A veces, cuando hay luz (Real Zaragoza, 1 – Leganés, 0)


ZGZ Leganés   Horas antes de dar comienzo el partido que enfrentó al Real Zaragoza con el Leganés una parte del corazón zaragocista presentía que era el día del renacimiento y la otra mitad temía que todo puede venirse abajo. Había más argumentos para abonarse a la segunda idea que a la primera pero como quiera que la semana fue creciendo al amparo de la tenue luz de los nuevos fichajes tampoco dejaba de tener sentido que la esperanza fuese una argumento válido.

   Carreras lanzó varios mensajes clarificadores cuando anunció cambios y la aparición de algunos jugadores recién llegados a orillas del Ebro que han llegado para ayudar a cambiarle el gesto al equipo. Nada menos que cuatro nuevas caras (además de la de Campins) se citaron en la alineación, entre las que destacaba, por derecho propio y por tratarse de un tipo que afrentó al escudo del león horas después de morir a la orilla del ascenso: Culio. Además, con la presencia de un bien referido Lanzarote y de dos jóvenes discretos con ganas de aportar, Ros y Guitián, si algo era evidente es que la apuesta era muy fuerte. Y podía salir bien o podía no salir.

   Con semejantes antecedentes el partido ante un Lega de dulce que no perdía desde el mes de noviembre se inició y la Romareda contuvo la respiración. Los primeros minutos fueron claramente madrileños. Bien plantado en el terreno, con unos jugadores que juegan con los ojos cerrados y un Real Zaragoza un tanto tembloroso la afición blanquilla recibió algunos mensajes inciertos. Pero en seguida cambió el tono del choque. Una invisible tecla activó la maquinaria del deseo y los de Carreras iniciaron una travesía en la que la única consigna era jugar al fútbol.

   Culio cocía el tiempo, Lanzarote y Campins dibujaban jugadas de ataque con llegada hasta la línea de fondo y Ángel, con su movilidad, abría vías de ataque en la retaguardia madrileña. Faltaba remate, pero el perfume era distinto. La defensa, recompuesta a causa de las obligadas bajas, sobre todo de Vallejo, cerraba filas y no permitía que el peligro llegase a Manu Herrera, salvo algunas combinaciones ligadas entre los ex-zaragocistas Sastre y Miramón. Por su parte, el Zaragoza creaba peligro y jugadores como Morán y Lanzarote lo intentaron con peligro, aunque sin éxito.

   Tras el descanso Carreras mantuvo el mismo esquema y el equipo se apoyó en el alto grado de compromiso y el acierto futbolístico de sus jugadores. Era más difícil hacer circular el balón, pues el Leganés dio un paso atrás y lo fió todo al contraataque, pero Culio, muy bien acompañado por Morán, le dio un golpe de inteligencia al manejo de los tiempos y contagió a sus compañeros, que se implicaron en la pelea y aportaron compromiso y sentido de equipo. Ángel seguía con su batalla y aunque Lanza bajó su participación, el equipo seguóa dando señales de vida y deseo de victoria.

   En el minuto 15 se produjo una de las jugadas clave. Culio arrancó un penalty que abría las puertas de la felicidad, pero Ángel no logró convertir al realizar Serantes una extraordinaria parada. No se cayó el equipo. Carrera sustituyó a Javi Ros, que hizo un partido aceptable, por Sergio Gil, quien a la postre se convertiría una vez más en pieza importante de la victoria final junto con Hinestroza. Este entró cinco minutos más tarde por Lanzarote y tardó apenas una jugada en protagonizar la acción que permitiría a Ángel subsanar su error y lograr un magnífico gol.

   Se veía un aire renovado. Carreras supo imprimir una marcha más al equipo con los cambios, en un momento en que el partido podía peligrar por el cansancio de los jugadores. El Leganés optó por las jugadas a balón parado, único recurso a su alcance para tratar de lograr el empate, y en una de esas casi lo consigue a la salida de un corner. Afortunadamente Pedro salvó en la línea de gol y los blanquillos se aplicaron a una fórmula de fútbol control y salidas fulgurantes con Sergio Gil, Morán y Culio gobernando el centro del campo y Pedro, Ángel y, sobre todo, Hinestroza dedicados a lanzar eléctricos ataques destinados a cerrar el partido. Una de las mejores ocasiones la protagonizaron Hinestroza, muy bien en la tarde ayer, y Pedro pero el remate de este último se perdió por la línea de fondo. Y el propio Fredy casi consigue el segundo gol en una buena combinación ofensiva pero en esta ocasión Serantes desbarató la ocasión.

   Un detalle muy importante fue la magnífica comunión que se vivió entre el equipo y la grada. Se vivieron momentos de gran emoción y apoyo profundo, tan necesarios en estos momentos, y no hubo ayer ninguna duda de que los argumentos empleados en el choque ante el segundo clasificado pueden ser los que se necesiten para volver a encontrar el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: Heraldo de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Buen partido. Seguro y atrevido.

Campins: 3. Osado en la combinación y bravo en la lucha.

Cabrera: 3. Seguro en defensa aunque algo dubitativo.

Guitián: 3. Bien posicionado y muy colaborador.

Rico: 3. Potente y luchador.

Morán: 3. se sintió seguro al lado de sus nuevos compañeros.

Javo Ros: 3. Hizo un trabajo oscuro aunque eficaz.

Culio: 4. Llegó para ser el jefe y convenció.

Pedro: 3. Participativo y afinado.

Ángel: 3. Estuvo muy activo y goleó.

Lanza: 3. Llegó a la línea de fondo con asiduidad y desafió a su defensa.

Sergio Gil: 4. Lo hizo todo bien.

Hinestroza: 3. Más rápido que nunca. Desbordó y centró con criterio.

Mario: 2. Un tanto inseguro en algunas acciones.

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E la nave no va (Leganés, 1 – Real Zaragoza, 1)


   _legrz_464f2265Era el partido de la confirmación. La prolongación del momento de éxtasis que el Lele nos entregó el sábado pasado cuando con su cabezazo nos acercó al cielo. La ratificación de un camino que, aunque largo y tortuoso, todos nos avenimos a recorrer porque estamos llamados a ello. O eso creemos. Pero no. Nada de eso fue. El encuentro que el Real Zaragoza firmó ayer en Butarque duerme ya el sueño de los trastos viejos en el desván del olvido. No se merece más.

   Los muchachos de Popovic afrontaron el choque con el alma deshilachada y el vigor apagado y nos regalaron una tarde de bochorno y vergüenza. Con una disposición táctica de charco sucio y una actitud que ofende al zaragocismo, el Leganés descubrió en seguida que enfrente tenía a un grupo pusilánime al que, a poco que el sol brillase un tanto, podrían derrotar. Ni el portero acertó en sus primeras acciones, ni la defensa supo en qué territorio asentarse, ni los dos pivotes encontraron razón de ser a su existencia, ni los cuatro de arriba supieron qué significa asociarse. Y mientras tanto, la lejanía entre líneas y la torpeza técnica de casi todos eran enormes. Incapaces de relacionar dos gestos razonablemente, nuestros muchachos permitieron que un aguerrido y rapidísimo Leganés circulase con insolencia por las vías de agua que la ineptitud rojilla proponía.

   Los laterales, sobre todo el izquierdo, eran una invitación a la carrera rápida y el centro venenoso y en el centro Rubén se empeñaba en recordarnos que era capaz de volver a ser el del año pasado. Así, mientras el centro del campo reclamaba a gritos la presencia de un zaragocista que manejase el balón con algo de criterio, el Lega tuvo un par de ocasiones de gol que no culminó por impericia y mala fortuna. Solo en torno al minuto 30 pudo el equipo aragonés haber logrado un inmerecido premio cuando Ángel, pícaro, le robó la cartera y el forro del bolsillo a Soriano, pero su remate fue blando y estéril. Lo demás, un saco de errores, una vasija de desgana.

   Y en esas estábamos cuando un minuto antes del descanso Scymanowsky remató. Corner. El saque de esquina consecuente provocó la jugada tonta de la tarde, o sea. Un balón que voló y fue rematado hasta dos veces de cabeza ante la bobalicona mirada de Marc, Rubén y Cabrera y el inexacto movimiento de Manu para acabar en la red. Solo faltó que Rico hubiese participado en el despropósito para que la tontería fuese completa. Gol y a la ducha.

   Con 1-0 en contra Popovic decidió dejar en la caseta a Aria, apático, seco e indolente todo el partido y le pidió a Ortuño que saliese y sacudiese un poco aquello. Además Jaime, muy lejos de sí mismo hasta entonces, se cambió de banda con Pedro, que tampoco había aportado su innegable clase en ninguna jugada. Estos cambios agitaron un tanto el juego y Ángel, el gran náufrago, pudo entrar más en el partido y dibujar alguna que otra diagonal con intención.

   En medio de las sombras que cubrían la sabana del famélico león que era ayer el Real Zaragoza surgió Manuherrera. El veterano portero sacó tres balones que le llegaron con fuerza y disposición y que sin duda evitaron la derrota. Ello, sumado al milagroso gol que consiguió Jorge Díaz después, otra vez, de una jugada de estrategia permitió que un punto viajase a Zaragoza. Sin merecerlo, sin imaginarlo, casi sin proponérselo, pero un premio que a casi nadie le sabe a miel porque evita la hiel. La de la derrota.

   Ahora le toca al mister reflexionar. El equipo necesita guía, luz y brújula. Y que jueguen los mejores. Ya no queda tiempo para más experimentos ni para confirmar apuestas personales. Quiero creer que todos sabemos que me refiero a la fallida apuesta, por el momento, de Aria y a la necesidad de recuperar a Vallejo, entregarle los galones  e invitarle a participar ya en el viaje de regreso a casa. A Primera.

Foto: Heraldo de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Ciertamente falló en algunas acciones, pero detuvo cuatro balones difíciles.

Marc Bertrán: 1. Descuidado en la acción defensiva y romo en el ataque.

Rubén: 1. Fallón y descuidado en el corte.

Cabrera: 2. Discreto y poco contundente.

Rico: 1. Inexacto y errático.

Dorca: 1. Ni gobernó ni dirigió.

Wilk: 1. Ausente y superficial.

Jaime: 1. Lo intentó poco y sin fortuna.

Aria: 0. No jugó a nada.

Pedro: 2. Bien en los balones parados, pero poco más.

Ángel: 3. Es un peligro constante, pero estuvo aislado.

Ortuño: 2. Intentó cosas, pero precipitadamente.

Jorge Díaz: 3. Activo y goleador.

Abraham: S.C.

Cicatriz cerrada (Leganés, 2- Real Zaragoza, 2)


   Esta es la crónica que desde finales de agosto he querido escribir. No la crónica de un partido de fútbol como el de ayer, que fue un pésimo homenaje al deporte en general y al zaragocismo en particular, sino el relato del momento en que el Real Zaragoza conseguía un objetivo largamente acariciado a pesar de todas las dificultades. Un instante que llegó poco antes de las ocho de la tarde y que abre levemente la ventana al futuro con ese play off que afrontamos con prudencia aunque con legítima ilusión. 

   El choque obligaba a la victoria. Solo así se podía evitar la angustia de una posible victoria de la Ponfe que habría dado al traste con la facultad de seguir luchando. A él se aprestó el equipo con muy escasas fuerzas y con una alineación que ofrecía muchas dudas. Una defensa de cinco con un evidente agujero en el lateral derecho por el que el Leganés lanzó constantes incursiones débilmente defendidas por los nuestros. A ello sumamos que el centro del campo no supo ni pudo conjugar talento y fuerza y los tres defensas centrales jugaron desorganizados y confundidos desde el minuto 1.

   Así las cosas, no hizo falta mucho para que Chuli, ayer un auténtico demonio futbolístico, enchufara un chut seco tras un eléctrico contraataque para lograr el 1-0. Fue un jarro de miedo frío. El partido se ponía fatal y las piernas de la afición flaquearon durante un instante, pero en seguida recobró el ánimo y empujó a los chicos para que se acercaran al área local y comenzasen un breve período de acoso que se tradujo en un par de disparos intencionados que obligaron a Queco a realizar dos buenas paradas. Poco después, cuando nadie lo esperaba, Santamaría cometió un fláccido penalty que Willian transformó.

   Era el empate y la alegría del gol se vio aumentada por el gol del Alcorcón en Pronferrada, aunque a los pocos minutos Yuri goleaba para la Ponfe y todo volvía al principio. Con todo, el Real Zaragoza mostraba una buena cara y competí con dignidad ante un Lega muy motivado y peligroso.

   En esas estábamos cuando Insa disparó desde lejos, Queco despejó y Willian recogió el rechace para, con un mágico taconazo, propiciar el gol de Eldin. Fue un momento diamantino, de esos que el zaragocismo casi ha olvidado después de tantos años de fango y muerte. Fue el gol de la ventaja y el sol brilló con más fuerza si cabe. Lástima quye la alegría solo durase dos minutos, que fue lo que tardó el Leganés en lograr el empate tras desafortunada jugada defensiva. De nuevo el lateral derecho, de nuevo el pasaje al fracaso.

   La segunda parte empezó muy mal. Chuli se había propuesto amargarnos por segunda vez esta temporada la existencia. La primera fue cuando no vino; la segunda, ayer con su agitada actuación, digna de grandes ocasiones. Los centrales veían con impotencia cómo el andaluz lea volvía locos y a esas alturas del partido ya nadie sabía ni podía pararle los pies al delantero pepinero. Sin embargo, la primera gran ocasión de este período la tendría Pedro, que pudo marcar con un disparo cercano, pero Queco sacó el balón con el hombro.

   El partido había saltado por los aires. Las defensas y centros del campo ya no existían. Tan solo los delanteros movían el balón con intención y voluntad de existir. Era, sin duda, una muy mala noticia para el Real Zaragoza, pues en cualquier momento el Leganés podía marcar y eso supondría, seguro, la derrota. Era evidente vista la nula capacidad física que el equipo mostró a partir del minuto 60. Asfixiado, hundido, atenazado por el miedo a no clasificarse por el play off, ya solo cabía esperar que la Ponfe no ganase, pues estaba claro que en Butarque había poco que hacer.

   Popovic movió sus escasas y limitadas piezas. Primero ubicó a Rico en el lateral derecho y subió a Insa al interior. Después salió Lolo por un extenuado Galarreta. Poco más tarde, Tato por Insa. Y ya estaba todo hecho. Solo cabía esperar que en Ponferrada nada se moviese o, por lo menos, si se movía lo hiciese el marcador del Alcorcón, pues en Butarque la agonía tenía nombre de empate.

   Un último esfuerzo fue el cambio de Suárez por Willian, pero a pocos minutos del final ya sólo había ojos y oídos para esperar el final. Este llegó con la noticia de que en ambos campos el empate campeaba en los marcadores, lo que suponía el pase al play off y el inicio de una apasionante eliminatoria que nos puede permitir seguir soñando. Sea.

CALIFICACIONES

Bono: 2. Tuvo poco trabajo.

Insa: 1. Le vino grande el lateral.

Vallejo: 3. Sufrió mucho en su zona, pues Insa no estaba. Protagonizó varios cortes clave.

Mario: 1. Disminuido físicamente.

Cabrera: 2. Luchador y pundonoroso.

Rico: 1. Muy justo de fuerzas y acierto.

Dorca: 1. Poco protagonista.

Galarreta: 1. Trabajó lo indecible, pero no se ajustó al guión.

Pedro: 3. Trabajador y muy activo.

Eldin: 3. Hizo mucho por el equipo y logró un gol oportunista.

Willian: 3. Marcó un penalty y dio un pase de oro a Eldin en el segundo gol.

Lolo: 1. Muy poco aportó.

Tato: 1. Casi no participó.

Suárez: S.C.

Puntos de futuro (Real Zaragoza, 2 – Leganés, 0)


   Conseguir el segundo gol del partido a pocos minutos del final y respirar hondo es una experiencia no muy habitual en el zaragocismo de los últimos años, pero eso es justamente lo que ocurrió ayer. No hizo el equipo demasiados méritos, no jugó un partido para recordar, pero los tres puntos que cayeron en la mochila blanca y azul vienen como agua de enero para recuperar el aliento perdido tras los dos partidos ante Valladolid y Las Palmas. Heridos, magullados, golpeados por los fornidos jugadores del Leganés, pero satisfechos. Así describió Popovic a sus chicos, de los que dijo que cuando se gana no hay dolor. Y tiene toda la razón.

   El partido tuvo un invitado de excepción: el Negro, Fernando Cáceres, lo presenció desde el palco, desde ese larguero de París del que nunca se habría bajado. Recibió la merecida ovación y se dispuso, como todos, a contemplar un borrascoso y tergiversado choque en el que fue difícil elaborar un discurso mínimamente coherente. Los muchachos intentaron desde el principio jugar al fútbol pero sobre todo trataron de evitar que la puerta de Bono fuese mancillada. No solo dolían los cinco de Las Palmas; dolían las catorce jornadas goleados, porque todos saben, sabemos que es imposible plantearse ningún objetivo decoroso si no logramos cerrar la puerta de la casa. Y eso lo sabía también la Basílica, que celebró cada jugada en que la defensa lograba su propósito de evitar el peligro. 

   El balón galopaba de un lado a otro sin demasiado ton y muy poco son y de entre todos los jugadores únicamente Jaime y Basha ofrecían algo de criterio futbolístico. El primero con su rapidez y el segundo con su correcta capacidad para equilibrar el equipo. Los demás no ofrecían muchos argumentos para inquietar el área madrileña. El de Albacete destrozaba una y otra vez la banda visitante pero su ubicación a pie cambiado le impedía proponer centros coherentes. Así, nada más empezar el partido renunció a un remate franco y optó por un centro fláccido que no encontró rematador. Borja, que era otra vez un delantero peligroso, no dejaba de moverse y buscar huecos, deseoso de regresar a la senda del gol.

   Y lo logró en una jugada irregular que en otro momento nos habrían anulado pero que ayer nos permitieron. Galarreta le regaló un buen pase interior a Borja para que este, en fuera de juego, rematase a gol. Todos suspiramos, pues por una vez el árbitro se equivocaba a nuestro favor y eso servía para abrir el partido. El Leganés, entonces, tomó una buena decisión: jugó a dibujar diagonales a la espalda de nuestra defensa y en una de estas estuvo a punto de hacernos un roto. Tan solo el arrojo de Vallejo y la inexactitud del delantero visitante impiieron que Bono encajara el gol. Y eso fue bueno, muy bueno, porque dejar la portería a cero, ya lo hemos dicho, era ayer cuestión de estado.

   La segunda parte comenzó con precaución por parte local y una actitud un tanto atrevida por parte del Leganés. Quien más quien menos temía que se produjese la jugada tonta de la tarde y todo se fuera al traste, pero lo cierto es que los minutos comenzaron a discurrir y el partido entró en una fase anodina. Si durante los primeros cuarenta y cinco minutos el centro del campo zaragocista, sin hacer un gran partido, había logrado sostener el choque en unos niveles aceptables de seriedad y corrección, en esta segunda mitad el equipo se hundió, como siempre, basculando hacia atrás y facilitándole la vida al equipo de Garitano. El Leganés no tenía mucho que decir, pero descubrió que sujetando el balón y echando centros algo podía pasar, así que se aplicaron a ello.

   Popovic decidió refrescar el equipo y quitó a Basha, cansado y sin fuelle, por Álamo, un cambio que no enamoró a la grada. Poco o nada cambió el panorama, así que su segunda decisión fue tirar de William en lugar de Jaime, que ya había hecho todo al principio. Y esta vez el cambió sí funcionó. El brasileño aportó potencia y sujeción del balón y esa presencia, que sirvió para fijar más a la defensa negra, permitió que Dorca le enviase un buen balón a Borja para que fusilase el segundo. Era el minuto 82 y el partido enfilaba su recta final. Respiro en la Basílica.

   No se había jugado bien, no había habido buen fútbol. Algunos jugadores, como Pedro o Galarreta, no habían hecho bien su trabajo, pero el marcador señalaba un 2-0 que sabía a gloria y que permitió a todos, jugadores y afición, pensar en positivo por una vez. Lo mejor, sin duda, la victoria y que se mantuvo la puerta a cero. Lo peor, la falta de criterio futbolístico y el estrés a que está sometido el equipo que le impide soltarse y disfrutar con el fútbol. Una victoria el sábado ante el Recre sería una muy buena noticia que aliviaría muchos males.

CALIFICACIONES

Bono: 3. Serio y tranquilo. Poco trabajo y bien resuelto.

Fernández: 3. Rápido y trabajador, Con personalidad.

Cabrera: 3. Luchador y rocos.

Vallejo: 4. Portentoso y presente.

Rico: 2. Justo en defensa y aceptable en ataque.

Dorca: 2. Correcto en su papel de guardian del centro del campo.

Basha: 4. Hizo su trabajo con oficio y eficacia.

Galarreta: 3. Dio un pase de gol y condujo con irregular acierto.

Jaime: 3. Vertiginoso y osado.

Borja: 4. Metió dos goles. Hizo su trabajo muy bien.

Pedro: 2. Inexacto y algo irregular.

Álamo: 1. No estuvo en el partido.

William: 3. Poco tiempo en el campo pero su presencia la notó el Leganés.

Mario: S.C.