Ganaremos (Real Oviedo, 2 – Real Zaragoza, 2)


zapater06El Carlos Tartiere es un estadio duro, rocoso y poco amable con el adversario. Tanto como el fútbol que plantea el entrenador del Real Oviedo, nuestro bien conocido Anquela. Sus equipos, ya lo sabemos, practican un fútbol de masa fornida y pocas grietas y estas, cuando las encuentras, ofrecen poca holgura.

El Real Zaragoza se presentó en la capital asturiana con la noble intención de oponer una resistencia inteligencia y aseada, a base de jugar al fútbol y manejar el balón como solo los buenos lo saben hacer. Era, es y será su idea, eso ya lo tenemos muchos muy claro y con esos argumentos estamos aprendiendo a convivir. Y lo pretendió desde el principio, aunque el Oviedo sabía lo que tenía enfrente y trató de romperle los esquemas Natxo González porque sabía que ahí estaba la clave del choque.

Mientras pudo, el Oviedo organizó una maraña empalagosa y fiable que torpedeó a los jugadores ayer rojillos. Hizo papilla el esqueleto zaragocista, que aun así se acercó con alguna holgura al área de Juan Carlos. Este pudo comprobar que enfrente había un jugador que lanzaba las faltas francamente bien y tuvo que esmerarse en el minuto 4 para impedir el primer gol a lanzamiento de Zapater. Fue una ocasión extraordinaria que acabó en corner, pero se abría así el tarro de algunas esencias. Comenzó en ese instante un eléctrico periodo de acciones puntiagudas que auguraban la llegada del gol del Oviedo. No había forma de contener las corrientes futbolísticas que el equipo carballón construía con facilidad y en una de esas avanzadas llegó el primer gol. Una falta al borde del área la lanzó Níguez y batió a Christian. Era el 1-0 y una bofetada en la mejilla del joven grupo aragonés.

Pero lo peor estaba por llegar. Poco después llegaría el 2-0 y además de la peor manera posible: a lo tonto. Fue una jugada pésimamente defendida y peor gestionada en su tramo final. El equipo no se lo podía creer pero la verdad incuestionable es que el Oviedo vencía por 2-0 y el panorama se oscurecía abruptamente. No había mucho donde agarrarse salvo en la fe que tenemos en este equipo y en el buen trabajo que está realizando Natxo con estos muchachos que poco tardarían en devolvernos con su juego y con dos goles esa confianza.

Sería Mikel quien lograría el primer verso de esperanza. Buff botó un corner y el vasco enganchó una jugosa volea que sirvió para marcar el 2-1. El Carlos Tartiere se frotaba los ojos porque nadie podía creer que con todo lo que habían hecho sus chicos fuese razonable aceptar una renta tan exigua. Y más que se los iban a frotar cuando poco después el capitán zaragocista, ahora sí, logró un excelente gol tras convertir una falta directa. La celebración con su gente, nuestra gente, pasará a formar parte del imaginario zaragocista y si no, al tiempo.

El partido estaba nivelado y ahora iba a venir lo mejor. En el descanso Natxo redefinió su discurso y cuando los chicos volvieron al campo comenzó un nuevo partido. Con las costuras del centro del campo muy bien dibujadas por un hermético Zapater y un poligonal Eguaras, el equipo carburó como una máquina perfectamente engrasada. Delmás y Ángel alargaron las bandas y por los corredores interiores comenzó a circular el balón con una fineza muy grata al gusto aragonés. En esa idea encontramos a varios protagonistas destacados, sobre todo Eguaras, quien se erigió en ingeniero de una propuesta tan atractiva como, es verdad, poco fértil.

El Real Zaragoza tuvo varias ocasiones de gol. Borja, Ángel, de nuevo Borja. Nadie fue capaz, nadie logró el gol que tanto mereció el Zaragoza. Y eso sí es un problema, por lo menos de momento. Bien es cierto que cada día está más cerca, cada día las ocasiones de gol son de más calidad, cada día sentimos más cerca el perfume de la victoria. Esa es la grandeza de este equipo, que a pesar de no lograr la victoria ha conseguido que su gente siga creyendo en él. Por eso, no hay lugar para la desazón ni el desánimo. Antes al contrario, el zaragocismo sigue enganchado a una luz blanca y azul que ha permanecido oculta durante mucho tiempo y ahora brilla en el corazón de muchos.

Foto: LFP

Ficha técnica

R Oviedo:
Juan Carlos; Cotugno, Verdés, Carlos Hdez, Christian F.; Forlín, Ramón Folch, Pucko (Rocha, m. 70); Ñíguez (Mossa, m. 75), Saúl Berjón (Owusu, m. 62) y Toché.

Real Zaragoza:
Cristian, Delmás, Verdasca, Mikel, Ángel; Zapater, Eguaras; Toquero (Papu, m. 70), Buff (Guti, m. 80), Febas (Alaín, m. 87); y Borja Iglesias.

Goles:
1-0, m. 06: Aaron Ñíguez. 2-0, m. 29: Toché. 2-1, m. 32: Mikel. 2-2, m. 39: Zapater

Árbitro:
Pulido Santana. Amonestó a Verdasca (10′), Christian Fernández (27′), Forlín (63′), Rocha (82′)

Incidencias:
Partido de la séptimma jornada de LaLiga 1/2/3, disputado en el Carlos Tartiere.

Puntuaciones

Christian: 3. Tuvo algunas indecisiones, pero se ha convertido en el portero que necesitaba el equipo.
Delmás: 4. Ágil, rápido y competente. Buen partido.
Mikel: 4. Le dio soporte a la defensa y jerarquía al espacio central. Marcó un buen gol.
Verdasca: 3. Salvo alguna indecisión, le da una buena salida al balón.
Ángel: 3. Alargó el lateral y pugnó con sus oponentes con potencia.
Zapater: 4. Extraordinario en el corte y el gobierno. Marcó un gol extraordinario.
Eguaras: 4. Fue el timonel del equipo. Cada día crece en mando y manejo del equipo.
Buff: 3. La primera parte jugó oscurecido. La segunda emergió con clase y calidad.
Toquero: 3. Luchador y comprometido, se fajó seriamente con sus rivales.
Febas: 4. Tiene una gran calidad y la mostró en muchos momentos.
Borja: 3. Luchó como siempre y abrió huecos enormes. Le faltó el gol.
Guti: 3. Aportó músculo y presencia.
Alain: 3. Siempre le da al equipo velocidad y desborde.
Papu: 3. Este chico juega poco pero mucho. Siempre aporta.

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Nos conoce, nos conoce (Real Zaragoza, 1 – Nàstic, 1)


ToqueroLa noche de ayer quedará marcada a fuego y silbato en la historia zaragocista como un ataque al corazón de un club grande y señor. Y como una agresión a una afición humilde y humillada por tirios y troyanos. Estábamos acostumbrados a sufrir muchas injusticias, pero lo del partido ante el Nàstic es un capítulo putrefacto que hace mucho daño no solo a un club y una afición, sino al deporte en general.

El Real Zaragoza logró empatar cuando todo estaba en su contra. Jugó una primera parte muy digna, en la que el equipo aragonés prolongó el desarrollo de una idea futbolística que enamora a los suyos aunque aún no ha logrado los frutos merecidos. Natxo González dibujó un partido propicio, con una apuesta valiente y muy bien estudiada y el plan le salió muy bien. La defensa ha ganado mucho con la presencia de Mikel González y esa consistencia le otorga a la medular una mayor amplitud de acciones.

Zapater cada día es más Zapater y Eguaras, con los números en la mano, es un jugador que actúa con acierto en el pase y gobierna bien los tiempos. Por delante, el Zaragoza dispone de una propuesta tan atractiva que a poco que la nave se equilibre puede llevarnos a buen puerto.

Fueron 45 minutos en los que brillaron con luz propia y ajena Febas y Buff y en los que Toquero y Borja provocaban que los chicos de Rodri entraran en pánico cada vez que comenzaba a circular el balón en la línea de tres cuartos catalana. Pero con lo que no contábamos los amantes del deporte y del fair play era con que los jugadores del Nàstic decidiesen en referéndum oculto que ayer todo valía y que el uso de la fuerza es un argumento favorable, sobre todo si se cuenta con la complicidad de un árbitro inepto, injusto y mal intencionado. Febas sufrió varias agresiones que quedaron impunes, Borja vio una tarjeta amarilla por nada, Eguaras recibió las malas artes de Abraham y, en general, el equipo sufrió una persecución extrema por parte de Figueroa Vazquez.

Toquero logró el primer gol. Fue a la salida de un corner magistralmente rematado por el vitoriano, que logró que fuera estruendosamente celebrado por la hinchada y por una emocionada Basílica completamente enganchada a su equipo. Algo especial está ocurriendo este año cuando no se acaba de lograr la victoria pero su juego provoca un entusiasmo irredento entre los zaragocistas.

El partido era local. Tenía el gesto de los hijos del cierzo estampado en cada jugada, en cada movimiento táctico, en cada acción técnica. Los chicos del león se sabían el guión de memoria y a la teoría le sumaban un derroche físico inconmensurable. Todos juegan y se la juegan. Todos corren y acompañan. Todos se abrazan al amigo sin calibrar el sacrificio propio. Este equipo huele a equipo y su gente lo sabe. Por eso, cuando la miseria se acuesta en la orilla de la sexagenaria Romareda, la injusticia sabe a hiel.

Era el minuto 43. El Zaragoza se disponía a ejecutar un corner cuando el portero del Nàstic, de nombre Dimitrievsky, acuérdese el juez, se tiró al suelo con gestos exagerados y de muy mal perfil. Mal deportista. Tramposo y mendaz. Y el árbitro, que estaba deseando que algo así ocurriese, extrajo su tarjeta amarilla que significaba la expulsión de Borja. El graderío estalló. No cabía más humillación, mayor felonía.

El partido estaba roto, pero no el alma del Zaragoza. Natxo dispuso un 4-3- 2 para
afrontar una segunda parte que se presumía interminable. Obligó con su gesto táctico al Nàstic a llevar el balón a las bandas, donde tanto Delmás y Eguaras por un lado como Ángel y Zapater y luego Guti cumplieron una tarea hercúlea. Al mismo tiempo Buff y Toquero y luego Papu eran los encargados de provocar la inquietud en la defensa tarraconense.

El plan estuvo a punto de cumplirse heroicamente. El equipo resistió valientemente y entre todos ellos habrá que mencionar a Christian, un portero maduro, solemne y creyente que ayer le dio al equipo mucho con sus paradas y su estabilidad emocional. Estuvo a punto, ciertamente, pero las deleznables decisiones de Figueroa Vazquez acabaron por derribar la defensa aragonesa que vio cómo llegaba el gol del empate en el minuto 43. No importó. El equipo tiene a su afición. Y lo más importante: la afición tiene, por fin, a su equipo. Y amigos: este amor no se toca.

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CALIFICACIONES
Christian: 4. Gran actuación. Realizó varias buenas paradas.
Benito: 3. Mientras estuvo, trabajó bien en defensa y lució en ataque.
Mikel: 4. Serenidad, calma y experiencia.
Verdasca: 3. Junto a Mikel crece como central.
Ángel: 3. Buen trabajo en ambas facetas.
Zapater: 4. Excelente labor de cobertura y de equilibrio.
Eguaras: 4. Consolidó el centro del campo y manejó los tiempos.
Febas: 4. Tiene magia y es generoso. Desquicia a los rivales.
Buff: 3. Su clase la acompaña con su esfuerzo y compromiso.
Toquero: 4. De nuevo gran partido. Lucha y vence. Y golea.
Borja: 3. Su capacidad de desgaste es enorme. Se entrega en cuerpo y alma.
Delmás: 3. Rápido, esforzado y valiente.
Guti: 3. Está dándole la razón a Natxo. Llega a casi todo y es descarado. Crece cada día.
Papu: 3. Cada vez que coge el balón compromete a tres defensas. Tuvo el 2-0.

No solo fútbol (CD Lugo, 2 – Real Zaragoza, 1)


  zapater05.jpgDos acciones torpes le rompieron ayer la cara al joven equipo aragonés.  A este grupo de audaces futbolistas se le va la sangre por los poros de la impericia y aunque pudiéramos acordar que la derrota de ayer fue injusta el dato duele: cuatro puntos de quince. Eso son matemáticas y habrá quien se acueste al lado de esa verdad. También habrá quien se quede con el aroma de unos muchachos que ofrecen lucha, compromiso, descaro y vocación de ser grandes. ¿De qué lado de la moneda está más cerca nuestro corazón?

   El Real Zaragoza se encuentra ahora mismo al 60% de su rendimiento. Así lo argumentó el pasado viernes Lalo Arantegui en una entrevista en la que compartió con el zaragocismo su libro de cabecera. Está plenamente convencido de que aún hay mucho margen de mejora y de que el mejor Zaragoza lo conoceremos dentro de unos meses. A su lado Natxo González se nos muestra como un entrenador firme en su fe. Ayer cambió de portero y prolongó su credo con una propuesta atrevida de la que no abjuró ni siquiera con el empate. Ese fue su acierto. Ese fue su error.

   La primera parte nació de la mano del Lugo, que para eso estaba en su casa y se conoce cada rincón de su campo, Unos primeros minutos de gobierno a cargo de unos chicos a los que les gusta correr, manejar el balón y desafiar al contrario con una idea de fútbol jovial. Dispuso de varias opciones, llegó a poner a prueba a un pausado Christian e incluso logró un bello gol que la torpeza arbitral anuló para respiro aragonés. Al equipo del león le supuso un cierto trabajo desbrozar los arbustos gallegos, pero cuando lo logró degustamos de nuevo el fútbol azul y blanco que nos invita a recordar días de triunfo.

   Fue a partir de entonces cuando los blamquillos construyeron un partido dinámico en el que algunos de sus jugadores supieron interpretar muy bien el relato de su entrenador. Benito en el lateral derecho quiso volver a dibujar las galopadas de Belsué y a ello le ayudaron sus compañeros, sobre todo Toquero y Borja, que arrastraban con redes invisibles a los contrarios al interior del campo. Buff contribuyó con su elegante movilidad a aclarar el territorio y sus gestos técnicos contribuyeron al control del choque mostrando qué fácil puede ser convivir con la dificultad.

   El partido hundió sus pies en la arena de una playa con agua cada vez más dulce y en uno de esos oleajes Benito dispuso un balón preciso en los pies de Buff, que rompió la línea defensiva lucense y logró un gol exacto que hizo aún más clarividente el plan de Natxo González. Todo ello sin olvidar que el equipo tiene un sólido sistema de contención que se apoya en el vigor de Zapater, que ayer de nuevo volvió a mostrarnos cuál es su lugar en el mundo, en unos laterales que cementan las bandas y agrandan el campo al mismo tiempo, y en un portero que ofrece otros horizontes que los hasta ahora conocidos.

   La segunda parte se abrió con una novedad significativa. Grippo, lesionado, dejó su puesto a Mikel González, aún no maduro para la competición pero relevante solo con estar. El equipo regresó al césped con la misma intensidad desplegada en la primera y esa velocidad de crucero propició sendos acercamientos de Borja Iglesias que de haber cristalizado habría supuesto el cierre a una victoria de oro. Es bien cierto que la idea futbolística es profundamente atractiva y si de convierten las brechas que se abren en los muros enemigos podemos hablar de equipo bonito, pero en no lograrlo radica la principal miseria.

   El Lugo tampoco tuvo miedo. No es un grupo cobarde y le plantó cara a la noche. En ese intercambio de golpes que pudo haber inclinado la cara de la luna en un sentido u otro estuvo la clave del encuentro. Es el Zaragoza un equipo muy joven y en su bisoñez anida el entusiasmo. Puede ser una bendición o una maldición y ayer tocó lo segundo. Cuando el Lugo empató tras un rechace mal gestionado por los zaragozanos fue novedad que no tuviéramos la sensación de que ya todo estaba perdido. Y a ello sumó argumento Natxo apostando por ir a por los tres puntos con la inclusión de Vinicius en lugar de coser las costuras con Eguaras. Así vivirá o morirá este proyecto, dándole la cara al riesgo y jugando a todo o todo.

   La pena fue no lograr, por lo menos, un punto. Pudo haber cerrado la victoria con un cabezazo de Toquero, pero lo evitó Juan Carlos. Pudo haber roto el empate Christian Herrera pero lo abortó su tocayo argentino. Todo lo que veíamos en el césped tenía apellido de igualdad. Todo. Excepto la fortuna. Fue en el minuto 92. Un centro fácil desde la izquierda, un remate fácil desde el área pequeña. Fue, en fin, una dolorosa derrota en un partido muy bien jugado como concepto pero mal gestionado en sus detalles. Y ese es el trabajo que le queda por delante a este Real Zaragoza que, a pesar de llevar solo cuatro puntos de quince, le sostiene la mirada al desánimo. Será porque el zaragocismo siente este año que cuando el corcel blanquiazul logre atemperar su desbocado corazón veremos con claridad la meta.

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CALIFICACIONES

Christian: 4. Realizó varias paradas de gran calidad.

Benito: 4. Extraordinaria primera parte. En la segunda bajó el rendimiento.

Grippo: 3. Correcto y serio hasta que se lesionó.

Verdasca: 3. Ortodoxo y aseado.

Ángel: 3. Bien en términos generales, aunque en ataque   

Zapater: 4. Magnífico en el despliegue y enorme en el corte.

Ros: 3. Empezó desajustado y poco a poco se entonó.

Buff: 4. Tuvo unos 60 minutos muy completos. Después se cayó físicamente. Goleó.

Pombo: 3. Alternó luces con alguna sombra. Chutó con descaro.

Toquero: 3. Supo abrir muchos espacios en ataque. Casi logra un gran gol.

Borja Iglesias: 3. Luchó lo indecible y arrastró a la defensa a lugares inhóspitos.

Mikel González: 3. Mostró madurez y colocación. Será titular pronto.

Vinicius: 2. Colaboró con Borja y creó peligro.

Alain: 3. En cinco minutos chutó dos veces a puerta con peligro.

La Romareda, la Basílica del Fútbol, cumple 60 años.


romareda_04Hoy cumple 60 años la Romareda, la Basílica del Fútbol, la Vieja Dama Blanca. En un día como hoy, hace diez septiembres, escribí mi particular oración que sirve de homenaje a uno de los emblemas de la ciudad de Zaragoza. Diez años en los que el león ha visto discurrir el drama y la furia por vivir con la pasión del zaragocismo agarrada a la esperanza de retornar a paisajes más cálidos y recorrer senderos que nos lleven a la Ítaca que nos espera.

El texto que hoy traigo aquí es aquel que escribí en momentos en que el Real Zaragoza era el equipo más bello de la Liga. Luego vendría el horror, pero eso no nos impide hoy mirar al mañana con la luz de la Historia por horizonte. ¡Larga vida, noble templo!

 La nieve es una extraña amiga que no suele visitar Zaragoza. Aquel 15 de Febrero de 1970 era domingo y el Real Zaragoza se enfrentaba en la Romareda al Atlético de Madrid. Diré que aquel “al-lee-ti” (pronúnciese con cierto deje chulesco y un tanto impertinente) era un gran “al-lee-ti”, pues esa temporada acabaría ganando la Liga en un campeonato que el “zara” terminaría en 8ª posición. Buen partido, pues, el que se disputaba aquel gélido día.

Esa temporada aún era no abonado infantil, por
lo que veía los partidos en Gol de Pie. Cada quince días mi padre me llevaba en su/nuestra vespa desde el Barrio Oliver a La Romareda. Aparcaba su esbelta y siempre dispuesta moto en los alrededores, entonces todavía polvorientos y adornados con estupendas piedras que de vez en cuando salían disparadas y golpeaban el tobillo de algún aficionado peatón, y nos dirigíamos a la puerta más próxima a lo que hoy es el edificio de la CAI. Allí, el portero nos saludaba siempre con una expresión jocosa, “¡Qué, chaval! ¡Hoy a ganar!, ¿eh?” y nos franqueaba el paso a la grada. Bajábamos las gradas y mi padre me dejaba a ras de campo, entre los cartones publicitarios y la valla de piedra, detrás de la portería a mano izquierda.

romareda_05Sin ser aún abonado ni existir en esa zona asientos, pues todos los espectadores éramos de pie, se puede decir que los aficionados de ese sector éramos casi siempre los mismos, por lo que se estableció una relación familiar y, por momento, cálida. Sin embargo, deseo recordar en esta jungla de pasado con palabras a dos personas excepcionales que se convirtieron en protagonistas de Gol de Pie en aquel momento. Se trataba de dos mujeres, madre e hija, que cada domingo ponían toda la pasión de que eran capaces para defender al Real Zaragoza y, sobre todo, rebozar al árbitro y a su madre (siempre la sufrida madre del colegiado) con toda suerte de insultos, despropósitos descalificadores y palabras ofensivas, demostrando poseer un extenso aunque no muy elegante vocabulario. Sólo había un momento en que sus voces eran engullidas por la unanimidad de La Romareda: eso sucedía cuando el clásico “¡Boooordeeee! ¡Boooordeeee!” acumulaba el carácter aragonés con un desprecio tan propio como desterrado de nuestro espíritu zaragocista.

romareda_06Pero comenzábamos nuestro homenaje a La Romareda en su 50 cumpleaños hablando de ese magnífico partido entre el Real Zaragoza y el “Atleti de Madrí”. Decía más arriba que ese 15 de Febrero la nieve visitó Zaragoza. O por mejor decir: una tupida y aguerrida agua nieve que, desde luego, no consiguió arredrarme ni doblar mi voluntad de asistir al partido. Tengo muy presente el pequeño debate que se suscitó en casa, las explicaciones de mi padre tratando de convencerme para no ir, los temores de mi madre ante una posible “pulmonía” y mi deseo incontestable de participar, un domingo más, de la fiesta del fútbol. Así que bufanda, pasamontañas, guantes, moto, cuesta del barrio “p’abajo”, Vía Hispanidad interminable y llegada a La Romareda. El partido, diré, ya había empezado, pero ahí estaba nuestro portero, el mismo, el de todos los partidos, encogido, arrugado, aterido, menguado en sus escalofríos…y atónito ante mi presencia.

romareda_07– ¡Pero hombre! ¿Cómo se le ocurre traer al chico hoy, con la que está cayendo?

Mi padre, haciendo gala de una soterrada pero para mí muy familiar sorna manchega, debía tener la respuesta muy preparada, porque fue rápido y firme al decir:

– ¡Calle, calle, que con lo que me he oído de la mujer ya tengo bastante!

Cientos, miles de golpecitos de mis pies al cemento del suelo me acompañaron aquel día como única forma de combatir el frío, pero nada importó, pues al gol de Ocampos en el mintuo 14 y a la victoria (1-0) obtenida por el Zaragoza ante el equipo que ganaría aquella Liga había de sumar los tres balones que devolví a los jugadores cuando salían fuera o la satisfacción de verle de cerca la cara a Oliveros o al mismo Luis (entonces ni era Sabio de Hortaleza ni daba cortes de mangas a sus jugadores). Por el contrario, para mi memoria, tu presente y nuestro mañana, aquel partido lo tengo guardado en los cajones de mi corazón, como otros muchos que después viviría en la hoy vetusta y achacosa Romareda. Sea este mi homenaje a ella y a cuantos hombres y mujeres la han acariciado, perfumado, arrullado y musicado en honor siempre de ese latido eterno que es el Real Zaragoza.

En el sur existimos (Córdoba CF, 1 – Real Zaragoza, 2)


Zapater04Dos latigazos con sello atlántico fueron la señal de que el león vuelve a rugir. Dos estruendosos aldabonazos que culminaron el trabajo de un colectivo armonioso, juvenilmente osado y esforzadamente veterano a partes iguales. Así selló ayer el Real Zaragoza una vitamínica victoria que le supo al zaragocismo a pura ambrosía. Después de más de cuatro meses de miserable sequía, el equipo aragonés supo vencer a un rival en competición oficial. A un buen rival, por cierto.

Venían los de Natxo de empatar ante el poderoso Granada y de jugar un más que aceptable partido. La semana sirvió para degustar tertulias algo más amables y aventurar un horizonte ilusionado, pero ni el más irredento de los optimistas pudo imaginar un choque tan bien resuelto ante un correoso Córdoba que apunta maneras y ofrece buena cara. Optó el vasco por rescatar a Vardasca en defensa, aligerar el centro del campo con la electricidad de Febas y darle a Toquero el mando de un corazón que empieza a latir con otro ritmo, hace tiempo olvidado. Y una idea bien instalada en la mente del equipo: disciplina táctica, despliegue de los laterales, combinación interior, presión a la salida del contrario y protagonismo de Borja Iglesias.

¡Ay, Borja Iglesias! De nuevo un extraordinario delantero centro en las filas blanquillas. De nuevo un nombre para convertirse en héroe de la infancia y no es para menos. En la primera fase del encuentro el Zaragoza supo manejar muy bien la situación con la preclara intención de invadir el terreno enemigo con minas blandas en forma de combinaciones y transiciones rápidas. Borja y Toquero agitaban la defensa cordobesa y cada llegada anunciaba peligro. Y así llegó el primer gol. Un pase del activo Ángel a Borja fue definido por el compostelano con un chut granítico que le limpió la red a Stefanovic. Un gran gol.

La alegría fue breve, pues cuatro minutos después en un ataque fláccido del Córdoba pero frágilmente defendido por el Zaragoza empató el partido. ¡Ah! Y tras llevarse Jona el balón con la mano. Gol ilegal, es decir. Fue un momento delicado, pues al gol hubo que sumar una tarjetita a Zapater por protestar y el equipo aragonés sufrió una sacudida que lo desequilibró, lo que supuso unos minutos de incertidumbre, con un chut al larguero incluido.

Natxo recolocó a sus jugadores tras el descanso. Le pidió a Toquero que se cambiase de banda y acompañase a Ángel por la izquierda. Con total libertad de movimientos tanto el vitoriano como Febas consiguieron agitar la media punta aragonesa y el partido pasó a manos y botas zaragocistas. Fue un primer cuarto de hora muy serio, con un gran rigor táctico, y una media hora final para guardar en la memoria. Con gran implicación física y un buen nivel de talento el partido tenía un claro color rojillo y ese aroma impregnó el Nuevo Arcángel con un segundo magnífico gol logrado de nuevo por Borja. Una prolongación de Toquero la recogió el gallego al borde del área, quien, después de otear el horizonte y no encontrar ningún socio interesante, optó por un chut seco e impertinente que afeitó el poste del estupefacto Stefanovic.

El Córdoba se echó al monte. Decidió armar todas sus baterías y tratar de acorralar al Zaragoza, pero la fortaleza física de que hizo gala el equipo le permitió sostener los embates y controlar el partido con solvencia. Ni siquiera la injusta expulsión de Zapater por una segunda amarilla puso en peligro la victoria, merecida y gratificante. Hubo algún susto, sí, como ese disparo lejano que Ratón sacó con agilidad, o el mal remate de Jovanovic que se fue al cerro Muriano, pero el Zaragoza acomodó una victoria necesaria en sus maletas y se trajo tres puntos que guardará en la Aljafería como oro andalusí encontrado en la Mezquita.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

Ficha técnica

Córdoba CF:
Stefanovic, Fernández, Joao Afonso (Sergi Guardiola, min. 79), Josema, Pinillos (Markovic, min.69), Javi Lara, Edu Ramos, Carlos Caballero (Jovanovic, min. 66), Jaime Romero, Javi Galán y Jona.

Real Zaragoza:
Ratón, Benito, Verdasca, Grippo, Ángel, Zapater, Javi Ros, Febas (Eguaras, min. 90), Toquero (Pombo, min. 93), Buff (Oyarzun, min. 76) y Borja Iglesias.

Goles:
0-1, m. 18: Borja Iglesias. 1-1, m. 22: Jona. 1-2, m. 68: Borja Iglesias.

Árbitro:
Moreno Aragón (Colegio madrileño). Amonestó a los locales Edu Ramos (min. 53) y Sergi Guardiola (min. 87) y a los visitantes Ros (min. 4) y Grippo (min. 78). Expulsó por doble amarilla a Zapater (min. 23 y 88).

Incidencias:
Partido de la tercera jornada de LaLiga 1/2/3, disputado en El Arcángel ante 11.100 espectadores, con terreno de juego en buenas condiciones.

Puntuaciones

Ratón: 3. Correcto en general y bien en un disparo lejano.
Benito: 3. Atento, rápido y valiente.
Verdasca: 2. Incierto en sus acciones ofensivas. Más ajustado en el corte.
Grippo: 3. Contundente y bien colocado,
Ángel: 4. Su trabajo es muy valioso. En ataque y en defensa.
Zapater: 3. Valiente, decidido y trabajador.
Javi Ros: 2. Muy irregular y poco acertado en sus decisiones.
Febas: 4. Eléctrico, habilidoso e inteligente.
Buff: 3. Tuvo claros y oscuros.
Toquero: 4. Omnipresente, Su capacidad de liderazgo está fuera de toda duda.
Borja: 5. Magnífico. Fija, limpia y da esplendor. Y golea. Top.
Alain: 3. Trabajo muy interesante. Desequilibra y afronta al contrario.
Eguaras: S.C.
Pombo: S.C.

El valor es alto (Real Zaragoza, 1 – Granada, 1)


Llegó el Real Zaragoza a la vieja Basílica con el alma prendida por finos alfileres después de una pretemporada difícil y un primer partido enjuto y sin alma en Tenerife. Para colmo de dudas, el miércoles en Morata ofreció una imagen desgarbada y para cerrar el círculo de la inquietud la Fundación 2032 y ZEC nos agitaron los miedos con sendos textos que hablaban de abismos e infidelidades. Para amortiguar tantas sacudidas, Natxo González explicó el viernes que su ideario no es fácil de asimilar y que hace falta más tiempo para que este “equipo diesel” alcance la velocidad pretendida.

Bajo estas premisas afrontó el Zaragoza ayer su partido frente a un potente Granada, uno de los tres descendidos y, por tanto, uno de los nuevos ricos de la categoría. Y lo hizo con un cambio significativo en la alineación. Una vez ya destapada la verdad de que el centro de la defensa no cuenta con las piezas adecuadas, el entrenador decidió cementar el centro del campo contando con sus tres escuderos a la vez y propiciando que tanto Pombo como sobre todo Buff fuesen los encargados de hilar las jugadas de ataque para surtir para Borja Iglesias. El plan funcionó a medias durante los primeros 15 minutos. Ciertamente se logró que el balón circulase con más seguridad y se ralentizasen las posibles acometidas, pero costaba un mundo y parte de la luna llegar a la portería de Javi Varas.

Con todo y eso, el equipo se fue acomodando y en un robo de balón Borja se plantó ante el portero sevillano. Lástima que el mano a mano lo solucionase bien Varas. Por el contrario, fue el Granada el que convirtió gracias a una falta ejecutada hábilmente por Pedro, uno de nuestros ex. El origen de la jugada fue un error de control que propició que el cuestionado Valentín hiciese una falta al borde del área, lo que agitó aún más las aguas del debate sobre la defensa.

Era el minuto 22 y quedaba mucho partido. El Zaragoza, habitualmente, ha sufrido muchísimo cuando ha encajado primero. Es una pauta que se ha instalado en el subconsciente del equipo hace ya un tiempo, pero ayer el equipo mostró otro registro. No se dejó vencer por la indolencia sino que emprendió un combate serio y sereno, lo que hizo que el partido fuese, a partir de entonces, todo suyo. Buff comenzó a aparecer, los laterales asumieron el rol que les habíamos conocido en el Reus, Eguaras y Zapater, aunque aún con problemas espaciales, iniciaron episodios de combinación y sostén en la medular y Borja Iglesias se conjuró consigo mismo para desestabilizar a la defensa granaína.

Fueron 15 minutos de intención, de deseo encendido, de presencia en territorio enemigo con la sola idea de equilibrar el choque, algo que no se pudo conseguir a pesar de la intensidad mostrada gracias a la buena disposición defensiva de los visitantes.

La segunda parte fue un ejercicio de voluntad. Comenzó con cierta indisposición creativa, pues el Granada tenía claro que si se mantenía ordenado y atento tenía muchas posibilidades de llevarse los tres puntos. Sin embargo, poco a poco el Zaragoza se desperezó. Fue la emergente presencia de Buff lo que alicató el juego aragonés y la mejor distribución táctica de los mediocentros habilitó al equipo para resetear un partido que, a partir de entonces, fue totalmente suyo.

En el minuto 57 Pombo rasuró el césped con un remate intencionado que detuvo Varas y en el 69 Borja Iglesias consiguió, por fin, desestabilizar al central Germán que le hizo un penalty de libro que abría las puertas del cielo a un Zaragoza que merecía un premio a su juvenil empeño. El propio Borja transformó el penal y la Romareda explotó entusiasmada. Toquero entró por Pombo y su presencia agitó el universo blanquillo. Cada una de sus acciones llevaba el sello del compromiso y la veteranía y así, en el minuto 69, estuvo a punto de lograr el segundo gol tras recoger un excelente pase de Buff, pero el poste derecho lo evitó. Dos minutos después Baena vio la segunda amarilla tras una falta a Ros y el lanzamiento lo ejecutó Zapater, que no llegó a acariciar la red de la escuadra porque Varas es un portero que se las sabe todas y evitó el gol con una buena parada.

Desde entonces hasta el final el Zaragoza ejerció de anfitrión y puso en marcha un acoso a la francesa sobre la portería del Granada. Sin embargo, a pesar de que se tuvo la sensación de que el gol podía llegar en cualquier momento, Varas no tuvo que recoger el balón de su red y el partido acabó en tablas. Con el sabor de la decepción pero con el aroma de la esperanza. Quizás Natxo tenga un discurso elíptico y diagonal, pero es cierto que ayer sus muchachos trataron de mostrarnos que tienen el alma erizada de deseo y que hay un camino que, oculto aún tras la hojarasca de tanto sufrimiento y miseria, quizás podamos recorrer.

Foto: http://www.heraldo.es

Ficha técnica
Real Zaragoza:
Ratón, Benito, Valentín, Grippo, Ángel, Zapater, Javi Ros, Eguaras (Febas 77′), Buff (Papunashvili 86′), Pombo (Toquero 71′) y Borja Iglesias.

Granada CF:
Javi Varas, Víctor Díaz, Menosse, Germán (Charlie 86′), Álex Martínez, Baena, Montoro, Machís, (Puertas 71′), Pedro, Espinosa (Alberto Martín, 61′) y Joselu.

Goles:
0-1 Pedro (23′), 1-1 Borja Iglesias (70′).

Árbitro:
Vicandi Garrido (Comité vasco). Amonestó a Valentín (22′), Eguaras (35′), Pombo (67′), Germán (69′). Expulsó a Baena (42′ y 79′).

Incidencias:
Partido correspondiente a la 2ª jornada de la liga 123, disputado en el Estadio de La Romareda, 13.761 espectadores.

Puntuaciones
Ratón: 2. Convierte los balones colgados en situaciones de incertidumbre. Debe mandar más.
Benito: 3. Buen balance defensivo y notable presencia en los desdobles.
Valentín: 1. Es un saco de dudas y temores anunciados.
Grippo: 3. Correcto, serio y cumplidor. Su aportación ofensiva en jugadas de estrategia, interesante.
Ángel: 3. Es un jugador de gran importancia. Su presencia eleva el nivel del equipo.
Ros: 3. Voluntarioso y comprometido.
Zapater: 4. Gran partido. Fue de menos a más. Su entendimiento con Eguaras y Ros, fundamental.
Eguaras: 3. Tras una primera parte apagado, en la segunda participó con criterio.
Pombo: 2. Muestra cierta irregularidad. Aporta clase y calidad pero a veces ralentiza el juego.
Buff: 4. Comenzó desubicado pero cuando encontró su sitio activó el ataque.
Borja Iglesias: 4. Luchó, se ofreció, colaboró y goleó.
Toquero: 4. Agitó al equipo y le regaló coraje, trabajo y verticalidad.
Febas: 3. Se ofrece, aporta soluciones y se entrega sin reservas.
Papu: 2. Su rapidez y descaro son dos argumentos muy útiles.

Otro viaje vacío (CD Tenerife, 1 – Real zaragoza, 0)


¿Sabe el zaragocismo a qué sabe la victoria? ¿Conoce esta maltrecha afición lo que significa vencer y convencer? ¿Recuerda la hinchada del león a qué sabe derrotar a la derrota? Probablemente las tres preguntas merecen una misma y única respuesta: no. Porque después de escuchar el pitido final del inepto árbitro que dirimió el lance entre el CD Tenerife y el Real Zaragoza se activaron miles opiniones que trataban de explicar dónde estamos y por qué y, más difícil, a dónde vamos y cómo.

El equipo de Natxo González estrenó la nueva temporada con una derrota por la mínima en un campo complicado y ante un equipo mucho más hecho que, no lo olvidemos, hace unas semanas peleó hasta el final por el ascenso. Un partido que acabó cuando el equipo contrario nos hizo un gol tras un saque de esquina y que no supo contrarrestar el equipo aragonés con la debida contundencia y sabiduría, seguramente porque está muy crudo. Por fuera y por dentro.

   El choque comenzó con un arranque enérgico y atrevido de los chicos de Natxo. Fueron 15 minutos vivos, ágiles y voluntariosos en los que se recuperaba el balón y se propiciaban situaciones de aproximación que Borja Iglesias trató de convertir por dos veces gracias a su movilidad y deseo inagotable de gol. Si la línea medular conseguía tapar las líneas de pase de los canarios y los habilidosos media puntas controlaban el balón podía decirse que había cierto aroma a fútbol. Tanto Eguaras como Zapater, nueva pareja en la sala de máquinas, conseguían ocupar bien los espacios y el balón circulaba con nitidez gracias a la movilidad de Pombo y Febas.

   Era un buen plan y se ejecutó con cierta solvencia al comienzo. Sin embargo, para sostener esa idea hacen falta dos cosas que ahora mismo aún no tiene el equipo: una forma física envidiable y una precisión táctica de primer nivel. Por eso, en cuanto el Tenerife propuso un partido rápido y exigente en lo físico el Real Zaragoza sucumbió. Es lo que tiene ser noveles, desconocidos y poco maduros. Las bandas empezaron a sufrir, sobre todo la izquierda, donde la ausencia de Ángel se notó muchísimo. Benito, su amigo y sustituto, pasó varios malos tragos y los balones llegaban al área limpios y francos. A este hecho sumamos la impericia y fragilidad espacial de Grippo y, sobre todo, Valentín.

   Dos jugadas al filo del descanso pudieron haber cambiado el signo del encuentro. Una escapada del joven Brian Martin que le permitió quedarse solo ante Ratón estuvo a punto de significar el 1-0, pero el portero gallego solucionó muy bien el mano a mano. Dos minutos después, el otro gallego del equipo, Borja Iglesias, pugnó un difícil balón en el área pequeña y sufrió un derribo que a todas luces era penalti. No lo pitó Arcediano Monescillo y ahí se apagó la luz de la primera parte.

   Los zaragocistas sostuvieron el empate a cero y llegaron al descanso con la cara limpia aunque sin maquillaje. Nacho debió pensar que esa situación, si se mantenía, podía llevar el partido a un territorio peligroso. Arriba Pombo y Buff no parecían a gusto en sus respectivas posiciones y aportaban muy poco a la creación en ataque y Borja Iglesias, muy atento a todo lo que llegaba a sus pies, no podía con los dos centrales tinerfeños.   

La segunda parte complicó aún más el panorama. El Real Zaragoza mantuvo un perfil muy bajo y muy poco tardó el Tenerife en lograr su gol. Fue, claro está, a balón parado. A la salida de un corner, en esta ocasión. Nada más fácil que rematarle a este equipo cuando cuelga un balón el equipo contrario. Es un mal que hay solucionar y para ello hay que añadirle calidad a esas jugadas. El gol fue un jarro de agua fría y el mister se vio obligado a tomar algunas decisiones. La primera fue sustituir a un alicaído Pombo por Oyarzun, buscando seguramente velocidad y profundidad en la banda. El juego se reactivó un tanto y así se produjo la mejor ocasión de gol de esta segunda mitad. Un balón conducido por el propio Oyarzun por su banda acabó en las botas de Buff tras control de Borja, pero el chut del suizo fue detenido por Dani Hernández. Parecía que el Zaragoza se despertaba y para confirmar esa idea Natxo echó mano de Ros primero y Toquero después.  

   Era un apuesta ofensiva, pues uno de los sustiuidos fue Delmás, que tuvo un buen debut, pero las prisas son malas consejeras y muy pocas cosas bien se hicieron de ahí hasta el final. El Tenerife guardó bien sus espaldas y construyó una tupida red que en ningún momento consiguió romper el Zaragoza. Solo a falta de 4 minutos para el final Toquero jugó un balón por la banda izquierda pero el remate de Ros acabó lejos del marco local. Ni un solo argumento para pensar en el empate.

   Primera derrota, pues, en una liga que empieza con muchas dudas como equipo, carencias evidentes en defensa, problemas en la construcción y sequía en la definición. El tiempo, como casi siempre, no es el mejor amigo del Real Zaragoza. Veremos.

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Combina buenas acciones con alguna indecisión.

Delmás: 3. Partido serio, sobrio y fiable.

Valentín: 1. Sus despistes e incorrecciones posicionales son un lastre.

Grippo: 2. Actuación discreta, sin grandes errores pero no soluciona problemas.

Benito: 2. Tuvo enormes problemas con Suso, no se entendió en ataque.

Zapater:3. Trabajador y esforzado tuvo que cubrir en demasiadas ocasiones a Eguaras.

Eguaras: 2. Estuvo irregular, combinando buenas acciones con decisiones equivocadas.

Pombo: 2. Individualista y un tanto desubicado. Poco productivo.

Febas: 3. Tiene mucha clase y aportó creación y juego.

Buff: 1. No se encontró a gusto en la banda izquierda. Tuvo una buena ocasión.

Borja Iglesias: 3. Luchó contra todo y contra todos. Tuvo sus opciones y le hicieron un penalti que no pitaron.

Alain: 2. Veloz y atrevido, aportó opciones novedosas.

Ros: 1. Poco presente y escasamente participativo.

Toquero: 2. Su presencia le otorga al equipo alternativas y soluciones.