Si poco es suficiente (Real Zaragoza, 1 – Real Valladolid, 1)


La Basílica es sabia. Su césped ha acogido el brillo de centenares de jugadores mágicos. Cada uno de ellos ha hecho que tengamos un gusto especial por el fútbol inteligente, maduro, esculpido con cinceles de extrema belleza. Por eso, cuando uno de esos jugadores asoma por el horizonte de la vieja Romareda su gente lo reconoce al primer gesto, tras el segundo regate, después del tercer quiebro al destino. Eso, amable lector, ocurrió ayer. Lo viste, ¿verdad?

   El partido apenas había cumplido el minuto 15 y ya habíamos degustado más fútbol que en los últimos cinco partidos en casa. Nada para guardarlo en nuestra memoria, pero sí suficiente para hacer bueno algo que dijo Láinez esta semana: empezar a soñar con dejar de ver vídeos históricos y acudir al estadio zaragozano a ver fútbol. Herrera reconoció que el Real Zaragoza había ocultado el paisaje de su equipo a base de combinaciones y gestión inteligente de espacios. Ahí vino a decir que el equipo blanquillo tiene una propuesta. La que ayer nos regaló durante los primeros 50 minutos.

   Bien asociados en las zonas interiores del campo, con dos carriles francos para que sus laterales, más o menos afortunadamente, los recorrieran, el Real Zaragoza llegó a tener el balón en casi el 70% del tiempo. Buen recorrido y aceptable verticalidad. El Valladolid venía preparado, pero ese período fue un capítulo de dominio local en el que tan solo faltó el gol. Faltó Ángel.

   En apenas 900 segundos el equipo de Láinez disfrutó de hasta cinco ocasiones de gol, ninguna transformada porque Dongou no es el canario y los demás no acertaron. De todas ellas destacamos un magnífico chut de Pombo despejado por Becerra y un golpeo lateral de Lanza que se fue fuera por poco y que podrían haber cambiado el signo del partido. Sin embargo, quien se llevó el gol a su casillero fue el Valladolid, que aprovechó un contragolpe rápido para fusilar a Ratón tras un apurado despeje a disparo de Mata. Duro golpe que el Zaragoza se sacudió al cabo de unos minutos con el apoyo de su parroquia y la fe del carbonero que Láinez les ha insuflado. Fue tras un magnífico pase de Zapater que Lanzarote, listo como el hambre, aprovechó para batir a Becerra. Era el mal menor. Se había trabajado mucho y dignamente para disponer solo de un empate, aunque tal y como va la temporada la afición dio por buenas las tablas en el descanso como así lo demostró con los aplausos a los suyos.

   La segunda parte fue peor. El equipo zaragocista dio muestras de cansancio, lo que provocó que sus acciones, correctas y lejos del error, no fructificasen en nada positivo, pues no había chispa. En el centro del campo Edu Bedia, que había hecho una buena primera parte, se cayó y la conducción del balón corrió a cargo de un voluntarioso pero poco ágil Zapater. Láinez movió el banquillo dándole entrada a Cani en lugar de Lanza. El catalán andaba dolorido y el aragonés tenía que hacer su trabajo conectando con Pombo y surtiendo de balones a Dongou, pero este se diluyó en un bosque en el que no se encuentra a gusto si está solo.

   El partido entró en una fase de ritmo bajo, con mucho pase al pie pero con poca verticalidad. El Valladolid aceptó el empate como una buena noticia y a conservarlo se dispuso Herrera, que pobló su defensa con jugadores frescos y prestos a la lucha. Esa superioridad física acabó con las posibilidades zaragocistas. Los jugadores aragoneses dieron muestras de agotamiento físico y mental y Láinez tampoco contribuyó con sus decisiones. Eligió a Edu García para sustituir a Dongou pero esa opción no limpió el camino hacia la portería de Becerra. Aun así, el Zaragoza dispuso de tres ocasiones relativamente claras en la cabeza de Cabrera y las botas de Edu García e Isaac. De haber tenido el nivel de efectividad de la semana pasada, estaríamos hablando de una trabajada victoria ante un ordenado aunque discreto Valladolid.

   El punto es poco pero es más que nada. Si algo hay de cierto en esta paupérrima categoría es que cualquier botín, por miserable que sea, puede convertirse en agua salvadora en los labios del náufrago sin esperanza. Con ello nos quedamos y con la certeza de que este equipo es capaz de iluminar una breve sonrisa en el zaragocismo. Ese corazón blanco y azul , negro y amarillo, rojo como la sangre que nos queda y que sueña con seguir soñando.

Foto: Jaime Galindo (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Aún no nos da puntos, pero tampoco los regala. Correcto.

Isaac: 3. Profundo y rápido, su vehemencia en ataque le penaliza en defensa.

Silva: 2. Poderoso en el choque, ayer pecó de desordenado.

José Enrique: 2. Sus frivolités lo convierten en un defensa irregular.

Cabrera: 2. Más eficaz en el corte que en el manejo del balón.

Zapater: 3. Muy importante en la cobertura, buscó la salida del balón con acierto desigual. Gran pase de gol.

Ros: 3. Trabajador, bullidor y muy presente.

Edu Bedia: 3. Hizo una buena primera parte, pero el físico no le aguantó la segunda.

Lanzarote: 3. Más participativo y eficaz. Tuvo varias ocasiones. Goleó.

Pombo: 3. Tiene movimientos muy interesantes. Ahora mismo es titular.

Dongou: 2. No encontró su sitio. De forma natural buscó posiciones atrasadas.

Cani: 2. No encajó en la propuesta de partido.

Edu García: 2. Hizo lo que se le pidió, pero no es su lugar en el mundo.

Samaras: S.C.

 

 

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Palmeras en el corazón (Elche CF, 0 – Real Zaragoza, 3)


   Magnífica victoria. No hay nada como un 0-3 en campo contrario para despejar los nubarrones y acariciar el aroma de la calma tan necesaria para el zaragocismo. Tres goles como tres soles que cumplieron la función salvífica ya casi olvidada en el universo blanquiazul, en el cosmos avispa, en el sistema tomate.

   El primer partido de la era Lainez asomaba por la esquina del calendario anunciando una tarde de sobresaltos. El equipo estaba tan desnutrido, tan irreconocible que la afición esperaba que algo terrible sucediera, pues la dinámica sobre la que ha cabalgado los tres últimos meses nos había arrojado a un abismo del que nadie sabía cómo salir. ¿Nadie? El joven entrenador zaragocista, leyenda viva de un club que estos días ha celebrado el centenario de su nodriza, sí. O al menos eso ha demostrado una vez finalizado el choque.

   Para abrir boca, la alineación ofrecía algunas gotas de innovación. Ratón, a la portería. El gallego es del gusto de Lainez y de hecho fue él quien más apostó por su subida al primer equipo. En el lateral, el demonizado por Agné Isaac. Y en la medular, dos novedades: Edu Bedia y el joven Pombo, gran debilidad del mister. ¡Ah! Y en defensa, José Enrique y Cabrera intercambiaron sus posiciones. No estaba mal para empezar. La propuesta ofrecía un riesgo notable, pero la idea era clara: dotar al centro del campo de más vitamina futbolística, con una clara intención de fortalecer la idea de la circulación y la combinación. Lainez es de los que cree que quien tiene el balón tiene el deseo y en esto del fútbol la voluntad cuenta y mucho.

   Los primeros minutos fueron el entorno perfecto para comprobar que a fórmula era correcta. El equipo avispa tenía el dominio y los senderos eran suyos. El equipo estaba junto, se movía con buena coordinación y ocupaba los espacios con razón y sentido. Y no tardó en fructificar el plan. Ángel recibía buenos balones pero mucho más ajustados que hasta ahora, pues no se trataba de balonazos largos e imprecisos, sino de lanzamientos concretos que encontraban al canario en buenas posiciones para la conversión. A ello le ayudaba la nueva posición de Ros, más acorde con sus características, y la frescura y movilidad de Pombo, osado y exacto en sus acciones.

   Cuando Isaac le puso el balón a Ángel en el minuto 14 este no se lo pensó. Aún le dio tiempo para mirar al linier, pero en seguida obedeció a su instinto y le cruzó un balón imposible a Juan Carlos, logrando el primer gol. Era un bonito regalo de debut para Lainez, quien propugnó continuar en la misma línea. Nada de defender la ventaja. Al contrario: había que porfiar. Y a ese mensaje se aplicó el equipo, que obtuvo su recompensa con un disparo seco y afortunado de Pombo que entró como una folha seca en la portería ilicitana. Llevar dos goles de ventaja en campo ajeno en el minuto 24 era una extraordinaria noticia que el zaragocismo degustó con asombrada alegría.

   Pero el paisaje no varió. Con un Elche algo desorientado y la firme voluntad de seguir con el guion inicial, el Real Zaragoza sostuvo el partido a base de presión, combinación y solidez en su estructura. Ahí fue cuando emergieron con entidad propia Ros y Pombo, bien secundados por Edu Bedia. Los tres entendieron muy bien el libreto y consiguieron que un nuevo balón llegase a Ángel para que lograse otro nuevo tanto que, como el primero, no celebró por su pasado franjiverde. Un 0-3 en el minuto 40 era un regalo de los dioses. Además, jugando bien y desarrollando una idea de fútbol inteligente, razonable y solidaria. Muy bien los jugadores, muy bien el entrenador.

   La segunda parte había que afrontarla con sabiduría. El Elche quemó sus naves y reforzó el ataque. Ahí comenzó una fase de cierta inconsistencia futbolística por parte del Zaragoza. Lanza se lesionó y lo sustituyó Edu García, que haría un buen trabajo. Poco después, Lainez cambió a un tocado Zapater por Valentín, pero no para ubicarlo en el sitio del ejeano, sino para dibujar un nuevo esquema que pudiera contrarrestar los embates levantinos. Creó una barrera de cinco defensas y cuatro centrocampistas que sirvió para anular el ataque local y mantener la portería a cero. Supo el mister leer muy bien la situación y aportar soluciones imaginativas y adecuadas según venían dadas, lo que es sin duda una de las mejores noticias de lo que ayer vimos y vivimos en Elche.

   Victoria, en fin, muy valiosa, vitamínica, relevante. Victoria que sirve para agrandar al equipo, lograr que se active la plantilla y se rearme una afición que está viviendo un final de temporada durísimo. Victoria que saboreamos sabiendo que aún quedan batallas cruentas que habremos de librar sin bajar los brazos y manteniendo la unidad entre todos los sectores del zaragocismo.

Foto: Antonio Amorós (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Discreto, correcto y sin errores.

Isaac: 3. Buen trabajo tanto defensivo como ofensivo hasta que se hundió físicamente.

Silva: 3. Cometió algunos errores de bulto, sobre todo por alto. Por lo demás, luchador.

José Enrique: 2. Cambió su posición y firmó un partido aceptable.

Cabrera: 3. Mejoró otras actuaciones. El lateral es su entorno más favorable.

Zapater: 3. Bien arropando a la defensa. Si lo liberan de tareas de creación, lo agradece.

Ros: 4. Buen partido en una posición que le permite desarrollas sus habilidades.

Edu Bedia: 3. Tiene calidad y con jugadores como Ros y Pombo a su lado puede ofrecer buenas prestaciones.

Pombo: 4. Buen debut como titular. Osado, valiente y talentoso. Además goleó.

Lanzarote: 2. Disminuido físicamente, aportó destellos y cierta finura por la banda.

Ángel: 4. Gran partido. Metió dos goles y lo dio todo.

Edu García: 3. Es un gran jugador de quipo. Trabaja, tiene detalles y es disciplinado.

Valentín: 3. Como tercer central cumplió con las instrucciones correctamente.

Barrera: 2. Corrió, luchó y recuperó el ánimo.

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Negra tengo el alma (Real Zaragoza, 1 – Sevilla At, 2)


El partido que ayer disputó el Real Zaragoza pasará a los anales de la historia. Por vergüenza, por dolor, por humillación. Por abismo, por acantilado, por fosa abisal. Si el zaragocismo mira hacia abajo comprueba que bajo sus pies no hay suelo que sostenga la catástrofe que nos amenaza después de tirar por la borda los últimos seis puntos con una actitud de los futbolistas lamentable y vergonzante y una actuación del entrenador deplorable.

   Fue deprimente escuchar a Raúl Agné después de sufrir una de las derrotas más dolorosas del equipo que ayer celebraba su 85 aniversario. Sus palabras, su lenguaje corporal y la escasa entidad de su trabajo nos dejaron una sensación de orfandad que aun ahora, al finalizar el domingo, golpea furiosamente nuestro maltrecho corazón.

   El partido de ayer fue un desastre de principio a fin. Solo se salvan unos quince minutos de la segunda parte gracias a un cambio de actitud de los jugadores después, sobre todo, de la salida al campo de Cani y el novel Raí. Lo demás, un saco de despropósitos que nadie pudo amortiguar. Ni Rodri desde la banda, ni Agné desde su trinchera ni los jugadores desde el césped ofrecieron ni un gramo de fútbol al choque frente a un grupo de aguerridos y talentosos jóvenes que bailaron al equipo aragonés durante toda la primera parte. Se quedaron el balón, lo manejaron con arte y ligereza mental, anularon a los hieráticos jugadores aragoneses y dispusieron de varias opciones que Saja y la defensa anularon a duras penas.

   El equipo aragonés era incapaz de generar ni una sola jugada razonable. Algún latigazo a cargo de Lanzarote o Ángel pero sin ningún peligro y siempre siguiendo el mismo esquema: robo de balón y pelotazo largo. Muy pobre propuesta para lo que había en juego. En ese contexto, los cachorros sevillistas se dedicaron a jugar al fútbol, empresa insuperable para el Zaragoza, que vio cómo un centro largo de Carmona era magníficamente cabeceado por Marc Gual, que no tuvo ni siquiera que pugnar con un muy fláccido Silva. Saja voló hacia la nada y el 0-1 destrozó las mínimas ilusiones de los parroquianos de la Basílica.

   La segunda parte se inició con algo más de energía por parte de los de Agné. Un mayor empuje, cierto amor propio en la disputa y la calidad de Cani, que entró por Dongou ayudaron a alimentar un tanto la esperanza de la grada. Incluso estuvo a punto de empatar con un gran remate de Edu García que Ondoa detuvo haciendo alarde de unos grandes reflejos. Sin embargo el joven portero ayudó poco después con una torpe gestión del tiempo que permitió que el árbitro pitase una falta favorable dentro del área. Edu García fue el encargado de hacer profesión de fe zaragocista y con toda su alma blanquiazul golpeó el balón para lograr el empate.

   Quedaban quince minutos cuando se produjo el debut de Raí. La apuesta de Rodri/Agné dio muy buen resultado, pues el chaval mostró osadía y talento y a punto estuvo de conseguir un gol antológico con una suave y precisa vaselina que se topó con el larguero. Y poco después entró el deseado Samaras. No es un jugador eléctrico que revolucione el partido, pero sus acciones ayer ya dejaron entrever que puede darnos cosas que ahora mismo el equipo no tiene.

   El partido se encontraba en un momento extraño. El Sevilla completamente desorganizado y el Zaragoza nervioso aunque empeñado en la remontada. Y fue entonces cuando  de nuevo Ondoa la lió parda al retrasar un saque de banda negándole el balón a Samaras en un saque de banda. La segunda amarilla y la roja correspondiente supuso que su equipo se quedaba con diez y sin portero. Había una luz. Pero los de Agné no supieron gestionar la situación y tiraron por la borda una extraordinaria oportunidad. El remate negativo lo propuso Silva con una terrorífica entrada que le sirvió para que lo expulsaran. El lanzamiento de la falta era la última jugada del partido y de ahí nada malo tenía que salir, pero salió. Ivi chutó, Saja despejó fatal y Cotán, que pasaba por allí, remató casi sin querer y logró el 1-2.

   El desastre estaba consumado. La Basílica lloró. Lágrimas de oro que corrían por las mejillas de niños, jóvenes, adultos y mayores. La televisión se recreó en esos primeros planos y le mostró al mundo la fragilidad del corazón del león. Las próximas semanas vamos a mirar de frente a la muerte. Solo cabe desear que su reflejo no nos amilane. Es el tiempo de los fuertes.

P.S.: Termino esta crónica con la noticia de la destitución de Agné y la elección de Lainez. Colosal empresa la que asume el zaragozano. El zaragocismo deberá hacer fuertes a los suyos.

Foto: Javier Belver (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Saja: 1. Hizo un trabajo correcto pero falló estrepitosamente en el segundo gol.

Feltscher: 2. Defendió bien y subió con interés, pese a sus limitaciones.

Silva: 2. Luchó y se fajó con firmeza. Cometió un grave error con la falta del final.

Cabrera: 1. Errático y poco útil como central. Cuando jugó de lateral, mejoró.

José Enrique: 1. Lento, arriesgado y poco atento en el segundo gol.

Zapater: 1. Trabajó, se implicó pero no encontró su zona de confort.

Ros: 1. Poco eficaz y desorientado.

Lanzarote: 3. Estuvo en el partido. Su trabajo se notó para bien.

Edu García: 2. Pone el alma en todo lo que hace. Goleó.

Ángel: 3. Trabajador y comprometido.

Dongou: 1. No complementó el juego de ataque. Inexacto.

Cani: 3. Su entrada fue un soplo de calidad y audacia.

Samaras: 2. En diez minutos ofreció nuevas posibilidades como pivote de referencia.

 

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85 aniversario del Real Zaragoza


   El Zaragoza F.C. nació hoy. Hace 85 años. Nació porque murieron otros dos clubes, el Iberia S.C. y el Real Zaragoza C.D. Nació el Zaragoza que hemos amado hasta la pasión desbordada quienes hoy lloramos lágrimas de piedra con nuestra propia realidad, al tiempo que sonreímos esperanzados en un mañana más claro y digno de nuestra lealtad.

   El 18 de Marzo de 1932 nace el Zaragoza F.C. y acaba con 29 años de múltiples colores, numerosos escudos e inacabables camisetas merodeando por la capital aragonesa. Nace el Zaragoza F.C. y se convierte en el único club de la ciudad, el que ha cabalgado a lo largo del siglo XX sobre corceles furiosos y jamelgos mortecinos, el que ha conocido el brillo de las estrellas y las sombras de la caverna. Ese Zaragoza F.C., que hoy es el Real Zaragoza S.A.D., cubre nuestro presente con polvo pesado, difícil de respirar, pero siempre queda el aroma de lo ya vivido y el perfume de lo por vivir.

 El primer partido que disputó el recién nacido Zaragoza F.C. fue frente al C.D. Valladolid, el 21 de Marzo de 1932 y venció nuestro equipo por 4 – 0. La alineación que presentó el entrenador zaragocista, el todavía jugador Elías Sauca, que dirigiría el equipo hasta final de temporada, fue: Osés, Chomín, Chacártegui, Juanito Chacártegui; Epelde, Salas, Orcolaga; Rolloso, Zorrozúa, Anduíza, Tomás y Almandoz, a quienes podemos ver en la fotografía. El partido lo arbitró el colegiado Sr. Duce y los goles los marcaron Rolloso (2), Zorrozúa y Anduíza y el aspecto que presentó el campo de Torrero fue de un lleno casi total.

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Sí, es una mierda (Córdoba, 2 – Real Zaragoza, 1)


Sí, José Enrique: es una mierda. Lo es sentir tu estómago doblarse de dolor cada vez que el equipo te abofetea con su indolencia, cada vez que te avergüenza con su torpeza.

   Lo es comprobar que el entrenador no tiene respuestas razonables a ninguna pregunta y cuando encuentra una es para responsabilizar a su segundo.

   Lo es contemplar el histrionismo del Director General en el palco y no conocer aún su voz como responsable de la parcela deportiva.

   Lo es recibir un mensaje vacío e insultante por parte del consejo de administración mientras notas el frío de las aguas que inundan el barco zaragocista.

   Lo es escuchar a ciertos periodistas primero lanzar sus soflamas contra el mundo sin decir nombres, después modificar su discurso con el gol de Ángel y por último, cuando recibimos el segundo, ondear la bandera del “yo ya lo dije”.

   Sí, José Enrique. Lo es enfrentarse una semana más al folio en blanco para relatar las deplorables derrotas que nos regaláis jornada tras jornada.

   Pero por encima de todas las miserias hay una que produce  más sufrimiento es ver el lunes por la mañana en los patios de recreo de los colegios aragoneses a esos niños y niñas con su camiseta del Real Zaragoza. ¿Hace falta que lo explique, ilustres generadores de mierda?

   Agné repitió el equipo que venció al Numancia con un único cambio: Feltscher por Fran. Buscaba más músculo, dijo. Esa modificación que pudiera parecer mínima, fue sin embargo una declaración de intenciones de gran calado. Con esa decisión abandonamos el principal argumento que tiene el Real Zaragoza para convertirse en un equipo interesante: el manejo del balón, el gobierno de la combinación, la gestión de los tiempos y los espacios. Eligiendo al venezolano le dices al contrario que le tienes miedo. Si eliges al andaluz, le transmites tu intención de crearle problemas.

   Ese cambio condicionó el partido. Toda la primera parte fue un monólogo cordobés, que eligió la banda derecha para martillear la defensa zaragocista y crear varias ocasiones de gol. Mientras tanto, el equipo aragonés no encontró la vía de la combinación y solo tenía el recurso del balonazo. O del robo. Y eso fue lo que propició el inesperado gol de Ángel. Una recuperación y un pase largo al canario. Y gol.

   Llegar al descanso con un 0-1 era un premio que se antojaba excesivo, pero al que no le hicimos ascos. En la caseta Agné le pidió a Edu García que saliese por Xumetra, ayer poco acertado, con la idea de cerrar el partido. Y después a Dongou. Fueron buenas decisiones, pues el equipo recuperó el control y dispuso de varias ocasiones claras. Incluso le birlaron un clarísimo penalti y degustó, una vez más, las hieles de los desaciertos arbitrales. No es asunto menor, pues este tipo de circunstancias también suman, y casi siempre en contra.

   Como suman los errores propios, la falta de concentración, la flaccidez en la disputa que dio al Córdoba la oportunidad de empatar. Mazazo cruel aunque ya conocido. El equipo que se deshace, el equipo que no acierta a gobernar la tormenta. Y el entrenador que no toma decisiones acertadas, como bien se encargó de resaltar Samaras con su lenguaje corporal al apoyarse displicentemente en el banderín de corner.

   Los minutos volaban, se husmeaba el aroma de un empate mugriento y hasta se percibía la melodía de la justificación de los pobres. Pero nada de ello alcanza para consolar a un zaragocismo agrietado por la desgracia y el trabajo muy mal hecho de directivos, técnicos y jugadores. Allá vuela el golpeo al azar de un contrario con fe incluso frente a las protestas de su gente. Y aquí llega la puñalada mortal de un nuevo fracaso. Tantos son que nuestras lágrimas ya son agua seca incapaz de consolar al zaragocista, a ese aficionado que sigue fiel al equipo de sus amores porque eso significa que sigues siendo fiel a tu infancia. No lo digo yo; lo dice el gran Ignacio Martínez de Pisón.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Saja: 3. Lo que tuvo que parar, lo paró. En los goles nada pudo hacer.

Feltscher: 2. En defensa cumplió, pero en ataque se mostró nulo.

Silva: 1. Fallón, incorrecto y demasiado agresivo.

Cabrera: 1. Mal partido. Descolocado y torpe con el balón en los pies.

José Enrique: 3. Tuvo mucho trabajo y lo solventó con casta y oficio.

Zapater: 2. Trató de tapar muchos espacios pero no pudo sacar el balón con limpieza.

Javi Ros: 2. Muy trabajador aunque poco clarividente en la entrega del balón.

Xumetra: 2. Gestionó mal algunas decisiones. Lo mejor, su asistencia en el gol.

Cani: 1. Ayer se perdió en la maraña cordobesa. Eligió mal sus acciones.

Lanzarote: 2. Trabajó bien aunque estuvo un tanto errático. Colgó buenos balones.

Ángel: 4. Trabajador, luchador y goleador.

Edu García: 3. Se aplicó bien a la tarea de abrir espacios. Tuvo un gol en sus botas.

Dongou: 3. Ensanchó el campo y jugó muy bien de espaldas. Propició varias ocasiones.

Valentín: S.C.

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El Moncayo miró al Este (Real Zaragoza, 3 – CD Numancia, 0)


   lanzarote-y-caniVoy a ser incorrecto. El partido que ayer jugó el Real Zaragoza no fue mejor que el que disputó el pasado domingo ante el Nàstic. Sin embargo, anoche logró una victoria holgada y hace siete días la derrota nos ensució el alma a todos los zaragocistas. No jugó mejor, digo, pero sus jugadores ejecutaron las diferentes acciones con acierto, tanto en defensa como en ataque. Abismal diferencia.

   El resultado final es un paño caliente muy útil para calmar la tiritona que el zaragocismo ha vivido durante los últimos días. Del mismo modo, la llegada de Lalo Arantegui ha sido una tupida cortina que ha evitado que los rayos de la miseria hayan abrasado al club, a los jugadores, al técnico y a la afición. ¿Supone esto que un nuevo horizonte se muestra ante nosotros? No. Supone solamente que la continuidad de los actores de esta obra es fundamental para evitar el horror de la debacle. No son los mejores, no satisfacen a casi nadie, pero este técnico y esta plantilla tienen que ser quienes finalicen la temporada. ¿Objetivo? Vivir.

   Por eso, y solo por eso, hay que calificar la victoria de ayer como de importantísima. Vital. Esos tres goles son oro molido. En primer lugar, porque nos aleja de la quema. En segundo lugar porque este equipo, arrugado y arrasado por el miedo y la altísima exigencia, necesitaba un partido como el de ayer para resucitar. Los tres palos ante el Nàstic sirvieron para fabricar una cruz de madera que aplastó la espalda de los muchachos. Por eso, los tres goles de ayer suponen una bocanada de aire en el último minuto.

   Agné mantuvo su propuesta. Solo incluyó una variación: la entrada de José Enrique en el once tras varias semanas de lesión. Una decisión de enorme calado, pues el valenciano es un jugador esencial en este grupo. Al mismo nivel o superior que Lanzarote, Cani, Zapater, Ángel o Ros. Su presencia aporta experiencia, intensidad, compromiso y calidad. Casi nada. Y se vio desde el primer minuto. Aunque no está para subir la banda, la defensa gana en solidez y su pausa le otorga a la salida de balón otra dimensión. Por eso, los primeros minutos significaron una declaración de intenciones moderadamente interesante. Sumemos a ello que Saja supo hacer su papel y libró al equipo de un gol en contra que habría supuesto un mazazo de hiel. Es decir, que ayer se acertaba en las acciones que se ejecutaban.

   Poco a poco el Real Zaragoza fue gobernando el partido, en parte también porque la participación de los buenos fue más relevante. Cani, Xumetra y Lanzarote jugaron como ellos quieren hacerlo. Estando presentes, ocupando espacios, barriendo las entre líneas con su calidad. Detrás de ellos, Ros hacía un trabajo de extraordinario nivel y Zapater se encontraba por fin cómodo en su labor como portón que cierra la fortaleza. Arriba, como siempre, un bullidor y energético Ángel que ya en los primeros minutos disfrutó de una ocasión de gol que solucionó Aitor.

   Cuando el partido nos mostraba un razonable equilibrio a pocas cosas, Lanzarote se inventó un gesto técnico de alto nivel para propiciar que Ros lograse el primer gol. No era ni más ni menos injusto que otras veces. Sin embargo, resultaba gratificante comprobar que estos jugadores, cuando activan sus recursos adecuadamente, pueden lograr resultados positivos. El gol fue muy buena noticia, pues el grupo reaccionó con prudencia y buen manejo del balón. El Numancia acusó el golpe, lo que aprovechó el Zaragoza para profundizar en la herida. Lo hizo de nuevo con la participación de Lanzarote, que habilitó a Xumetra para que este fuese derribado por Mateu en el área. El penalti lo transformó Ángel, logrando el segundo gol que tranquilizó a la parroquia y al propio equipo.

   La segunda parte la afrontaron los de Agné con un juego sobrio y combinativo. Dominaron los tiempos y los espacios e impidieron que el Numancia despertase a través de mucho control y, sobre todo, presencia de sus centrocampistas y su segunda línea. El peligro se dibujaba casi en cada acción, pues el equipo soriano se desmadejó y se encontró con un sistema de contención de buen calibre. José Enrique estaba muy seguro y Silva se sintió imperial. Y goleador.

   Lanzarote ejecutó magistralmente un córner y el central uruguayo remató de cabeza el tercero. Una enorme alegría para el universo blanquillo que veía cómo, por fin, se ganaba un partido con holgura. Si el equipo es capaz de insistir en lo que sabe hacer bien; si sus jugadores afinan cada acción con el acierto que mostraron ayer; si el entrenador sostiene las cuatro ideas que ayer propuso, podremos vivir un final de temporada tranquilo. No hay que buscar el Santo Grial en las escombreras. Está en el corazón y el músculo de cada zaragocista.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Saja: 3. Dio seguridad y confianza.

Fran: 2. Atrevido en ataque, mostró varios agujeros en defensa.

Silva: 4. Uno de los mejores. Jugó un partido muy completo. Goleó.

Cabrera: 3. Junto a su compatriota juega cómodo y eficaz.

José Enrique: 4. Sin jugar un enorme partido, le aporta al equipo un plus de calidad.

Zapater: 3. Cómodo y liberado de funciones extrañas a él.

Ros: 4. Gran trabajo. Cubrió el centro del campo y supo qué hacer en cada momento. Goleó.

Xumetra: 2. Irregular, aunque ayer jugó más liberado y eso le conviene.

Lanzarote: 4. Mostró su mejor versión y nos recordó que si él juega bien, la noche es el día.

Cani: 3. Participativo, ágil, presente y productivo.

Ángel: 4. Lo lucha todo, trabaja sin descanso y aporta energía y brío. Goleó.

Edu García: 3. Participó con ganas e intención.

Dongou: 2. Cuando el partido estaba abierto, abrió el campo y sujetó el balón.

Valentín: S.C.

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El acantilado de la indiferencia (Alcorcón, 1 – Real Zaragoza, 1)


   aficion_03Cuando el codo de David Navarro impactó en el rostro de Sapunaru aquella mañana de domingo, el zaragocismo se conjuró contra el duro defensa valenciano. Le deseamos el peor de los males futbolísticos y nos quedamos con la rabia que supuso vernos perjudicados por aquella acción y la soberbia de un equipo, entonces, superior. Hoy, años después, el rocoso central nos ha regalado un punto. Inmerecido, vergonzoso, doloroso incluso. Maldito punto que nos devuelve, como si fuera el espejo de la pobreza, a un acantilado de no retorno.

   Agné ha tirado de repertorio. Ha invitado a Saja a la fiesta y ha colocado a los tres jugadores de media punta que se supone que marcan diferencias. Cani, Lanza y Xumi son tres buenos jugadores pero no están para competir. No a este nivel de exigencia física y partidos peleados hasta la extenuación. No para jugar juntos. No para ganar. Desde luego si lo hacen al nivel que lo han hecho hoy no solo ellos sino todo el equipo.

   Con muy poca calidad pero con una voluntad de vencer mayor que la del Real Zaragoza, el equipo local ha porfiado desde el minuto 1 buscando la portería del debutante Saja, que ha visto su portería bombardeada por varios centros con intención, casi todos ellos desde la banda mal defendida por Feltscher. El portero argentino los ha desactivado todos y ha solventado con corrección las situaciones de peligro, pero ha sido el único zaragocista que ha hecho bien su trabajo durante los primeros cuarenta y cinco minutos. La defensa sufría sobremanera, pues el centro del campo hoy no ha estado a la altura y las oleadas alfareras hacían mucho daño en al cobertura. Zapater y Ros hoy no han mezclado bien y la presión a la salida del balón local, que debía ser responsabilidad de los tres chicos de la media punta, no se ha ejecutado bien.

   El Zaragoza ha dispuesto de una muy buena ocasión gracias a un cabezazo de Ángel que ha detenido magistralmente Dimitrov. Ha sido la única ocasión creada por los blanquillos frente a dos dibujadas por el Alcorcón y eso da idea de la pobreza creativa y la escasez de recursos para manejar un partido que no estaba de cara y anunciaba una segunda parte difícil.

   Ambos entrenadores han mantenido el guión inicial. El partido ha discurrido por senderos parecidos y en ese escenario el Zaragoza no ha mostrado ningún síntoma de mejora. El Alcorcón seguía siendo el amo y señor del choque y pese a que hoy solo valía ganar, los de Agné no podían parar los embates de los amarillos. El cambio de Dongou por un apático Lanzarote ha activado un tanto el ataque zaragocista, pero con escaso acierto. Cani lo intentó desde lejos, desde muy lejos, para no conseguir nada positivo. Y por lo demás, el vacío. Un insoportable espectáculo, un lamentable paisaje.

   El partido ya era un correcalles digno de un patio escolar. Nadie gobernaba el juego y hasta Saja, hasta entonces seguro y, se apuntó al festival de despropósitos con una mala salida digna de otros porteros. Afortunadamente David Rodríguez erró el chut. Sin embargo, a falta de doce minutos un córner a favor del Alcorcón fue rematado por Owona aprovechando la pasividad de los defensores zaragocistas. A falta de 12 minutos para el final todo se venía abajo.

   Agné trató de enmendar el desastre sacando a Fran por Feltscher en una decisión que a nadie convenció. Todo apuntaba a una nueva derrota. No había chispa, ni talento, ni fútbol, ni trabajo solidario. No había nada. En un último y desesperado gesto, salió Edu García por Ángel. Tampoco lo entendimos casi nadie. Quedaban tres minutos. Quedaba nada. Y entonces la fortuna se alió con el Zaragoza. Cani centró al área pequeña y allí Navarro y Dimitrov se hicieron un monumental lío que permitió que el balón se alojase en la red del Alcorcón. Era el empate. Injusto, pero empate. Es solo un punto que seguramente servirá para muy poco, pero al menos la expedición aragonesa no vuelve de vacío. Bueno, en realidad es el equipo el que está vacío. No hay ni un solo argumento para creer en nada. Ni uno.

CALIFICACIONES

Saja: 3. Correcto, seguro y eficaz.

Feltscher: 1. Tuvo muchos problemas en defensa. En ataque, nulo.

Silva: 2. Trabajó discretamente y no cometió errores.

Valentín: 2. Achicó balones y cortó alguna vía de agua, pero sin brillo.

Cabrera: 3. Puso pundonor y oficio.

Zapater: 1. Flojo partido. No encontró su sitio.

Ros: 1. Desbordado y desorganizado.

Lanzarote: 1. Apático y estéril.

Xumetra: 1. Esforzado pero poco acertado.

Cani: 2. Superado por el físico y la potencia contraria.

Ángel: 2. Remató de cabeza un centro de Cabrera, pero nada más.

Dongou: 1. Torpe y desubicado.

Fran: 2. Le dio más viveza a la banda. Poco más.   

Edu García: S.C.

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