Crónica: Real Sociedad, 2 Real Zaragoza, 0 (Negra crece la hierba)


   Jugar al fútbol es una actividad humana que requiere de talento, esfuerzo, solidaridad y generosidad, cualidades que ayer se fueron de vacaciones para dejar abandonados y huérfanos a los jugadores del Real Zaragoza en su enfrentamiento de Anoeta ante la Real Sociedad.

   El partido que ayer disputaron vascos y aragoneses fue un poema sin ritmo, una melodía asimétrica que muy pocos aficionados al fútbol soportarían de no ser porque en sus corazones duermen ambos escudos y la pasión no entiende de arte. Destinados a pasar más hambre que hartazgo en esta Liga, ambos equipos plantearon un choque paupérrimo, de nula propuesta futbolística, con el único objetivo de no perder y, a ser posible, encontrar la huella del gol en un error del contrario, que seguro se debía producir pues ambas escuadras ofrecían de salida argumentos muertos. El Real Zaragoza, además, contaba con varios problemas añadidos que nos invitaban a creer más bien poco en sus posibilidades. 

   Para empezar, una alineación inédita con demasiadas novedades, lo que ya nos llevaba al terreno de la incertidumbre. ¿Babovic y Sapunaru encajarían en el grupo a la primera? En segundo lugar, dos ausencias de notable calado en este equipo: la de Apoño y la de Romaric, los dos jugadores emblema del centro del campo, de la línea donde todo nace y muere, según sean las prestaciones de sus habitantes. Y por último las dudas que aporta la capacidad goleadora de un equipo que sólo ha conseguido dos goles en cuatro partidos, de ellos uno de penalty.

   El comienzo fue correcto. La primera media hora sirvió para que el equipo de Jiménez cumpliese con su tarea de contención conforme a las instrucciones del mister. José Mari y Zuccu barrían bien la medular y se esperaba de Babovic ese recorte eléctrico y ese pase diagnal que le hemos visto en algún vídeo que propiciase la galopada de Postiga y le abriese alguna vía de agua a la defensa txuri urdin. Mientras, la Real procuraba fragmentar la línea defensiva visitante, en la que hoy se estrenaba el rumano Sapunaru, mediante balones largos que, en más de una ocasión, crearon una atmósfera de peligro que desactivó afortunadamente Roberto con dos paradas de calidad, sobre todo la segunda a chut de Griezmann después de una eléctrica combinación local.

   El final de la primera parte ha sido testigo de un marcado descenso en las prestaciones del Real Zaragoza y no ha sido mala cosa que llegase el descanso, pues la historia reciente nos dice que entre el minuto 40 y 45 pasan muchas cosas. Y casi todas malas.

   La reanudación ha marcado unos minutos de cierto despertar aragonés, pero a los 10 minutos hemos concedido un corner. Estoy seguro que en ese momento decenas de miles de zaragocistas hemos pensado lo mismo al unísono: “¡Qué miedo me da este corner!”. Estoy completamente seguro. Y sólo unos segundos después ha sucedido. llarra, un jugador de mediana estatura, ha cabeceado un centro blandito en medio de varios defensores zaragocistas y ha fusilado a un estático Roberto que aún debe estar preguntándose por qué no ha ido a por ese balón volador en el borde del área pequeña. Gol y derrumbe moral.

   Y cuando aún estaban diciéndose unos a otros que hay que estar más atentos y que “vamosvamosvamos”, Paredes ha metido el pie por detrás y ha provocado un penalty que no ha sido otra cosa que la puntilla. Llevar un 2-0 en contra en el minuto 60 cuando el equipo contrario no había hecho nada especial duele mucho, y si además los nuestros no tienen ningún argumento para contrarrestar semejante dislate no temo equivocarme si digo que el zaragocismo plegó sus banderas cuando aún faltaban 30 minutos seguros de otar desdichada derrota.

   Porque ni la salida de Apoño, convaleciente de su lesión, por Zuccu ni la aportación de Aranda en lugar de un inicialmente voluntarioso pero más tarde inoperante Babovic lograron cambiar el signo de los tiempos. El partido agonizaba, la Real supo marcar muy bien los tiempos y los minutos, muy bien gestionados por los locales, se comieron a un león ayer adormecido, con las uñas de las garras rotas y con un comandante lánguido y sin respuestas a las muchas preguntas que el aficionado tiene. 

   La idea de Jiménez es sujetar lo partidos atrás y golpear al contrario en la última media hora si el físico lo permite. El problema es que para llevar a cabo esta idea hace falta estar muy fino en el pulmón y el músculo y ser capaces de desarrollar una labor solidaria de alto voltaje, en la que la generosidad y el esfuerzo común sena la bandera, y donde el talento de los buenos jugadores alumbre la oscura noche en la que vive el equipo. Lamentablemente, ni el pulmón esponde, ni el músculo está acerado ni, por supuesto, los jugadores pueden asociarse, pues para ello es necesario conocerse y a esto chicos les hacen falta varias semanas de ejercicios espirituales para aprenderse los nombres de unos y otros. 

CALIFICACIONES

Roberto: 2. Bien en la primera parte, con una parada de mérito y otra arriesgada pero eficaz. Mal en la segunda parte, con ese gol de corner en el que él siempre tiene algo que decir.

Sapunaru: 2. Mejor en la primera parte, donde trabajó como un lateral al uso. En la segundo se fundió.

Álvaro: 2 En su línea de trabajo: regular, sobrio y práctico. 

Paredes: 1. Nervioso y fallón. El penalty fue un ejemplo de cómo un defensa actúa cuando le desborda el talento contrario.

Abraham: 1. empeó muy centrado, pero la segunda parte fue un cúmulo de despropósitos. Su enganchada con Vela le desorientó.

Zucculini: 1. Corretón y vivaracho, pero muy poco acertado en el pase.

José Mari: 2. Trabajó bien en el corte y la ubicación defensiva, pero le pudo el partido y no acertó en el primer pase.

Babovic: 2. Empezó activo y protagonista. Se lució en algunos desbordes y en algunos pases elegantes, pero el partido se le apoderó. Desapareció en la segunda parte.

Edu Oriol: 1. Inexistente. No colaboró en el aspecto ofensivo y no se entendió con Sapunaru en las coberturas, en las que no ayudó.

Montañés: 2. En la primera parte estuvo dinámico y desvergonzado. Le sobró el último regate en varias jugadas y se le nota ansioso. Debe gestionar mejor su ímpetu.

Postiga: 1. Nuestro Robinson Crusoe particular No le salen las cosas jugando de ese modo. Seguimos reclamando un compañero de baile, a costa de perder “fortaleza” defensiva.

Apoño: 1. Muy justo de fuerzas, se perdió en la mediocridad reinante.

Aranda: 1. Apenas pudo controlar un par de balones de espaldas a la portería. Irrelevante.

Javi Álamo: 1. Poco pudo hacer en los pocos minutos de su debut. Tiene recorrido y juego en largo, pero no lo pudo demostrar ayer.

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Mi crónica del partido: Real Sociedad, 3 – Real Zaragoza, 0 (La tarde de la cebada)


Los chicos del zaragocismo, los niños que aún encuentran agua en sus ojos con la que regar la ignominia a la que nos somete semana tras semana el presidente, el director deportivo, el entrenador y los jugadores del Real Zaragoza, dormirán esta noche varios kilómetros más cerca de Segunda División. Y la afición en su conjunto acogerá las sombras del acantilado con el gesto de la derrota marcado a fuego en nuestro pecho.

   El partido ha sido horrible. Muy mal jugado por nuestros jugadores y resuelto con la fortuna de cara por los donostiarras, que, sin hacer nada, pero nada, se han encontrado con tres goles que los muchachos de Jiménez les han regalado, fruto de su impericia y su ineptitud. Cuando ha comenzado el choque los dos equipos han intercambiado una limitada serie de tímidos golpes que a nada han conducido, salvo al bostezo y el suspiro gris, pero apenas habían transcurrido quince minutos cuando Xabi Prieto le ha hecho un roto a la cadera de Da Silva para armar un centro cuyo despeje, a manos de Roberto, ha propiciado el remate de Agirretxe para lograr el 1 – 0. No era el primer intento local, pero nuestro guardameta, afortunadamente, ya había hecho muy bien su trabajo en una ocasión.

    Pero el desastre no había hecho más que anunciarse. A los pocos minutos el error lo ha cometido Lanzaro, que ha despejado muy mal un balón suelto que le ha permitido a Carlos Vela rematar y conseguir el segundo gol. Mazazo, golpe en el corazón a un equipo deshilachado que ya no ha sabido encontrar el sendero por el que retomar el camino hacia la recuperación. Un chut de Luis García en una falta a pocos metros del área ha sido la única y tímida aproximación a los dominios de Bravo. Vacua realidad, pues la Real, que tiene un equipo justito aunque con varias individualidades interesantes y, sobre todo, fe en sus posibilidades, ha aprovechado otro error, ahora del voluntarioso Edu Oriol, para dibujar un milimétrico centro al pie de Agirretxe que, inmisericorde, ha rematado al fondo de la valla de Roberto, sin duda el jugador más injustamente tratado por la vida de toda la Primera División.

   El partido perfectamente podría haber acabado con el pitido de Verdasco ordenando el camino a la ducha para descansar quince minutos, pues la segunda parte ha sido una horripilante continuación de una agonía inmerecida, un castigo impío que, una vez más, ha caído sobre las doloridas y masacradas espaldas de la afición blanquilla. Busco desesperadamente entre mis notas argumentos para defender el trabajo de nuestros chicos, pero juro que no encuentro ni una sola idea que pueda servir para salvaguardar su esfuerzo. Ni un chut entre los tres palos, ni una jugada de mérito, ni un episodio de tesón continuado, ni un solo párrafo digno de ser recordado. Tan solo vergüenza, oprobio, indignidad. Jiménez ha hecho los tres cambios (Lafita por Abraham, Juan Carlos por Luis García y Ortí por Oriol), pero no han servido. Nada ha sido útil, nada ha cumplido el papel que se le había asignado. Al contrario: Roberto ha tenido que enseñarle al mundo, una jornada más, que es uno de los tres mejores porteros de la Liga cuando ha protagonizado sendas intervenciones que han impedido una afrenta mayor. Sus compañeros, por el contrario, han firmado un partido infame, negro como la derrota con que nos hemos quedado.

   Y es ahora el momento en que este humilde escriba apuesta por negarle al presente más esfuerzo para completar una crónica, otra más, que relate una derrota, otra más, de nuestro Real Zaragoza. Y es que es tanta la fatiga que nos acompaña que ya no sé si podré volver a escribir eso de “se puede perder, pero no así”. O sí, porque lo he vuelto a hacer, lo he vuelto a escribir: “No así, amigos; no así”.

CALIFICACIONES:

Roberto: 5. Una vez más, con sus paradas ha salvado al Real Zaragoza de una derrota vergonzosa.

Álvarez: 0. Claramente superado por Carlos Vela.

Da Silva: 0. Su error en el primer gol, insultante.

Lanzaro: 0. Su error en el segundo gol, insultante.

Obradovic: 0. Claramente superado por Xabi Prieto.

Micael: 0. Invisible.

Apoño: 0. Inexistente.

Edu Oriol: 0. Su error en el tercer gol, insultante.

Abraham: 1. Muy por debajo de las prestaciones de anteriores partidos.

Luis García: 0. No ha aportado nada.

Aranda: 1. Luchador, pero ineficaz.

Lafita: 0. Inoperante.

Juan Carlos: 0. Intangible.

Ortí: 0. Imperceptible.

 

Territorio disparate (Real Sociedad, 2 – Real Zaragoza, 1)


(por Juan Antonio Pérez-Bello)

   Llevo muchas semanas escuchando a ese buen zaragocista y mejor profesional de la información que es Paco Ortiz Remacha decir que no hay nada peor que dejarte el alma nadando para morir poco antes de llegar a la orilla. Confieso que es un dicho que me crea cierto desasosiego pero hoy he podido comprobar en mi propia alma lo que eso significa. La crueldad con que el destino ha castigado al zaragocismo tiene pocos antecedentes en la historia del Real Zaragoza y nunca, y digo bien, nunca, había sentido tanto dolor en una derrota como hoy cuando el famélico despeje de Paredes ha sido recogido por el veterano Aranburu y ha rasgado nuestra esperanza. Muerte en las flores. Mezquina Parca.

Si hacemos caso al mapa de nuestro amor por unos colores, reconoceremos que el partido de hoy ha sido un poema muy mal escrito por parte de los dos equipos. Tanto miedo al horror ha paralizado a los veintidós jugadores en una primera parte que ha servido para que Tonidoblas certificara un inexplicable declive en tan sólo dos partidos. El portero andaluz ha cometido un error imperdonable justamente hoy, cuando no podíamos permitirnos resbalar pues nos encontrábamos demasiado cerca del precipicio, y semejante circunstancia ha sido aprovechada por Tamudo para lograr un gol. Tamudo, siempre él.

Pero daba igual. Podría haber sido cualquier otro. El partido venía envuelto en una mortaja azul y amarilla, blanca y negra, porque ninguno de los dos equipos era capaz de dar dos pases seguidos ni de ofrecer una frase con sentido. O peor, porque si había un equipo que no merecía nada de nada ese era el Real Zaragoza. Su propuesta era tan pobre, tan vacía que daba vergüenza ver cómo nuestros jugadores arrastraban el escudo por el césped del campo donostiarra. Por eso hemos deseado con ansiedad que llegase el descanso para ver de recomponer un poco la triste figura.

Y se ha conseguido. La segunda parte ha comenzado con otro perfume en nuestras filas. Tan es así que a los cinco minutos hemos dispuesto de una magnífica ocasión que Uche, a quien se le había impedido convertir un gol en la primera parte por un inexistente fuera de juego pitado a Ander, marraba para desesperación de toda la parroquia aragonesa. Sin embargo, el aspecto del equipo era muy otro y esa intención se ha visto refrendada con una extraordinario gol logrado por Gabi de falta directa. Las gargantas se han roto en todo Aragón y los cielos se han abierto para recibir ese abrazo del destino. Y no sólo eso, sino que a diferencia de otras ocasiones en que el equipo se echaba atrás después de una buena noticia, ha seguido porfiando en busca del segundo.

Y casi lo logra Ander minutos después, pero ha fallado lo impensable. Con la portería vacía después de una trompicada pero ingeniosa combinación con Uche no ha acertado a rematar en una inverosímil postura. ¡Dios santo! ¡Estábamos perdonando una vez más! El partido lo teníamos de cara, ala Realle temblaban las piernas pero algo no funcionaba en nuestros pulmones a pesar de que en esos momentos había más posibilidades de lograr el gol que de encajarlo. La salida de Boutahar por un estéril Bertolo le había dado más control al Real Zaragoza y había liberado a Lafita, que en estos instantes se movía con desparpajo por todo el frente de ataque, proporcionándonos alternativas ofensivas que anunciaban una posible victoria. ¿Qué ha ocurrido, pues, para que todo se viniera abajo?

Ha sucedido que poquito a poco el Real Zaragoza ha ido perdiendo el alma. En cada balón dividido, en cada ocasión desperdiciada, en cada contraataque no culminado se ha ido dibujando la negrura de un futuro que no hemos sabido firmar. Y en esas estábamos cuando Tonidoblas no ha podido más y su rodilla ha dicho “hasta aquí”. Ha salido Leo Franco y aún ha tenido ocasión de lucirse ante los delanteros txuri urdin con una magnífica parada. Pero  ha sido una vana ilusión. Siempre que hemos confiado el resultado a una defensa temblorosa hemos fracasado, y hoy no ha sido una excepción. Ha bastado un corner muy mal defendido para que en el minuto 88 Aranburu recogiese un rechace y acabase matando al león aragonés. Y fin.

P.S.: Nos hemos agarrado a un horizonte plano. Hemos creído que en el pecho de nuestros muchachos  había un corazón al rojo vivo, hemos confiado en que no nos merecíamos tanto dolor y que por eso era imposible caer otra vez en el llanto ácido, pero algo me dice que no queda sangre que derramar. Hay síntomas que anuncian debilidad, fragilidad en la voluntad y falta de fe en uno mismo. Son muy amargas estas horas, pero mucho me temo que lo peor aún está por llegar. Ahora bien, también cabe la batalla, la última dentellada a la fortuna. Esto, bien mirado, también puede haber no hecho más que empezar. ¡Alistémonos contra el invasor, ese que tiene cara de fracaso! Es el último aliento.

Calificaciones:

Tonidoblas: 1. Se ha caído. Ha roto el trabajo de toda una temporada con dos actuaciones frágiles y lastimeras. No es este portero el que necesitábamos hoy.

Lanzaro: 1. Muy justo. Apenas ha llegado con solvencia a los balones y su aportación ha sido un punto menos que correcta.

Jarosik: 1. Luchar contra Tamudo tiene un peaje que pagar. En el gol se le ha escapado y aunque por arriba ha estado correcto no tiene la frescura que ha mostrado en algunos partidos y en ataque no ha podido aportar lo que en otros partido.

Da Silva: 1. El más entonado de la defensa, pero no es el central sólido y consistente que se le supone. Como él hay muchos.

Paredes: 0. No, no y no. Javi Paredes es un defensa que nos ha hecho mucho daño. Y hoy ha despejado un balón que…en fin…

Gabi: 4. El mejor. Aguerrido, presente, esforzado. Y goleador. Ha marcado un gol de gran clase y sólo ver cómo lo ha celebrado ya lo explica todo.

Ponzio: 2. En su línea de aportar trabajo y sudor. Sin embargo, no ha mezclado bien con Jarosik y Da Silva en la última línea de la cobertura y eso le resta eficacia.

Ander: 1. Lo encuentro difuminado. No ha estado a la altura de la exigencia del partido. En su haber, el gol que nos han anulado en el que ha hecho un movimiento de gran calidad injustamente juzgado.

Bertolo. 0. Es un jugador que se ha borrado del mundo. Nervioso, inexacto e insignificante. No aporta nada y ha sido justamente sustituido.

Lafita: 2. Muy trabajador e implicado. La primera parte ha pasado desapercibido pero en la segunda, con l inclusión de Boutahar, ha ganado en libertad y soltura y ha creado mucho peligro.

Uche: 1. Definitivamente su indolencia es indignante. Si es un buen jugador no lo demuestr, porque ya he perdido la cuenta de los  “mano a mano” que ha dilapidado.

Boutahar: 2. Su aportación ha sido decisiva para el resurgir del equipo tras el descanso. Ha manejado bien la pelota, ha creado ocasiones y ha sabido aclarar el ataque blanquillo.

Leo Franco: 2. Apenas ha tenido ocasión de actuar, pero ha solucionado una juagada muy clara de gol con una arriesgada intervención.

Sinama: S.C.

Hay un lugar entre mis sueños (Real Zaragoza, 2 – Real Sociedad, 1)


Sé que no faltarán voces negras que traten de apagar la alegría que ayer encendió tantos corazones a la vez, pero como mi palabra también vale, y mucho, la utilizaré para glosar  el partido de anoche, que guardaré en mi videoteca por lo que de épico tuvo y porque me proporcionó una alegría que creía oculta en los pliegues de mi memoria.

Comenzó el choque con expectación y ciertos temores muy fundados entre la afición. No había argumentos convincentes que auguraran una victoria, ni siquiera un mejora en el juego. Pero en seguida pudimos comprobar que aquello era otra cosa. O, por lo menos, una cosa diferente. Había circulación, presióon y llegada, tres conceptos muy alejados de la realidad del equipo desde hace muchos meses y algo nos dijo que los mensajes de Aguirre habían empezado a hacerse carne en las mentes de nuestros chicos. Y lo mejor es que a los pocos minutos un excepcional pase de Ponzio fue magistralemente interpretado por Sinama, que realizó un movimiento magnífico que le permitió encarar a Bravo y batirle por bajo. Un gol excepcional, un gol “youtube”.

El equipo no se arrugó, presa del miedo a ganar como le había ocurrido otras veces, sino que continuó con su juego combinativo, con su amor al balón, con su aprecio por el toque. El Real Zaragoza gobernaba el partido y sujetaba a una Real Sociedad que había venido con un perfume caro sobre su piel pero que no le sirvió de mucho para oponerse a nuestros chicos. Pero ahí apareció Teixeira, un nefasto árbitro que dio un lamentable espectáculo con sus decisiones y que, no contento con ello, también participó involuntariamente en el juego interceptando un pase de Ander y propiciando un  contraataque demoledor que cogió a contrapié al equipo y permitió que Xabi Prieto batiese a un frío Leo Franco, que nada pudo hacer por evitar el empate.

En otras circunstancias el equipo habría dudado, pero ayer no era noche para viejos. Ni para pusilánimes. Siguieron trabajando, combinando, presionando, encarando y llegando al área donostiarra, protagonizando varias coasiones que no fueron convertidas pero que alentaron una esperanza que en ningún momento se apagó.

Finalizó la primera parte y en el descanso Aguirre, sin duda, actuó. Arengó a los muchachos y estos salieron tras la pausa dispuestos a seguir luchando. Y lo hicieron. El partido se abrió un poco más y pudimos contenplar a dos equipos dispuestos para la victoria. Ocho ocasiones disfrutó el Real Zaragoza y siete la Real Sociedad y cualquiera de ellas pudo haber sido gol. El equipo aragonés ofreció su perfil más ofensivo, con todos sus delanteros (Sinama, Marco Pérez, Braulio y Lafita) sobre el campo en una clara apuesta del entrenador mejicano por ir a por el triunfo, aun a costa de ofrecer lagunas defensivas o desorden táctico. Pero salió bien. A pesar de que Teixeira siguió haciendo de las suyas, y cuando  el partido escribía con letras de césped el uno a uno en el cielo de la noche invernal, surgió Lafita, quien disparó de lejos. El balón salió rebotado y lo recogió Marco Pérez. Remató magníficamente de forma acrobática y su chut lo rechazó Bravo. El balón, muerto en el área, lo recogió Braulio, quien con el alma encendida y la furia abrazada, logró un gol que vale tres puntos, dos gotas de emoción y una nube de autoestima.

La Romareda se volvió loca, la afición rugió con la voz expandida por tanto dolor inmerecido y el zaragocismo encontró, en medio de tanta oscurida, una sonrisa con la que vestirse el rostro, al menos durante unos días.

Fue un triunfo ganado a golpe de rasmia, con la empuñadura de la muerte oculta bajo el fragor de la vida, esa a la que nos agarramos desde hoy. Esa que que nos da cobijo mientras esperamos noticias en forma de incorporaciones. Este equipo necesita sangre nueva y talento conocido.