Efemérides. 2 de Febrero de 1994: El Real Zaragoza se clasifica para semifinales de Copa.


   El Real Zaragoza se enfrentaba al Sevilla en la capital andaluza para disputar el partido de vuelta de cuartos de final de la Copa del Rey. Aquella temporada el equipo estaba haciendo una buena temporada en Liga y en la Copa había saldado el partido de ida con un 2-1 favorable.

   Poyet fue el autor del gol del empate que le daría el pase a semifinales, que le emparejó de nuevo con un equipo sevillano, en este caso el Betis.

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Mi crónica: Sevila, 4 – Real Zaragoza, 0 (Cuéntame cómo mueres)


   Cuatro dentelladas mortíferas han acabado con la vida del Real Zaragoza en una tarde que nos habría gustado cerrar con una victoria, como corresponde a este deshilachado aniversario del 3-2 al Real Madrid que no nos merecemos “no celebrar” así. Cuatro desgarradoras puñaladas a un equipo inánime, mortecino que ha visto cómo un Sevilla aseado y agradecido lo destrozaba gracias a la velocidad de sus delanteros, la consistencia de su centro del campo y la impericia del equipo contrario. Nosotros, osea.

   Jiménez ha propuesto algunos cambios en la alineación, como la presencia de Pinter en el medio centro junto a José Mari, y la ubicación de Babovic en la media punta para darle velocidad a la medular y, de paso, tratar de despabilar a Rochina, del que, según ha dicho después, espera mucho más. Sin embargo esta pequeña revolución no ha servido de gran cosa, porque aunque al principio el partido apuntaba a un choque dinámico y ágil, en seguida se ha ido todo al traste con el primer gol de Coke, un lateral que ha sido capaz de enchufar un chut ante la pasividad de una defensa que ha dado hoy, de nuevo, muestras de fragilidad y torpeza.

   Con el gol en contra en el minuto 30 la tarde se ha hecho negra noche, pero todo ha empeorado tres minutos después, cuando Babovic ha visto una segunda tarjeta amarilla y, por tanto, se ha tenido que marchar. Obviemos la opinión sobre el árbitro, porque nada aporta ya, y porque lo importante ha sido que el equipo no ha sabido sobreponerse al descalabro. Si acaso destacaremos a Leo Franco, que  ha mostrado su agilidad desviando un chut de Reyes muy peligroso, pero el resto del equipo ha dado en seguida muestras de abatimiento y desánimo, lo que auguraba una segunda parte dramática.

   Y lo ha sido. Seis minutos después de volver de la ducha Coke, que no había metido ni un gol en toda la Liga y que juega de lateral, ha lanzado un estupendo chut, solo ante el marco, que ha cerrado el partido cuando quedaba un mundo. Ese ha sido el momento en que el equipo se ha echado al monte e incluso ha rozado el gol en un barullo en el área de Palop con balón al larguero incluido, pero con tan poco convencimiento, con tan poca calidad que aquello no podía prosperar de ninguna manera.

   Rochina, que había salido por Victor hacía unos minutos, ha botado una falta, pero el rechace lo ha recogido el Sevilla que ha montado una contra eléctrica que ha dado con el balón en el fondo de la red de Franco tras ser empujado por Reyes a pase de Navas. Contragolpe de libro; debacle de enciclopedia. Y más. Porque el partido estaba descuartizado, con diez jugadores vestidos de rojo tomate correteando  desorientados por el césped y once deportistas uniformados de blanco afilando el colmillo para rematar la faena. Y eso ha ocurrido unos minutos después, en otro contraataque que ahora ha cerrado Negredo tras jugada de Reyes.

   Aquello no tenía sentido. No había idea, no había fortaleza, no había alma, no había batalla. Cuatro goles en contra, un jugador menos y un equipo desintegrado con un fantasma, el del fracaso, sobrevolando sus triste figuras. Y nada más. Es que no sé que escribir, es que no sé qué relatar, es que no sé dónde encontrar tres palabras que me ayuden a terminar esta crónica. ¡Ah, sí! El ya clásico chut de Rochina que encuentra la parada estupenda del portero de turno para certificar que no hay nadie en este equipo que aporte un criterio capaz de convencer a los muchachos de que pueden meter un gol, de que pueden ganar un partido.

   La historia ha finalizado cuando un manto de tristeza ha cubierto el corazón del león y ha apagado las luces de un equipo al que no le quedaba otra tarea que recoger sus armas rotas y sus armaduras destrozadas por los certeros golpes del enemigo. Una tarde más, una jornada más.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 2. Ha tenido una muy buena intervención. En los goles no ha podido hacer más.

Sapunaru: 0. Muy mal partido del rumano. Desacertado en ataque y remolón en defensa.

Álvaro: 3. Es el único que ha aportado garra y fortaleza, pero le acompaña un central mediocre y eso le hace daño.

Loovens: 0. Mal. Lento, llega tarde a casi todos los sitios, su colocación es incorrecta y por arriba no recoge ningún balón.

Abraham: 1. Navas es su cruz. Le ha barnizado la cintura en unas cuantas ocasiones y en ataque no ha aportado nada relevante.

Pinter: 0. ¡Qué difícil se le hace trabajar en el centro del campo!. Su lentitud no ha sido el mejor argumento para afrontar la calidad del mediocampo sevillano.

José Mari: 1. Los contrarios le han desbordado casi siempre y  el campo se le ha hecho muy grande.

Babovic: 0. Ha estado poco tiempo en el campo y su expulsión, como las de otros compañeros en otros partidos, debería ser motivo de reflexión.

Victor: 1. Muy pobre su aportación y muy escasa su presencia en el ataque.

Montañés: 1. Impotente, inexacto y muy poco participativo.

Postiga: 1. No le ha salido nada. Pero nada de nada.

Rochina: 1. Un chut y varias disputas infructuosas de balón. Muy poca cosa.

Bienvenu: 0. Apenas dos combinaciones sin sustancia. Nada.

Rodri: S.C.

Real Zaragoza, 2 – Sevilla FC, 1 (Vida al este del Moncayo)


   Si el Cierzo tiene un reino, ese hoy era La Romareda. La vieja Basílica del fútbol español ha contemplado esta mañana un triunfo que el zaragocismo ha vivido con inteligente emoción. Inteligente porque ha sabido, como siempre lo ha hecho, interpretar el esfuerzo y el talento de un grupo que apunta a la razón y al corazón. Con emoción, porque el cielo que hoy nos amparaba ha mostrado un azul majestuoso que ha ilustrado una mañana para recordar.

   Los primeros quince  minutos han sido de color rojo. Hasta tres corners consecutivos han conseguido los chicos de Michel, mientras que el Real Zaragoza se preguntaba por dónde soplaba el mlesto viento que nos ha acompañado. Ha sido un comienzo débil, deshilachado, muy frágil. Algunos jugadores no conseguían sostener el balón y eso ha facilitado los sustos. Sin embargo, a partir de ese momento el equipo de Manolojiménez ha comenzado a estirarse .Postiga ha decidido mostrar la documentación que certifica que es un magnifico jugador y Botía ha comenzado a sufrir. 

   En torno a la media hora Palop nos ha recordado sus cualidades como portero. Víctor, Montañés y Apoño se han atrevido a enviarle sendos proyectiles que ha interceptado con seguridad y esta triple acción ofensiva ha sido suficiente para activar el entusiasmo de la afición, que veía cómo su equipo mostraba un cuerpo fornido, bien trabajado y con un mensaje nítido que ofrecerle a sus adversarios: os va a costar mucho derrotarnos y por otra parte, sabemos hacer muy bien lo que sabemos hacer.

   El mejor exponente de este concepto es Zucculini, un jugador que ha derrochado entusiasmo y dedicación y que ha completado aplicadamente las instrucciones del míster. Como lo han hecho Abraham y Loovens y Álvaro y Movilla y Apoño y Montañés. Y luego están Víctor, Sapunaru y Postiga, que han completado una primera parte impecable.

   En esas estábamos cuando el Zuccu ha interceptado con la cabeza un balón rojo que rápidamente ha cambiado su color a un azul Ebro que ha entusiasmado a la grada. Y más cuando Postiga ha mareado a Botía con un sutil toque y después ha dibujado un excepcional regate ante Palop con el que ha logrado un gol de bandera. Ahí es cuando la Romareda ha vuelto a sentir la caricia de la grandeza de un equipo que hoy se ha parecido más que nunca a lo que fue no hace tanto.

   Pero no ha terminado aquí la alegría. A los pocos minutos Víctor ha botado una falta con un centro magistral a la cabeza de Sapunaru para conseguir el segundo gol. Esto ha sido muy grande y el zaragocismo ha gozado de unos minutos que se merecía desde hace mucho tiempo y que ojalá se repita otras muchas tardes. O mañanas.

   La segunda parte podría haber comenzado con un Sevilla a por todas y aquí haberse iniciado el sufrimiento, pero Movilla y Apoño han sujetado muy bien al grupo y Montañés y Víctor han roto las costuras laterales del equipo andaluz, propiciando que las sensaciones siguieran siendo muy buenas. Y por si fuera poco Zuccu continuaba con su esfuerzo metálico por impedir que el contrario progresase en sus acciones ofensivas y aún le quedaban fuerzas para emprender heroicas carreras jaleado por una grada a la que le agradan este tipo de acciones.

   El partido estaba siendo muy bueno en todos los ámbitos. También en defensa. La pareja de centrales ha estado magnífica y la lástima ha sido ese gol de pandereta que el Sevilla ha logrado de rebote. Después ha venido la lesión de Loovens, que ha provocado un cierto desajuste, afortunadamente desaprovechado por un Sevilla demasiado castigado por el excelente trabajo de un Real Zaragoza que puede dormir tranquilo después de un excelente partido. Lo dijimos la semana pasada después del partido contra el Granada y hoy lo elevamos a la categoría de oración: el León sabe jugar al fútbol. Que lo sepa el mundo entero.

CALIFICACIONES

Roberto: 4. Seguro, muy bien colocado y valiente en las jugadas en las que el viento era el jefe.

Sapunaru: 5. Además del gol, que es canela en rama, su actuación defensiva ha sido el botón de muestra de que volvemos a tener un gran lateral.

Loovens: 4. Su seguridad por alto y su gran colocación lo convierten en un central apropiado para este equipo.

Álvaro: 4. Ya hemos dejado escrito en más de una ocasión que junto a un buen central crecería. Hoy se ha visto claramente.

Abraham: 4. Tenía un papelón con Navas y ha cumplido con nota alta. En defensa, y junto a Monatñés, ha cerrado muy bien su banda y además la ha recorrido con valor y acierto.

Movilla: 4. Es el jefe. Incluso cuando la pifia demuestra su clase y sus galones.

Apoño: 4. Ha ido de “muy menos” a “muy más”. Los primeros minutos parecía que aún estaba en la sala de prensa explicándose.

Zucculini: 5. Su rasmia, su despliegue físico y su intensidad se merecían la ovación con que lo hemos despedido.

Víctor: 5. Este muchacho sabe jugar al fútbol muy bien y ha encontrado el equipo en el que hacerse futbolista. Su clase, su garra y su talento han brillado hoy. Como ayer. Como lo hará mañana.

Montañés: 4. Hoy se ha mirado en el brillo de los ojos de la Romareda y se ha creído que es un jugador magnífico. Ha estado valiente y vigoroso y ha buscado el uno contra uno con insolente brillantez.

Postiga: 5. Su primera parte ha sido de crack. Su gol deberá aparecer mañana en todos os resúmenes internacionales y su sintonía con Victor y Montañés es muy prometedora.

Romaric: 3. Ha empezado timorato, aunque sus ganas de agradar le han permitido acabar el partido habiéndose encontrado a sí mismo. 

José Mari. 3. Su tarea era contener al centro del campo sevillista, que andaba un tanto alborotado, y lo ha conseguido.

Paredes: 2. Ha salido por Loovens y su llegada ha coincidido con la desorientación defensiva del equipo.

Mi crónica del partido: Sevilla FC, 3 – Real Zaragoza, 0 (Has destrozado mi paraíso)


   ¿Qué decir? ¿Qué escribir? ¿Cómo capturar el cielo en una noche estéril, otra más? ¿A quién hablarle de soplo de vida cuando la muerte se instala en tu hogar fracturado por tanta inanición? ¿Dónde hallar el más mínimo signo de esperanza tras lo ocurrido ayer? ¡No sé dónde diablos voy a encontrar las palabras necesarias para describir semejante desastre!

    La jornada de ayer quedará en nuestros calendarios rotos como una fecha amante de la herida mortal. La victoria del Villarreal en el último segundo del partido hacía saltar por los aires la posibilidad de lograr un salto gigante en la lucha por la salvación y a uno le pareció, desde el primer toque, que nuestros muchachos lo sabían y le rendían pleitesía a la tragedia. Era demasiado evidente que el equipo saltó al campo inerme, falto de pulso y rendido. La desgracia tenía cita con el Real Zaragoza y mientras Obradovic se lesionaba en el calentamiento un poema negro abrió el libro de la ineptitud con el dibujo de una defensa que habría de protagonizar un partido endeble, famélico, insultante y catastrófico. No sabemos muy bien qué buscaba Jiménez con semejante alineación, pero a los diez minutos ya íbamos perdiendo por un gol a causa de una muy deficiente defensa de un córner, algo ya demasiado habitual en el Real Zaragoza de esta temporada. Los defensas se arman un taco cada vez que el balón vuela sobre sus cabezas y Roberto no acaba de gestionar bien esos balones con un exceso de rigidez y un apreciable amor a la línea de gol.

    Si digo que segundos antes de que el Sevilla lanzase el saque de esquina ya me temí lo peor puede parecer presumido, pero es que fue ver el torpe movimiento defensivo de Mateos y echarme a temblar. Y ¡zas!, gol. Y lo peor de todo: ¡qué tristeza había en las miradas de los chicos! Se asomaba por la esquina un partido para perdedores y así iba a ser. Nuestros jugadores se arrastraban por el césped, no había chispa en ninguna jugada, la defensa naufragaba a cada combinación local y hasta Roberto se mostraba infantil. Y así llegó el segundo gol. Pintér, el chico húngaro que últimamente estaba jugando bien y crecía partido tras partido, perdió blandamente un balón en la línea medular y el contraataque fue resuelto sin piedad por Negredo. Dos a cero y aquello cada vez daba más pena. Para más desgracia, Apoño desperdició una clarísima posibilidad de acortar distancias cuando se quedó solo ante Palop después de una mala entrega de la defensa sevillista y chutó torpemente. Y para rematar el cúmulo de penalidades, a los pocos minutos se lesionó.

    ¿Había terminado de hundirse el Titanic? Pues no, queridos. Aún quedaban unos cuantos miles de litros de agua por recorrer los pasillos de la sentina de nuestro paquebote y llegaron en forma de fláccido cabezazo de Negredo, tras centro propiciado por un deplorable despeje de Mateos, y de inexplicable error del siempre magnífico Roberto. Tres a cero. Dramático panorama el que se instaló en el zaragocismo que no podía creer lo que estaba viendo y sufriendo y que percibía cómo, de nuevo, volvía el Real Zaragoza de las peores tardes de Aguirre, el de la falta de competitividad, el de la ausencia de garra, el de la abandonada rasmia. Y lo que es aún peor: el equipo había dimitido de vivir.

    En la segunda parte Jiménez, que ayer vio cómo su equipo era destrozado en apenas cuarenta y cinco minutos desde el palco debido a la sanción por expulsión la jornada anterior, aportó el cambio de Edu Oriol por Pinter, pero aquello fue un lío. Comenzaron a intercambiar posiciones los muchachos y en ningún momento dieron sensación de peligro. Alguna aproximación, sí, pero cada una era contestada con tres locales, casi siempre lideradas por una Navas que ayer se dio un festín a costa de Álvarez, en cuyos sueños seguro que aparece el sevillano, y cuando esté despierto también. Eso sí, este segundo tiempo sirvió para que Roberto se redimiera con varias paradas de grandísimo mérito, recuperando el crédito perdido en la primera mitad. Un chut de Postiga al palo y alguna que otra aproximación de Lafita fueron lo único que ofrecimos al mundo del fútbol, y así es realmente difícil competir con garantías. Y lo más preocupante es que el estado de ánimo que exhibió el grupo aventura momentos de penuria emocional. Mucho y bien tendrá que trabajar Jiménez para recuperar el pulso y reactivar el ánimo del equipo, sobre todo sabiendo que ahora sí que ya no queda ni medio palmo de luz que alumbre el sendero que hemos abandonado.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 3. El grave error en el segundo gol, y ya lo siento, evita que pueda ser calibrada su actuación con mejor nota. Y eso que en la segunda parte deslumbró al Sánchez Pizjuán con varias paradas extraordinarias.

 Lanzaro: 1. ¡Qué mal partido el de Maurizio! Su banda propició jugadas que hicieron mucho daño al equipo.

 Mateos: 0. Horrible actuación de Mateos. En ningún momento supo dónde estaba ni para qué lo había puesto allí Jiménez. En los tres goles (no) participó.

 Paredes: 1. Ayer sí que lo intentó pero su pundonor acabó siendo devorado por la ineptitud de sus camaradas.

 Álvarez: 0. Navas le miró una vez a la cara, le indicó el camino al abismo y en él cayó para no asomar nunca más.

 Apoño: 0. El poco rato que estuvo no estuvo. ¡Y falló un gol…!

 Pinter: 0. Mal partido del magiar. Desorientado, desquiciado, desesperado.

 Micael: 1. Muy nervioso y trabado en su juego. No acertó a encontrar líneas de pase interesantes ni una conducción del tempo del partido adecuada.

 Luis García: 0. Inexistente el asturiano. Tan insignificante fue su aportación que acabó haciendo faltas que rozaron la expulsión.

 Lafita: 1. Muy voluntarioso pero muy desasistido. Aun así intentó el gol con sus desbordes y chuts a puerta.

 Postiga: 2. Participó mucho en el juego pero siempre en territorios insustanciales. Sus remates ayudaron a alimentar cierta ilusión por el gol, pero le faltó acierto.

 Zucculini: 1. Su salida coincidió con una cierta recuperación de la solidez en el segundo tiempo.

 Edu Oriol: 0. No, no fue muy afortunada su intervención en el partido. No consiguió desbordar ni encontrar un sitio confortable en el campo. Su desgana en algunos momentos, llamativa.

 Aranda: 0 Salió a falta de 20 minutos, pero no tocó prácticamente el balón.

El del Sevilla no es partido para viejos


No es mañana partido para un 8-1, como ocurrió aquel 25 de Octubre de 1987, semanas después de que el Real Madrid nos endosara un catárquico 1-7. Tampoco para un 3-0, como aquel 31 de Octubre de 2004 cuando Galletti y Villa bajaron a la tierra al equipo andaluz, en palabras de su entonces entrenador, Caparrós. Ni siquiera para un 2-1, resultado que cosechamos el 7 de Febrero de 2010, en partido del Plus cuando Contini remató aquel balón balón inverosímil en el área y Negredo la metió en propia.

Mañana no es partido para viejos. Mañana es partido para experiencia, garra, sabiduría y talento. Mas, ¿cuánto tenenmos de cada uno de esos ingredientes? Si analizamos una por una estas herramientas, imprescinidbles para afrontar el partido ante el Sevilla de Marcelino García Toral, descubriremos horrotizados que no andamos muy sobrados de ninguna de ellas. Experienciacomo grupo compacto que se conoce y que utiliza el rabillo del ojo para saber dónde está nuestro compañero y qué nos está pidiendo no hay, pues acaban de llegar al Ebro y aún se están pasando muchos de ellos el número de la Blackberry. Garra se les supone, aunque les cuesta muchísimo mantener la intensidad los noventa y tantos minutos. Sabiduría para entender lo que está pasando en el campo a cada instante poseen, pero algunos no se han leído ni siquiera los apuntes y así, en un juego de equipo, es difícil alcanzar el éxito. Y talento…Bueno, de talento futbolístico no andamos con excedentes, aunque la parte de arriba no está mal dotada y ese sí es un capital que habría que explotar.

Con este panorama, se antoja el partido de mañana escabroso, muy rugosos y gris marengo. ¿Podemos ganar? Sí, y yo así lo espero. Pero si esto fuera una actividad lógica y razonable contaríamos con muy pocos argumentos para frotarnos las manos. Eso sí: la afición debe estar dispuesta para apoyar incondicionalmente a nuestros chicos y también para exigirles con todo el cariño pero con mucha firmeza que se dejen el alma en el campo, pues una derrota mañana sería un manguerazo de gasolina a la adormilada pero latente hoguera zaragocista.

Otro viento viejo (Sevilla, 3 – Real Zaragoza, 1)


El Sanchez Pizjuán es Territorio Mentira. Es mentira que Ponzio hiciese penalty. Es mentira que ese equipo se merezca estar en Europa. Es mentira que su afición sea una afición señorial. Y es mentira que ayer tocase derrota porque nos lo mereciéramos. Todas esas circunstancias componen un puzzle que no por menos anunciado oculta su cuota de injusticia. Y de indignidad. Hoy, amigos, es día de rebelarse y buscarle el rostro a las nubes que ocultan el camino de la salvación.

El partido podría haber sido un encuentro entre dos equipos parejos en ambiciones, situación y objetivos. Desde el primer momento se observó un cambio de actitud en los jugadores del Real Zaragoza y es que se había hablado mucho durante estos días de la diferente actitud que ofrecen nuestros muchachos cuando juegan lejos del Ebro. Había sido tema de conversación tertulia y ensayo y pareció en seguida que lo tenían muy hablado pues se conjugó un “laisser faire” sevillista y una propuesta más enérgica zaragocista.

A ello quizás contribuyó la alineación de N’Daw en lugar de Jorge López, con lo que se le dio una mayor consistencia al centro del campo al procurar varios robos que permitieron una mayor proximidad en el área contraria que en partidos anteriores. Sin embargo, el Sevilla obligaba a nuestras bandas a un esfuerzo titánico del que no salieron bien parados. Navas y Perotti les enseñaron a Diogo y Paredes la cara manifiesto del sufrimiento. En ningún momento pudieron con ellos y, además, Bertolo y Ander no supieron cumplir su tarea defensiva con acierto. Por ahí llegaba el peligro y la muerte. Y llegó. Fue en el minuto 43, un momento crucial que señaló Navas con su habilidad y rapidez habitual para poner un centro mortífero a los pies de Negredo, que mató un gol de libro. El partido se oscurecía a pesar de que nuestros chicos habían dado un par de golpes en la portería de Javivaras, señalando un posible sendero de vida y gol.

En la segunda parte Aguirre, un entrenador especialmente rechazado en la Sevilla roja y blanca, apostó fuerte. Retiró a N’Daw y puso en juego a Braulio. La decisión funcionaría, pero no haría falta esperar mucho para comprobar que teníamos herramientas para revertir el resultado. Una falta sacada por Gabi encontró la cabeza de Jarosik , quien logró un bonito gol que empataba el partido. La cara del choque era otra y la mezcla Braulio-Uche parecía aportar soluciones a una delantera estéril y no muy activa la primera parte. Mas todo se rompió. El cielo cayó sobre nuestras cabezas cuando el colegiado, el inepto Iglesias Villanueva, le dio una bofetada al reglamento y pitó como penalty una espectacular zambullida de Martíncáceres. ¿Penalty? Sí. Y gol. Y 2-1 y otra vez a empezar. Y lo hizo el equipo aragonés, que buscó líneas de incursión entre la mullida defensa que Manzano ordenó, más pendiente de no perder que de buscar el tercero.

El empate estuvo a punto de lograrse en una bonita combinación que Bertolo, ayer muy disminuido en su capacidad para desbordar y sorprender, no acertó a rematar cuando se quedó solo ante Javivaras. ¡Qué ocasión más favorable desaprovechó el delantero argentino! Habría sido el empate y, sin duda, un reflejo más justo y acorde con lo visto en el campo. O cuando Braulio minutos después demostró que de haber tenido una punta más de velocidad es un delantero capaz de encarar la puerta y afrontar el trance final del gol. O cuando Jarosik remató de cabeza y la parábola la salvó “in extremis” Javivaras. Pero no. El gol sigue siendo nuestro gran problema, por lo menos fuera de casa. Tan es así que el mejor delantero ayer fue nuestro “Jarosiko”, que se multiplicó y pareció querer demostrarle al mundo que tiene cualidades ofensivas que debemos aprovechar.

Lo del final ya es insignificante. Una contra muy bien llevada en el minuto 93 por Negredo que arrastró a Da Silva propició que el paraguayo cayera en la trampa del madrileño, quien nos recordó a esos delanteros habilidosos que saben dejar la pierna atrás para que parezca lo que no es. ¿Penalty? Sí. Y gol. Y 3-1 y ya no hay calle que recorrer ni paisaje que contemplar. Durísimo castigo para un equipo que puso todo lo que tiene y a cuyos jugadores vimos al finalizar el partido demasiado conformes con el infortunio que les ha tocado vivir. Esperamos que el cielo que debe cobijarnos el lunes que viene acoja suficientes estrellas para iluminar nuestro destino. Vencer o morir.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 3. Estuvo muy seguro toda la tarde y aceptó con valor el reto que supone defender nuestra portería. Buen partido del argentino y difícil papeleta para Aguirre.

Diogo: 1. Se vio desbordado toda la tarde por los extremos sevillistas y, de nuevo, nos tocó sufrir al Diogo desubicado y que pierde balones muy comprometidos en el borde del área.

Jarosik: 4. El mejor. No sólo en defensa, que lo hizo muy bien, sino que aún le quedaron fuerzas para subir al ataque, meter un gol y crear un par de ocasiones de gol de mérito.

Contini: 3. Bien el italiano, que se conoce muy bien a Negredo, al que sujetó durante todo el partido, excepto en el gol, claro está. Sufrió una lesión en una acción suya que bien nos pudo costar un penalti.

Paredes: 1. Sufrió muchísimo toda la tarde. Navas jugó un gran partido y el asturiano no supo cómo pararle en ningún momento. En su haber los momentos en que subió al ataque buscando algún centro aprovechable.

Ponzio: 2. Estuvo muy correcto, como casi siempre. Ayer incluso buscó con interés el balón para subirlo y encontrar la jugada adecuada. Se le pitó un penalti inexistente.

Gabi: 1. Ayer el capitán no anduvo fino. Jugó muy desorientado y perdió varios balones importantes en pases cortos que propiciaron jugadas de ataque contrarias de peligro.

N’Daw: 2. Recuperó varios balones, cortó juego aéreo y contribuyó a la elaboración de varias jugadas interesantes. Su presencia aporta músculo y consistencia y seguro que de no haber recibido el gol de Negredo no habría sido cambiado.

Ander: 2. Siempre es interesante su aportación y lo que es muy cierto es que brilló más cuando Braulio se sumó al ataque. Necesita más gente arriba que pueda recibir sus pases, necesita jugadores por delante para que él pueda regalar su talento a quien pueda recibirlo.

Bertolo: 1. Pobre aportación de Bertolo al juego ofensivo. No desbordó a sus defensas y la única ocasión en que rompió la defensa sevillista no fue capaz de rematar con solvencia a gol.

Uche: 2. Estuvo muy solo en la primera parte y aún así elaboró dos jugadas de gran calidad que no prosperaron debido a esa soledad de la que hablamos. En la segunda parte la presencia de Braulio le hizo mejor jugador y abrió muchos espacios a la delantera.

Braulio: 2. Mezcla muy bien con Uche.  Su rapidez y movilidad, unida a la de Uche, pueden ser buenos argumentos para una delantera que necesitamos con urgencia. Aportó dos jugadas de mérito que, lamentablemente, no cuajaron, pues no es un goleador.

Da Silva: 1. Cuando salió, no era el tipo de partido en el que se pueda encontrar cómodo. Trabaja muy bien defensivamente con ataque estático, pero cuando el partido está roto, sufre. Y sufrió.

Jorgelópez: 1. Aportó muy poquito a la causa. Dispuso de un par de disparos que no gestionó bien y ahí acabó su aportación.

Otras crónicas de partidos Sevilla – Real Zaragoza


Recordamos las crónicas de los dos últimos partidos que jugó el Real Zaragoza en el Sánchez Pizjuán.

– El espejo falso – Sevilla, 4 – Real Zaragoza, 1 (Septiembre, 2009)

La inclemencia del corazón herido – Sevilla, 5 – Real Zaragoza, 0 (Febrero, 2008)

Un poema (Febrero, 2008)