Porque eres muerte (Real Zaragoza, 0 – Real Madrid Castilla, 2)


    433822_gLlego tarde. Como Paglialunga a cada cruce. Como Luis García a cada balón disputado. Como Álvaro a cada carrera. Como Herrera a cada cambio. Como el Real Zaragoza a cada partido. Llego tarde. Porque la rabia y la indignación me impide levantarme. Porque la impotencia ante tanta ignominia me rompe el deseo de contar lo que ayer ví. Llego tarde. Como este invierno demasiado largo que nos rompe las ganas de seguir a este equipo que mancha cada domingo la historia de nuestras vidas.

   El partido de ayer fue un monumento a la tristeza. Desde el minuto uno el equipo visitante (a partir de ahora EV) se quedó el balón y se dedicó a jugar a fútbol. Se dedicó a cumplir con su trabajo. Movía el balón, luchaba cada posesión. Encaraba al contrario, le discutía la posesión y ganaba en cada debate. Los nuestros corrían con desgana tras el perfume de los jovenzuelos de naranja sin lograr arrebatarles el objeto de deseo. De vez en cuando un balón caía en nuestros pies y entonces era peor, porque los chicos de Herrera se miraban a la cara como preguntándose qué hacer, pero nadie tenía respuesta. Ni el mister, que ayer decidió quedarse sentado en el banquillo “para no presionar más a los chicos, que bastante les he metido durante la semana” (Herrera dixit). El balón vivía cosido a las botas del EV y en una de esas aproximaciones, aprovechando la amable invitación de los locales para que corretearan por los aledaños del área, llegó el gol. ¡Bang! Otra bala que se alojaba en el putrefacto cuerpo del moribundo Real Zaragoza.

   Ya ni sangre salía. La grada, dispuesta a otro terrorífico parte del equipo médico habitual, preparaba sus labios para la agapitada. Y nada más. En todo caso indignación cada vez que Luis García perdía un balón o Paglialunga devolvía el cuero al compañero más retrasado. Nadie gobernaba aquella almadia deshilachada. El Real Zaragoza es como un donut con un enorme agujero en el centro del campo y unos bordes famélicos donde solo brilla Leo Franco, quien una vez más nos salvó de la goleada. 

    Nada funcionó. Un chut lejano de Diego Rico, que ayer jugó un poco mejor, un buen pase de Tarsi a Ángelo y algunas aproximaciones inconclusas de Víctor y Montañés que no encontraron nunca la portería ajena fueron los únicos argumentos para igualar el partido. Nada, osea. El equipo era un trapo manoseado por un grupo de juveniles que han vivido toda la temporada en descenso. Hasta ayer.

   La segunda parte nos presentó el típico arreón descerebrado del Real Zaragoza cuando va perdiendo. Es decir, el apretón de todas las jornadas. Pero un acelerón sin cabeza, sin corazón, sin talento, sin físico. El equipo no tiene nada y por ese vacío se le va la vida. Con un jugador que tratase un poco bien el balón el EV, en fin, el Real Madrid Castilla, habría recibido ayer varios goles, pero no existe ese jugador capaz de marcar los tiempos, de dar dos pases seguidos, de organizar el caos futbolístico en que se ha convertido el Real Zaragoza. Y así no se puede.

   Es tal la tiritona anímica que sufre el equipo que solo a base de balones largos y carrerones por la banda se logró llevar algún balón a la portería de Yáñez. Eso sí, si llegan dos balones francos y no se meten, ya se sabe lo que pasa. Sobre todo uno de ellos que erró Roger con toda la portería para él. Habría sido el empate, pero este grupo no merece ni siquiera puntuar injustamente. Los jugadores están aterrorizados, perdidos en un mar de sargazos del que no saben salir. Del que su comandante no sabe sacarlos. Porque se lleva la bronca de la grada por quitar a Tarsi por Cidoncha y tardar en sacar a Suarez por Paglialunga, horrible toda la tarde. Horrible toda la temporada. Y sobrado de soberbia, añado.

   No hubo manera. Y sí hubo ocasión de que el Real Madrid Castilla (ya saben, el EV) rematara la faena en uno de los mil contraataques con un gol sucio con rebote en Rico incluido. Fue el final. La vacía Romareda se vació. Solo las dos agapitadas lograron despertar a una afición desarbolada, destrozada, vilipendiada, derrotada. Muerta. No nos queda nada. Solo la memoria de una historia gloriosa. Y las ofensivas palabras de entrenador, jugadores y directivos, que no están a la altura de nada. Ni lo estarán. Ya lo han demostrado mil veces. Que no me lo demuestren mil una. 

CALIFICACIONES

Leo Franco: 4. De nuevo muy bien. Paró varios balones difíciles.

Fernández: 2. Justo en defensa, ineficaz en ataque.

Arzo: 1. Lento y apático.

Álvaro: 1. Perdió varios balones y no cortó el ataque rival.

Rico: 2. Más participativo. Cerró bien y se atrevió más en ataque.

Paglialunga: 0. No demuestra saber jugar al fútbol.

Tarsi: 2. Se atrevió algo más y dio un pase grandioso.

Luis García: 0. No está bien físicamente.

Víctor: 2. Bullidor y atrevido.

Montañés: 2. Encaró y afrontó todos los retos.

Ángelo: 1. Lejos de su territorio natural.

Roger: 1. Falló lo que no debe fallar.

Cidoncha: 1. Sujetó algo el juego y se empeñó en el pase interior.

Suárez: S.C.

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Mi crónica: Castilla, 1 – Real Zaragoza, 2 (Mucha agua, poca sed)


   386109_gbTener suerte es importante en esto del fútbol, tener mucha suerte es muy importante pero tener toda la suerte es imposible. Y con ese fuego no se puede jugar demasiado tiempo. Hace falta más, o mejor: hace falta jugar a este juego y hace falta jugar bien. Ayer todos los planetas se alinearon para que una sencilla jugada de Acevedo y un remate inicialmente inofensivo de Víctor nos procurasen tres puntos vitales para la supervivencia de este famélico proyecto. Mas cuidado, pues no todos los días va a salir el sol.

   Herrera propuso el mismo equipo de la segunda parte ante el Tenerife, aunque un catarro febril dispuso que el que luego sería uno de los héroes, Víctor, no saliese de inicio. Esta circunstancia obligó a recurrir a Barkero. A tirar de nadie, es decir. Porque el vasco no es ni de lejos esa pieza clave en la que nuestro entrenador confía para gobernar el equipo y eso lo estamos pagando muy caro. Menos mal que un corner bien rematado por Álvaro y oportunamente rematado pero Henríquez nos puso la miel en los labios y propició que el partido nos trajese un dulce viento a favor. Sin embargo, poco duró la ilusión.

   El equipo se deshilachó minuto a minuto y la razón fue la flojísima actuación de su línea medular. Ni Paglialunga ni Movilla encontraron en ningún momento el sendero de la fluidez y ya hemos escrito que Barkero no aportó ni medio gramo e clarividencia. A eso sumaremos que los balones se perdían con una exasperante facilidad y que los dos delanteros, Montañés y, sobre todo Henríquez se desesperaban pues no les llegaba ni medio balón presto para el peligro. Atrás, mientras tato, Álvaro completaba un buen partido y Rico sostenía la buena imagen de hace una semana para impedir que los fláccidos delanteros castellanos nos hicieran daño, si bien Rozzi estuvo a punto de enganchar a su equipo al partido con un chut que se estrelló en el larguero.

   La segunda parte empezó muy mal. La entrada en el equipo local de Rodríguez activó una parcela media que comenzó a fabricar ocasiones de gol que difícilmente bloqueba la defensa aragonesa. El equipo cada vez estaba situado más cerca de la portería de Leo Franco. El terreno propio se achicó y jugadores como Burgui y Lucas Vázquez comenzaron a aproximarse con mucho peligro. Fueron mucho a la fuente y, claro, al final el cántaro se rompió en forma de gol del Castilla. Desazón en el Real Zaragoza. Apenas habían transcurrido cuatro minutos desde que Cidoncha hubiera sustituido a un estéril Barkero y ya todo era negro.

Había poco margen de maniobra. Si acaso utilizar a Acevedo para retirar a Movilla. Si acaso, pedirle a Víctor que hiciera un esfuerzo y apartase esos grados de fiebre para romper la penosa muralla que se había construido a sí mismo el equipo del Pilar. Y funcionó. Una jugada calmada y simple conducida por Acevedo fue la razón de ser del pase que recibió Víctor para lograr un gol inesperado pero de un valor incalculable. Era el gol de la victoria, de un éxito que ningún zaragocista de bien sospechaba fuera a visitarnos. Los tres puntos menos trabajados de los últimos tiempos pero a los que damos la bienvenida pues siendo un país de agua tenemos demasiada sed como para despreciar la nube más pequeña.

CALIFICACIONES

 Leo Franco: 3. Buen trabajo de nuevo, con paradas meritorias y una presencia interesante en los momentos difíciles.

 Cortés: 1. No estuvo bien en las tareas defensivas. Burgui y Lucas le hicieron más de un roto, como el de la jugada del gol. En ataque, vacío.

Álvaro: 3. Mejoró sus prestaciones. Bien en el corte y por alto, le faltó salida del balón.

 Laguardia: 2. Sigue con problemas en los balones largos, pero su físico y potencia le ayudan en los balones divididos.

 Rico: 3. Hizo un partido sobrio y sencillo. Subió menos al ataque pero su trabajo lo cerró con corrección.

 Paglialunga: 1. Muy desorientado, no llegó a los balones que circularon por su zona. Una tarjeta amarilla en la primera parte lo mató.

 Movilla: 1. No consiguió fijar el juego ni hacerse con el balón. Le faltó brío y colocación.

 Barkero: 0. Nula aportación creativa y ausencia de fútbol en sus botas. No está para jugar.

 Abraham: 2. Su actuación fue modesta pero eficaz.. Se asocia bien con Rico y se atreve a rematar. Lo que se le pide es complicado y necesita tiempo.

 Montañés: 2. Tuvo una primera parte mediocre y mejoró cuando salió Acevedo, al estirarse el equipo y ganarle metros al contrario.

 Henríquez: 2. Hizo lo que se espera de él: meter un gol. No recibió ningún balones con posibilidades de ser jugado con razón y él necesita más participación.

 Cidoncha: 1. Ocupó más campo que Barkero, pero no se quedó con el balón en ningún momento.

 Acevedo: 2. Su salida aportó algo más de control del juego y suya fue la jugada del segundo gol.

 Víctor: 3. Sólo el hecho de ser el goleador dela victoria ya le otorga esta puntuación. Está de dulce.