Torpeza letal (Real Zaragoza, 0 – Levante UD, 1)


   jugadores_contra_el_levanteBien, ya vemos de qué va esto. Se trata de tener un portero que resuelva las ocasiones de gol del contrario, sin necesidad de que detenga lo imposible. De contar con una defensa que evite situaciones de riesgo sin complicarse la vida. De tener un centro del campo que sujete el equipo y al menos un jugador que maneje el balón con cierto talento. Y disponer de una delantera capaz de aprovechar los varios errores de bulto que, seguro, comete el equipo contrario. En resumen: se trata de ser el Levante.

   El Real Zaragoza ayer casi lo logró. Cumplió todos los requisitos necesarios para ser competitivo. Tuvo defensa, peleó el centro del campo, sin un cerebro nítido, es verdad, y mostró mucho talento y calidad en la delantera. Casi perfecto. Casi. Porque hubo un ítem que se resquebrajó. Solo uno, pero muy importante. Solo uno, pero fundamental. Solo uno, pero crucial. Ayer, lamentablemente, Irureta dio por amortizado su fichaje. No porque hiciera un partido desastroso. No porque no supiera leer el choque en global. No. Pero sí falló clamorosamente en una jugada absolutamente inocua que supuso una dolorosa derrota y un mazazo descomunal al zaragocismo.

   Ayer pudimos disfrutar de una de las mejores primeras partes que el Zaragoza ha jugado en los últimos meses. Agné sacó a todos los buenos y estos, además, hicieron un buen partido. Decidió que al primero de la lista había que jugarle de tú a tú sin descuidar en ningún momento los pequeños detalles, que son los que nos han matado en muchas ocasiones. Y su plan salió muy bien. El equipo aragonés arrinconó al líder, le creó varias ocasiones claras de gol y construyó un ambiente de asedio que hizo que la Basílica temblase de emoción. Estampó un balonazo en el larguero a cargo de un cada día mejor Xumetra e incluso el recién llegado Feltscher logró un gol que anuló el árbitro, aunque después hemos comprobado que era legal. Todo bien. Muy bien. Hasta que llegó el error del portero zaragocista. Al que muchos defendimos durante el partido pero al que no podemos seguir apoyando porque nos duelen más las lágrimas de los niños zaragocistas que a mi lado lloraron el infortunio de su equipo del alma que el mal rato que pueda estar pasando un profesional que no está dando lo que se le pide. Fin de la cita.

   Aún así, la Romareda respondió como una señora y redobló sus ánimos al equipo, que siguió en la pelea y no abandonó su objetivo de lograr un resultado positivo. Reanudó la segunda parte con nuevos bríos y prosiguió con el plan. Ciertamente el equipo fue perdiendo fuelle conforme pasaban los minutos, especialmente en sus dos jugadores más determinantes, Lanzarote y Xumetra. Que siguieron intentándolo, pero el portero del Levante, Raúl, nos recordó que los porteros, en segunda división, suman puntos, no solo restan. Agné movió el banquillo e introdujo a Edu García primero y Dongou y Edu Bedia un poco más tarde, pero ayer los cambios no fueron la solución, sino el agua que deshizo el azucarillo. El equipo se descompuso y ya no dio sensación de poder empatar el partido. Tan solo una jugada a balón parado o una acción de fortuna podía traernos buenas noticias, que estuvieron a punto de producirse si Dongou hubiera acertado a golpear avispadamente un balón que cayó a sus pies. Pero no.

   Ni siquiera así se pudo lograr un más que merecido empate. Ni siquiera apelando a la heroica después de haber jugado al fútbol muy bien durante casi cuarenta minutos. Después de todo, en fin. Y todo lo dicho tiene mucho valor si tenemos en cuenta que enfrente estaba el mejor equipo de la categoría, un equipo que ya es virtualmente de primera división, como así reconoció el propio Agné ante las cámaras de televisión cuando felicitó a Muñiz. El empate habría sido un buen resultado pero ni siquiera el tiro en el pie que se dio ayer el Real Zaragoza puede empañar la buena imagen y el buen trabajo hecho. De ellos mismos depende que las primeras pinceladas que ayer nos mostró el equipo tengan continuidad en Alcorcón. Sería una extraordinaria noticia.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 1. Su error fue tan determinante y activó tal corriente de rechazo que nos impide valorar en conjunto su trabajo.

Fran: 3. Muy bien en la gestión de su banda. Buena reaparición.

Cabrera: 3. Contundente en el corte y audaz en la salida.

Valentín: 3. Correcto y seguro.

Feltscher: 3. Cerró espacios y se sumó con osadía al ataque.

Zapater: 3. Trabajó con denuedo y cosió bien el centro del campo.

Javi Ros: 4. Su aportación fue fundamental y su sustitución dañó al equipo.

Xumetra: 3. Hizo una muy buena primera parte. Algo individualista.

Lanzarote: 3. Mostró implicación y aportó calidad.

Cani: 3. Colaboró con Xumetra y Lanzarote en mover el balón y dinamizar el equipo.

Edu García: 2.Estuvo discreto y le costó abrir vías de penetración.

Edu Bedia: 1. Muy pobre aportación. Vació el centro del campo.

Dongou: 2. Luchó y se movió pero no sumó. Falló un gol.

 

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La nit del por (Levante UD, 4 – Real Zaragoza, 2)


      10_septiembre_2016El zaragocismo tiene los párpados en carne viva. En demasiadas ocasiones nos hemos frotado los ojos al no creer lo que estamos viendo sobre el terreno de juego, de tan patético o ridículo es. Como ayer. Otra vez, una vez más. Cuando en el minuto tres el Real Zaragoza ya había encajado un gol, el dolor no nos maceraba por el tanto recibido, sino por la facilidad con que nos habían rasgado la vergüenza. Y lo que siguió durante los minutos iniciales no hizo sino acrecentar la incredulidad y el pasmo. Catastrófica noche, entonces. Enorme bofetada a la dignidad.

   El partido se presentaba como una ocasión para confirmar la candidatura a todo ante uno de los equipos más potentes de la categoría. A él llegó Luis Milla con dos novedades en la alineación forzado por las lesiones de Cabrera y Morán. Para suplir al primero optó por el joven y desafortunado en su debut Bagnack, en una decisión que provocó  incertidumbre entre la afición. Para hacer olvidar a Morán el turno fue para Wilk. Nunca un equipo se cayó tanto con tan pocos retoques, pero desde el minuto 0 se vio que la cobertura blanquilla era un bocadillo de gelatina, una broma muy mal pensada para contrarrestar al portaaviones valenciano.

   La línea medular, que hasta ahora había vivido a la sombra de la potencia de Zapater y la discreta puesta en escena de Morán, se quebró ayer como cristal y ese hecho fue una mala noticia para una defensa endeble, nerviosa y superada dramáticamente. Bajo palos, Irureta no fue capaz de otorgarle a sus compañeros la seguridad necesaria en días de extrema fragilidad como el de ayer. Ese era el lienzo sobre el que un gran Morales desarrolló varias pinceladas magistrales, siempre por el lateral de Isaac, desarbolado y desnutrido. La buena noticia fue comprobar que este equipo tiene pegada. En esta ocasión a balón parado. Y el ejecutor se llama Lanza, capaz de acomodar el balón en la escuadra contraria con su bota de seda y aliviar un tanto el agobio. El empate llegó en el minuto 12.

   Los chicos del Ciutat de València no se inmutaron, sin embargo. Siguieron a la suya y como tenían muy bien estudiado el partido percutieron una y otra vez por las bandas porque estaban seguros de que los goles, varios, llegarían si conseguían poner a prueba la flaccidez visitante. Y lo hicieron muy bien. Mientras el Real Zaragoza no acababa de entender qué estaba pasando, Roger primero y Campaña después remataron sendos centros al área poniendo en evidencia el desastre defensivo aragonés. Ni Cani, con su calidad, ni Lanzarote con su talento ni Xumetra con su velocidad consiguieron inquietar al portero granota, que tampoco tuvo que comprobar si la pólvora de Ángel ayer estaba seca o le había afectado la humedad de la Malvarrosa.

   Tras el descanso Milla sustituyó a Isaac por Fran y pronto tuvo que retirar a Bagnack, que recibió un codazo de Roger que debió ser roja, lo que algo habría ayudado a afrontar la segunda parte. Como otro habría sido el partido si el árbitro no hubiera pitado un penalti que no fue. Fueron dos detalles que no tapan la falta de calidad, intensidad y talento que ayer nos regaló el Zaragoza, pero el fútbol es un deporte tan sumamente injusto que incluso con una propuesta tan deplorable los de Milla ayer fueron capaces de meter dos goles en campo del sólido líder que es el Levante. Lo demás, lo esperado. Una segunda parte un tanto más equilibrada por la relajación de los locales y porque los aragoneses tienen mucho arriba. Tanto que a veces, aunque no quieran, construyen ocasiones.

   Tiene que armarse en la defensa, tiene que recuperar a Cabrera y Morán e incorporar a José Enrique. Y este equipo tiene que aferrarse a la idea de que lo más importante en momentos como este es considerar como verdades incuestionables la paciencia y la fortaleza. Y no reblar.

Foto: J. M. López / Superdeporte

CALIFICACIONES:

Irureta: 0. Muy mal partido. Inseguro, nervioso y errático.

Isaac: 0. Desbordado por Morales, mostró una apatía preocupante.

Bignack: 0. Derrotado antes de empezar. Le viene muy grande el club.

Marcelo Silva: 2. El más maduro de la defensa. Debe tener cuidado con su fuerza.

Casado: 1. Muy desubicado y poco acertado en el trato del balón.

Zapater: 2. Trató de llegar a todo, pero estuvo completamente solo.

Wilk: 1. Muy blando, no aportó nada al equipo.

Lanzarote: 4. Metió dos goles sublimes.

Xumetra: 2. Lo intentó pero Abraham se lo impidió.

Cani: 2. Su talento fue determinante para mantener la ilusión. Se lesionó.

Ángel: 1. Desasistido y poco afortunado.

Fran: 2. Sostuvo algo mejor la banda.

Javi Ros: 2. Algo mejor en la contención aunque falto de creatividad.

Juan Muñoz: 1. Discreto e irrelevante.

Mi crónica: Levante, 0 – Real Zaragoza, 0 (Otra noche incurable)


   levantezgzLa gota fría levantina ha cubierto el medio campo zaragocista durante treinta terroríficos minutos en los que ha caído una torrencial tormenta que ha estado a punto de acabar con nuestras ilusiones. Ha sido una primera media hora en la que los jugadores del Levante han hecho añicos la muy débil organización futbolística del Real Zaragoza, que ha salido al campo como si sobre el césped se celebrase una merendola propia de una romería de pueblo pequeño pero no invisible y no lo que realmente se ventilaba: la salvación, la captura de tres puntos que nos deberían permitir seguir en la pelea y no morir precipitadamente. 

   Han sido veintitantos minutos de agonía y pánico. Los jugadores del Levante llegaban por todas partes y de todas maneras. Ha sido un vendaval blaugrana, una plaga de granotas que arrasaba los campos aragoneses dejando nuestras paupérrimas cosechas aún más asoladas. Las ocasiones se han sucedido vertiginosamente y cada una de ellas anunciaba el gol. Despejes a la desesperada, remates envenenados, un penalty que nos han perdonado, un gol anulado, una medio parada de Roberto, un medio despeje de Loovens, un medio control de Apoño, una medio muerte.

   La intensidad que le imprimían al juego los jugadores locales era de tal calibre que parecía que necesitaban cinco goles para remontar una eliminatoria de vuelta, mientras nuestros muchachos le levantaban la falda a la luna de Valencia en un ejercicio romántico de despiste digno de mejores tiempos. Pedro Ríos, Valdo, penalty que no pitan, Valdo, gol que anulan, Diop, Acquafresca, Pedro Ríos…Esta sucesión de oportunidades ha conformado un fresco que ha hecho temblar los cimientos de la fe zaragocista y la única esperanza era esperar que pasase la tormenta y después hacer recuento delos daños causados para ver si se podía recomponer un poco la hacienda.

   Eso ha ocurrido a partir del minuto 30, cuando el Levante ha bajado el ritmo frenético que había imprimido al partido y el Real Zaragoza, poco a poco, ha ido recuperando el pulso. Han sido unos últimos quince minutos más pausados, insulsos en cualquier caso, que han ofrecido un paisaje más amable aunque no se puede decir que se haya equilibrado la balanza. En todo caso ha amainado el temporal. De esta fase tan solo podemos hablar de la corrección de Pinter y de la frescura de Víctor, mientras que los otros nueve parecía que habían sufrido los efectos de la autocomplacencia provocada por las dos últimas victorias.  

   La segunda parte ha amanecido un poco más calmada, aunque un fallo de Fernández, muestra del nerviosismo de la zaga, ha estado a punto de provocar el gol local. La buena noticia ha llegado en el minuto 52, cuando una violenta entrada de Diop a Victor ha invitado a Gil Manzano a sacarle la roja. Ha sido un momento dulce, pues quedaba más de media hora y el Levante se quedaba con diez. Una sonrisa de media comisura ha asomado al rostro de la afición zaragocista. Todos hemos pensado en Rochina, bala de un revólver que parecía lógico utilizar, pero no ha pensado lo mismo Manlojiménez. Ha pesado más la prudencia y la bondad de un punto en la mano que la posibilidad de ir a por tres y quedarse con ninguno. El temor al contraataque del Levante y que nos hicieran un roto ha sido la razón por la que hemos entrado en una fase contemplativa, de control del balón y ritmo pausado a la espera de una ocasión, en lugar de optar por una acción de ataque frontal al grito de “Deus lo vol!” y romper las defensas, débiles y asustadizas, de un equipo, el valenciano, definitivamente esbafau, dicho sea en LAPAPYP.

   Todo muy calculado. Carmona por Montañés y José Mari por un lesionado Loovens han ido lo cambios Un mensaje muy claro. Y, si acaso, cuando quedan quince minutos, la vigorosa presencia de Rochina. Control, control, control. Y, si acaso, la explosividad del saguntino, ma non troppo. Y es que todo podía pasar, en una portería y en la otra. En tan solo quince minutos, Iborra casi marca obligando a Roberto a paradón. Apoño lanza desde lejos y el efecto óptico nos hace cantar gol. José Mari dispara desde lejos y Keylor despeja. Rochina lanza un obús y Keylor adorna una buena parada. Y ya. Cuando Gil Manzano ha pitado el final un agridulce suspiro ha surgido de las entrañas del Ebro. Se había perdido una ocasión muy buena de sellar la permanencia, pero tal y como se ha desarrollado el partido y visto el desastroso inicio del mismo, el punto no aparece como un mal botín. Y es que esta es la miseria en que nos movemos: a semejante absurdo nos ha conducido la horrible segunda vuelta del equipo zaragocista y la penosa realidad que vivimos desde hace unos años. El hecho de fiarlo todo a la Romareda nos hace temblar, pues no deja ningún tipo de margen a error. Claro que a lo mejor el error es no poder despertar de esta pesadilla.

CALIFICACIONES:

Roberto: 2. Inseguro y de nuevo ineficaz en los balones altos. Paró espectacularmente un cabezazo de Iborra pero le precedió el error de no salir a por el balón.

Fernández: 1. Muy nervioso e inexacto. Protagonizó varias pérdidas de balón y la banda nunca fue suya. Si acaso en el aspecto ofensivo aportó velocidad.

Loovens: 1. Mal partido, con poca autoridad y muy poco contundente. Por alto no llega a ninguna.

Álvaro: 2. La atmósfera de zozobra general le afectó, y no supo imponer su carácter y su interés al resto de la defensa. Despeja bien, pero no saca ningún balón con criterio. 

Abraham: 2. Al mismo nivel que los demás. Ayer no consiguió progresar en ningún momento con sus ya clásicas galopadas y en defensa le cogieron varias veces la espalda.

Apoño: 1. Perdió balones, ralentizó el juego, decidió mal los pases y no sacó bien ni una falta.

Pinter: 3. Fue el más entonado de la defensa y el medio campo En medio de la desidia consiguió sujetar varios contraataques y cortar alguna que otra vía de agua.

Victor: 4. El mejor. Mantuvo el mismo ritmo, vivo y eléctrico, que los dos últimos partidos, pero sus centros y pases no encontraron compañeros que estuvieran a la altura. 

Rodri: 2. Dislocado y desorientado, en ningún momento se le vio a gusto. Siguió con el guión de presión/recuperación/provisión, pero ayer no tuvo la claridad de otras veces.

Montañés: 1. Anulado y sin criterio. No se quedó con el balón ni una sola vez ni consiguió encarar a su par. La segunda parte fue doblemente de noche para él.

Postiga: 2. Peleó, luchó y lo intentó, pero no jugó ningún balón franco. Sus remates, desesperados.

Carmona: 0. No aportó nada. Si tenía que dar profundidad en la banda, se cayó a la sima de San Pedro.

José Mari: 2. Estuvo activo y luchador. Disparó a puerta con peligro y contuvo el poco ímpetu que le quedaba al centro del campo del Levante.

Rochina: 3. Individualista y egocéntrico, nos ofreció dos detalles de altísima calidad, una rabona y un disparo envenenado, que, sin embargo, no fueron suficientes para lograr el gol. Debió estar más tiempo en el campo.

 

Real Zaragoza, 2 – Levante, 0 (Mírame a la cara, ventura)


   Se cumplió nuestro deseo. ” Victoria y futuro”, escribimos en vísperas del choque y ambas palabras se quedaron cosidas en nuestros corazones de león, hoy más coperos que nunca cuando hemos visto el aseado partido que protagonizó el Real Zaragoza el pasado miércoles  sirve para disfrutar de unos cuartos de final bonitos y emocionantes, en los que nada menos que siete de los ocho equipos en la lucha hemos sido campeones de trofeo. Estamos, sin duda, ante una de las ediciones más sólidas de los últimos años y eso aún le da más olor y color a la competición.

   Manolojiménez cumplió como caballero y deportista y afrontó el partido con lo mejor que tiene, con tan sólo un par e ausencias significadas: la de Roberto, en lo que ya es una apuesta muy bien gestionada por lo que significa el premio a Leofranco, y la de Loovens, hábilmente reservado para aprovechar a Álvaro antes de su obligado e injusto parón por sanción. Y la propuesta salio bien, ante un Levante remolón y feo que ofreció a sus segundas y terceras espada al ocasión de morir con indignidad para poder culpar después al lucero del alba de os males propios. Sucia jugada a diseñada por el entrenador granota, que mancha la cara de uno de  equipos queridos por haber jugad en él, allá en los años veinte, nuestro yayo Pepe cuando ser del Levante era orgullo y blasón en Valencia. Mal, JIM, mal. Así no se juega.

   Porque desde el primer momento aquello fue un partido de Copa, de los buenos, de los de toda la vida, de los hay que jugar y pelear, pero con armas nobles y bagages dignos, no con armas podridas de las que ningún cabalero que se precie blande ante e enemigo. El partido fue jugado con ganas por e Real Zaragoza, seguramente porque se morían sus jugadores por ganar en la Romareda, que ya estamos empezando a temblar cada vez que suena el silbato en la Basílica, y por otra parte porque la Copa es miel para esta afición y ambrosía para nuestra historia. La defensa se mostró sólida y sabia, con un Álvaro grandioso que con su actuación le dijo al mundo que es un muy buen centra y que sus formas y modales le impiden decir lo que su paisano dijo que dijo, y con un Abraham que crece cada partido cuando se acopla bien a la cobertura y dibuja senderos de vértigo por su banda para encontrar a u ya amigo Montañés, que firmó, sin duda, su mejor partido con la camiseta blanquilla. 

   Si hubo intercambio de golpes al inicio, éste duró poco, pues cuando Aranda, sin duda el protagonista de la noche por los hechos acaecidos los días previos con su exclusión del equipo, descerrajó aquel chut metálico, la cabeza de Víctor y el ímpetu de Zucu rompieron la mediocre puesta en escena del Levante y el partido nos lo quedaos para nuestro uso y disfrute. Fue un gol muy celebrado y ahí el equipo se atemperó. Se hizo mayor, cogió el balón y lo modeló a voluntad para que las aguas, últimamente algo grises, comiencen a volver a su cauce. Fue la forma de abrir la puerta a la ilusión y calmar la agonía incipiente que se había asomado por la esquina del temblor. 

   La segunda parte comenzó bien. El balón siguió siendo nuestro y todo apuntaba a un plácido desenlace pero eso iba a ser imposible pues JIM, el entrenador al que los halagos evidentemente se e han subido al pavo, la lió con sus decisiones. rimero fue la expulsión de Rodas, quien estúpidamente casi le causa una grave lesión a Víctorrodriguez y a continuación la resolución de Montañés de la consiguiente fata. Fue un gol definitivo o al menos eso parecía, pero no iba a ser así. Ahí estaba JIM para acabar de enmarañar el partido sacando al terreno de juego, cuando el partido lo tenía 2 – 0 en contra y la eliminatoria 3 – 0, a Ballesteros, un defensa, y para más inri un defensa que ya había dejado su firma de jugador sucio y descalabrado. ¿Finalidad? Manchar la noche. Y lo logró.

   El partido de ahi hasta el final fue una sucesión de reproches, malos gestos y cánticos en la grada en los que la afición local se acordó de la pobre mamá del mastodóntico y durísimo central levantinista. Pudo haber sido peor, pero afortunadamente el partido estaba ya cumplido y hasta el final se vio que aquello no daba más de si. si acaso un mal remte de Victor a pase de Montañes que habría supuesto el remate de una eliminatoria que ganó el Real Zaragoza en Valencia gracias a aquel majestuoso gol de Aranda, el futbolista que está haciéndose querer y cuyo futuro es tan etéreo como la neblina de la Mavarrosa

 

Ante el Levante, victoria y futuro


   Mañana juega el Real Zaragoza un parido de gran carga simbólica. Ganar la eliminatoria de Copa del Rey ante el Levante significaría que dejamos en la cuneta a uno de esos equipos guapos que de vez en cuando sacan la cabeza en el fútbol español y que sirven de excusa a la prensa deportiva madrileña, perdón, nacional para limpiar malas conciencias. Además, querría decir que no hemos perdido en la Romareda, práctica esta diabólicamente habitual que está empezando a convertirse en una pesadilla para el zaragocismo. Por último le estaríamos diciendo a nuestra historia reciente que volvemos a ser alguien en una competición que nos ha dado mucho pero que también nos ha causado mucho dolor, al menos en los últimos años.

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   Por estas tres razones, parece muy interesante conseguir mañana que la noche se vuelva luminosa y podamos disfrutar de una jugosa victoria con la que perfumar esos puntiagudos sinsabores que nos han dejado los partidos caseros jugados por los nuestros. No es una mala ocasión, tampoco, para enseñarle los dientes al asfalto y aprovechar jubilosamente la posibilidad de ver al Real Zaragoza con el carnet de abonado, petición mayoritaria de la afición y los medios después de la pifia de la primea eliminatoria, cuando se nos pidió dinero a  cambio de amor a nuestros colores.

Real Zaragoza, 0 – Levante UD, 1 (Creo que no me lo acabo de creer)


   La mañana ha sido, hasta hoy, momento de épicas y victorias sangradas. En los cuatro partidos que hasta hoy había jugado el Real Zaragoza por la mañana habíamos saboreado el placer del éxito, pero a las doce en punto ha dado comienzo una batalla de la que ha salido malparado el grupo menos preparado para choques sangrientos como éste.

   Ya la partida nos ha desorientado. Optar por Sapunaru como central y decirle a Goni que juega de lateral y remover toda la línea de cobertura por un puntito en el músculo de Pinter se antoja excesivo y eso el equipo lo ha acusado. Desde el inuto uno el Levante se ha quedado el partido y el árbitro le ha entregado el match a Ballesteros para que este lo arbitrara, lo que ha conllevado que el barullo en que se ha convertido el encuentro se pintase de blaugrana y  los visitantes manejasen la situación a capricho.

   Ha sido un primer tiempo gris, mediocre y el detalle que mejor representa lo que decimos ha sido el gol de Rubén. Un balón dando botecitos por los alrededores del área de Roberto, dos defensas que se chocan, otro que se descoloca y un delantero que le da con la puntita para marcar un gol que venía a borrar el codazo que el antideportivo Navarro le había atizado a Sapunaru un minuto antes. Es verdad que el Real Zaragoza no sabía cómo hincarle el diente a la mañana, que sus transiciones eran lentas, que las bandas no existían, que la defensa navegaba por aguas embarradas, pero nada de eso obsta para que el árbitro no pitara lo que estaba sucediendo en el terreno de juego. Y no lo ha hecho y eso ha cambiado el partido.

   En el descanso Manolojiménez ha sustituido a Goni y Zucu por Paredes, lo que ha provocado el regreso de Sapu a su lugar de residencia, y Eduoriol y la máquina ha empezado a funcionar un poco mejor. Algo de corazón sumado a una mayor presencia en el mundo han sido suficientes para equilibrar el match. Seguía sin ser un partido limpio ni franco, pero se han generado algunas situaciones de peligro que hacían pensar que aquello se podía empatar. ¿Se ha logrado? No. El Levante ha seguido a lo suyo y la única forma de atisbar un gol propicio se presumía a través de la estrategia. O de un penalty que nunca se habría de pitar, pues el árbitro había dimitido de sus funciones ya en el minuto 1.

   Víctor, Montañés y Eduriol no han encontrado la chispa necesaria para sorprender y Movilla y Apoño ha ralentizado en exceso el discurrir del juego, por lo que solo la lucha de Postiga aparecía como argumento de futuro. Los minutos se han escapado por entre los dedos de una afición escandalizada con el pésimo arbitraje, ofensivo casi, y abatida por la escasez de ideas futbolísticas. O de idea futbolística, que casi es más preocupante, porque en este supuesto estaríamos hablando de una incapacidad manifiesta para solventar con éxito los partidos de casa. Y eso, amigo lector, ya alcanza la categoría de problema.

CALIFCACIONES

Roberto: 3. Ha tenido poco trabajo, pero aun así le ha dado para realizar una magnífica parada que habría sido el 0 – 2.

Goni: 2. Correcto en defensa, sus subidas por la banda son poco imaginativas.

Sapunaru: 3. Mejor como lateral que como central. Su lucha y su brega ha obtenido el premio de un violento codazo por parte de “ese” defensa que no merece jugar en Primera.

Álvaro: 2. Muy inseguro todo el partido, sus cortes han hecho temblar la Romareda y sus salidas  han encontrado senderos luminosos.

Abraham: 4. el mejor de la defensa. Le ha dado para todo, pero sobre todo para correrla banda y crear muy buenas opciones de peligro.

Movilla: 3. Ha brillado con un fulgor mate al que no nos tiene acostumbrados. Menos mandón que otros partidos.

Apoño: 2. Lento, opaco y oscuro. Su juego ha sido una rémora para el ataque. Por cierto, se ha empeñado en sacar todas las faltas.

Zuculini: 1. Alejado de su versión más común. Poco participativo y torpe con el balón en los pies.

Montañés: 2. Después de ua primera parte sosa y estéril en la segunda ha decidido participar en esto del juego y su aportación ha sido más visible.

Víctor: 2. No está bien.Su situación por detrás de Postiga le exige cosas que ahora mismo no puede dar.

Postiga: 3. Luchador y receptor de golpes, agarrones y faltas no señaladas, no le podemos pedir más. Bueno, sí: un golico.

Eduoriol: 3. Ha aportado dinamismo y ganas de vivir. Ha encarado, combinado y tirado a puerta.

Paredes: 3. Ha luchado y procurado estar presente incluso en las jugadas de ataque.

Ortí: 2. Muy voluntarioso, se ha enredado en una tierra de nadie un tanto desconocida para él.