El Moncayo, el dios que nos ampara (Real Zaragoza, 3 – CD Numancia, 0)


Toquero02  Estos Pilares pueden ser memorables. Primero el pregón de Kasie-O y luego el bonito partido que el Real Zaragoza nos regaló. ¿Qué mejor comienzo de fiestas puede pedir un zaragocista? ¿Qué más cosas buenas podemos vivir? Oh, sí: vencer a un Numancia gallito que últimamente nos mojaba siempre la oreja.

   Bien, sé que es un comienzo un tanto frívolo pero es que esta afición se merece vivir tardes como la de ayer y, sobre todo, degustar victorias incontestables que eleven el ánimo sin caer en el triunfalismo, algo de lo que mi amigo Carlos nos previene. Pero es legítimo considerar que el juego de los chicos de Natxo está consiguiendo que este  corazón blanco y azul lata como hacía tiempo que no hacía.

   Comenzó el partido con la mejor de las noticias: un gol de raza y clase conseguido por Toquero tras una jugada pintada de bravura y determinación. La Basílica estalló y el horizonte se despejó. El Numanci trató de responder en seguida y puso sobre el verde zaragozano su clase tratando de manejar el balón con soltura. Su juego era fluido y dinámico, pero el Zaragoza activó unos mecanismos defensivos cada vez mejor consolidados. No era fácil crear ocasiones, al tiempo que los laterales blanquillos abrían el campo y los media puntas descerrajaban la defensa soriana con diagonales eléctricas y combinaciones muy estudiadas. Estas acciones consiguieron disociar a una muy nerviosa defensa numantina que evitó como pudo el segundo gol cuando Toquero lanzó un envenenado dardo a la escuadra soriana.

   El equipo aragonés dibujó una equilibrada primera parte. Christian Álvarez ha cerrado por ahora el debate sobre la portería. La defensa ha ganado en madurez y no se escapa a nadie que Mikel González es la clave que sustenta el edificio. A su lado Verdasca está creciendo partido a partido y los laterales están muy bien cosidos con Delmás y Alain, dos teóricos suplentes que cumplieron un magnífico partido. De Zapater hacia adelante todo son buenas noticias. El capitán gobierna con madurez y solvencia la sala de máquinas y Eguaras lleva camino de convertirse en un conductor irreprochable. Pero las grandes alegrías nos las dan los de arriba. Toquero ya es un ídolo, Buff es seda pura, Febas es tan grande que su clase no cabe en la camiseta y Borja Iglesias es un delantero que recordaremos durante años. ¿Hay lugar para la disidencia?

   Con 1-0 acabó la primera parte pero las sensaciones eran tan positivas que la grada descansó plácidamente a la espera de una segunda parte que debería cerrar el choque. Y lo hizo. En seguida llegó el segundo gol de Toquero. Una fibrosa internada de Febas propició que un balón quedase suelto en el área. Y allí emergió Gaizka, que lo recogió para fusilar a Fernández. No necesitó más la Romareda para rendirse a la gallardía y la rasmia del vasco. Era lo que necesitaba la hinchada: un resultado holgado fruto de un juego jugoso y generoso.

   Pero la fiesta no había concluido. El Zaragoza siguió en la porfía empujado por una grada entregada y emocionada y ese empeño recogió su fruto en forma de penalti y expulsión. Los protagonistas fueron Borja y el ex zaragocista Diamanka, que no supo sujetar sus impulsos y golpeó violentamente al gallego, ganándose la roja. Los once metros no fueron obstáculo para el goleador, que consiguió el tercer tanto y cerró así el match.

   A partir de ahí, minuto 56, el partido fue un juego de control y gobierno inteligente. El Numancia, que había llegado como líder sólido de férrea capacidad defensiva, había sido demolido por un Zaragoza ordenado, consolidado en sus coberturas y muy inteligente en el despliegue. Sumemos a estos argumentos que cuenta con varios, bastantes jugadores con un talento natural que han encontrado en el manual de Natxo el libreto apropiado para desarrollar de sus virtudes. Acomodemos a todo ello que han interiorizado un relato que les permite afrontar los partidos cada vez con más solvencia. Incorporemos, en fin, a esta narración alegre y festiva, que la afición cobija en su regajo a un equipo que apenas se ha destetado pero que ya asoma por la esquina de la primera juventud con un desparpajo y una insolencia propia de los equipos con futuro. Tanto es así que le esperamos para cerrar los Pilares con una victoria ante Osasuna. Y en medio, el Lorca. Pero vamos a favor de viento. A favor del cierzo del Moncayo.

Foto: Javier Belver (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Christian: 4. Resolvió bien todo lo que le llegó. Es un seguro.

Delmás: 4. Trabajó con finura, velocidad y firmeza.

Mikel: 4. Es una garantía por su madurez y clase.

Verdasca: 3. Está construyéndose a pasos agigantados.

Alain: 4. Magnífico en la cobertura y elástico en la banda.

Zapater: 4. Omnipresente y maduro. Es el capitán en todo.

Eguaras: 4. Magnífico en la conducción e inteligente en la combinación.

Toquero: 5. Héroe, guerrero y enormemente generoso. Dos goles.

Buff: 4. Nos enseñó un repertorio de movimientos que muestran su clase.

Febas: 5. Su calidad y su compromiso mezclaron para construir un partido enorme.

Borja: 3. Se peló con todos y desquició a Escassi. Un gol.

Ros: 2.Jugó de lateral y lo dio todo. Aún le falta un poquito.

Guti: 3. Estuvo a la altura. Aportó fuerza, garra y saber hacer.

Ángel: 3. Jugó poco pero estuvo bien.

 

 

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El Moncayo miró al Este (Real Zaragoza, 3 – CD Numancia, 0)


   lanzarote-y-caniVoy a ser incorrecto. El partido que ayer jugó el Real Zaragoza no fue mejor que el que disputó el pasado domingo ante el Nàstic. Sin embargo, anoche logró una victoria holgada y hace siete días la derrota nos ensució el alma a todos los zaragocistas. No jugó mejor, digo, pero sus jugadores ejecutaron las diferentes acciones con acierto, tanto en defensa como en ataque. Abismal diferencia.

   El resultado final es un paño caliente muy útil para calmar la tiritona que el zaragocismo ha vivido durante los últimos días. Del mismo modo, la llegada de Lalo Arantegui ha sido una tupida cortina que ha evitado que los rayos de la miseria hayan abrasado al club, a los jugadores, al técnico y a la afición. ¿Supone esto que un nuevo horizonte se muestra ante nosotros? No. Supone solamente que la continuidad de los actores de esta obra es fundamental para evitar el horror de la debacle. No son los mejores, no satisfacen a casi nadie, pero este técnico y esta plantilla tienen que ser quienes finalicen la temporada. ¿Objetivo? Vivir.

   Por eso, y solo por eso, hay que calificar la victoria de ayer como de importantísima. Vital. Esos tres goles son oro molido. En primer lugar, porque nos aleja de la quema. En segundo lugar porque este equipo, arrugado y arrasado por el miedo y la altísima exigencia, necesitaba un partido como el de ayer para resucitar. Los tres palos ante el Nàstic sirvieron para fabricar una cruz de madera que aplastó la espalda de los muchachos. Por eso, los tres goles de ayer suponen una bocanada de aire en el último minuto.

   Agné mantuvo su propuesta. Solo incluyó una variación: la entrada de José Enrique en el once tras varias semanas de lesión. Una decisión de enorme calado, pues el valenciano es un jugador esencial en este grupo. Al mismo nivel o superior que Lanzarote, Cani, Zapater, Ángel o Ros. Su presencia aporta experiencia, intensidad, compromiso y calidad. Casi nada. Y se vio desde el primer minuto. Aunque no está para subir la banda, la defensa gana en solidez y su pausa le otorga a la salida de balón otra dimensión. Por eso, los primeros minutos significaron una declaración de intenciones moderadamente interesante. Sumemos a ello que Saja supo hacer su papel y libró al equipo de un gol en contra que habría supuesto un mazazo de hiel. Es decir, que ayer se acertaba en las acciones que se ejecutaban.

   Poco a poco el Real Zaragoza fue gobernando el partido, en parte también porque la participación de los buenos fue más relevante. Cani, Xumetra y Lanzarote jugaron como ellos quieren hacerlo. Estando presentes, ocupando espacios, barriendo las entre líneas con su calidad. Detrás de ellos, Ros hacía un trabajo de extraordinario nivel y Zapater se encontraba por fin cómodo en su labor como portón que cierra la fortaleza. Arriba, como siempre, un bullidor y energético Ángel que ya en los primeros minutos disfrutó de una ocasión de gol que solucionó Aitor.

   Cuando el partido nos mostraba un razonable equilibrio a pocas cosas, Lanzarote se inventó un gesto técnico de alto nivel para propiciar que Ros lograse el primer gol. No era ni más ni menos injusto que otras veces. Sin embargo, resultaba gratificante comprobar que estos jugadores, cuando activan sus recursos adecuadamente, pueden lograr resultados positivos. El gol fue muy buena noticia, pues el grupo reaccionó con prudencia y buen manejo del balón. El Numancia acusó el golpe, lo que aprovechó el Zaragoza para profundizar en la herida. Lo hizo de nuevo con la participación de Lanzarote, que habilitó a Xumetra para que este fuese derribado por Mateu en el área. El penalti lo transformó Ángel, logrando el segundo gol que tranquilizó a la parroquia y al propio equipo.

   La segunda parte la afrontaron los de Agné con un juego sobrio y combinativo. Dominaron los tiempos y los espacios e impidieron que el Numancia despertase a través de mucho control y, sobre todo, presencia de sus centrocampistas y su segunda línea. El peligro se dibujaba casi en cada acción, pues el equipo soriano se desmadejó y se encontró con un sistema de contención de buen calibre. José Enrique estaba muy seguro y Silva se sintió imperial. Y goleador.

   Lanzarote ejecutó magistralmente un córner y el central uruguayo remató de cabeza el tercero. Una enorme alegría para el universo blanquillo que veía cómo, por fin, se ganaba un partido con holgura. Si el equipo es capaz de insistir en lo que sabe hacer bien; si sus jugadores afinan cada acción con el acierto que mostraron ayer; si el entrenador sostiene las cuatro ideas que ayer propuso, podremos vivir un final de temporada tranquilo. No hay que buscar el Santo Grial en las escombreras. Está en el corazón y el músculo de cada zaragocista.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Saja: 3. Dio seguridad y confianza.

Fran: 2. Atrevido en ataque, mostró varios agujeros en defensa.

Silva: 4. Uno de los mejores. Jugó un partido muy completo. Goleó.

Cabrera: 3. Junto a su compatriota juega cómodo y eficaz.

José Enrique: 4. Sin jugar un enorme partido, le aporta al equipo un plus de calidad.

Zapater: 3. Cómodo y liberado de funciones extrañas a él.

Ros: 4. Gran trabajo. Cubrió el centro del campo y supo qué hacer en cada momento. Goleó.

Xumetra: 2. Irregular, aunque ayer jugó más liberado y eso le conviene.

Lanzarote: 4. Mostró su mejor versión y nos recordó que si él juega bien, la noche es el día.

Cani: 3. Participativo, ágil, presente y productivo.

Ángel: 4. Lo lucha todo, trabaja sin descanso y aporta energía y brío. Goleó.

Edu García: 3. Participó con ganas e intención.

Dongou: 2. Cuando el partido estaba abierto, abrió el campo y sujetó el balón.

Valentín: S.C.

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Equipo sin memoria (CD Numancia, 2 – Real Zaragoza, 1)


25_septiembre_2016Vergonzosa y tristísima derrota la sufrida por el Real Zaragoza en Soria. Vergonzosa porque ha vencido un equipo escaso de talento, seco de fútbol y aturdido en su propuesta, pero sencillamente dispuesto a la batalla. Y tristísima porque haciendo caso a esa idea que se ha instalado en el subconsciente colectivo que habla de que esto va de sensaciones, las que nos han regalado el entrenador y los jugadores blanquillos son horribles.

   El CD Numancia se ha llevado los tres puntos porque ha corrido más, ha luchado más y ha querido con el alma ganar el partido. Y porque enfrente se ha encontrado un grupo muerto físicamente, derrotado anímicamente y deshilachado en todas sus costuras, principalmente las que hablan de que para ganar hay que jugar bien. En resumen, una derrota demoledora que habla sin palabras del vacío que es capaz de regalar este equipo siempre que sale de casa.

   En Lugo nos comieron la tostada y en Valencia nos destrozaron. Solo en Tarragona supimos aguantar el tipo porque se diseñó un esqueleto defensivo que, al menos, sirvió para mantener el tipo, pero algo se removió en las tripas del zaragocismo que invitó a Milla a presentar una alineación desequilibrada que en ningún momento ha sabido responder a lo que el partido precisaba.

   Hemos visto a varios jugadores desfondados, a otros desequilibrados, a algunos desmotivados y a casi todos desorientados. No sé qué va a decir el entrenador, pero lo que dice el partido es que hay que recomponer a los jugadores, rediseñar el concepto de juego y planificar muy bien a quién se va a utilizar y para qué, porque otro partido como el de hoy, y ya van dos en siete jornadas, puede acabar con el ánimo y la moral de todos.

   En esta categoría casi nadie juega a nada, pero si a los que lo hacen bien se les pide que hagan aquello que no saben, entonces estamos firmando nuestra pena de muerte. Eso se ha hecho con Lanzarote, a quien se le ha ubicado en una llanura en la que no sabe vivir y se le ha hecho de noche desde que sus compañeros naturales no están. Me refiero a Cani y Xumetra. Ha bastado que  desaparezcan del grupo para que el edificio se venga abajo. Zapater no se encuentra a sí mismo ni a los demás y Morán no es el ancla que necesita este equipo. Javi Ros es una mala copia de lo que nos invitó a creer que era y la defensa es una apuesta a la inconsistencia. Para acabar de firmar este documento terrorífico, Irureta se ha empeñado en invitar a esta fiesta a Ratón y lo está haciendo con la misma insistencia que utilizó Zapater para convencer a Cani este verano.

   No he escrito sobre fútbol pero es que hay muy poco que escribir. Si acaso algún detalle de Juan Muñoz y la consabida energía y pundonor de Ángel. Es verdad que el gol ha venido después de una combinación de ambos, pero la posición del tinerfeño no le ha favorecido y no ha acabado de mezclar del todo bien con el joven delantero. Y sumados todos estos factores conforman un desastre de partido del que no se salva nadie. Nadie es nadie. Sin hastag.

   En fin, partido para olvidar. Uno más. Si no se sabe jugar fuera de casa por lo menos hay que salir a dejarse el alma y partirse el corazón para traerse un punto a casa. Porque estamos en momento de construcción y queda mucho. Lo importante es hacer despensa, como ya dijimos el martes pasado, y esperar a que escampe y lleguen mejores momentos. Eso sí, sin perder la estela de los de arriba y sin olvidar que este año toca tener paciencia y fortaleza.

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Irureta: 1. El primer gol, estático. El resto del partido, inane.

Isaac: 0. Muy mal partido. Se ha desnortado.

Marcelo Silva: 1. Si te rematan un gol como Manu del Moral, suspendes. Luego, nada.

Cabrera: 1. Si te rematan un gol como Manu del Moral, suspendes. Luego, desorientado.

Casado: 0. Muchos errores no forzados. Muy mal.

Morán: 1. Desencajado y frágil en todas sus acciones.

Zapater: 1. Han acabado con su energía y su capacidad de liderazgo.

Javi Ros: 1. Corre mucho pero no es nada eficaz.

Lanzarote: 1. No sabemos, seguramente él tampoco, a qué juega.

Ángel: 2. Muy luchador y bravo, pero no ha jugado en territorio amigo.

Juan Muñoz: 2. Ha metido un gol y se le ven detalles, pero le falta acoplamiento.

Fran: 1. No ha aportado nada.

Barrera: 0. Ineficaz y con poco ánimo.

 Sobreponte y sigue el caminar (CD Numancia, 2 – Real Zaragoza, 2)


   597315_gEscribo esta desconsolada crónica cuando ya se sabe que el ascenso directo está carísimo, por lo que se hace difícil encontrar un gramo de esperanza. Y después de haber vuelto a ver lo ocurrido ayer en Soria y certificar con claridad y rabia que es verdad que un árbitro puede destrozar un partido con sus decisiones.

   Lo vivido en Los Pajaritos ayuda a no creer en la limpieza. Es cierto que al final de la temporada las decisiones arbitrales a favor y en contra puede que se equilibren, pero nada habría sido igual si el choque hubiera sido juzgado con equidad. Un encuentro que el Real Zaragoza afrontó con firmeza y buen criterio y que en seguida hizo suyo. Jugó los primeros minutos bien colocado, activo en todas sus líneas y sabiendo muy bien cuál era su objetivo. Transmitía en cada acción mensajes sólidos que en seguida supo traducir en jugadas de peligro. La defensa soriana no acertaba a controlar las llegadas blanquillas, que encontraban en la banda derecha un sendero favorable, muy bien acompañado por un centro del campo maduro e inteligente.

   Morán y Ros interpretaban muy bien el libreto y Lanzarote, talentoso y lúcido, se encargaba de abrir huecos en la retaguardia local. Sin embargo sería el más inesperado de los atacantes, el central Rubén, quien potagonizaría la jugada del momento al servirle a Ángel un balón de oro en una penetración por la banda que el canario remataría inapelablemente al fondo de la red. Era un gol de justicia, un tanto anunciado desde el minuto 1, pues el Real Zaragoza estaba jugando un partido muy bien planteado y mejor ejecutado.

   Pero las buenas noticias no habían acabado. Apenas dos minutos después Lanzarote volvió a regalarnos una nueva delicatessen, esta vez en forma de chut parabólico a la primera tras un mal rechace de la defensa del Numancia. Un 0-2 que servía para amortiguar ansiedades y permitir crecer en la clasificación. Sin embargo el relato no estaba escrito del todo. En el minuto 29 un desajuste defensivo obligó a Dorca acometer una falta en el borde del área que le cobró una tarjeta amarilla. El castigo lo ejecutó Julio Álvarez y una doble carambola en la barrera condujo el balón al camino del gol. Fue un tanto de fortuna que, no obstante, no hizo cambiar su plan al Zaragoza.

   Ángel seguía dispuesto a cerrar el partido con otro gol para su equipo, pero sus acciones no obtuvieron premio. Fue una lástima, porque una tercera diana habría cerrado el partido. Por contra, lo que sucedió fue que un árbitro mediocre y sin recursos técnicos quiso pasar a la historia por sus malas decisiones, muy alejadas de lo que se puede interpretar como un error. Lo suyo fue un ejercicio de torpeza que perjudicó claramente al equipo aragonés cuando sancionó con falta y tarjeta amarilla una mano de Dorca. Eso significaba que el Real Zaragoza se quedaba con 10 jugadores en el minuto 37.

   La segunda parte comenzó con un Zaragoza acobardado ante el empuje del Numancia. Con buen toque, movilidad y presencia en cada lance, el equipo rojillo acorraló a los de Carreras, que sufrieron mucho en el balance defensivo. La injustificada ausencia de Dorca perjudicó el equilibrio del equipo, pues ni Hinestroza ni Lanzarote están fabricados para un trabajo de desgaste y erosión del rival. Así, no quedaba más recurso que el contragolpe, que tuvo ocasión de ejecutar en varias ocasiones aunque no hubo forma de finalizar ninguno con éxito. Mientras tanto, el Numancia se beneficiaba de una intensidad inusitada mostrada por sus jugadores y de la fortuna, que ayer se alió con el adversario. SI el primer gol recibió el apoyo de un doble rebote, el segundo llegó después de un chut lejano que desvió con el pie un defensa zaragocista.

   No hubo forma de revertir la situación. Ni Lanzarote, ni Dongou, ni Culio ni Diamanka. Ninguno supo aprovechar sus ocasiones, que no habrían evitado la indignación por el arbitraje de López Amaya, pero sí habrían evitado dos cosas: alejarnos del ascenso por la vía directa y esta sensación de indefensión ante un estamento arbitral que demuestra, en ocasiones, que está formado por ineptos que no están a la altura de la competición. Mientras tanto, nos queda la fuerza que una afición grande como el Moncayo que, ayer sí, separa a los dos clubes va a seguir transmitiendo a sus jugadores. Y porque aún está por recorrer el camino de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Realizó paradas de enorme mérito y nada pudo hacer en los goles.

Isaac: 4. Su rapidez, descaro y tesón nos dieron mucho.

Rubén: 4. Muy fuerte y arrojado, dio un excelente pase de gol.

Cabrera: 2. Su trabajo fue no perder la posición y despejar todo lo que llegaba.

Rico: 3. Por su banda llegaron muchos ataques. Trabajó y lo dio todo.

Morán: 3. Muy buen trabajo en la primera parte. Sin Dorca, se apagó.

Dorca: 3. Jugó muy buenos minutos, sobre todo dando equilibrio defensivo.

Ros: 3. Buen partido cuando estaban los tres. Tuvo que trabajar muchísimo.

Lanzarote: 4. Fue el mejor. Volvió a golear y lleva siempre peligro.

Hinestroza: 2.  Partido flojo en prestaciones aunque lo intentó.

Ángel: 2. Goleó, pero no acabó de matar el partido.

Culio: 3. Aportó carácter en el control, pero le faltó aire para llegar.

Dongou: 2. Buenos movimiento, pero pecó de lentitud.

Diamanka: S.C. Tuvo una gran ocasión de gol.  

 

 

El dolor es fugaz (Real Zaragoza, 2 – Numancia, 2)


   1074131_1Un Real Zaragoza joven y deconstruido afrontó ayer un partido que pudo haber convertido al equipo aragonés en parte del triunvirato y que, sin embargo, se quedó a mitad de camino. La visita del Numancia siempre es una noticia bonita, pues la entrañable relación entre ambas aficiones invita a la armonía y la celebración de una fiesta futbolística. La lástima para los intereses zaragocistas es que no se supiera cerrar una victoria que estaba muy bien encarrilada en el minuto 55 pero que murió con un empate debido a la fragilidad física y táctica del equipo de Popovic, que vio cómo se perdían por el sumidero de las segundas partes.

   El choque comenzó muy bien. El equipo zaragocista combinaba con fluidez y llegaba con facilidad a los dominios de Munir, que supo sofocar las ocasiones aragonesas y contagiar a su defensa para que esta desactivase las jugadas creadas durante los primeros quince minutos. La grada contemplaba una propuesta de fútbol dinámico que anunciaba el gol en cualquier aproximación, pero la impericia de los atacantes no proporcionó ninguna alegría a la afición. A partir del minuto 15 el encuentro se equilibró y el Numancia se animó a visitar el área de Bono, aunque sin mucho peligro.

   Se vivía un tramo de alternancias hasta que a partir del minuto 30 el Zaragoza recuperó el manejo del balón. En una de esas jugadas Marc Bertrán penetró por su banda y en la culminación el balón quedó suelto para que Abraham convirtiese. Era el 1-0 y la tranquilidad cubrió las tribunas de la Basílica. Hasta el final de la primera parte el partido estuvo bien sujeto por los blanquillos. La seguridad defensiva, la rapidez de Ángel, el talento de Pedro y el acertado trabajo de Morán y Sergiogil, aunque escasos de físico, consiguieron sostener a un equipo deshecho por las bajas pero aun así solvente ante un Numancia mejor en lo ofensivo que en lo defensivo.

   La segunda parte comenzó con los mismos argumentos. La buena noticia llegó con un magnífico pase de Morán a la profundidad de la zona defensiva soriana para que, esta vez sí, Ortuño batiese a Munir. Era el 2-0 y el triunfo se tocaba con la yema de los dedos. Quien más quien menos, eso sí, ya había advertido que el centro del campo del Zaragoza contaba con algunas piezas muy desgastadas. Sergiogil y Abraham, faltos de partidos, mostraban signos de cansancio, algo que se podía detectar cada vez que había que luchar un balón dividido. Cada batalla era una pequeña victoria para los amigos del Numancia. Por eso dolió tanto el gol del 2-1, seis minutos después del tanto de Ortuño. Y dolió porque se respiraba en el ambiente que iba a ser de una enorme dificultad la tarea de sostener el resultado.

   Popovic reaccionó diez minutos después sustituyendo a Sergio por Tarsi, pero ya era demasiado tarde. El Numancia se había adueñado del centro del campo y lanzaba peligrosos ataques que a duras penas conseguía rechazar la defensa zaragocista. Y así sucedió que llegó el empate. Fue justo dos minutos después de la entrada de Jorge Díaz por Ángel. Un chut errático, una mala confluencia de los astros y gol. Minuto 78 y poca capacidad de reacción. Un cierto sentimiento de decepción se instaló en la Romareda, que así y todo aún pudo ver cómo los muchachos, deshilachado el equipo por la escasez de fuerzas, lo intentaba con ánimo y vergüenza torera.

   Fueron dos claras ocasiones de gol que Munir deshizo, evitando que Pedro y Jorge Díaz lograsen la recompensa que le hubiera dado la victoria al Real Zaragoza. Fueron dos situaciones de corazón y deseo, dos jugadas de empujón agónico que levantaron al público de sus asientos, pero que no llegaron a buen fin por la buena actuación del portero del Numancia. Con todo, pues, empate. Dos puntos que se quedaron en el camino a Soria, en las veredas de la debilidad de un equipo que necesita más gol, menos bajas y, sobre todo, estabilidad. Son tres detalles que, si se logran, si se consiguen, permitirán que podamos reencontrar el sendero de regreso a casa. A primera.

CALIFICACIONES

Bono: 2. Poco trabajo, pero en esta ocasión no consiguió solventarlo bien.

Marc Bertrán: 2. Muy incisivo en la primera parte, sufrió mucho tras el descanso en defensa.

Cabrera: 3. Buen primer tiempo, donde mostró lucha y eficacia. Mala suerte en el primer gol.

Vallejo: 3. Bien en el corte, aunque ayer no lució en la salida de balón.

Rico: 4. De nuevo buen partido. Rudo, potente y consistente.

Morán: 3. Bien en la primera parte. Dio un magnífico pase de gol. Se quedó muy solo en la segunda parte.

Sergio Gil: 3. Talentoso y ágil de mente, perdió fuerza poco a poco.

Abraham: 3. Se le nota cómodo. Podría aportar más un poco más retrasado. Goleó.

Pedro: 3. Hábil, participativo y más líder.

Ángel: 3. Muy rápido y vertical. Fue un incordio para la defensa contraria. 

Ortuño: 4. Lo pelea todo. Y además ayer metió un gol.

Tarsi: 2. Le dio consistencia al centro del campo, pero necesita más minutos.

Jorge Díaz: 2. Jugó poco, aunque lo intentó todo. Falló un gol claro.

Aria: 2. Dio un buen pase de (casi) gol. Por fin.

 

Mejor en familia (Real Zaragoza, 1 – CD Numancia, 0)


  Jaime03 En el minuto 1 el Real Zaragoza estuvo a punto de acercarse al cielo, pero Borja nos anunció en ese mismo instante que ayer no era su día. Pero fue una señal. De lo que sería la primera parte. Un período en el que el equipo aragonés mostró un interés, un deseo y una intención de competir digna de quien aspira a la lucha.

   Fue un error de principiante pero eso no impidió que el partido siguiese abierto a la ilusión. Popovic planteó un choque de manejo aunque sus muchachos no diesen exactamente la medida esperada. Eso sí, Insa en el centro del campo y Galarreta, Pedro y, sobre todo, Jaime arriba tenían sujeta a la zaga soriana que no salía limpia de su campo. Y cuando lo hacía ahí estaban Mario y Vallejo para controlar a los puntas rojillos con un trabajo serio y propio de dos buenos defensas como son ellos: la sobria veteranía y el brillante mañana.

   En diversos momentos consiguió el equipo robarle el balón al contrario y lanzar a sus puntas en busca de la portería forastera y hasta de dos ocasiones disfrutó para abrir el marcador, ambas a cargo de Galarreta. La primera en un centro medido desde la derecha que cabeceó alto y la segunda con un chut desde fuera del área que extravió por un mal golpeo. Ambos detalles fueron la muestra de que había cierto aire favorable, teniendo en cuenta además que Bono no sufría ninguna situación de peligro si exceptuamos un defectuoso remate de cabeza a la salida de una falta.

   El discurso no variaba y fue en esas cuando un nuevo robo de balón en la medular permitió escaparse a Borja, que corrió hacia la portería contraria para asistir a Jaime que le acompañaba por la banda contraria. Este controló bien el balón y remató con nula ortodoxia pero con la fortuna de que el chut lograse alojarlo en el fondo de la red. Era un gol balsámico y merecido que lograba levantar el ánimo de la Romareda, ávida de alegrías y necesitada de mensajes de esperanza..

   Se llegó al descanso con cierta holgura y la segunda parte se presentaba con un gol a favor y la sensación de que debían haber sido alguno más, lo que apuntaba a que, si se mantenía la tensión y el estilo de la primera, el partido podía acabar bien. Sin embargo el inicio de los segundos cuarenta y cinco minutos hizo presagiar, una vez más, sufrimiento e incertidumbre. El Numancia dio un paso adelante y los de Popo se vieron acorralados y ahogados. Es cierto que el Numancia no mostraba peligro, pero el balón era suyo y el Real Zaragoza no acertaba a salir de su campo. Y cuando lo hacía no ofrecía solvencia ni control.

   Lo mejor llegaba de las botas de Pedro y Jaime y la buena noticia de la tarde era que Galarreta, que bajó al medio centro cuando Insa fue sustituido por Álamo, estaba más acertado en el manejo del cuero que otras veces, lo que permitía, cuando nos sacudíamos la presión, acercarnos con algo de peligro al área de Munir. Sin embargo, la mejor ocasión la tuvo Julio Álvarez con un lanzamiento de falta que Bono sacó con una buena parada. Para contestarla, Pedro también rozó el larguero en otro chut directo, pero el marcador ya no se movería. Ni el Numancia tenía pólvora arriba, como demostró Natalio al no acertar en un franco cabezazo en el minuto 83, ni el Real Zaragoza supo aprovechar dos ocasiones postreras protagonizadas por Rico: la primera para darle un pase a Borja que, negado ayer, no supo rematar y la segunda en una escapada del burgalés que no pudo finalizar por su lentitud.

   Los últimos minutos, con la Basílica totalmente volcada con su equipo, fueron duros e inciertos. El equipo veía la victoria muy cerca y el nerviosismo se instaló en el grupo que, sin embargo, supo sufrir para defender el gol de ventaja que le otorgaba tres puntos que pueden ser de oro. Si lo son o no lo sabremos dentro de siete días, que será cuando en Ponferrada se dibuje parte del paisaje que forme parte de nuestro futuro.

Foto: Heraldo de Aragón

CALIFICACIONES

Bono. 3. Seguro en general y práctico en la parada a falta de Julio Álvarez.

Fernández: 2. Correcto en defensa y valiente en ataque.

Vallejo: 4. Magnífico partido. Defendió con firmeza y sacó el balón con maestría.

Mario: 4. Muy seguro en todas sus acciones.

Cabrera: 3. Estuvo voluntarioso y trabajador, aunque algo irregular.

Dorca: 3. Buen trabajo, sobre todo en la segunda parte.

Insa: 3. Buen primer tiempo, participativo y práctico. Luego desapareció.

Jaime: 4. Buen partido. Rápido, incisivo y goleador.

Pedro: 3. Acertado en casi todas acciones y talentoso en muchas de ellas.

Galarreta: 3. Muy luchador y acertado en el manejo del balón. Tuvo dos ocasiones de gol.

Borja: 2. No fue su día, aunque trabajó lo indecible.

Álamo: 2. Rápido pero incierto en el manejo del balón.

Lolo: S.C.

Agua seca (Numancia, 2 – Real Zaragoza, 0)


   unnamed-2-1000x613Mal está jugar mal. Mal está cosechar malos resultados. Mal, muy mal. Pero mucho peor es escuchar al entrenador de tu equipo decir que lo de ayer (“lo de ayer”) había sido el mejor partido de la temporada. Por no hablar de su propuesta de referéndum. En fin, solo malas noticias.

   El partido, es cierto, comenzó bien para los nuestros. Con dedicación, con interés, con deseo. Los chicos de Víctor se quedaron el balón, mantuvieron la posición y procuraron asfixiar al centro del campo soriano. Y lo lograron. Así llegaron las primeras aproximaciones al área local. Eldin, Dorca y Borja lo intentaron en los diez primeros minutos, dando sensación de peligro y consiguiendo que los amigos sorianos se creyesen que aquello iba en serio. Así llegó una excepcional ocasión. En el minuto 15 un majestuoso pase con el exterior de Willian no lo convirtió Borja al evitar el gol Munir con un prodigioso gesto. Hasta entonces, muy bien.

   Pero unos minutos después ocurrió. Poco después de que Whalley resolviese bien un peligroso corner, un serio Antonio Tomás se sacaba un centro sencillo y concreto que remataba de cabeza Enrich entre Mario y Diogo. El gol cayó como un jarro de agua del Moncayo sobre la cabeza y el alma zaragocista. Mario se rompió y fue sustituído por Vallejo,que lo hizo francamente bien. De los pocos. El resto del equipo sufrió una bajada de tensión y ya no fue dueño del choque en ningún momento. Con la frente marchita y muy poca fineza en la ejecución de las acciones el Numancia no tuvo que esforzarse mucho para hacerse con las riendas del encuentro.

   La segunda parte no mejoró mucho. Víctor mantuvo el equipo pero el equipo no lo sostuvo a él. Es evidente que el grupo le está negando el pan y la sal al entrenador que, además, no ve que su propuesta obtenga el resultado apetecido. No hubo afán de superación ni inteligencia en la gestión del partido. El Numancia supo en seguida lo que tenía que hacer y lo hizo. Como el equipo aragonés despreció el uso de sus centrocampistas los sorianos encontraron la clave en el fútbol control, lo que fue suficiente para llegar al minuto 79 y conseguir el segundo gol en un chut lejano que Whalley no supo ver. El equipo depende de sus delanteros, de cuando están en estado de gracia, de que metan más goles que los (muchos) que recibe y cuando esto no se da el edificio se desmorona. Y si, además, un poco antes Willian había recogido la segunda amarilla y como hasta entonces no había habido ni media pulsación en el corazón zaragocista, pocos argumentos le quedaron al zaragocismo para justificar la debacle.

   En resumen: veinte minutos buenos, demolición con el primer gol, flaccidez técnica, táctica y física y debilidad en el mando. Se abre el telón y vemos un barranco. Se cierra el telón: ¿hay alguien ahí abajo?

Foto: Mario Tejedor (Heraldo de Aragón)

CALIFICACIONES

Whalley: 1. No ofreció seguridad y en el segundo gol pudo hacer más.

Diogo: 1. No fue el jugador fuerte y decidido que conocemos. Su flanco fue un pasadizo.

Mario: 1. El primer gol es suyo.

Cabrera: 2. Correcto en el corte y pundonoroso en la pelea.

Rico: 2. Adecuado rendimiento a lo que el partido proponía.

Dorca: 1. No encaró el partido con eficacia. Débil en el manejo.

Lolo: 1. Insignificante en el juego y en la presencia.

Eldin: 1. Poco participativo e inexacto en la conducción.

Pedro: 1. Perdió muchos balones y no combinó con acierto.

Willian: 2. Sus primeros minutos fueron muy buenos. Luego se descentró.

Borja: 2. Un delantero vive abrazado al gol. Cuando no llega, sufre. Como él ayer.

Vallejo: 3. Buen partido. Justo en el corte y valiente en la pugna.

Jaime: 1. Revolucionado y poco útil.

Ruiz de Galarreta: 1. Muy poco tiempo en el campo. Nada aportó.