De la necesidad, virtud (Real Zaragoza, 2 – Bilbao Athletic, 0)


 

596580_gLuchar contra la frescura de la juventud, sin ataduras, sin compromisos, sin exigencias es duro. Y hacerlo cuando tú estás atado y el compromiso te ahoga, aún más. El Bilbao Athletic jugó un partido atrevido y ese atrevimiento casi estrangula a un Real Zaragoza agarrotado por la exigencia de un destino que está marcado en el cielo. Pudo hacerlo durante casi treinta minutos, los que discurrieron en el tramo final de la primera parte y los primeros veinte minutos de la segunda. Pudo hacerlo, pero no.

   El encuentro de ayer era vital. Como lo será el próximo. Vital y de difícil lectura. Carreras dibujó una propuesta en la que Morán, Rosa y Culio eran el armazón de un equipo que debía sujetar el centro del campo. al mismo tiempo, esa columna propiciaría la lanzadera de Hinestroza y Lanzarote para culminar en la verticalidad y potencia de Dongou. Ese era el plan. Sin embargo, los jóvenes cachorros juguetearon con el león asustado y cuando decidieron quedarse con el balón la Basílica dudó.

   El equipo del Cuco Ziganda sabe manejar el juego. Mueve el esférico con criterio y soltura y eso fue un problema para el Zaragoza. No había solidez en el medio campo y la defensa comenzó a sufrir los tiralíneas bilbaínos. Así llegó el primer susto, con un chut cruzado que repelió el poste derecho de la portería de Manu Herrera. Era un aviso que, afortunadamente, no se tradujo en gol. Sí lo hizo el equipo aragonés. En un ataque que no obedecía a ningún plan Lanzarote capturó un balón suelto y con un sutil toque bordó una trayectoria curva con la que alojó el cuero en la red contraria. Magnífico gol que abría las puertas a la victoria.

   Sin embargo, el tanto encajado pareció activar al equipo vasco. Apretaron aún más, continuaron con sus triangulaciones y acosaron al Zaragoza, que no supo sacudirse el dominio. Ni siquiera el descanso sirvió para romper la dinámica. Antes al contrario, la continuación supuso el comienzo de un calvario para los locales. El Zaragoza dio un paso atrás y las piernas de sus jugadores comenzaron a atascarse. Pareciera que los chicos de San Mamés eran más rápidos, más hábiles y más potentes. Llegaban antes y mejor a los balones divididos y pronto la grada comenzó a impacientarse. Era muy evidente que en el centro del campo aragonés había un hueco que convenía completar, sobre todo por la inexactitud de Culio para llegar a su destino. Quizás porque ni él mismo lo conocía.

Carreras así lo entendió y le pidió a Diamanka que supliera al argentino. Lo que hasta ese momento había sido un monólogo visitante comenzó a convertirse en un choque equilibrado. La inclusión de Pape como medio volante junto a Isaac activó la banda derecha. El centro del campo se activó y por ahí llegó el segundo gol. Cuando más lo necesitaba el equipo, el lateral andaluz protagonizó varias subidas y una de ellas la culminó con una valiente incursión que acabó con un pase a Diamanka que este aprovechó para convertir. Grandísima recompensa que le vino fenomenal al grupo para soltarse y finalizar sin agobios.

   En este paisaje de batalla ganada lució con luz propia Manu Herrera, que estuvo acertado en todas las ocasiones en que actuó, incluso cuando cometió sus ya clásicos errores que provocan que el corazón de la Romareda viva sus pequeños vuelcos. Y con una defensa que muestra sus dudas y sus fortalezas. En medio de todo ello conviene remarcar que este equipo no ha repetido alineación nunca y que resulta muy difícil sostener una propuesta futbolística en medio de una situación de inestabilidad manifiesta.

   Tres puntos, pues. Tres puntos de altísima importancia que permiten seguir manteniendo el durísimo pulso que protagonizan varios equipos y que debemos afrontar con entereza y solvencia durante los próximos cinco partidos. Solo así conseguiremos continuar el camino que nos lleve de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Tuvo buenas intervenciones y algíun despiste mínimo.

Isaac: 3. Irregular en defensa, en ataque ganó mucho con la entrada de Diamanka. Asistió el segundo gol.

Gutián: 3. Correcto y serio.

Cabrera: 2. Algo limitado físicamente e irregular en el corte.

Rico: 3. Como siempre, luchador y correoso.

Morán: 3. Tuvo fases de acierto y algunos despistes.

Ros: 2. Algo menos intenso y participativo.

Culio: 1. Tuvo muy poca presencia y dejó vacíos preocupantes en el centro del campo.

Hinestroza: 3. Rápido y osado aunque algo precipitado.

Lanzarote: 4. El mejor. Su calidad nos da mucho. Goleó.

Dongou: 3. Realizó movimientos interesantes y lo peleó todo.

Diamanka: 3. Inactivo en defensa, su aportación atacante fue decisiva.

Tarsi: 3. Muy trabajador y equilibrante.

Abraham: S.C.

 

 

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Imagina que hay fútbol (Bilbao Ath., 0 – Real Zaragoza, 1)


1072748_1Un partido de fútbol puede tener una cara y una cruz. También una cara oculta y varias cruces. Esto último es lo que sucedió ayer en el nuevo San Mamés, ese coliseo hermoso y altivo que el Real Zaragoza visitó por primera vez aunque no en las circunstancias que habríamos deseado. El choque que ayer se llevó el equipo aragonés más por acierto que por jerarquía, fue una prueba más de lo pacata que es esta liga y de lo poco que hace falta para llevarse tres puntos. Con un buen portero, una defensa segura, un par de jugadores que manejen con algo de criterio el balón en el centro del campo y un goleador mínimamente afinado es más que suficiente para estar en la pomada. Claro, dicho así, parece poco, pero lo cierto es que es muchísimo y por eso la competición está tan apretada como está.

El Zaragoza afrontaba la tarde con varias bajas importantes y la certeza de que íbamos a vivir una experiencia incierta. Con todo, en la primera ocasión de que dispuso se logró el gol. Un buen corner y un remate de delantero pillo de Ángel que se aprovecha del error defensivo fue más que suficiente para situarse en una posición de ventaja. El partido, en el minuto 10, se mostraba favorable y ante ese hecho los chicos del Bilbao Athletic no pudieron proponer un plan de choque. Morán, el jugador criado en Lezama que ayer lucía zaragocista, enfocó bien la cámara de juego y gobernó los tiempos con corrección, provocando que los siguientes treinta minutos discurriesen lentos e insustanciales.

   La anodina primera parte fue sacudida por una ocasión de Iriondo, que acabó en corner, y una magnífica oportunidad que Pedro desaprovechó al no encontrar el palo largo de Remiro. Eran dos muestras del espíritu de la tarde, en la que mandaba el querer frente al saber. Una tarde en la que de los veintidós jugadores rescatamos el trabajo de Morán, los fogonazos de un Abraham voluntarioso y veterano, la seguridad defensiva de ambos grupos y, sobre todo, las magníficas intervenciones de Bono. Poco más.

   La segunda parte comenzó muy bien, con una magnífica ocasión que Dorca no aprovechó tras un jugoso pase de Pedro. Se nota que a este equipo le falta espíritu depredador, pues las ocasiones que genera, que aunque pocas son francas, no encuentran en la plantilla al ejecutor adecuado. Y ese déficit estuvo a punto de costarle caro unos minutos después, cuando  Bono tuvo que emplearse muy a fondo hasta en dos ocasiones. La primera, al saque de un libre directo ejecutado por Unai. La segunda, un minuto después tras remate de Yeray al saque del corner cedido por el portero marroquí. Dos buenas actuaciones que parecieron darle alas al equipo filial, que emprendió un serio acoso en busca del gol del empate.

   Ese fue el momento elegido por el Cuco Ziganda para realizar un triple cambio que significó un cambio en el dibujo de los bilbaínos. La variación táctica se le atragantó al equipo de Popovic. Este, por su parte, detectó que Abraham había consumido sus energías y optó por darle entrada a Jorge Díaz. Lo que no calibró es que haciendo eso lograba desmontar la organización del equipo. Esa fue una mala decisión, pues se produjo una fractura en el centro del campo al sumarse Dorca a la tarea de Morán y reubicar a Ángel junto a Ortuño. El partido tenía color rojiblanco y se vivieron momentos de apuro. Bono tuvo que actuar en otras dos ocasiones para evitar el gol local y todo apuntaba a que íbamos a vivir unos minutos finales agónicos.

   Popovic le pidió a Sergiogil que saliese en lugar de Ángel y a partir de ahí el equipo zaragozano encontró el camino. El joven jugador le dio equilibrio al juego y salida al balón. Cada vez que lo tocaba se veía claramente que algo podía ocurrir. Tres acciones suyas sirvieron para dibujar un panorama distinto, pues Morán y sobre todo Dorca pudieron respirar y consolidar posiciones y además el balón fluía hacia posiciones de peligro, como cuando Pedro dispuso de dos opciones de gol que tampoco en esta ocasión consumó.

   Se llegó a los minutos finales con el partido muy abierto, como demostraron las dos clarísimas oportunidades de que disfrutaron los dos equipos. La primera en la cabeza de Yeray, pero de nuevo Bono estuvo grandioso, esta vez deteniendo el venenoso balón que el delantero vasco picó con la cabeza. La segunda, también por arriba, a cargo de Cabrera, que vio cómo su testarazo rompía el palo izquierdo de Remiro. Fueron las dos últimas situaciones de peligro de un partido que mostró a un Real Zaragoza firme en tareas defensivas, correcto en el centro del campo pero muy débil en la concreción de las ocasiones. Es cada día más evidente que a este equipo le hace falta más mordiente en la definición si queremos subir, de un modo definitivo, al tren que nos lleve de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 4. Gran partido, con excelentes intervenciones bajo palos.

Isaac: 2. Muy luchador, aunque sufrió mucho con las incursiones por su banda.

Vallejo: 3. Mantuvo un tono irregular al principio que corrigió con el paso de los minutos.

Cabrera: 3. Buen trabajo, con escasez de rrores importantes.

Rico: 3. Mejor en ataque que en defensa, no pasó apuros.

Morán: 4. Muy buen partido. Gobernó, sujetó al equipo y repartió juego.

Dorca: 2. Muy lento e impreciso. Gozó de una buena ocasión de gol.

Abraham: 3. Estuvo participativo y a ratos jugón. Le falta ritmo pero lo suplió con veteranía.

Ángel: 4. Muy trabajador y protagonista del juego en el centro del campo. Y goleador.

Pedro: 3. Mostró detalles de calse pero falló dos buenas ocasiones de gol.

Ortuño. 2. Menos actor que otras veces. No encontró su sitio.

Jorge Díaz: 1. No cambió nada con su salida. Precipitado y fallón.

Sergio Gil: 3. En doce minutos equilibró el juego del equipo. Tuvo detalles de lujo.

Buenacasa: S.C. Debutó con el Real Zaragoza.