El verano que nos dijimos que sí.


Hoy juega  Real Zaragoza su segundo partido de la pretemporada 2010-2011. Se trata del partido que organiza anualmentede las Peñas y lo hace frente al At. Calatayud. Después de una larga temporada alejados de la actualidad zaragocista, si exceptuamos ese jugoso oasis que fue el Gran Debate del Zaragocismo, retomamos el pulso de ese león que adorna el pecho de tanto zaragocista ávido de buenas pulsaciones y mejores sensaciones.

Hoy, decíamos, juega nuestro Real Zaragoza. Y para mí se abre la veda de las ilusiones, de la esperanza y del deseo que espero ver cumplido este año con una temporada aguerrida, sabrosa y fértil, de esas que nos regala nuestro equipo cada cierto tiempo, cada vez que le toca rozar el cielo con alguna gesta digna de corazones tan maltrechos como los nuestros.

La actualidad del club es tan compleja que es difícil encontrar adjetivos para calificarla. Sin embargo, los (pocos) fichajes que han llegado marcan una línea muy definida, no muy alejada, por cierto, de la vida del resto de los clubs que estos días afilan sus armas para afrontar el futuro. Sin embargo ya tenemos algunos datos en firme sobre los que podemos decir algo. Por ejmplo, ya tenemos la portería a buen recaudo. Doblas y Leo Franco son dos porteros sobrios y cumplidores de los que hay que esperar profesionalidad, experiencia y calidad suficiente para darnos algún punto. Y eso que lo tienen muy difícil porque la sombra de Roberto es (doblemente) alargada: por estatura y por rendimiento. Ambos lo saben y estoy seguro que darán lo mejor que tienen para salvaguardar los intereses del equipo.

La defensa, hasta el momento, es la línea mejor armada. Sobriedad, seguridad y esfuerzo común son los argumentos que la adornan. No son la mejor del mundo, pero sí nuestra mejor defensa posible. Experierncia y juventud se mezclan y esperemos que el resultado sea óptimo.

Estos son nuestros haberes. En el debe, y yo creo que eso lo sabemos todos, está un mediocentro y un delantero. Ahí va a estar la clave si queremos aspirar a algo más que a no descender y ahí es donde están las mayores dificultades. Por eso, va a ser muy interesante seguir el devenir de las negociaciones. Yo aún no desespero de conseguir los servicios de Colunga, pero me sigue faltando un mediocentro  con talento que sea el espejo de un Edmilson que, posiblemente, nos dé algún susto físico. Y eso hay que solucionarlo. De momento, digo, buenas sensaciones.

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El árbol joven


El Real Zaragoza tiene un corazón azul cuyo latido nos mueve a emoción a tantos zaragocistas que, día tras día, respiramos el mismo aire desde hace tantos años. Estos días son una tremenda cortina que lleva el anagrama del Mundial de Sudáfrica y en sus pespuntes encontramos, además, las dificultades económicas de nuestro amado club, que va a vivir un larguísio verano. Larguísimo y durísimo.

En cualquier caso, soy de los que defienden la calma, la tranquilidad e, incluso, la pausa. Después de tantísimos abismos en los que hemos visto caer nuestra esperanza y nuestra ilusión, agradezco una pretemporada de perfil bajo, de discreta acción empresarial y consensuada actuación deportiva. Tengo decidido que apoyo al cuerpo técnico que se ha conformado; tengo decidido que confío en el trabajo de Prieto y tengo decidido, por último, que Colunga y Contini serán zaragocistas. Ojalá mis decisiones se acomoden con la realidad.

El vergel imaginado (Real Zaragoza, 1 – RCD Espanyol, 0)


El Real Zaragoza ha derrotado (1 – 0) al RCD Espanyol en partido correpondiente a la 36ª Jornada del Campeonato NAcional de Liga de 1ª División. El gol lo ha conseguido Colunga, de penalty.

El viento no quiso perderse el encuentro. El cierzo, hijo de nuestro Moncayo, dios bendito de Aragón, barrió la desesperanza y limpió el cielo de bastardos presentimientos. El aire azul fue más aire que nunca, más azul que lo será jamás. Y nuestro Real Zaragoza se comió a mordiscos los malos augurios.

En un partido en el que la angustia era la dueña del zaragocismo, nuestros jugadores dieron buena cuenta de un futuro negro hasta ayer, si bien el sufrimiento nos acompañó a todos hasta ese minuto 79 en que Colunga convirtió un penalty de Pareja sobre Ander. La frialdad del asturiano para marcar el gol de oro del zaragocismo merece mi apluso, del mismo modo en que defenderé siempre y en todo lugar que fue penalty. De lo contrario, de negarlo, que se encarguen los demás.

Si digo que fue un partido duro, metálico y feo estaré diciendo la verdad. Ni el Real Zaragoza ni el RCD Espanyol están para ofrecer lo que no tienen: fútbol. Los nuestros han dejado en el camino toda la sangre que tenían y su pundonor lo paludiré siempre, teniendo en cuenta que el camino, en Enero, era pedregoso y durísimo. Les apludiré siempre su lucha, su voluntad, su fe y eso para mí es suficiente. Igual que apludí el partido de ayer, porque nos dieron lo que tenían y nos ofrecieron lo que necesitábamos: una victoria. “La” victoria.

También es obvio que nuestros jugadores tienen muy pocos recursos futbolísticos, pero me importa muy poco. No hace recordar que una banda de enjoyados artistas, bellos com Paris y fornidos como Héctor nos llevaron al abismo hace dos años, cuando eran los tiempos en que sus brillantes corazas erabn paseadas por las Españas para recibir el escarnio de todos. No, no quiero corceles cubiertos de ricos ropajes, sino gente que le entregue el alma al infierno para salvar nuestra Historia. Como estos muchachos que ayer derrotaron a los periquitos.

Dos ocasiones muy claras tuvo el Real Zaragoza, en las botas de Colunga y en las de Eliseu. Ninguna de las dos fructificaron y nos quedamos con la cara de palo que es de imaginar. Luego, antes, durante, nervios, imprecisiones, miedo. Terror al pozo. Músculos tensos, corazones desbocados, miradas perdidas. Cada balón que manejaba el Espanyol era un puñetazo al estómago y cada minuto que pasaba la noche se hacía más noche. Hasta que llegó el centro de Gabi, la caída de Ander y el penalty que señaló Iturralde. Penalty. Colunga dispuso el balón, encaró a Kameni, le engañó y metió gol.

La Romareda vibró, rió, lloró y cabalgó sobre un caballo desbocado llamado “Libertad”. La que tenemos para mirar al futuro con cierta holgura. La que tenemos para expresar nuestra felicidd por contemplar un horizonte un tanto más limpio que nuestro pasado más reciente.