Con viento a favor (Real Zaragoza, 2 – Recreativo, 0)


   1000200_1Basha fue aclamado ayer cuando Popovic lo sustituyó por Galarreta. Hacía mucho tiempo que la Basílica no se rendía ante el trabajo de uno de los suyos pero el sábado por la tarde, como en la balada de Claudio Baglioni, decidió que era el momento de levantarse para reconocer a un jugador cuyo trabajo refleja, en cierto modo, los valores que nos identifican. Trabajo, talento, compromiso y excelencia.

   No fue el encuentro ante el Recre la muestra perfecta de lo que amamos, pero sí fue un ejemplo de seriedad y aplomo. La primera parte fue fea y enredada y en ella destacaron Jaime por su verticalidad y Basha por su omnipresencia. El resto del equipo nos quiso decir que se sabían la lección y que la vida, desde Las Palmas, tiene la consigna de “Imbatibilidad 0” grabada a fuego en el dintel del vestuario. Saben los muchachos que la época en que cualquiera que se acercaba a nuestra portería pillaba cacho tiene que quedarse en el olvido y a ello se aplicaron desde el principio. A partir de ahí, a jugar. La defensa se ajustó, la pareja Dorca-Basha, sobre todo este último, jugó a controlar con jerarquía y los de arriba bailaron frenéticamente para desajustar al contrario y tratar de lograr un gol que abriese la noche en busca de la segunda victoria consecutiva.

   El Recre poco podía hacer. Ni se le dejaba ni sabía, así que aunque no se olía el gol a favor tampoco tembló la grada en ningún momento. De vez en cuando el Real Zaragoza daba un coletazo y se perfumaba el césped con el premio que tardaba en llegar. Pero llegó. Pedro lanzó un corner con una limpieza magistral y el cuero entró por la escuadra opuesta, logrando un magnífico gol olímpico. La alegría zaragocista, sin embargo, fue rápidamente destrozada por un incompetente colegiado (el enésimo esta temporada) que anuló incomprensiblemente el tanto, lo que provocó la indignación de la Romareda (la enésima esta temporada).

   A los pocos minutos, Jaime se quedó el balón, recorrió la banda como una centella y le regaló a Pedro un pase de la muerte de oro que el alicantino envió al huerto del convento de Jersualén. No era su tarde, era evidente. Y eso lo comprendió el respetable, que continuó apoyando a los chicos hasta el descanso.

   La segunda parte iba a ser la mejor de la temporada en casa. Popovic mantuvo el esquema y a los actores y pronto se percibió que aquello tenía que acabar bien. El balón circulaba, el centro del campo gobernaba y atrás tanto Vallejo como Cabrera ofrecían argumentos de peso para pensar que poco peligro iba a tener que solventar Bono. Por eso, cuando a los pocos minutos Vallejo estrelló un remate de cabeza en el larguero todos supimos que algo tenía que suceder. Y lo que sucedió fue que una falta al borde del área la transformó Jaime con un chut raso y seco que Sotres no pudo detener. Gran noticia el gol, aunque preocupante la lesión consecuente del albaceteño.

   El Real Zaragoza siguió a lo suyo. Con un muy buen Basha gobernando la circulación en la medular y una seguridad defensiva de garantías, los delanteros decidieron inquietar cada vez más a Sotres. Las jugadas de peligro se sucedían, pero no sería un atacante quien lograse el gol de la calma y la placidez. Tenía que ser Basha, el mejor del encuentro, el que consiguiese el que va a ser uno de los goles de la temporada. Recogió un mal despeje onubense, lo acomodó con el pecho y conforme bajaba ejecutó una “nayimina” con una fe y una precisión ante la que nada pudo hacer el portero del Recre.

   La Romareda se rindió. El gol era el premio al buen trabajo del centrocampista suizo y los aplausos, más que merecidos, que le dedicó pusieron un bonito broche de oro a su actuación, con la que el partido quedaba prácticamente cerrado. Aun así, el equipo dispuso de varias ocasiones que no acabó convirtiendo, bien por precipitación, bien por acierto de Sotres. Habría sido mucho más justo un resultado más amplio, pero la victoria es suficiente para consolidar el trabajo del grupo, más seguro con el regreso de Vallejo, la presencia infinita de Basha y la pegada de la vanguardia, que cada domingo demuestra que no depende en absoluto de los muchos goles de Borja. La prueba de fuego, no obstante, la viviremos el domingo en el siempre difícil, áspero e inhóspito Sadar. Ahí nos veremos las caras con el futuro.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 2. No tuvo trabajo.

Fernández: 3. Muy rápido y luchador.

Vallejo: 4. Seguro en el cruce, perfecto en la salida y valiente en la estrategia ofensiva.

Cabrera: 3. Correoso y firme en el choque.

Rico: 3. Muy trabajador y esforzado.

Dorca: 3. Seguro y confiado, acertó en todas sus decisiones.

Basha: 5. La Romareda lo calificó. Gran partido y extraordinario gol.

Álamo: 3. Convencido de su papel y de sus posibilidades, corrió la banda con peligro.

Jaime: 4. Rapidísimo, vertical y peligroso. Marcó un buen gol.

Pedro: 2. Por una parte estuvo fallón, aunque por otra parte marcó un precioso gol que le anularon. Irregular.

Borja: 3. Lo luchó todo. Solo le faltó el gol.

William: 2. Estuvo soso y timorato.

Galarreta: 3. Salió activo y más decidido a ser protagonista.

Mario: S.C.

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Mi crónica. Recreativo, 2 – Real Zaragoza, 2 (Injusta justicia)


   436299_g02“La delgada línea azul” es la frontera que Terrence Malick no se atrevió a atravesar, porque para eso ya está nuestro Paco Herrera. Se trata del entrenador del Real Zaragoza, el mismo que hoy, como todo argumento para defender su apuesta futbolística, no ha tenido mejor idea que lanzarle el guante a la cara a Pitarch y retarle a que lo eche. Y no hay más. Ni propuesta técnica, ni explicación de su idea de juego, ni ofrecimiento para compartir sus secretos tácticos. Nada. Y así vamos, con la soga cada vez más cerrada sobre nuestro cuello y los oídos heridos de tanto escuchar frases huecas y monólogos vacuos.

   El partido que hoy ha protagonizado el Real Zaragoza ha sido otra oxidada muesca en un revólver que no dispara ninguna bala. En todo caso se encasquilla cada vez que el equipo quiere darle al gatillo y solo de vez en cuando sale un proyectil que, después de rebotar en las paredes de medio mundo, acaba alojado en el territorio adversario como por equivocación. Que es lo que ha ocurrido hoy. Desde el segundo uno, como viene ocurriendo desde el primer partido, el equipo desprecia el uso del balón porque pretende sujetar el juego e invita al contrario a hacer su trabajo, que no es otro que jugar al fútbol. Y, también como siempre, el equipo adversario acepta la invitación y cumple. Y nos mete un gol.

    En el minuto 11 ya teníamos una herida sangrando. Una cadena de rupturas técnicas, llamémoslo errores garrafales, ha permitido que Linares, el chico de Fuentes, nos rompiera los dientes. Y el equipo sin enterarse. Y Herrera sin discurso. De nuevo la espina dorsal la ocupaban dos jugadores incapaces, desnutridos de fútbol y físico. Hablo de Mario y Acevedo, quede claro. Muy pocas veces el club aragonés ha dispuesto de un centro del campo tan escuálido. Y ha tenido que ser este año, que lleva camino de convertirse en el peor de la historia zaragocista. Y Herrera en la banda, haciendo gestos y dando órdenes desde el minuto uno para colocar a sus muchachos. Hum, ¿qué hacemos durante la semana?, me pregunto.

   El Recre sabía cómo decirnos que saben jugar al fútbol. Nuestros jugadores no daban dos pases buenos y la banda de Rico era el paseo marítimo de Salou, por el que paseaban los onubenses saludándose unos a otros mientras el balón corría cosido a las botas de los locales. Nuestros jugadores no mostraban intensidad, se estorbaban y le daban el balón a los recogepelotas con demasiada frecuencia. Apuntaba tragedia. Pero el fútbol es como una ruleta que destroza fortunas y construye riquezas sin aparente control humano. En esas estábamos cuando el equipo ha bordado sobre el césped del Nuevo Colombino. Un tiralíneas perfecto con pase de cabeza de Montañés y definición letal de Luis García nos ha dado un gol que ni en el mejor de los sueños imaginábamos.

   El partido ha cambiado el gesto. El Recre se ha plegado y los nuestros han dado un pasito adelante, protagonizando un final de primer tiempo decente y aseado que nos animaba a pensar que había posibilidad de ver el sol. Y así ha empezado el segundo tiempo.

   La lástima ha sido que el árbitro la ha tomado con Roger, al que no le ha perdonado en ningún momento ni el peinado que llevaba y así, llevado por su inquina, no ha pitado un penalty claro que le han hecho al valenciano, quien en su ignorancia no entendía nada. El partido, así, se ha nivelado. Aunque el Recre aún tenía el balón, que para era suyo, el Real Zaragoza ha decidido jugar a presionar y salir disparado al contraataque, con Roger y Montañés como ejecvutores de la idea. No ha habido claridad en la tresolución pero por lo menos había una especie de plan. Por eso cobra más valor la extraordinari actuaci´pon, una vez más de Leo Franco, que ha sido capaz de deshacer como azúcar en agua hasta tres clarísimas ocasiones locales. Se merece ir a Brasil Leo y no de turismo, precisamente.

   Gracias a esas acciones, el equipo de “Herrerasinolesgustamitrabajoquemeechen” ha mantenido el tipo y ha conseguido llegar al último tramo del partido con opciones. Cidoncha, en su mejor partido con el escudo del león, ha templado en cierto modo las transiciones y Montañlés y fernández han hecho suya la banda derecha, con lo que hemos ganado en finura ofensiva.  Y la fortuna ha jugado a favor. Una cesión al portero aragonés del Recre ha hecho posible que llegase el segundo gol tras chut de Rico y rebote en el bosque de piernas onubense. ¿Era posible ganar? Sí. ¿Era posible que  llegase el empate? También. Y ha llegado. Un rarísimo penalty de Abraham ha propiciado, en el minuto 93, que la injusta victoria se convirtiese en justo empate. Aunque  que nos pesase. Aunque que no nos convenzan las explicaciones de Paco Herrera. Aunque que no creamos en nuestros jugadores. Aunque sigamos jugando a la ruleta en este horrendo casino que es la Segunda División.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Leo Franco: 5. Magnífico partido el suyo.

Fernández: 1. Demasiados problemas en su banda.

Álvaro: 1. Entonado por arriba, desafinado por abajo.

Arzo: 1. Ha perdido la frescura y jerarquía que aportó cuando llegó.

Rico: 1. Le ayuda el gol de rebote que logró.

Paglialunga: 0. Hay quien se siente insultado por su fútbol.

Acevedo: 1. Escasamente presente.

Montañés: 2. Tuvo una buena segunda parte y su asistencia en el gol, un lujo.

Luis García: 2. Más dueño del balón y buen gol.

Cidoncha: 3. Ayer se mostró como un centrocampista fino técnicamente y correcto tácticamente.

Roger: 2. Muy activo en el contragolpe y rápido en la conducción. Perseguido por el árbitro.

Víctor: S.C.

Álamo: S.C.

Abraham: 0.

Mi crónica: Real Zaragoza, 1 – Recreativo, 2 (Morir en “Territorio Cojones”)


Montañés02 Jugamos un partido medio aseado y nos lavaron las legañas con dos jugadas que no supimos defender y que supusieron otra derrota más en la Basílica. Otro bofetón más a nuestro orgullo y a nuestra maltrecha esperanza, esa que tienen los condenados aunque sepan que solo cabe el indulto que probablemente no llegará.

 Herrera se desdijo y no mantuvo la defensa. Optó por recuperar a Abraham en el lateral y darle una nueva oportunidad a Barkero. El Real Zaragoza le dio dos o tres vueltas a la manivela de la dedicación en los primeros minutos, pero en cuanto el equipo andaluz se ajustó, se acabó la fiesta. Unos cuantos arreones iniciales, algunas ocasiones más efectistas que eficaces y cuatro pases medianamente bien dados y la Romareda ya parecía contenta. Eso es lo que nos ofreció el equipo durante unos veinte minutos, eso es lo que quisimos ver. Eso es lo que nos creímos.

 Y todo porque el centro del campo conseguía sujetar al equipo con sacrificio y esfuerzo, aguantando el balón y cortando cualquier respingo del contrario. El balón circulaba con cierta soltura y Víctor y Barkero enlazaban alguna jugada de ataque con intención. A ellos se sumaba Cortés, que encontraba por su banda algunos senderos transitables por los que llegar hasta la línea de fondo, pero con poca fortuna en el pase final. El eléctrico Víctor fue el encargado de levantar al público de sus asientos con sendos disparos que pusieron en peligro la meta de Cabrero, pero sin fortuna.

 Y ahí acabó la ilusión. Cuando Acevedo se diluyó el equipo se murió. Paglialunga seguía sin ser un cinco de referencia, Barkero no era capaz de estar a la altura de un equipo medio de segunda y Henríquez se desesperaba esperando un balón amigo rodando por los ribazos en que se acomoda su fútbol. Con estas premisas, ¿podía pasar algo? Sí, pero nunca en el área enemiga. Sí en la propia. Y ocurrió. Mientras todos esperábamos ya llegar al descanso con ese raquítico empate a nada, el Recre sacó un corner que fue rematado por Ruyman ante un descolocado y desordenado Leo Franco, que vio cómo el balón se alojaba en su red. Gol casi directo desde el banderín que nos tragamos todos, portero incluido, sin acabar de creernos que semejante patochada nos estuviera ocurriendo a nosotros. Pero todo era verdad. Incluso la derrota.

 Comenzó la segunda parte con iguales argumentos. Nada parecía distinto cuando, de repente, Víctor y Montañés se asociaron y le prestaron un balón a Henríquez para que este lograse un gol valioso de fea factura. Pero gol, al fin. Se había hecho lo más difícil, se había logrado empatar un partido que no controlábamos de ninguna manera, se había conseguido encender de nuevo la luz del entusiasmo. Vana ilusión. A los pocos minutos un clamoroso desajuste defensivo le dio a Linares la ocasión de apuñalar a los suyos porque su obligación era darle la victoria a los suyos. Y es que ayer todos eran queridos para el de Fuentes. Ese gol que nos mataba fue suficiente para abrir las vías de agua que acabarían por hundir la frágil chalupa zaragocista, tan débil que incluso en el Canal, a su paso por Torrero, habría naufragado, nos pongamos como nos pongamos. Era pronto (minuto 56) pero era demasiado tarde para casi todo.

 El equipo se derrumbó, no encontró ni un solo argumento que permitiera a la mortecina parroquia zaragocista medio sonreir pensando en que aquello se podía levantar y el partido entró en una fase de agonía que nos devolvía a la realidad, si es que en algún momento alguien pensó que aquello tenía alguna posibilidad de poderse resolver a nuestro favor. Herrera echó mano de Roger y Porcar, poniendo toda la madera en el fuego al grito marxiano de “¡Esto es la guerra!”, pero era evidente que eran dos piezas paupérrimas para semejante empresa. Tan solo Montañés en una jugada individual y Henríquez en un remate fallido pusieron algo de pimienta en un guiso extraordinariamente soso, pero eso fue muy poco para tanta necesidad. Al contrario, el Recre seguía jugando al fútbol, algo que para nosotros es tremendamente difícil pero que ellos hacen con suma facilidad, y no les importó seguir afilando su colmillo con jugadas inteligentes y controles idóneos. El abecé de esto del pelotón.

El último tramo del match se lo regalo, amable lector. Como en aquellas películas de Tarzán, nuestros jugadores acabaron engullidos por la arenas movedizas de su incompetencia y quienes se salvaron de las peligrosas ciénagas murieron por inanición o acabaron descuartizados por los indígenas que en esta ocasión llevaban máscara de futbolistas, da igual que su camiseta fuese la del Lugo, la del Barcelona B o la del Recre. Esta película la hemos visto ya demasiadas veces y eso de sabernos el final añade aún más dolor a esta esperpéntica tragedia.

 CALIFICACIONES

 Leo Franco: 1. Su fallo en el primer gol es muy grave y abrió la puerta de la derrota. El resto del partido lo firmó con oficio.

 Cortés: 2. Se hartó de subir por la banda, aunque sus centros no llegaron nunca a su destinatario. En defensa sufrió y no estuvo atento a su espalda.

 Álvaro: 1. De nuevo indolente y ausente. Su presencia no es la que se espera de un central de jerarquía.

 Laguardia: 1. Fallón e inexacto en el pase y en el control. Su espalda fue un reclamo para el contrario.

 Abraham: 1. Débil en defensa y muy tímido en ataque. El segundo gol lleva su nombre.

 Paglialunga: 0. Lento, torpe y débil.

 Acevedo: 1. Le duró su intensidad treinta minutos. Mientras agunató, su juego sirvió. Después se borró.

 Barkero: 0. Nada de ti, nada de mi, una brisa sin aire soy yo, nada de nadie.

 Montañés: 2. Su segunda parte fue meritoria. Intentó romper la tupida defensa con velocidad y requiebros. Tuvo una buena ocasión.

 Víctor: 2. Su electricidad le convierte en un agente peligroso, pero su intermitencia lo desactiva como delantero fiable.

 Henríquez: 2. Es un delantero que huele el gol y husmea el territorio enemigo con la avidez del depredador. Hace su trabajo.

 Roger: 0. No aportó nada.

 Porcar: 0. Tampoco.

 Movilla: S.C.

Vídeo: Real Zaragoza, 3 – Recreativo, 0 (2007-2008).


Los amigos de aupazaragoza.com nos invitan a disfrutar con los goles del Real Zaragoza – Recreativo.

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Con los puños de la razón (Real Zaragoza, 3 – Recreativo de Huelva , 0)


El Real Zaragoza venció por 3 goles a 0 al Recreativo de Huelva en partido correspondiente a la 33ª jornada del Campeonato Nacional de Liga. Gran victoria, merecida, esforzada y hermosa. Uno no podía creer que este Real Zaragoza, el que se mostraba capaz de dibujar caminos de poesía, el que proponía un fútbol digno de paladares rococós, el que apostaba por la entrega y el arte, el que de nuevo difundía a los vientos del Norte y del Sur canciones casi olvidadas, era el mismo que, números en la mano, braceaba desesperado a pocos centímetros de la Parca, esa muerte con la cara borrada por la miseria que se llama Descenso a Segunda División.

Si el fútbol es un estado de ánimo, nuestro Real Zaragoza ha decidido, por unas horas, acogerse al sonido de las trompetas de Jericó y aceptar de una vez por todas que tiene cuerpo y alma para galopar por llanuras bendecidas por los dioses de todas las religiones. Y así fue desde el primer minuto. Nuestros jugadores mostraron su espíritu, bronceado por el talento divino, y encogieron el ánimo del adversario con la fuerza propia de los guerreros que ven sus murallas en peligro.

Pablo Aimar, el Cai, el Payaso, el ángel devenido en gesto celestial, trazó varias diagonales sobre la sorprendida hierba de La Romareda y enseñó las líneas que conforman los Evangelios de eso que se ha dado en llamar fútbol. Oliveira galopaba enfurecido en busca de la gloria, que alcanzaría en dos ocasiones, al que acompañaba un distinguido Sergio García, que levantaba briznas de asombro por los senderos que se dignaba ocupar. Pero los demás cumplían los designios del gran comandante, Manolo Villanova, que no se ha cansado de repetir que si el equiopo es solidario, se entrega y presiona, podemos ganar los partidos que nos quedan. Y es necesario resaltar el gran trabajo que llevó a cabo la defensa, con un Zapater entregado y certero, un Ayala grandioso e imperial, un Sergio Fernández firme y eficaz y un Paredes fornido y ensanchado. Si además completamos el trabajo de Celades, que le dio ritmo y gesto al juego zaragocista y hasta Óscar supo cumplir con lo que se le pidió, tendremos un equipo que jugó como un equipo, unos futbolistas que fueron futbolistas y un entrenador que fue el mejor director posible en el momento más difícil de la temporada.

El partido del sábado fue lo que tenía que ser. Otra cosa habría sido la puerta abierta al averno, el sendero deslizado hasta el Hades, con una mínima expresión de esperanza en nuestras caras cubiertas por el horror del fracaso. Sin embargo, las luces que la afición fue capaz de trasladar (o trasvasar, je, que ahora ya no sabe uno qué escribir) fueron los mejores argumentos para abrir caminos de futuro. El Real Zaragoza ganó el partido, pero fue mucho más que un partido. Fue la expresión recia de una intención hecha fruto y ahora empieza la batalla incabable. La semana va a ser blanca y henchida de ilusión. que no se rompa la jarra del esfuerzo compartido en Montjuic. Un escenario, por cierto, siempre benévolo y mágico con el zaragocismo.

Parezca nuestra esperanza (Recreativo, 2 – Real Zaragoza, 1)


   por Juan Antonio Pérez Bello

   El Real Zaragoza ha caído derrotado en su partido ante el Recreativo de Huelva por 2 goles a 1. La imagen del equipo ha sido de un grupo lento, abúlico, desinteresado. Un grupo desasistido, huérfano ante su destino fatal, inquieto por las deudas que se acumulan. No hay alegría y eso sí es preocupante. No son felices quienes portan el escudo del león, no soportan la visita de la esperanza a la que rechazan nada más que asoma su cara por la esquina.

    Ha comenzado el partido con un color gris en la pantalla del televisor. Anodinos movimientos, escasa fuerza, poca pasión en cada jugada, ningún interés en cada toque. Las caras de los jugadores mostraban hastío, aburrimiento, anodinas miradas. Preocupante. Estos jugadores estaban pidiendo a gritos calor, mano firme, magisterio de sus mayores. Se han mostrado como un grupo de escolares que reciben la visita del profesor sustituto y no saben si obedecerle o tomarle el pulso. Se ha detectado la abulía propia de quien no sabe lo que se quiere de ellos y a ese estado de ánimo se ha llegado después de un atormentado camino recorrido en medio de un fuego cruzado que algunos medios de comunicación han atizado desde hace varios meses. Si uno tiene que leer algunos textos que avergüenzan al lector con un mínimo criterio, también se encuentra con el derecho de protestar ante esa oleada de catastrofismo que nos acompaña desde hace un tiempo.

    Milito ha metido el 1-0 y poca alegría se ha vivido. No se ha celebrado de manera especial en el campo ni tampoco en la peña. Y por si fuera poco, uno tiene que escuchar que el pase de Aimar no es un pase de gol sino que, poco menos, ha sido un balonazo “al tuntún” del que se ha aprovechado Milito porque “¡hombre, es que si falla eso, ya…!”. Esa es la atmósfera de mi Real Zaragoza; el universo en el que nacemos, crecemos y morimos en Aragón. A los pocos minutos un redivivo Martins ha empatado. (Martins, al igual que antes fueron Javito, Víctor, Pavone, Granero). Y es que el Real Zaragoza se ha convertido en un gran descubridor de talentos en los equipos contrarios. El chut ha sido blandito y fácil, favorecido por la ausencia de pundonor en nuestros jugadores y César (¡ay, César, qué lástima!) no haestado muy afortunado. Poco después, penalty blandito y fácil de Juanfran (jugador especialmente proclive a provocar faltas máximas en contra de manera absurda). El penalty es detenido por César (¡bien, César, qué parada!) pero sus compañeros deciden que no les toca defender el balón, que aquel esfuerzo no se les requiere y el Recreativo aprovecha el rechace para meter el segundo gol. 

   En la segunda parte el protagonista ha sido el Real Zaragoza, pero su ineficacia ha sido tal que sólo hemos disfrutado de una vaselina de Aimar que casi es gol. Así y todo, la temperatura del equipo ha ido enfriándose de forma vertiginosa hasta llegar a un estado de indiferencia que es lo peor que nos puede pasar. Fin del partido. ¿Fin de una era?

   En otros momentos he hablado acerca de las causas de la situación que vivimos y he propuesto algunas decisiones que ayudarían a mejorar. Sigo pensando que no es momento de destituir a Victor Fernández, por lo que prefiero retomar las ideas que ya hemos considerado en otras páginas. Veamos. 

   La plantilla del Real Zaragoza y su entrenador, así como su Presidente e incluso su Secretaría deportiva, han estado bajo sospecha desde hace varios meses. Se ha pedido la Luna a quien no la puede conseguir y desde un primer momento se ha trabajado, y muy bien por cierto, por crear una atmósfera irrespirable en el entorno del equipo. Se ha conseguido y lo que en otro ámbitos, en otros clubs, habrían sido razones más que aceptadas para explicar lo que sucede, aquí se elevó a la categoría de excusas fútiles, fariseas e insostenibles. Repasemos. 

   Los jugadores que se incorporan tarde, la profunda renovación que vive el vestuario, el trabajo en torno a un sistema de juego que no acaba de funcionar y que provca feroces críticas, la eliminación de la UEFA (dramático suceso que provoca un dolor insufrible en la familia zaragocista), las díscolas intervenciones ante los medios de comunicación por parte de algunos jugadores, el enfrentamiento entre algunos futbolistas y entre estos y el entrenador y las lesiones, graves en algunos casos, de n número muy importante de miembros de la plantilla son factores que forman parte del problema. Todos ellos tienen su importancia, suman razones para explicarse qué está ocurriendo y aportan datos para entender la situacion. Pero todos, no solamente los que nos interesa. 

   Cada zaragocista pondrá el acento en uno o en otro, pero estoy firmemente convencido que todos tiene su relevancia y que no se puede obviar ninguno. Otra cosa es qué decisiones se han adoptado para gestionar todas y cada una de ellas. Estoy seguro que habrá muchos aficionados que pensarán que eso se soluciona con un cambio de entrenador, mientras que otros pensarán que ya es hora de que Agapito pegue un puñetazo en la mesa y tal. Sin embargo, yo creo que el proceso es mucho más largo y complejo y, desde luego, pasa por que todos y cada uno de los actores (me refiero a jugadores, entrenador y Directiva) asuman su responsabilidad y aporten su trabajo día a día. Si cada uno hace el suyo, sin pensar en “yo salvo mi culo y a los demás que les den”, lograremos superarla crisis. Y son muchas pequeñas decisiones las que hay que tomar, no una gran decisión. No está de más recurrir a quien aporte soluciones en el manejo de grupos. Es un idea. Pero, si les parece, de eso hablaremos mañana. Hoy estoy un poco cansado.