Reumático empate (Reus, 0 – Real Zaragoza, 0)


   Se aguó el vino antes de servirlo. El Real Zaragoza se trajo un paupérrimo botín de Reus y nos regaló una buena dosis de decepción, pues el partido de ayer parecía propicio para algo más que un empate. No hubo fútbol que disfrutar ni propuesta que aplaudir, por lo que esta crónica tiene como tarea difícil de cumplir tratar de rescatar lo poco brillante que ayer se ofreció.

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   Idiakez tiró de repertorio y repitió alineación. Eso sí, en el banquillo ya figuraban como novedad dos jugadores llamados a tener mucho protagonismo esta temporada: el capitán, Zapater, y el flamante delantero Álvaro Vázquez, además del dinámico Papu y la gran promesa, Alberto Soro. Con los mismos jugadores que ante el Rayo, pues, afrontó el choque el equipo aragonés, que vio cómo la primara fase de la primera parte se convertía en un pequeño concierto local. El Reus decidió plantarle cara al Zaragoza, que en ningún momento se hizo con el mando, y gobernó todas las facetas del juego con una autoridad que no se le esperaba, habida cuenta las bajas que adornaban su alineación. Afortunadamente, su dominio no obtuvo fruto y a mitad de período el equipo de Idiakez dio un paso adelante.

   Fue en torno al minuto 20 cuando el equipo blanquillo comenzó a creer en sí mismo. La cremallera se abrió y aunque el centro del campo chirriaba y ninguno de sus obreros encontraba senderos que recorrer, las acciones individuales de Pombo le dieron algo de vida al partido. A ellas hubo que sumar algunos balones parados para rociar de peligro el área de Badía, pero tampoco así se alcanzó la luz.

   El choque, en realidad, era un espectáculo de brocha gorda. Con muy poca fluidez, sin un relato ordenado que presentar al espectador, llegar al descanso con un empate era lo justo, aunque no lo soñado por la nutrida hinchada zaragocista. Inasequible al desaliento, animosa e infinita en el apoyo al equipo, los fieles del león merecían algo más de sus muchachos, algunos de los cuales, como Buff, no estuvieron finos en la batalla.

   La segunda parte se asomó al verde tarraconense con un primer aviso local que despertó a un Zaragoza adormilado, presa de un letargo inapropiado. A partir de ahí, la presión adelantada comenzó a dar resultado y al Reus le costaba mucho sacar la pelota. Eso fue una buena noticia que hizo que el balón merodeara el área local con más frecuencia que en los primeros cuarenta y cinco minutos, pero no era suficiente para activar las gargantas de los fieles en el canto del gol. Pombo seguía siendo el jugador más peligroso y sí se observó un mayor protagonismo tanto de los laterales como de James y Ros, lo que favoreció que el balón habitase más tiempo en territorio enemigo.

   El mayor problema, sin embargo, era la ineficacia de Buff y la precipitación de Gual, que abusaba en exceso del regate y no acababa de mezclar bien con Pombo. El partido estaba para un cambio y el primero de ellos se produjo en el minuto 70. Papu entró por el anodino Buff, si bien sus intervenciones fueron finos picotazos en el casco de un transatlántico. Idiakez vio que el partido se escapaba y pensó que Álvaro Vazquez podría ser el remedio a tanta escasez de ideas, pero quizás la decisión llegó un poco tarde. Aun así, el catalán dispuso de dos buenas ocasiones. La primera, por cierto, tras un magnífico centro de Soro, que se había incorporado al partido para debutar como profesional tan solo a falta de seis minutos. El cabezazo fue flojo y desviado, mas fue un cabezazo. La segunda ocasión la tuvo casi al final, tras un acrobático pase de Papu, pero su chut le salió flojo y mal colocado.

   Estas dos últimas, y casi únicas acciones, fueron un ejemplo de lo que debería haber sido el partido: un acoso y derribo por parte del Zaragoza a un Reus anémico y deshilachado que, sin embargo, supo defender su puntito con agallas y orden. La sensación, ya se ha dicho, es que ayer se perdieron dos puntos que este año son de oro. No hay espacio para despreciar ni una sola de las ocasiones de que dispongamos para sumar. Este año, no, pues el sendero está lleno de recovecos que nos pueden despistar en el camino de regreso a casa, a Primera.

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Correcto y seguro.

Benito: 2. Discreto en defensa y poco profundo en ataque. Alguna acción destacable.

Grippo: 2. Asumió pocos riesgos. Remató algún balón parado con cierto peligro.

Álex: 2. Apagado y poco atrevido.

Lasure: 2. Estuvo algo pasivo en algunas fases del partido. La segunda parte mejoró.

Verdasca: 2. Bien en el corte pero estéril en la conducción.

Ros: 2. Algo descuidado en el pase. Le faltó orientación.

James: 3. La primera parte anduvo despistado pero después aportó dinamismo.

Buff: 1. Partido escaso. No enganchó bien arriba y se le vio algo inestable.

Pombo: 3. Quizás el mejor. Activo, protagonista y descarado. Le faltó definir.

Gual: 2. Poco exacto en el regate y descuidado en la combinación.

Papu: 2. Alborotado y errático en las decisiones.

Álvaro: 3. Estuvo poco tiempo y aun así remató dos veces.

Soro: 3. Los dos balones que tocó anunciaron peligro.

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Con tal de regresar (Reus, 1 – Real Zaragoza, 1)


   Estamos en ese momento de la competición en que mil pequeños factores conforman una realidad global. Eso es algo que estamos comprobando partido tras partido y no solo en el Real Zaragoza; también en todos los equipos que participan en esta devastadora categoría que es la Liga 123.Un partido como el de ayer, del que se había hablado mucho con argumentos de tono menor pero de profundidad notable, se convirtió en uno de esos enfrentamientos que aportan mil lecturas, no todas ellas de fácil interpretación.

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   Pocos equipos como el Reus se han ganado un prestigio de equipo razonable y fiable aun sin llegar a convertirse en un candidato a nada. Sin embargo es uno de esos colectivos que al Real Zaragoza le complican la vida porque impiden que sus mejores jugadores brillen y, por tanto, consigan construir la idea que les ha permitido llegar hasta las orillas del éxito. Algo de eso, es decir, mucho, ya lo sabía Natxo González. No en vano el equipo catalán es el producto que él y los suyos han ido amasando a lo largo de varios años. Quizás por eso tomó algunas decisiones en la alineación que tenían como objetivo desactivar los puntos fuertes de su ex-equipo. Optó por Javi Ros en lugar de Zapater y mantuvo a un Guti que en los últimos días había sido cuestionado por su descenso de prestaciones. Por otra parte, le dio descanso a Pombo y eligió a su paisano Toquero, con el que hacía tiempo que no contaba, para actuar de compañero de Borja, al tiempo que mantuvo a Papu. Como se ve, Natxo consideró que el Reus era un enemigo a considerar de modo especial.

   La primera parte, sobre todo la primera media hora, fue netamente zaragocista. Ciertamente se jugó al desgaste, tratando ambas escuadras de diluir al contrario con mucho manejo de balón y presión innegociable. De esa pugna salió mejor parado el Zaragoza, pues gobernó las acciones dinámicas con precisión y ahogó al Reus, que no supo romper el planteamiento aragonés. Donde sí mostró un enorme peligro el equipo local fue en el balón parado. Cada vez que la estrategia asomaba por la esquina el peligro rondaba la portería de Cristian. No fue una noche para recordar y es un asunto nada menor que tendrá que estudiar Natxo González si quiere afrontar con solvencia lo que queda de liga.

   La sorpresa vino de las botas de Verdasca. El portugués se lió la manta a la cabeza, se quedó el balón y construyó una jugada inaudita. Cruzó todo el campo sin oposición, hizo una pared con Borja y disparó un metálico chut que acabó en el palo. El rechace lo recogió astutamente Toquero, que remató a placer logran así el 0-1. Era una magnífica noticia que dejaba el partido justo donde quería el Zaragoza.

   Dos minutos después fue Borja quien disfrutó de una clara ocasión de gol que no convirtió porque Badía rechazó el chut seco del gallego. Era un escenario muy favorable para el equipo zaragozano y algo incómodo para el Reus, que hacía muchas semanas que no se encontraba en una situación semejante. Le tocaba remar contra corriente y por eso le costó cogerle el pulso al match. Fue así que elaboró algunos embates que fueron desactivados por la buena acción de la defensa o por las actuaciones ajustadas de Cristian. Eso ocurrió con un chut de Yoda en el minuto 44 que el argentino desvió con su cuerpo en un gesto de calma eléctrica.

   Se llegó al descanso con ese 0-1 que auguraba una noche fértil. La lluvia apareció y la expectación nos habló de una segunda parte dura, compleja y larga. Y en seguida se vio que iba a ser así. En el minuto 46, una acción con tres protagonistas aragoneses, Lasure, Guti y Miramón, acabó con un centro medido del lateral rojinegro que llegó hasta la cabeza de Lekic, que haciendo gala de su altura remató lejos del alcance de Cristian. Era el empate, una mala noticia que llegaba demasiado pronto y tras una jugada quizás evitable.

   Comenzaba un nuevo partido y los planes de la caseta se vivieron abajo, por lo que hubo que reconstruir la idea. En tanto eso sucedía, el Reus, mucho más cómodo, cogió los mandos de la nave del partido y se dedicó a perturbar el área zaragocista. Las bandas eran suyas, especialmente la izquierda, y por ahí llegaron varias jugadas de peligro que hubo que defender con pundonor y, a veces, con un gramo de fortuna. Natxo movió ficha y cambió a Toquero por Febas, con el ánimo de agregar más energía al ataque y exigirle al Reus más atención defensiva. Sin embargo la propuesta no fue la solución. El centro del campo era propiedad catalana y los jugadores blanquillos tuvieron que correr demasiado sin lograr en ningún momento esos momentos de combinación que tanto bien le hacen.

   La lluvia, decíamos, acompañó a los jugadores aun sin haber sido invitada y eso alargó todavía más el esfuerzo de los jugadores. Salió Zapater por Ros y a partir de ese momento el Reus calmó sus andanadas, como conformándose con el resultado. No obstante, cada vez que pisaba la banda, el Reus creaba peligro. Y en esas fue cuando surgió un partido más la enorme figura de Cristian, que hasta en dos ocasiones evitó el gol con sendas buenas paradas.

   El partido poco a poco fue muriendo hasta llegar al final con la sensación de que el resultado podría llegar a considerarse bueno, sobre todo si tenemos en cuenta esa acción defensiva propia que el árbitro no castigó con penalti pero que debemos aceptar que fue cuando menos dudosa. Punto bueno, pues, dependiendo de los demás partidos, del resto de los rivales. Y es que, como hemos escrito al principio, estamos en modo “detalle mínimo”. Habrá que convenir que sabemos gestionar ese microcosmos que habitamos. Lo comprobaremos el sábado, ante el agreste Sporting.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Cristian: 4. Partido exacto y de nuevo clave del rosarino.

Benito: 2. Mucho trabajo y a veces con dificultades.

Mikel: 2. Los balones aéreos fueron una cruz. El resto del trabajo, correcto.

Verdasca: 3. Hizo un jugadón que acabó en gol. En defensa, discreto.   

Lasure: 1. Sufrió lo indecible y tuvo que soportar un ciclón.

Eguaras: 2. No fue el de otros partidos. Estuvo muy bien controlado.

Ros: 1. Flojo partido. No acabó de desplegar su potencial defensivo.

Guti: 1. No cumplió con la difícil misión de abarcar y sujetar.

Papu: 2. Muy inexacto. Trabajó muy bien en la presión pero decidió mal en ataque.

Toquero: 2. Luchó y mostró generosidad. Goleó.

Borja: 2. No estuvo cómodo. Le marcaron muy bien.

Febas: 2. Como resorte activador hizo su papel, pero no llegó.

Zapater: 2. Contribuyó con su esfuerzo y trabajo.

Pombo: S. C.

Pertinaz sequía (Real Zaragoza, 0 – Reus, 0)


 

Febas_01Una nueva bofetada a la mejilla del zaragocismo. Después de una semana arenosa en la que ha habido más palabras que fútbol, el Zaragoza se presentó ante sus desilusionados fieles con la obligación de borrar la vergüenza de Almería. Se esperaba una respuesta del entrenador en forma de cambios en la alineación y modificación en el discurso futbolístico, una narración elocuente que calmase la desazón de la hinchada y ofreciese soluciones. Y algo hubo. En lo que respecta a los hombres elegidos el entrenador vitoriano propició la unión de Vinicius y Borja, al tiempo que devolvía a Verdasca al centro de la defensa y recuperaba a un Eguaras añorado por parte de la afición y los medios. Y en cuanto a la propuesta de juego, también constatamos una ligera variante en cuanto a la intensidad y la rapidez de movimientos. Todo ello en medio de un terremoto interno más o menos oculto que anuncia edificios caídos y escombros que entorpecen la circulación de ideas, sensaciones y niveles de confianza propicios.

   Sin embargo, no fue suficiente para doblegar a un aburrido Reus que no necesitó esforzarse mucho para maniatar a los chicos de Natxo y que incluso se permitió el lujo de asustarles con algunas acciones de ataque sencillas. Breves amenazas que estuvieron a punto de provocar un incendio en la Basílica.

   El partido comenzó con algunos chispazos de rasmia a cargo del Zaragoza, pero fueron  pocos y en seguida los desactivó el Reus con su parsimonia, su buena colocación y sus mecanismos muy bien aprendidos. Aunque comenzó atascando la salida del balón del Zaragoza, en seguida se vio que su plan era acumular hombres en el centro del campo para impedir que la nueva propuesta de Natxo obtuviese frutos: que Vinicius y Borja aligerasen la llegada de balones al área. Esto lo consiguieron hasta en tres ocasiones. Primero Papu, con un remate involuntario tras chut de Febas que acabó en el palo. Después Borja, con un chut fortachón que Edgar desvió sin problemas y por último Febas de nuevo, con un disparo envenenado que llevaba sello de gol pero que Edgar desbarató con una magnífica parada. Cerca del minuto 45 un centro chut de Delmás estuvo a punto de rozar el gol tras dar en el larguero, pero ahí quedó todo.

   No era mucho pero tampoco era poco. Atrás el Zaragoza tenía el portal bien guardado y aunque el balón no fluía con naturalidad sí era capaz de construir jugadas con cierta verticalidad que, en otros momentos, y si la suerte acompaña, pueden llegar a traducirse en gol. No de forma limpia, no por extremo merecimiento, pero esto del fútbol muchas veces tampoco precisa de más explicaciones. No fue así y se llegó al descanso con un empate a cero que anunciaba que en la segunda parte habría que seguir prolongando el plan elegido.

   Las sensaciones daban para un moderado optimismo. En la grada y en las tertulias se coincidía en que era un partido que se podía ganar a poco que se lograse un gol. La pregunta era dónde encontrar el germen de la fertilidad. Comenzó la segunda parte con un ritmo más anodino por parte del Zaragoza. Se vio, sobre todo, que Febas y Vinicius habían perdido el brillo y en este equipo el catalá y el brasileiro son dos piezas que cuando se desactivan perjudican notablemente la maquinaria. Viviendo de la inercia de la primera parte Borja contó con una buena oportunidad a pase de Ángel, pero su chut salió desviado. Habría sido muy importante haber aprovechado alguna de esas ocasiones, como ocurrió ante el Rayo, porque en esta Liga un único detalle es la mejor red para capturar en aguas bravas. Como eso no ocurrió, parecía lógico buscar soluciones en el banquillo.

   Ya había tenido que lamentarse Natxo de la lesión de Mikel en la primera parte y ese contratiempo pareció nublar su entendimiento, pues no reaccionó a tiempo. Sí lo hizo su pupilo, López Garay, que acudió a su delantero Lekic para sacudir un poco más el partido. La grada, sufrida y siempre paciente, comenzó a reclamar algún cambio, sobre todo el de Vinicis, absolutamente bloqueado físicamente y porque su sociedad con Borja ya no funcionaba. Las situaciones de cierto peligro, escasas, surgían de forma inesperada en ambas áreas, pero el balón no parecía ayer dispuesto a dormir en ningún arco.

   La entrada de Toquero y Buff sirvió para activar un tanto al equipo y cada uno de ellos dispuso de sendas ocasiones que no fructificaron. Cuando parecía que el partido se ponía el maquillaje de los finales épicos, el Reus se vino muy arriba y acorraló al Zaragoza, que vio cómo su miserable punto también corría peligro de ser absorbido en un final agónico. Nada presagiaba un final amable. Afortunadamente, el equipo catalán es tan pobre en ataque como excelso en rigor táctico y sus jugadores no acertaron. Sí estuvo a punto de hacerlo Grippo en un remate de cabeza en el minuto 89, pero ocurrió como con Vinicius ante la Cultural: fuera por centímetros.

   Y fin. El partido no dio para más si bien pudo haberlo hecho. También pudo haber dado para menos. Natxo hizo una lectura positiva del choque, habló de cierta recuperación de estilo pero eso no basta, todavía, para darle una mínima alegría a una afición que una vez más volvió a casa con la barbilla junto al pecho y la espalda caída. Hará bien el mister en incidir en las cosas que han apuntado bien y seguir afinando el diagnóstico.

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Poco trabajo y bien resuelto.

Delmás: 2. Pundonor y garra, además de mayor profundidad.

Mikel: 2. Correcto y sobrio. Se lesionó.

Verdasca: 2. Limpio en sus acciones y justo en la salida.

Ángel: 3. Más largo en la banda y mejor ubicado en defensa.

Zapater: 3. Natxo lo liberó de conducir el balón y mejoró en la contención.

Eguaras: 3. Da limpieza y recorrido al balón. Necesita continuidad.

Papu: 1. Hábil pero atropellado, peca de individualista.

Febas: 2. Busca siempre la excelencia. A veces se embarulla.

Vinicius: 2. Su presencia agilizó las acciones ofensivas. Fija a la defensa.

Borja: 3. Luchó mucho y contra muchos. Le faltó definir.

Grippo: 2. Ajustó los cierres y aportó en jugadas de estrategia.

Toquero: 3. Jugó poco pero con intensidad. Muy activo.

Buff: 2. Aportó frescura y filtró balones.

 

Asoma el abismo (CF Reus, 1 – Real Zaragoza, 0)


El Real Zaragoza fue ayer un equipo de torpe aliño indumentario. Un equipo al que se le cae sobre el babero el líquido que sorbe y que no sabe digerir ni el más mínimo contratiempo. Ante un grupo ortodoxo, firme y razonablemente ordenado, no supo ni pudo argumentar ni una sola acción meritoria, como si la poca sabiduría futbolística que Láinez ha traído al equipo ya no sirva para sostener su plan. El Reus, un concepto en sí mismo, le dio un repaso táctico, técnico, físico y mental y el zaragocismo, su afición, recibió una bofetada insultante que hunde todavía más la vergüenza de estos años en el desánimo y, lo que es peor, el temor a consecuencias fatales.

   Láinez dio entrada a Samaras por Bedia y movió a Pombo, que ocupó de forma alternativa posiciones más centradas, buscando circulación inteligente del balón y rupturas interiores que hicieran daño a la muy bien armada defensa catalana. El propósito pareció cumplirse al principio, cuando el Zaragoza fue capaz de acercarse al territorio de Badía, pero Ros no supo aprovechar la primera y mejor ocasión que tuvieron los blanquillos, algo que ya se ha visto que en esta categoría se paga muy caro.  

   Poco a poco el Reus se fue adueñando de la situación. El cambio de guión tuvo nombres propios, entre los que sobresalió, para maldición de la leyenda negra zaragocista, Querol. Los zaragocistas lo recuerdan bien porque en la aciaga tarde de Palamós, ante la Llagostera, fue el jugador que nos asestó cuatro puñaladas mortales. Doloroso recuerdo que ayer se encargó de reavivar. El Reus comenzó a gobernar el partido bajo el mando de Folch y Vitor Silva y la notable actividad de Benito, el lateral al que pretende el Zaragoza para la temporada que viene. Él mismo lanzó un buen chut que Ratón detuvo con  dificultad y que fue el aviso del gol que fabricó Máyor, más hábil y listo que Silva, habilitando a Querol para que este fusilase al portero zaragocista.

   El gol hizo mucho daño y Láinez decidió variar el guión. Quitó a un invisible Pombo y dio entrada a Cani con la idea de reunir talento y calidad en la segunda línea y romper la maraña del Reus. No lo consiguió y además el grupo perdió el norte a pesar de mejorar un tanto su actitud. Los errores eran muchos y la impericia de los jugadores aragoneses exasperaba a cualquier aficionado que estuviese contemplando el desastroso partido.

   Los laterales volvían a ser dos enormes agujeros negros que ni Cabrera ni Isaac podían tapar, además de contar con un centro del campo inerme y muy torpe, donde Zapater no llegaba a solucionar todas las situaciones problemáticas que Ros provocaba con su inexactitud.

   Xumetra salió por un inoperante e irritado Lanzarote, pero tampoco este cambio funcionó. El Reus se agazapó muy bien atrás y salió a la contra en varias ocasiones, propiciando varias situaciones de gol, pero ahí demostró que es un grupo sin gol y muy fallón a la hora de resolver situaciones. Y menos mal, porque de haber sido un poco más eficaces el resultado de ayer le habría sacado los colores a un Zaragoza que se iba fundiendo por momentos.

   Aún tuvo una buena ocasión Ángel, pero tampoco ayer era su día. Un buen pase largo le habilitó ante Badía pero su remate fácil y fláccido fue detenido bien por el portero local. Ni siquiera la entrada de un casi olvidado Edu García pudo reactivar al Zaragoza en los últimos minutos. El equipo, curiosamente, recordó muchísimo al que salió escandalosamente derrotado ante la Llagostera. Mortecino, débil, confundido, aletargado. Todos esos adjetivos describen muy bien a un grupo que ha vuelto al punto de partida, cuando César Láinez llegó y recogió a un espectro futbolístico que se arrastraba por los terrenos de juego y amenazaba por despeñarse por el acantilado del descenso.

   No está mucho más lejos de esa situación en estos momentos. Con la amenaza de la Segunda B muy próxima y un calendario terrorífico, Láinez tiene motivos para no dormir, para seguir sin comer y para volverse loco tratando de encontrar soluciones a los mil problemas que asolan al Real Zaragoza.

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Poco pudo hacer en el gol pero tampoco transmitió seguridad.

Isaac: 1. Empezó entonado en ataque pero en seguida perdió todas las batallas defensivas.

Silva: 2. Se mostró irregular y poco resolutivo.

José Enrique: 1. No está para jugar. Pobre físicamente y muy mal ubicado.

Cabrera: 1. Ha bajado muchos enteros. No cubrió bien su banda y en ataque estuvo mal.

Zapater: 3. Luchó lo indecible, pero de nuevo vuelve a estar solo y desasistido.

Ros: 0. Muy mal partido. Ni manejó ni sostuvo.

Lanzarote: 1. Comenzó bien, gustándose, pero acabó nervioso, aportando muy poco.

Pombo: 1. Invisible. No supo qué hacer con el balón.

Samaras: 3. Físicamente está muy flojo, pero su calidad aportó acciones de interés. Luchó como el que más.

Ángel: 2. No estuvo tan ágil y rompedor. Le ahogaron anulando todos los espacios por los que transita habitualmente.

Cani: 2. Comenzó bien, dibujando buenos pases, pero acabó desquiciado. Y expulsado.

Xumetra: 0. Nula aportación.

Edu García: 0. Nada que comentar.

Empate impropio (Real Zaragoza, 2 – CF Reus, 2)


jose_enriqueMe imagino a Agné repasando una y otra vez el partido frente el Reus. Me imagino al entrenador zaragocista dándole una y mil vueltas a lo sucedido y recogiendo las migajas de sus propios pensamientos. Me imagino al cuerpo técnico comentando los pormenores del choque y empaquetando algunas conclusiones con la sana intención de enderezar la nave blanquilla, últimamente zarandeada por antipáticos contratiempos y varios errores de navegación.

   La visita del Reus presentaba algunos argumentos preocupantes. Se trata de un equipo muy bien organizado, que se conoce muy bien a sí mismo y que ha firmado con bolígrafo de hierro un pacto con el fútbol que hasta ahora le ha dado muy buenos réditos. Frente a él un Zaragoza dubitativo tras su revés en Getafe y con varios detalles negativos en su alineación. La ausencia de Silva llevó al centro de la defensa a Bagnack, que no ofrece garantías a nadie. Ni a su mister, que ayer decidió voltear la línea de atrás ubicando a José Enrique de central y rescatando a Casado para el lateral. Y arriba también hubo modificaciones. No se sabe muy bien qué lleva a tantos entrenadores a colocar a Cani en la banda si todos saben que ahí es menos jugador, más insignificante. Si la razón es que Agné quería unir a Ángel y Juan Muñoz y para ello había que trasladar al de Torrero a convivir con la cal, habrá que decir que es muy alto el precio que se paga para tan poco beneficio.  

   El partido fue de inicio una dura lucha de dos equipos dispuestos a no cometer errores y mantener el tipo ante un contrario al que se respeta. El balón se lo quedó el Reus, pero no por eso el Real Zaragoza perdió la paciencia. Procuró no desajustarse, no olvidar las enseñanzas de su entrenador y esperar a que el rumbo fuese favorable para comenzar a intentar cosas. No había peligro en las áreas y sí la sensación de que en el momento en que el equipo zaragozano consiguiese modular algún balón entre líneas, el rumbo del choque podría cambiar.

   Eso sucedió en el minuto 34, cuando Lanzarote recogió un mal despeje de Badía, el portero catalán, y lanzó un misil con toda la intención del mundo. Fue rechazado, pero ahí estaba Ángel para recuperar su olfato goleador y lograr el 1-0. Gran noticia que dejaba las cosas muy bien ordenadas para afrontar una segunda parte en la que, seguro, el Reus tendría que modificar sus planes, facilitando así que el Zaragoza pudiera maniobrar más suelto.

   Algo de eso hubo. Los visitantes se lanzaron a tumba a vierta en busca del gol del empate. En seguida vimos que el centro del campo local no podría sofocar la avalancha del contrario, con un Ros desbordado y un Zapater incapaz de tapar tantas vías de agua. Sin hacer gran cosa, los de Natxo González consiguieron encontrar senderos de incursión, sobre todo por el lateral frágilmente guardado por Casado. Y por ahí llegó el mal. Un desborde de libro a cargo de Benito desnudó un poco más al defensa madrileño, que permitió que se produjese un centro que remató muy fácilmente Folch logrando el 1-1. Fue una bofetada inesperada y quizás por eso dolorosa. Al equipo le costó reaccionar, no así a la afición ni a Agné. Este optó por incluir a Edu García en lugar de Casado, buscando romper líneas y una mayor circulación y decidió también construir una línea de tres atrás con Fran, Cabrera y José Enrique. Fue, a la postre, la mejor manera de oponerse al juego más fino y vertical del Reus, aunque no suficiente para evitar un segundo gol que llegó con la insolencia de una mala defensa.

   A falta de 8 minutos solo quedaba apelar a la heroica. Recurrió Agné a Dongou, el delantero camerunés aún inédito esta temporada a causa de una lesión de esas misteriosas que en el mundo del fútbol tanto se dan hoy en día. Fue una entrada milagrosa, pues el chico cazó un balón suelto en el área visitante y empató el partido a falta de 3 minutos. Todo muy al límite, todo muy extremo, muy agónico. La afición empujaba y empujaba y casi logra Edu García el gol victorioso en un remate que Badía sacó con muchos apuros, pero la noche no daba para más. Un punto rescatado del abismo y la sensación, una jornada más, de que el motor está sucio, que hay piezas que no encajan del todo bien y que ante la menor dificultad el pequeño edificio se tambalea y hay que apuntalarlo urgentemente. Al mismo tiempo, el equipo tiene capacidad para golear y crear peligro. ¿El problema? Que no hay una única solución. Y a veces eso nos lleva a un callejón con una salida pequeña que no siempre vemos.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Correcto en general, quizás pudo hacer algo más en el primer gol.

Fran: 3. Ágil y talentoso en ataque, sus desajustes en defensa nos cuestan caros.

Cabrera: 2. Bregó y luchó, pero no lució.

José Enrique: 4. Su presencia engrandece al equipo, sobre todo en el lateral, donde da mucho.

Casado: 1. Ayer fue un defensa menor. Permeable y débil con el balón.

Zapater: 2. Superado por el juego del Reus, no pudo con tanto balón en los pies del contrario.

Ros: 2. Corrió y trabajó, pero fue superado por sus contrarios.

Lanzarote: 3. Su talento es indiscutible. Aporta calidad y fútbol.

Cani: 2. En la banda no es ni la mitad de jugador. Sufrió mucho en esa posición. Luego mejoró.

Ángel: 3. Como siempre, gran trabajo el suyo. Y goleó.

Juan Muñoz: 2. Fue de menos a más. Su entrenador le pide más intensidad.

Barrera: 2. Salió por Ros y cumplió.

Edu García: 3. Su implicación y compromiso son fundamentales en el equipo.

Dongou: 3. Su gol vale un punto.