Crónica: Real Zaragoza, 0 – Málaga, 1 (Noche de tierra)


 La frase de la temporada, hasta el momento, la pronunció Jiménez después del partido contra el Real Valladolid: “No llegamos a tiempo”. Y sigue teniendo todo el sentido del mundo. A este Real Zaragoza le falta tiempo para ensamblarse para coser los descosidos que muestra avergonzadamente cada ve qu tiene enfrente a un equipo construido y maduro, ya no digo ni bueno ni malo, y por eso ayer perdió.

Perdió el partido porque aún no maneja bien la estrategia, ni en contra ni a favor. Perdió porque no acertó ningún remate de los varios francos de que dispuso y le perdonó la vida a un rival que es mejor que nosotros. Y perdió porque, aunque le sobra corazón, sus jugadores aún tiene que leer en la espalda del compañero el nombre para saber si se la puede pasar o le da un patadón al balón para alejar el peligro.

Los primeros minutos fueron un anuncio de lo que después sucedería. Manejo del balón por parte de unos jugadores con clase como Joaquí, Toulalan, Isco o Camacho contrarrestado por los aragoneses con un juego directo basado en presión y contraataque, pues ayer no estaba Apoño, el único jugador, hoy, que puede templar, sujetar y distribuir con criterio. Lucha y velocidad, pues, para hacerle cosquillas al flamante equipo Champions que vio peligrar su portería en varias ocasiones, sobre todo en un chut lejano de una, ayer, muy activo Romaric y, sobre todo, con el remate a puerta franca del mismo jugador tras notable jugada de Pintér que aún nos preguntamos cómo pudo errar. Incluso Wilchez, bastante insustancial, falló un remate tras bonita jugada diagonal de Montañés. Fueron destellos, fulgores, que de haberse transformado en gol habrían supuesto un párrafo esperanzado en medio de una narración ilusionada. Pero se fallaron.

Fue ese el momento, a partir del minuto 35, cuando el Málaga dispuso de varias ocasiones, casi siempre a pies y cabeza de Eliseu, que mostraron que e equipo andaluz poseía ideas y soluciones adecuadas para obtener rédito en un partido hasta entonces equilibrado. Con esa idea se trabajó el final de la primera parte y con esa idea nos fuimos al vestuario. Tras el descanso, la confirmación de la apuntado. Los primeros minutos fueron una prolongación de lo vivido hasta entonces. Montañés volvió a intentarlo, como había hecho durante la primera parte, y su desparpajo pedía con insistencia un premio. Pero no tocaba.

El fútbol es hacer bien tu trabajo y no cometer errores y bajo esa remisa llegó el gol del Málaga. Un córner, otra vez un córner, fue la jugada que le sirvió al Málaga para lograr un gol travieso a caro de Camacho. Se repetía la historia de hace quince días: alguien de casa nos mataba. Entonces fue Oscar; hoy, Nacho. Y se hizo peciso reaccionar. Manolojiménez les pidió a Víctor y Aranda que se prepararan para sustituir a Wilchez y Romaric. La salida del argentino no era preocupante; no así el de Romaric, que había estado muy participativo todo el partido y cuya ausencia auguraba problemas en la creación.

Y sucedió. El equipo le puso toda l alma en tratar de equilibrar el match, pero sus argumentos futbolísticos eran muy fácilmente rebatidos por el Málaga, que jugó los últimos veinte minutos muy cómodo y al que no se le vio en ningún momento preocupado por lo que (no) se le venía encima. La presencia de Aranda, que en otras ocasiones había servido para activar el ataque y proporcionarle oxígeno y balones a Postiga, siempre solo, siempre descuidado, no aportó mucho y Victor, que en Cornellá fue la gotita de pólvora que hizo estallar en mil pedazos la cobertura periquita, abrió caminos por los que sus compañeros no supieron transitar. Con todo ello, el partido languideció como una princesa mora en las almenas de Albarracín.

El último cuarto de hora pudo haber pintado distinto si Undiano hubiese pitado una posible mano de Toulalan en el área andaluza, pero no lo tuvo a bien y lo que sí sucedió es que Roberto tuvo que hacer la ya acostumbrada parada del partido para evitar el 0-2. El alma zaragocista, de la que antes hablábamos, provocó varios córners a favor, pero la sequía en la que nos hemos instalado este año en Aragón también se manifestó ayer en el arenoso césped de la Romareda. Así, derrota. Nadie dirá que el equipo no lo intentó, pero queda mucho trabajo por hacer y muchos jugadores a los que el hierro de a marca Real Zaragoza aún no se les ha aplicado en el cuarto trasero, por lo que habrá que aprovechar estas dos semanas para acoplar los remaches de la maquinaria. Y que Manoljiménez no caiga en la maldición de septiembre que devoró a los entrenadores anteriores. ¿Recuerda el lector sus nombres?

CALIFICACIONES

Roberto: 3. Realizó una excepcional parada pero no acaba de gestionar bien los córners. ¡Cielos! ¿Esto no lo hemos escrito ya en alguna otra ocasión?

Goni: 1. Ayer sufrió con Eliseu, sobre al final de la primera parte. Su futuro (y su presente) sebe ser el centro de la defensa.

Álvaro: 3. Buen partido del joven central. Va consolidando sus prestaciones y su firmeza y elegancia se están convirtiendo en marca de la casa.

Paredes: 1. Inexacto y débil en defensa.

Abraham: 1. Mejor en el despliegue ofensivo que en defensa. A algunas coberturas llega tarde, pues a veces pierde colocación.

Pinter: 1 Protagonizó una estupenda jugada de ataque, pero comete demasiados errores. Su descoordinacion física le crea problemas a la hora de ejecutar eficazmente el corte.

José Mari: 3. El andaluz volvió a hacer su trabajo muy bien. Barre la llanura, sube a la montaña y vadea los ríos. Además, sujeta el balón con corrección y está donde se le necesita.

Romaric: 2. Tuvo una muy interesante presencia en la primera parte. Mientras le aguantó el pubis fue importante en el equipo. Ofensivamente, el mejor a pesar del garrafal fallo que cometió a pase de Pintér.

Lucas Wilchez. 1. Tuvo muy buenas ideas en la banda, pero no las ejecutó adecuadamente. Físicamente débil, no se mostró confiado en sus posibilidades.

Montañés: 3. Rápido, audaz, valeroso y dedicado a la causa. Mejoró su actuación de Cornellá y trenzó algunas jugadas, sobre todo una, de gran calidad.

Postiga: 2. Luchó y porfió todos los balones, pero no estuvo en el papel que se le pide, el de rematador y finalizador de las jugadas. Estuvo algo lento en algunos balones interesantes.

Víctor: 2. Cumplió con su estilo de guerrillero joven y atrevido, pero ayer no era el día del equipo.

Aranda: 1. No encontró vías abiertas para proveer de balones a Postiga. Los centrales malagueños hicieron muy bien su trabajo.

Ortí: S.C.

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Real Zaragoza, 2 – Málaga, 0


Al calor de las horas del día

El Real Zaragoza derrotó (2 – 0) al Málaga en partido correspondiente a la Jornada 30 del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Los goles los consiguieron Ponzio y Suazo.


Un partido de fútbol tiene tantas caras ocultas como la Luna. Tiene el lado desconocido del satélite menguante, el rinón desprovisto del espacio creciente, la llanura esquiva del firmamento nuevo y las laderas inquietas de los lagos llenos. Pero desde hace una semanas los partidos que protagoniza el Real ZSaragoza tienen un guión muy bien escrito y los protagonistas de esta opereta que se llama fútbol lo interpretan con una corrección y una emoción propias de la Escuela de Stanislavsky.

El pasado sábado el equipo aragonés afrontó la disputa del encuentro con una fidelidad a sí mismo y a lo que nos propone digna de empresas más serias y aunque pudo parecer en algún momento que aquello no tenía salida puedo escribir y escribo que no temí por el resultado final ni siquiera cuando la primera parte moría por entre el estruendo de los tambores callados de la Semana Santa. Había una consistencia en el juego, una solidez en el trabajo y una seriedad en el esfuerzo que siempre que supe que el partido se podía abrir a nuestro favor cuando menos lo esperásemos. “Chupete” ya había avisado en una jugada en la que no rematócon fluidez y Arizmendi casi logra un precioso gol de cabeza a la salida de un córner, pero lo mejor era que los jugadores se mostraban esforzados e incansables en su propósito y que cada acción que desarrollaban tenía sentido, significado e intención.

Así llegamos al minuto 43 y entonces ocurrió loq eu ya le está pasando a nuestro Real Zaragoza cada vez con más frecuencia: que lo que intenta, le sale. Y Ponzio enganchó un durísimo disparo que en tiempos no muy lejanos se habría al Auditorio o, incluso, a la antigua Feria de Muestras, pues esos disparos yo creo que volaban hasta en el tiempo, pero ahora no. Ahora entran por la escuadra y sirven para “abrir la lata” de un partido que ya estaba controlado pero al que le faltaba el gol. Le faltaba, pero ya estaba allí, en el casillero del mejor de los dos equipos.

La segunda parte fue una continuación del mismo relato. Es cierto que Muñiz apostó por la calidad y la entereza de un gran jugador que ya vive sus últimas sonrisas, Luque, pero también aquí hay que hacer mención de un jugador que se ha convertiudo en clave de nuestro resurgir como equipo. Hablo y escribo de Roberto, que atajó majestuosamente todo lo que por su área se acercón, con una gran parada a tiro de Apoño que en otras circunstancias nos habría provocado tiritona y arritmias incontroladas, pero que hoy, en estos momentos, no es sino motivo para ver otra espectacular parada del portero madrileño. Y seguimos a lo mismo, a jugar, a tocarla, a contener con fiereza y determinación y a ver cómo la defensa es lo mejor que nos ha pasado en los últimos años. Desde que se fue Gaby Milito no habíamos tenido nada igual. Contini hace bueno a Jarosik y al lucero del alba y Diogo comienza a parecerse muchísimo al de la temporada 2007-2008. Ponzio lo da todo y en el centro del campo Edmilson le da un equilibrio y una pausa a los partidos que nos permite vivir los momentos difíciles de cada partido con una calma más propia del Valencia de Benítez que de un equipo que hace dos meses estaba a cinco puntos de la salvación. Añadamos a esto el inmenso trabajo que realiza Gabi y las magnífica aportación defensiva de Arizmendi y Eliseu y podremos empezar a comprender algunas de las cosas que estamos viviendo estos días.

He dejado para el final a Ander y a Suazo. El primero es ya el jugador franquicia de este Real Zaragoza e incluso cuando no está estupendo le aporta al grupo una calidad y una magia que no veíamos aquí desde Cani. Por eso suena donde suena y por eso comienza a respirar ya otros aires que poco tienen que ver con el cierzo del Ebro. Y Suazo logró lo que estaba buscando obsesivamente pero no acabab de llegar:  un gol en la Romareda. La rabia con que lo celebró lo dice todo y aquí conviene hacer notar que su gol nació, de nuevo, de un magistral pase de Edmilson que Arizmendi supo interpretar como nadie. Si el pasado sábado el jamesstewartiano delantero convirtió un fantástico gol ante el Valencia, este sábado demostró que es un jugador de equipo, de grupo, de comunión y le dejó al chileno un balón de oro que para sí quisieran todos los delanteros del mundo cada domingo.

Alegría, pues. Y calma. Esto es aire fresco y pausado, música celestial para una afición que lo asigue dando todo y que se merece vivir estos momentos de lujuria futbolística después de haber atravesado desiertos calcinados y haber vadeado ariscos ríos desbordados por la incompetencia y  la incapacidad. Pero de eso, ahora, no toca hablar. El futuro, hoy, es nuestro mejor amigo.