Otro viaje vacío (CD Tenerife, 1 – Real zaragoza, 0)


¿Sabe el zaragocismo a qué sabe la victoria? ¿Conoce esta maltrecha afición lo que significa vencer y convencer? ¿Recuerda la hinchada del león a qué sabe derrotar a la derrota? Probablemente las tres preguntas merecen una misma y única respuesta: no. Porque después de escuchar el pitido final del inepto árbitro que dirimió el lance entre el CD Tenerife y el Real Zaragoza se activaron miles opiniones que trataban de explicar dónde estamos y por qué y, más difícil, a dónde vamos y cómo.

El equipo de Natxo González estrenó la nueva temporada con una derrota por la mínima en un campo complicado y ante un equipo mucho más hecho que, no lo olvidemos, hace unas semanas peleó hasta el final por el ascenso. Un partido que acabó cuando el equipo contrario nos hizo un gol tras un saque de esquina y que no supo contrarrestar el equipo aragonés con la debida contundencia y sabiduría, seguramente porque está muy crudo. Por fuera y por dentro.

   El choque comenzó con un arranque enérgico y atrevido de los chicos de Natxo. Fueron 15 minutos vivos, ágiles y voluntariosos en los que se recuperaba el balón y se propiciaban situaciones de aproximación que Borja Iglesias trató de convertir por dos veces gracias a su movilidad y deseo inagotable de gol. Si la línea medular conseguía tapar las líneas de pase de los canarios y los habilidosos media puntas controlaban el balón podía decirse que había cierto aroma a fútbol. Tanto Eguaras como Zapater, nueva pareja en la sala de máquinas, conseguían ocupar bien los espacios y el balón circulaba con nitidez gracias a la movilidad de Pombo y Febas.

   Era un buen plan y se ejecutó con cierta solvencia al comienzo. Sin embargo, para sostener esa idea hacen falta dos cosas que ahora mismo aún no tiene el equipo: una forma física envidiable y una precisión táctica de primer nivel. Por eso, en cuanto el Tenerife propuso un partido rápido y exigente en lo físico el Real Zaragoza sucumbió. Es lo que tiene ser noveles, desconocidos y poco maduros. Las bandas empezaron a sufrir, sobre todo la izquierda, donde la ausencia de Ángel se notó muchísimo. Benito, su amigo y sustituto, pasó varios malos tragos y los balones llegaban al área limpios y francos. A este hecho sumamos la impericia y fragilidad espacial de Grippo y, sobre todo, Valentín.

   Dos jugadas al filo del descanso pudieron haber cambiado el signo del encuentro. Una escapada del joven Brian Martin que le permitió quedarse solo ante Ratón estuvo a punto de significar el 1-0, pero el portero gallego solucionó muy bien el mano a mano. Dos minutos después, el otro gallego del equipo, Borja Iglesias, pugnó un difícil balón en el área pequeña y sufrió un derribo que a todas luces era penalti. No lo pitó Arcediano Monescillo y ahí se apagó la luz de la primera parte.

   Los zaragocistas sostuvieron el empate a cero y llegaron al descanso con la cara limpia aunque sin maquillaje. Nacho debió pensar que esa situación, si se mantenía, podía llevar el partido a un territorio peligroso. Arriba Pombo y Buff no parecían a gusto en sus respectivas posiciones y aportaban muy poco a la creación en ataque y Borja Iglesias, muy atento a todo lo que llegaba a sus pies, no podía con los dos centrales tinerfeños.   

La segunda parte complicó aún más el panorama. El Real Zaragoza mantuvo un perfil muy bajo y muy poco tardó el Tenerife en lograr su gol. Fue, claro está, a balón parado. A la salida de un corner, en esta ocasión. Nada más fácil que rematarle a este equipo cuando cuelga un balón el equipo contrario. Es un mal que hay solucionar y para ello hay que añadirle calidad a esas jugadas. El gol fue un jarro de agua fría y el mister se vio obligado a tomar algunas decisiones. La primera fue sustituir a un alicaído Pombo por Oyarzun, buscando seguramente velocidad y profundidad en la banda. El juego se reactivó un tanto y así se produjo la mejor ocasión de gol de esta segunda mitad. Un balón conducido por el propio Oyarzun por su banda acabó en las botas de Buff tras control de Borja, pero el chut del suizo fue detenido por Dani Hernández. Parecía que el Zaragoza se despertaba y para confirmar esa idea Natxo echó mano de Ros primero y Toquero después.  

   Era un apuesta ofensiva, pues uno de los sustiuidos fue Delmás, que tuvo un buen debut, pero las prisas son malas consejeras y muy pocas cosas bien se hicieron de ahí hasta el final. El Tenerife guardó bien sus espaldas y construyó una tupida red que en ningún momento consiguió romper el Zaragoza. Solo a falta de 4 minutos para el final Toquero jugó un balón por la banda izquierda pero el remate de Ros acabó lejos del marco local. Ni un solo argumento para pensar en el empate.

   Primera derrota, pues, en una liga que empieza con muchas dudas como equipo, carencias evidentes en defensa, problemas en la construcción y sequía en la definición. El tiempo, como casi siempre, no es el mejor amigo del Real Zaragoza. Veremos.

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Combina buenas acciones con alguna indecisión.

Delmás: 3. Partido serio, sobrio y fiable.

Valentín: 1. Sus despistes e incorrecciones posicionales son un lastre.

Grippo: 2. Actuación discreta, sin grandes errores pero no soluciona problemas.

Benito: 2. Tuvo enormes problemas con Suso, no se entendió en ataque.

Zapater:3. Trabajador y esforzado tuvo que cubrir en demasiadas ocasiones a Eguaras.

Eguaras: 2. Estuvo irregular, combinando buenas acciones con decisiones equivocadas.

Pombo: 2. Individualista y un tanto desubicado. Poco productivo.

Febas: 3. Tiene mucha clase y aportó creación y juego.

Buff: 1. No se encontró a gusto en la banda izquierda. Tuvo una buena ocasión.

Borja Iglesias: 3. Luchó contra todo y contra todos. Tuvo sus opciones y le hicieron un penalti que no pitaron.

Alain: 2. Veloz y atrevido, aportó opciones novedosas.

Ros: 1. Poco presente y escasamente participativo.

Toquero: 2. Su presencia le otorga al equipo alternativas y soluciones.

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Al final de este viaje (Real Zaragoza, 1 – CD Tenerife, 2)


   Se acabó. Cayó el telón de miseria de una obra putrefacta en la que los actores han estado a la altura de una historia muy mal escrita por sus autores. Ayer se presentó el último auto y los espectadores, hastiados y vacíos de emoción, apenas tuvimos fuerzas para protestar por el engaño vivido.

   Jugaba el Real Zaragoza su último partido ante un Tenerife orgulloso y feliz porque en unos días va a optar a un ascenso a Primera que nosotros ahora mismo vivimos como un sueño imposible. Para ello César Láinez dibujó en equipo en el que jugaron algunos jugadores que el año que viene pueden ser importantes y tuvo que recurrir a otros poco valiosos en el presente y en el futuro pero necesarios ayer para completar una alineación. Con esa idea le plantó cara al equipo canario, ese que tanto añoran Valentín y Ángel, si bien con poca convicción pues el grupo contaba con muchas novedades y poca conjunción. Lógico, pues, que el partido discurriese según el guión forastero.

   Lasure y Pombo circularon bien por el lateral izquierdo y Cani se encontraba a gusto por detrás de Raí, muy activo toda la tarde aunque todavía muy poco exacto en sus acciones. Edu García recorría la banda derecha y guardando las espaldas el inconmensurable Zapater, que jugaría un buen partido para cerrar una temporada ejemplar. Atrás, Valentín y José Enrique sufrían las acometidas de Lozano, muy bien acompañado por Cristo y Omar.

   Este se plantó un par de veces ante Saja sin resultado favorable y Cani se sacó un gran chut de los bolsillos del lujo que despejó bien Falcón. Todo esto antes de que Omar detectase que Saja estaba adelantado. Su decisión fue lanzar un chut desde el propio campo que acabó en las redes zaragocistas después de golpear el larguero y rebotar en el cuerpo del sorprendido portero argentino. Un gran disparo, sin duda, pero también un gol de mala suerte, esa que siempre acompaña a los débiles, a los pobres, a los incautos. A nosotros.

   La Basílica asistía entre abúlica y estupefacta a un partido que no era sino un reflejo opaco de una temporada triste y dolorosa. Estoy seguro que solo los gestos de los jóvenes zaragocistas despertaban algo de ilusión en la afición, que en esos momentos mostró su enfado con algunos cánticos de ciertos sectores de la grada y una irónica ola que recorrió el estadio varias veces.

   La segunda parte mostró a un Real Zaragoza un tanto más peligroso. Cani le mostró al mundo una vez más que es un grandísimo jugador con un gesto técnico que mareó a Edu Oriol para servirle a Raí un balón que acabó en el poste. Había más movilidad en ataque y el balón circulaba con algo de más de vida, pero un corner rematado de cabeza por Carlos Ruiz significó la puntilla. Un 0-2 que indicaba perfectamente la distancia entre ambos equipos, así que Láinez movió el banquillo para invitar a Guti a participar por primera vez on el primer equipo. También Samaras saltó al campo en medio de una pitada que él se encargaría de amortiguar con su esfuerzo y us tesón el rato que estuvo en el césped.

   El Zaragoza ganó en posesión y circulación y protagonizó hasta tres ocasiones de gol en las botas de Raí y Ros y en la cabeza de Edu García. Fueron acciones que animaron un poco la tarde, a lo que contribuyó también Saja con un par de buenas actuaciones que provocaron el aplauso de los aficionados. Buen prólogo al gol del Zaragoza. La jugada llegó por la banda de Isaac que, tras recorte, cedió a Guti para que este rematase inapelablemente logrando un buen gol.

   Fue una breve y delgada alegría que no se vio completada con un empate que habría amortiguado algo la tristeza y el vacío en que vive sumido el zaragocismo. Un final famélico que nos deja a merced de un oleaje despiadado que no sabemos cuándo cesará. Hoy solo esperamos que mueran las nubes y el sol regrese.

CALIFICACIONES

Saja: 3. Ayer jugó su último partido como profesional. Sacó dos balones de gol. Suerte, Sebastián.

Isaac: 2. Corrió la banda con intención y dio un pase de gol. En defensa, frágil. 

Valentín: 1. Indeciso e impreciso.

José Enrique: 1. Fiel a sí mismo, cerró el libro de los riesgos innecesarios.

Lasure: 3. Buen manejo de balón, rápido y atento.

Zapater: 4. Buen partido. Estuvo donde se le necesitó y lo dio todo, como siempre.

Ros: 1. No encontró casi nunca la decisión más apropiada.

Edu García: 2. Estuvo participativo pero le faltó verticalidad. Remató con peligro. 

Cani: 4. Tuvo cien detalles de calidad y encontró el camino a la excelencia. Quédate.

Pombo: 3. Se asoció muy bien con Lasure y encontró siempre opciones de juego. Se le nota crecido.

Raí: 2. Eléctrico, ágil y rápido. Su sitio es otro, pero lo intentó.

Samaras: 2. Luchó y trabajó con denuedo. Desequilibró a la defensa.

Guti: 3. Su breve presencia anunció a un jugador de gran recorrido. Goleó.

Senderos de penuria (CD Tenerife, 1 – Real Zaragoza, 0)


casadoTocan a muerto. No hay nadie en la aldea, pues los pocos habitantes que quedan, los que aún no han emigrado a otras ciudades donde los poderosos les dan cobijo y les prometen un mejor futuro, han iniciado en silencio la comitiva hacia el camposanto. Allí darán sepultura al cuarto proyecto que ayer exhaló su último suspiro tras una dolorosa agonía.

   “El Real Zaragoza ha perdido el aura, pero para mí sigue siendo más que un club”. Estas palabras nos las regaló Narcis Juliá en 2015 y entonces nos pareció que quien las decía era un zaragocista cabal que ama al equipo de nuestras vidas. Hoy comprobamos que no es suficiente con volcar todo nuestro amor hacia una institución como el Zaragoza, sino que es necesario acertar en el análisis de la realidad para desarrollar un proyecto y lograr el éxito. Y eso, es evidente, no ha sucedido. La última prueba de lo dicho, si cabía alguna duda, la tuvimos en la tarde de ayer. El partido que disputó el equipo aragonés ante el Tenerife fue una demostración de que el club, la directiva, el cuerpo técnico y los jugadores no disponen de los argumentos precisos para llevar a buen puerto esta nave.

   Agné, tras el fracaso ante el Girona, decidió hasta seis cambios en la alineación. Algunos obligado por las tarjetas o la salud y otros, por cuestiones técnicas o tácticas. Una mini revolución de esas que llevan a cabo los entrenadores y que suelen ser la antesala de las malas noticias. Casi nunca salen bien y ayer no fue una excepción. La inclusión de Valentín en lugar de Ros para darle más fortaleza al centro del campo y la presencia de Dongou en lugar de Cani fueron sus opciones más significativas, además de Ratón por un enfermo Irureta. La propuesta defensiva debía dotar al grupo de más consistencia, pero en seguida se vio que los jugadores no sabían hacer lo que se les pedía. El Tenerife hizo muy ancho el campo y sin proponer nada especial conseguían merodear por el área de Ratón con gran facilidad. Afortunadamente tampoco el equipo local estuvo la primera parte muy acertado, si bien se quedó el balón hasta alcanzar un 70 % de posesión.

   El equipo zaragocista estuvo mortecino, torpón, oscurecido y ausente. No había guía, ni ideas, ni lucha ni solidaridad. Ni, desde luego, medio gramo de fútbol. Eso ya se ha olvidado. La idea de Agné de crecer desde el balón se ha perdido por el camino y ahora ya solo cuenta descubrirse el pecho, construir alineaciones dispares a ver si suena la flauta y diseñar discursos diagonales que expliquen lo que solo tiene una respuesta: este grupo no está para competir.

   Y eso se vio todavía más claro en la segunda parte. A los pocos minutos un corner a favor se convirtió en un contraataque de esos que el Zaragoza no hace nunca y que no acabó en gol porque el chut final fue al larguero. Pero eso ya fue una señal de lo que iba a ser el resto del partido. Una continua percusión de los atacantes tinerfeños y una pusilánime y muy mal desarrollada defensa de los intereses aragoneses. El gol se masticó a lo largo de treinta minutos, con un segundo larguero incluido, y con ninguna solución a los muchos problemas que mostraba el Zaragoza. Edu por un deshilachado Xumetra y Lanza por un incompetente Dongou fueron los cambios para que nada cambiara. Tan solo una meritoria galopada de Edu García que acabó con un chut largo y desviado. Esa fue la única aportación ofensiva de cierto valor, además de otro disparo lejano de Casado. Nada más.

   Por eso, cuando llegó el gol del Tenerife la noche se hizo aún más noche. Un corner, otro corner. Una mala defensa de Cabrera, otra mala defensa de Cabrera. Un gol a falta de muy poco para el final, otro gol a falta de muy poco para el final. Y en él estamos. En el final de una idea, de un concepto. En el final de un mensaje que ya debemos despreciar. En el final de un objetivo que ya no es tal. Este club ha equivocado el proyecto, seguramente devorado por la urgencia de una situación económica terrorífica que, sin embargo, está sabiendo gestionar muy bien. Sin embargo este es el momento en que el zaragocismo tiene que comenzar a redireccionar el rumbo, pues con estas velas, estos remeros y este oleaje lo más probable es que en lugar de Ítaca nuestro destino sea el Hades.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Correcto. No da puntos, pero tampoco los quita.

Isaac: 0. De nuevo sufrió en defensa y no encontró soluciones en ataque.

Silva: 3. Seguro, sereno y maduro.

Cabrera: 1. Sus errores son de tal calibre que nos penalizan mucho.

Casado: 0. No hay sitio para él en un equipo de futuro.

Zapater: 1. Desbordado, desorientado y triste.

Valentín: 2. Seguro en el corte y limitado en la salida.

Xumetra: 0: No estuvo acertado en ninguna acción.

Dongou: 0. Aislado, insustancial y prescindible.

Ángel: 1. Corrió, corrió, corrió.

Xisco: 2. Fue el único atacante que controló el balón y circuló con él.

Edu García: 2. El rato que estuvo en el partido aportó cierto sentido y conducción.

Lanzarote: 1. A mí me aseguró que este año estaban mejor. No aporta.

Morán: 0. Los cinco pases que dio no añadieron nada al equipo.

Punto aislado (CD Tenerife, 0 – Real Zaragoza, 0)


   1097109_1Jugar en las islas Canarias es una experiencia que nos proporciona sentimientos encontrados. Por una parte, en Tenerife resucitó aquel Zaragoza de Gay que recibió el oxígeno de los Suazo, Colunga y Contini, pero por otra en Las Palmas murió el inesperado sueño que vivimos en junio de 2015 y del que nos está costando despertar. El partido de ayer fue una prueba más de que nos queda mucho pero, al mismo tiempo, nos queda menos. Concretamente un punto menos, del que Carreras habla bien porque, dice, nos mantiene ahí arriba. Y así es, aunque sea a costa de percibir cierto agotamiento en el equipo, que no acaba de sostener los partidos con la autoridad que se le supone por su clasificación.

  La mañana ha acogido un choque en el que ha habido un equipo, el chicharrero, que ha manejado muy bien los tiempos, ha gobernado el balón con criterio y ha sofocado a su contrario con una buena idea futbolística. Afortunadamente para el equipo aragonés, el Tenerife no tiene gol y si lo tiene se han encontrado con Guitián y Rico, que se han bastado para negar esa posibilidad. Donde sí han encontrado una mina ha sido en los costados, donde Campins y Abraham han sufrido un terrorífico acoso, preferentemente en las botas de Suso Saúl.

   Pero el mayor problema lo ha vivido el Zaragoza en el centro del campo. Además de sufrir el buen partido de Javi Lara, Morán no ha podido ofrecer su capacidad para salir con el  balón, ahogado por la presión del contrario, y Ros ha tenido que hacer una tarea muy ingrata al no contar con la colaboración de un estéril Culio. Además, ni Pedro ni Hinestroza han cumplido defensivamente con Campins y Abraham, un detalle este que explica muchas cosas.

   El Real Zaragoza solo ha aparecido durante diez minutos en la primera parte, pero ha sido un breve destello rápidamente apagado por la mejor propuesta de los isleños. Carreras, en el descanso, ha tratado de reorganizar a sus jugadores, pero los primeros minutos han mostrado un reflejo de lo vivido en la primera. Javi Lara y Germán seguían haciendo suyo el campo, el balón y hasta la respiración de los hoy rojillos, en una buena demostración de gestión del juego, sobre todo cuando enfrente tienes a un equipo desarbolado y abúlico del que solo se han salvado los mencionados Gutián y Rico.

   Sumar siempre suena bien y mejor habría sido si Pedro llega a acertar en un chut en el minuto 55 que no ha entrado por poco. Ha sido, sin duda, la mejor ocasión zaragocista del partido, fruto no de un trabajo consistente sino de la calidad individual. Eso, sin embargo, no ha impedido que los de Martí siguieran a lo suyo, acorralando a un Zaragoza que ha podido soportar la presión gracias a la buena disposición defensiva. Y en una de esas el Tenerife ha podido golear a la salida de un corner, pero Abraham ha sacado el remate en la línea de gol, dándole así al equipo un punto que ha sabido a muchísimo en medio de la escasez de juego.

   Resultado muy positivo habida cuenta de lo poco que ha puesto sobre el césped el grupo de Carreras. Falta gol porque falta combinación. Falta combinación porque Morán y Culio hoy han ofrecido muy poco y las bandas han recibido dolorosas oleadas del contrario que conviene amortiguar con un mayor compromiso por parte de algunos jugadores. Pero resultado positivo, decíamos. Sobre todo si recogemos el grano de los partidos de los adversarios, que nos han hecho el favor de no cumplir con sus obligaciones. Hoy el Real Zaragoza mantiene el rumbo en esta espinosa travesía en que se ha convertido recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Correcto trabajo.

Campins: 2. A veces frágil y vulnerable, pero no pierde la cara.

Gutián: 4. Magnífica disposición y admirable comportamiento.

Rico: 4. El mejor. Ha firmado un gran partido, tanto en defensa como en la salida de balón.

Abraham: 2. Ha recibido por su flanco todo el peligro ofensivo. Ha salvado un gol.

Morán: 1. Pasivo y poco acertado. Físicamente disminuido.

Culio: 0. Inoperante y fallón.

Javi Ros: 3. Ha cubierto muchos huecos en el centro del campo. Muy solo en su tarea.

Pedro: 1. Ofrece fogonazos, pero no está en forma.

Hinestroza: 1. Irregular, individualista y torpe cuando toma decisiones colectivas.

Ángel: 2. Muy solo. A veces desubicado. Luchador.

Sergio Gil: 1. Ha participado muy poco.

Dongou: 1. Una actuación sin sustancia.

Dorca: S.C.

No hace falta el fútbol (Real Zaragoza, 2 – CD Tenerife, 0)


   568419_gEl universo futbolístico (o futbolero) está orgulloso de su capacidad para emplear palabras que incorpora a su discurso dotándolas de nuevos significados. Es el caso de “partido trabado” para describir el horrible espectáculo que ayer nos regalaron Real Zaragoza y CD Tenerife sin que nosotros, sufrida afición blanquilla, hubiese cometido ninguna falta grave merecedora de semejante dislate. Un partido que nadie recordará por su belleza o anchura deportiva, sino porque supuso que el equipo aragonés sumase tres puntos que le permiten “auparse” (otro vocablo muy del mundillo que, además, no existe) a “los puestos nobles de la tabla”. O sea.

   Popovic, notablemente aliviado por la eliminación de la Copa en nuestra opinión, estiró la convocatoria y planteó una alineación de la que “se cayó” Dorca en beneficio de Wilk, pero manteniendo el dibujo y el concepto manejado en las últimas jornadas. Volvió Vallejo y Diamanka jugó a pesar de sus problemas físicos y con semejantes guerreros se avino a la batalla. El encuentro fue un derroche de despropósitos de principio a fin. con las líneas menos coordinadas que en Albacete, el equipo en seguida descubrió que era tarde de detalles, de evitar un gol y encomendarse al balón parado o la jugada de fortuna para aspirar al triunfo.

   Los minutos pasaban tediosos mientras veíamos que Morán no se hacía con el gobierno y ni Wilk, insustancial, ni Diamanka, disminuido por el golpe que le ha marcado sus últimos días le acompañaban con la eficacia de Albacete. Eran dos detalles que obligaban a una circulación de balón caótica que ninguno de los dos equipos lograban gobernar. Los porteros vivían el juego de lejos las áreas no recibían el peso de las botas de los chicos porque estos se empeñaban en trabajar a destajo alrededor del enorme círculo que corona el terreno de juego.

   El choque se debatía tratando de deshacer el enorme nudo que lo maniataba, algo que solo ocurriría cuando Diamanka, en el primer balón sensato que jugó, sirvió un pase a Ortuño, que cayó en el área tras ser arrollado. El árbitro señaló el penalty ante las justas protestas visitantes y el propio delantero lo transformó en el primer gol. No era ni más menos justo que el empate que hasta ese momento se daba, pero sirvió para que la grada respirase y templar un poco los nervios. A partir de ahí y hasta el descanso, muy poquita cosa que comentar. Si acaso que los locales mantuvieron al Tenerife alejado del área propia y evitaron que Bono tuviese que esforzarse lo más mínimo.

La segunda parte comenzó con el equipo isleño decidido a encontrar el empate. Se quedó el balón y se inventó un plan para lograrlo. Buscó las entre líneas, trató de elaborar combinaciones rápidas y agitar las bandas buscando el centro salvador. Sin embargo, no logró el éxito. Los de Popovic se dedicaron a achicar balones y buscar el contragolpe que les permitiese matar el partido, pero ni Jorge Díaz ni Hinestroza tenían la tarde de cara. Esa fue la razón por la que Abraham y Ángel saltaron al campo, con la sana intención de controlar los tiempos y procurar una mejor salida del balón en busca de una jugada mortífera. El atacante canario estuvo más dispuesto al juego, pero en la mejor ocasión de gol de que dispuso el equipo, además de un formidable disparo lejano de Diamanka que rebotó en la escuadra de Dani Hernández, el habilidoso delantero no encontró la meta deseada.

   El Tenerife se acercó con ganas a la meta de Bono, pero este no sufrió ninguna ocasión seria, excepto un remate de cabeza de Ruiz que se fue fuera. Por contra, en ekl minuto 30 salió al terreno de juego Sergio Gil en medio de una bonita ovación. Merecida, después de su partido del jueves. Y ayer tampoco defraudó. Sin estar a la altura de la Copa, el eqiuipo ganó en circulación, velocidad y agitación y eso permitió que, a falta de un minuto, Ángel se escapase con el balón y fuese derribado por el portero tinerfeño, lo que significó el penalty y gol que le redimen ante el gol.

   Se ganó sin jugar bien. Es más: se ganó sin jugar. Pero se ganó. Es, tiraremos de topicazo, uno de esos partidos de alambre y óxido que los equipos que quieren ascender tienen que ganar y que sirven para aferrarse a una idea de recoger victorias donde no queda ni medio gramo de fútbol. Es una forma de recorrer el camino que nos tiene que devolver a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 2. Poco trabajo y correctamente resuelto.

Isaac: 2. Rápido en la conducción y con alguna laguna táctica.

Cabrera: 3. Bien por alto y contundente en el choque.

Vallejo: 3. Poderoso en el en corte y atrevido en la conducción. Perdió algunos balones.

Rico: 3. Muy luchador y comprometido en cada jugada.

Morán: 3. Algo dubitativo, ya es esencial en el grupo.

Diamanka: 3. Limitado físicamente, su pase a Ortuño en el penalty y el chut a la escuadra, lo mejor del partido.

Wilk: 2. Menos presente que otras veces, creó algunos vacíos.

Jorge Díaz: 2. Puso velocidad, pero estuvo inexacto.

Hinestroza: 2. No aprovechó su velocidad, recibiendo demasiado de espaldas.

Ortuño: 3. Guerrero en la disputa y presente siempre en la porfía. Goleador.

Abraham: 2. Su posición adelantada no aportó fluidez en el ataque.

Ángel: 3. Rápido e incordiante, tuvo su ocasión y forzó un penalty. Goleador.

Sergio Gil: 3. En quince minutos activó la circulación del equipo.

Cemento en las venas (CD Tenerife, 1 – Real Zaragoza, 1)


vallejoLa crónica de un partido debería transmitir emoción y pasión a partes iguales. Tendría que proporcionar al lector una visión amplificada del espectáculo que los jugadores y los técnicos han elaborado para que las aficiones disfruten de lo que un match futbolístico nos ofrece. Sin embargo, esta crónica no está en disposición de presentar ni media línea en la que poder expresar la nada que ayer vivimos en Tenerife. Empate a uno; empate a desidia.

Salió Popovic con un once que apuntaba maneras pero que al final solo mostró vacío. Bien es cierto que la portería cumplió con dignidad, excepción hecha del gol encajado. Bien se verdad que la defensa se ajustó en gran medida a su labor, excepción hecha del sufrimiento que padece y transmite Rico. Podemos aceptar que en algún momento los chicos de la vanguardia quisieron acercarse a la portería de Hernández con ambición. Pero lo que es de todo punto inaceptable es la fragilidad de un centro del campo que ayer se disolvió en un campo fácil al que convirtieron en el estadio olímpico de Munich y ante un equipo sencillo,el Tenerife, al que transformaron en el Bayern de Guardiola.

El partido fue un decrépito ejemplo de lo que un equipo bloqueado mental y físicamente puede hacer. O no hacer. Desde el primer momento la falta de energía y voluntad de los chicos avispa nos dio a entender que difícilmente íbamos a volver a casa con un resultado positivo. Basha y Dorca no llegaban a ningún balón, perdían la posición con suma facilidad y los balones que se aproximaban a sus pies salían rebotados con metálica celeridad, como si renunciasen a ser jugados por futbolistas indignos a su esencia. Atrás Rico no encontraba su sitio y los otros tres defensas apuraban como podían los pases diagonales de Cristo y Suso. Un dolor.

Poco antes del minuto quince el Tenerife se plantó ante Alcolea, que realizó una milagrosa parada con la cara evitando así el primer gol. Fue insuficiente. En el saque de cçorner posterior se bebió el balón, que acabó en la red débilmente empujado por Maxi. Gol casi olímpico de difícil justificación. Había que volver a empezar de nuevo, si es que en algún momento se había comenzado. El Real Zaragoza solo contaba con la alocada movilidad de Jaime y la fortaleza de Willian, que se afanaba por sujetar algún balón que poder suministrar a Borja, algo que no ocurrió. Mientras, Pedro intentaba mil cosas, pero no le salía ninguna.

Con un centro deshilachado y ninguna pólvora arriba solo una jugada de estrategia nos podía aportar gol, pero no llegaba. La única ocasión llegó a través de una aproximación por la izquierda de Rico con centro de Jaime que Borja remató al lateral de al red, pero fue solo eso: la única ocasión. Nada más.

La segunda parte comenzó igual, con el Tenerife tensionado y dispuesto a rematar la faena y el Real Zaragoza atenazado y fútil. El equipo se siente poco importante, no cree en nada y los cuerpos de los chicos dan muestras de inmovilidad, no sé si sus mentes también. En cualquier caso, como el fútbol es un deporte injusto e ilógico, en una jugada aparentemente insustanciual un balón mal golpeado por Dorca llegó a Vallejo, que pasaba por allí, para que el joven capitán lo empujase a la red. Seguramente en posición ilegal, pero como estanmos tan huecos y tan escasos en todo no vamos a poner más acento en este párrafo incompleto. Empate y gracias.

El resto del período discurrió por caminos escorzados e irregulares. Un correcalles en el que la gran duda era cuándo iba a sacar a Insa al campo. En lugar de Basha, interpretamos todos. Bueno, todos excepto Popo, que tiró del alicantino, sí, pero en lugar de Jaime. Sorpresa e incomprensión para afrontar un tramo final que se complicó cuando Mario vio su segunda amarilla y se fue a la ducha. Lo que le faltaba al partido y a nuestro equipo, que se vio obligado a cerrar filas para, al menos, sujetar el empate que ahora se presentaba como el mejor resultado posible.

    La defensa del punto se convirtió en el único argumento expuesto, solo alterado por una superficial ocasión de gol que Tato no supo transformar casi al final del partido. Habría sido demasiado premio para un trabajo mal hecho, deficientemente interpretado y peor ejecutado. Punto milagroso que sirve para seguir igual pero que no alumbra este túnel estrecho y oscuro en el que se ha instalado el equipo. O el entrenador encuentra la fórmula para desatascar la mente de sus jugadores, y por ende mejora su rendimiento físico, o el grupo se caerá.

Foto: Marca

CALIFICACIONES

Alcolea: 3. Trabajo correcto con el lunar del gol que vino precedido por un balonazo en la cara.

Vallejo: 4. Gran partido del joven capitán, claro heredero del gran Violeta.

Mario: 2. Fajador pero fallón.

Cabrera: 2. Varios agujeros en medio de su habitual tesón y lucha.

Rico: 1. Pierde muchos balones y su espalda es un barranco. Decide mal.

Dorca: 1. Vacío de contenido y hueco en su continente.

Basha: 1. Lento, inexacto y falto de pulmón.

Jaime: 2. Acelerado y exagerado en sus acciones.

Pedro: 2. Lo intenta todo pero lo necesitamos clarividente y sereno.

Willian: 3. Gran trabajo sujetando balones y marcando tiempos.

Borja: 3. Luchador y voluntarioso.

Insa: 4. Su salida fue un rayo de sol en medio de la penumbra. Ancló al equipo y activó el ataque. Debe jugar.

Rubén: 2. Cumplió con discreción.

Tato: 3. Creó peligro e inyectó energía al ataque. Lástima su endeblez rematadora.

 

 

Real Zaragoza, 2 – Tenerife, 3 (Sin alma ni calma)


Tarde fría, enjuta y estéril. Tarde estrecha de fútbol y abundante en tropelías tácticas. Tarde negra en la que solo mereció la pena el homenaje al querido y gran José Luis Abós, cuyo espíritu ase quedó para siempre en el corazón del zaragocismo a partir de ese minuto de silencio que le dedicamos empañado en admiración. Tarde para olvidar.

El partido empezó cruzado. Mario no estaba para la partida y el centro de la defensa lo conformaron Rubén y Vallejo. El resto del equipo, el de casi siempre, lo que es una buena noticia. Primeros minutos para el gusto y la autocomplacencia. Toque, combinación, pases al hueco y aproximaciones de seda. Pero sin profundizar. Quince minutos para la sonrisa fácil. Víctor lo tenía pensado y trató de vaciar el poblado centro del campo canario con rapidez en el manejo del balón y balones circulados con agilidad.

Sin embargo el Tenerife sabía que podía hacer daño si jugaba sus bazas con los chicos de arriba. Sobre todo con Ifran. Cabrera en seguida empezó a sufrir y nuestros centrales conocieron de primera mano lo que es ver volar el balón a sus espaldas y no saber cómo atajar el peligro. Y en una de esas la zaga al completo, portero incluido, se desnortaron en un cruce largo y englobado que acabó con un gol de desajuste y una sensación de fragilidad preocupante.

El 0-1 supo a hiel. Menos mal que no tardó demasiado en llegar el empate, gracias una de las armas que mejor maneja el equipo esta temporada: la estrategia. Un centro oblicuo y endiablado a saque de falta fue rematado muy bien por Rubén, que se estrenaba así como goleador y ponía de nuevo el partido en el punto de partida. Lo mejor que nos podía pasar era llegar al descanso con las tablas en la mano para recomponer al grupo, un tanto desgobernado hasta ese momento.

La segunda parte comenzó mejor. Pareció que Víctor Muñoz discurseó a sus muchachos y el trato al balón y los ajustes defensivos mejoraron, lo que ayudó a pensar en un horizonte más amable. Pero se torció con el penalti que en directo casi nadie vio y que encendió las alarmas en la grada y en el banquillo. Era una mala noticia, porque el partido ofrecía posibilidades con el empate, pero no con un nuevo golpe. Y lo pudimos confirmar. El equipo acusó el golpe y a duras penas se sostenía en el césped. No había argumentos y las líneas cada vez estaban más disueltas y había menos alma en el juego.

Por si fuera poco llegó un segundo penalti. Rubén no midió bien los tiempos y se pasó de pundonor. El nuevo gol de Ifran cayó como una losa. Aun así, la Basílica despertó y aupó al grupo hacia la épica. Que casi se produce, pues Borja, a falta de más de un cuarto de hora, lograba el 2-3 y nos metía en la pelea. Pero fue un espejismo. Los cambios del míster no ofrecieron soluciones y la esperanza se diluyó como un azucarillo al no aportar ideas, ni juego ni acierto.

Primera derrota en la Romareda en un momento en que había ganas de saborear qué es eso de estar entre los cuatro primeros a un par de puntos del líder. Ni siquiera la mala actuación del árbitro nos ayuda al consuelo, pues es bien cierto que en la noche de Pepelu la única luz que lució en el cielo zaragozano fue el recuerdo hacia un grande del deporte aragonés.

CALIFICACIONES

Whalley: 2. Algo más pudo hacer en el gol. Lo demás, insustancial.

Fernández: 2. Sufre mucho en defensa y aporta poco en ataque.

Vallejo: 2. Fallón e inseguro. Su forma física no es la mejor.

Rubén: 2. Marcó un gol e hizo un penalti innecesario. Discreto.

Cabrera: 1. Muy inestable y desubicado.

Dorca: 2. No equilibró la superioridad canaria en el centro del campo.

Ruiz de Galarreta: 3. Muy trabajador y talentoso. Tuvo que luchar con muchos contrarios.

Eldin: 2. No desbordó casi nunca ni encontró pases finales.

Jaime: 1. Muy individualista. No combinó ni ayudó al equipo.

William: 2. Muy trabajador pero inexacto en el juego de conjunto.

Borja: 3. Marcó, como siempre. Menos asistido que en otros partidos.

Lolo: 1. No mejoró el trabajo de Vallejo. Tímido y escaso de juego.

Tato: 1. Fuera de forma, no encontró el camino.

Diogo: 1. Salió acelerado y no acertó en ninguna de sus intervenciones.