Más madurez, esto es la guerra (Alavés, 0 – Real Zaragoza, 0)


1093377_1Y Culio se equivocó. Y el árbitro erró. Afortunadamente el Real Zaragoza acertó en el diseño del choque y supo darle una vuelta a una situación que se puso muy difícil en el minuto 44 cuando el argentino fue expulsado por doble amarilla. Un partido que comenzó con una gran intensidad por parte de los dos equipos ha servido para comprobar que hay Liga, que hay horizonte y que las posibilidades de ascenso están intactas. Todo un tesoro, sobre todo cuando miramos atrás y recordamos dónde estábamos hace algo más de un mes y donde podemos estar dentro de unas semanas. Desde luego si hoy el Alavés, firme aspirante a todo, nos ha mostrado todo lo que es capaz de hacer, tenemos permiso para la esperanza.

Carreras ha optado por Hinestroza en lugar de Lanza, seguramente por el estado del terreno, por la personalidad del contrario y porque de este modo equilibra emocionalmente al grupo, aspecto este muy valioso para afrontar encuentros como el de hoy en los que el equipo local sale al campo con una gran intensidad y voraz disposición. Ese alto voltaje ha constituido un perfil de partido duro, eléctrico, en el que cada balón se ha convertido en un botín codiciado. De eso sabe mucho el Alavés, que ha dispuesto una alambrada difícilmente salvable, lo que la permitido disfrutar de tres ocasiones interesantes en apenas quince minutos.

En medio de todo, el equipo aragonés ha sabido modular el juego, de tal forma que en torno al minuto 15 el control del juego era rojillo y las sensaciones hablaban con el lenguaje del Ebro. No era fácil jugar al fútbol ni conseguir circulaciones razonables, pues ni el terreno ni la feroz lluvia que perfumaba Mendizorroza consentían que eso fuera posible, pero sí se podía hablar a esas alturas de partido equilibrado y próximo al propósito de Carreras. Si bien Culio desentonaba con su nerviosismo y sus pérdidas de balón, el resto del equipo cumplía bien con sus obligaciones. De entre todos sobresalía Javi Ros, que se erigió en dueño del balón y buen manejador de las líneas de pase. De esa idea bien concebida y correctamente ejecutada nacía la mejor jugada de la mañana. Un pase vertical filtrado por entre las líneas defensivas alavesas a cargo de Morán, llegaba a las botas de Ángel. El claro mano a mano no lo ha resuelto bien y Pacheco lo ha desactivado con su pie izquierdo. Una gran ocasión que habría cambiado el signo del partido.

Desafortunadamente, ha sido otra jugada la que ha desviado el curso de los acontecimientos. Hemos hablado de un Culio desorientado, algo que no es habitual, pero hoy ha protagonizado su peor partido con el escudo del león. Si en el minuto 15 recibía una amarilla por una dura entrada a un contrario, en el 44 cerraba un espinoso círculo al merecer, un tanto injustamente, la segunda por otra falta, en esta ocasión a Manu García. Muy mala noticia para la escuadra zaragocista, que debía prepararse a jugar la segunda parte con solo diez hombres en el campo, lo que auguraba cuarenta y cinco minutos de herrumbrosa batalla.

Carreras no varió la alineación, si bien retrasó a Javi Ros para que acompañase a Morán en un doble pivote más defensivo. Eso permitió que el Alavés adelantase las líneas y comenzase a producir jugadas de ataque, con más potencia que calidad. Los primeros compases tuvieron como protagonista a Toquero, que se convirtió en el comandante de las acometidas locales, pero el Zaragoza ha sabido mantener la templanza y el orden para desactivar las jugadas de peligro. El minuto 63 ha sido el momento crucial. Toquero se ha plantado ante Manu Herrera en posición dudosa, pero su toque cruzado no ha encontrado puerta. Ha sido la ocasión. A partir de ahí el choque ha entrado en una fase de control zaragocista y estado de ansiedad del Alavés.

Bien plantado en el césped, sin perder su personalidad y haciendo gala de una gran madurez como grupo, los de Carreras han sujetado los embates del equipo vasco. Ante lo que veíamos no teníamos más remedio que considerar que si el Alavés está ahí es porque los dioses se han olvidado de repartir justicia, pues su propuesta era tan vacua como el sol que pretendía iluminar la mañana. De ello también se dio cuenta el entrenador catalán, que les pidió a Lanza y Dorca que le dieran algo de poso al centro del campo, en un momento en que Hinestroza y Ros se encontraban al borde de la extenuación y de recoger su segunda amarilla. Con eso y con la calma que acompaña al equipo desde que es equipo ha sido suficiente para cerrar un partido que nos deja el sabor de la victoria no lograda y el empate conquistado.

   Punto dorado, dadas las circunstancias, y otro equipo al que se le gana el goal average, asunto nada superficial habida cuenta la igualdad que reina en esta categoría de querer todo y poder menos. Punto válido que valoramos con la certeza de un futuro próximo favorable al estirón y el horizonte propicio para mantenernos con firmeza en el camino de regreso a casa. A Primera. 

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Ha comenzado algo nervioso e inseguro para ir acomodándose poco a poco.

Campins: 3. Buen partido. Seguro y correcto en el manejo de balón.

Guitián: 3. Mantiene en buen tono, a pesar de algunas imprecisiones.

Cabrera: 4. Poderoso y gobernante.

Rico: 3. Al principio se ha mostrado inquieto, pero la segunda parte ha sido muy buena.

Morán: 3. Bien asentado y perspicaz en el pase.

Ros: 4. Cuando ha adquirido protagonismo, el equipo ha crecido.

Culio: 1. No ha estado bien. Nervioso, inexacto y falto de posición. Su expulsión, lo peor.

Pedro: 2. Lo ha intentado casi todo. A veces le ha salido, a veces, no.

Hinestroza: 3. Ha inquietado a su defensor, pero se ha descentrado en la segunda parte.

Ángel: 4. Bullidor, trabajador y peligroso. Ha fallado una gran ocasión.

Lanza: 2. Poco participativo, aunque siempre juega el balón.

Dorca: S.C.

Rubésn: S.C.

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Ganar por sistema (Real Zaragoza, 1 – CD Alavés, 0)


1057624_1    Suspiro de otoño azul. La victoria de ayer es una sonrisa en medio de la duda y hay que leerla como un gesto de calma para la semana. Los tres puntos conquistados saben a miel madura cuando ya nos hemos convencido que esta liga es un torneo en el que cada gol es un cofre lleno de monedas. Como el que logró Ortuño tras jugada de calida de Hinestroza. Un momento mágico, casi olvidado en la Basílica, que lo celebró con rabia y alegría.

   Es un hecho que la entrada de Morán y Diamanka y la reordenación de tareas asignadas a jugadores como Dorca le han hecho mucho bien al equipo. Hace unas jornadas captamos fotografías en las que veíamos una línea de seis jugadores incrustados en el hocico de Bono, un desierto en el centro del campo y unos islotes aislados en la lejanía de la línbea de ataque. ayer ya no. El grupo está mejor dispuesto, los jugadores ocupan espacios antes abandonados y los toques de calidad, tan necesariuos en esto del fútbol, a cargo de los mencionados ex-Leganés, anuncian una propuesta más razonable y difícil de batir. Por lo menos eso.

   En esta segunda división se está demostrando muy claramente que lo importante es que no te hagan gol, jugar muy bien organizados, pelear cada balón como si fuera lo último que hiciéramos en esta vida, aportar algunas gotitas de talento y creer que somos un poco mejor que los adversarios. Y si metemos un gol, miel sobre hojuelas. Y así se ganó ayer. La organización vino dada por la disposición táctica. Incluso con la presencia de Vallejo en el lateral, algo que no nos gusta, la defensa ganó en fortaleza y el lateral en dinamismo. Y es que el chico vale para todo, y lo hace casi todo muy bien. Cerró todos los espacios, bloqueó las líneas de pase, abrió vías de circulación por la banda y centró balones al área con criterio. Un lujo a nuestro alcance que conviene que degustemos con razón y corazón.

   El Alavés ofreció físico y garra, pero no fue suficiente para enfrentar con solvencia a un Real Zaragoza que siguió con el guión de Lugo y dio sensación de gobierno del partido, algo inexistente hasta ahora. Jaime e Hinestroza abrieron las bandas con la colaboración de Morán, que movió el balón con pases amplios y certeros. De este modo provocó que el juego fluyese en algunos momentos y, sobre todo, mantuvo la sensaciónd e que el gol podía llegar en alguna de esas aproximaciones.

   O a balón parado, pero el cabezazo de Rubén que podía haber abierto el marcador salió fuera por poco y el penalty que sufrió no fue pitado. También Diamanaka tuvo su ocasión, como en Lugo, pero su chut lo detuvo Pacheco. Y Ortuño, que lo peleó todo, mostraba una presencia muy activa cayendo muy bien a banda y buscando a los centrales con el fin de abrir vías de agua por las que la segunda línea pudiera penetrar. Sin embargo, en esta ocasión el fútbol hizo caso a su propia esencia y el gol vino tras una ortodoxa jugada. recuperación del balón en la línea de tres cuartos, el extremo que se va, que dribla y que centra y el delantero centro que remata con habilidad para lograr el tanto.

   Había sido una buena primera parte, con ritmo, entrega, colocación y entereza. Pero la segunda nos trasladó a Territorio Equivocación. Rubén, con molestias, se quedó en el vestuario. Y Jaime se rompió a los veinte minutos, pero para entonces ya había dado el equipo un paso atrás y no para tomar impulso, precisamente. El desgaste de Morán y Diamanka se notó y poco a poco fue perdiendo el poco aire ganado en la primera. El alavés creyó en sus posibilidades y puso a prueba a Bono en varias ocasiones con disparos lejanos que el marroquí detuvo con seguridad, pero la grada vio cómo, poco a poco, el partido se iba oscureciendo peligrosamente hasta hacer temer lo peor.

   El equipo mantuvo bien el tipo, con Vallejo y Rico bien posicionados, algún fogonazo en ataque a cargo de Hinestroza y Jorge Díaz y la interminable lucha de Ortuño. Con eso fue suficiente para lograr una victoria que enfría los rescoldos de unas semanas encendidas a base de equívocos, derrotas y juego fláccido. Ahora toca gestionar bien lo conseguido en estos dos partidos, rogar porque las lesiones no dañen excesivamente al grupo y mantener el estilo que, de momento, nos está señalando algunos carteles que nos indican el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 4. Tuvo mucho trabajo, sobvre todo con disparos lejanos, pero lo resolvió muy bien.

Vallejo: 4. Muy bien. Tanto de lateral como de central. Mandó en defensa, sacó estupendamente el balón y estuvo presente en cuerpo y alma en todo el campo.

Cabrera: 3. Asentado y fornido en el corte. Peor en la salida de balón.

Rico: 3. Luchador, sacrificado y comprometido.

Morán: 3. De nuevo buen partido, aunque le falta ritmo y se hundió.

Diamanka: 3. Tiene talento, se esfuerza y participa con dedicación.

Jaime: 3. Muy luchador y con varias jugadas de mérito.

Hinestroza: 4. Rápido, hábil y directo. Dio un gran pase de gol.

Ortuño: 4. Cayó muy bien a bandas y abrió vías de agua. Y goleó.

Carcelén: 2. Mucha intención ofensiva aunque desajustado en defensa.

Jorge Díaz: 2. Muy trabajador pero se equivoca demasiado en la conducción.

Wilk: S.C.

El equipo caído (Alavés, 4 – Real Zaragoza, 0)


   Definitivo: de las derrotas del Real Zaragoza no tienen culpa ni los técnicos ni los jugadores. La causa es el gafe de ver los partidos de mi equipo en familia. No hay manera de ver una victoria cuando nos reunimos con toda la ilusión del mundo, porque eso es sinónimo de derrota. O de debacle. O de horror. O de vergüenza.

   Todo eso lo vivimos ayer. Fue una de esas tardes en las que no hay ni medio gramo de fútbol que llevarse al corazón. Una de esas ocasiones en que la desidia se instala en el pecho de unos jugadores que pierden la dignidad en cada jugada y a los que no les da ni para defender un derrota. Porque no es lo mismo perder por 1-0 que por 4-0. Porque no es lo mismo caer con honra que recibir la bofetada de la dejadez. Porque nada, en realidad, fue lo mismo. Mal, muy mal. 

   La alineación inicial nos dio mala espina. Un centro del campo que había demostrado no funcionar era rescatado por Popovic para plantarle cara a un equipo que nos gobernó desde el minuto uno. En el tres ya tuvo Bono que evitar el primer gol y en el zaragocismo se instaló el pánico. Se anunciaba partido de errores personales y personalizados y en seguida pudimos corroborarlo. La defensa se descosió en unos minutos y el centro del campo (segunda vez que lo mencionamos) giraba la mirada a cada balñón que pasaba por su terriotorio, conquistado limoiamente por los alaveses ante la incapacidad de Dorca y Galarreta.

   El dislate táctico era evidente y la falta de interés, manifiesta. Los jugadores no avispas parecían unos invitados ajenos a la fiesta que se celebraba y a cada segundo se anunciaba con más claridad la tormenta. Que llegó. Al son de la melodía de Amaral/Dylan el primer gol fue de manual. De manual cuando los defensas son muy malos, claro está. Un ataque fácil por la banda izquierda porque el lateral no tapa, un centro al área pequeña al que no llegan los centrales y un remate fácil porque el otro lateral llega tarde. ¡Ah! Y una mala salida del portero. La fiesta estuvo completa.

   El partido ya pintaba a esas alturas muy mal y nada mejoró. El Alavés supo jugar muy inteligentemente. Lo que parecía una posibilidad de ataque quedó en nada, pues Borja y William no conectaron y Eldin anduvo desaparecido toda la tarde. El único que lo intentaba era Pedro, pero no encontró en ningún caso el camino al área contraria. Y en esas estábamos cuando Mario se lesionó y el frágil castillo de naipes que es el ánimo de nuestros jugadores comenzó a desmoronarse.

   Popovic lo sustituyó por Vallejo, pero aún estaba el joven zaragozanos situándose en el terreno de juego cuando Toti (con una “t”, que el de las dos juega en otra Liga) corrió la banda derecha, esa autopista por la que circula el primero que pasa por ahí, y centró para que ni los centrales ni el otro lateral despejasen el peligro. El segundo en contra y a sufrir.

   Si ninguna capacidad de respuesta a la vista, Popovic optó por adelantar las filas, pero de nada sirvió. Era tal la flaccidez del equipo que nada hacía pensar que aquello se pudiera corregir. Antes al contrario: en ocho minutos llegó el tercero, de nuevo en una lamentable acción defensiva. Llegada por la banda derecha, centro y gol. Sin oposición, sin intensidad, sin talento.

   El partido estaba roto. Hacía mucho tiempo que lo estaba. Salió Natxo Insa por Borja, pero nada aportó el cambio. En todo caso sirvió para que el alicantino contemplara de cerca dos hechos desgraciados que hacen aún más dolorosa la derrota: la lesión de Bono y la expulsión de un Rico desconsoladamente desorientado que entró duramente a Sangalli. Todo eran malas noticias. Solo quedaba esperar que llegase pronto el final, aunque eso no impidió que de nuevo Toti lograse un gol, en esta ocasión batiendo a Alcolea, que había sustituido a Bono.

   El partido fue un doloroso nubarrón. No hay justificación al horror. El argumento de las bajas se cae, pues el contrario también presentaba un equipo de circunstancias. Más cierto es que el equipo presentado no funcionó y el ánimo decayó en el momento en que los jugadores vieron que allí se jugaba al fútbol corriendo y luchando, algo a lo que ellos no parecían muy dispuestos. Habrá que ver cómo recuperan el aliento, ahora que viene el momento de jugar en casa.

CALIFICACIONES

Bono: 2. realizó algunas paradas buenas, pero encajó tres goles.

Fernández: 0. Mal partido. Sin fuerza, sin colocación, sin calidad.

Mario: 2. Justo de fuerzas, en seguida se rompió.

Cabrera: 1. Muy mal en el corte y débil en la pugna.

Rico: 0. Mal partido. Sin fuerza, sin colocación, sin calidad. Y sin temple.

Galarreta: 1. Muy perdido y sin una línea clara de trabajo.

Dorca: 1. Inexacto y nada eficaz.

Eldin: 0. Oculto tras su propia sombra.

William: 1. Empezó con interés pero se apagó con el paso del tiempo.

Pedro: 2. Luchó y trató de reorientar al equipo, pero sin fortuna.

Borja: 1. Aislado y sin balones que jugar.

Vallejo: 1. No estuvo afortunado. Se contagió muy pronto del espíritu del equipo.

Natxo Insa: 1. Apenas participó.

Alcolea: 2. Acogió con gallardía el encargo y mantuvo el tipo.

 

 

 

No el fútbol sino la victoria (Real Zaragoza, 1 – CD Alavés, 0)


   GalarretaCuatro meses y algunos días después el Real Zaragoza logró ayer una victoria en competición oficial. Trabajada, luchada, deseada. Necesitada. Una victoria que debe aportar calma y serenidad al equipo y a la afición y que puede ayudar a darle otro par de pinceladas al grupo en este camino de construcción que está viviendo la entidad en estos momentos. Así y todo, victoria.

   El partido ofreció desde el inicio signos de choque con aristas y desnivelado a favor del equipo vasco. Se produjeron varios vaivenes en el centro del campo que anunciaban una tarde agitada porque los jugadores visitantes manejaban el balón con soltura y verticales intenciones, lo que no era bien contrarrestado por los aragoneses, que tan solo podían ofrecer una propuesta defensiva ordenada y disciplinada. La cobertura contaba con un nuevo pasajero, Cabrera, que sufrió al principio las diabluras de Sangalli, y tuvo que hacerse fuerte para combatir la anticipación de los jugadores alaveses.

   Por momentos se vivió una sensación de agobio, con muy poco control del balón, pero mediado el primer tiempo el centro del campo Galarreta-Dorca comenzó a dar señales de vida y los movimientos de Álamo y Borja asomaron por las esquinas de la retaguardia alavesa. Con todo, no era suficiente. Todos veíamos a un Alavés más estructurado, competitivo y osado, con argumentos ofensivos y razones para combinar cada balón que poseían. Vimos cómo se le anulaba un gol y comprobamos cómo el balón era suyo. Sin embargo, el fútbol volvió a darle una oportunidad al Real Zaragoza y cuando menos se esperaba Dorca habilitó a Borja con un magnífico pase interior que el delantero aprovechó para batir a Manu con un delicado toque. No se merecía, pero ¿quién va a reivindicar justicia en esto del fútbol cuando la fortuna nos visita?

   EldinAntes de llegar al descanso Whalley aun tuvo ocasión de impedir un gol en las botas de Ion Vélez y el susto sirvió para valorar más lo que hasta entonces se había conseguido. En la caseta Víctor optó por sustituir a un tocado Vallejo y al joven Nieto, un tanto bisoño, por la veteranía de Rubén y la electricidad de Eldin. Los cambios, junto con una actitud más sobria y segura por parte de todos, permitieron al Real Zaragoza plantear un choque más equilibrado. Fue una segunda parte más acorde con lo que la afición espera que sea el equipo y con lo que con el tiempo llegará a ser si se mantiene una hoja de ruta sensata y humilde.

   Galarreta y Dorca confirmaron los apuntes de la primera mitad, sujetaron el juego, abrieron la mente del equipo y lanzaron a Willian José y a Eldin a territorios en los que generar peligro. Sobre todo el primero, que protagonizó varias acciones ofensivas de mérito, especialmente un cabezazo y un chut que Manu disolvió con sendas buenas paradas, a las que añadió un comportamiento encomiable en tareas defensivas. El Alavés acusó el golpe y no supo resolver las dudas que generó el juego zaragocista. Optó por el corazón y el pundonor, lo que aprovecharon los chicos de Víctor para agitar la seguridad defensiva de los visitantes y comprimir el campo. Eso permitió ahuyentar el fantasma del último minuto y contener las embestidas naranjas con la ayuda del último cambio, el de Diogo por Galarreta.

   Los momentos finales fueron otro monumento a la angustia, con la Basílica empujando con todas sus fuerzas y con unos jugadores que, esta vez sí, pudieron evitar el mazazo del gol sobre la bocina del contrario. El Real Zaragoza contrapuso a los centímetros y la garra del contrario un mayor compromiso por parte de todos y cada uno de los jugadores, sin ahorrarse ni un centilitro de sudor ni medio gramo de sacrificio. Siguieron, en fin, el camino que nos debe llevar a la calma. El camino hacia el crecimiento.

Fotografías: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 3. Volvió a estar acertado en varias paradas y se mostró seguro por alto.

Fernández: 3. Luchador, rápido e incansable.

Vallejo: 2. Tuvo un partido irregular en el que mostró ciertos desajustes.

Mario: 3. Serio y cumplidor.

Cabrera: 3. Fue de menos a más. Mostró señales de buen lateral.

Galarreta: 3. Comenzó incierto pero en la segunda parte gobernó bien el partido.

Dorca: 3. Magnífico el pase de gol. Equilibró el partido en la segunda parte.

Álamo: 3. Potente y vertical, le sobran un par de regates.

Borja: 4. Marcó un gran gol y puso en aprietos a los centrales.

Willian José: 4. Muy trabajador, remató con peligro y aportó en defensa.

Nieto: 1. No encontró armonía en la banda ni conectó el juego.

Rubén: 2. Recio y bien colocado.

Eldin: 3. Eléctrico y atrevido en el uno contra uno.

Diogo: S.C.