Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 2 – Villarreal CF, 1 (El mar me espera)


   La mañana aullaba al vacío como una noche huérfana y ni la lluvia se atrevía a presentarse con convicción en el césped de la Romareda más triste de los últimos años cuando un balón desorientado ha caído a los pies de un voluntarioso Abraham que ha roto con fiereza y rabia desabrochada la red del Villarreal. Ha sido una victoria famélica, pero victoria al fin, pintada con la misma sonrisa seca que se ha instalado en un zaragocismo que aún cree, aunque no lo confiese, en la vida.

    El partido de esta mañana ha sido feo como el abismo en el que vivimos. Desde el primer momento se ha visto dos equipos rotos y despeñados, aunque uno de ellos, el de Vila-Real, ofrecía talento en cada jugador y saber hacer en cada toque de balón. Con un centro del campo majestuoso (Borja Valero) y experimentado (Marcos Senna) dibujaban senderos de buen fútbol que hacían muchísimo daño en un Real Zaragoza con una zona media anestesiada y una defensa deshuesada y frágil como un castillo de arena en una playa sudafricana. Han sido suficientes quince minutos de tiralíneas ofensivo, en todos los sentidos, para que Martinuccio haya marcado un gol que nos ha hecho recordar aquel tiempo en que nuestro Real Zaragoza jugaba al fútbol de verdad. Y han podido ser, por lo menos, dos más, pero Roberto, una vez más, de nuevo, ha abortado sendas ocasiones con excelentes intervenciones que han servido para salvar puntos ojalá decisivos.

    Mientras tanto, nuestros jugadores ofrecían ganas, muchas ganas, e imprecisiones, muchas imprecisiones. Ha disfrutado de varias llegadas con opciones, sobre todo dos de Abraham, que no ha sabido encajar el balón entre los tres palos blancos guardados por Diego López. No había claridad futbolística, pero sí intensidad y deseo febril, metálico. No se ha logrado ningún gol porque no se tiene ni la templanza ni la serenidad para convertir lo que se propone, pero la Romareda ha sabido comprender que una cosa son los muchachos y otra el Secuestrador, y contra él ha vuelto a chiflar en el minuto 32, con toda la fuerza que proporcionan unos pulmones rotos por tanto llanto.

    La segunda parte ha variado el paisaje. El Villarreal, conformista y pagado de sí mismo por la victoria ante el peor equipo de Europa, ha visto cómo el balón le desparecía de sus botas y pasaba a los pies de unos jugadores locales aturdidos por la muerte pero voluntariosos y empeñados en, sin saber muy bien cómo, ir hacia adelante. Jiménez ha hecho un cambio en el descanso, sacando a Edu Oriol por un lesionado Lafita, y el equipo ha vivido cierta reactivación. La velocidad del catalán ha proporcionado una cierta apertura del campo y por ahí ha venido algo más de aire en el ataque local. Sin embargo, cada llegada del Villarreal suponía peligro, y eso conseguía que los corazones zaragocistas latiesen con dificultad, aunque la ineficacia levantina y la excelente actuación de Roberto ha impedido que el partido se cerrase antes de tiempo. Otro cambio ha sido el de Ortí por Obradovic, lo que ha provocado que Abraham encontrase opciones ofensivas por su banda izquierda, eso sí, nunca culminadas por la delantera maña, sencillamente porque no le queda ni medio gramo de pólvora a la vanguardia de Jiménez.

    Con todo ello, los minutos han ido devorando el partido, y ni siquiera el abandono de la Romareda por parte de buena parte de la grada en lo que se ha dado en llamar la “Agapirada” ha supuesto que el paisaje en el pasto haya variado lo más mínimo. Así, las cosas, y con el partido fragmentado por la falta de seriedad táctica de ambos equipos, el joven zaragozano de Molinos ha dispuesto de una buena ocasión, pero su remate ha salido torcido, como le futuro del equipo. Ha sido la mejor ocasión de la segunda parte, pero no ha ido más allá de un chut con la mecha fragmentada, con lo que la afición ya veíamos que el horizonte se plegaba a los nubarrones de un futuro cerrado, de granito negro.

    Pero el fútbol es un deporte horrendo. Nadie en su sano juicio puede decir en voz alta que ama este juego, pues es traidor, falso, perjuro e impío. En efecto, no tiene piedad de las almas deshilachadas como las nuestras y como si considerase que no merecemos más que sobresaltos inmisericordes nos ha regalado un extraordinario gol de Luis García cuando apenas quedaban cinco minutos para el minuto 90. ¿Lo hacía para ponernos la miel en lo labios y así poder ajusticiarnos después cruelmente? Así lo ha parecido, pues el aire que hemos respirado casi nos lo tragamos minutos después cuando Borja Valero no ha sabido qué hacer con el balón ante la inmensidad de Roberto. Y no se puede perdonar, queridos.  No se puede perdonar, porque como decíamos hace unas líneas este deporte es un fraude y el más mentiroso puede acabar llevándose el laurel.

    Hoy nos ha tocado a nosotros. Un rechace, un balón enloquecido ha caído a los pies de Abraham, el joven que a falta de más vacíos que beberse le ha cerrado los ojos al destino y ha colocado un balón imposible para lograr una victoria que sabe a agua fresca cuando llevamos demasiado tiempo bebiendo hiel y vinagre.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 5. La grandiosidad de su trabajo será una de los rayos que alumbren la historia de esta negra temporada.

 Álvarez: 3. Ha estado muy participativo en tareas ofensivas y ha abrochado bien su banda.

 Lanzaro: 1. Por el centro han llegado varias ocasiones visitantes. Luego, se ha lesionado.

 Da Silva: 2. Mejor por arriba que en la salida del balón. Lento en los contraataques del Villarreal.

 Paredes: 0. No, no y no.

 Obradovic: 1. Muy impreciso y vulnerable.

 Abraham: 3. Muy meritorio partido el suyo, tanto cerrando líneas de pase como aportando esfuerzo atacante. Su gol, si al final sirve de algo, será de los históricos.

 Apoño: 1. Una primera parte estéril le habría dado el cero, pero en la segunda se le ha visto más implicado en l conducción.

 Micael: 1. Intermitente: “ahora sí, ahora no”, como el chiste.

 Lafita: 1. Ha aportado mucha energía, pero con muy poca productividad.

 Luis García: 3. Su magnífico gol le da la nota que le otorgamos. Ha luchado como siempre y ha sujetado mejor el balón que en otras ocasiones.

 Aranda: 2. Le da al juego de ataque poso con su capacidad para jugar de espaldas, pero hoy no ha tenido remate ni acierta en el pase.

 Edu Oriol: 3. Rapidísimo, ha abierto senderos de fútbol donde hasta entonces sólo había polvorientas huellas.

 Ortí: 2. Le ha otorgado a la delantera de una movilidad que hacía tiempo no disfrutábamos.

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Y eras como una playa ahogada (Villarreal, 1 – Real Zaragoza, 0)


Otra vez velas negras. De nuevo nuestros bajeles regresan a puerto mostrando el signo de la derrota en el horizonte seco y baldío para desolación de quienes nos quedamos tras las murallas patrias y no viajamos a la conquista de la ciudad del levante. Una vez más depositamos nuestra mirada en el sendero de la humillación para evitar las miradas inoportunas de quienes no pueden entender nuestro desamparo. Es una escena que no por conocida deja de ser dolorosa, más si lleva cosida en sus pliegues la injusticia, el merecimiento de una más adecuada recompensa. En otras palabras: jugamos como nunca, perdimos como siempre.

Y es que el partido fue un monumento a la osadía del pobre frente al orgullo del poderoso. El Real Zaragoza jugó ayer su mejor partido fuera de casa desde hace muchos, muchísimos meses. Le estampó en la cara al apuesto Villarreal una lección de audacia, tesón e, incluso, talento desesperado con la juvenil intención de derrotarle a base de voluntad y solidaria energía. Desde el primer momento nos mostró un rostro abierto, con una disposición táctica engañosamente defensiva, pues la alineación de tres centrales supuso no un amurallamiento de ejército disminuido sino una propuesta ofensiva de primer orden, con Diogo y Obradovic muy adelantados buscando con insolencia a Cani y Cazorla por todo el terreno para evitar sus envenenados pases interiores y, al tiempo, sumarse al ataque en cuanto hubiera un mínimo resquicio.

La idea cuajó, pues controlamos el partido, nos quedamos con el balón y llegamos a los dominios de Diego López varias veces y gozamos de varias ocasiones de gol como hacía tiempo no disponíamos. Sobre todo una de Uche, que podría haber supuesto un 0-1 valiosísimo, aunque anoche no era su momento y no pudo superar al portero amarillo. Es cierto que esta idea también propició que ellos dispusiesen de varios momentos de gran peligro, pero anoche Tonidoblas estuvo colosal.  Protagonizó hasta tres momentos para enmarcar, dos manos a mano y un chut endiablado, que sirvieron para mantener nuestra portería a cero y armar la moral de nuestros muchachos, que poco a poco fueron capaces de construir un edificio de notable altura futbolística para irse al descanso con un inmerecido empate, teniendo en cuenta sus merecimientos y la valiente apuesta que habían ofrecido al espectador.

La segunda parte llegó bajo el vendaval zaragocista. Nuestros jugadores salieron enérgicos, decididos a lograr la victoria y quedarse con un botín que veían justo y cercano. Volvimos a vivir situaciones propicias de gol, recurrimos de nuevo a la velocidad de Uche, que no logró convertir otra magnífica ocasión, a la oportunidad de Bertolo, que permitió que le robaran la cartera en un mano a mano que no volverá a vivir, y Tonidoblas volvió a resolver cuanto llegó a su territorio, en un partido magnífico que justificó su solvencia y la justicia de su titularidad. Pero también el colegiado quiso jugar.

Turienzo esquinó la justicia de unas manos de Marchena y de un plantillazo en el área a Ander, pero estuvo muy despierto en el absurdo penalty que Ponzio cometió llevado por su pundonor y su vehemencia. Era el minuto 70 y de nuevo el fútbol era injusto con nuestra escuadra. No era posible que fuéramos tan infelices. No podía ser que la noche, que había nacido bajo la plata de una luna osada y lujuriosa, nos arrebatase con una acción torpe y aturdida la posibilidad de lograr una cucharada de miel largamente deseada. Pero fue. El penaltry lo transformó Rossi y el equipo acusó durante unos minutos el gancho de derecha del destino. Sin embargo, se recuperó.

Siguió la porfía. Continuó la pugna y los jugadores adelantaron sus corazones para buscar el gol del empate. Ander, Paredes y Lafita fueron los recambios y eso supuso otro paso más adelante, aunque quedaba muy poco tiempo y lo que no se había hecho hasta el momento era muy difícil que ahora lo pudiéramos lograr. Aún así, Turienzo evitó que un derribo a Jarosik fuese sancionado con libre indirecto y para cerrar su lamentable actuación castigó con amarilla una caída de Uche en el área que su propia ansiedad impidió que fuese sancionada con penalty. Eso es lo que les ocurre a los equipos necesitados, agonizantes, exangües. Eso les sucede a los equipos que llegan a a estas alturas del campeonato con la sangre corriendo a borbotón por su historia, con miles de heridas sin cerrar, con el cuerpo fracturado por la derrota. Les pasa que es muy difícil que todo salga bien y cualquier revés es la muerte. Y eso nos ocurrió anoche a nosotros.

El partido se perdió injustamente. No ha habido encuentro mejor jugado que este fuera de casa desde hace muchísimo tiempo. No habrá mejor atardecer para saborear la victoria que el de ayer. Pero no caben las lamentaciones. La camiseta rota de Ander cuando abandonó el Madrigal no debe ser sino una metáfora que obligue al zaragocismo  a romperse el alma el próximo lunes  en el choque frente Almería. Esa es nuestra verdad, derrotar a los andaluces y seguir la pelea. Si el equipo está vivo, que lo está, la afición tiene un mandato: sumar voluntades para arropar a sus muchachos. El lunes no hay malos sueños que valgan. Hay futuros que construir.

Toni Doblas: 5. Lo paró todo. Lo fácil, lo difícil y lo imposible. Un partido redonde de un portero que va a ser, ya es, uno de los argumentos más poderosos para lograr la permanencia.

Diogo: 3. Cumplió un trabajo difícil y complejo. Trabajó muy bien en el centro del campo y físicamente dio una lección de poder y energía. Además, se sumó al ataque con calidad y fuerza.

Lanzaro: 3. Aunque perdió un par de veces el sitio y la espalda, trabajó con interés y eficacia. Su presencia es más que interesante y su compromiso no deja lugar a las dudas.

Jarosik: 3. La disposición táctica le pasó factura y sufrió con los balones a la espalda de Cani, pero era el precio que había que pagar. Esforzado, luchador y voluntarioso a la hora de buscar el gol. Sí, sí, el gol.

Da Silva: 2. Su trabajo fue más oscuro aunque cumplió con tesón un difícil papeleta. La defensa de cinco, que en muchos momentos era de tres, era una propuesta compleja y de difícil ejecución, pero su dedicación es de valorar.

Obradovic: 3. Sin duda está creciendo partido a partido. Ofensivamente es notable y ayer también trabajó mucho y bien en defensa, sobre todo en la interrupción de las líneas de pase interiores del Villarreal.

Ponzio: 2. Muy trabajador y eficaz en su labor de “barredor”. Intentó el chut desde fuera en un par de ocasiones y estuvo donde se le necesitó. Su ímpetu nos cobró un penalty en contra, pero ¿quién se lo puede reprochar?

Gabi: 4. Intratable en el centro del campo. Estuvo, repartió juego, recuperó balones, empujó al equipo, distribuyó empuje…Es un jugador imprescindible.

Boutahar: 1. Tiene detalles de gran calidad y se espera siempre el pase imposible, pero su irregularidad, su inestabilidad y su intermitencia no es lo que necesita ahora el equipo.

Bertolo: 1. Lo intenta todo y siempre, pero le sobra individualismo. Falló un gol ante Diego López y le sobran dos regates cada vez que coge el balón. Si trabajase más la línea de pase sería la mejor aportación al ataque del equipo.

Uche: ¿0? ¿1? ¿Qué se le puede decir a un jugador que siempre está ahí pero no acaba de convertir sus ocasiones? Es nuestra mejor arma ofensiva pero ayer falló varias ocasiones clamorosas.

Ander: 2. Cumplió las instrucciones de Aguirre. Dio balones de oxígeno, recibió una falta que pudo ser peligrosa y se fajó con el mundo. ¡Ay! ¡Qué buen vasallo si hubiese buen señor!

Paredes: 2. Cumplió bien su trabajo. Mejor en ataque que en defensa, donde sufrió porque el partido estaba para sufrir. Colaboró en tareas ofensivas e incluso lanzó con peligro una falta.

Lafita. 1. Salió tarde y le falta ritmo y presencia. Puede mejorar (y mejorará).

Hace tanto que sueño contigo


   Hoy es lunes y si los dioses estuviesen más espabilados habrían impedido que ningún mortal hubiese podido decidir que haya fútbol en un día tan feo. Pero está claro que los inmortales están empeñados en tareas muy alejadas de lo que realmente importa. O, por lo menos, de lo que nos importa a los zaragocistas.

    Hoy jugamos frente al Villarreal, uno de esos equipos guapos que a todos cae bien, como otrora nos sucediera a nosotros. Un equipo aseado, talentoso, vanguardista y muy bien perfumado que no siempre se nos ha dado bien, aunque hayamos logrado ante ellos victorias memorables, como aquella en la que Cani y Villa les hicieron un siete y provocaron la dimisión de Benito Floro. O aquella otra de febrero de 2007, aquella temporada en que fuimos ambiciosos y perseguimos el Olimpo.

   El año pasado nos presentamos en el Madrigal harapientos y moribundos y caímos derrotados, aunque también recuerdo que mostramos algunos gestos que dejaban entrever cierta mejoría. aquellos goles de Lafita y Eliseu… Sin embargo, a mí me gusta recordar un partido que jugamos en Marzo de 2008, en el que caímos derrotados pero dejamos entrever que queríamos vivir, que la muerte no estaba hecha para nosotros y que teníamos argumentos de sobra para mostrar nuestra candidatura al futuro. No pudo ser, pero mostramos galanura y audacia. No pudo ser, pero aún podíamos enseñarle al mundo nuestro orgullo zaragocista. No pudo ser, y acabamos descendiendo al infierno.

   Hoy toca arañar latidos. Como sea, cuando sea, quien sea. Pero debemos arrancarle a la noche una breve sonrisa que nos permita afrontar la jornada que viene con esperanza. Tengo fe en nuestros jugadores y en nuestro técnico y esta noche espero que se rompa el Maleficio de Levante. ¿Te imaginas, amable lector, si hoy lográsemos la victoria en Territorio Imposible?

Real Zaragoza, 2 – Villarreal CF, 1 (amistoso)


El maset de porcelana

(por Juan Antonio Pérez-Bello)

El Real Zaragoza derrotó al Villarreal Cf (2 – 1) en partido correspondiente al Trofeo Ciudad de Teruel disputado en la capital turolense ante más de 3000 espectadores. Los goles los lograron Marcopérez y Kevinlacruz.

Cuando llevábamos diez minutos de partido ya tenía pensado el titular para esta crónica: “Lost”. Perdidos. Porque así estaban nuestros muchachos, ese era el mensaje que transmitían nuestros chicos ante un Villarreal que ya se había adelantado en el marcador y en el juego y llevaba por la calle de la amargura a un Real Zaragoza que mostraba una desorientación impropia de un equipo de fútbol. Lost. Y un escalofrío recorría mi viajada espalda, y temí que el partido fuese un relámpago de malas vibraciones anunciador de tiempos despreciables. Lost.

Pero surgió una centella joven y encendida, por nombre Marcopérez, que se llevó un balón a base de coraje impregnado de cafetales ajenos y permitió que Gabi, nuestro comandante en jefe, le propusiese a Kevinlacruz el primer gol. Una jugadsa que dibuja a la perfección lo que es, a día de hoy, nuestro Real Zaragoza. Significaba el empate y la voltereta al partido, pues a partir de ese momento el equipo aragonés gobernó el choque y así llegó el segundo gol, en una jugada magistralmente interpretada por Kevin y vigorosamente ejecutada por Marco. Gol y partido controlado. Esto es fútbol, amigos.

Esto es fútbol. Irracional juego, sorprendente jugo de vida que nos obliga a vivir emociones encontradas en apenas unos minutos. Para desdecir a Gay, para contradecir al Boss, que el pasado domingo reconocía que nos cuesta mucho jugar un partido que comenzamos perdiendo, los chicos del Zaragoza remontaron el encuentro y lo gobernaron utilizando sus armas, que son pocas pero que maneja muy bien. Se apoyan, colaboran con las acciones del prójimo, sofocan cualquier intento de acercamiento, apagan los mínimos fuegos que asoman por nuestra área y, si pueden, sacan el látigo y rompen la casa ajena con un gol inesperado y por eso más doloroso para el rival. Eso tenemos. Eso es lo que hay.

A partir de ese momento, el partido fue perdiendo gas, sobre todo durante la segunda parte, aunque en ese período pudimos disfrutar de algunas cosas: la continuación del enorme trabajo de Marcopérez, la calidad de Kevin, la intención de Bertolo, la nueva ubicación de Jorgelópez en una posición que le da más posesión al equipo aunque perdemos consistencia defensiva, el buen entendimiento de Braulio y Marco y, sobre todo, el enorme interés que mostró Pennant y su esfuerzo por agradar. ¿Es suficiente? No.

Porque nos sigue faltando capacidad para controlar la bola, sujetar el armazón que da cuerpo al grupo y, sobre todo, un delantero que fije las defensas y complete el enorme esfuerzo que realizan Braulio y Marco. Es lo que pidió a gritos el equipo durante esos minutos en que, con la salida de Cani en la segunda parte (qué raro se hace todavía hablar de Rubén como enemigo de nuestro escudo) y, sobre todo, Rossi el contrario apostó por el balón parado para amenazar el resultado. que se quedó quieto, que no quiso moverse, que no se atrevió a contrariar a la animosa afición zaragocista de Teruel a la que, por cierto, entre todos tenemos que conquistar y enamorar y ganarla para la causa azul y blanca, amarilla y negra, roja y azul.

Esa forma de soñar (Real Zaragoza, 3 – Villarreal, 3)


El Real Zaragoza y el Villarreal han empatado (3 – 3) en partido correspondiente a la 38ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Loa goles los han conseguido Eliseu, Colunga y Pulido.

El partido del sábado era el último de la temporada 2009-2010, la más errática, esquinada y afilada que uno recuerda, y ya son más de cuarenta de las que podría hablar. Un partido dibujado con pinceles secos y huérfanos de pintura, porque ya no había lienzo que pintar ni pared que cubrir, aunque precisamente esa expectativa hueca fue la que propició que disfrutásemos de los mejores 45 minutos de los últimos meses. Una primera parte fértil, lozana, fresca y joven como la primavera que nos acompañó en la Romareda, en una tarde que yo guardaré en mi memoria como el final de una tormenta desgarrada y el comienzo de un mañana feliz y ensanchado.

El Real Zaragoza jugó un fútbol divertido, atrevido y jugoso, con unas transiciones dignas de lo que es en estos momentos el equipo, con una propuesta que le ha llevado a lograr 27 puntos en la segunda vuelta, con unos registros de Europe League y unos frutos que nos hacen pensar que sí se puede. La defensa estuvo firme, con un trabajo en el que quiero destacar a Goni, un joven jugador por el que me gustaría que se apostase, pues es buen jugador, firme defensa y, además, es de los nuestros, de casa. Jarosik estuvo grande y Pulido y Obradovic cumplieron con energía la tarea encomendada. Pero por detrás de todos ellos, que es lo mismo que decir por delante, estuvo Roberto, el mejor portero imaginado, el valladar que ha cerrado la portería zaragocista durante estos meses y ue ha conquistado el corazón blanquiazul como hacía mucho tiempo que no lo conseguía ningún cancerbero en Zaragoza. Atronó la Romareda con ese grito unánime, desesperado, desgarrado de “¡Roberto, quédate!” que sonó a lamento más que a ruego, a lágrima negra, más que a sonrisa conquistada. No parece que Roberto vaya a ser el portero del Real Zaragoz, si bien sería una de las mejores noticias del verano. Él lo sabe. Agapito lo sabe. Todos los sabemos.

El centro del campo contó con el esfuerzo generoso y derramado de Gabi y la elegancia y el tempo de Edmilson, lo cual también es una buena noticia, aunque ya se acerca la hora de fichar a un tercer centrocampista que le proporcione al equipo un punto de calidad y talento que nos permita aspirar a algo más. Y adelante, el cierzo convertido en clase. Colunga comandó una delantera  empeñada en darle otro aire al equipo. Eliseu quiso demostrarnos que sabe hacer más cosas que luchar en tareas defensivas y logró un magistral gol. Jorgelópez asomó por la esquina del pasado para recordarnos lo buen jugador que es, como queriendo pedir una segunda oportunidad. Ander intentó tantas cosas que alguna se quedó en el camino, aunque sigue siendo una de nuestras franquicias. Y Colunga. Rápido, eléctrico y fugaz. ¿O no? Logró el segundo gol, con una acción que le convierte en un deseo que quizás podamos cumplir y que le hace ser un jugador necesario para el año que viene. Estos fueron nuestros soldados.

Una primera parte deliciosa que se vió ensombrecida por el gol de Cazorla, aunque eso no impidió que viviéramos uno de los descansos más placenteros del año. Luego vendría la segunda parte, en la que el Villarreal también tuvo cosas que decir. Y las dijo. Salió Senna, se recompuso el equipo y logró dos goles cuando nuestros chicos perdieron el aire que les quedaba y redujo sus prestaciones. El partido estaba empatado, aunque aún pudimos derrotar al submarino con una acción de Ander que desaprovechó y con un grandioso disparo de Gabi a la cruceta que hizo temblar los andamios de Diego López. No pudo ser, pero el sabor de boca que nos dejó el grupo fue lo suficientemente dulce como para que la esperada bronca hacia Agapito quedase en tímidas protestas de los Ligallo y, más suaves todavía, del Colectivo. La afición, la sufrida, entendida y señorial afición zaragocista, dio una vez más una lección de gallardía y saber estar, esperanzada, eso sí, en que quien pueda tome las decisiones adecuadas para que nuestro Real Zaragoza vuelva a lograr que el Ebro ensanche su sonrisa y el Pilar se alce para tocar el cielo azul que nos espera. Hoy, ahora, nace el Real Zaragoza del mañana. A trabajar.