A mil segundos de la gloria (Las Palmas, 2 – Real Zaragoza, 0)


REAL ZARAGOZA - U.D. LAS PALMAS / 21/06/2015 / FOTO : OLIVER DUCH
REAL ZARAGOZA – U.D. LAS PALMAS / 21/06/2015 / FOTO : OLIVER DUCH

¿Qué crónica escribir? ¿Qué relato construir? ¿Qué barro modelar con los argumentos futbolísticos y sentimentales que ayer nos regaló nuestro Real Zaragoza? ¿Nos quedamos con la corriente de pensamiento que ancla sus razones en el drama que vivíamos hace ahora un año o nos acogemos al vendaval de ilusión que un inesperado final de temporada nos había llevado a creer en lo imposible? Sin duda es esta la narración más difícil de esta liga Adelante que ahora finaliza y que para nosotros ha sido la travesía más heterodoxa que afición pueda recordar. Por resumir: ayer murió un sueño y nació una esperanzada posibilidad.

El Real Zaragoza cayó con honor pero murió con alguna bota fuera del pie. Con honor porque haber llegado al final con chance de lograr el ascenso es, en sí mismo, una hazaña colosal. Maniatado por la Liga y castigado hasta el dolor infinito por un pasado vergonzoso y difícil de olvidar el equipo arribó al archipiélago con el bagaje de un resultado favorable pero nunca seguro. Popovic estuvo hasta el último minuto con dos alineaciones: la clásica de cuatro defensas, dos pivotes y cuatro arriba o la utilizada en los últimos y partidos y que le había proporcionado resultados desiguales. Vallejo, Mario y Cabrera con Fernández y Rico en los volantes tenía puntos a favor, sobre todo de estos últimos, pero el cambio que se vio obligado a realizar el pasado miércoles le convenció de ir a un dibujo más ofensivo con la colaboración de Eldin, Pedro y Jaime arriba. Meter un gol pareecía el mensaje claro.

Sin embargo los locales comenzaron como un vendaval, tal y como todos imaginábamos que ocurriría y los chicos de rojo se vieron obligados a encerrarse en su área sin muchas opciones para desplegar un juego aireado que permitiese asustar a Casto. Hubo varias ocasiones de gol para los de Herrera, sobre todo una falta directa que Bono sacó con maestría cuando ya se cantaba el gol. El partido era claramente de Las Palmas y aunque el Real Zaragoza llegaba con cuentagotas al arco contrario e incluso Dorca cabeceaba al larguero en la mejor ocasión aragonesa, el gol caería de parte canaria. Una pérdida de balón de Eldin, ayer desactivado y oscurecido, propició una rápida contra que acabó en las botas de Oscar Mesa. El delantero fusiló a Bono con un chut seco que rozó la pierna de Rico. Era un gol casi anunciado.

El equipo amarillo y su afición se vinieron arriba y los de Popovic tuvieron que hacer frente a una fase incierta en la que, aun así, tuvieron una ocasión de gol después de un corner y, sobre todo, vio cómo se le pitaba falta en ataque a Willian en lo que más bien parecía penalty por mano de un defensa local. Así se llegó al descanso, con el partido muy abierto y el miedo en el cuerpo de la afición zaragocista, que veía que su equipo no acababa de cogerle el pulso al choque.

En la segunda parte salió Álamo por un estéril Eldin, pero quien iba a seguir gobernando el partido sería Las Palmas. De ello dio buena fe Bono, que tuvo dos buenas actuaciones que evitaron que el segundo gol subiese al marcador. El Real Zaragoza trató de abrir el encuentro y se entró en una fase de toma y daca, con continuos contragolpes por parte de ambos equipos. Las ocasiones se sucedían por parte del bando local e incluso un balón llegó a golpear en la escuadra de la portería aragonesa, por lo que las sensaciones no eran buenas.

   Popovic movió ficha y le pidió a Borja que saliese al campo en lugar de Jaime para tratar de lograr un gol que sería casi definitivo. Sin embargo quien seguía creando peligro era el grupo de Pacoherrera, que veía cómo Bono seguía solventando cada situación creada con paradas de gran mérito. En ese instante Las Palmas entró en una fase de cierto atasco y pareció que el Real Zaragoza podía encontrar la ocasión final. Pero no.

   Fue una falta. Un fatídico balón colgado al área que no pudo ser rechazado por Bono ni por la defensa y que llegó en imposible parábola hasta la bota de Araujo que remató con toda la rabia del mundo para conseguir el segundo gol. El gol mortal.

   El mundo se hundió. El cielo se resquebrajó y los infiernos volvieron a abrir sus portones invitándonos a quedarnos. Un horror. Quedaban apenas diez minutos para tratar de encontrar el camino al gol, pero el equipo estaba paralizado. Ni una sola vez se acercó con peligro. Todo se resumía a una batalla de embrollos sin sentido y la única ocasión mínimamente interesante fue una falta a Willian en el lateral izquierdo. Y allí que fueron todos a rematar y defender. Veintiún tipos dentro del área esperando que el balón volase impulsado por Pedro y a ver qué pasaba. Y no pasó nada.

   El partido finalizó y solo nos quedó llorar. Un segundo después comenzó el camino de regreso a casa. A primera. Un camino muy largo y tortuoso que deberemos recorrer muy unidos y agarrados con fe y fortaleza a la esperanza. Así sea.

Foto: Oliver Duch (Heraldo de Aragón)

CALIFICACIONES

Bono: 5. Gran partido. “El segundo, el segundo”, se lamentaba en brazos de Cedrún. Nada empañará su actuación.

Fernández: 2. Atenazado por la tensión y porque Las Palmas volcó mucho juego ofensivo por su banda.

Vallejo: 5. Extraordinaria actuación. Sus lágrimas son el agua que riega el futuro.

Mario: 4. Estuvo a todas con fuerza y determinación. 

Rico: 3. Más limitado en ataque, volvió a mostrar ciertas carencias en defensa.

Dorca: 4. Luchador y responsable, estuvo a punto de marcar con un gran cabezazo.

Basha: 3. Fue de menos a más. acabó fuerte y polivalente.

Eldin: 1. Oscuro, lento y débil.

Pedro: 2. No fue Pedro. Sus gestos denotaron flaqueza y falta de acierto.

Jaime: 1. Apenas intervino y no encontró soluciones acertadas.

Willian: 2. Lento y ausente. Nos recordó otros tiempos.

Álamo: 1. Casi no tuvo opciones y el contrario le tomó la medida en seguida.

Borja: 1. Irrelevante actuación.

Lolo: S.C.

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Paisaje antes de la batalla (UD Las Palmas – Real Zaragoza)


   aficionApenas queda una hora para que dé comienzo el partido de nuestras vidas. Son muchas las voces que durante los últimos años hemos rogado al destino que nos permitiera vivir una tarde como la de hoy, en la que pudiéramos percibir el aroma del futuro y aprender a mirar de frente a la esperanza.

   Este blog ha publicado 1141 artículos desde su nacimiento, allá por junio de 2007. En todos ellos he cosido con el hilo de la pasión zaragocista mi amor por unos colores que mi padre y mi abuelo y mi familia y mis amigos me enseñaron a querer. La pena es que en demasiados he tenido que escribir con palabras de amargura textos que hablaban de legendario pasado e infernal presente. Hoy, casi ocho años después del primer post (Ante el partido Real Zaragoza – Real Madrid) estamos ante el momento cumbre que tanto hemos anisado vivir y que genera ilusión y temor al mismo tiempo.

   Ilusión en un mañana fértil y grande que nos permitiría vivir. Temor a una derrota que nos impediría vivir muchas cosas con las que hemos soñado estos últimos años de ignominia y humillación. Lo que hagan hoy los muchachos es de más. Nos estamos cansando de decir que lo más importante ya está hecho, que aunque no subamos no pasa nada pero yo sé que en lo más íntimo de nuestro corazón de león todo el zaragocismo suspira por un momento de gloria que esta afición se merece como ninguna.

   No me cansaré de escribir y decir a quien quiera leer y escuchar que la afición del Real Zaragoza es la mejor del mundo. Porque ha soportado con la gallardía y nobleza que nos caracteriza tanto dolor, tanto insulto, tantos atropellos, tantas tropelías que no caben en ninguna grada del mundo. Y a pesar de todo, de no existir para casi nadie, de no ser tenida en cuenta como se merece, de no ser portada de casi ningún medio de comunicación nacional aun cuando ha sido pisoteada sin piedad por unos gestores nefastos y olvidables, aquí estamos. 

   El miércoles le dijimos al mundo quiénes somos, cómo somos y por qué somos.

Viejos y jóvenes, batidos por vientos
que azotan desde el mar y desde el desierto.
Compañeros perdidos y encontrados
en caminos nunca acabados.
Palabras que buscan labios
para ser besados.
Tiempos pasados y por venir
que anhelan la igualdad del amor.
Batalladores derrotados y vencedores
en guerras impuestas.
Árboles que buscan raíces
para abrazar la tierra amada.
Viajeros del tiempo
que abandonan la sequedad del ayer.
Jóvenes y viejos,
con manos,
con rostros,
con ojos que sueñan lo imposible.

   Hoy es mañana y nadie nos va a quitar la razón de nuestro corazón. La hemos ganado a golpe de deseo, a golpe de voluntad.

Foto: Heraldo de Aragón

Un horizonte muy cercano (Real Zaragoza, 3 – UD Las Palmas, 1)


nino.laspalmas.POTodo hecho histórico llega al futuro de la mano de una imagen. Recordamos al joven de Tiannamen o al bombero que se abraza a las cenizas del 11-S y nuestros corazones encuentran sin buscar. Y de lo ocurrido esta tarde en la Basílica nos quedamos con la foto de ese niño que sostiene una bufanda mientras su mirada dibuja un horizonte infinito imposible de aprehender. Y sus labios entreabiertos prestos a la palabra dulce y joven.

El choque que disputaron el Real Zaragoza y la Unión Deportiva será uno de esos destellos que quedan prendidos en la memoria de una comunidad. Un partido que duró más de 90 minutos, pues empezó a jugarse al instante siguiente de cerrar la gesta de Girona. Un match que perfuma los mensajes que los muchachos escribieron con tinta azul y músculo inacabado.

Los primeros minutos fueron un mosaico guanche en tierra extraña. La disposición táctica de Popovic fue una invitación al fútbol versión Versailles a la que tanto gusto le encuentran los canarios. Culio, Jonatan Vieira y Araujo dibujan extrañas geometrías que el Real Zaragoza no comprendía. Lo que tan buen resultado le había dado en Girona aquí no servía. Llegaba y llegaba la Unión Deportiva y asustaba a una Romareda que había recibido al equipo con una emoción que muchos jóvenes jamás habían vivido. Susto e incredulidad. ¿qué estaba pasando?

   A entenderlo nos ayudó Cabrera. El joven uruguayo de cuerpo Poyet nos enseñó el camino a la victoria. Extrañamente el error que sirvió para regalarle un gol al contrario sería la clave para que Popo variase el esquema dando entrada a Jaime y pidiéndole a Leandro un extremo sacrificio. No fue un castigo: fue una decisión técnica que cambió el partido. A partir de ese momento el partido se construyó sobre otros alientos. Los espacios vacíos desaparecieron, las invisibles líneas que construyen la verdad de un partido surgieron de la nada y el equipo blanquillo encontró el sendero que le llevaría a la vida.

   En pocos minutos la batalla comenzó a jugarse en ambos territorios. Si la Unión triangulaba el Real Zaragoza trazaba círculos concéntricos que se cerraban con secos latigazos que anunciaban el grito definitivo. Y sucedió. Tras varias ocasiones surgidas de la fe llegó un corner que Pedro modeló con un magistral centro que Rico definió con un metálico cabezazo. Fue el gol de empate, pero sobre todo fue el verso cosido a la esperanza.

   Jugar a partir de ese momento ya fue otra historia. La defensa cerró los acantilados, el centro del campo siguió la estela de la feroz voluntad de Dorca y el tesón de Galarreta y los chicos de arriba anunciaron un futuro posible. Hasta el descanso. En el césped, porque en la grada las ánimas zaragocistas se conjuraron para decirle al cielo que era posible. Todo era posible.

   La segunda parte comenzó con idénticos protagonistas. El zaragocismo creía y los chicos apostaron por tener fe. Enfrente los de Herrera seguían a lo suyo, pero su propuesta no tuvo la suficiente energía como para derribar los muros de una defensa crecida como nunca. Ni Mario Vallejo han podido llegar en mejor forma, y aquellos laterales de los que tantas y poco favorables cosas dijimos hasta hace muy pocas semanas se multiplicaban para recordarnos a aquellos defensas que recorrieron las mismas bandas con la clase de Reija, la energía de Rico (José Luis), la fortaleza de Casuco o el talento de Belsué. Y más. Todo era favorable.

   Y arriba, Pedro, Eldin, Jaime y Willian. Que se enviaban wassaps de bravura en cada acción. Así llegó el segundo gol. Una jugada de extremo de Jaime, una pugna de delantero centro de Willian y un remate de oportunismo de Pedro. La Romareda, boca abajo. ¿Se podía? Sí. Y se quería. Y se moría por vivir. Y se le cantaba a los cuatro cielos que sí, que vamos romperle la cara al destino que nos ponía de cara a la pared de la Historia. Había que estar allí, había que seguir las imágenes por televisión para tener sensaciones nunca olvidadas pero sí escondidas durante mucho tiempo. Para pedirle al equipo más. Para pedirle al escudo un rugido más.

   Basha salió y equilibró al equipo. Fue una decisión acertada pues Iñigo ya lo había dado todo y de este modo se podía sujetar un poco más a los chicos de las islas, que porfiaban, continuaban su carnaval de pases incontenidos y balones interiores que manejan como casi nadie. Por eso, cuando el partido estaba de cara a un detalle, a una simple jugada, a un gesto afortunado o errado, Popovic le pidió a Javiálamo que saliera al césped y se viera las caras con su gente, con quienes han bebido los mismos aires y respirado el mismo mar que él. Pero el zaragocista sabía ayer que los suyos iban de blanco. Y nos regaló una grandiosa jugada. Recibió en el centro del campo un balón de fantasía regalo del tacón de Jaime, se fue de tres jugadores contrarios, soportó la última entrada, levantó la mirada y envió el balón a la llanura del área pequeña. Allí quedó el balón tras leve caricia de Lizoain para que lo recogiera Willian y convirtiera el tercero de la tarde.

   ¿Hay que buscar palabras para relatar lo que la Basílica expresó? Los corazones azules y blancos estallaron y derramaron sobre la tarde la inmensidad de un sentimiento. El equipo nos estaba dando tanto que era imposible merecer más. Quedaba aún partido que jugar y emociones que compartir y eso lo sabían muy bien todos. Popo, Herrera y los veintidós gladiadores, por lo que aún pudimos disfrutar de un partido de ida y vuelta en el que todo podía pasar: el cuarto gol local o el segunda visitante.

   Nada de eso ocurrió. Si acaso, la verdad confirmada de que el fútbol nos enseñó ayer que la luna tiene una cara oculta y que en ella habitan las almas de unos jugadores en los que hemos depositado nuestro mañana. Si el domingo somos capaces de seguir creyendo en ellos, es posible que por fin podamos decir que hemos vuelto a asa. A primera.

CALIFICACIONES

Bono: 5. Realizó varias extraordinarias paradas.

Fernández: 5. Luchador, eficaz y rápido.

Mario: 5. Magistral en el corte y grandioso en la pugna.

Vallejo: 5. ¿Qué decir? Inmenso partido.

Cabrera: 4. ¿Un error? Su compromiso y pundonor nos han ganado.

Rico: 5. Ofreció todo lo que debe tener un volante. Y goleó.

Dorca: 5. Gobernó, comandó y lideró.

Galarreta: 5. Lo dio todo y el equipo lo ganó.

Eldin: 5. Su magia y tenacidad marcan diferencias.

Pedro: 5. Tiene un talento y una clase que lo distinguen.

Willian: 5. Potencia, fortaleza y gol.

Jaime: 5. Se diría que ha guardado lo mejor para el final del banquete.

Basha: 4. Gran aportación en defensa y en salida de balón.

Álamo: 5. Su jugada del tercer gol, para enmarcar.

 

Herida abierta (Real Zaragoza, 0 – Las Palmas, 2)


   Un Real Zaragoza menor y escaso de fútbol y talento vio ayer cómo un Las Palmas muy bien dirigido en el banquillo y con unos jugadores aplicados le pasaba por encima y le daba un baño de los que duelen. De verdad. Si bien los primeros minutos nos hicieron pensar que el equipo tenía alguna chance de hacerle frente al equipo canario, en seguida vimos que el centro del campo local era una débil caricatura de lo que tenía que ser una sala de máquinas capaz de afrontar un partido con garantías.

   Al mismo tiempo la defensa de cinco que tan buen resultado le había dado a Popovic en Valladolid se vio que no era una buena idea si quien tiene que ejercer de clave es un jugador como Rubén. Mala copia de quien ahora mismo es el capitán general de esta escuadra irregular y sorprendente, Jesús Vallejo, el veterano central nos dejó con la boca abierta cuando nos regaló una sucesión de errores dignos de jugadores de emnos enjundia. Y por ahí murió el equipo aragonés.

   Después de varias jugadas bien gestionadas que acabaron en sendos fueras de juego, llegó el primer gol de Araujo. Una pérdida en la línea media propició un rápido contragolpe que acabó con un roto en el centro de la defensa para que el argentino tamizase con un suave toque el primer tanto, Jarro de agua fría para una Basílica que acudió al partido con la sana ilusión de certificar la mejoría de Pucela. No pudo ser. Ni el ardiente sol que abrasaba la tarde sirvió para levantar el ánimo de un equipo muy mermado, es verdad, pero incapaz de proponer un plan digno de ser llamado tal.

   El equipo siguió intentando pobremente hacer con el control del balón, pero los chicos de Herrera sabían muy qué hacer para romperle las tripas al equipo blanquillo. Tocar, combinar y ocupar los espacios que ni Insa ni Dorca eran capaces de hacer suyos. Y eso que Rico y Fernández jugaron a lo mismo que en Valladolid, pero Pedro estaba especialmente espeso y Eldin no acababa de encontrar la chispa que le hace ser un jugador diferente. Y arriba no estab Borja, sino un indolente Willian que acabaría exasperando al respetables con su dejadez e inoperancia.

   En esas estábamos cuando llegó el golazo de Jonatan Pereira, que se aprovechó de una muy mala defensa de su ataque, con todos los jugadores maños reculando esperando que el canario nos regalase un magnífico zapatazo que se coló por la escuadra. La desolación cubrió la Romareda como una sombra que buena falta nos habría hecho falta y poco a poco el enfado de la afición se hizo dueño del ánimo general.

   La segunda parte comenzó con la entrada de Jaime por Rubén, cambio necesario por la nefasta actuación del central, pero el cambio de sistema no aportó soluciones fértiles. El partido estaba muy bien gobernado por Las Palmas, que daba la sensación de no querer hacer sangre, y en seguida la grada comenzó a estar más pendiente de twiter y las radios para saber cómo iba “la Ponfe” que de lo que sucedía en el césped. O de lo que no sucedía. 

   Dorca despertó por unos minutos, pero fue insuficiente. El equipo estaba roto, se mostraba incapaz de ofrecer la más mínima sensación de peligro y los pases en la medular morían en las procelosas y muy bien organizadas aguas defensivas canarias. Ninguna claridad, ningún detalle que ilusionara. Poco a poco el partido se apagaba y en tan solo dos ocasiones llegó el equipo a la portería isleña, pero sin peligro cierto.

   Cuando se supo que el Racing perdía ya todo se hundió. Popovic no supo reaccionar. Tampoco tenía argumentos en el banquillo, es cierto, pero dio la sensación de que desde el 0-2 todo el staff técnico tenía en la cabeza más el partido de Leganés que el choque de ayer. Como único remedio tiró de Galarreta, pero nadie pensó que eso fuera una solución, sino más bien un breve remiendo a un traje ya descosido desde el minuto 17.

CALIFICACIONES

Bono: 2. Nada pudo hacer en los goles. Alguna salida produjo incertidumbre.

Fernández: 1. Rápido pero inexacto en el pase.

Mario: 2. Algunos cortes de mérito y poco más.

Rubén: o. Falló más de lo preciso.

Cabrera: 1. Falto de forma y errático en el manejo del balón.

Rico: 1. Volvió a recordarnos al defensa fallón de otras tardes.

Insa: 1. No ajustó su esfuerzo a lo que necesitaba el equipo.

Dorca: 2. Muy participativo, intentó gobernar pero estuvo irregular.

Pedro: 1. Intentó varias opciones, pero no acertó.

Eldin: 1. Débil en lo físico y poco preciso en lo técnico.

Willian: 0. Le viene grande jugar en la Romareda. No encuentra su camino.

Jaime: 1. Individualista y poco eficaz.

Galarreta: 1. No tuvo el balón y no halló soluciones.

Tato: 0. No llegó a ningún balón.

Debacle. Desastre. De pena. (UD Las Palmas, 5 – Real Zaragoza, 3)


   526789_gTodo lo malo que podía pasar ha ocurrido. O casi todo. Lo mejor es que nadie se ha lesionado ni nadie ha sido expulsado. No perdemos a ningún jugador para la próxima jornada. Y eso, que parece un asunto menor, no lo es en un equipo tan justo de efectivos y tan romo en actitud.

   Actitud. Su falta, su ausencia ha sido determinante en el desarrollo y resultado final de un partido que le ha pintado la cara a una realidad que no podemos negar. Y el detalle que retrata el bochorno que nos han hecho vivir hoy nuestros jugadores y técnicos ha sido el quinto gol recibido cuando el equipo contrario juagaba con tan solo ocho futbolistas.

   La primera parte ha sido jugada con cierta dignidad. Terminar los primeros cuarenta y cinco minutos con empate a uno ante el líder en su casa ha sido un amable espejismo que nos permitía soñar con un buen resultado, pues el juego desplegado había dejado detalles interesantes que animaban a la ilusión. Los primeros minutos el Real Zaragoza ha jugado con rapidez y buen criterio, si bien el gol de Las Palmas en el minuto 10 ha roto muy pronto el partido. La jugada ha dejado en evidencia a los centrales y Bono, que hoy debutaba, nada ha podido hacer. El equipo, a pesar de todo, no se ha deshecho y en pocos minutos ha logrado empatar después de que Lolo pusiese un buen balón a los pies de Borja para que lo sirviese a Pedro y éste marcase el uno a uno.

   A partir de ese momento el partido ha entrado en una fase bonita. Ambos equipos han optado por atacar y jugar alegre y así han podido disfrutar de varias buenas ocasiones que los porteros se han encargado de resolver. Sobre todo Casto, que ha tenido que evitar sendos goles a cargo de Jaime, muy activo y peligroso toda la primera parte.

   A los tres minutos de reanudarse el partido se ha producido la jugada clave del partido. Lolo y Araujo han disputado un balón que se iba fuera, pero cuando parecía que así era el jugador argentino de Las Palmas lo ha rescatado para asistir a Nauzet que lo ha cruzado lejos del alcance de Bono. Pero eso no ha sido lo peor: a los pocos minutos Marcelo Silva ha protagonizado un grandioso movimiento ofensivo y ha logrado el tercero. El equipo, ahí, se ha roto del todo.

   La circunstancia la ha aprovechado de nuevo Araujo para aprovechar una lastimosa defensa de un centro viendo cómo el balón se paseaba por entre las piernas de Cabrera y Lolo. La debacle era tan grande y el bochorno tan intenso que más de uno ha apagado sus televisores, estoy seguro, tal era el dolor que nos causaba la desastrosa actuación de nuestros muchachos. Porque la radiografía nos dejaba un equipo deshilachado, anárquico en ataque, inacabado en el centro del campo y flaccido en defensa. Muy pocos jugadores se salvaban hasta ese momento. Si acaso la osadía de Jaime, algunos movimientos secos en defensa de Basha y la voluntad de Pedro y Borja, pero los demás poco nos decían con su trabajo.

   Y estalló el obús. Muy poco después de que Popovic haya retirado a Borja del terreno de juego a cambio de William el árbitro ha expulsado hasta a tres jugadores canarios casi de una tacada, dejando el partido completamente triturado y a expensas de que el Real Zaragoza, con quince minutos por delante, pudiera rentabilizar su ventaja. Sin embargo no ha tenido ni talento ni rasmia para conseguirlo. Lo más cerca que ha estado ha sido con el segundo gol, logrado por William, pero en seguida ha sufrido la mayor vergüenza que un equipo pueda imaginar: con ocho jugadores Las Palmas ha marcado su quinto gol en una jugada de opereta que ha terminado con la poca sangre que nos quedaba en las venas.

   Horrible encuentro. Humillante derrota. Dolorosa afrenta la sufrida hoy no por unos jugadores indolentes y un entrenador incapaz, sino por una afición harta ya de estar harta y que ni siquiera mirando atrás y viendo de dónde venimos puede soportar semejante desastre. No hay excusas. Lo definitivamente cierto es que para resucitar a este grupo hay que hacerlo empezando por la defensa. Urge conseguir que la portería quede a cero los próximos partidos y a partir de la seguridad en la cobertura comenzar a crecer. La cosita esa de “la pegada” la dejaremos para el recuerdo. No metemos goles y nos abren las carnes cada vez que se acercan por nuestra puerta. Dicho queda. Soluciones.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 2. Ha recibido cinco goles, pero ha solucionado muy bien dos mano a mano.

Fernández: 1. Nervioso e inexacto.

Lolo: 1. Buen pase en el gol. Por lo demás, muy mal.

Cabrera: 1. Blando y perdido.

Rico: 1. Errático y deficiente.

Dorca: 1. Insulso y desértico.

Basha: 2. Luchador.

Jaime: 3. Vertical y decidido.

Galarreta: 1. Despistado y desubicado.

Borja: 2. Buen pase de gol.

Pedro: 2. Goleador y presente.

Álamo: 1. Intrascendente.

William: 3. Luchador y goleador.

Tato: S.C.

Mi crónica. Entre el espanto y el dolor (Real Zaragoza, 1 – Las Palmas, 2)


   452531_gCuando a los diez minutos de iniciado el partido el marcador señalaba un 0-2 vergonzante y espinoso nadie se acordó de nada. Ni del ayer, ni de las glorias pretéritas, ni del pasado dorado con que hace unas fechas nos regaló el alma Rafael Rojas con su libro “Magníficos. La Edad de Oro del Real Zaragoza” (Doce Robles). Nadie osó colocar el pulgar hacia abajo reclamando del César la muerte del vencido. Sencillamente porque en la tribuna no había César al que dirigirse. Diez minutos y 0-2. ¿Quién da menos?    

   Sin duda, nuestro Real Zaragoza, Siempre puede ofrecernos más miseria. Siempre puede abrir un poco más la sangrante herida que anuncia la muerte. Ninguno de los muchachos que demabulaban por el césped de la Basílica sabía qué hacer. Leo Franco rescató dos balones del fondo de la red, pero pudieron ser más; la defensa naufragó en una ciénaga de incompetencia; el centro del campo comprobó que los espacios que debían dominar eran demasiado amplios como para ser recorridos con dignidad. ¿Y la delantera? Huérfana como una patria sin patriotas.    

   Así las cosas, tan solo el fulgor de un par de arrancadas por la banda a cargo de Álamo propiciaron que la grada se levantase de sus asientos y pudiese contemplar el eléctrico gol de Montañés. No era fútbol, no del bueno, pero fue gol. En quince minutos, tres goles. En quince minutos nuestra garganta ya supo lo que era la presión de la soga y solo faltaba esperar que el verdugo le diese una patada a la banqueta. Porque lo que estaba claro es que la suerte no estaba con nosotros, como se vio con ese chut endiablado de Montañés que Barbosa desvió en acrobática estirada. El empate habría cambiado la cara del match, pero ni el Real Zaragoza lo merecía ni Las Palmas dio sensación de acobardarse ante semejante ocasión.    

   Víctor planteó un partido sin fe. Confiado a lo muy poco que tiene se le olvidó decirnos que él no puede enseñar a jugar a unos profesionales absolutamente hundidos en la depresión y el desánimo. Sin ningún jugador capaz de gobernar mínimamente el juego, el estilo directo al que se agarra el entrenador no funcionó. Enfrente había un equipo que maneja muy bien el balón, que sabe combinar y que le da a su fútbol una pausa que no sabemos combatir. Y nos hicieron añicos, con Apoño de jefe de la sala de máquinas y Valerón de Gran Maestre de la Orden del Fútbol Supremo. En nuestro bando, tan solo la electricidad de Montañés, cortocircuitada cada vez que tres canarios se le echaban encima. En la segunda parte salió Esnaider por un lesionado Álamo. De nada sirvió. Su bisoñez y la trascendencia del partido pudieron tanto con él como con Suárez, de igual modo que ni Luis García ni Barkero son capaces de ningún modo de gobernar el desgobierno. A ello sumamos la falta de calidad y de moral del resto de los jugadores, con lo que el desarrollo del partido tenía un cruel guión escrito de antemano. Hubo, eso sí, unos minutos de empuje, que coincidieron con el minuto 60 y siguientes, pero ni el equipo de Víctor tiene veneno en sus botas ni al equipo de Lobera le temblaron las piernas. Un par de ¡uys! y muy poco más.    

   El partido se fue desinflando y Víctor salió por Arzo, lento e incapaz de dar lo que se le pide. No Víctor Muñoz, que aun habría sido una solución, pues en esa posición llegó a ser internacional en 60 ocasiones, sino Víctor Rodríguez, a quien el primero le hizo jugar de mediocentro. No funcionó. Después, el entrenador aragonés acabó por reformar por completo el centro del campo con la salida de Acevedo por Barkero, inocuo y fútil. Tampoco funcionó. En realidad, nada fue como debía ser. Y así, el desastre se completó. La derrota se cerró en el minuto 10, por lo que todo lo que ocurrió después fue pura iniquidad sufrida por la afición que, inerme y muerta después de mil muertes, abandonó la Basílica desolada y aterrorizada con la idea de un descenso a 2ª B. Que es una posibilidad cierta. Que es una certeza que hay que contemplar como posible.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 1. Recibió dos goles ante los que nada hizo.

Fernández: 1. Atropellado e inexacto.

Álvaro: 1. Dispuesto al combate, pero sin armas.

Laguardia: 1. Quiso querer, pero no aportó soluciones.

Rico: 1. Le caen todas y sus nervios lo acusan.

Arzo: 1. Llega tarde y mal a todos los balones y no controla el juego.

Barkero: 1. No sabe qué tiene que hacer. Y no hace nada bien.

Álamo: 2. Por su banda llegó el gol y varios balones valientes.

Luis García: 1. No tiene físico para el trabajo que se le pide.

Montañés: 2. Eléctrico y atrevido, pero muy solo. Marcó el gol.

Suárez: 1. Solo, aislado. No se le vio a gusto.

Esnaider: 1. Muy voluntarioso, pero inocente y estéril.

Víctor: 1. No supo qué hacer con el balón en los pies.

Acevedo; S.C.

Mi crónica. Las Palmas, 0 – Real Zaragoza, 1 (Creer que creemos)


angeloDespués de cuarenta y cinco minutos doblados por la mitad, a medio camino entre el temblor y la incertidumbre, reconozco que al poco de comenzar la segunda parte sentí estupefacción por el gol logrado por Roger. Todo en muy poco tiempo. Claro, que la primera mitad no había dado para otra expectativa que no fuera el temor a una nueva derrota, tal había sido el juego desarrollado hasta entonces.

El estadio insular contempló durante la primera parte un choque con mucha movilidad, presión adelantada de los aragoneses y desparpajo de los canarios para encarar la puerta de Leo Franco. Generaban situaciones de gol que no acababan de finalizar, pues no cuentan con rematadores de fuste, pero resultaba preocupante que se viviesen momentos de indefinición defensiva ante un equipo que no perdía de vista nuestra portería. El equipo de Herrera (¿vete ya?) sostenía el pulso defensivo gracias a que Tarsi se acomodó en su espacio con firmeza y a que Laguardia, en su mejor partido como zaragocista, se mostró contundente y tranquilo en el corte. Además, Leo Franco volvió a mostrarse como un portero resolutivo y necesario.

Los minutos pasaban y en medio de un paisaje agitado apareció alegre y vital Javi Álamo, que aportó velocidad y regate en el ataque zaragocista. Esa circunstancia provocó dos efectos: fijó la banda izquierda canaria y sirvió varios balones desde la línea de fondo a Ángelo y Roger. Es cierto que no acertaron en la culminación, pero ahí se dibujaba un nuevo lienzo en el equipo. Era algo fresco, distinto. Con esos argumentos, y evitando errores técnicos y tácticos en otro momento comunes, se mantuvo la puerta a cero, lo cual era muy importante. Pero había dos detalles preocupantes: por una parte, Valerón jugaba magistralmente, sirviendo balones de oro a sus ineficaces compañeros; por otra, Barkero mostraba una indolencia y una esterilidad creativa escandalosa. Ambos detalles debían ser tenidos en cuenta.

En la segunda parte el equipo se mantuvo estable, que es mucho. Javi Álamo aguantó el tipo quince minutos más, hasta que entró Cidoncha. El madrileño, apagado, enmohecido, asustado, aminorado en sus prestaciones futbolísticas desde que llegó, era el jugador elegido por Herrera (¿vete ya?) para equilibrar el centro del campo. Y funcionó. En una actuacion intensa y prometedora el atlético/blanquillo supo aportar lo que el equipo necesitaba en ese momento. Es cierto que el gol no vino por su trabajo, pues se logró a los dos minutos de su incorporación gracias a un extraordinario centro de Rico y un exacto remate de Roger, pero sí hay que apuntar en su haber que se vació, que ayudó a recomponer el dibujo y que los balones que tocó los gobernó con solvencia. Además, la salida de Víctor por Roger terminó por completar una actuación sobria y consistente muy necesaria en estos momentos.

Las ocasiones de gol de Las Palmas, que existieron, tuvieron nombre propio. El de Carlos Aranda, quien se atrevió a molestar a su excompañero Leo Franco en un par de chuts con intención que el argentino, siempre atento, siempre eficaz, desbarató. Sin embargo, aunque pudiera parecer lo contrario, el partido lo gestionó muy bien el Real Zaragoza, escarmentado y con la lección muy bien aprendida de otras veces. Y que aún pudo aumentar su diferencia si el nefasto señor De Burgos Bengoechea, aquel árbitro que no vio la mano del jugador del Mirandés, hubiese pitado ayer un claro derribo de Víctor en el área isleña.

En definitiva, victoria de metal, triunfo arrancado a base de carácter, solidez mental y espíritu de sacrificio. Victoria necesaria y muy beneficiosa para el alma zaragocista, que vislumbra un camino, pedregoso, pero camino al fin por el que transitar y conseguir regresar a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 4. Seguridad, sabiduría, sensatez.

Cortés: 2. Corrección, conexión, cuerpo.

Álvaro: 2. Deseo, disuasión, disciplina.

Laguardia: 3. Fortaleza, firmeza, furia.

Rico: 3. Audacia, ánimo, acierto.

Tarsi: 3. Gobierno, gallardía, guía.

Movilla: 3. Autoridad, alma, abundancia.

Álamo: 3. Velocidad, voluntad, vigor.

Ángelo: 2. Querer, querer, querer.

Roger: 3. Gol, gol, gol.

Cidoncha: 3. Empeño, energía, entusiasmo.

Víctor: 2. Electricidad, estilete, escasez.

José Mari: S.C.