Si poco es suficiente (Real Zaragoza, 1 – Real Valladolid, 1)


La Basílica es sabia. Su césped ha acogido el brillo de centenares de jugadores mágicos. Cada uno de ellos ha hecho que tengamos un gusto especial por el fútbol inteligente, maduro, esculpido con cinceles de extrema belleza. Por eso, cuando uno de esos jugadores asoma por el horizonte de la vieja Romareda su gente lo reconoce al primer gesto, tras el segundo regate, después del tercer quiebro al destino. Eso, amable lector, ocurrió ayer. Lo viste, ¿verdad?

   El partido apenas había cumplido el minuto 15 y ya habíamos degustado más fútbol que en los últimos cinco partidos en casa. Nada para guardarlo en nuestra memoria, pero sí suficiente para hacer bueno algo que dijo Láinez esta semana: empezar a soñar con dejar de ver vídeos históricos y acudir al estadio zaragozano a ver fútbol. Herrera reconoció que el Real Zaragoza había ocultado el paisaje de su equipo a base de combinaciones y gestión inteligente de espacios. Ahí vino a decir que el equipo blanquillo tiene una propuesta. La que ayer nos regaló durante los primeros 50 minutos.

   Bien asociados en las zonas interiores del campo, con dos carriles francos para que sus laterales, más o menos afortunadamente, los recorrieran, el Real Zaragoza llegó a tener el balón en casi el 70% del tiempo. Buen recorrido y aceptable verticalidad. El Valladolid venía preparado, pero ese período fue un capítulo de dominio local en el que tan solo faltó el gol. Faltó Ángel.

   En apenas 900 segundos el equipo de Láinez disfrutó de hasta cinco ocasiones de gol, ninguna transformada porque Dongou no es el canario y los demás no acertaron. De todas ellas destacamos un magnífico chut de Pombo despejado por Becerra y un golpeo lateral de Lanza que se fue fuera por poco y que podrían haber cambiado el signo del partido. Sin embargo, quien se llevó el gol a su casillero fue el Valladolid, que aprovechó un contragolpe rápido para fusilar a Ratón tras un apurado despeje a disparo de Mata. Duro golpe que el Zaragoza se sacudió al cabo de unos minutos con el apoyo de su parroquia y la fe del carbonero que Láinez les ha insuflado. Fue tras un magnífico pase de Zapater que Lanzarote, listo como el hambre, aprovechó para batir a Becerra. Era el mal menor. Se había trabajado mucho y dignamente para disponer solo de un empate, aunque tal y como va la temporada la afición dio por buenas las tablas en el descanso como así lo demostró con los aplausos a los suyos.

   La segunda parte fue peor. El equipo zaragocista dio muestras de cansancio, lo que provocó que sus acciones, correctas y lejos del error, no fructificasen en nada positivo, pues no había chispa. En el centro del campo Edu Bedia, que había hecho una buena primera parte, se cayó y la conducción del balón corrió a cargo de un voluntarioso pero poco ágil Zapater. Láinez movió el banquillo dándole entrada a Cani en lugar de Lanza. El catalán andaba dolorido y el aragonés tenía que hacer su trabajo conectando con Pombo y surtiendo de balones a Dongou, pero este se diluyó en un bosque en el que no se encuentra a gusto si está solo.

   El partido entró en una fase de ritmo bajo, con mucho pase al pie pero con poca verticalidad. El Valladolid aceptó el empate como una buena noticia y a conservarlo se dispuso Herrera, que pobló su defensa con jugadores frescos y prestos a la lucha. Esa superioridad física acabó con las posibilidades zaragocistas. Los jugadores aragoneses dieron muestras de agotamiento físico y mental y Láinez tampoco contribuyó con sus decisiones. Eligió a Edu García para sustituir a Dongou pero esa opción no limpió el camino hacia la portería de Becerra. Aun así, el Zaragoza dispuso de tres ocasiones relativamente claras en la cabeza de Cabrera y las botas de Edu García e Isaac. De haber tenido el nivel de efectividad de la semana pasada, estaríamos hablando de una trabajada victoria ante un ordenado aunque discreto Valladolid.

   El punto es poco pero es más que nada. Si algo hay de cierto en esta paupérrima categoría es que cualquier botín, por miserable que sea, puede convertirse en agua salvadora en los labios del náufrago sin esperanza. Con ello nos quedamos y con la certeza de que este equipo es capaz de iluminar una breve sonrisa en el zaragocismo. Ese corazón blanco y azul , negro y amarillo, rojo como la sangre que nos queda y que sueña con seguir soñando.

Foto: Jaime Galindo (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Aún no nos da puntos, pero tampoco los regala. Correcto.

Isaac: 3. Profundo y rápido, su vehemencia en ataque le penaliza en defensa.

Silva: 2. Poderoso en el choque, ayer pecó de desordenado.

José Enrique: 2. Sus frivolités lo convierten en un defensa irregular.

Cabrera: 2. Más eficaz en el corte que en el manejo del balón.

Zapater: 3. Muy importante en la cobertura, buscó la salida del balón con acierto desigual. Gran pase de gol.

Ros: 3. Trabajador, bullidor y muy presente.

Edu Bedia: 3. Hizo una buena primera parte, pero el físico no le aguantó la segunda.

Lanzarote: 3. Más participativo y eficaz. Tuvo varias ocasiones. Goleó.

Pombo: 3. Tiene movimientos muy interesantes. Ahora mismo es titular.

Dongou: 2. No encontró su sitio. De forma natural buscó posiciones atrasadas.

Cani: 2. No encajó en la propuesta de partido.

Edu García: 2. Hizo lo que se le pidió, pero no es su lugar en el mundo.

Samaras: S.C.

 

 

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Empate que humilla (Real Valladolid, 0 – Real Zaragoza, 0)


real_valladolid-real_zaragoza   Cayó. Luis Milla, el aragonés pausado, el turolense que nos dijo que pretendía que el equipo fuese una familia vio ayer cómo su proyecto moría al muy poco de nacer. No pudo convencer a quien toma las decisiones, sea Juliá, sea Iribarren, sea el Destino, y su pequeña revolución frente al Valladolid fue solo el canto del cisne. Morir porque no se sabe vivir en este pozo oscuro y putrefacto que es la Liga 1-2-3. Adiós.

   Ayer lo intentó el Real Zaragoza, pero con el mismo ánimo que la dirección técnica tenía al saber, de forma más que fehaciente, que ya nadie confiaba en él. Nadie. Ni sus jugadores, ni la directiva, ni los medios, ni gran parte de la afición. Por eso decidió liarse la manta a la cabeza y proponer una alineación conservadora que lograse darle la vuelta a la vida. Pero no lo logró, seguramente porque lo hizo desde la agonía. Tan solo una verdad se escribió sobre el tapete del Nuevo Zorrilla: que el equipo tenía un buen portero que hasta ayer había estado calentando el banquillo.

   Lo demás, nada. La nada. Una defensa enclenque y astillada, con numerosos errores, algunos de ellos muy poco perdonables. Un centro del campo fumígeno que no vende confianza y solvencia y una delantera, eso sí, en la que sobresale por su esfuerzo, compromiso y tenacidad Ángel. Y con esas armas y bagajes se encomendó Milla a la aparición de la Virgen a orillas del Pisuerga, pero ese tipo de decisiones no suelen ser productivas. No resultan, es decir. Porque el equipo no supo, ni pudo, no sabemos si tampoco quiso, jugar un partido de fútbol.

   Devorado por una situación que amenaza la destrucción del equipo, los jugadores no interpretaron el libreto que, imaginamos, Milla les entregó para su estudio y ejecución. Las líneas se juntaron, es verdad, pero los chicos no ejecutaron el segundo acto y se perdieron en un mar de Sargazos en el que el Valladolid sí supo navegar. Ya en el minuto 3 lanzó un balón al palo que Ratón vio pasar como un misil y las acometidas de los de Herrera hacían temer lo peor. Bien es verdad, en honor a la verdad, que la suerte acompañó al Real Zaragoza y no encajó ningún gol cuando todo hacía presagiar el drama.

   Un segundo hecho ayudó a ello: la muy interesante actuación bajo los palos del joven portero gallego, Ratón, que nos regaló varias paradas de mérito y una absolutamente grandiosa. Ayer, en la portería, había un portero confiado, seguro y con hambre. Eso lo agradeció el Zaragoza, que poco a poco fue ganando en confianza defensiva. Se trata de un dato a resaltar, porque hay que recordar que los de Milla son el equipo más goleado de la categoría. Esto se notó que estaba instalado en la mente del entrenador, como bien confesaría al final del partido. Para él era prioridad alfa mantener su portería a cero, costase lo costase. Aunque no ganase. Aunque le costase el cargo. Que le costó.

   Por otra parte, el Zaragoza fue incapaz de trenzar una jugada de ataque de mínima calidad. Se perdía el balón con suma facilidad, no se hacían tres pases seguidos y el nerviosismo era la característica que definía la capacidad creativa. Muy poca posesión y de muy poca calidad. Hiel sobre ninguna hojuela.

   Mientras Ratón iba creciendo minuto a minuto, el Zaragoza gozaba de una magnífica ocasión a cargo de Ángel después de un buen pase de Xumetra. Habría sido un gol balsámico. Injusto pero de mucho valor. No fue, porque incluso mostró poca fe en su remate y de esa forma nos fuimos al descanso. A la vuelta, vivimos una segunda parte en la que el equipo se recompuso un tanto cuando Lanzarote y sobre todo Cani entraron al terreno de juego. Fueron unos minutos de cierta pausa, de cierto control, de cierto deseo. Curiosamente fue el momento en que Ángel menos participó.

   Todo se fue al traste a falta de quince minutos. Casado, fuera de sitio y fuera de este mundo, protagonizó una entrada muy dura a un contrario que le supuso la tarjeta roja. A partir de ahí todo se desmontó. Milla entró en pánico, cambió a Fran por Bagnack y rogó a los cielos para que el partido acabase cero a cero. Lo consiguió y creyó que tenía una semana más de confianza. Error fatal. La guadaña le estaba esperando a su llegada a Zaragoza. Una vez más, y van demasiadas, el equipo se quedaba sin entrenador a mitad de temporada. En esta ocasión ni siquiera eso. Cuando estamos en el primer cuarto de temporada la profunda crisis que afecta a la institución golpea sin piedad en la mejilla de una afición que no sabe qué más le puede ocurrir. Quizás es hora de que los dioses nos den un respiro.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Buen partido del debutante. Fue de menos a más.

Fran: 3. Rápido, incisivo y trabajador.

Marcelo Silva: 2. Fornido y luchador, aunque lento con el balón en movimiento.

Cabrera: 1. Su rendimiento es muy bajo.

José Enrique: 2. Alternó momento lúcidos con errores provocados por su baja forma.

Zapater: 2. No está fino. Pierde balones y le cuesta llegar a los cruces.

Ros: 1. Insustancial y poco activo.

Casado: 1. Fuera de lugar. No encontró el sentido al partido. Mal por su expulsión.

Xumetra: 1. No está físicamente bien y no da lo que sabe.

Juan Muñoz: 1. No estuvo en su hábitat natural y se difuminó.

Ángel: 3. Lo pelea todo y busca agua en todos los desiertos.

Cani: 2. Aportó detalles diferentes.

Lanzarote: 1. Muy lejos de la zona que es su reino.

Bagnack: 1. Fue el cambio que nadie entendió.

Ganar para ganar (Real Valladolid, 1 – Real Zaragoza, 2)


 

Valladolid_2016
Esto es así. Así de pobre. Así de mediocre. Así de superficial. Pero, también, así de fértil. No hay fútbol ni se le espera y de eso ya parece que nos vamos enterando.
Y no hablo solo del partido de ayer entre el Real Valladolid y el Real Zaragoza, sino de cualquiera de los encuentros que a lo largo de la tarde pudimos ver. Comprobamos que en esta categoría gana los partidos el equipo que no encaja y que aprovecha las ocasiones, dos o tres, que tiene. Y fin de la madre de las citas.

Carreras se mostró en rueda de prensa satisfecho no por el juego de su equipo, ni por haber hecho un buen partido sino por el esfuerzo de haber jugado contra doce. Y por haber ganado, claro está. Aunque fuera con dos goles logrados en las dos únicas ocasiones. Aunque nuestros chicos no dieran muestras de intensidad en los momentos clave. Aunque perdiéramos la pelota al segundo pase. Aunque no supiéramos recuperar el balón cuando lo maneja el contrario. A pesar de todo ello, satisfacción. Y con ella nos vamos a dormir.

Ahora sí ya es una verdad asumida que los ocho partidos que quedan van a ser nueve batallas en las que no debemos esperar ni brillo ni sabiduría. Solo rojo sudor, sangre azul y blanca y que el negro aguijón de la avispa zaragocista acierte las dos o tres oportunidades que se nos presenten en cada partido para matar al adversario. Esa es la lectura después de salir de Pucela con tres puntos de diamante bruto. Porque no caben finezas ni bellos pulimentos en este final de temporada.

El partido comenzó de modo inmejorable. Después de un cabezazo al larguero de Villar, una muy buena jugada por la banda izquierda llevada por Hinestroza y Rico acabó en remate sibilino de Lanza que acabó con el balón en la meta de Kepa. Una jugada sencilla pero difícil, magistralmente ejecutada que abría el partido a la esperanza. Sin embargo, el Valladolid inició entonces una fase de control y juego elaborado que abrumó al equipo aragonés, hasta el punto de anular cualquier iniciativa y difuminar conceptos e intenciones. Se sumó a ello que las ocasiones tenían todas perfume a violeta y, claro, tanto fue el cántaro al Pisuerga que al final recogió agua.

   Fue una falta directa que Manu Herrera detuvo en gesto espectacular pero con resolución defectuosa, pues el rechace no fue recogido por ningún defensa y acabó en la cabeza del otro Manu, en este caso del Moral, que remató a gol a pesar de la tardía oposición de Guitián. Fue un gol anunciado, esperado, previsible, pues el centro del campo zaragocista no acabó de solucionar las filtraciones elaboradas por el aragonés Álvaro y eso facilitó las llegadas de Mojika, muy activo y bullidor, y Roger, siempre peligroso. Sumamos a ello que la defensa tuvo sus altibajos, sobre todo por la fragilidad episódica de Isaac y la incomodidad con que se manejó en algunos momentos Vallejo, no muy habituado a jugar de central zurdo.

   Así se llegó al descanso, momento que Carreras aprovechó para accionar el piloto de “comienza otra vez el partido” y pedirles a los chicos más intensidad y presencia en los balones divididos. Y procurar otro gol para, ahora sí, manejar la ansiedad pucelana. La jugada, por cierto, salió muy bien. Se logró ese segundo tanto gracias a una nueva incursión de Hinestroza, ayer muy incisivo y descarado, cuyo balón centrado cayó a los pies de Pedro tras remate de Lanza y acabó en la red castellana. Pero ahí empezó otro partido.

   El Valladolid tuvo varias ocasiones para volver a nivelar, pero o bien no estuvieron finos o bien Manu Herrera detuvo lo que le llegó. Fue una segunda parte de la segunda parte marcada por el acoso local y por la expulsión de Pedro, que vio una segunda amarilla muy discutible que supuso su expulsión. Afortunadamente, Carreras había decidido que Tarsi supliese a Lanza para procurar un mayor equilibrio y sujetar con madurez y seriedad un resultado que nos sabía a pura ambrosía. Se consiguió a base de sacrificio, trabajo solidario y esfuerzo común, tres valores que se ha demostrado son imprescindibles para lograr el objetivo. Solo con ellos no es suficiente, pero sin ellos es imposible.

   Partido, pues, para la construcción de un horizonte de posibilidades, de ruta abierta. Sostener las opciones de play off se antoja ahora mismo fundamental, además de aportar un mensaje de solidez a los contrincantes, que ven cómo el Real Zaragoza puede ser, sin duda, un candidato consistente a la pelea final. Y también a la afición y al propio grupo, que deben aceptar con confianza el reto que supone afrontar el último tramo de este camino que nos debe devolver a casa. A Primera.

Foto: http://www.realzaragoza.com

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. En el gol no decidió bien,pero el resto del trabajo lo completó bien.

Isaac: 2. Sufrió con Mojika. 

Gutián: 3. De nuevo cumplió, aunque en el gol se despistó.

Vallejo: 3. algo desubicado en la posición de central zurdo, estuvo luchador y poderoso.

Rico: 3. Muy buen partido en defensa y bien relacionado con Hinestroza.

Dorca: 2. Trabajador y dispuesto al esfuerzo.

Javi Ros: 2. No acaba de mezclar bien en esa posición con Dorca.

Pedro: 2. Fiero y trabajador, pero no soluciona situaciones complejas. Goleó.

Lanzarote: 4. De nuevo fenomenal. Metió un gol y participó en el segundo. 

Hinestroza: 4. El mejor. Ayer fue el jugador desequilibrante y rápido que tiene que ser.

Dongou: 1. Muy solo y desasistido. Le falta mucho.

Tarsi: 3. Le dio equilibrio y solidez al centro del campo.

Diamanka: 2. Volvió al equipo y amenazó a la defensa local.

Abraham: S.C.

 

Herida de otoño (Real Zaragoza, 0 – Real Valladolid, 2)


   1067549_1El Real Zaragoza mostró ayer su rostro más débil y desprotegido, ese que nos traslada a épocas muy recientes en las que cualquiera nos enviaba al pozo del fracaso. Un gol en el minuto 2 y un penalty injusto en el 46 fueron suficientes argumentos para que el Valladolid se llevase los tres puntos y ante las dos circunstancias vimos a Popovic desarbolado.

   Es verdad que un entrenador prepara el partido durante la semana y se imagina que las cosas van a discurrir por senderos previstos, pero si algo tiene el fútbol es que se trata de un deporte de imprevistos. Una lesión, una decisión arbitral, un balón descontrolado, una expulsión son hechos que pueden variar el curso de los planetas y varios de ellos se dieron ayer. Pero eso no es grave si se sabe reaccionar, si se tienen soluciones, si se dispone de uno o varios planes alternativos.

   No fue el caso. Tras el primer gol, criticable por la falta de oficio de la retaguardia zaragozana, el equipo trató de no apresurarse y jugar como si el 0-0 todavía campease en el vetusto marcador de la Romareda. “Vamos a jugar”, debieron pensar los muchachos, y eso intentaron hacer. Pero como dice Joda en “El imperio contraataca”, en estos casos no basta con intentarlo. “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Y a eso no sabe jugar el equipo de Ranko. Sin Vallejo ni Diamanka el equipo nos regaló lo peor de que es capaz. El balón circulaba espesamente y cuando se perdía resultaba muy costoso recuperarlo. Y salvo un par de aproximaciones con peligro, en ningún momento se vio sensación de recuperar el terreno perdido. No había peligro en el área propia pero ni una sola vez se disparó a puerta, salvo esa ocasión en que Ángel remató desviado y el rechace lo recogió Pedro pero no encontró la red contraria ni nadie acertó a meter la puntera. Poca pólvora para lo que el partido necesitaba.

   Se fueron los equipos al vestuario y la afición albergaba la esperanza de que el empate podía llegar en alguna jugada de pelea y casta y así poder entrar en el partido, pero lo que sucedió acabó de romper el partido. Un penalti dudosísimo en el minuto 1 dio al traste con cualquier posible plan que Ranko hubiera trazado en la caseta. Un 0-2 era un losa demasiado pesada, pero aún así, en estos casos la ley del fútbol dice que hay que tirar por la calle de en medio y trazar líneas de 7º de caballería. A por ellos y todo eso. Y hacer cambios.

   En la mente del zaragocismo se encendió un luminoso que ponía “Sergio Gil”, pero Ranko no vio las señales. Como mucho se atrevió a pedirle a Jorge Díaz que saliera en el minuto 19 por un desgastado y debilitado Hinestroza y después, en el minuto 29, a Sergio Gil para que arreglara lo que no tenía arreglo. El Valladolid estaba encajonado, pero los delanteros zaragocistas no encontraban huecos para el remate ni la segunda línea el camino al último pase o a la captación del rechace o…Bien, no había luz, es decir. En todo caso sí que se dibujaron sobre el verde de la Basílica varios contraataques pucelanos que muy bien pudieron acabar con el tercer gol en la red de Manu, lo que habría sido un golpe psicológico aún más doloroso.

   Tampoco el árbitro quiso enmendar su tremendo error en el no penalti de Olaortúa al no pitar una pena máxima por derribo de Jorge Díaz, en la única situación de peligro que alimentó el equipo aragonés y que vino a firmar un partido irregular, torcido desde el inicio y a cuya negativa resolución contribuyó Popovic al no gestionar adecuadamente los reveses recibidos de una forma tan sorprendente y hasta ridícula. Por añadir nos queda la preocupación de una delantera seca y estéril que se desnuda aún más cuando, como ayer, la defensa no articula soluciones y el equipo exhibe carencias que no conviene permitir que crezcan. Sobre todo si queremos retomar el camino de regreso a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 2. Desafortunado en el primer gol y con poco trabajo.

Isaac: 3. Sigue en una línea regular de trabajo y prestaciones.

Olaortúa: 3. Buen partido, bien colocado y perfecto en el corte.

Cabrera: 2. La ausencia de Vallejo le vino mal. Inseguro y nervioso.

Rico: 3. Fuerte y decidido en el corte. Más flojo en las subidas.

Erik Morán: 4. El mejor. Trabajó bien en defensa y ofreció pases de calidad.

Dorca: 1. Lento, inoperante y poco operativo. Necesita un descanso.

Hinestroza: 2. Débil y cansado, ofreció dos jugadas de clase.

Ángel: 2. Muy activo pero menos eficaz. Le faltó clarividencia.

Pedro: 2. Quiso ser protagonista pero se le vio descentrado.

Ortuño: 4. Muy trabajador y luchador. Las recibe todas, pero le falta combinar.

Jorge Díaz: 1. No fue revulsivo ni aportó soluciones.

Sergio Gil: 3. En pocos minutos nos mostró el camino. Merece una oportunidad. La merecemos todos.

Aprovechando que Vallejo pasa por Valladolid (Real Valladolid, 1 – Real Zaragoza, 3)


vallejo02Por fin. Hoy ha sido la tarde en la que el zaragocismo ha acabado ronco después de cantar los tres goles que han permitido al equipo aragonés lograr una magnífica victoria. Era una posibilidad, después del fallido intento ante el Mirandés del pasado miércoles, y se ha visto cumplida. En el éxito ha tenido mucho que ver la presencia de Pedro y, sobre todo, de un inmenso Vallejo que lleva camino de convertirse, como ya escribí hace algunas semanas, en el más digno heredero de Violeta, el León de Torrero, leyenda viva del Real Zaragoza.

Popovic ha vuelto al dibujo de Girona, aquel que le dio tan buen resultado y que solo una falta muy mal defendida manchó para decepción de todos. Y le ha funcionado muy bien. Los primeros minutos han sido una demostración de conjunción, aguerrida voluntad y presión bien orquestada que ha propiciado un escenario favorable, pues se llegaba con cierta solvencia al área de Varas y los ataques del Valladolid eran muy bien amoertiguados por un entramado defensivo eficaz gracias a la disposición táctica dispuesta. El partido tenía buena cara, pero el fútbol tiene cosas que la razón no entiende.

Eso ha ocurrido cuando Mario ha recibido un balonazo en su brazo derecho dentro del área. ¿Penalty? Sí y no. En este caso, sí. El linier lo ha tenido claro y ha heco posible que Óscar, de nuevo Óscar, siempre Óscar nos metiera un gol que parecái romper la cerámica blanca y azul.

Los siguientes minutos han sido un puñado de inconsistentes acciones que han puesto en peligro la idea inicial. Dos tarjetas amarillas consecutivas y una ruptura del argumento futbolístico han estado a punto de echar a la basura lo esbozado en la primera parte, pero afortunadamente se ha llegado al descanso con ese único gol en contra, lo cual dejaba todo abierto para la segunda parte.

Y se ha empezado muy bien. Borja Bastón ha disfrutado de dos claras ocasiones de gol propiciadas, de nuevo, por una muy buena presión y un dibujo táctico fértil. Pero no parecía ser su tarde. Aun así, el Real Zaragoza ha porfiado y ha mantenido su tensión defensiva, con esos tres centrales haciendo un buen trabajo y los dos laterales mucho más cómodos que actuando como defensas puros. Es una disposición por la que ha apostado Popovic y con la que el equipo se siente muy cómodo.

El Real Valladolid ha quedado maniatado. Donde no llegaban Basha, Dorca, Rico y fernández llegaban Rubén, Mario y, sobre todo y sobre todos, Vallejo. Si durante la primera parte ha marcadao con su sello personal una línea azul de eficacia y colocación en la segunda ha transitado territorios reservados a muy pocos jugadores. Y no solo en defensa. Le ha dado hasta para acercarse a los dominios de Varas, subiendo balones y plantándose donde ya no podía estar Borja, lamentablemente lesionado en medio de la desolación de todos. Y en una de estas estuvo presente para aportar su granito en el segundo gol.

   Que lo marcó Willian José. Fue en una jugada un tanto revolucionada en la que el balón rebotó en el larguero y el brasileño aprovechó el vuelo irregular para rematar un tanto que nos abría el cielo. Y tanto fue así que aún hubo aliento para armar un eléctrico contraataque de pies de Álamo para que Eldin acabase por derrumbar el alma de un Valladolid herido que no supo nunca jugarle al Real Zaragoza. Ahora todo está en su mano. Y en su corazón, que por fin late con la fuerza de la esperanza.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 3. Correcto en su trabajo, aunque algo indeciso en las salidas.

Fernández: 3. Muy buen rendimiento. Muy libre en ataque y más arropado en defensa.

Mario: 3. Estuvo firme y participativo.

Rubén: 2. Más centrado y coordinado con sus compañeros.

Vallejo: 5. Grandioso partido. Firme, seguro y magnífico en la salida de balón.

Rico: 3. Se encuentra muy cómodo en esta disposición. Muy útil en ataque.

Dorca: 3. Bien ubicado y correcto en la combinación.

Basha: 3. Presente en el corte y valiente en la salida.

Pedro: 4. Muy buen partido. Polivalente, osado y esforzado.

Willian: 3. Peleó con intensidad y logró un gol.

Borja: 3. Se fabricó hasta cuatro ocasiones pero no estuvo fino. Convirtió el penalty.

Insa: 2. Trabajó con intención pero con discreción.

Álamo: 3. Le dio rapidez al contraataque. Asistió el tercer gol.

Eldin: 3. Muy interesado en jugar. Metió el tercer gol.

Equipo en la niebla (Real Zaragoza, 0 – Real Valladolid, 2)


   525211_gMinuto 2. Una orgía de errores y torpes movimientos tácticos y técnicos dio con el balón de un magnético Óscar que convierte en oro futbolístico todo lo que toca. Gol del Real Valladolid. El caos gobernaba la nave blanquilla. Estupefacción en la grada. Primeros silbidos y decepción. La banda izquierda pucelana era un estremecedor mar de balones envenenados a los pies de Timor. El Real Zaragoza se estiró pero como un chiclé gastado. Para colmo de males, el árbitro anuló en el minuto 14 una jugada de peligro por fuera de juego al límite que luego comprobamos que no fue. A los pocos segundos, con Óscar tres metros adelantado, concedió gol válido al Valladolid. Manifiesta ineptitud del trío arbitral en perjuicio del equipo aragonés.

   En el minuto 15 ya estaba el partido resquebrajado. Si había un equipo con poso en el campo ese era el equipo visitante, cobijado en una manifiesta superioridad técnica en el centro del campo. Aun así, Borja dispuso de una buena ocasión en el minuto 23 que Varas resolvió con un magnífico mano a mano a su favor.  Popovic vio el problema y lo intentaó corregir sustituyendo a un flojo Álamo por Basha. La entrada del suizo equilibró al equipo y éste apuró su corazón con varias acciones no muy brillantes pero sí voluntariosas. Destacamos varios acercamientos al área visitante que no apuraron a su guardameta, pero sí lo podrían haber hecho dos flagrantes penalties que el colegiado no señaló en una clara muestra de incompetencia arbitral. Un violento agarrón a Galarreta cuando se disponía a rematar un balón franco y un ostensible manotazo de Álvaro que el trencilla vasco se negó a penalizar.

   La indignación en la grada alcanzó una gran intensidad y así llegamos al descanso. En la caseta Popovic rediseñó el equipo, adaptó sus piezas a la realidad y ordenó el dibujo. Lo que no consiguió fue activar el espíritu combativo de los chicos, por lo que pudimos ver a lo largo de la segunda parte.

   El equipo se partió, olvidó los dos o tres conceptos futbolísticos que tan buen resultado le han dado hasta el momento y abandonó el alma luchadora que le podía ayudar a presentar su candidatura a, por lo menos, el empate. Salió Vallejo por Fernández, lo que ayudó a taponar un tanto la banda derecha, que hasta el momento había sido un problema de primer orden, pero por otra parte el equipo vació ese territorio por completo. Eldin, que debía ser el extremo derecho encargado de proveer de balones a Borja, se disolvió en tierra de nadie y Pedro anduvo muy desorientado todo el partido y hasta llegamos a verle un tanto alterado por el férreo marcaje a que fue sometido.

   Fue una segunda parte polvorienta, deshilachada, en la que el Valladolid se sintió muy cómodo. Manejó el juego con calma y autoridad y sus aproximaciones siguieron marcando el ritmo del choque. El Real Zaragoza poco a poco se fue deshaciendo y la tardía entrada de William José al terreno de juego no fue la chispa capaz de encender a un grupo humedecido por la impotencia. La defensa siguió dando una cal y cinco de arena y el centro del campo no logró en ningún momento hacerse con el control del balón, lo que provocó un atasco monumental en la salida del balón blanquillo, sin argumentos y sin carácter. 

   El partido languideció, enmarañado en la dejadez de unos, incluido el poco acierto en acciones individuales como la de Eldin ante Varas, y la solidez defensiva de otros. Y en medio, una afición desencantada y enfadada con unos jugadores que no se entregaron y que se dejaron apabullar por un árbitro nefasto que no se merece pitar partidos como el de ayer.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 1. Muy mal partido del joven portero. Fallón, indolente e inseguro.

Fernández: 1. Mal partido. Su banda fue un pasillo por el que transitar con facilidad.

Cabrera: 2. Pundonoroso pero inexacto en su labor defensiva.

Lolo: 1. Ni manejó el balón ni actuó como central.

Rico: 1. No estuvo a la altura de lo que se le pide. Ni defendiendo ni atacando.

Dorca: 2. Trabajó mucho pero no encontró su sitio.

Galarreta: 1. Jugó en dos posiciones diferentes y en ninguna cumplió.

Eldin: 1. Muy desubicado. Perdió muchos balones y no combinó.

Pedro: 1. Muy nervioso y poco eficaz en su juego.

Álamo: 0. Nada aportó.

Borja: 2. Lo intentó pero no está en forma. Vive la sequía del goleador.

Basha: 2. Cuando salió equilibró al equipo. Después se perdió en el mal juego colectivo.

Vallejo: 2. Peleó y se ofreció en todo momento. Estuvo correcto en defensa.

William: 1. Poco pudo aportar en el poco rato que estuvo en el campo. 

Real Valladolid, 2 – Real Zaragoza, 0 (Vuelve la nada)


   RobertoSin alma, opaco en la creación, translúcido en la defensa, inánime en la lucha, nuestro equipo ha muerto sin honor ante un rival que ha tenido en Oscar al comandante de un ejército que nos ha derrotado limpia y justamente. Irrefutable fracaso.

   Cuando un equipo muestra sus solventes colmillos en el minuto dos y quien sufre la dentellada es incapaz de poner al servicio de la causa todos sus argumentos inmediatamente, es fácil imaginar que el guión promete pocas sorpresas. Desagradables todas ellas. El cabezazo al poste nada más comenzar el partido ya nos invitaba al pesimismo, pues ha sido un detalle que ha puesto al descubierto la desnudez mental de los muchachos de Manolojiménez. Es uno de esos hechos que anuncian la debacle, además de la lectura que de la alineación hemos hecho al ver los nombres y, sobre todo, las caras de los jugadores. Y lo mismo ha debido pensar el Real Valladolid, que ha pulsado el botón de hacer fútbol y ha acorralado al contrario con cuatro nociones de fútbol y un breve pero claro muestrario de jugadas de estrategia que le han permitido lograr el primer gol en el minuto once.

   Lo que es una mala noticia a veces se convierte en un argumento positivo y eso le ha ocurrido al Real Zaragoza, que poco a poco se ha desperezado y ha empezado a jugar a algo parecido al fútbol. Movilla y Apoño se han quedado el balón y han agitado un poco la tarde, haciendo promesa de trabajo y anunciando combinaciones correctas, pero todo se ha ido al traste cuando en el minuto 27 el malagueño se ha roto, propiciando el debut del imberbe Tarsi, y poco después Loovens ha sufrido de igual forma un problema físico, facilitando que Lanzaro se estrene esta temporada. Todo eran contratiempos.

   El Valladolid ha sujetado muy bien el partido en esta primera parte, creando ocasiones al contraataque y construyendo una melodía que los zaragocistas no han sabido interpretar en ningún momento. Antes al contrario, casi nadie se ha salvado en estos primeros cuarenta y cinco minutos, salvo Montañés, el único que ha querido jugar al fútbol. Los demás, mal. Especialmente la defensa, lenta y torpe, y el ataque, con un Eduoriol ajeno al mundo y un Postiga huérfano de amigos.

   Ha comenzado la segunda parte con un corazón blanco y azul latiendo acelerado y con ganas de vivir. No había clase, el talento huía de los pies de los zaragocistas, pero por lo menos se respiraba intención y deseo. Han sido quince minutos para la esperanza, pues aunque el fútbol que se elaboraba era mediocre y con poco fundamento, los chicos nos transmitían el anhelo de una mejor vida. Varias jugadas de ataque ligeras de equipaje, es verdad, pero ataques al fin, ha dibujado el Real Zaragoza, casi siempre con Montañés de protagonista. Estos movimientos le han dado luz y color a unos minutos en los que podía llegar, de lejos, el empate. Sin embargo lo que ha ocurrido es que el Valladolid ha vuelto a coger los mandos de la fría nave del partido y ha propuesto un juego largo y veloz a la retaguardia aragonesa que difícilmente ha podido controlar. Oscar, el genial media punta que tan bien nos conoce y tanto cariño, dice, nos tiene, ha masacrado la medular forastera y ha generado varias jugadas de maestro que, afortunadamente, no han llegado al final buscado porque Roberto, ahora sí, ha estado fantástico. Hasta que ha sucedido.

   En el minuto 74 un muy buen ataque por la banda izquierda ha promovido un inteligente movimiento de Óscar, siempre Óscar, quien ha escrito un remate diagonal y puntiagudo que ha significado el segundo gol. Muy bueno. Mortífero. De ahí hasta el final, la nada por parte zaragocista, la abundancia por parte pucelana. En todo caso, varios contraataques que han permitido que Roberto se luciera en varios mano a mano y algunos estériles intentos a pies de Javiálamo que había sustituido a Zucu minutos antes. La muerte, anunciada en el minuto dos, se había consumado a los pies de un agonizante equipo que pide oxígeno y savia fresca con la desesperación propia del acusado que ve cómo el juez va variando su opinión sobre él conforme aparecen nuevos testimonios.

CALIFICACIONES:

Roberto: 3. Desafortunado en el primer gol, ha triunfado después con varias extraordinarias paradas.

Fernández: 2. Digno estreno del andaluz, que ha brillado más en ataque que en defensa.

Loovens: 1. Lento y poco hábil, se ha lesionado pronto.

Pinter: 2. Discreto y con poca salida de balón.

Abraham: 2. No ha estado fino en defensa, donde h mostrado cierta torpeza. En ataque, como siempre, valiente.

Movilla: 2. Combativo y bullicioso, no ha podido sin embargo ejercer su labor de comandante.

Apoño: 1. El ratito que ha estado en el campo no ha aportado ni criterio ni fútbol.

Eduoriol: 1. Mal. Intenta algunas cosas, pero no le sale nada.

Zuculini: 2. Como siempre, se ha dejado el alma. Ha estado incisivo en la segunda parte, pero no ha encontrado la decisión acertada casi nunca.

Montañés: 3. El mejor. Ha trabajado bien, ha encarado y ha propuesto fútbol, pero cuando levantaba la vista solo veía el vacío.

Postiga: 2. Lucha lo indecible, pero hoy se ha encontrado de bruces con la soledad y ésta le ha abofeteado.

Tarsi: 1. No ha sido el debut soñado y todo jugaba en su contra. Difícil valorar su trabajo.

Lanzaro: 2. Raza y esfuerzo es su aportación.

Javiálamo: 2. Este chico tiene fútbol y en lo poco que ha estado ha dado la cara.