Tres, fueron tres (Real Zaragoza, 3 – Nàstic, 3)


 

Cuando aún no habíamos situado nuestra inquietud en los asientos de la vieja Dama
Blanca, esa Romareda digna de noches más honrosas que un enfrentamiento de
segunda, el incierto Verdasca ya había logrado el primer gol. Pocos minutos después, en el 19, el muy ponderado Pep Biel, enganchó un vitamínico chut desde fuera del área que no pudo detener Bernabé, convirtiéndose en el segundo del partido. Y en el 40, después de haber conseguido evitar que el Nàstic acortase distancias gracias a su impericia y a una defensa razonablemente eficiente, fue Delmás quien cerró el partido con un tercer gol que supo a equipo solvente. Un 3-0 poco antes del descanso era un resultado que hacía mucho tiempo que no disfrutábamos ni recordábamos los zaragocistas. Solo los que crecimos acostumbrados a ver ganar al Zaragoza en casa, en aquellos tiempos que la Basílica era fruta prohibida para cualquier visitante.

El partido de ayer fue la respuesta a la inquietud que merodeaba el corazón blanquillo.
A lo largo de la semana se había hablado mucho, y no siempre con buena fe, de lo
peligroso que sería no vencer al flacucho Nàstic. El lío tremebundo en que podría meterse este equipo a cuyos jugadores no vemos capaces de afrontar con garantías una situación crítica. Por eso el propio Víctor se apresuró a descargar de responsabilidades a lo suyos ya en la rueda de prnesa de Mallorca, después de la dura derrota de la semana pasada. A ello había que añadir las lesiones de varios jugadores y la baja forma de algunos otros, como Pombo. Mal panorama, pues, en el que se ha movido el equipo estos días. Por eso, la victoria es tan importante.

Víctor utilizó a cuatro jugadores que no habían jugado la jornada anterior y seguro que
su mensaje en el vestuario fue una ráfaga de Estimulina rociada con varios cargadores de Motivacionil. Esto se tradujo en un comienzo de partido chispeante, cargado de intensidad y verticalidad. Eso y el gran acierto de sus jugadores a la hora de afrontar la portería de Bernabé ayudaron que en seguida se abriese el horizonte. El gol de Verdasca, ayer muy centrado en lo que sabe y tiene que hacer, fue un chute de energía para el equipo y la famélica grada, ayer solo cubierta por 15.000 fieles (gracias, Tebas).

No hacía falta mucha pizarra ni mucha elaboración. El equipo hacía bien lo que sabe
hacer y defendía con cierta corrección los desesperados ataques visitantes. Además, por si la cobertura fallaba, ahí estaban Cristian, el Divino, y el poste para evitar que la fiesta se aguase en lo futbolístico. Y en seguida llegó el segundo. Esta vez fue Pep Biel, muy reforzado por Víctor y muy aplicado respondiendo a su confianza, quien con un chut seco y colocado obtenía la recompensa del gol.

El partido estaba donde el Zaragoza quería y necesitaba. Cómodo en el césped,
aprovechando la quietud del contrario y gobernando con soltura, la afición se dispuso a
disfrutar de una noche plácida y fructífera. No había más equipo que el aragonés y poco a poco aceptamos la victoria como compañera, algo a lo que no estamos acostumbrados, ciertamente. Mientras tanto, los minutos pasaban y las ocasiones se sucedían. Una de Linares, de cabeza, y otra de Delmás, de tiro raso y ajustado al palo, fueron las mejores. Y fue el propio Julián quien, en el minuto 40, cerraría el partido con una estupenda galopada, vertical y decidida. Su disparo, raso y oblicuo, significó el 3-0, lo que sirvió para que el zaragocismo respirase tranquilo y disfrutase del bocata del descanso como hacía meses que no lo hacía.

Tras la ducha, el Zaragoza salió relajado y algo despistado al césped. Por su parte, el
Nàstic pisó la pulcra alfombra con todo, hizo dos cambios y enchufó su fracturado corazón a la desesperación. Dispuso de varias ocasiones no muy claras, pero una de ellas rozó el gol. Verdasca, atento y operativo como hacía mucho tiempo que no le veíamos, salvó bajo palos un envenenado centro de Suárez. Viendo lo que estaba sucediendo, el mister dio a entrada a Pombo por un laborioso pero estéril Linares. Estaba claro que se buscaba la reactivación, agitar un partido ya desmembrado en su planteamiento y su desarrollo y, de paso, darle al chaval la ocasión de redimirse ante los suyos y, sobre todo, ante sí mismo.

Y lo intentó con el alma. Hasta en dos ocasiones arrimó su voluntad al gol. La primera
se le fue alta por mucho y en la segunda construyó una rosac bien intencionada pero fácil para Bernabé. Era la puesta en escena de un Zaragoza conforme con los tres goles y dispuesto, si se daba el caso, a lograr un cuarto tanto siempre, eso sí, que sus
descoordinados contraataques le dieran para ello.

No fue así y lo que sí sucedió fue que el Nàstic lo intentó a base de coraje y pundonor,
llevado por la desesperada situación que lo lleva, de cabeza y pies, a Segunda B. Logró
su propósito de encerrar al Zaragoza en su área pero una vez más ahí estuvo Cristian
para evitar hasta tres posibles goles, una a Fali, al saque de una falta, y dos más a
Suárez, sin duda el delantero más atractivo de los catalanes. La entrada en el campo de
Zapater y Guti le dio algo de oxígeno a un Zaragoza dispuesto a saborear una victoria
vital y que en ningún momento se vio amenazada.

Así fue como llegamos al final. El equipo hizo lo más difícil, direccionar el partido muy
pronto y evitar angustias que podrían haber necrosado un futuro que ahora se ve un poco más limpio. Habrá que ser inteligentes y diligentes para gestionar las semanas que quedan hasta el final de la liga.

CALIFICACIONES
Cristian: 4. Otra vez, el mejor.
Delmás: 3. Sufrió en defensa en los balones largos, si bien luchó lo indecible. Y goleó.
Guitián: 4. Majestuoso y gobernante.
Verdasca: 4. Buen partido. Centrado, colaborador y goleador.
Lasure: 2. Le sigue falta chispa y encontrar la solución adecuada a cada situación.
Eguaras: 3. Dirigió con suavidad al equipo. Le faltó el último pase.
James: 3. Trabajador e incisivo.
Pep Biel: 4. Gran trabajo. Además, logró un gran gol.
Soro: 4. Encara, combina y mueve al equipo.
Álvaro: 3. Buen agitador, su trabajo desequilibró a la defensa contraria.
Linares: 2. Trabajó mucho pero no encontró su sitio.
Pombo: 3. Su salida sirvió para descompensar las líneas contrarias. Chutó con fe.
Zapater: 2. Salió a oxigenar y lo cumplió.
Guti: S. C.

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Creí vencer (Nàstic, 1 – Real Zaragoza, 3)


   Cuando el defensa Jiménez le entregó torpemente el balón a Álvaro, el zaragocismo contuvo el aliento. Fueron cinco, seis segundos en los que el universo abandonó su curvatura y esperó, paciente, a que el badalonés apurase la copa de la picardía y batiese a Becerra. El gol, el tercero del casillero blanquillo, significaba mucho más que un simple guarismo. Era el sintagma verbal hecho verdad que traía un gramo de calma y media micra de esperanza a un equipo, el Zaragoza, y una afición que hora y media antes había comenzado a deslizarse por el acantilado de la tragedia.

Pep_Biel

   Lucas Alcaraz agitó ayer las entrañas del grupo. Deconstruyó una idea contaminada por la ineficacia y la miseria y utilizó a algunos jugadores hasta ahora olvidados, como Nieto y Biel. Además, para completar su plan, retocó algunas posiciones, apostando por una idea que tratase de solidificar la estructura defensiva y facilitase la circulación del balón, olvidando viejos gestos ya gastados. Así, Nieto fue el tercer central y los laterales, Delmás y Lasure, recibieron la orden de transitar con algo más de largura por su banda. Ese, digo, era el plan.

   Sin embargo, todo estuvo a punto de irse a la basura en el minuto 3. A la salida del primer corner, el balón dibujó una suave parábola que ningún jugador blanquillo supo interpretar y llegó a la cabeza de Fali quien, asombrosamente solo, logró cabecear para marcar el 1-0. Un sombrío manto cayó sobre el escudo del león, que no podía dar crédito a lo sucedido. Ni el propio Nàstic, que tampoco está para muchos farolillos. El inesperado tanto les cogió de sorpresa también a los locales, que no supieron interpretar bien el regalo, o no pudieron, pero no les hizo falta aplicarse demasiado en la defensa de su ventaja.

   En efecto, el Real Zaragoza no lograba desperezarse ni abandonar su aturdimiento. Quizás Pombo fuese el más significado. Cogió la antorcha de la audacia y trató con sus acciones de contagiar a sus desorientados compañeros de su entusiasmo. Le costó mucho, pues Ros no encontraba el camino, Eguaras seguía intermitente y dubitativo, Gual lo peleaba todo pero sin mucha fortuna y Biel, voluntarioso, acusaba su falta de ritmo competitivo. Aun así, el partido poco a poco fue tintándose de blanco y azul. Sin claridad, con ausencia de ocasiones, pero con una actitud mejor a cada minuto que pasaba.

   En esa situación estábamos cuando un corner botado por Ros acabó en gol tras circular el balón por la cabeza de Gual y después en el cuerpo de Djetei. Era una forma de reparar el error del inicio y una bocanada de aire, ni fresco ni cálido, mas aire al fin. Por delante, todo un mundo para tratar de lograr el único final feliz posible y necesario: la victoria. Puestas así las cosas, el equipo aragonés trató de prolongar el ímpetu adquirido con el gol, pero el muy activo Gual no lograba enganchar un buen disparo pese a sus muchos intentos. No er mucho, pero era algo.

   Tras el descanso, el Zaragoza salió algo apático. De eso trató de aprovecharse el mister Martin, dando entrada a su rápido extremo Tete, pero no se crearon ocasiones de gol en ninguna de las dos áreas. Eso sí, conforme Ros y Biel fueron cogiéndole el pulso al partido y Pombo comenzaba a dibujar una figura más acorde con su calidad, el partido comenzó a adoptar un gesto cada vez más favorable a los intereses zaragocistas. No porque se jugase mejor, pero sí por control e intención.

   En el minuto 64 se generó la ocasión que acabaría siendo determinante. Una falta al borde del área fue magistralmente convertida por el joven Biel, quien a esas alturas ya había dado señales de calidad y presencia fértil. Fue un buen gol y el partido adoptaba un perfil más que favorable. Jubilosamente celebrado por los chicos y por la fiel afición desplazada a Tarragona, se abría ahora un escenario de alto riesgo. El Nàstic iba a apretar lo suyo y Alcaraz iba a tener que tomar decisiones. Y la principal fue devolver a Álvaro a la vida. El buen delantero catalán saltaba al campo para aportar clase y rotundidad, además de para fijar a dos y hasta a tres defensas contrarios.

   Entre tanto, el equipo rojillo se dispuso a acogotar al Zaragoza con balones aéreos en busca de un cabezazo, un rebote, una casualidad. La defensa aragonesa, reforzada con la presencia de Zapater, resistió con éxito el asedio y para acabar de disipar dudas, en el minuto 90 Álvaro recibió un gran regalo de Jimenez y con la calma de los grandes delanteros batió irremisiblemente a Becerra.

   La victoria es fundamental. Vital. Son tres puntos pero, sobre todo, es la luz que se enciende para abrir los pulmones de un equipo cuya salud comenzaba a ser muy preocupante. Ahora, con la alegría del triunfo en las mochilas de todos, toca comenzar a serenarse y afrontar una semana de grandísima trascendencia que nos lleva al partido ante el Mallorca el próximo sábado. Será una tarde para los grandes.

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Algo dubitativo en el gol, resolvió lo demás con corrección.

Delmás: 3. Luchador, trabajador y eficaz.

Perone: 1. Su torpe aliño produce inseguridad.

Nieto: 2. Difícil papeleta que cumplió con dignidad.

Verdasca: 2. Muy irregular, trasmite muchas dudas.

Lasure: 3. Fue encontrándose a sí mismo conforme avanzaba el partido.

Eguaras: 2. Su inicio fue incierto y se entonó en la segunda parte.

Ros: 3. Compromiso, acierto y generosidad.

Biel: 4. El mejor. Abrió vías de circulación y marcó un gran gol.

Pombo: 4. Su voluntad férrea y su capacidad de liderazgo fueron decisivas.

Gual: 3. Trabajó lo indecible e inquietó con sus caracoleos. Le faltó definir.

Álvaro: 3. Determinante. Si le llegan balones es decisivo. Goleó.

Zapater: S. C.

Aguirre. S. C.

 

 

 

Gracias por el fuego azul (Nàstic de Tarragona. 0 – Real Zaragoza, 2)


 

Llegaba el Real Zaragoza al Nou Estadi con dos novedades en la alineación: la previsible de Zapater por el sancionado Ros y la prevista de Grippo por el enclenque Verdasca. Y lo hacía también con un suave viento de cola propiciado por la victoria ante el Lugo y una moderada sensación de progreso a la que se ha apuntado con prudencia el zaragocismo.

Grippo

   La semana había sido una de las más plácidas de la temporada y eso, en cierto modo, era un argumento a favor de los chicos de Natxo. Por eso era tan importante comenzar con calma y firmeza un encuentro que se adivinaba duro y complejo. Sin embargo, apenas en el minuto 1 el Nàstic ya disfrutó de una inmejorable situación de gol. Falló, pero fue la llave que abrió la caja de los truenos sin ruido. Se abrió la veda para un partido de muchas idas y alguna vuelta que otra.

   El Zaragoza recogió el guante y también apostó por la alegría ofensiva. Febas decidió dar un paso adelante y comandar las eléctricas incursiones aunque con inexactitud. Esa languidez en sus acciones propició varias incursiones locales y algunos remates que resolvió Cristian con gran pericia. Hasta cuatro buenas paradas, de las que dan seguridad y, muy importante, puntos.

   A partir del minuto 20 el Zaragoza comenzó a manejar mejor el partido, si bien no podía evitar un contraataque muy bien trenzado por el Nàstic que acabó con un buen chut de Álvaro Vazquez. Este lo repelió una vez más Cristian, aunque en el choque de Grippo el delantero catalán se lesionó, lo que obligó al mister grana a mover el banquillo.

   Definitivamente estábamos  en un momento de desequilibrios constantes. Hablemos de audacia o inconsciencia, de atrevimiento o irreflexión, pero el partido anunciaba goles. En una u otra portería. Y felizmente cayó del lado zaragocista. Tras una excelente ocasión de Borja que su lentitud anuló, llegó el corner que sirvió para que Grippo rematase de cabeza como solo los que hemos vivido el fútbol en blanco y negro recordábamos. Un testarazo, como se decía antes, que acabó con el balón en las mallas del tramposo Dimitrievsky. Y la alegría de la hinchada zaragocista.

   Tras el descanso el Nàstic salió con todo. Encerró al Zaragoza, que procuró una defensa ordenada y un libreto con el contraataque como principal argumento. La primera dentellada la intentó Borja Iglesias, que pugnó con su par y armó un buen disparo que el portero local atrapó bien. El partido era intenso pero el equipo aragonés ofreció un gesto serio y cada vez más cerca de la madurez. Sujetó las bandas, cortocircuitó las líneas de pase y recuperó varios balones que gestionó con cierta soltura. Hasta que llegó la jugada del segundo gol.

   Aleix Febas, hoy decidido a dar una imagen de jugador más de presente que de futuro, arrancó con el balón controlado y recorrió medio campo perseguido por varios jugadores del Nàstic. A su derecha, Borja Iglesias emprendió una carrera rectilínea que anunciaba un paisaje iluminado por el gol. Recibió el pase tras trastabillarse el defensa y el balón que le llegó lo depositó con una suave cuchara en la red local. Su alegría desbordó el corazón zaragocista y la celebración no dejó lugar a ninguna duda.

   A partir de ese momento el choque ya no tuvo otro color que el banquillo. Si acaso, algunas dudas que Natxo introdujo en el equipo con los cambios, sobre todo el de Mikel Gonzalez por un inmenso Eguaras, cuya ausencia acusó el equipo. Y Cristian, claro está. El portero zaragocista está en un momento de enormidad incalculable. Sus paradas han sido una de las piezas clave del éxito zaragocista, y de todas ellas, que han sido varias y de diversa hechura, nos quedamos con la que nos ha regalado en el minuto 87 a disparo envenenado de Barreiro.

   Victoria inmensa, elaborada, bella y esforzada a la vez, Victoria manufacturada a base de confianza en las propias posibilidades y gracias a una ejecución correcta del guión de Natxo y a un desarrollo inteligente de los tiempos y los espacios. Este equipo, poco a poco, va mostrando una luz hasta ahora oculta y la afición hará bien en saborear este triunfo. Pero hará muy bien, también, en pensar únicamente en el partido del domingo. No es país para soñadores.   

Foto: La Liga 1|2|3 

CALIFICACIONES

Cristian: 5. Sin duda, un valladar. El mejor de todos.

Benito: 4. Buen partido. Inteligente y eficaz.

Grippo: 4. Poderoso en defensa y goleador.

Perone: 3. Pese a su lentitud, su fortaleza y colocación le ayudan.

Lasure: 4. Trabajador y esforzado, ha sabido leer muy bien el partido.

Eguaras: 4. La verdadera ancla del equipo. Su manejo es admirable.

Zapater: 3. Irregular. Ha alternado aciertos con errores en el control.

Guti: 4. Abarca tanto campo que a veces se le queda pequeño.

Pombo: 3. Rápido y agitador, a veces peca de impreciso.

Febas: 4. Ha calibrado bien sus fuerzas y ha desestabilizado al contrario.

Borja: 4. Sus desmarques y su poderío destroza a la defensa contraria. El gol, magnífico.

Vinicius: 2. Luchador pero muy impreciso.

Buff: 2. Ha salido para tareas con las que no está muy cómodo.

Mikel González: 2. Ha ayudado a la defensa.

 

 

Nos conoce, nos conoce (Real Zaragoza, 1 – Nàstic, 1)


ToqueroLa noche de ayer quedará marcada a fuego y silbato en la historia zaragocista como un ataque al corazón de un club grande y señor. Y como una agresión a una afición humilde y humillada por tirios y troyanos. Estábamos acostumbrados a sufrir muchas injusticias, pero lo del partido ante el Nàstic es un capítulo putrefacto que hace mucho daño no solo a un club y una afición, sino al deporte en general.

El Real Zaragoza logró empatar cuando todo estaba en su contra. Jugó una primera parte muy digna, en la que el equipo aragonés prolongó el desarrollo de una idea futbolística que enamora a los suyos aunque aún no ha logrado los frutos merecidos. Natxo González dibujó un partido propicio, con una apuesta valiente y muy bien estudiada y el plan le salió muy bien. La defensa ha ganado mucho con la presencia de Mikel González y esa consistencia le otorga a la medular una mayor amplitud de acciones.

Zapater cada día es más Zapater y Eguaras, con los números en la mano, es un jugador que actúa con acierto en el pase y gobierna bien los tiempos. Por delante, el Zaragoza dispone de una propuesta tan atractiva que a poco que la nave se equilibre puede llevarnos a buen puerto.

Fueron 45 minutos en los que brillaron con luz propia y ajena Febas y Buff y en los que Toquero y Borja provocaban que los chicos de Rodri entraran en pánico cada vez que comenzaba a circular el balón en la línea de tres cuartos catalana. Pero con lo que no contábamos los amantes del deporte y del fair play era con que los jugadores del Nàstic decidiesen en referéndum oculto que ayer todo valía y que el uso de la fuerza es un argumento favorable, sobre todo si se cuenta con la complicidad de un árbitro inepto, injusto y mal intencionado. Febas sufrió varias agresiones que quedaron impunes, Borja vio una tarjeta amarilla por nada, Eguaras recibió las malas artes de Abraham y, en general, el equipo sufrió una persecución extrema por parte de Figueroa Vazquez.

Toquero logró el primer gol. Fue a la salida de un corner magistralmente rematado por el vitoriano, que logró que fuera estruendosamente celebrado por la hinchada y por una emocionada Basílica completamente enganchada a su equipo. Algo especial está ocurriendo este año cuando no se acaba de lograr la victoria pero su juego provoca un entusiasmo irredento entre los zaragocistas.

El partido era local. Tenía el gesto de los hijos del cierzo estampado en cada jugada, en cada movimiento táctico, en cada acción técnica. Los chicos del león se sabían el guión de memoria y a la teoría le sumaban un derroche físico inconmensurable. Todos juegan y se la juegan. Todos corren y acompañan. Todos se abrazan al amigo sin calibrar el sacrificio propio. Este equipo huele a equipo y su gente lo sabe. Por eso, cuando la miseria se acuesta en la orilla de la sexagenaria Romareda, la injusticia sabe a hiel.

Era el minuto 43. El Zaragoza se disponía a ejecutar un corner cuando el portero del Nàstic, de nombre Dimitrievsky, acuérdese el juez, se tiró al suelo con gestos exagerados y de muy mal perfil. Mal deportista. Tramposo y mendaz. Y el árbitro, que estaba deseando que algo así ocurriese, extrajo su tarjeta amarilla que significaba la expulsión de Borja. El graderío estalló. No cabía más humillación, mayor felonía.

El partido estaba roto, pero no el alma del Zaragoza. Natxo dispuso un 4-3- 2 para
afrontar una segunda parte que se presumía interminable. Obligó con su gesto táctico al Nàstic a llevar el balón a las bandas, donde tanto Delmás y Eguaras por un lado como Ángel y Zapater y luego Guti cumplieron una tarea hercúlea. Al mismo tiempo Buff y Toquero y luego Papu eran los encargados de provocar la inquietud en la defensa tarraconense.

El plan estuvo a punto de cumplirse heroicamente. El equipo resistió valientemente y entre todos ellos habrá que mencionar a Christian, un portero maduro, solemne y creyente que ayer le dio al equipo mucho con sus paradas y su estabilidad emocional. Estuvo a punto, ciertamente, pero las deleznables decisiones de Figueroa Vazquez acabaron por derribar la defensa aragonesa que vio cómo llegaba el gol del empate en el minuto 43. No importó. El equipo tiene a su afición. Y lo más importante: la afición tiene, por fin, a su equipo. Y amigos: este amor no se toca.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES
Christian: 4. Gran actuación. Realizó varias buenas paradas.
Benito: 3. Mientras estuvo, trabajó bien en defensa y lució en ataque.
Mikel: 4. Serenidad, calma y experiencia.
Verdasca: 3. Junto a Mikel crece como central.
Ángel: 3. Buen trabajo en ambas facetas.
Zapater: 4. Excelente labor de cobertura y de equilibrio.
Eguaras: 4. Consolidó el centro del campo y manejó los tiempos.
Febas: 4. Tiene magia y es generoso. Desquicia a los rivales.
Buff: 3. Su clase la acompaña con su esfuerzo y compromiso.
Toquero: 4. De nuevo gran partido. Lucha y vence. Y golea.
Borja: 3. Su capacidad de desgaste es enorme. Se entrega en cuerpo y alma.
Delmás: 3. Rápido, esforzado y valiente.
Guti: 3. Está dándole la razón a Natxo. Llega a casi todo y es descarado. Crece cada día.
Papu: 3. Cada vez que coge el balón compromete a tres defensas. Tuvo el 2-0.

La defensa es la despensa (Nàstic, 0 – Real Zaragoza, 0)


20_septiembre_2016Hay partidos de cartón piedra, de esos que muestran una cara más o menos creíble pero debajo solo hay vacío. Eso fue lo que ayer nos ofrecieron Nàstic y Real Zaragoza. Una performance de bajos vuelos, una propuesta futbolera de perfil mediocre que, sin embargo, vale lo mismo que el partido soñado. Tres puntos si hay victoria. Dos puntos, uno para cada uno si ninguno sabe más que el otro, si ninguno puede más que nadie.

   El choque llegaba en plenas fiestas de Santa Tecla en Tarragona, pero ni aun así el campo pudo ofrecer una entrada acorde con la competición. O a lo mejor es que es lo que nos merecemos. Lo que sí estuvo claro desde el principio fue que Luis Milla tenía una idea, una, entre ceja y ceja y a ella iba a subordinar todo su plan. No encajar. Ni tres, ni dos ni uno. No encajar. Para tapar la dolorosa brecha que los partidos ante Lugo y Levante habían abierto en el alma zaragocista. Y, muy importante, para rescatar a Irureta del vacío emocional al que había caído tras sus malas actuaciones en este comienzo de Liga. Y ambos propósitos se vieron cumplidos.

   No parecía fácil recomponer el equipo después de sumar una lesión más, dos, si contamos la gravísima de Wilk a la ya escasa nómina de jugadores de la plantilla zaragocista. Para ello optó por utilizar a Fran como doble lateral, cerrar la banda izquierda con Ros de mosquetero de Casado y desplazar a Lanzarote al yterritorio de Cani, a ver si así manteníamos a Ángel activado. Esto ya no salió tan bien. Aquí ya encontramos más zonas oscuras, pues si bien el balance defensivo funcionó razonablemente, las conexiones en ataque anduvieron fundidas durante toda la primera parte.

   Se notó que Lanza no estaba en su entorno natural y la ausencia de Xumetra también mostró la oscuridad de una segunda línea en la que había demasiados obreros pero poco talento. El esfuerzo volvió a ser un argumento de los zaragocistas, de eso no hay queja, pero la gran acumulación de jugadores en el medio campo impidió poder disfrutar de una idea de fútbol mínimamente acogedora. El empate era justa compensación a lo ofrecido y nada hacía pensar que Irureta, que hasta ese momento había solventado las dos ocasiones que había fabricado el Nàstic, fuera a convertirse en el protagonista del partido. Pero sí.

   Todo ocurrió a dos minutos del descanso. Un centro desde la línea de tres cuartos proporcionó un balón aéreo al que no llegó nadie. En el camino, Uche cayó al suelo sin causa aparente y el árbitro pitó penalty. Mal pitado, pero incontestable. Y ahí se produjo el hecho que puede tener más significado del que parece. El propio delantero lanzó la pena máxima e Irureta detuvo el chut. Salvó el partido y además adquirió una buena dosis de autoestima y confianza, pues sabido es que un portero vive colgado de la seguridad en sí mismo y de la fe en sus posibilidades.

   El segundo tiempo comenzó con un Nàstic muy metido en el partido, muy enchufado. Su entrenador, Vicente, les aplicó un par de descargas motivadoras que causaron su efecto. Durante los primeros minutos el Real Zaragoza se vio encerrado en su campo, pero supo mantener ese orden feo y poco amable a la vista pero necesario en noches como la ayer. Cuando no hay fútbol, cuando la calidad sestea en la memoria de los equipos, cuando nadie consigue hacer raya con su juego y su propuesta es preciso saber estar a lo que se tiene que estar. Y esperar que, quién sabe, en medio de la hojarasca alguien encuentre el sendero al gol.

   Y algo de eso pudo ocurrir. Ángel en dos ocasiones, Lanzarote en un magistral chut que podría haberse convertido, otra vez, una jornada más, en el gol de la jornada y Ros, a tres minutos del final tuvieron la posibilidad de romper en mil pedazos la noche. No pudo ser, pero se vio que el equipo de Milla ayer estuvo tan cerca de vencer como de volver de vacío. Al final, un empate que no concita consensos, con el que nadie se queda pero que tampoco nadie desprecia. Una prueba más, otra, de que esta Liga es larga como una alambrada abandonada, pero por eso mismo debemos sujetarnos a la idea que nos guía: paciencia y fortaleza.

http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Irureta: 4. Seguro en eljuego y clave en el penalti.

Isaac: 2. Sufrió mucho pero luchó con gallardía.

Marcelo Silva: 2. Impetuoso en el choque, debe modular su vigor.

Cabrera: 2. Correcto en defensa, no anduvo fino en la salida del balón.

Casado: 1. Perdió la posición en ocasiones y no siempre acertó en sus acciones.

Zapater: 3. Ejemplo de derroche, bien en el corte y justo en la conducción.

Ros: 2. Tuvo elencargo de cerrar la banda izquierda y ahí cumplió. El resto, discreto.

Barrera: 2. No mantuvo una regularidad necesaria. Algo desajustado en ataque.

Fran: 2. Rápido en la conducción, no se encuentra sin balón.

Lanza: 3. Tuvo detalles de gran calidad. Mejoró cuando regresó a la banda.

Ángel: 3. Peleó, pugnó y buscó, pero ayer no encontró espacios.

Morán: 3. Aseó el centro del campo y equilibró el partido.

Pombo: 2. Buenos detalles y valentía en la conducción y el chut.

Juan Muños: S.C.

Como esos viejos árboles (Real Zaragoza, 0 – Nàstic, 1)


   598515_gManolo Reina y su cohorte de alborotadores hablan de “gestión emocional” del penalty que Lanza ha errado. Hacía mucho tiempo que no leía semejante indignidad y solo espero, por el bien del deporte y de quienes lo amamos, que el futuro haga justicia y acabe esta negrura que nos envuelve. El partido que hoy ha disputado el Real Zaragoza es un capítulo más en esta historia de ignominias y desprecios continuados que el equipo aragonés viene sufriendo desde hace ya demasiado tiempo. Un golpe despiadado a un escudo, a una afición, a una historia que difícilmente puede soportar más ataques.

   Un árbitro claramente insuficiente e inepto, desbordado por unos acontecimientos que solo pueden calificados de vergonzosos y que demuestran que nuestros dirigentes no cuentan con los mejores actores, ha asestado varios golpes de muerte que se suman a los recibidos en otros partidos. A ello añadamos la actitud cuestionble y de muy dudosa elegancia de un técnico, Morales, que se maneja fenomenalmente en las fangosas aguas de las medias verdades y las afirmaciones maliciosas, como lo ha vuelto a demostrar hoy en la rueda de prensa. Un completo, en fin.

   El atraco sufrido en nuestro propio hogar ha dejado un amargo sabor de boca en una afición que lo ha dado todo por sus colores y como recompensa ha recibido, otra vez más, la hiel de la humillación. Algún día tendrá que acabar este infierno. Algún día sonreiremos porque la vida nos devuelva todo lo que el Mal nos ha quitado.

   El partido ha empezado con un Zaragoza atrevido, vívido y luchador. Se ha quedado con el balón y ha bloqueado las vías de circulación del Nàstic. Han sido quince minutos de brega, tensión y activo deseo. Luego el juego se ha equilibrado y la mañana ha dibujado un choque de poder a poder entre dos equipos que saben lo que quieren y conocen muy bien lo que se juegan. La banda defendida por Isaac ha sido la más castigada, pues por allí circulaban Emana y Naranjo, pero el andaluz, bien compensado por el trabajo de Ros y Gutián, ha impedido las incursiones catalanas.

   El Nàstic es un equipo sólido y compensado y de ello ha hecho gala en este tramo del partido. El propio Emana ha amagado con una peligrosa incursión por su zona de influencia que que ha sido contrarrestada con un magnífico chut de Rico que el portero forastero ha despejado bien. Pasada la media hora la Basílica ha contenido la respiración cuando Isaac ha interceptado un peligroso movimiento de Naranjo con un gesto arriesgado. Y a su vez el Zaragoza, por medio de Gutián y, sobre todo, Ángel ha estado a punto de inaugurar el marcador, este con un cabezazo que ha salido fuera por muy poco.

   La segunda parte ha sido un período mucho más calmado y horizontal. El juego se ha desarrollado en la zona ancha del terreno de juego y la fuerte lluvia caída en esos minutos centrales ha dificultado la circulación sensata del balón. Un par de llegadas por bando y poco más, a la espera de una jugada a balón parado o un contrataque con marchamo de oportunidad. Pero ninguna de las dos circunstancias se ha producido. Por el contrario, a partir del minuto 83 el cielo se ha desplomado sobre el zaragocismo cuando el árbitro ha activado la palanca de la incompetencia. 

   Ha señalado penalty en una jugada que sobre el campo ya se ha visto que no era. Una decisión incalificable que solo tiene por explicación que haya querido compensar la jugada de Isaac de la primera parte. Mal, muy mal el árbitro castellano. La pena máxima, transformada por Naranjo, ha destrozado el alma blanquilla. aun así, el equipo se ha recompuesto y ha buscado con fe y tenacidad el empate. Este ha podido llegar cuando Tejera ha desviado el balón con la mano. El penalty, este sí, existente, ha provocado una situación vergonzosa cuando el portero forastero ha amedrentado verbal y físicamente a Lanza en una acción que le inhabilita como jugador y como persona. Mientras tanto, sus compinches destrozaban el punto de penalty y provocaban una situación de violencia injustificable. Ya digo: gestión emocional, lo llaman en Tarragona.

   Que Lanza haya fallado el penalty ha sido el golpe final. El excelente jugador zaragocista ha lanzado alto el balón y ahí ha muerto la esperanza blanquilla de luchar por el ascenso directo. Ha sido cruel, demoledor. Una mañana dramática en la que ha tenido mucho que ver el siniestro e infausto arbitraje del colegiado. Y así, amable lector, con estas actuaciones administrativas, es prácticamente imposible que el Real Zaragoza pueda decir en voz alta que juega en igualdad de condiciones. Y atención a lo que nos espera el jueves en Huesca, que yo ya me he bajado de la causa de los hermanamientos y el buenrollismo. Así, desde luego, es prácticamente imposible que podamos recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Buen partido, con personalidad y autoridad.

Isaac: 4. Grandísimo despliegue físico, táctico y técnico.

Gutián: 4. Poderoso, bien colocado y con limpia salida de balón.

Cabrera: 3. Muy bien alto y activo en el corte.

Rico: 4. Fuerte en la cobertura y atrevido en la banda.

Morán: 3. Le ha costado entrar en juego, pero luego ha gobernado bien el balón.

Ros: 4. Su trabajo le otorga equilibrio y tempo al equipo.

Dorca: 3. Activo, presente y comprometido.

Lanzarote: 4. Le ha dado a la banda dinamismo y peligro. El penalty, una lástima.

Hinestroza: 2. Menos fino que otros partidos. A veces ralentiza el juego con sus florituras.

Ángel: 3. Bullidor y luchador. Casi anota de cabeza.

Diamanka: 2. No ha encontrado su sitio. Su mal balance defensivo ha desequilibrado al grupo.

Dongou: 1. No ha entrado en juego. Muy aislado.

Pedro: S.C.

Nadie quiere la noche (Nàstic, 3 – Real Zaragoza, 1)


1075597_1 Un Nàstic correcto en su esfuerzo y talento le ha dado un baño mediterráneo a un Real Zaragoza escaso de interés y ausente en su fútbol. Con una alineación muy mermada por las ya conocidas bajas, el equipo aragonés ha llevado al punto de no retorno su incapacidad para afrontar la Liga con garantías y ha caído derrotado después de haber desaprovechado un penalty a favor y no poder responder dignamente a la intensidad de los jugadores del equipo catalán.

   Muy escaso de ideas y absolutamente inoperante en ataque, este equipo está dando las últimas bocanadas, como si pretendiera finiquitar la idea de Popovic por la vía de la humillación. Cierto que había ausencias notables, pero la indecisión del entrenador y la pobreza de sus soluciones han hecho posible la debacle y que la sensación de incompetencia se apodere del sentimiento zaragocista. No es aceptable que ante equipos tan justos y limitados no se encuentren soluciones creativas ni se aporte ningún plan que al menos evite  derrotas tan dolorosas como la de ayer. Es un paisaje desolador.

   Se diría que hay argumentos para explicarlo todo. Las lesiones, las sanciones y todo eso pero no hay razones que expliquen el decaimiento del grupo y la falta de sinceridad consigo mismo y con el respetable de Ranko, un técnico errático y desorientado que hace alineaciones contra natura y explica lo inexplicable con frases que huelen a tortura emocional. Y si no, que alguien nos convenza de que el mejor jugador de segunda división no puede jugar de lateral. Que alguien nos haga creer que Sergio Gil no era jugador para ayer. Que alguien nos seduzca con sus razones para que sintamos como comprensible que Pedro no juegue como el año pasado y parezca permanentemente enfadado. Que alguien, en fin, ponga encima de la mesa los datos que avalan a un entrenador que no consigue que este coche arranque, como un Carlos Sainz desesperado que le grita al copiloto que haga algo. O que los demás hagamos algo. Los demás, no él.

   La derrota de ayer es mucho más importante de lo que parece. Por cómo se produce y por cómo la describe en la rueda de prensa el mister. Desde el inicio se vio que no había nada que ver. Que no había un plan, que las acciones se ejecutaban con desgana y que las ideas se habían quedado en el maletero del autobús. El Nàstic, por contra, lo peleaba todo, llegaba a todo y se sacudía la timorata presión dl Zaragoza con pases diagonales que rompían las líneas defensivas con solo aportar lucha y deseo. No quedaba mucho que ver cuando en el minuto 30 el equipo de Moreno, con su medular rota por la lesión de Emaná, lograba un gol de las botas de Jean Luc, auténtica pesadilla de Isaac. No era muy meritorio su trabajo, pero sí más lúcido que el del equipo aragonés, que naufragaba en el centro del campo y no cumplía en ninguna de las dos áreas.

   En defensa no, desde luego, con dos laterales muy volcados al ataque pero muy frágiles atrás. Y mucho menos en ataque, con un Jorge Díaz revolucionado pero inexacto, un Pedro que está diciéndole al mundo que su fútbol está apagado y un Ortuño que se ha empeñado en romper la leyenda que habla de que en el Real Zaragoza siempre ha habido buenos delanteros centros. No era el caso y la impericia de los de Popovic encontró su exacta expresión en la mejor ocasión del partido que el delantero murciano se encargó de desperdiciar fallando el lanzamiento de un penalty.

   La segunda parte comenzó con la peor noticia: el segundo gol del Nàstic fruto de un rechace tras una falta que nadie supo afrontar. Un 2-0 en el minuto 54 era un losa demasiada pesada para un grupo frágil en lo futbolístico y en lo anímico. En seguida se vio que el equipo no podía reaccionar. Se cayó estrepitosamente y de ello se aprovechó el equipo catalán. De ello y de la incapacidad para reaccionar de Popovic, que tardó diez minutos en decidir un cambio. Lo hizo después de que Jorge Díaz fallase un remate claro, otro ejemplo de ineficacia goleadora, uno de los grandes males de este equipo. Salió Kilian por el propio Jorge y lo hizo bien. Le dio más sentido al juego de ataque y mostró maneras de jugador peligroso.

   El siguiente cambio debía ser Sergio Gil por un Dorca inoperante, pero Ranko optó por el papel de Tarsi, más seguro aunque menos creativo. Pareció despertar un poco el Zaragoza y en ese momento llegó el gol de Isaac. Una buena jugada de un Marc Bertrán más carrilero que defensor, que le puso un buen balón a Isaac, también más cómodo atacando que defendiendo. Fue un gol sorprendente, pero fue insuficiente para encender el partido, porque justo dos miunutos después el Nàstic lograba el tercero tras otro error defensivo impropio de un equipo que solo había recibido cuatro goles fuera de casa hasta el momento.

   Un 3-1 muy doloroso, del que no es que hagamos sangre, sino que la sangre nos salpica a nosotros. Es impropio de un club con aspiraciones manejar los tiempos con tanta inseguridad y esta indecisión en la gestión de la situación amenaza con crear una enorme brecha entre la afición y el equipo que haría mucho daño al proyecto. No ayudan las palabras de Popo con los mensajes que lanza desde el banquillo con unas decisiones que desnortan al zaragocismo y fragmentan las posibilidades de engancharse a la cabeza. Al contrario. Hoy podemos ver cómo nos alejamos peligrosamente del camino que debe devolvernos a casa. A Primera.

P.S.: Acabo de escribir esta crónica y se anuncian oficialmente las destituciones de Ranko Popovic y Ángel Martín.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 3. Recibió tres goles, pero hizo un buen trabajo.

Marc Bertrán: 2. Bien en ataque, pero inseguro en defensa.

Cabrera: 2. Por el centro les filtraron dos balones de gole.

Vallejo: 3. Seguro en el corte, pero dos goles vinbieron por sus dominios.

Morán: 2. No entregó bien el balón y le faltó claridad.

Dorca: 1. Necesita un descanso. No aporta ni solidez ni combinación.

Abraham: 2. Ciertos detalles técnicos no es lo que se le pide.

Pedro: 1. No está fino. Transmite inseguridad.

Jorge Díaz: 1. Muy acelerado y poco preciso. Falló una ocasión de gol.

Ortuño: 0. Falló un penalty y falló todo.

Kilian: 2. Apuntó varios gestos interesantes.

Tarsi: 2. Aportó seguridad en el pase y cierto equilibrio.