Borja, ecce homo (Racing, 0 – Real Zaragoza, 2)


   Ganar un partido como el de hoy refuerza el ánimo e invita a afrontar la semana con espíritu de superación y ganas de refrendar la tarea bien hecha. Un partido de esos broncos, feos y adustos en los que tienes que superar dificultades y demostrarte a ti mismo que eres capaz de hacer cosas.

   A la nómina de bajas por lesión o sanción, ya numerosa, se ha añadido a última hora la lesión de Fernández en el calentamiento. Muchos problemas encima de la mesa que el grupo tenía que solucionar con las armas que le son propias. Solidaridad, esfuerzo y gotitas de calidad en los jugadores que la tienen. Y así ha comenzado el choque.

   Un Racing muy intenso ha propuesto una idea de lucha y fortaleza que se le ha atragantado al Real Zaragoza. Los chicos de Popovic se ahogaban ante la presión cántabra, que anulaban cualquier salida de balón. Los centrales se veían obligados a jugar el balón pero no encontraban los caminos de apertura con claridad y ni Insa ni Galarreta les ayudaban en ello. Así, cualquier balón perdido en la medular se convertía en veneno para nuestra retaguardia. La banda izquierda, defendida hoy por un Vallejo trabajador y seguro, recibía muchos balones que acababan colgados en el área de Alcolea buscando el remate que, afortunadamente, no llegaba.

   El partido poco a poco se ha equilibrado e incluso se ha producido algún acercamiento zaragocista como el que han protagonizado Pedro y Borja en el minuto 21. La mala noticia se había producido un poco antes, con la tarjeta amarilla que este ultimo ha recibido y le impedirá jugar el domingo, pero eso parece haberle activado, pues desde ese momento ha comenzado a buscar huecos y a bascular buscando la ocasión.

   En cualquier caso el equipo más asentado era el local. No ofrecía mordiente en la definición pero el balón era suyo y el plan le estaba dando resultado al seguir el Real Zaragoza perdiendo demasiados balones en el centro a pesar de la recomposición de jugadores como Insa y el joven Sergio Gil. Aunque aún se ha contado con una ocasión de gol firmada por Galarreta a la salida de un córner, conforme se acercaba el momento del descanso parecía claro que el plan era llegar a la ducha con la portería a cero y a ello ha colaborado un sobrio Alcolea que ha sabido mantener el área a salvo con templanza y tranquilidad, 

   La segunda parte ha comenzado de igual manera. Nadie ha movido a sus peones y todo apuntaba a una continuación de la primera cuando se ha producido una jugada que ha cambiado el signo del match. Un balón proporcionado por Insa a Borja ha provocado un penalty que abría la puerta a la victoria. Lo ha convertido el madrileño y ha salido el sol. A partir de entonces el equipo zaragocista se ha armado, ha logrado cerrar filas y defenderse con orden de las acometidas cántabras. Vallejo y Mario han brillado especialmente, si bien Lolo también ha cuajado un partido correcto junto a un Alcolea muy eficaz en su intervenciones.

   Munitis ha introducido varios atacantes en el equipo con el fin de lograr el empate pero estas decisiones no han conseguido su propósito. Al contrario, el partido ha vivido fases de cierta incertidumbre, pero en ningún momento la delantera racinguista ha dado sensación de acercarse al gol. Tan solo en el minuto 62 se puede hablar de verdadera ocasión de gol, pero Vallejo ha estado providencial para cortar una jugada que llevaba el sello del gol grabado en cada movimiento.

   La última fase del partido ha sido un acoso deslavazado e inconsistente del Racing a la puerta de Alcolea, jugando incluso con solo tres defensas, circunstancia que ha aprovechado el Real Zaragoza para lanzar varios contraataques en busca del segundo gol, que ha llegado en el minuto cuando Willian le ha regalado un magnífico balón a Borja (ecce homo/este es el hombre) para que convirtiese y cerrase, así, el partido. 

   Justo resultado si nos atenemos al esfuerzo realizado por el equipo, que se ha sobrepuesto a todos los obstáculos y se pinta la cara con una sonrisa después de acabar con una terrorífica racha de cinco partidos sin ganar.

CALIFICACIONES

Alcolea: 4. Serio, honesto y tranquilo.

Vallejo: 4. Ha estado en todas y ha resuelto con gallardía.

Mario: 4. Muy seguro y firme.

Lolo: 3. Buen partido. Presente y eficaz.

Rico: 2. Inseguro e irregular. Ha alternado aciertos con errores.

Insa: 4. Ha ido de menos a más. Ha aportado trabajo y voluntad.

Galarreta: 2. Más seguro que otras veces, pero le sigue faltando algo de hierro.

Sergio Gil: 3. Valiente, esforzado y talentoso.

Willian: 3. Algo indolente, su calidad ha aportado peligro. Necesario.

Pedro: 3. Muy implicado y trabajador.

Borja: 4. Luchador y goleador. 

Tato: 2. Ha activado la presión sobre la defensa contraria.

Rubén: S.C.

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Los Magníficos bendicen el futuro (Real Zaragoza, 2 – Racing, 1)


concentracion_18_10_2014Partido eléctrico al principio y al final, partido unplugged en algunos tramos del viaje. Así fue el choque que ayer vivimos en la Romareda en medio de la negra tormenta que se cierne sobre el futuro de nuestro club. Un partido que firmaríamos para toda la temporada si supiéramos que el resultado iba a ser el que nuestros muchachos lograron para alegría de la parroquia blanquilla.

   La tarde empezó agitada, con esa concentración en defensa de la decencia y en contra de la irracionalidad del funcionariado de Hacienda, que muestra ser implacable incluso con quien ha venido para lavar la indignidad de una entidad humillada y secuestrada durante siete años. No se entiende que se le niegue el pan y la sal a la actual directiva y se utilicen criterios durísimos que jamás sufrió, por cierto, el anterior propietario, el causante de la situación actual. Y como prueba de la limpieza del actual proyecto zaragocista, ayer estuvieron con nosotros los Magníficos, que ayer recibieron un merecido homenaje en el debut de su cincuentenario y presidieron el altar de la Basílica como exponentes señores de lo que siempre ha sido, y sigue queriendo ser, el Real Zaragoza.

   JaimeEl encuentro se dirimió entre dos equipos que parecen dispuestos a hacer de esto del fútbol lo que en realidad debe ser: un noble deporte en el que vence el que porfía, el que lucha, el que se compenetra con los suyos, el que nunca rebla, el que mantiene el orden y conjuga talento y esfuerzo a partes iguales. Y ese fue el equipo de Muñoz, que ayer planteó muy bien la disputa y leyó mejor su discurrir. Por eso, cuando Borja ejecutó magníficamente el fantástico pase de Eldin y batió a Raúl la afición suspiró. Por la belleza del gol y por la tranquilidad que proporciona comenzar ganando tan pronto. A continuación las acciones de control se sucedieron, llegando el Real Zaragoz a alcanzar una posesión del más del 60%. Fue un tramo amable para los locales, si bien el Racing en ningún momento renunció a jugar. Por eso el partido estaba entretenido aunque le faltó mayor capacidad de acercamiento en ambas porterías. Hasta que ocurrió.

   Un error defensivo propició que Koné, ágil y potente, batiese a Whalley con un chut seco y raso. Era el empate y eso obligó a retocar la dinámica del match, que entró en una fase de tuya y mía en la que la defensa zaragocista sufrió varios desajustes con nombre y apellidos. Obviamente había que tomar decisiones.

   Y se tomaron. Victor esperó diez minutos de la segunda parte, pero en ese momento les pidió a Vallejo y Jaime que solucionasen un par de asuntos a cambio de Rubén y Vallejo. Vino bien el cambio, aunque el partido se iba acortando y no había forma de romper el empate. Al contrario, Konè era una amenaza real que creó varias situaciones de peligro que hacían prever que el gol podía caer de parte cántabra, seguramente porque aún duerme en nuestro subconsciente la idea de que cualquiera nos puede robar la cartera en casa. Afortunadamente eso no ocurrió. El equipo ganó en seguridad defensiva con Vallejo, Jaime abrió nuevas vías de agua en la cobertura verde y el centro del campo supo sujetar el partido con un Dorca mandón y un Tierno talentoso y esforzado.

   Cuando la noche ya había abierto las sábanas de la Romareda, y después de contener el aliento con una jugada de Mario sobre Koné que bien pudo haber sido sancionada con la pena máxima, los chicos de arriba bordaron un espléndido contraataque en el que participaron Tierno, Borja y Jaime en el que este último, tras dos únicos pases, remató raso y cruzado logrando un gol de oro para una victoria de diamantes. Fue un momento mágico que permitió a la muy maltratada afición blanquiazul explotar de alegría y preparar el ánimo para afrontar unos días benditos en el césped (disfrutemos con la gran trayectoria deportiva del equipo) y malditos en la moqueta (afilemos la unión para defendernos de atropellos fiscales).

Fotos: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 2. Poco trabajo bien resuelto. En el gol quizás pecó de autocomplacencia.

Fernández: 3. Cerró muy bien a Iñaki y corrió la banda con discreción.

Mario: 3. Serio, firme y muy concentrado.

Rubén: 1. Emepzó bien pero a partir del error del gol perdió el sitio.

Cabrera: 2. Estuvo inexacto y no siempre ejerció su autoridad.

Dorca: 3. Gobernó y templó. Mantuvo muy bien su posición.

Tierno: 3. Cumplió muy bien su función combinativa y cubrió bien las líneas de pase.

Álamo: 2. Se fundió conforme avanzó el partido. Lo mejor, sus centros.

Eldin: 4. Juega muy bien con y sin balón. Su asistencia a Borja, excepcional.

William J.: 3. De nuevo ejerció perfectamente como fracturador de la defensa.

Borja: 4. Magnífico en el gol y sensacional su asistencia a Jaime.

Vallejo: 3. Se fajó con soltura y garra y está en todas.

Jaime: 3. Muy activo desde el principio, metió un buen gol.

Tato: S.C.

Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 2 – Racing, 1 (El sueño de tantos amores)


   Cuando Ángel Lafita ha estrujado entre sus manos la camiseta blanquilla y ha besado su escudo repetidas veces en medio de un lago de lágrimas largo tiempo acunadas en su corazón, algo se ha roto en el cielo zaragocista. En el fragor de la emoción, cuando el llanto de esperanza inundaba la noche azul, muchos, todos sabíamos que horizontes nuevos tienen que nacer para que este latido sea el anuncio de un futuro distinto, más ancho, mejor construido.

    La pierna derecha del aragonés ha sido el instrumento que ha sellado una victoria no por menos merecida más sufrida. Una victoria que deja el tablero de juego dispuesto para que los guerreros del león cierren de una forma definitiva esta herida que tanto dolor ha supuesto y cuya firma final ya tiene hora. Ha sido un gol de sangre, un gol que había pretendido ver la luz en varias ocasiones que sendos largueros y varias paradas portentosas habían evitado. Por erso, cuando Lafi ha recogido el balón tras error acrobático de Postiga, la hinchada ha sabido que ahí, sí; en ese instante, sí; al cobijo de la Vieja Dama Blanca, de la Basílica del fútbol español, sí.

    El partido tenía un perfil dramático lo mirásemos como lo mirásemos. No sólo por lo que podía ocurrir en él, que no era bueno en el minuto 10 con el gol, siempre de cabeza, de Chrsitian, sino porque nuestro Real Zaragoza se jugaba su futuro en otros tres campos. Y en los tres ocurrían hechos que nos negaban la vida. El Sevilla fallaba un penalty, el Granada vencía al campeón de Liga y el Valencia no acertaba con el gol. Menos mal que Postiga, dos minutos después del gol cántabro, restablecía las tablas y todo volvía a empezar. El guión era muy claro, el relato tenía una línea argumental que se reducía a presionar y atacar y las ocasiones se sucedían anunciando que en cualquier momento llegaría el gol.

    Pero no llegaba. Había aproximaciones, intentos vanos, interés desmedido, pero salvo un chut de Pinter y alguna ocasión torcida de Postiga, poco más ofrecía el equipo de Jiménez, que veía pasar lo sminutos y apagarse la llama de la esperanza.

    Comenzó la segunda parte y durante el primer cuarto de hora el partido entró en una fase lánguida y un tanto fláccida, en la que el Real Zaragoza ofrecía síntomas de agotamiento y el Racing navegaba cómodamente en unas aguas mortecinas en las que se encontraba cómodo y de las que no sabía ni quería salir. La afición que ha acuñado uno de los eslóganes más afortunados de los últimos años comenzaban a notar la presión en el estómago y a sentir un sudor frío en las manos despertó súbitamente cuando Lafi estrelló un magnífico remate en el larguero. Era el minuto 60 y empezaba la última fase y definitiva del partido. En cinco minutos Postiga protagonizó un par de ocasiones y el cansancio comenzó a hacer mella en las piernas de los jugadores.

    El Racing, mientras tanto, de paseo. Sin urgencias ni entusiasmo, lo suyo era dejar pasar los minutos. Se suceden las ocasiones zaragocistas, más por corazón que por razón. Nuevo larguero de Lafita, nueva ocasión de Postiga, nuevos ataques. Y así hasta el minuto 80. En ese momento Postiga trató de rematar de forma acrobática, erró y el balón quedó acomodado cerca del área pequeña. Y allí estaba Angelito para enganchar un chut seco y mortífero que rompió la red de Mario. La explosión de júbilo fue para recordar y guardarla en el imaginario colectivo del zaragocismo. Un gol que puede tener un valor incalculable, un valor histórico. Un gol que llevaba varias jornadas mereciendo el zaragozano. Un gol que nos ha roto la garganta.

    El partido estaba cerrado. Quedaban diez minutos y un poco más y, sin embargo, una vez logrado el 2 – 1 lo más importante ya no estaba sucediendo en la Romareda, sino en Los Cármenes y en el Luis Casanova. Allí el destino se había puesto la camiseta blanca con el escudo de león y se estaban escribiendo sendas páginas de esperanza inesperada minutos antes: el Valencia lograba el gol de la victoria y el Real Madrid remontaba un resultado adverso que abría las aguas de los siete mares para que por los espacios abiertos pudiera discurrir el pueblo elegido, el zaragocismo.

    Y fin. Cuando el árbitro pitó el final y supimos los demás resultados comenzaba la cuenta atrás del viaje que el próximo domingo tiene que llevar hasta Getafe a la marea blanca y azul, el corazón que sustente a un equipo que tiene que escribir una nueva página en la que el heroísmo, seguro, será nuestro más fiel compañero.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 5. Sus paradas han sido de nuevo determinantes para evitar los goles cántabros.

 Álvarez: 3. Correoso en defensa y valiente en el despliegue ofensivo.

 Da Silva: 2. Sufre en los balones aéreos pero completa buenas acciones de corte.

 Paredes: 3. En línea positiva, la misma que viene manteniendo en los últimos partidos en los que actúa como central.

 Abraham: 4. Se ha asentado definitivamente como un lateral muy seguro y audaz en el recorrido de la banda.

 Apoño: 4. Buen partido del malagueño, que de nuevo ha dado una lección de organización y manejo de los tiempos.

 Micael: 4. Junto a Apoño conforma la base de la combinación y la salida de balón.

 Pinter: 3. Muy batallador y participativo, en algunos momentos ha pecado de imprecisión.

 Edu Oriol: 4. Sigue en muy buena sintonía con el balón. Se atreve con todo y casi todo le sale bien.

 Lafita: 5. El gol era el premio que le faltaba. Lafita es emblema y símbolo y su versatilidad en el ataque y su completo repertorio de fintas y controles lo convierten en un peligro para el contrario.

 Postiga: 5. Ha trabajado muchísimo y ha dispuesto de varias ocasiones de gol que se ha trabajado con ímpetu e inteligencia.

 Duijmovic: 2. Ha salido por Micael. Ha oxigenado el centro del campo y ha permitido que el balón circulase mejor en un momento de cierto atasco.

 Luis García: 2. Su presencia ha contribuido, en los momentos finales, a cerrar el partido.

 Obradovic. S.C.

Mi crónica del partido: Racing, 1 – Real Zaragoza, 0 (¿Cómo saber de nuestra desdicha?)


Duele recibir al Dolor cada semana. Duele abrirle la puerta a la Nada, esa aborrecible compañera que se ha quedado a vivir entre nosotros sin que ningún viento tenga fuerza para barrerla de nuestro corazón. Duele esconder la mandíbula una y otra vez para tratar de evitar que el puñetazo de la derrota te la destroce y no conseguirlo nunca. Duele morir.

El Real Zaragoza ha disputado un lamentable encuentro ante uno de los peores equipos de la Primera División y lo ha hecho sin alma, sin orgullo, ausente la raza en cada acción. Un partido seco como la sequía, un choque vacío de latidos que difícilmente hemos podido soportar quienes bien queremos a este club, que forma parte de nuestra vida, al que le entregamos nuestros mejores días aunque nos devuelva sus peores noches. Una batalla que ni Manolo Jiménez ha entendido ni los jugadores han querido librar, pues desde el primer minuto la desvergüenza ha dominado la holgazana propuesta futbolística de los blanquillos. Ni un paso adelante, ni un pase elaborado con criterio, ni una intención de irse con el balón hacia los acantilados del Cantábrico para bombardear a un Racing miedoso, feo y acartonado.

          Qué lástima ver lo poco que saben hacer y qué pena ver qué mal lo hacen todo estos jugadores que no se merecen nada. No se merecen nuestro calor, no se merecen vestir esa camiseta, no se merecen lucir en sus lánguidos y famélicos pechos el escudo por el que lo dieron todo tantos y tantos gladiadores que zaragocistas fueron y, aunque viajaran en algún momento de sus vidas a otras tierras, zaragocistas murieron o morirán. Ha sido un prolongado insulto a una afición malherida y atormentada, pues la incapacidad defensiva es tan grande que no hay ni un solo argumento para justificar su fracaso; el centro del campo es tan hueco que no encontramos frases que expliquen su inoperancia y la delantera es tan pusilánime que no existen razones para los sueños. Tan sólo Roberto.

El inicio ha sido patético. Secuencias de hasta veintiséis pases horizontales de los cuatro ineptos que han conformado la defensa y ni una sola oferta de los incapaces centrocampistas que no veían el momento de solicitar entrar en juego. Por eso, el Racing se ha dicho que aquello podía ser fácil. Y se lo han creído. Por eso, con cuatro pases correctos se plantaba en el área de Roberto y nos avisaba a todos, propios y extraños, de su interés por meter gol. Y lo han hecho. Un corner al primer palo, un remate con la coronilla ante un lamentable Pintér y ya está. Gol, partido, tres puntos y salvación. O, por lo menos, seguir en la pelea. Todo ello, claro, aderezado con el correspondiente paradón de nuestro portero que, una vez más, ha salvado al equipo de un resultado aún más vergonzoso.

La segunda parte ha sido un poco más digna. La salida de Micael ha sido la causa de que el equipo se haya estirado un tanto y de que hayamos podido ofrecer algún motivo para la preocupación cántabra. Leve, pero preocupación al fin. Y, como siempre, el correspondiente “arreón” final en el que se produjeron las dos únicas ocasiones de gol: una magnífica jugada del siempre ardiente Luis García y un excelente chut de Oriol que ha escupido el larguero. Y con ser insuficiente sí que nos ha permitido comprender un poco mejor lo que le sucede a este equipo. Le falta atrevimiento. Le falta decisión. Le falta decirle que sí a la vida.

Pero no es suficiente. Los segundos cuarenta y cinco minutos han sido un paisaje polvoriento en el que no ha habido fútbol, como en la primera parte, y además se han visto tres o cuatro detalles que indican que algo grave, muy grave ocurre en este grupo. Si Micael ha sido capaz de conducir tres o cuatro balones y Luis García se ha encontrado más cómodo con esa propuesta, es claro que el equipo necesita otra idea. Su incapacidad seguía siendo muy manifiesta y algunos jugadores se han mostrado como ejemplos de angustia y ofuscación, por lo que es evidente que se hace preciso fichar y obtener otro aire, otro espíritu y, por otra parte, despedir a varios jugadores que, claramente, no tienen capacidad ni categoría ni voluntad de jugar en este equipo en Primera División.

¿Alguna idea? ¿Alguna solución? ¿Algún camino escondido por descubrir? No. Nada de nada. Vacío sobre vacío. Muerte sobre muerte. Además, el tiempo que nos hace falta para reconstruir las velas de nuestra nave ya se lo ha llevado el vendaval de la desidia.

CALIFICACIONES

Roberto: 4. Su trabajo adquiere aún más relieve en medio del desastre que son sus compañeros. La intervención de la primera parte vale por todo un partido.

Juárez: 0. No hay palabras en el Diccionario de la Vergüenza.

Pintér: 0. Le rebota el balón en la espinilla.

Da Silva: 0. Está fuera del mundo futbolístico.

Paredes: 1. En la primera parte estuvo horrible. En la segunda mejoró y realizó tres o cuatro pundonorosas acciones.

Meira: 0. ¿Por qué será que aún me resuenan sus displicentes sonrisas en el baúl de mi zaragocismo?

Antonio Tomás: 0. Hueco y torpe.

Lafita: 0. Ha perdido el norte. Le puede la angustia y el deseo de aportarlo todo a su Real Zaragoza.

Luis García: 2. Es de los muy pocos que ha comprendido la dimensión de la situación que atraviesa el club y no se rinde. Además, tiene calidad que, a veces, nos muestra.

Postiga: 2. Da muestras de clase y calidad, pero necesita un acompañante que entienda su juego y remate sus jugadas.

Juan Carlos: 0. Completamente superado por la situación.

Micael: 2. Fue un pulmón y un digno artista que nos ofreció algunas pinceladas de clase e interés.

Barrera: 1. Lo intentó, pero está atenazado. No le salió casi nada.

Oriol: 2. Su chut al larguero fue de lo mejor, pero estuvo muy poco tiempo en el campo.

Real Zaragoza. Mañana, ante el Racing, empieza la vida.


   El Real Zaragoza se enfrenta mañana al Racing de Santander. Es un partido tan mentiroso como la nocche de Reyes, pues puede significar el comienzo de un despertar imposible o el final del camino que apenas han iniciado Jiménez y Arenere.

   Es un partido dificílisimo y vital. Dificilísimo porque lo único que ha cambiado respecto de la ruina de San Mamés ante el Athletic y la Romareda ante el Alcorcón es el entrenador (para bien) y la marcha de Ponzio (para mal) y con semejante bagaje débil batalla podemos plantear. Si acaso el ánimo que el nuevo entrenador haya conseguido imprimir a la deprimida plantilla y cuatro o cinco conceptos nuevos que muy improbablemente habrán podido asimilar los jugadores. Poco, muy poco para albergar esperanzas. Y vital porque una derrota podría ponernos a ocho puntos de la salvación, barrera estremecedora e insalvable que supondría la tumba de este equipo, de este club. Y un castigo demasiado doloroso para un afición que ya no sabe qué vientos pueden asolar aún más su corazón.

   La única ilusión es pensar que el Racing también es un equipo flojito que el otro día perdió 2 – 0 en Copa frente al “siempre difícil” Mirandés y que a lo mejor lo hacen tan mal o peor que nosotros. Lo demás, todo malas noticias. No hay fichajes, no hay revolución, no hay casi nada. si acaso, testosterona, orgullo y un poquito de amor propio que los jugadores sean capaces de aportar. 

En sus cuerpos brilla el valor (Real Zaragoza, 1 – Racing, 1)


Y Sinama se escapó del viento, dirigió su colmillo afilado hacia el horizonte que, sin embargo, se fue estrechando vertiginosamente a cada paso que daba el francés y disparó con la fiereza que se le supone. Y erró. Y la Romareda estalló en un desgarrado grito que la impotencia nos enseñó. Y perdimos dos puntos. ¿O ganamos uno?

El partido ante el Racing es uno de esos enfrentamientos que se ven ganados porque la dinámica invita a pensar en ello pero que luego te obliga a trgarte las lágrimas de la frustración porque los planetas se descolocan y su sombra te trae la noche. Comenzó con cierta indolencia en las piernas de nuestros chicos, que no acabaron de encajar el planteamiento exigido, sin duda, por Aguirre. Al técnico mexicano ya se le reconoce el discurso y, desde luego, uno no se imagina al entrenador diciéndoles a los chicos que comiencen el pchoque andando, sin meter el pie y con desgana. Sin embargo, todo cambió con el gol cántabro.

Un gol de llorón, de defensa torpe y desaliñada. O de torpe aliño indumentario, para homenajear al poeta. Porque algo de poesía hace falta para afrontar minutos como esos, que podríamos llamar de la basura aunque fuesen los iniciales. Y decimos “todo cambió” porque el equipo parece que se reconoció en esa situación, parece que se encontró más cómodo viviendo en la negrura de la derrota. No es aconsejable, porque hay mucho riesgo contenido en semejantes situaciones, pero los muchachos apretaron los dientes, se quedaron con el balón y dominaron al contrario. Hubo varias aproximaciones que alentaban el grito del gol y este, en fin, llegó gracias a un magistral pase de Gabi a la espalda del contrario y Boutahar, hábil, fino, con clase, coló el balón por debajo del eficanz Toño. Empate y nuevo escaparate para la ilusión. Porque el Real Zaragoza siguió con pundonor en busca de la victoria.

La segunda parte ofreció un escenario alegre y abierto. Se mascaba la posibilidad del gol, nuestros jugadores lo hacían bien y atrás la defensa cumplía con su obligación muy bien. Braulio la tenía, pero Toño detenía. Sinama la tuvo, pero Toño la paró. Lafita la acunó, pero su disparo salió desviado. Demasiadas coasiones, demasiados perdones. La Roamreda empujaba, el equipo perseveraba, pero no encontramos el arco. Salió Jorge López y aupó al equipo, le dio posesión, toque, combinación, pero faltó remate, no estuvo con nosotros el gol. El equipo se vació, buscó al compañero, encontró al amigo, se hizo camarada del balón, pero el gol se había ido.

El resultado final, el empate, nos dejó fríos, un tanto pálidos en el gesto. Vimos que habíamos merecido la vistoria, sentimos el calor del éxito un domingo más, pero nos quedamos fríos como tarde de invierno. Los chicos cumplieron. Leo Franco detuvo balones y estuvo firme. Jarosik y Contini cada día se parecen más a los del año pasado. Gabi y Ponzio forman una pareja de medios aguerridos y decididos. Boutahar, Ander y Bertolo mezclan bien y sus pases tienen verticalidad y afrontan al cobntrario con gallarda modestia. Y Braulio lucha como un hoplita enganchado a la patria. es un equipo menor qcapaz de mirarle a la cara a la muerte y eso, amigos, es mucho. Otros mejor dotados nos llevaron al abismo y nadie les ha dicho lo que se merecen Yo, personlamente, me quedo con estos. Son los nuestros.