Asoma el abismo (CF Reus, 1 – Real Zaragoza, 0)


El Real Zaragoza fue ayer un equipo de torpe aliño indumentario. Un equipo al que se le cae sobre el babero el líquido que sorbe y que no sabe digerir ni el más mínimo contratiempo. Ante un grupo ortodoxo, firme y razonablemente ordenado, no supo ni pudo argumentar ni una sola acción meritoria, como si la poca sabiduría futbolística que Láinez ha traído al equipo ya no sirva para sostener su plan. El Reus, un concepto en sí mismo, le dio un repaso táctico, técnico, físico y mental y el zaragocismo, su afición, recibió una bofetada insultante que hunde todavía más la vergüenza de estos años en el desánimo y, lo que es peor, el temor a consecuencias fatales.

   Láinez dio entrada a Samaras por Bedia y movió a Pombo, que ocupó de forma alternativa posiciones más centradas, buscando circulación inteligente del balón y rupturas interiores que hicieran daño a la muy bien armada defensa catalana. El propósito pareció cumplirse al principio, cuando el Zaragoza fue capaz de acercarse al territorio de Badía, pero Ros no supo aprovechar la primera y mejor ocasión que tuvieron los blanquillos, algo que ya se ha visto que en esta categoría se paga muy caro.  

   Poco a poco el Reus se fue adueñando de la situación. El cambio de guión tuvo nombres propios, entre los que sobresalió, para maldición de la leyenda negra zaragocista, Querol. Los zaragocistas lo recuerdan bien porque en la aciaga tarde de Palamós, ante la Llagostera, fue el jugador que nos asestó cuatro puñaladas mortales. Doloroso recuerdo que ayer se encargó de reavivar. El Reus comenzó a gobernar el partido bajo el mando de Folch y Vitor Silva y la notable actividad de Benito, el lateral al que pretende el Zaragoza para la temporada que viene. Él mismo lanzó un buen chut que Ratón detuvo con  dificultad y que fue el aviso del gol que fabricó Máyor, más hábil y listo que Silva, habilitando a Querol para que este fusilase al portero zaragocista.

   El gol hizo mucho daño y Láinez decidió variar el guión. Quitó a un invisible Pombo y dio entrada a Cani con la idea de reunir talento y calidad en la segunda línea y romper la maraña del Reus. No lo consiguió y además el grupo perdió el norte a pesar de mejorar un tanto su actitud. Los errores eran muchos y la impericia de los jugadores aragoneses exasperaba a cualquier aficionado que estuviese contemplando el desastroso partido.

   Los laterales volvían a ser dos enormes agujeros negros que ni Cabrera ni Isaac podían tapar, además de contar con un centro del campo inerme y muy torpe, donde Zapater no llegaba a solucionar todas las situaciones problemáticas que Ros provocaba con su inexactitud.

   Xumetra salió por un inoperante e irritado Lanzarote, pero tampoco este cambio funcionó. El Reus se agazapó muy bien atrás y salió a la contra en varias ocasiones, propiciando varias situaciones de gol, pero ahí demostró que es un grupo sin gol y muy fallón a la hora de resolver situaciones. Y menos mal, porque de haber sido un poco más eficaces el resultado de ayer le habría sacado los colores a un Zaragoza que se iba fundiendo por momentos.

   Aún tuvo una buena ocasión Ángel, pero tampoco ayer era su día. Un buen pase largo le habilitó ante Badía pero su remate fácil y fláccido fue detenido bien por el portero local. Ni siquiera la entrada de un casi olvidado Edu García pudo reactivar al Zaragoza en los últimos minutos. El equipo, curiosamente, recordó muchísimo al que salió escandalosamente derrotado ante la Llagostera. Mortecino, débil, confundido, aletargado. Todos esos adjetivos describen muy bien a un grupo que ha vuelto al punto de partida, cuando César Láinez llegó y recogió a un espectro futbolístico que se arrastraba por los terrenos de juego y amenazaba por despeñarse por el acantilado del descenso.

   No está mucho más lejos de esa situación en estos momentos. Con la amenaza de la Segunda B muy próxima y un calendario terrorífico, Láinez tiene motivos para no dormir, para seguir sin comer y para volverse loco tratando de encontrar soluciones a los mil problemas que asolan al Real Zaragoza.

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Poco pudo hacer en el gol pero tampoco transmitió seguridad.

Isaac: 1. Empezó entonado en ataque pero en seguida perdió todas las batallas defensivas.

Silva: 2. Se mostró irregular y poco resolutivo.

José Enrique: 1. No está para jugar. Pobre físicamente y muy mal ubicado.

Cabrera: 1. Ha bajado muchos enteros. No cubrió bien su banda y en ataque estuvo mal.

Zapater: 3. Luchó lo indecible, pero de nuevo vuelve a estar solo y desasistido.

Ros: 0. Muy mal partido. Ni manejó ni sostuvo.

Lanzarote: 1. Comenzó bien, gustándose, pero acabó nervioso, aportando muy poco.

Pombo: 1. Invisible. No supo qué hacer con el balón.

Samaras: 3. Físicamente está muy flojo, pero su calidad aportó acciones de interés. Luchó como el que más.

Ángel: 2. No estuvo tan ágil y rompedor. Le ahogaron anulando todos los espacios por los que transita habitualmente.

Cani: 2. Comenzó bien, dibujando buenos pases, pero acabó desquiciado. Y expulsado.

Xumetra: 0. Nula aportación.

Edu García: 0. Nada que comentar.

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La delgada línea azul (Real Zaragoza, 1 – Getafe, 2)


   Pocas veces el zaragocismo ha podido sentir el vacío de una forma tan radical como ayer en la Basílica. Del paraíso de la primera parte al infierno de la segunda mitad. De la deliciosa ambición de los primeros 45 minutos a la decepcionante incapacidad que nos regalaron tras el descanso. De la esperanzadora ilusión que impregnó a la afición blanquilla al metálico baño de realismo que nos inundó a última hora del día.

   El Real Zaragoza mostró una vitalista versión de sí mismo en la primera fase de un encuentro muy complejo. Ante un Getafe duro y mal encarado supo oponer una propuesta inteligente y sacrificada, con la presencia de Casado y Cani como novedades en la alineación. Desde el primer momento asumimos que iba a ser un choque tintado de jugadas poliédricas en el que habría que hacerlo todo muy bien si queríamos salir vivos. En un principio la idea asomaba por la esquina del riesgo controlado. Decidir que Cani se sumase a la causa para dotar al equipo de más control y mejores atribuciones ofensivas contrastaba con la necesidad de mantener un adecuado equilibrio defensivo, pues el Getafe se asomaba al balcón de Ratón con mucho descaro y mil ideas que desarrollar.

   Los acercamientos a ambas áreas se sucedieron sin rubor y los dos equipos disfrutaron de ocasiones de gol. Bien por la impericia de los delanteros, bien por las intervenciones de los porteros, el marcador no se movía, si bien la tensión se mantuvo a lo largo de la primera fase. Cani, Edu Bedia, Pombo y Lanzarote masticaban las combinaciones con cierta osadía sin descuidar las coberturas, tejiendo una inteligente malla que envolvía al centro del campo madrileño eficazmente.

   En medio de semejante fragor, surgió el talento y la sabiduría de Cani, que le regaló un pase de diamante al mejor delantero de la categoría. Ángel recibió el regalo y no quiso decepcionar a su rendida afición, así que cruzó eléctricamente el balón y batió a Alberto. Era un premio jugoso que alimentaba ilusiones quizás desmedidas pero, en todo caso, legítimas y estimulantes.

   Sin embargo, nada más comenzar la segunda parte ya se vio que el camino por recorrer iba a ser durísimo y extraordinariamente largo. Bordalás arengó a los suyos y les afiló el cuchillo con el que salieron al césped de la Romareda. No había pasado ni un minuto y el Getafe ya había enseñado sus armas, que eran muchas y de calidad. Buen manejo del balón, excelentes transiciones y adecuada ocupación de espacios. Para defender semejante ataque hacía falta una cohorte de jugadores dispuestos mentalmente y capaces físicamente, pero el Zaragoza no disponía de semejantes herramientas.

   En esas llegó el empate. Una jugada revoltosa muy mal resuelta por la zaga aragonesa dio con el balón en los pies de Molina que solo tuvo que ejecutar el gesto para batir a Ratón. El partido estaba basculando hacia la propuesta del Getafe, así que Láinez trató de solventar el problema sustituyendo a Cani por Javi Ros. Claramente se veía que nadie se conformaba con el empate, aunque los de Bordalás parecían mejor dispuestos. Y sucedió que el infortunio se alió con el Zaragoza. Un remate de cabeza de Fuster fue a dar al palo para luego rebotar en Ratón y entrar mansamente en la portería. Fue un duro golpe. Se escapaba claramente la victoria, pues las sensaciones físicas de los locales eran muy pobres.

   A ello había que añadir que algunos jugadores como Edu Bedia y Casado habían bajado sus prestaciones respecto del primer tiempo, por lo que Láinez hizo los cambios obligado por las circunstancias, no porque considerase que había alternativas tácticas que incorporar. Eso es un hándicap y en un equipo tan justo con tantos déficits no deja de ser un problema añadido si hay que remontar un marcador adverso. Desde ese momento hasta el final, ni la aparición de Samaras ni el empuje de la afición pudieron lograr siquiera el empate final. No diré que Ángel la tuvo en la última jugada, pues su error, con ser grave, no nubla en ningún momento su enorme trabajo y la importancia de su juego y sus goles.

   Derrota dura, pero al fin y al cabo nada extraña si atendemos a la trayectoria del equipo a lo largo de la temporada. Ciertamente el zaragocismo ha llegado a sentir el perfume de la promoción a lo largo de esta semana, sobre todo porque ilusionarse es humano y necesario, pero la crudeza de la realidad es mucho más fuerte que la fuerza de los sueños. Por lo menos de momento.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Gustó su trabajo, su tranquilidad y su valentía en algunos momentos.

Isaac: 2. Sigue en su línea de trabajo y constancia, aunque ayer estuvo menos profundo.

Silva: 2. Los dos goles se produjeron en remates cerca del área pequeña, su territorio.

José Enrique: 2. El mismo diagnóstico que para Silva, si bien ofrece detalles técnicos de altura.

Casado: 2. Mostró altibajos, alternando aciertos con errores de bulto.

Zapater: 4. Incansable, omnipresente y protagonista.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su déficit físico es un problema.

Cani: 4. Calidad, talento y compromiso.

Pombo: 3. Estuvo valiente, talentoso y presente.

Lanzarote: 3. Se muestra generoso, esforzado y con detalles de gran calidad.

Ángel: 4. De nuevo goleador y trabajador incansable. Aclamado por la afición.

Javi Ros: 3. Hizo un buen trabajo y entonó el centro del campo.

Samaras: 1. Está para pocos minutos a pesar de que tiene detalles de gran jugador.

Valentín: 2. Correcto en el corte y firme en la marca.

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Queda limpio el camino (CD Mirandés, 0 – Real Zaragoza, 1)


   AficiónEl terreno de juego de Anduva es más grande que el de la Romareda y Miranda es un pueblo enamorado de su club de fútbol. Son dos detalles que, seguro, César Láinez tuvo en cuenta a la hora de preparar el partido. Además, había transmitido a quien quisiera escucharle, que a día de hoy somos miles, que había que acudir a las orillas jóvenes del Ebro con el cuchillo entre los dientes. ¿Cabe menos ambigüedad?

   Para completar el mensaje, en la grada del coliseo burgalés se asentaron más de mil zaragocistas ciegos de fe y abrazados al amor a unos colores. Este hecho mueve a la admiración, teniendo en cuenta el miserable presente que nos abruma. Mil hombres y mujeres capaces de emocionarse con un equipo que se ajusta a unos valores que Láinez ha rescatado del pozo de la vergüenza, ese al que unos cuantos advenedizos e incapaces los habían arrojado. Y recibieron una justa recompensa en forma de victoria luchada hasta la gangrena del alma.

   Fueron diez minutos de presión durísima, de combate a ciegas en el que los chicos de Pablo Alfaro plantearon un choque a vida o vida. Pasados esos primeros minutos, el Zaragoza activó su plan. El mismo que lleva implementando desde que llegó Láinez: posesión, circulación interior, incorporación de los laterales, firmeza defensiva y juego entre líneas para aprovechar los desmarques en ruptura de Ángel. Es su idea, su propuesta. Es lo que saben hacer y a ello se aplican los muchachos con un interés plausible y un nivel de ejecución correcto.

   Con esos argumentos el relato se nos antojaba previsible. Tenía que llegar el gol si los  de César eran capaces de ajustar alguna acción de ataque. Eso ocurrió en el minuto 15, cuando Cabrera, en una de sus heterodoxas galopadas por la banda, puso un balón en el área pequeña al que llegó, avispado como siempre, Ángel. El choque con el portero del Mirandés dio como resultado que el balón se alojase en la red local, firmando el canario su gol número 19. El partido, una semana más, se ponía donde quería el Zaragoza y a partir de ahí se trataba de manejar los tiempos, los gestos y los espacios. Y lo hizo bien.

    El Mirandés entró en parada futbolística y el centro del campo del Zaragoza hizo un buen trabajo manejando el balón y propiciando incursiones de calidad. Lanzarote, Bedia, Ros y Pombo se hicieron los dueños de ese espacio y transitaron con fluidez, al mismo tiempo que facilitaban la defensa del gol logrado. El equipo se ubicó muy bien y pudo desactivar todos y cada uno de los intentos castellanos, a pesar del cambio que Alfaro realizó en el minuto 30 obligado por las urgencias.

   La segunda parte comenzó exactamente igual que la primera. El Mirandés echó todo el carbón a la caldera, provocando que casi explotara, pero todas las jugadas locales morían con disparos lejanos o aproximaciones muy bajas en calorías y talento. Ratón tuvo que intervenir en tres ocasiones, una de ellas ciertamente comprometida, pero las solventó bien, mostrando que poco a poco va creciendo razonablemente en sus prestaciones. Láinez hizo los dos cambios habituales, es decir, Cani por Bedia y Valentín por Ros, con el fin de reforzar su idea. Era el momento, por un lado, de recuperar el balón, tarea encargada al aragonés. Por otro lado, había que sostener el centro del campo, algo resquebrajado por el desgaste de Ros, con la aportación del canario.

   El objetivo se cumplió sobradamente, incluso ampliado cuando Samaras entró al terreno de juego sustituyendo a Lanzarote. Su trote amortiguado y sus movimientos analógicos, lejos de los gestos centelleantes de jugadores como Ángel, no le impidieron dar dos pases de calidad al canario que hablaron bien de sus posibilidades. Fueron gestos que podían haber venido muy bien para cerrar un partido que acabó en victoria después de haber trabajado mucho y derrochar esfuerzo y generoso compromiso con la causa. Todo ello muy necesario para firmar una jornada que invita a pensar que el objetivo asumido por la afición blanquilla, la permanencia, prácticamente se ha conseguido. A partir de aquí, como dijo Láinez, se trata de que crezcan todos y cada uno de los actores de esta obra mediocre y muy mal escrita que se llama “Temporada 2016-2017”.

Fotos: http://www.realzaragoza.com

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Supo solucionar todas las situaciones que se le plantearon con corrección.

Isaac: 3. Buen trabajo global. Como siempre, mejor en el desdoble que en el repliegue.

Silva: 3. Firme y seguro, no dio opciones a Urko Vera.

José Enrique: 2. Sus frivolités a veces desajustan la defensa. Por lo demás, con oficio.

Cabrera: 3. El lateral, aunque no le guste, ha encontrado su lugar en mundo. Fuerte y atrevido.

Zapater: 3. Buen partido. Sin alardes, cada día está más cómodo con este esquema.

Ros: 3. Se vació. Algo irregular, trabaja muy bien junto a Bedia.

Bedia: 3. Su calidad le protege de su debilidad física.

Lanzarote: 2. Algo apagado, tuvo destellos de gran calidad. Se le ve cómodo.

Pombo: 3. Realizó varios movimientos técnicos de altura. Algo inconstante.

Ángel: 4. De nuevo goleó. Lo da todo y eso es mucho.

Cani: 3. Le aportó al equipo pausa y poso. Y manejo de la situación.

Valentín: 3. Cumplió a la perfección su trabajo de cementar el centro del campo.

Samaras: 2. Apenas estuvo doce minutos en el campo, pero aportó clase.

 

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Ángel de oro (Real Zaragoza, 1 – Real Mallorca,0)


Gran noche. Flotaba en el ambiente una inquietante sensación de abismo contenido y en ese contexto afrontó el Real Zaragoza el partido frente al Real Mallorca. Y lo hizo desde su condición de equipo perfilado y definido, equipo que ahora mismo tiene un objetivo y está formado por un grupo de artesanos que hace lo que sabe hacer, no lo que cree que tiene que saber hacer. Y ayer el equipo aragonés, al igual que en los tres últimos partidos, se ajustó al guión que su comandante escribió: tener el balón, procurar gobernar las circulaciones y dejarse su frágil alma en el campo. Todo ello lo hizo y se abrazó a esos gramos de fortuna que tan necesarios son en la vida.

El Zaragoza ayer tuvo ángel. Y tuvo a Ángel. El mejor, el más valioso, el que nos enseña cada domingo el valor del valor, el que consigue que la tarde sea un monumento a la pugna, al pundonor, a la inacabable voluntad de crecer. Su partido es la rúbrica a un texto repleto de páginas valerosas y por eso la Basílica coreó su nombre y se encendieron las luces de la renovación urgente.

El partido fue una dura prueba para el zaragocismo. No se jugó un buen partido, hubo mucha igualdad y se notó esa electricidad que atenaza el músculo y el hueso del futbolista cuando hay un peligro tan cruel rondando la casa propia. Sin embargo, el equipo de Láinez permaneció fiel a su propuesta y eso es algo inestimable. Eso hace grandes a los grupos, a los jugadores y a los técnicos. Las cosas podrán salir bien o mal pero ahora el Zaragoza ya es un equipo reconocible. Jugar el balón, buscar la circulación interior, primar la combinación, abrir senderos por los que los laterales transiten y procurar que la línea de contención se sitúe lo más arriba posible. E impedir que el balón entre en nuestra portería, bien porque el contrario no llegue, bien porque nuestro portero lo impida.
La primera parte fue un reflejo de lo expuesto desde que Láinez está con nosotros. Repitió una alienación anterior, rescatando a Lele, Isaac y Lanzarote, y les pidió a los chicos que se aplicasen a la tarea de jugar por dentro y propiciar las incursiones de Isaac y Cabrera. La tarea era complicada, pues el Mallorca dispuso una doble fila defensiva de 4 y 5 jugadores, lo que impidió que Edu Bedia y Ros tocasen el balón y Pombo y Lanzarote recibiesen en buenas condiciones. Aun así, la presión zaragocista consiguió rescatar varios balones que facilitaron la llegada ante Santamaría. No se acertó en la definición, pero el esquema continuaba siendo válido y se mantenía la intensidad ofensiva. El gol llegaría a balón parado. Un corner botado por Lanza fue magistralmente rematado de cabeza por Ángel. Era la muestra de que el delantero canario está de dulce y es, como dijo Láinez, una mina de oro.

La Basílica estalló de júbilo y se aprestó a degustar el gol con la esperanza de que la segunda parte el equipo no se cayese como es habitual. Con toda seguridad el mister dispuso todo lo necesario en el descanso para que eso no sucediese, pero como él mismo dijo después, la cabeza a veces no actúa como debe y le equipo se refugió en las proximidades de su área. El Mallorca, claro está, se echó al monte y acorraló al Zaragoza durante los primeros veinte minutos, aunque con muy poco peligro. Cani sustituyó a Edu Bedia con el fin de recuperar el control de la pelota y algo se consiguió. Poco a poco el equipo adelantó líneas y logró amortiguar el empuje inicial de los bermellones.

Láinez le pidió poco después a Valentín que relevase a un fundido Ros, en un claro intento por sujetar el partido. A ello también contribuyó, y fue muy celebrado el hecho, Ratón, que realizó dos magníficas paradas. Sin duda fueron dos acciones de gran trascendencia por un doble motivo: porque la victoria se quedó en casa y porque el portero participó estelarmente en el triunfo final, lo que eleva su estatus en un equipo necesitado de autoestima.

El triunfo, en fin, es un bálsamo que ayuda a afrontar el último tramo de esta mediocre temporada con algo más de aire fresco en los pulmones. No menos importante es la fortaleza de ánimo necesaria para viajar a Miranda y comenzar a cerrar todas las heridas que aún sangran en el cuerpo y el alma blanquiazules. Tarea de todos es empujar para llegar al final del camino lejos de la sima del descenso, cerca de un futuro esperanzador.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Hizo dos extraordinarias paradas.
Isaac: 2. Luchador como siempre, tuvo algún debe en defensa. Bien en ataque.
Silva: 3. Correcto y profesional.
José Enrique: 2. Irregular y algo inestable.
Cabrera: 3. Se fajó con todos y subió bien la banda.
Zapater: 4. Trabajó a destajo y cumplió de sobra.
Ros: 3. Buen trabajo corrector aunque algo deshilachado en la creación.
Edu Bedia: 3. Sigue entonándose. Fino con el balón, débil en el apartado físico.
Lanzarote: 3. Muy trabajador e implicado. Buenos detalles, como el corner del gol.
Pombo: 2. Algo desasistido y menos participativo de lo esperado.
Ángel: 5. La nota es por su partido de ayer y por lo que significa para este equipo.
Cani: 3. Aportó frescura y clase.
Valentín: 2. Hizo lo que se le pidió, sin complicaciones.
Edu García: S.C:

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Punto de plástico (UD Almería, 2 – Real Zaragoza, 2)


 

  La capacidad que tiene el Real Zaragoza para desandar caminos es extraordinaria. Y preocupante. En la tarde de ayer, frente al Almería, se repitió la película. En apenas ocho minutos consiguió adelantarse en el marcador con dos magníficos goles de Edu Bedia y ángel y una vez más dilapidó una ventaja que en esta categoría es, casi siempre, definitiva. Casi siempre, digo, porque el Zaragoza es un equipo deshilachado, frágil, muy deficiente físicamente y tremendamente timorato. Nada menos que 22 puntos ha dejado escapar esta temporada tras ponerse por delante en el marcador. Una herida imposible de taponar si no hay talento, fortaleza ni templanza. El Real Zaragoza,. Es decir.

   A los ocho minutos el marcador ya reflejaba un magnífico 0-2. En dos jugadas magistralmente gestionadas por Cani y Pombo, pasado y futuro, y resueltas por Bedia y Ángel, Casto vio cómo su red acogía el balón sin apenas haber puesto en modo “on” el partido. Un extraordinario resultado que había que saber digerir. Esa era la duda. Ese era el temor. Que muy pronto resolvimos. Como ya imaginamos, el equipo de Láinez dio mil pasos atrás y propuso un partido que en absoluto le convenía. ¡Malditos dos goles tempraneros!. Con la cabeza licuada por una niebla que adormece a este equipo cada vez que se pone por delante en el marcador, el Almería, que aún se jugaba más que nosotros, apretó los dientes e inició un choque duro, metálico. Un choque a muerte.

   Sus jugadores discutieron cada balón, lucharon con la fiereza que el encuentro requería y con esas armas doblegaron a un pusilánime Zaragoza que se arrugó al primer golpe recibido. Así, nadie supo poner orden en el caos. Y lo que es peor: nadie pudo oponer la fortaleza y la rudeza que el momento precisaba. Las bandas sufrieron los embates de los jugadores locales y ni Feltscher ni sobre todo Casado pudieron poner coto a las incursiones locales. Por si eso fuera poco, Cani no está para labores defensivas y esa circunstancia la sufrió el venezolano, que recibía ataques de dos contra uno que le hacían sufrir mucho.

   El equipo se descosía y sin balón es un grupo inerme y muy frágil. Así llegó el primer gol almeriense. Un ataque multitudinario horriblemente defendido fue la antesala del 1-2. El partido se ponía muy cuesta arriba a pesar de la ventaja, pues además se notaba que el Almería creía que podía darle la vuelta a la situación. No quedaba más remedio que apoderarse del balón que es la única manera en que el Zaragoza sabe vivir ahora mismo. Cuando lo consiguió estuvo a punto de ampliar su ventaja. Primero fue Cani en un mano a mano que le detuvo Casto y después Zapater, con un lanzamiento de falta que detuvo de nuevo el portero local con una extraordinaria intervención. Así pues, tarea imposible. Por si fuera poco, de nuevo mostró su ineptitud para defender jugadas a balón parado y en una de esas llegó el segundo gol. Un corner corto fue suficiente para recibir un gran mazazo en forma de gol al filo del descanso. Un cabezazo en el área pequeña y a la caseta.

   El empate dolió mucho. Los jugadores se retiraron cabizbajos y a Láinez se le vio dolido y afectado con lo que había sucedido en la primera parte. Pero la segunda no cambió mucho el paisaje. Tan solo el cambio, obligado, de Edu García por un fundido Cani pero que apenas aportó un par de carreras por la banda, y la de Isaac por un agotado y dolido Feltscher, algo más positiva pues le otorgó cierta profundidad a la banda. La que no fue no nada productiva fue la sustitución de Dongou por Edu Bedia. El cántabro, agotado en el minuto 50, dio entrada al joven camerunés que no está para jugar en este equipo. Con todo y eso, el partido se convirtió en seguida en un correcalles que no favorecía a ninguno de los dos equipos. Hasta que llegó el minuto 70, cuando el árbitro expulsó a Fidel.

   Se abría un nuevo panorama, pero el Zaragoza estaba absolutamente roto físicamente y no encontró en ningún momento un pasillo por el que penetrar para acercarse al área de Casto. El partido moría y en esas circunstancias lo importante era no perder, pues un punto puede significar la vida en medio de un páramo que nos asfixia desde hace demasiado tiempo. Láinez tiene hecho el diagnóstico, pero no tiene jugadores para encontrar la solución y esa es la evidencia con la que vamos a tener que convivir de aquí a final de temporada.

Foto: La Voz de Almería

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Nervioso y demasiado estático. Le cuesta abandonar el arco.

Feltscher: 2. Mientras le aguantó el físico achicó las avalanchas locales. Luego se cayó.

Silva: 2. Menos relevante. Cumplió en el uno contra uno pero falló por arriba.

José Enrique: 2. Tuvo luces y sombras. Le gusta jugar el balón, pero defiende regular.

Casado: 1. Partido insustancial. Se posiciona mal y pierde en el uno contra uno.

Zapater: 3. Luchador y comprometido, no encontró apoyos. Casi logra un gran gol.

Ros: 1. Insignificante. Cometió errores y no aportó en el manejo del partido.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su físico es su debilidad. Goleó.

Cani: 2. Mientras está, es importante. Su baja forma física es un problema.

Pombo: 2. Poco participativo, debió dar un paso adelante.

Ángel: 4. De nuevo extraordinario. Es el mejor de lejos. Goleó.

Edu García: 2. Lo intentó por la banda, pero no culminó las jugadas.

Isaac: 2.Le dio profundidad a la banda. En defensa, correcto.

Dongou: 0. No aportó ni un solo balón en condiciones.

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Si poco es suficiente (Real Zaragoza, 1 – Real Valladolid, 1)


La Basílica es sabia. Su césped ha acogido el brillo de centenares de jugadores mágicos. Cada uno de ellos ha hecho que tengamos un gusto especial por el fútbol inteligente, maduro, esculpido con cinceles de extrema belleza. Por eso, cuando uno de esos jugadores asoma por el horizonte de la vieja Romareda su gente lo reconoce al primer gesto, tras el segundo regate, después del tercer quiebro al destino. Eso, amable lector, ocurrió ayer. Lo viste, ¿verdad?

   El partido apenas había cumplido el minuto 15 y ya habíamos degustado más fútbol que en los últimos cinco partidos en casa. Nada para guardarlo en nuestra memoria, pero sí suficiente para hacer bueno algo que dijo Láinez esta semana: empezar a soñar con dejar de ver vídeos históricos y acudir al estadio zaragozano a ver fútbol. Herrera reconoció que el Real Zaragoza había ocultado el paisaje de su equipo a base de combinaciones y gestión inteligente de espacios. Ahí vino a decir que el equipo blanquillo tiene una propuesta. La que ayer nos regaló durante los primeros 50 minutos.

   Bien asociados en las zonas interiores del campo, con dos carriles francos para que sus laterales, más o menos afortunadamente, los recorrieran, el Real Zaragoza llegó a tener el balón en casi el 70% del tiempo. Buen recorrido y aceptable verticalidad. El Valladolid venía preparado, pero ese período fue un capítulo de dominio local en el que tan solo faltó el gol. Faltó Ángel.

   En apenas 900 segundos el equipo de Láinez disfrutó de hasta cinco ocasiones de gol, ninguna transformada porque Dongou no es el canario y los demás no acertaron. De todas ellas destacamos un magnífico chut de Pombo despejado por Becerra y un golpeo lateral de Lanza que se fue fuera por poco y que podrían haber cambiado el signo del partido. Sin embargo, quien se llevó el gol a su casillero fue el Valladolid, que aprovechó un contragolpe rápido para fusilar a Ratón tras un apurado despeje a disparo de Mata. Duro golpe que el Zaragoza se sacudió al cabo de unos minutos con el apoyo de su parroquia y la fe del carbonero que Láinez les ha insuflado. Fue tras un magnífico pase de Zapater que Lanzarote, listo como el hambre, aprovechó para batir a Becerra. Era el mal menor. Se había trabajado mucho y dignamente para disponer solo de un empate, aunque tal y como va la temporada la afición dio por buenas las tablas en el descanso como así lo demostró con los aplausos a los suyos.

   La segunda parte fue peor. El equipo zaragocista dio muestras de cansancio, lo que provocó que sus acciones, correctas y lejos del error, no fructificasen en nada positivo, pues no había chispa. En el centro del campo Edu Bedia, que había hecho una buena primera parte, se cayó y la conducción del balón corrió a cargo de un voluntarioso pero poco ágil Zapater. Láinez movió el banquillo dándole entrada a Cani en lugar de Lanza. El catalán andaba dolorido y el aragonés tenía que hacer su trabajo conectando con Pombo y surtiendo de balones a Dongou, pero este se diluyó en un bosque en el que no se encuentra a gusto si está solo.

   El partido entró en una fase de ritmo bajo, con mucho pase al pie pero con poca verticalidad. El Valladolid aceptó el empate como una buena noticia y a conservarlo se dispuso Herrera, que pobló su defensa con jugadores frescos y prestos a la lucha. Esa superioridad física acabó con las posibilidades zaragocistas. Los jugadores aragoneses dieron muestras de agotamiento físico y mental y Láinez tampoco contribuyó con sus decisiones. Eligió a Edu García para sustituir a Dongou pero esa opción no limpió el camino hacia la portería de Becerra. Aun así, el Zaragoza dispuso de tres ocasiones relativamente claras en la cabeza de Cabrera y las botas de Edu García e Isaac. De haber tenido el nivel de efectividad de la semana pasada, estaríamos hablando de una trabajada victoria ante un ordenado aunque discreto Valladolid.

   El punto es poco pero es más que nada. Si algo hay de cierto en esta paupérrima categoría es que cualquier botín, por miserable que sea, puede convertirse en agua salvadora en los labios del náufrago sin esperanza. Con ello nos quedamos y con la certeza de que este equipo es capaz de iluminar una breve sonrisa en el zaragocismo. Ese corazón blanco y azul , negro y amarillo, rojo como la sangre que nos queda y que sueña con seguir soñando.

Foto: Jaime Galindo (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Aún no nos da puntos, pero tampoco los regala. Correcto.

Isaac: 3. Profundo y rápido, su vehemencia en ataque le penaliza en defensa.

Silva: 2. Poderoso en el choque, ayer pecó de desordenado.

José Enrique: 2. Sus frivolités lo convierten en un defensa irregular.

Cabrera: 2. Más eficaz en el corte que en el manejo del balón.

Zapater: 3. Muy importante en la cobertura, buscó la salida del balón con acierto desigual. Gran pase de gol.

Ros: 3. Trabajador, bullidor y muy presente.

Edu Bedia: 3. Hizo una buena primera parte, pero el físico no le aguantó la segunda.

Lanzarote: 3. Más participativo y eficaz. Tuvo varias ocasiones. Goleó.

Pombo: 3. Tiene movimientos muy interesantes. Ahora mismo es titular.

Dongou: 2. No encontró su sitio. De forma natural buscó posiciones atrasadas.

Cani: 2. No encajó en la propuesta de partido.

Edu García: 2. Hizo lo que se le pidió, pero no es su lugar en el mundo.

Samaras: S.C.

 

 

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Palmeras en el corazón (Elche CF, 0 – Real Zaragoza, 3)


   Magnífica victoria. No hay nada como un 0-3 en campo contrario para despejar los nubarrones y acariciar el aroma de la calma tan necesaria para el zaragocismo. Tres goles como tres soles que cumplieron la función salvífica ya casi olvidada en el universo blanquiazul, en el cosmos avispa, en el sistema tomate.

   El primer partido de la era Lainez asomaba por la esquina del calendario anunciando una tarde de sobresaltos. El equipo estaba tan desnutrido, tan irreconocible que la afición esperaba que algo terrible sucediera, pues la dinámica sobre la que ha cabalgado los tres últimos meses nos había arrojado a un abismo del que nadie sabía cómo salir. ¿Nadie? El joven entrenador zaragocista, leyenda viva de un club que estos días ha celebrado el centenario de su nodriza, sí. O al menos eso ha demostrado una vez finalizado el choque.

   Para abrir boca, la alineación ofrecía algunas gotas de innovación. Ratón, a la portería. El gallego es del gusto de Lainez y de hecho fue él quien más apostó por su subida al primer equipo. En el lateral, el demonizado por Agné Isaac. Y en la medular, dos novedades: Edu Bedia y el joven Pombo, gran debilidad del mister. ¡Ah! Y en defensa, José Enrique y Cabrera intercambiaron sus posiciones. No estaba mal para empezar. La propuesta ofrecía un riesgo notable, pero la idea era clara: dotar al centro del campo de más vitamina futbolística, con una clara intención de fortalecer la idea de la circulación y la combinación. Lainez es de los que cree que quien tiene el balón tiene el deseo y en esto del fútbol la voluntad cuenta y mucho.

   Los primeros minutos fueron el entorno perfecto para comprobar que a fórmula era correcta. El equipo avispa tenía el dominio y los senderos eran suyos. El equipo estaba junto, se movía con buena coordinación y ocupaba los espacios con razón y sentido. Y no tardó en fructificar el plan. Ángel recibía buenos balones pero mucho más ajustados que hasta ahora, pues no se trataba de balonazos largos e imprecisos, sino de lanzamientos concretos que encontraban al canario en buenas posiciones para la conversión. A ello le ayudaba la nueva posición de Ros, más acorde con sus características, y la frescura y movilidad de Pombo, osado y exacto en sus acciones.

   Cuando Isaac le puso el balón a Ángel en el minuto 14 este no se lo pensó. Aún le dio tiempo para mirar al linier, pero en seguida obedeció a su instinto y le cruzó un balón imposible a Juan Carlos, logrando el primer gol. Era un bonito regalo de debut para Lainez, quien propugnó continuar en la misma línea. Nada de defender la ventaja. Al contrario: había que porfiar. Y a ese mensaje se aplicó el equipo, que obtuvo su recompensa con un disparo seco y afortunado de Pombo que entró como una folha seca en la portería ilicitana. Llevar dos goles de ventaja en campo ajeno en el minuto 24 era una extraordinaria noticia que el zaragocismo degustó con asombrada alegría.

   Pero el paisaje no varió. Con un Elche algo desorientado y la firme voluntad de seguir con el guion inicial, el Real Zaragoza sostuvo el partido a base de presión, combinación y solidez en su estructura. Ahí fue cuando emergieron con entidad propia Ros y Pombo, bien secundados por Edu Bedia. Los tres entendieron muy bien el libreto y consiguieron que un nuevo balón llegase a Ángel para que lograse otro nuevo tanto que, como el primero, no celebró por su pasado franjiverde. Un 0-3 en el minuto 40 era un regalo de los dioses. Además, jugando bien y desarrollando una idea de fútbol inteligente, razonable y solidaria. Muy bien los jugadores, muy bien el entrenador.

   La segunda parte había que afrontarla con sabiduría. El Elche quemó sus naves y reforzó el ataque. Ahí comenzó una fase de cierta inconsistencia futbolística por parte del Zaragoza. Lanza se lesionó y lo sustituyó Edu García, que haría un buen trabajo. Poco después, Lainez cambió a un tocado Zapater por Valentín, pero no para ubicarlo en el sitio del ejeano, sino para dibujar un nuevo esquema que pudiera contrarrestar los embates levantinos. Creó una barrera de cinco defensas y cuatro centrocampistas que sirvió para anular el ataque local y mantener la portería a cero. Supo el mister leer muy bien la situación y aportar soluciones imaginativas y adecuadas según venían dadas, lo que es sin duda una de las mejores noticias de lo que ayer vimos y vivimos en Elche.

   Victoria, en fin, muy valiosa, vitamínica, relevante. Victoria que sirve para agrandar al equipo, lograr que se active la plantilla y se rearme una afición que está viviendo un final de temporada durísimo. Victoria que saboreamos sabiendo que aún quedan batallas cruentas que habremos de librar sin bajar los brazos y manteniendo la unidad entre todos los sectores del zaragocismo.

Foto: Antonio Amorós (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Discreto, correcto y sin errores.

Isaac: 3. Buen trabajo tanto defensivo como ofensivo hasta que se hundió físicamente.

Silva: 3. Cometió algunos errores de bulto, sobre todo por alto. Por lo demás, luchador.

José Enrique: 2. Cambió su posición y firmó un partido aceptable.

Cabrera: 3. Mejoró otras actuaciones. El lateral es su entorno más favorable.

Zapater: 3. Bien arropando a la defensa. Si lo liberan de tareas de creación, lo agradece.

Ros: 4. Buen partido en una posición que le permite desarrollas sus habilidades.

Edu Bedia: 3. Tiene calidad y con jugadores como Ros y Pombo a su lado puede ofrecer buenas prestaciones.

Pombo: 4. Buen debut como titular. Osado, valiente y talentoso. Además goleó.

Lanzarote: 2. Disminuido físicamente, aportó destellos y cierta finura por la banda.

Ángel: 4. Gran partido. Metió dos goles y lo dio todo.

Edu García: 3. Es un gran jugador de quipo. Trabaja, tiene detalles y es disciplinado.

Valentín: 3. Como tercer central cumplió con las instrucciones correctamente.

Barrera: 2. Corrió, luchó y recuperó el ánimo.

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