Mi crónica. Real Zaragoza, 1 – Eibar, 0 (Se diría que puede ser)


   luisgarcíaSi la mañana hubiera acabado como ha empezado ahora estaríamos lamentando el último revés de un equipo hasta hoy mortecino y desgajado. Huido de la vida. Si todo hubiera terminado como apuntaba durante los primeros cuarenta y cinco minutos a estas horas habría más lágrimas en nuestros ojos que motas de polvo en el camino. Sin embargo, la historia a veces se escribe con renglones torcidos y puede ser que lo que nadie espera suceda. Porque el sol también sale en casa de los pobres.

   Y hoy el pobre era el Real Zaragoza. Por más que Gaizka Garitano vendiera el mensaje de que el Eibar en la Romareda nunca debería ser favorito, él sabía que el equipo bonito de la segunda división tenía todas las de ganar. Como lo había hecho a lo largo de lo que va de año. Venían líderes, confiados, invictos, aplaudidos, encumbrados por los medios. El modelo Eibar, o sea. Y con esos argumentos han saltado al césped de la Basílica. Y con esas razones han empezado a bailar con un balón en los pies.

   Los primeros minutos han servido para dibujar un panorama de alambre. Con una apuesta equitativa, apostando por mantener el grupo que el pasado domingo apuntó una leve mejoría con la inclusión de Arzo en lugar de Cidoncha, Víctor Muñoz sabía que el partido era clave. Los que no parecían saberlo eran los jugadores. Nerviosos, imprecisos, acomplejados ante el fútbol limpio y dinámico de los eibartarras el balón era de los forasteros, quienes han encontrado una autopista en la banda izquierda local, sobre todo cuando el balón lo manejaba Jota. En varias ocasiones sus jugadas han hecho temblar el alma blanquilla de la afición, si bien la falta de puntería ha sido una buena noticia que todos hemos celebrado con alivio.

   Mientras tanto el Real Zaragoza procuraba jugar largo buscando la velocidad de Montañés y la templada osadía de Álamo, aunque sin acierto. La mejor ocasión ha llegado en un fallo defensivo. Un balón mal gestionado por la defensa armera ha habilitado a Roger que, solo, ha optado por errar otro mano a mano. Se repite el perdón del día del Depor. Eso ha sido un breve oasis en medio del desierto futbolístico blanquillo y las sensaciones seguían siendo malas. Y peores que podrían haber sido si el árbitro no anula un gol legal que el Eibar ha logrado en el minuto 28. El error arbitral le ha dado aire a los locales, que han logrado llegar a la orilla del descanso con su portería a cero y todo un mundo por delante para corregir actitudes, olvidar errores técnicos (Barkero ha estado horroroso) e imprimir otro ritmo al match para lograr una victoria que en ese momento se antojaba imposible.

   Víctor ha movido el banquillo. Y ha decidido bien. Álamo se ha quedado en la ducha y le ha dicho a Víctor Rodríguez que se adueñase de la banda izquierda para otorgarle a la defensa vasca algunas razones para la inquietud. Buen mensaje muy bien entendido por “el pequeño catalán” que ha firmado un partido vertical, vigoroso y dinámico, detalle que ha servido para que la cara de la mañana nos haya pintado la sonrisa de blanco y azul.

   Ese momento ha llegado minutos después de que Luis García hubiera errado una clarísima ocasión de gol. El gesto torcido del rostro de la afición ha dado paso a la ovación y las banderas al viento cuando el propio Luis García, el mismo que cinco minutos antes había desesperado al respetable, ha rematado impecablemente un buen centro de Diego Rico. Jugada de calidad, fuerza y fe. Gol de fe, fuerza y calidad. La Romareda ha vibrado y el cielo se ha vuelto un poco más azul. El equipo ha creído; la afición ha creído. El espíritu aguerrido de los muchachos, con el sello de Víctor Muñoz en cada gesto, ha sido suficiente para rearmarse moralmente y sostener el encuentro con entereza. El Eibar se ha mostrado como un equipo menor en la segunda parte de la segunda parte. No ha podido enfrentarse a la adversidad del gol y el empuje zaragocista y a la fiesta se ha sumado el entrenador zaragocista sustituyendo a Luis García para que recibiese la ovación de la temporada y proporcionarle a Cidoncha la ocasión de gobernar la nave en un tramo decisivo.

   El partido ha acabado intenso y metálico, con una demostración de compromiso por parte de los jugadores que deberán mantener de aquí hasta que acabe la temporada si queremos que los objetivos propuestos se cumplan. Ahora lo que hay que hacer es escribir esas metas.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 3. Sobrio y seguro.
Fernández: 2. Rápido y decidido.
Álvaro: 2. Fuerte y presente.
Laguardia: 2. Comprometido y valiente.
Rico: 2. Combinativo y veloz.
Arzo: 2. Ubicado y pausado.
Barkero: 1. Tembloroso y errático.
Montañés: 3. Veloz y vertical.
Luis García: 3. Certero y orgulloso.
Álamo: 1. Lento e inseguro.
Roger: 2. Burbujeante y obstinado.
Víctor: 3. Eléctrico y efervescente.
Cidoncha: 2. Técnico y luchador.
Esnaider: 2. Intenso y voluntarioso.

(Foto original: El Periódico de Aragón)

 

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Mi crónica: Eibar, 3 – Real Zaragoza, 2 (Sin alma en la ciudad de las armas)


eibar_01   El Real Zaragoza viajó a Éibar en autobús pero debió bajarse del mismo 15 o 20 km antes, porque los muchachos que saltaron al césped de Ipurúa no eran futbolistas. Eran 11 ciudadanos en pantalón corto que deambularon por el modesto campo de fútbol para ver cómo los contrarios metían cinco goles, tres en una portería y dos en la otra, y disfrutar de una ducha gratuita en medio de la oscura noche eibarresa.

   El partido de ayer fue el mayor acto de vergüenza zaragocista que recordamos. Llevamos ya unas cuantas afrentas al escudo en los últimos años, pero lo que se jugó en Éibar fue un bochornoso ejercicio de desidia que acarreó que la derrota doliese aún más por sufrirla ante un equipillo sencillo y peleón que pasó por encima de nuestros jugadores y nuestro entrenador con una facilidad insultante. Si Herrera pensó que con el ingenioso movimiento táctico de colocar a Roger y Henríquez (Angelo) en las bandas para jugar sin un nueve claro íbamos a despistar a los aplicados jugadores azulgranas, imagino que ahora ya habrá reconocido que con experimentos así consigue sólo una cosa: derrotas aún más dolorosas por necias. Hasta el minuto 41 el equipo aragonés no consiguió sumar seis pases seguidos. Hasta ese momento el Éibar había completado una primera parte correcta, eficaz y futbolera, todo lo contrario que los nuestros. Con una defensa horripilante, en la que no se salvó ninguno de los cuatro, y un centro del campo fláccido e ignorante, los jugadores de arriba se sumaron al festín para mostrarnos a los que pudimos ver el partido que se puede jugar aún peor que lo que nos han mostrado hasta hoy en partidos como ante el Barça B o ante el Lugo, por ejemplo.

eibar_02   El Éibar ha sabido jugar al fútbol. Con plan, con ubicación, con solidaridad con rasmia y con disciplina. Y ya está. Con esos cinco ingredientes han asustado a todo un Real Zaragoza, lo han metido en su área y le han mojado la oreja con dos goles que harían sonrojar a cualquier entrenador de juveniles. ¡Madre mía, qué mal defiende este equipo! No hay balón que ronde nuestra área que no suponga temernos lo peor. Y por si nos quedasen dudas, ahí estaban Eizmendi y Arruabarrena para confirmarlo. El primero, tras una buena jugada de Morales que bandeó, solo, a toda nuestra defensa para disparar y que el rechace lo recogiese Ezende. El segundo, tras un centro sencillito que Arruabarrena remató solo mientras nuestros centrales comían pipas y aplaudían el tanto.

   Y eso sin contar el remate al larguero de Arruabarrena ni la falta magistralmente sacada por los locales y horriblemente defendida por los nuestros que no fue gol por centímetros. Horror en Ipurúa, terror bajo las camisetas blancas.

   En el segundo tiempo Herrera echó mano de Cidoncha y el equipo salió un poco más animado. A ello contribuyó también la entrada en el campo de Diego Suárez por un alicaído Barkero. Esta, sin duda, fue la mejor noticia de la noche, pues el aragonés demostró detalles que le hacen merecedor de más oportunidades. Y tanto es así que en dos afortunadas jugadas el Real Zaragoza logró remontar. Dos centros sirvieron para que los defensas eibarreses se metieran ellos solos dos goles que nos permitían empatar el partido. Pero sin fútbol, sin ganas, sin criterio, sin talento, sin rasmia. Un equipo que lo único que hizo fue volver a situar a Angelo en la punta del ataque y reforzar el interés con las ganas de Suárez para convertir lo que había sido hasta ese momento un saco de basura futbolística en una bolsa de escombros futbolísticos. Con un suave adelantamiento de las líneas y dos pases medianamente ortodoxos se había empatado un partido ante unos chicos que se echaron atrás para aprovechar sus contras. Y eso hicieron.

   El partido estaba para empatar e, incluso, para ganar, a poco que la fortuna, no otra cosa, se presentase a nuestra mesa. Pero es muy difícil que la suerte acompañe a quien no la merece. Y eso es lo que ocurrió. En otro ataque simple y previsible el Éibar logró el tercer gol, muy parecido al primero: caracoleo ante una defensa estátca, chut seco, rechace de Leo Franco y delantero oportunista (Arruabarrena) que la remata. Y como los zaragocistas no disponían de ningún argumento para reaccionar, ahí acabó la historia. Tan sencillo como eso. Tan complejo como eso.

CALIFICACIONES:

Leo Franco: 0. Se olvidó las manos en Zaragoza.

Fernández: 0. Excitadísimo, inexacto.

Álvaro: 0. Blando, sin jerarquía.

Paredes: 0. Torpe, transparente, inmóvil.

Abraham: 0. Permeable, lento, errático.

José Mari: 0. Obnubilado, estupefacto.

Acevedo: 1. Empapado en su inoperancia.

Víctor: 1. No sabe caminar sobre las aguas.

Barkero: 0. Empapado de inoperancia.

Roger: 0. Acodado a la barra del vacío.

Henríquez: 2. Le dijeron que no jugara al fútbol.

Cidoncha: 1. Encontró dos gramos de fútbol.

Suárez: 2. Llegó para quedarse.

Ortí: 0. Le falta fe.