Real Zaragoza, 0 – Español, 0 (Noche de hielo)


   Fría noche, frío fútbol, frío presente. El cierzo ha maniatado el gusto por las cosas bien hechas y hoy la Romareda ha vivido una jornada antártica. Así ha sido, tanto en el césped como en la grada, donde el hueco de los Ligallo ha sido la mancha que faltaba para completar el lienzo negro.

   Desde hace algunas jornadas Manolojiménez venía repitiendo un discurso en l que la idea principal venía a ser “Si no podemos ganar, al menos sepamos no perder” y esa máxima la ha plasmado hoy el Real Zaragoza en el partido que le ah enfrentado al RCD Espanyol y que le ha dejado un sabor agridulce al zaragocismo. Agrio porque se sigue sin ganar y sin meter ni un solo gol, y de esto último ya van cuatro partidos consecutivos, además de haber perdido a Sapu por expulsión y al Zucu por lesión. Dulce porque se ha mantenido la portería a cero. Y poco más.

   Hasta el minuto 16 no se ha acercado el Real Zaragoza a la portería de Casilla, en un inicio de partido propio de equipos secos que no disponen de argumentos atractivos para el espectador ni para el forofo. Pases inocuos, balones caprichosos que juegan con el cierzo aragonés, miedo al gol del contrario, pánico ante la posibilidad de morir un poco más. Así es muy difícil disfrutar de un partido de fútbol, ni quien paga por verlo ni quien cobra por hacerse ver, y la propuesta futbolística ha sido tan tacaña, tan poco generosa que hasta los jugadores mas sedosos se han contagiado de la modorra impuesta por el miedo de Aguirre y Manolojiménez. Después de algunos acercamientos del Español a balón parado con los que ha creado cierta inquietud, el Real Zaragoza ha abierto la espita de los latidos y ha puesto su corazón a trabajar. Han sido unos minutos interesantes, no de calidad ni claridad, sino de celeridad futbolística, lo que ha servido para agitar brevemente el choque.

   Apenas un chut de Álvaro desde lejos y un par de amagos de Sergio García, muy silbado por la afición local, han sido los detalles más relevantes hasta el descanso. La reanudación nos ha traído un vaivén de intenciones que casi se han quedado en eso, pues ni la calidad ni el espíritu de los contendientes daba para más. Aun así, ambos equipos han podido marcar. El Espanyol mediante un muy buen cabezazo de Stuani que Roberto ha neutralizado con una excepcional parada, lo que ha provocado que la Basílica haya coreado con fuerza y rabia su nombre. El Real Zaragoza en un corner que Víctor no ha sabido rematar cuando era fácil apostar por el gol. Y ese era el paisaje que se nos ofrecía bajo la blanca luz de una luna a la que tan solo ha molestado un tremendo disparo de Zuculini que un defensa ha desviado a corner cuando hasta Casilla ha notado el frescor de la derrota, tal era la violencia y colocación del chut.

   Hasta el final del partido nada ha pasado. O sí. Dos expulsados, Javi López y Sapunaru, han sido los jirones que los dos equipos se han dejado en el camino, espoleados por un árbitro mediocre y sin personalidad que ha propiciado que un partido que era malo se convirtiera en horrible. Claro que, como ha dicho el mister zaragocista, ya estamos en el “Territorio de la botella medio llena o medio vacía”, que es el espacio que todo entrenador pisa cundo las cosas no van y hay que buscar mil explicaciones a una sola pregunta: ¿por qué el equipo no funciona? El Ebro, cuando abandone la crecida, quizás nos ofrezca la respuesta cuando se descubra todo lo que ha arrastrado en su avenida.

   CALIFICACIONES:

Roberto: 5. El paradón que nos ha regalado ha supuesto un punto. Por lo demás, no ha tenido trabajo.

Sapunaru: 3. Bravo, batallador. Fuerte en la pugna y atrevido en el despliegue, su pundonor le h costdo la expulsion.

Álvaro 4. uy serio y batallador en defensa, se ha prodigado también en ataque. Partido muy completo.

Paredes: 4. El mejor partido de la temporada. Ha cubierto muy bien todos los flancos y sus salidas con el balón han sido templadas e incisivas.Muy rápido además.

Abraham: 3. Ha tenido mucho trabajo, pues Stuani le ha querido tomarla medida desde el principio. Conforme ha crecido el partido, él también se ha sentado En ataque ha vuelto a lucir.

Movilla: 3. Ha comenzado titubeante y fallón. Ha mostrado cierta inseguridad al inicio, pero poco a poco se ha hecho con el mando del equipo.

Pinter: 2. Su falta de calidad la ha suplido con un gran despliegue físico.

Montañés: 3 Más dubitativo que en otras ocasiones, se ha encerrado más de la cuenta en la banda Sus diagonales se han ido de vacaciones.

Zucu: 3. Valiente y dinámico, como siempre. Ha peleado todos los balones aunque no ha podido conectar casi nunca con sus compañeros.

Víctor Rdríguez: 3. Más entrado que en otros partidos, sus acciones han sido igal de elécricas que siempre pero más ajustadas y mejor ejecutadas.

Postiga: 2. Muy solo y un tanto desharrapado futbolísticamente hablando. Le falta aire e ideas. Y meter un gol.

Edu Oriol: 1. Blandito e inconsistente no ha sabido jugar el balón con criterio y se ha perdido en la selva periquita.

Fernández: S.C.

José Mari: S.C.

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Crónica: RCD Espanyol, 1 – Real Zaragoza, 2 (Hora llana de verano)


   Si la fe mueve montañas ayer el Real Zaragoza cambió de sitio la Pica d’Estats y la puso mirando a Cuenca. Si un partido como el que jugó frente al Espanyol lo consiguió ganar es que este grupo, y su comandante por encima de todos, creen que es posible lo que muchos ven como una quimera: lograr que el equipo pueda llegar a ser competitivo y conseguir los objetivos propuestos.

   El partido de anoche, obstruido y seco como una tarde de agosto, no ofrecía desde el inicio argumentos para la esperanza. Con unos cuantos cambios en el once, entre los que destacaban la inclusión de Goni en el lateral y la ubicación de Pintér en lugar de Zuccu, estaba claro el mensaje de Jiménez: vamos a jugar a no jugar y a que pasen los minutos, pero a mí no me meten un gol como el del otro día y me cierran el partido a mitad de discurso. Y con ese párrafo comenzó la novela. El balón circulaba con poco criterio, tanto en unas líneas como en otras, y lo que pretendía ser un centro del campo sólido y molestón se transformó en un territorio en el que no pasaba nada y en el que no nacía ninguna jugada con apellido “gol”.

   Lo que si sucedía, ta y como ocurrió en el “Carlos Lapetra” es que Verdú actuó una vez más como verdugo, si se me permite la gracia, de nuestra cobertura. Nuestra banda derecha sufría sus circulaciones y ahí se generaron también varias jugadas de estrategia que nos pusieron los pelos de punta. Hasta tres remates de cabeza ejecutaron los pericos sin que supiéramos cómo neutralizar semejantes acciones, lo que anunciaba malas noticias.

   Estas llegaron a pocos minutos del descanso. Un balón muy mal despejado por Pintér llegó a las botas de Álvaro y el delantero blanquiazul fusiló a Roberto, copiando así el guión del partido frente al Valadolid. Mal broche para una primera parte en la que no se disparó ni una sola vez a puerta y en la que algunos jugadores no dieron la talla que se espera de ellos. ¿Vamos al Plan B?

   Fuimos. Manolojiménez tiró por la calle de en medio y le dijo a Víctor, joven y hábil jugador procedente de Badalona, que saliera al campo y le rompiera la cintura a Capdevila. Esas eran las órdenes y a ello se dispuso. Sin emargo, antes pudo ver que Albín cometía un penalty que provocaba, además, su expulsión. Se hacía de día en plena noche, pues Apoño, especialista inmisericorde, batía a Cristian y empezaba un nuevo partido.

   Obvio los comentarios generales que hablan de las facilidades que encontró el Real Zaragoza ante un rival con uno menos, que aquí somos especialistas en minusvalorar los méritos propios y ensalzar los ajenos, pero sí diré que Jiménez vio la necesidad de ser valientes y apostó por Aranda y Ortí para completar una apuesta por la victoria, antes que los chicos se acomodasen y pensasen que ya estaba bien así. Fue valiente y jugó a ganar, mensaje que recogimos como se recoge el viento que barre la llanura, y con ese paso adelante vimos a un equipo que, limitado y todo, porfió por el segundo gol.

   Y no era fácil, pues el Real Zaragoza tiene un pasado reciente que le atormenta, que nos atormenta, y tiene que pasar aún mucho tiempo hasta que podamos vivir la placidez de los ganadores, pero se trabajó bien. Se disfrutaron ocasiones de gol, se recuperó la posesión del balón y, sobre todo, vimos cómo dos jóvenes jugadores, Víctor y Ortí, eran capaces de elaborar jugadas con as que limpiar las telarañas de la defensa contraria.

   Y en una de esas llegó la incursión de Jorge, quien consiguió completar un centro al área pequeña que cazó Postiga con la rabia de quien lo ha luchado todo y nada ha recibido a cambio. Hasta ese momento. El gol fue justo premio. Sin fútbol, sin elaboración; con lucha, con fe. Así se logró la victoria. Así se llegó a la cumbre de la Pica d’Estats. Luego vino el error de Roberto, pero de eso ya se harán eco los demás.

CALIFICACIONES

Roberto: 3. Tuvo algunos problemas en los balones aéreos de estrategia y al final ese centro que se le escapó. Aun así, cumplió.

Goni: 2. Muy nervioso al principio, sufrió con Verdú en la primera parte. La segunda parte mejoró y se incorporó al ataque con voluntad, hasta el punto de casi lograr marcar.

Álvaro: 3. Bien en el corte y en los balones aéreos. Se le notó más discreto en la salida del balón fruto de la presión contraria.

Paredes: 2. Mejoró su partido anterior. Ayer se ubicó mejor y logró interceptar varios balones de peligro.

Abraham: 2. Irregular en sus acciones. Alternó acciones de mérito en ataque con despistes defensivos. 

Pintér: 1. Muy floja actuación. Muy histriónico en sus gestos y lento en el corte.

José Mari: 3. Muy acertado trabajo defensivo y buen registro en el trato al balón, sobre todo cuando gestionó los pases tras recuperación.

Apoño: 2. Está más cerca de parecerse al jugador que fue el año pasado. Manda, templa y reclama el balón en todo momento y eso facilita la construcción de un grupo homogéneo. Es cuestión de tiempo.

Edu Oriol: 1. Ineficaz. No fue capaz de sujetar el balón ni superar las líneas enemigas en ninguna ocasión.

Montañés: 1. Oscurecido por la noche catalana. No mostró al jugador descarado e incisivo que es.

Postiga: 4. Gran trabajo ofensivo. Luchó hasta la extenuación y provocó inestabilidad en a defensa españolista. Su gol, de libro.

Víctor: 3. Magnífico debut. Se creyó que era jugador de primera desde el primer segundo y jugó con Capdevila de tú a tú. aguantó al balón y desbordó, además de combinar con criterio.

Aranda: 3. Cumple a la perfección su papel de delantero potente, protector del balón y buen combinador. Su papel, hoy, es importante junto a Postiga.

Ortí: 3. Sólo por haber protagonizado la jugada del gol y haber mostrado  tal bravura y descaro en los pocos minutos que estuvo en el césped, ya merece el aplauso.

Real Zaragoza: “Crónica. Real Zaragoza, 1 – RCD Espanyol, 1 (Por todo tiempo)”


  Un partido de fútbol jugado un once de agosto, con las Perseidas paseando su belleza inalcanzable por los cielos que la noche nos regala, nunca es un buen espectáculo, sobre todo si se enfrentan dos equipos tan justos como el incompleto Real Zaragoza y el soso RCD Espanyol, pero como era el partido de presentación de los muchachos que adornan sus pechos con el león al que nunca debieron hibernar, allá que nos hemos ido.

  Voy a escribir la crónica de un partido de fútbol cuyo protagonista ha sido el árbitro. Clos, el aragonés que hoy dirigía a estos dos clubs amigos de toda la vida, ha construido un innecesario fresco de inoportunas decisiones que han dado al traste con lo que pretendía ser una sencilla fiesta de fútbol en una tarde que ha terminado siendo más fresca que bochornosa. Cierto es que los dos equipos se han repartido los momentos de dominio y posesión, con una puesta en escena más consistente por parte catalana que aragonesa, pero sin muchos más argumentos ofensivos que el disparo lejano. Varios han sido los chuts que los pericos han enviado a los dominios de Roberto que no han servido sino para proporcionarle al de Fuenlabrada balones con los que seguir escribiendo páginas en su ya brillante carrera como portero. El partido ha arrancado con la suave inconsistencia que nos han ofrecido ambos contendientes y sólo dos penalties, uno por cada bando, han permitido que pudiéramos disfrutar del gol. En cada equipo había un comandante con mando en plaza con la autoridad necesaria para hacerse obedecer: Apoño en el Real Zaragoza y Verdú en el Espanyol son los dos directores de orquesta que esta noche han dirigido, con nervio el uno, con clase el otro, a sus respectivos grupos, pero las delanteras no encontraban esa chispa que aún no tienen para convertir los balones que llegaban, a veces lánguidos, a veces torpes, a las áreas.

   Sin embargo, cuando todo discurría por caminos razonables empero mediocres, Clos ha interpretado justa aunque quizás inoportunamente que la entrada de Loovens merecía una roja y ahí se ha roto la poca magia que había sobre el césped. Ambas escuadras han entrado en una espiral de nerviosismo que ha propiciado que el partido se ensuciara. Manolojiménez ha sido expulsado y el poco fútbol que había hasta ese momento se ha esfumado y hemos asistido desde ese instante a una sucesión de jugadas inconexas que sólo el pitido que invitaba al descanso ha interrumpido.

   En la segunda parte Jiménez ha sustituido a un muy estático Romaric, al que le hace falta una exigente pretemporada para que alcance la forma física que va a necesitar para desarrollar su fútbol, por Obradovic, ubicando a Goni de central y a Abraham de lateral derecho. Lo demás, igual. Sí destacaremos varios balones que, de disparo lejano, han llegado a los dominios de Roberto, que se ha lucido con varias paradas de mérito para regocijo de la parroquia. Pero poco más. En el Real Zaragoza sólo la entrada de Aranda ha revolucionado un poco el ataque, pero con muy poca pólvora en la faldriquera, lo que supone un motivo de preocupación para los técnicos del equipo aragonés. Otro más.

  El final ha llegado y con él los penalties. Y como el año pasado ha sido el Real Zaragoza el que ha logrado la victoria, consiguiendo así un trofeo más para sus vitrinas, esas que tiene en el Museo más desvencijado y descuidado del orbe. Sí, en ese.

Mi crónica del partido: RCD Espanyol, 0 – Real Zaragoza, 2 (Aguijonazo a la desidia)


Hemos caminado bajo el sol oscuro de la derrota tanto tiempo que la luz que ha entrado en nuestra casa este mediodía de febrero casi nos ciega. Hemos dormido tantas noches bajo estrellas negras que esta luna llena que hoy nos visita es un regalo que el fútbol nos hace. Ha sido un abrazo a borbotón, una sonrisa inesperada que el zaragocismo hemos acogido con la incredulidad del condenado a muerte cuando llega el indulto tantos amaneceres soñado.

Excelente trabajo el que ha llevado a cabo Manolo Jiménez durante la semana. Levantar el ánimo de este grupo, hacerles creer a nuestros muchachos que era posible afrontar este encuentro con dignidad y honra se nos antoja una tarea de titanes, pero a la vista de lo que el partido nos ha mostrado, tenemos que aplaudir la capacidad del andaluz. No era fácil después de la dolorosísima derrota ante el Rayo, pero su mensaje, rocoso y fértil, ha sido uno y único: hay que luchar y si morimos, hay que morir con la frente alta. Y así han saltado al césped de Cornellá los chicos avispa.

   El partido ha nacido suelto y atrevido. El planteamiento de Jiménez ha sorprendido al Espanyol, que no se ha encontrado cómodo con un equipo que parecía haberse liberado de la tristeza que arrastraba desde aquel partido de Pamplona. Quizás sospechar que todo estaba perdido, quizás el trabajo de motivación del cuerpo técnico. Difícil saberlo, mas lo cierto es que la presencia de Pinter y Edu Oriol, sorprendente de inicio, más la frescura de Apoño, ha supuesto un aire más liviano en el centro del campo. Además, la conexión Postiga-Lafita ha funcionado mejor que en ocasiones anteriores y la defensa, sin ofrecer mejores prestaciones, sí muestra holgura en las bandas y contundencia en el centro. Obradovic, sin duda el mejor fichaje del año y cuya ausencia cada día que pasa incrementa la indignación por su apartamiento en beneficio de Juárez, ha sido un afilado colmillo en ataque y una garantía en el corte, valores que aportan certeza a sus compañeros cada vez que se apodera del balón. Álvarez, jugador número 30 de esta temporada, ha otorgado carta de naturaleza a una posición bastarda en el Real Zaragoza desde hace demasiados años, pues muy pocas veces hemos jugado con un lateral derecho puro, si exceptuamos al irregular Diogo y los centrales han jugado de centrales. Ni bien ni muy bien, pero al menos han jugado dos centrales puros. ¿Cordura? Bienvenida sea.

   No ha habido grandes ocasiones de gol a lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos, salvo un par de aproximaciones zaragocistas y un balón de estrategia que ha supuesto una bocanada de aire a la maltrecha autoestima aragonesa. Sin embargo, Roberto ha intervenido magistralmente a punto de llegar al descanso para solventar una peliaguda situación de peligro a cargo de Uche: palo, rechace y mano in extremis han sido tres verdades en una que han evitado un gol local que habría sido extremadamente injusto para los méritos de unos y otros. Roberto, pues, nos ha dado un punto en la primera parte. ¿Y luego?

   Luego nos ha dado la vida. El Espanyol ha dispuesto de dos buenas ocasiones, una a cargo de Romaric, fallón, y otra para Coutinho que ha desbarato nuestro portero con una mano de oro. A los pocos minutos Da Silva ha acertado a rematar con la cabeza un corner botado por Luis García, logrando un gol de platino al que hemos recibido con estupefacta alegría y que nos ha hecho pensar, eso sí, si hoy sabríamos guardar la ventaja, pues había que recordar que en los dos partidos anteriores también habíamos empezado ganando pero habíamos acabado perdiendo.

El Espanyol ha vivido unos minutos en los que la sorpresa se ha instalado en su mirada, aunque aún le ha dado para romper el larguero con un chut de Coutinho que habría sido uno de los goles de la jornada si hubiera entrado. No ha sido así y entonces ha sido el Real Zaragoza el que ha disfrutado de sendas ocasiones, las dos muy claras: un rotundo cabezazo de Lanzaro que Casilla ha desviado tras vuelo acrobático y un mano a mano que Postiga ha desperdiciado al tratar de meter gol con vaselina marca de la casa. Era, sin duda, un partido de ida y vuelta, en el que el Real Zaragoza se mostraba más entero y dispuesto al acierto y en el que el trato que le ha dado Micael al balón durante el tiempo que ha estado en el campo ha sido el broche a un partido que recordaremos, pero a todos nos ha venido en esos momentos la pregunta al alma: ¿nos moriremos físicamente a partir del minuto 70 como siempre o seguiremos la pelea y buscaremos el 0-2?

La respuesta nos la ha dado Roberto cuando ha evitado un gol más que claro que Coutinho ha tenido en sus botas con una extraordinaria parada, una más, y los últimos minutos han sido un camino largo pero, al fin, fructífero, pues en una jugada de picardía Micael le ha regalado el balón a Juan Carlos para que lograse un segundo gol que cerraba el partido del regreso a la victoria. Esa ha sido la mejor noticia: en ningún momento se ha tenido miedo a perder, al contrario de lo que hasta ahora era habitual, y eso es, seguro, fruto del meritorio trabajo que Jiménez ha desarrollado con los chavales. Él mismo lo ha dicho en rueda de prensa y aquí lo rubricamos con nuestro aplauso perfumado de esperanza.

Un equipo a la intemperie (RCD Espanyol, 4 – Real Zaragoza, 0)


Hoy he visitado el Hades. Lo he hecho por invitación expresa de los jugadores del Real Zaragoza, a la que no me he podido negar y en él he visto los horrores que les esperan a las almas que han caído en desgracia por sus muchos errores cometidos en vida y que no supieron corregir aun cuando la noche les exigía un esfuerzo supremo. Hoy, digo, escribo, he visitado el Hades. Y por sus Campos Elíseos he visto deambular las desgarradas almas del zaragocismo.

El partido que han disputado el Real Zaragoza y el RCD Espanyol pasa a formar parte de esa horrenda colección de encuentros estériles que ha disputado nuestro equipo en las últimas temporadas. Un encuentro vergonzante, baldío, terroso en su concepto y miserable en su desarrollo en el que hemos podido sufrir la hecatombe de un caos hecho equipo por la incompetencia de unos dirigentes a quienes ya no tenemos adjetivos que dedicar. Un partido en el que se han encajado cuatro goles que han dolido como cuatro puñaladas de luna llena.

A los ocho minutos el Espanyol ya vencía por 1-0, gracias a un regalo de la estructura defensiva zaragocista. Osvaldo, cojo y todo, ha rematado de cabeza un delicioso centro de Dídac, pintándoles la cara de rojo ridículo a nuestros jugadores. Hasta entonces, por cierto, nuestros chicos no habían tocado el balón ni veinte veces. El partido se ha visto levemente alterado por una lesión del brillante Javier Márquez, pero a Pochettino no le ha temblado el pulso y ha sacado a Sergio García, por si acaso dudaba de cuáles eran sus intenciones.

Hasta el minuto 28 el equipo aragonés no hizo otra cosa que deambular lastimeramente por el césped del coqueto Cornellá-El Prat. Fue en ese momento cuando el Espanyol decidió apretar un poquito el acelerador y provocar un estúpido penalti de Diogo y rematar la faena cuatro minutos después con un eléctrico gol de Álvaro. El Real Zaragoza había encajado tres goles en apenas media hora y aún no sabía por dónde le daba el aire. Quizás es que sus jugadores estaban distraídos buscando en la web del Espanyol alguna información sobre sus rivales para descubrir que ocho de ellos procedían de la cantera y todos utilizaban el mismo idioma para comunicarse, lingüística y futbolísticamente hablando.

Si hace seis días habíamos llenado nuestros pulmones con algunas briznas de brisa a costa de la Real Sociedad hoy no hemos hecho otra cosa que derrumbarnos en nuestros sillones domésticos, barras de bar o locales de peña, al tiempo que esperábamos, atónitos y aterrorizados, que empezase el segundo tiempo. Aguirre ha optado por sustituir a Edmilson por Pinter, entendiendo que pretendía evitar una goleada aun más escandalosa, y a Jorge López por Bertolo, en un intento por revolucionar la banda izquierda. Imagino. Pero nada ha funcionado. El equipo estaba destrozado. Nadie sabía qué hacer y el Espanyol ha continuado con su particular fiesta. La ocasión lo merecía y no la han desaprovechado, así que para no ser descorteses han recogido un estupendo pase de Pinter a Luis García para que éste le proporcionase a Sergio García la oportunidad de lograr su primer gol con la camiseta periquita y apuntillar a sus ex, que es lo que hacen todos los ex con sus ex. ¿No, nuevo misters?

En fin, un horror. Me canso de escribir sobre partidos vacíos y ya no encuentro las palabras, que las pobres se me mueren al ver tanta negritud. No hay ni un solo argumento futbolístico sobre el que escribir, ni una acción que recordar, salvo ese chut de Paredes al saque de una falta que incluso me ha parecido que ha podido ser gol, ni un gesto técnico brillante que describir. Nada sobre la nada. Es triste escribir siempre sobre la tristeza. Es doloroso escribir sobre el dolor. Y eso es lo que este modesto cronista lleva ya haciendo demasiado tiempo. Igual que esas frases mortecinas que nos regalan nuestros jugadores después de cada partido. Igual que el desierto que atraviesa Ed Harris en su camino a la libertad. Que no es el nuestro, pues nuestro sendero acaba en el abismo.

Calificaciones:

Leo Franco: 1. No se le puede culpar de los goles, si bien está logrando con su inoperancia general que nos duela mucho el recuerdo de Roberto.

Diogo. 0. No sólo es el penalty, sino que su ineptitud defensiva ya debe estar siendo estudiada en todos los cursos de entrenadores. Modélica.

Lanzaro: 0. No recuerdo ni una sola acción defensiva digna de mención y en el primer y tercer gol ha tenido algo que decir. Y no lo ha dicho.

Jarosik: 2. Es el único que ha mantenido la dignidad sobre el campo. Es cierto que ha errado en una cesión, pero su trabajo merece el aprobado por esforzado.

Paredes: 1. Ha estado torpe y poco resolutivo. Sin embargo se está convirtiendo en un buen lanzador de faltas.

Edmilson: 0. Muy mal. Lento, inoperante y errático. No está para jugar de titular.

Gabi: 1. Me duele decirlo, pero hoy no ha estado ni se le ha esperado. El primer balón que ha tocado ha sido en el minuto seis y desde entonces su participación ha sido muy poco interesante. Juega mejor con Ponzio de compañero.

Jorge López: 0. Hoy ha estado desaparecido y suya ha sido la pérdida de balón del tercer gol. Ha tenido que ser sustituido porque no aportaba nada.

Lafita: 1. Muy poco práctico. Desasistido, desconectado del mundo y muy precipitado. Muy lejos de su mejor forma.

Ander: 1. El muchacho se ha visto abducido por la miseria general. No ha estado nada afortunado y en ningún momento se ha encontrado cómodo.

Sinama: 0. De la noche al día. Si el lunes brilló hoy no ha tocado ni un solo balón en condiciones. Necesita un delantero a su lado para poder aportar lo que tiene.

Bertolo: 1. Muy voluntarioso. Encara siempre, se la juega y a veces lo consigue, pero no necesita el Real Zaragoza un jugador ansioso como él está ahora. Paredes no le ha acompañado en ningún momento.

Pinter: 0. No, no y no. Este chico está sufriendo lo que nadie sabe las decisiones equivocadas del equipo técnico. Y encima el muchacho va y entrega el cuarto gol…

Braulio: S.C.

El vergel imaginado (Real Zaragoza, 1 – RCD Espanyol, 0)


El Real Zaragoza ha derrotado (1 – 0) al RCD Espanyol en partido correpondiente a la 36ª Jornada del Campeonato NAcional de Liga de 1ª División. El gol lo ha conseguido Colunga, de penalty.

El viento no quiso perderse el encuentro. El cierzo, hijo de nuestro Moncayo, dios bendito de Aragón, barrió la desesperanza y limpió el cielo de bastardos presentimientos. El aire azul fue más aire que nunca, más azul que lo será jamás. Y nuestro Real Zaragoza se comió a mordiscos los malos augurios.

En un partido en el que la angustia era la dueña del zaragocismo, nuestros jugadores dieron buena cuenta de un futuro negro hasta ayer, si bien el sufrimiento nos acompañó a todos hasta ese minuto 79 en que Colunga convirtió un penalty de Pareja sobre Ander. La frialdad del asturiano para marcar el gol de oro del zaragocismo merece mi apluso, del mismo modo en que defenderé siempre y en todo lugar que fue penalty. De lo contrario, de negarlo, que se encarguen los demás.

Si digo que fue un partido duro, metálico y feo estaré diciendo la verdad. Ni el Real Zaragoza ni el RCD Espanyol están para ofrecer lo que no tienen: fútbol. Los nuestros han dejado en el camino toda la sangre que tenían y su pundonor lo paludiré siempre, teniendo en cuenta que el camino, en Enero, era pedregoso y durísimo. Les apludiré siempre su lucha, su voluntad, su fe y eso para mí es suficiente. Igual que apludí el partido de ayer, porque nos dieron lo que tenían y nos ofrecieron lo que necesitábamos: una victoria. “La” victoria.

También es obvio que nuestros jugadores tienen muy pocos recursos futbolísticos, pero me importa muy poco. No hace recordar que una banda de enjoyados artistas, bellos com Paris y fornidos como Héctor nos llevaron al abismo hace dos años, cuando eran los tiempos en que sus brillantes corazas erabn paseadas por las Españas para recibir el escarnio de todos. No, no quiero corceles cubiertos de ricos ropajes, sino gente que le entregue el alma al infierno para salvar nuestra Historia. Como estos muchachos que ayer derrotaron a los periquitos.

Dos ocasiones muy claras tuvo el Real Zaragoza, en las botas de Colunga y en las de Eliseu. Ninguna de las dos fructificaron y nos quedamos con la cara de palo que es de imaginar. Luego, antes, durante, nervios, imprecisiones, miedo. Terror al pozo. Músculos tensos, corazones desbocados, miradas perdidas. Cada balón que manejaba el Espanyol era un puñetazo al estómago y cada minuto que pasaba la noche se hacía más noche. Hasta que llegó el centro de Gabi, la caída de Ander y el penalty que señaló Iturralde. Penalty. Colunga dispuso el balón, encaró a Kameni, le engañó y metió gol.

La Romareda vibró, rió, lloró y cabalgó sobre un caballo desbocado llamado “Libertad”. La que tenemos para mirar al futuro con cierta holgura. La que tenemos para expresar nuestra felicidd por contemplar un horizonte un tanto más limpio que nuestro pasado más reciente.

Vídeo: RCD Espanyol, 1 – Real Zaragoza, 1.


Uno ya no sabe a qué agarrarse para abrir la ventana y que Doña Esperanza entre en nuestra alcoba e, incluso, nos robe el lugar en el lecho. Por si sirve de algo, disfrutemos del empate que el Real Zaragoza arrebató a la miseria el pasado domingo gracias a nuestrso amigos de aupazaragoza. com Ojalá el domingo dispongamos de las imágenes de la victoria sobre el depor. Significará que la vida nos sigue acompañando.