The day after


Hagamos memoria. “El día después” es un sintagma nominal que asociamos, inmediatamente, con un programa de televisión que durante varios años seguimos devotamente miles de aficionados al fútbol en España. Emitido en Canal +, era la máxima expresión de unos valores informativos que nos seducieron e hicieron de nosotros espectadores ávidos de calidad y espectáculo televisivo.

Lo que quizás no es muy conocido es que el programa tomaba su nombre de una película que se estrenó en 1983, en plena crisis de los misiles, cuando Ronald Reagan cabalgaba por el filo de la navaja nuclear y Europa Occidental vivió unos momentos de pánico, comparables a los que ya se sufrieron a comienzos de las sesenta. Recuerdo muy bien aquellos días y el auge que tomó, por ejemplo en Aragón, el Movimiento por la Paz, el Desarme. y la Libertad, nacido aquellos días. Se trata de un filme que acaparó una audiencia televisiva de 100 millones de espectadores en USA, pues hay que explicar que el contexto era muy propicio, la incertidumbre se había apoderado de la sociedad occidental y en él se narraba la situación en que quedaba la Tierra después de un conflicto nuclear.

Y algo así ha ocurrido en las últimas horas después de jugarse un partido de fútbol entre el “sanguinario” Real Zaragoza, equipo y club que hace gala de una antideportividad digna de denuncia mediática y de desprecio por parte del universo futbolístico internacional, y el Real Madrid, equipo que sufrió la violencia desmedida de unos jugadores, los zaragocistas, que pueden pasar a la Historia como una auténtica “banda de forajidos”. El día después, desde luego, aún humea la superficie del Planeta Madridista después de la execrable actuación zaragocista.

Leer las crónicas de los periódicos madrileños y de otros diarios de ámbito regional o local hace pensar que algo muy grave está sucediendo en nuestra sociedad. Cualquiera que lea esos párrafos en los que se describe una  actuación violentísima por parte de los jugadores zaragocistas duele mucho, pues es tal la injusticia que se está cometiendo, tal el grado de crueldad exhibido por tantos y tantos periodistas, tal el nivel de ensañamiento con lo que representan nuestros colores que he tenido que esperar varios días para poder escribir sobre el tema.

Y es injusto y cruel que tengamos que leer lo que estamos leyendo y que tengamos que escuchar lo que estamos escuchando. Y si hacemos un seguimiento de cómo tratan algunos periódicos la información, podríamos extraer curiosas conclusiones. No es mi trabajo ni mi vocación, pero invito al lector a extraer algunas afirmaciones de esos medios y compararlas con las crónicas cuando el Madrid juega contra Osasuna o Athletic, por ejemplo, dos equipos que no se caracterizan por su juego blando y fláccido, precisamente. En esos casos, haciendo un ejercicio de amedrantamiento al que ya nos tienen acostumbrados, nos regalarán adjetivos como “casta”, “orgullo”, “la garra de los leones”, “coraje” y otras perlas al uso, en un claro tratamiento de favor hacia estos clubs, a los que por mucho que hagan nunca se les adjetivará con la dureza que se ha utilizado con nuestro Real Zaragoza.

Sería interminable la lista de desagravios, afrentas, injusticias y actos de prepotencia y soberbia exacerbada que el Madrid y la prensa madrileña y nacional han protagonizado. El Real Zaragoza ha sufrido agresiones, lesiones gravísimas producidas por “cracks” intocables, arbitrajes injustos y robos históricos que llenarían varias páginas de este blog, pero sé que con decir esto lo único que recibiré será mensajes acusándonos de lloricas, mediocres y perdedores, amén de tener que soportar en nuestra propia casa cánticos despectivos del tipo “A segunda, oé…”.

Lo sé y me duele, pues uno no es de piedra. Me duele, pero no servirán, en ningún caso, para borrar ni una sola palabra de las aquí escritas. Mi zaragocismo y mi amor a la verdad y al periodismo serio y de calidad están por encima de esta gran mentira que se ha instalado en nuestra sociedad y que pretende hacernos creer que sólo hay vida si eres madridista o culé, del pepé o del psoe, españolista o nacionalista. Afortunadamente,  hay más vías. La nuestra es el camino que nos queda por recorrer para llegar a Ítaca.

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