Seremos felices un día (Girona, 0 – Real Zaragoza, 0)


Estoy seguro de que mis lectores entenderán que esta crónica esté tan vacía como el partido que ayer no disputaron el Girona y el Real Zaragoza. Un choque vacío de juego pero lleno de necesidad para ambas partes, pues tanto los catalanes como los aragoneses buscaban ayer objetivos en los que les iba la gloria y la vida, respectivamente. Hablar de fútbol es imposible, pues ayer no se dirimía un enfrentamiento deportivo. Más bien hablaremos de un momento y un espacio de urgencias históricas en los que ambos clubes se jugaban su futuro, sobre todo el zaragocista.

   Pedro Machín ya había salido a la palestra para expresar que el punto le sabría a gloria. No hizo falta ser muy espabilado para comprender que no íbamos a encontrarnos con un equipo aguerrido que le disputase a los de Láinez los tres puntos, pero como en esto del fútbol nunca se sabe, no faltaron los chistes que hablaban de lo torpes que somos y que a ver si la liamos y nos metemos un gol en el último minuto en propia o cometemos un penalti estúpido a punto de acabar. En fin, nos hemos vuelto tontos todos con tanta desgracia.

  No hay manera de llenar dos líneas escribiendo sobre fútbol. Es que no hubo nada de nada. Ni siquiera disimulo. Que no me parece mal, ¿eh?, no se me malinterprete. Tengo apuntados tan solo un chut a las nubes de Silva que provocó la imagen de la temporada con ese gesto de coña marinera del inédito Samaras, un corner a favor del Girona porque José Enrique casi la lía y le golpeó al balón fatal y creo que nada más. Lo demás, un embrollo de pases laterales, horizontales y hacia atrás y algún amago de enfado por parte de los jugadores cuando el árbitro les pitaba alguna falta por haber rozado con el cordón de la bota a un contrario. Y fin.

   El broche de la temporada fue vergonzoso pero necesario. Ayer no se trataba de quedar como unos caballeros guardando las formas y compitiendo como si tal cosa. Ayer se trataba de salir del coma, de abandonar la UCI y comenzar a respirar por uno mismo. Y seguir viviendo. El gran Láinez lo explicó magistralmente: “No se le puede vender a la afición que es un día feliz. Se le puede vender a la afición que si vamos a ser felices algún día es por hoy. (…) Para alcanzar el éxito que ha alcanzado hoy el Girona era necesario que hoy el Real Zaragoza se salvara y que la persiana del club el próximo 1 de julio se elevara”. Después de leer esto, poco más queda por escribir.

   Son palabras certeras, inteligentes, serias, honestas. Como él. Podemos decir que una de las mejores cosas que le han podido pasar al club en los últimos tiempos es que Láinez haya cogido las riendas del equipo y haya construido un discurso tan coherente y ajustado. Del mismo modo que lo hizo en su momento Víctor Muñoz, cuando llegó al equipo y lo salvó de la ruina deportiva y, por tanto, económica. Entonces no hubo paciencia ni diagnóstico acertado. Esperamos que a la segunda vaya la vencida.

   Lo que ayer se cerró fue un aviso muy serio. No es cualquier cosa el hecho de haber salvado la categoría. Solo de pensar cómo estaríamos ahora en caso de haber caído derrotados, con un terrorífico partido ante el Tenerife, con una grada incendiada y unos jugadores devorados por la realidad, a uno le tiembla el corazón. Solo pensar en cómo deben estar ahora mismo el mallorquinismo y el elchismo a uno se le quiebra el alma. Por eso, amables lectores, déjenme respirar con alivio. Triste por la vergüenza vivida pero consolado porque la Historia nos da otra oportunidad.

   Hoy comienza la temporada 2017-2018. Hemos aprendido mil lecciones y solo espero que entre todos sepamos encontrar los caminos adecuados para construir un proyecto cuyo término final sea esa felicidad de la que habló ayer Láinez. Porque es bien cierto que no hay futuro si no sujetamos el presente. No hay latidos en el mañana si hoy nos hubiera faltado el aire. Gracias, César. Nos has dado la vida.

CALIFICACIONES

Pongamos que hablo de todos y cada uno de ellos y no encuentro ninguna palabra justa. En todo caso aplaudo a Zapater y a Cani por su zaragocismo irredento, a Ratón por su honradez, a Ros por su honestidad, a Edu García por su generosidad y a Ángel por su compromiso. A los demás les pregunto qué les dirían ellos, como aficionados, a unos jugadores que nos han llevado donde ellos lo han hecho.

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A solas con el vacío (Real Zaragoza, 0 – Girona, 2 )


 

   cani02Eugenio Vitaller fue portero del Real Zaragoza bajo las órdenes del Leo Benhakker. El entrenador holandés trajo un bendito aire fresco a las orillas del Ebro y entre los muchos mensajes que regaló a sus jugadores y a la afición de mediados de los 80 figura el consejo que le dio al cancerbero aragonés: “Tú tranquilo. Si te meten dos goles, ya meteremos nosotros tres”.

   Más de treinta años después, el Real Zaragoza cumple una inacabable condena que consume al zaragocismo desde hace casi diez años. De ella no parece que vaya a ser fácil librarse después de sufrir derrotas como la de ayer a botas del eficiente Girona y al desamparo de los pitidos del inepto árbitro de turno, y mucho menos cuando sabemos que si el equipo blanquillo recibe un gol, damos por seguro que no va a meter dos. Ni siquiera uno.

   Partidos como el que se jugó en la Basílica son la tónica eterna de una competición donde casi nadie es mejor que el rival, pero en la que el Zaragoza habitualmente es peor en los detalles menores. Choques que ofrecen jugadas inacabadas, combinaciones embarulladas, batallas tácticas de brocha gorda y poco, muy poco fútbol. Todo ello sucedió sobre el césped desde el minuto uno, si bien el plan inicial de Agné por momentos nos pareció la mejor idea. Anda el técnico de Mequinenza empeñado en un concepto que no acaban de saber aplicar sus pupilos con la destreza requerida y eso pasa factura. Sin embargo, es justo destacar que hay un plan.

   La idea futbolística consiste en manejar el encuentro siempre en posesión, con transiciones rápidas y movimientos eléctricos que permitan llegar en superioridad ante los porteros contrarios. Cuando el Zaragoza es capaz de ejecutar esas acciones con precisión, el peligro ronda el área contraria y en ocasiones se logra el objetivo. Así fue ante el Oviedo y ante el Rayo, pero para eso hay que contar con jugadores que abran las bandas y con Lanzarote y Cani en estado de gracia (y no es un juego de palabras), finos en el filtro y sabios en el último pase.

   La culminación de lo planeado estuvo a punto de darse en el minuto 19, pero Ángel no definió bien y el palo repelió el balón. Pudo haber sido el primer gol. Tenía que haberlo sido. Habría supuesto un escenario favorable con final probablemente feliz. Sin embargo, no fue así y el partido llegó al descanso con un 0-0 mentiroso, en medio, por cierto, de una jugada de ataque zaragocista que el inefable colegiado abortó ensuciando todas las reglas no escritas del fútbol moderno.

   Esa decisión fue una más de las varias que adoptó de forma manifiestamente perjudicial a los intereses del equipo de Agné. Un estudio meticuloso de su actuación nos mostraría a un juez proclive a la parcialidad y afecto a la permisividad con el forastero. Decisiones torpes y bajo sospecha que alcanzaron el cénit cuando expulsó a Cani por doble amarilla o ignoró un penalti a Ángel que mereció la roja y los 24 partidos a Cortizo. Fue el momento en que todo se vino abajo. La posterior lesión de José Enrique, el gol de opereta que logró el Girona y los últimos minutos a la desesperada. En ellos el Zaragoza trató de reconstruir un edificio cuyos cimientos se doblaban bajo el peso de la impotencia. Es el dibujo de un paisaje no demasiado justo para lo que fue el partido.

   Es loable el esfuerzo del equipo, así como verificable que algunos jugadores no son capaces de soportar el peso de la contrariedad. Al grupo le falla la otra cara de la moneda, la que se esconde tras la verdad del infortunio. No soporta las bofetadas que le propinan estos equipos curtidos en mil batallas, esculpidos a golpe de cinceles oscuros que tanto abundan en la categoría. Y por eso, cuando llega la primera ola sucia la barca hace aguas. Hay un trabajo que hacer: grabar a fuego y barro en los corazones de los jugadores que este negocio no entiende de oropeles ni destellos. Aquí se sobrevive a base de machetazos y todo lo demás es abismo y averno. A ello hay que ponerse, pues aún quedan muchas batallas que librar.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 1. Cuando un portero no da puntos, le faltan razones.

Isaac: 1. No tiene soluciones para casi ninguna situación.

Valentín: 3. Apunta a ser un jugador que cumple en todo momento.

Cabrera: 1. Se metió en berenjenales de los que no supo salir.

Zapater: 2. Luchó con el corazón en la mano, pero no le salió casi nada.

Javi Ros: 1. Opaco y muy poco constructivo.

Lanzarote: 2. Fue a menos. Después de su mejor jugada fue sustituido.

Cani: 3. Tuvo una actuación intermitente. Injustamente expulsado.

Xiscu: 1. Desubicado y poco protagonista.

Ángel: 3. Una vez más, el mejor. Activo, trabajador y molesto. Le faltó el gol.

Xumetra: 1. Físicamente muy justo, mezcló mal con Isaac.

Dongou: 1. No ofreció ni velocidad ni combinación.

Casado: 1. Corrió la banda pero no tuvo claridad ni opciones.

 

Humeante escombro (Real Zaragoza, 0 – Girona, 3)


591034_g   Anduvo Lluis Carreras ayer muy preocupado por explicar y explicarse lo ocurrido en la Romareda en el decepcionante partido ante el Girona. Era necesario, pues no quedó muy satisfecha la parroquia después de lo visto y sí algo preocupada por lo que pueda significar. “Stop”, lo llamó el entrenador catalán. Un parón, dijo, que nos permita recomponer las fuerzas para afrontar el tramo decisivo de la temporada, pero no acabo a concebir que sea suficiente argumento. 

   El partido fue una prueba determinante de que el equipo necesita un nuevo ideario, un nuevo plan, pues el que ha venido utilizando ya no cuenta con los agentes apropiados para ejecutarlo. Se vio muy claro que Dorca no es el ancla que precisa el grupo y que Culio ha apagado todas las luces con que nos deslumbró a su llegada. En ese centro del campo, en esa sala de máquinas, tan solo Javi Ros ofrece prestaciones de aprobado pero no son suficientes para armar acciones fértiles que armen el juego que el equipo pretende proponer. A ellos, a su ineficacia, sumamos la inoperancia de Pedro y la dificultad que tiene Hinestroza para elegir bien cada vez que le llega el balón a los pies y eso se lo han aprendido muy bien nuestros rivales. Todo, pues, son malas noticias.

   Si el fútbol son sensaciones, también son números y este equipo ofrece un tablero de datos próximo al cero si hablamos de goles. Uno (y en propia meta contraria) en cuatro partidos es muy poco para casi todo. Es nada. No aporta ilusión ni esperanza comprobar que el Real Zaragoza no dispone de ningún rematador de garantías. Eso duele y evita que cicatrice la más mínima herida que adorne nuestra piel. Si, además, no nos queda fútbol que jugar, podemos empezar a preocuparnos. Y lo estamos.

   Machín lo tuvo claro. Les dijo a los suyos que muriesen en cada salida de balón del equipo aragonés con una presión feroz, acumuló efectivos en el centro del campo para ahogar el poco aire blanquillo y  esperó a que las líneas de pase locales se difuminasen en su propia estulticia. El plan le salió de diez. La obra la bordó el Girona cuando aprovechó una de esas jugadas de estrategia que tan valiosas son en esta segunda división limitada, lo que acabó de desquiciar al Zaragoza. Su principal exponente fue Cabrera, muy lejos de sí mismo, quien se empeñó en jugar de Morán y se fue de viaje a un territorio tan alejado de todo raciocinio que le empujó a la locura. Un balón disputado en el centro del campo se le hizo enorme y acabó propinándoles una violenta patada a Amagat, lo que le supuso la roja directa.

   Era el minuto 27 y el sol se apagó. Carreras le pidió a Abraham que se preparase, pero en esas estaba cuando un contraataque muy bien ejecutado le dio al Girona el 0-2. Era un golpe casi mortal, pues el Real Zaragoza no disponía ni de jugadores apropiados ni de un plan que le ayudase a enjugar la diferencia. La idea de partido de Carreras se mostraba torpe, además de que nada le salía a su equipo. Si acaso, esperar alguna jugada de fortuna que le acercase en el marcador y propiciase una reacción casi heroica en la segunda parte.

   Carreras explicó en la rueda de prensa posterior que les pidió a los chicos que corriesen para liberar tensión y expulsar los nervios de sus cuerpos. Los muchachos le hicieron caso y durante 25 minutos apretaron al contrario, logrando disponer de varias ocasiones de gol. Seguramente en esta reacción tuvo mucho que ver la entrada en el campo de Lanza por Pedro. El catalán aportó sabiduría, talento y peligro, al mismo tiempo que el equipo se sacudía la presencia del alicantino, torpe y escaso de ideas. Las más claras, un remate de Ángel que detuvo Becerra y un cabezazo de Hinestroza que repelió el palo. Habría sido muy importante que alguno de esos dos balones hubiesen besado la red, pero no pudo ser. Por contra, en un nuevo contragolpe el Girona le rompió definitivamente el alma al Zaragoza, confirmando un pequeño desastre que puede tener una doble lectura. Podemos aceptar la derrota como un toque de atención que ayude a espabilar o acoger los miedos de un sector de la afición, que teme que esto sea el inicio de la caída.

   Ambas son legítimas. El vestuario, con su técnico a la cabeza, apuestan por la primera y reciben el varapalo como una colleja futbolística que tiene que ayudarles a encontrar otro planteamiento táctico y convertir la necesidad en virtud. Se hace necesario, para todo ello, que algunos jugadores retomen su mejor versión. Hablamos de Culio y Cabrera, muy lejos de su rendimiento, y de Pedro y Dorca, imprescindibles en este vestuario, donde son dos jefecitos faltos, ahora mismo, de jerarquía futbolística. La vuelta de Vallejo y la mayor aportación de jugadores como Hinestroza y Lanza, dos buenos jugadores, tiene que ser clave para encontrar, cuando ya no queda margen de error, el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 2. Vendido en los goles, jugó bien sus bazas como portero-defensa.

Campins: 2. Bien en defensa, le costó encontrar el carril ofensivo.

Cabrera: 0. Desbocado e inmaduro. Su autoexpulsión, sin defensa.

Gutián: 2. Como siempre. Es central fijo para este equipo.

Rico: 3. Firme, consistente y mandón. Buen trabajo como central.

Dorca: 1. Muy inseguro y desorientado.

Culio: 0. No está. Absorto e impreciso, pierde balones y no tiene criterio.

Javi Ros: 3. El mejor, sin duda. Cuando jugó de ancla lo hizo muy bien.

Pedro: 0. Duele suspenderle, pero no aporta nada positivo. Mal en el balón parado.

Hinestroza: 2. Fue de menos a más. Si alguien le enseña a combinar, nos dará mucho.

Ángel: 1. Muy gris. Lo intenta pero no encuentra su sitio. Casi acierta en una volea.

Abraham: 3. Muy bien en defensa e incisivo en el ataque. Se adivina un buen volante.

Lanza: 3. Junto a Ros, el mejor. Nos regaló varias jugadas de talento. Debe jugar.

Dongou: 1. El muchacho corrió y luchó, pero muy aislado.

Fútbol en la alambrada (Girona, 0 – Real Zaragoza, 0)


_boskldjaslkdjsa_b7d0ba7b   Partido herrumbroso, partido oculto por el escombro de un juego que a nadie satisfizo y que a todos horrorizó. A aficiones, a técnicos y a los propios jugadores. Un concierto de pases mal dados, controles equivocados, golpeos caóticos y estrategias muy mal ejecutadas. En todo caso rescataremos algunas buenas paradas de Bono y varias acciones de corte imperial que nos regaló Vallejo. Y muy poco más.

   Difícilmente recordaremos la tarde ayer. Ni siquiera para mal. Quizás para los aficionados a las estadísticas y los estudios numéricos, pues ayer se completó un nuevo tramo de fortaleza defensiva al mantener 90 minutos más la portería a cero, detalle este muy importante. Esto es así porque se trata de uno de los objetivos irrenunciables que el cuerpo técnico se trazó al comienzo del campeonato y porque la consideraron condición sine qua non para aspirar al ascenso. Por ese lado, poco que objetar. Bono resolvió un par de balones peligrosos, Vallejo cerró todos los agujeros y Cabrera complementó al aragonés con su potencia aérea. Son un triángulo ahora mismo necesario, los jugadores que han ayudado esencialmente a que el Real Zaragoza sea una escuadra muy difícil de batir. Pero a partir de ahí, hay mucho que mejorar.

  Se podría decir que el equipo de Popovic es un bloque que ha asimilado muy bien la idea de bloque duro, hermético y sólido en la cobertura, pero al que le falta fluidez en la circulación y concreción técnica en el control de los balones individuales. Con ponerle una capucha al físico de Morán se tapan muchas ideas y si las bandas no son capaces de solucionar ni un solo uno contra uno entendemos por qué el Zaragoza es un equipo estéril en ataque. Y esos dos hechos sucedieron ayer. El vasco no gestionó ni un solo balón y Diamanka y Dorca no consiguieron oxigenar la zona ancha para que los balones circulasen con holgura y claridad.

   En la primera mitad anotamos tan solo dos situaciones de ataque de cierto relieve. Un cabezazo de Ortuño y una carrera de Rico por la banda mal solucionada en el pase final cuando Jorge Díaz y el propio Ortuño estaban para el remate. Nada más. Sin embargo, en la cobertura los aragoneses tuvieron más razones para el trabajo, pues hubo tres momentos de peligro que, afortunadamente, solventaron bien Bono y la defensa. Estos datos nos ayudan a hacernos idea de la sequedad futbolística del equipo y de la inoperancia creativa. Son dos graves problemas sobre los que debe reflexionar el grupo porque, si se consiguen solucionar, estaremos hablando de un equipo con aspiraciones reales.

   La segunda parte fue una insulsa continuación en la que no vimos ningún detalle de mejora. Misma ineficacia combinativa, escasa frescura en la vertical y compromiso defensivo para pelear que la portería siguiera a cero. Conforme pasaron los minutos ambos equipos parecieron conformes con el empate, aunque Popovic debió pensar que Ángel podía aportar velocidad y verticalidad al juego. Algo parecido a lo que vimos ante el Tenerife. Pero no. El partido estaba suficientemente enmarañado y el canario no solo no encontró vías de tránsito sino que se atascó en el centro del campo. Ranko continuó buscando soluciones y miró a Wilk, que sustituyó a Diamanka. Pero tampoco funcionó. A los diez minutos el polaco se lesionó y fus suplido por Abraham, que se está especializando en jugar donde no sabe y eso lo acusa el equipo.

   La tarde estaba para Sergio Gil. Estaba para un jugador que activase la zona de entre líneas, que electrificase el juego, que dinamizase las transiciones. Estaba para el talento. No lo vio así el preparador balcánico y sus ideas se estamparon con la muralla gerundense, proporcionando una buena dosis de decepción a la parroquia blanquilla. Los minutos transcurrieron agitados por un Girona que se aprovechó de la entrada de Granell y Amagat, dos jugadores que trataron de aproximar el juego al área zaragocista y lo consiguieron.

   Hubo dos jugadas clave que bien pudieron haberse convertido en la tumba para el Real Zaragoza. La primera un posible penalty que el árbitro no pitó y que supuso la lesión del recién incorporado Wilk. La segunda, un cabezazo de Alcalá que detuvo con gran agilidad Bono cuando solo quedaban cuatro minutos. Fue importante que ninguna de las dos ocasiones se convirtieran en gol, porque eso permitió que, al menos, el regreso a las orillas del Ebro se realizase con un punto en el maletero. Poco, pero mucho.

   La plantilla tiene que sacudirse la mediocridad creativa en la que se ha instalado, más preocupada de impedir que nos metan un gol que de lograr uno más que el contrario. Las soluciones pasan por asentar a Ortuño en tareas de goleador más que de guerrero de uno contra el mundo e espaldas a la vida y por confiar en que la vuelta de Pedro le de otro aire al ataque, visto que Hinestroza y, sobre todo, Jorge Díaz no están para gobernar las bandas desde la titularidad. Y, por supuesto, en abrirle la ventana al viento fresco a jugadores como Sergio Gil, que ofrecen alternativas que, ahora mismo, no poseen jugadores como Dorca o Wilk.

   El Real Zaragoza ya ha conseguido detener la sangría de goles en contra que tanto daño nos hizo la temporada pasada y las primeras jornadas de esta. Ahora toca diseñar el plan de ataque para conseguir enderezar el rumbo y retomar el camino que nos debe devolver a casa. A Primera.

Foto: Heraldo de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 4. Buen partido con buenas paradas.

Isaac: 2. Un tanto alborotado, mostró rapidez en ataque pero flaqueza defensiva.

Vallejo: 4. Muy bien en el corte y atento a todas las acciones.

Cabrera: 3. Perfecto en el juego aéreo aunque flaquea en la salida del balón.

Rico: 3. Luchador y potente. Pero en las subidas.

Morán: 2. Seco en creatividad y mejor en defensa.

Dorca: 1. Se solapó en demasiadas ocasiones con sus compañeros y estuvo obtuso en la conducción.

Diamanka: 2. Más apagado en el juego de enlace.

Jorge Díaz: 1. Inexacto en ek paso y torpe en la conducción.

Hinestroza: 1. No encara ni resuleve situaciones de pase.

Ortuño: 3. Muy trabajador y luchador.

Ángel: 1. Casi no participó en el juego.

Wilk: S.C.

Abraham. S.C.

Di que querías creer (Girona, 1 – Real Zaragoza, 4)


1033352_1Si el próximo domingo el Real Zaragoza vuelve a casa, a Primera, la tarde del 14 de junio de 2015 pasará a la Historia zaragocista perfumada por la tramontana gerundense.  Item más: aunque no se produzca ese regreso, para todos quedará enganchado al corazón el trepidante partido que nuestros muchachos han jugado hoy en un Montilivi que aún debe estar preguntándose cómo es posible que hayan perdido tan magnífica oportunidad. Una victoria grandiosa, deseada aunque ignorada en los sueños de muchos que ha venido de la mano de eso que en el mundo del fútbol se ha dado en llamar el “hemoshechotodobien”.

    No volveré sobre los minutos previos al choque. No comentaré el dolor que me han producido las frases que algunos…No, mejor no. Solo diré que los chicos han realizado un partido magnífico. Intenso, bien trazado, generoso en el esfuerzo, solidario en las ayudas, talentoso en la ejecución de cada acción. Un partido típico de eliminatoria, de torneo corto, de esos en que el Real Zaragoza sabe competir tan bien desde la noche de los tiempos. Un partido soñado. Nuestro amigo Christian95 seguro que hará un análisis certero en vavel.com y aupazaragoza.com y seguro que lo firmaré con entusiasmo, pero a mí me toca, semana tras semana, hacer un relato en el que las emociones, los sentimientos y el ánimo sob los protagonistas.

   Y de eso hoy ha habido mucho sobre el césped catalán. Partían ambos equipos con sensaciones encontradas. El Girona, suficiente y pagado de sí mismo; el Real Zaragoza, deficitario y un tanto incrédulo. El 0-3 de la ida había dolido mucho, sobre todo porque fue un resultado tan injusto como ancho y eso suele ser una fractura en el alma del derrotado. Sin embargo, pronto hemos visto que los de Popo no iban a dar nada por perdido. El cuero no tenía nombre ni dueño y los balones rápidos y largos controlados por Pedro hacían mucho daño en una defensa quebradiza.

   Aunque ha habido ocasiones en ambas porterías, era el Real Zaragoza el que se mostraba más peligroso. Y en esas estábamos cuando Mata ha cometido un penalty que nos ha abierto las puertas del cielo. Willian ha transformado y comenzaba el Camino a la Esperanza. El Girona ha tratado de sacudirse el dominio zaragocista y el partido ha tenido de todo. Un gol de Mata anulado por fuera de juego y un remate de cabeza de Cabrera que ha sacado bajo palos Richy. Al poco ha llegado el segundo. Un cabezazo de Willian a saque de falta de Pedro, que hoy sí ha puesto balones de oro en las cabezas de sus amigos, ha asido otro jarro de agua bendita en las aspiraciones aragonesas.

   Tremenda bofetada que el equipo de Machín no ha sabido gestionar. En esos minutos hemos pensado que un tercer gol sería oro molido y debe ser que desearlo ha servido para que llegara. De nuevo otra falta botada por el alicantino que ha rematado en esta ocasión Cabrera. Los doscientos héroes que se han desplazado a Girona han roto a llorar de alegría y con ellos decenas de miles de zaragocistas que donde quiera que estuvieran contemplaban atónitos la extraordinaria hazaña que los suyos estaban construyendo.

   No había fútbol, pero sí corazón. Y voluntad y rasmia y pasión. El descanso certificaba la gesta y la vuelta al terreno de juego nos traía como buena noticia los gestos cabizbajos de los jugadores locales y la serena confianza que transmitían las miradas de los nuestros. Machín ha hecho un cambio y el Girona se ha estirado un tanto, pero hoy sí que ha funcionado la maquinaria defensiva a la perfección. Los tres centrales han estado en todas. Dorca ha jugado un enorme partido en su casa y los laterales han construido perfectos acordeones ofensivos y defensivos que conseguían ahogar los ataques del Girona. Arriba, Willian jugaba a sujetar balones y desequilibrar y Eldin y, sobre todo y por encima de todos, Pedro progresaban como estiletes cada vez que recibían el balón.

   Se ha vivido un momento de precaución por parte de ambas escuadras. Los dos sabían que un gol en contra destrozaría muchas ilusiones y por eso ha primado la contención. Sin embargo, un balón robado por Rico y peleado hasta la extenuación ha llegado a las botas de Fernández que ha rematado con furia para conseguir el 0-4. Ha sido un momento mágico. Era el resultado que se necesitaba o, por lo menos, los goles que había que meter. ahora tocaba ser inteligentes y saber manejar los tiempos.

   Poco ha durado la alegría, pues cinco minutos después Alday ha logrado el único gol local que servía para meterse de nuevo en la eliminatoria. Un gol más le daba el pase a cualquiera de los dos equipos y este ha estado en las botas de Pere Ponce. Una rápida contra por la derecha ha acabado en el punto de penalty, pero el catalán, solo ante un vendido Bono, ha echado fuera el balón. Ahí ha estado la eliminatoria, además de en la lesión de Bono, que ha recibido un fuerte golpe de su amigo Vallejo. Después sería Rico quien, con la puerta vacía pues Becerra había subido a rematar un saque de esquina, ha enviado el balón al poste. Y luego otro balón perdido. Y más tarde tres jugadores en el corner. Y ahora una falta. Y entonces se me suben los gemelos. Y me acuerdo de patear y enviar el cuero a la Luna. Y me tuerzo el tobillo y despejo con el alma. Y final. ¡Final!

   El Real Zaragoza es equipo de fiera pugna por el ascenso. Tras 44 partidos en el infierno echando agua fresca al fuego eterno para evitar que nos consuma, tras un año en el que nos conformábamos con respirar y obtener tres sorbos de vida cada día que pasaba npos encontramos a las puertas del Olimpo. Nuestro buen amigo Pacoherrera nos espera, así como los chicos de las islas que tan bien juegan al fútbol y que con tanta clase nos han dado sendos baños esta temporada. Pero nada nos intimida. Ya no. Ahora no es el tiempo de los perdedores y seguiremos luchando hasta el final. Lo cantaba el gran Freddy y nuestras gargantas están ávidas de melodías de victoria. Este cronista, que se sepa, es hoy un relator feliz. Y sigue creyendo que es posible. Mi alma anhela el regreso a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 5. Bien por alto, ha detenido dos balones envenenados.

Fernández: 5. Rápido, osado y goleador.

Vallejo: 5. Imperial. No tiene techo.

Mario: 5. Veterano, aguerrido y bien ubicado.

Cabrera: 5. Luchador, poderoso y goleador.

Rico: 5. Atrevido, vigoroso y ofensivo.

Dorca: 5. Su mejor partido. Gobernante y buen comunicador.

Galarreta: 4. Intuitivo, talentoso y esforzado.

Pedro: 5. Comandante, guía y faro.

Willian: 5. Poderoso, heterodoxo y bigoleador.

Álamo: 3. Rápido y desequilibrante.

Rubén: 3. Correcto en sus funciones.

Basha: 3. Trabajador y equilibrante.

Mala noche, mala suerte (Real Zaragoza, 0 – Girona, 3)


551039_gEl fútbol, ese amante infiel que nos abre las carnes con sus crueles verdades, ha sido hoy el verdugo que temíamos. Un Real Zaragoza bravío y atrevido ha caído aplastado por la bota de su impericia y el acierto de su adversario y lo que parecía una oportunidad de acercarnos a los caminos del cielo se ha trocado en sendero infernal. Un 0-3 se antoja montaña inaccesible aunque para ello habrá que valorar el estado de ánimo y el vigor físico de una plantilla que ha sufrido una derrota que no debe impedir valorar lo hecho esta temporada.

El partido, eléctrico como la tormenta que ha descargado toda su virulencia al principio de la tarde, ha pintado bien al inicio. Los chicos de Popovic han salido muy metidos, vigorosos. Han puesto cerco a la puerta de becerra y han generado varias ocasiones de gol muy claras que el portero gerundense ha solventado con gran maestría. Rubén, Pedro, Dorca han puesto a prueba su destreza, pero aún no acertamos a explicar lo sucedido. Sin duda lo más importante es certificar que este grupo sí que sabe jugar al fútbol, pero ciertamente todo pierde su sentido cuando se comete un error tan grave como el de Walley. Difícilmente el joven guardameta podrá olvidar esta noche. No tanto por su detalle, que ha supuesto la resurrección del equipo visitante, sino por el contraste con la gradísima actuación de su simétrico, el portero Becerra.

Era el mejor momento y se ha producido la peor desgracia. Eso no ha signifivcado, sin embargo, que el Real Zaragoza haya bajado los brazos. Ha seguido luchando, ha porfiado, ha perseguido el empate y la afición ha sabido reconocer el esfuerzo de los suyos. La comunión entre equipo y grada ha frecordado otros tiempos, lo que ha supuesto al mejor noticia. No ha habido ni un reproche, ni un mal gesto. Los muchachos, a la batalla; la afición, a lo grande.

A todo esto, el (mal) árbitro no ha querido perderse la fiesta y ha colaborado con su arbitraje de garrafón a lo que él no ha querido ver como una fiesta del amor a unos colores, sino como un cochambroso botellón futbolero. Ha permitido que los jugadores catalanes jugaran al límite del reglamento, se ha fumado un claro penalty por mano en el área y solo ha encontrado acciones punibles en el bando local.

   El inconcebible 0-1 y el postrer 0-2 han sido dos martillazos de una crudeza tal que el silencio se ha apoderado de la grada de la Basílica. No había mucho de qué hablar. Si acaso, de la necesidad de tratar de empatar y acercarse a Girona el próximo domingo con la sana intención de vencer, un plan no muy descabellado a esas alturas del partido. Sin embargo el 0-3 ya ha sido demasiado para un equipo que no ha encontrado demasiados argumentos para mitigar el dolor. Aún ha dado tiempo, eso sí, de acercarse al gol del honor, pero de nuevo Becerra ha sacadouna mano de oro para evitarlo. Mientras tanto, Popo le ha dado entrada a Álamo y Cabrera por Galarreta y Mario con un afán más de maquillador que de restaurador. 

   ¿Y la afición? ¿Cómo se ha comportado la sufrida hinchada blanquilla? Pues con una grandeza que honra una Historia y un escudo, con una entrega que la ennoblece y la dispone para empresas gloriosas que están por llegar. Ante el ignominioso resultado, ante la dramática derrota que estaba sufriendo el equipo del león, la parroquia zaragocista mostró que es la mejor. Tras sufrir lo insufrible, tras recibir decenas de puñaladas, tras padecer tormento y oprobio durante años  ayer cantó el himno, animó “en las buenas y en las malas” y despidió a los suyos, guerreros harapientos y con el alma hecha jirones, con un aplauso que anuncia futuro y desprecia la rendición. 

   Ahora queda seguir luchando. Queda un partido y nada debe darse pro perdido. Y mucho menos la dignidad. El equipo debe acudir a Montilivi, a la hermana ciudad inmortal, gemela en sitios y asedios, con el alma rearmada y el corazón en la punta de las lanzas. Podremos caer derrotados, pero nunca humillados. Podremos llegar al final de este sendero estrecho y mezquino que es la segunda división, pero nunca al término del camino que nos debe devolver a nuestro lugar en el mundo. En Primera. Y por si acaso queda alguna duda, que se sepa: este cronista cree que es posible la victoria y el pase a la final.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 1. Su grave error en el primer gol empaña cualquier mérito posterior.

Fernández: 3. Luchó, corrió y sufrió por el equipo. 

Vallejo: 4. De nuevo el mejor. La Romareda lo aclamó y lo elevó a los altares.

Rubén: 2. Mejor en ataque que en defensa. Estuvo a punto de marcar.

Mario: 2. Débil en lo físico, suple su flaqueza con su gran sentido táctico.

Rico: 3. Peleó hasta la extenuación. Bien en ataque.

Dorca: 3. Gobernó con pundonor y estilo. Estuvo a punto de marcar.

Galarreta: 2. Lo intentó de todas las maneras. No siempre le salió.

Pedro: 4. Jugó un gran partido. Lástima sus remates fallidos.

Eldin: 3. Estuvo en todas pero le falta un punto para estar fino.

Willian: 2. Desesperó a los suyos con su lentitud. Tiene, eso sí, detalles.

Cabrera: 3. Estuvo dispuesto a todo. Salvó un gol en la línea.

Álamo: 1. Atropellado y torpón.

Y con fundamento (Girona, 1 – Real Zaragoza, 1)


   La zurda de un burgalés repudiado por su afición fue el puñal que ayer rasgó el corazón del equipo revelación. Un chut ferruginoso sirvió para abrir un partido que se había anunciado enmarañado y que Popovic había preparado transformando el dibujo táctico porque, seguramente, temía al equipo catalán. Y no le faltó razón, porque como pudimos comprobar el Girona es un gran equipo, muy bien preparado, luchador hasta la extenuación, con unos jugadores que creen en ellos mismos con la fe del converso y dispuestos a todo para aprovechar una ocasión histórica.

   El gol de Rico, decíamos, abrió las ventanas a un choque que no decepcionó a las expectativas puestas en él. Con el resultado favorable el Real Zaragoza se dispuso a resistir los embates de los rojillos, que se echaron al monte con fiera dedicaciuón poniendo cerco a la defensa triangulada formada pro Vallejo, Rubén y Mario en el centro y con los dos laterales abiertos al futuro. El equipo sufrió mucho durante esos primeros minutos pero bien porque hubo suerte, bien por las intervenciones de un buen Bono, se consiguió mantener la portería a cero durante toda la primera parte.

   Cuando el equipo logró sacudirse el dominio local se atrevió con algunas jugadas de ataque que tenían como principal argumento la electricidad de Jaime. El manchego es, sin duda, una de las principales razones para creer en todo y tanto sus veloces latigazos como sus centros al área en busca del gatillo de Borja lograron poner en apuros al portero catalán en un par de ocasiones. Habría sido muy importante meter ese segundo gol, pero ni el delantero centro a pase de Jaime ni una fulminante galopada que este último se construyó y que no pudo finalizar tras feliz intervención de Becerra lograron obtener el propósito.

   Habría sido un premio quizás alargado por la fortuna, pero habría permitido probablemente una victoria de altísimo valor. No pudo ser y la segunda parte se inició con un Girona decidido a darle varias vueltas de tuerca al partido. Con un altísimo ritmo buscó el gol del empate con fe ciega y una intensidad muy pocas veces vista. Así y todo, el Real Zaragoza mantuvo el tipo y supo proteger a Bono que, sin embargo, se propuso contradecir a sus compañeros con un par de salidas inconsistentes que no fueron gol por muy poco.

   El equipo aragonés siguió a lo suyo, tratando de aprovechar las pocas oportunidades que era capaz de generar, como ese centro de Jaime otra vez para Borja que este no aprovechó por muy poco. Fueron unos momentos de inestabilidad por parte de ambos equipos. Del Girona porque poco a poco fue perdiendo fuelle y del Real Zaragoza porque en pocos minutos perdió a Jaime y a José Fernández, ambos por problemas físicos. Eso desmontó en cierto modo al grupo al tener que ubicarse Pedro en el lugar del cordobés. Y por ahí comenzaron a llegar los problemas. El alicantino no es defensa y los jugadores del Girona encontraron ahí un sendero abierto por el que transitar buenos balones perfumados de peligro.

   En una de esas jugadas Pedro hizo penalty sobre Mata. Fue una falta fruto de la impericia pero justa a todas luces. La fortuna, no obstante, sonrió al equipo blanquillo pues Jandro falló el lanzamiento. Enorme alegría, pues el Girona estaba apretando lo suyo y el partido apuntaba más al empate que a la victoria definitiva de los chicos de Popo. El error no supuso, de todos modos, una pérdida de ímpetu gerundense. Al contrario, el Girona redobló el esfuerzo y prosiguió su asedio. Y llegó el gol. Es cierto que no fue en jugada, sino a balón parado, pero el hecho de producirse en el minuto 88 produjo dolor en el equipo, que había luchado lo indecible en casa del segundo y ya veía los tres puntos camino del Pilar.

   Punto merecido, pues. Y meritorio. El hecho de hacerlo frente a un equipo tan bien armado como el de Pablo Machín le otorga un valor que ojalá sepamos apreciar y poner en valor con una victoria ante el Mirandés. Será la rúbrica a una muy anhelada participación en los play off.

CALIFICACIONES

Bono: 3. Muy buena primera parte, con dos buenas paradas. Floja segunda parte.

Fernández: 3. Bien en el corte y rápido en la salida de balón.

Vallejo: 4. De nuevo notable partido el del aragonés.

Rubén: 2. Muy nervioso e inexacto en ocasiones. Luego se entonó.

Mario: 3. Correcto en la posición y en el corte.

Rico: 4. Buen partido y magnífico gol.

Basha: 2. Discreto y poco participativo.

Dorca: 3. Sigue su buena tónica. Bien el corte y repartiendo juego.

Jaime: 4. Muy rápido y peligroso.

Pedro: 2. Algo intermitente, con luces y sombras.

Borja: 3. Como siempre, luchador y presente.

Insa: 2. Trabajador y voluntarioso.

Galarreta: 2. Superficial y poco relevante.

Álamo: 2. Llevó un par de balones con peligro y poco más.