, y con el temor instalado en el zaragocismo, pues la costumbre es una maestra de emociones, el Zaragoza salió un tanto más activado. Los primeros diez minutos contemplaron una versión correcta del equipo, que apretó al Oviedo e hizo posible un pare de acercamientos interesantes, pero la imagen de recuperación en seguida fundió a negro. Susaeta de nuevo probó a Ratón y el partido volvió al guión inicial. Buenas combinaciones locales, inconsistencia defensiva de los avispas e incapacidad para tejer combinaciones. Algo vio Láinez para decidir el cambio de Edu Bedia y Cani, que habían aportado muy poco, por Pombo y Edu García. Su entrada aportó algo más de verticalidad y control del juego, pero el Oviedo seguía a lo suyo.

   Con una grada entregada, con el aliento indesmayable de su público los de Hierro se echaron al monte y buscaron el gol con desesperación. Lo rozaron de nuevo en el minuto 78, cuando Toché cabeceó fuera por muy poco y minutos después el aragonés Linares, en una suave vaselina que Ratón le detuvo y del que recibió un duro golpe que desencadenó el rush final. Porque el Oviedo se desquició, el Zaragoza arañaba la vida en cada jugada y el árbitro demostró un alto grado de ineptitud golpeando a Ratón con dos tarjetas amarillas que supusieron su expulsión. El partido se fue hasta el minuto 100, como suele suceder en los partidos de regional cuando se alargan los tiempos hasta que el equipo local marca y se lleva la victoria.

   Afortunadamente eso no ocurrió y el equipo aragonés le robó un punto al destino que puede ayudarle a preparar el partido ante el Rayo con ánimo positivo y chance de lograr el objetivo final. El domingo a las 6 de la tarde el zaragocismo espera cerrar esta miserable temporada y comenzar a mirar con esperanza el horizonte de un futuro fértil y digno.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Extraordinario partido. Ratón firmó su mejor partido.

Isaac: 1. Deficiente partido. Ni en ataque ni en defensa estuvo acertado.

Silva: 2. Partido muy sufrido en el que tuvo que hacer su trabajo y el de los demás.

José Enrique: 1. Juega con fuego y no transmite seguridad. Demasiados errores serios.

Cabrera: 2. Muy irregular. Con luces y sombras, trabajó mucho.

Zapater: 1. Su peor partido de la temporada. Le puede la ansiedad y cometió fallos serios.

Ros: 0. No controló el balón y erró en los pases. Muy desnortado.

Edu Bedia: 0. No estuvo en ningún momento en el partido. Le ganó la presión.

Xumetra: 1. No se le puede negar su esfuerzo y sus ganas, pero no está.

Cani: 0. No fue el jugador sabio y talentoso que el equipo necesita.

Ángel: 3. Lo intentó pero nadie le entendió. Casi logra un gran gol.

Pombo: 2. Su entrada aportó frescura y control. Trabajó bien.

Edu García: 2. Su alma zaragocista le ayuda en su propuesta. Colaboró bien.

Lanzarote: 2. Inquietó a la defensa ovetense en apenas unos minutos. Acabó de portero.

Me das una victoria (Real Zaragoza, 2 – Real Oviedo, 1)


 

angel_02   En el minuto 73 la Basílica se puso en pie para despedir con un cálido aplauso a un chico de 21 años, por nombre Xisco, que había jugado un correcto partido y cuyo juego había cautivado a una afición tan huérfana de estímulos como ávida de alegrías. Y esta llegó ayer en forma de balsámica victoria ante un Oviedo que tuvo la mala suerte de perder a uno de sus mejores jugadores, Toché, por lesión en el minuto tres y que cuenta entre sus filas con los suficiente jugadores mediocres como para cometer errores que pueden costar un partido.

   Agné se fue contento a casa. El zaragocismo también, pues tres puntos son tres puntos en los tiempos que corren. Oro molido, en fin, en medio de una categoría acostada en la niebla de la mediocridad y en la que el tuerto con parche en el ojo bueno es emperador. Y ese fue ayer el Real Zaragoza, al que su entrenador hizo jugar con el portero titular por nómina, con un inestable Bagnack en el lateral y con un joven jugador menorquí que demostró ayer que con osadía, ganas, rapidez y espíritu guerrero se pueden hacer cosas dignas de ser tenidas en cuenta. Todo ello ante un rival, el Oviedo, que cuenta con buenps jugadores pero también con malos; que en el banquillo tiene a un hombre de fútbol que ha ganado muchas cosas y quiere abrirse camino en esto de entrenar y con algún defensa fuera de sí capaz de agredir a un contrario sin ton ni son y dejar a su equipo con diez por culpa de su mala cabeza.

   Sí es verdad que el partido fue al principio un dance de pases cruzados y posesiones cortas debido al pundonor de todos los contendientes entre los que en seguida brilló con luz propia la conexión entre Cani y Lanzarote. Ahí se vio que había partido. Ángel, como siempre, atento al límite del fuera de juego y dispuesto a pescar algún balón que la defensa contraria no supiese gestionar correctamente. Y ese balón llegó en el minuto 17, cuando el delantero tinerfeño le robó la cartera y todas las tarjetas al central David Fernández y batió a Juan Carlos con un sutil derechazo que suponía el 1-0.

   A partir de ahí el choque entró en una dimensión cómoda para el Zaragoza, que no tuvo muchos problemas para tapar las incursiones de Linares y bloquear al fino Susaeta. Tuvo que recurrir a múltiples ayudas, es verdad, sobre todo en el caso de Bagnack, por cuyo lateral llegaban las corrientes fluidas del cantábrico. Afortunadamente no cristalizó ninguna llegada carballona y en ello tuvo mucho que ver el buen trabajo coordinado de Ros y Zapater y las buenas basculaciones defensivas de Lanzarote, muy activo, y de Xisco, atento y dispuesto a todo. Incluso a dar balones de gol a sus mayores, como ese centro magistral que construyó en el minuto 34 que no fue gol por la buena intervención de Juan Carlos.

   Otra de las jugadas clave se produjo en el minuto 43. Verdés atrapó violentamente a Lanzarote en una jugada en la banda ganándose una tarjeta roja que casi pudieron ser dos. Llegar al descanso con 1-0 a favor y un jugador más parecían buenas noticias para el equipo aragonés, que afrontó el segundo tiempo con una cierta ventaja que se dispuso a aprovechar nada más saltar al césped. Y lo hizo en el minuto 49, cuando Xiscu cedió a Lanzarote, este Cani y el pase de este llegó a Ángel, quien fue derribado en la boca de gol por Óscar Gil. Penalty a favor. Penalty después de casi veinte partidos que fue convertido por Ángel.

   El 2-0 en el marcador parecía un buen argumento para afrontar el resto del partido con cierta tranquilidad. El Oviedo se aprestó a vender cara su piel y lo intentó sin descanso. El Real Zaragoza trató de dormir la noche, Agné les pidió a Zapater y Cani que le dieran pausa al juego y a ello se dedicaron durante un buen rato Hasta que Xisco dejó el campo. Amparado en la ovación de la grada, el chico se fue encantado a la ducha pero con su marcha elñ equipo se acyó, Dongou no sostuvo su ritmo y el resto del grupo se aletargó. Y en una de esas acciones indolentes Cani perdió la bola en la frontal del área y provocó una falta que sirvió para que el Oviedo empatase el partido. A cinco minutos del final.

   La Romareda se temió lo peor. Se temió una nueva debacle, que es lo que habría sido un empate. Afortunadamente el Oviedo ya no pudo cerrar las tablas y eso significó que los tres puntos se quedasen a dormir en la orilla del Ebro. Buen botín . Justo y, sobre todo, muy necesario. Por pura supervivencia, es decir.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 2. Correcto en casi todas las acciones, con cierta inexactitud en su relación con la defensa.

Bagnack: 1. Pagó todos los platos rotos, no siempre con justicia.  Muy afectado.

Cabrera: 3. Firmó un partido digno y sobrio.

Silva: 3. Ahora mismo es el mejor defensa. No por lo que da, sino por lo que le falta al equipo cuando él no está.

José Enrique: 3. De nuevo firme y sólido. Aporta experiencia y solvencia.

Zapater: 3. Con Ros es un jugador coherente y equilibrado.

Ros: 2. Protagonizó buenas acciones y cometió algunos errores de bulto. Irregular.

Lanzarote: 3. Volvió a la senda del talento y colaboró en la cobertura.

Cani: 4. Cuando el balón se deja acariciar por él se convierte en un argumento definitivo.

Xiscu: 4. Fue el partido que todo debutante sueña. Rápido, audaz, profundo, sostenido.

Ángel: 4. Cuando un delantero consigue dos goles merece el aplauso de todos.

Dongou: 2. Intentó un par de jugadas de definición.

Morán: 1. Trató de encontrar alguna luz con poca fortuna.

Casado: S.C.

Cicatrices que enseñan (Real Zaragoza, 1 – Oviedo, 0)


   Tres crónicas en un semana, tres balazos al corazón del zaragocismo que se sostiene a duras penas en medio de un maremoto de emociones que tardaremos en olvidar. La herrumbrosa derrota ante el Nàstic y el oxidado empate ante el Huesca nos dejó mal heridos  y por eso el partido de ayer ante el Oviedo provocó en la afición una sensación de temor ante la posibilidad de que se consumase la tragedia. Hoy respiramos hondo pero solo con el tiempo sabremos valorar la gran importancia de la victoria de ayer. El agónico gol de Gutián, si dentro de 19 días estamos en disposición de celebrar la vida, pasará a la historia del Real Zaragoza, pues de no haberse producido ahora mismo estaríamos sumidos en un profundo abismo.

   El encuentro fue un monumento al desorden. En el minuto 1 el Oviedo quiso y casi pudo. Dos aproximaciones vertiginosas produjeron un ácido temblor en las piernas de los jugadores zaragocistas y que la grada recibiese muy malas vibraciones. Ser un equipo está caro, muy caro, y el Zaragoza ahora mismo no tiene cuartos para pagar semejante lujo, algo que significaría sin duda que los partidos pudiesen ser mejor gobernados y, como dijo el míster en la rueda de prensa, terminarlos con cierta tranquilidad. No era el caso y de eso se hizo cargo el equipo de Generelo en el primer tramo del choque.

   A partir del minuto 15 el juego se equilibró a pesar de que Morán no consiguiese coser ninguna jugada con criterio y Dorca nos recordase que tiene sombras en su juego que no le hacen bien al equipo. La banda izquierda no mezclaba bien, pues Rico se apuntó a su peor versión, la que nos recuerda al lateral fallón y descolocado de hace un par de años, e Hionestroza se empeñó en jugar como nunca lo debe hacer un extremo, es decir, de espaldas al área contraria y buscando cabriolas imposibles, lo que provocó un estupendo atasco en ataque.

   Tuvo que ser que Lanzarote el que ocupase esa banda para lanzar un centro medido que cabeceó Ángel en primera instancia y remató finalmente Guitián para lograr el único gol del partido. Un gol, con suspense, pues el árbitro tardó unos segundos en darlo al no tener claro si había traspasado la línea de meta. Pero gol.

   El partido cambiaba de cara y el equipo de Carreras decidió que tenía argumentos para manejar los tiempos y buscar una segunda ocasión para cerrar la tarde. No pudo ser y volvió a caer en esa especie de indolencia a la que se ha abonado últimamente, con toda seguridad a causa de una terrible presión a la que los jugadores y el cuerpo técnico no están sabiendo encontrarle un justo lugar en sus mentes. Las imprecisiones, el nerviosismo, el miedo al fracaso son muy malos compañeros y los muchachos ayer sintieron el dolor de la tenaza de la Historia y el incontestable peso de la responsabilidad. Malas noticias, en cualquier caso.

   El vestuario no alivió el estrangulamiento emocional que vive el equipo. En seguida se vio que el equipo estaba paralizado. Se echó en los brazos de la vulgaridad y de las guerras individuales. Morán seguía sin encontrar la luz y con el centro del campo deshilachado al Oviedo solo le faltó escuchar la voz de su míster para avanzar todas sus líneas en busca del gol del empate. Carreras reaccionó dándole entrada a Pedro en lugar de Hinestroza, pero el problema no era ese. El problema era que el Zaragoza no era equipo, no vivía como equipo, no sentía como equipo. Ni siquiera sufría como equipo. Les podía la ansiedad al mismo tiempo que el terror al fracaso les impedía elegir bien y tomar decisiones adecuadas.

   Aun así, el equipo aragonés dispuso de varias ocasiones de gol. No concretó ninguna, pero la afición, incansable y comprometida con la causa hasta la extenuación, entendió que los chicos necesitaban su aliento antes de que se cayeran del todo. Había que tomar alguna medida que aliviase el acoso al que el Oviedo estaba sometiendo al Zaragoza y la grada suspiraba por la entrada de Javi Ros, un jugador que podría sostener al equipo y equilibrar los embates asturianos. Parecía la sustitución lógica, pero no. El cuerpo técnico le pidió a Rubén que saliese al campo en lugar de Lanza, proponiendo una defensa de cinco con tres centrales capaces de repeler todos los balones aéreos que sobrevolaban la meta de un magnífico Herrera.

   La grada no lo entendió. O no lo compartió. La pitada fue monumental en un momento crítico. Con el equipo de Generelo en busca del gol sin ningún tipo de pudor, al Zaragoza solo le quedaba guardar bien sus espaldas y tratar de lograr un segundo tanto que nos diese la tranquilidad. Lo primero lo logró a muy duras penas, con dos sustos muy grandes que casi destrozan el corazón blanco y azul de la Basílica, y lo segundo no pudo ser porque ni Rico ni Ángel encontraron el hueco por el que introducir el balón en la puerta del Oviedo.

   Al final, tras un partido vacío de contenido y de fútbol, se logró una victoria de grandísima trascendencia que permite al equipo zaragozano mantenerse vivo y sostener con esperanza la antorcha de la promoción, algo que debe cerrarse definitivamente el próximo sábado en Palmós frente a la Llagostera. Un partido crucial que no debe llamar a la relajación ni a la confianza, pues solo la victoria debe ser el resultado final para entrar en el territorio por el que discurre el camino que nos debe devolver a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Experiencia, madurez y valentía.

Isaac: 3. Muy rápido en ataque y muy luchador, a veces le pudieron sus ganas de atacar y descudió la defensa.

Gutián: 2. No estuvo fino en el corte y algo torpe en la salida. Goleó.

Cabrera: 2. Su fuerte, que es el juego áereo frontal, ayer no le acompañó. Espeso con el balón en los pies.

Rico: 2. Su espalda sufrió y no encontró buenas salidas con el balón.

Moreán: 1. Perdió balones y no encontró la línea de pase ofensivo.

Dorca: 2. Lento e inexpresivo.

Lanza: 3. Sigue siendo el mejor, si bien ayer no desbordó con claridad.

Hinestroza: 1. Desordenado en la conducción y oscuro en el desborde.

Dimanka: 3. Cubrió campo, luchó y aportó cosas en ataque.

Ángel: 3. Lo lucha todo y ayer llegó con más claridad a la portería contraria. Tuvo tres ocasiones muy buenas que no concretó.

Pedro: 2. Más entonado, participó con criterio en algunas acciones.

Dongou: 2. Hizo bien su trabajo, molestando a la zaga visitante y anunciando cierto peligro.

Rubén: 2. Es un buen profesional, que cumplió con su cometido.

Minúsculo equipo (Real Oviedo, 1 – Real Zaragoza, 0)


   _oviedoreal_1b27d41fPero, ¿qué broma es esta? ¿Qué ha ocurrido para que el zaragocismo se despierte en este pozo de abulia y descontrol futbolístico en que ha caído el equipo en pocas semanas? ¿Dónde está el poco fútbol que había en las botas de unos jugadores que arrastran el escudo del león por los campos de la peor Segunda División de la historia? Sonroja ver a un grupo mortecino, desigual y atribulado que no sabe que no sabe nada y que se muestra incapaz no ya de encontrar respuestas, sino ni siquiera de hacerse preguntas. Mañana para la vergüenza y la decepción. Mañana para el miedo a volver a morir.

   El Real Zaragoza ha sido derrotado por un mediocre Real Oviedo que, con un fútbol sencillo y organizado, ha sido capaz de obtener tres puntos que les deben saber a gloria por su importancia, que no por sus méritos. Una derrota ácida pero merecida, pues el equipo de Carreras ni ha sabido ni ha podido oponer argumentos en un choque en el que con solo jugar un poco al fútbol todo habría sido más sencillo. La disposición táctica del entrenador catalán ha sido la misma que podría haber dispuesto el peor Popovic, con lo que poco hemos ganado. Añadamos a ello que los jugadores que hasta ahora habían dado un rendimiento correcto, como Diamanka y Morán, ya no saben jugar al fútbol, por lo que el centro del campo ha sido una laguna seca en la que han habitado muy a gusto los ovetenses. Igual que ocurrió el domingo pasado frente al Huesca.

   Carreras, el entrenador que ve otros partidos, nos ha regalado un “más de lo mismo” para que vayamos haciéndonos a la idea de que esto es lo que hay. Ni ideas, ni propuestas, ni razones para la seducción. Un planteamiento hueco, desnutrido y vacío de alma que le ha hecho la vida muy fácil a los carballones y ha desesperado a la afición. Los primeros minutos han sido para los locales y el Zaragoza a duras penas se sostenía en pie. Solo la mala gestión ofensiva del Oviedo ha permitido mantener la portería a cero. Luego, a partir del minuto 25 el equipo aragonés ha decidido estirarse un poco, pero la nula capacidad de remate y la soledad de un muy justo Ortuño ha impedido que se crease ni una sola ocasión de gol. Pedro e Hinestroza, muy mal ambos, han bloqueado con sus torpes acciones cualquier posibilidad de hilar jugadas interesantes, mientras que Dorca hacía uso de un extenso repertorio de gestos inútiles que en nada favorecían el juego zaragocista.

   Rondaba el partido el minuto 41 cuando ya nos decíamos que había que sujetar el juego, que sería muy duro encajar un gol entonces, cuando una inofensiva jugada de ataque del Oviedo ha permitido rematar casi sin querer a Toché ante la pasividad de Rico, Cabrera y Vallejo. Gol y desesperación. ¡Qué duro es sentir que cuando se recibe un gol va a ser imposible remontar! ¡Qué duro y qué habitual en el corazón del zaragocismo! Porque esa sensación se ha instalado en nuestra mente, porque este equipo no transmite nada positivo, No hay ni una sola señal de esperanza ni de ilusión. Y lo peor estaba por llegar.

   Una mirada al banquillo ha sido suficiente para darnos cuenta de que Carreras, el entrenador que ve otros partidos, no tenía mucho de donde echar mano. Con un obligado cambio en el minuto 2 por lesión de Marc Bertrán (olé con los preparadores físicos y los médicos) poco le quedaba donde elegir y lo bueno no estaba sentado con él. Con todo ello, eligió a Jorge Díaz para decirle a Pedro que así no vamos nada bien. Su partido ha sido una mala broma, al igual que viene ocurriendo a lo largo de toda la temporada, y su sustitución era una decisión lógica. Lo malo es que su sustituto tampoco nos ha traído ninguna solución. Al contrario: la segunda parte ha sido un baño cantábrico en toda la regla. Un paseo para un Oviedo que ha tenido el balón, ha manejado los tiempos, ha jugado con el Zaragoza y ha tenido cerca el segundo gol casi sin buscarlo. Enfrente, un equipo muerto, sin aliento, sin aire. O como ha dicho el mister: ha querido pero no ha podido. Que no sé qué es peor.

   La salida de Jorge Ortí ha sido un brindis al sol. Un mensaje a los acantilados asturianos donde a lo mejor rebota la voz del zaragocismo y llega a los oídos de una cúpula directiva, deportiva también, que tiene que reaccionar inmediatamente si no queremos perder ningún tren más. El joven canterano, al lado de unos jugadores desmotivados y superados por la altísima exigencia de un club que se cae por los terraplenes de la mediocridad, no ha podido aportar casi nada. Y lo poco que se ha visto han sido brevísimos intentos de acercarse al área del veterano Esteban que podría haberse ido a tomatr el vermú, que no habría ocurrido nada.

   Lamentable partido. Lamentable actuación de unos jugadores y unos técnicos que nos han dado otra lección de realismo y nos han indicado que el camino que nos espera es muy diferente del que creíamos que íbamos recorrer. Porque no, amigos: este no es el camino de vuelta a casa. Este no es el camino de vuelta a Primera.

Foto: heraldo.es

CALIFICACIONES

Bono: 3. Algunas buenas intervenciones.

Isaac: 2. Ha defendido a un hábil Koné con mucho sacrificio.

Vallejo: 2. Pundonor y poco más.

Cabrera: 1. Nervioso y desajustado.

Rico: 2. Luchador pero poco consistente.

Morán: 1. Mal en casi todo.

Dorca: 0. No aporta nada positivo al grupo.

Diamanka: 1. Algunos toquecitos y poco más.

Pedro: 0. Desorientado e insustancial.

Hinestroza: 0. Sonrojante actuación.

Ortuño: 2. Trabajador pero torpe.

Jorge Díaz: 1. Muy poco útil al equipo.

Jorge Ortí: 1. No ha participado nada en el juego.

Marc Bertrán: S.C.