Mi crónica: Real Zaragoza, 1 – Athletic, 2 (Llamando a las puertas del infierno)


   tifo_RZGZ_AthleticNo hay suficientes lágrimas para amortiguar el dolor de la derrota de esta noche. Una derrota aguada por la inexperiencia de un equipo que lo tenía todo de cara para cerrar favorablemente la jornada pero que se encuentra ahora mismo ahogado en sus errores y con muy pocas opciones de llegar al final con vida. Después de lo sucedido, la amargura que nos ha invadido puede impedirnos analizar lo ocurrido, pero vamos a intentarlo.

   El partido ha comenzado con un ritmo interesante, agitado, no mezclado, y se veía que el equipo aragonés tenía toda la intención de presionar a los de Bielsa para evitar su salida con balón y`propiciar situaciones de riesgo. Para ello, sus tres medias puntas ejercían una presión de alta intensidad y lograban recuperar balones que servían para mantener la tensión ofensiva. Tan ha sido así que a los trece minutos una preciosista combinación entre Apoño y Montañés ha propiciado un centro de éste que ha sido magistralmente rematado de cabeza por Postiga consiguiendo un bellísimo gol. La basílica ha estallado de alegría, han sonado las gargantas de todos los zaragocistas, los presentes y los ausentes, y la tarde ha pintado más blanca y más azul que nunca.

   El trabajo táctico era bueno y en él brillaban un magnifico Pinter y unos muy dinámicos Rodri, Montañés y Víctor. Además, Apoño se encontraba muy a gusto liberado como estaba por el trabajo del húngaro, con lo que los balones que pasaban por sus botas circulaban con criterio. El partido estaba donde quería el Real Zaragoza. Adormilado, apaciguado, aunque nadie con el león en el corazón daba la batalla por ganada. Se ha entrado en una fase de atonía e imprecisiones y el Athletic poco a poco ha ido ganando terreno y quedándose la bola, lo que se ha traducido en  un aburrimiento un tanto insultante, pues la grada estaba por vivir emociones fuertes,no por sufrir semejante tedio.

   En el descanso Bielsa ha dado entrada a Llorente e Ibai Gómez y el panorama ha cambiado para mal. El equipo de Bielsa se ha hecho con la posesión, con el dominio y el tacto y aquí ha empezado la tragedia. Todo ello ha coincidido con la sustitución de Rodri por Rochina. Si había una mínima esperanza de recuperar balones, ésta ha desaparecido con la marcha del andaluz y a ello se ha sumado que Rochina se ha ocultado de sí mismo y ha escapado al limbo futbolístico. Ha tenido miedo a hacer lo único que sabe hacer y hoy no ha querido intentar nada. Luego se ha roto Montañés y Movilla ha salido para hacer algo que no sabe. Por último, la lesión de Víctor ha permitido que Binevenu, el Marco Pérez de esta temporada, saliera para acabar de descoser al equipo.

   Para entonces Bielsa ya habia decidido darle una vueltecita de tuerca al partido con la inclusión de Castillo, quein ha sabido interpretar muy bien el libreto. Los dos laterales del Athletic han decidido que por su banda podían. Ellos sí. Y han cumplido a la pefección. Primero Llorente, en una acción absolutamente payasa, ha logrado el gl de empate que ha provocado que la noche cayera sore la Romareda. Pero eso no ha sido todo. Pocos minutos después, con un Real Zaragoza noquedao, Ibai Gómez le ha dado una bofetada al zaragocismo consiguiendo un gol que rompía en mil pedazos las ilusiones de toda una afición. El desastre se acababa de consumar. El Real Zaragoza acababa de tirar a la basura, él solico, los tres puntos que le daban la vida. Sin ellos, no queda casi nada por lo que luchar. El milagro se ha burlado de nosotros.

CALIFICACIONES

Roberto: 0. Nunca creí que pudiera escribir esto. Sus actuaciones por alto, famélicas. En los goles, mal. 

Fernández: 2. La primera parte ha estado muy dinámico y participativo. Mejor en ataque que en defensa. La segunda parte se ha perdido.

Sapunaru: 1. Ha tenido problemas a sus espaldas. Bien por alto, pero Llorente le ha descubierto.

Álvaro: 2. Contundente al principi, ha sufrido mucho con los balones laterales.

Abraham: 3. Pundonor, clase y velocidad. Ha trabajado mucho y bien. Al final ha acabado exhausto. En el peor momento. 

Pinter: 4. Muy buen trabajo defensivo el suyo. Además ha participado en algunas acciones ofensivas de fuste.

Apoño: 2. Ha ido de más a menos. El último tramo ha perdido l brújula.

Victor 3. Muy buena presencia ofensiva y meritorio trabajo de contención.

Rodri: 3. Su corazón late con la fuera necesaria para cumplir su papel de agitador. Se ha notado su salida.

Montañés: 3. Su banda ha notado sus galopadas y sus quiebros. El centro del gol ha sido suyo.

Postiga: 3. Ha marcado un gran gol y ha luchado con decisión. Iraizoz le ha sacado un gran disparo.

Movilla: 1. Ha jugado de algo que no sabe. Ha corrido, pero ha sido ineficaz.

Rochina: 0. Borrado del partido.

Bienvenu: 0. Una broma. Una mala broma.

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Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 2 – Athletic de Bilbao, 0 (Hablará de nuevo el aire azul)


   Era la de ayer una tarde de vida o muerte y quiso ser la de ayer una tarde de vida o vida. Mientras el norte de la capital soportaba la impertinencia de unas nubes perezosas que nos regalaban mediocres aguaceros, en el sur de la ciudad el sol competía con la borrasca para imponer su jerarquía y regalarle al zaragocismo la luz de sus rayos y fueron estos los gallardos caballeros que iluminaron una de las victorias más jugosas que se recuerdan en la Basílica del fútbol, seguro por el vigor de sus goles, seguro por la energía de toda una ciudad, de toda una comunidad que sigue creyendo en la sangre azul de su equipo.

    El partido nació eléctrico. En apenas doce minutos ya habían llegado cuatro balones a los jardines de las dos áreas; melancólicos los del Real Zaragoza, iracundos los bilbaínos, que sirvieron para proporcionarle a Roberto la posibilidad de enseñarle al mundo, con dos magníficas paradas, que es un gran portero y que su trabajo ha sido una de las pocas alegrías que nos ha sido dado vivir. Sobre todo el segundo chut, a salida de falta, felinamente resuelto con una mano sobrenatural que sólo los grandes saben y son capaces de ejecutar.

    El primer cuarto de hora, decíamos, fue una triste milonga. No gustaba que los chicos de Jiménez le dieran el balón a los de Bielsa, pues ese guión apuntaba a final gris, a desenlace lastimero. Por eso, cuando el equipo comenzó a estirarse y eligió el sendero de la presión, la vitalidad y la energía el panorama cambió. Postiga, que ayer jugó su mejor partido de la temporada, se apropió del balón, dibujó ese ceño de chico permanentemente enfadado con el maestro y disparó cruzado para ver cómo el poste derecho de Iraizoz se encargaba de escupir la primera alegría- Un centímetro a la derecha y habría sido gol, pero no cabían lamentaciones. Había que seguir. Y se siguió. Las escasas jugadas que llegaban al área aragonesa morían por el acerado trabajo de los defensas que, ayer sí, optaron por la rabia desabrochada. Y por si había dudas cuando la aviación enemiga descolgaba proyectiles con sabor a muerte, Roberto se encargaba de expulsar el miedo a base de salidas iracundas y despejes metálicos.

    La alegría llegó con el gol de Edu Oriol. Un balón recuperado en el centro del campo por el catalán fue el argumento preciso. Lo cosió a su bota, emprendió un periplo entre las bellísimas piernas vizcaínas, le ocultó al cielo el sendero a la gloria que estaba a punto de dibujar, entendió la magia del movimiento de Lafita, que arrastró el Cinturón de Hierro hasta el corner de Arrúa y disparó seco y elegante al palo corto de Iraizoz para lograr el gol de la jornada. La Romareda, la Vieja Dama Blanca, gritó el gol con toda su alma y los jugadores construyeron una montaña de liberación que demostraba que aquello era más que un “goal”, más que un objetivo logado. Aquello era un signo que señalaba el camino hacia Possibleland.

    Los quince minutos que quedaban fueron un paisaje de inestable calma. El equipo supo leer muy bien el partido y optó por el manejo de balón cuando lo teníamos y una inteligente intensidad cuando lo manejaban los del norte. Y aún se siguió trabajando en la búsqueda de un segundo gol que aclarase el futuro. Para ello, fueron muy importantes los movimientos de altísimo nivel que protagonizaron Lafita, grandioso ayer, Edu Oriol, que ayer se encontró a sí mismo,  y Postiga, que firmó su mejor partido con el Real Zaragoza. Cada balón que llegaba a sus pies era una posibilidad ofensiva: se mostraron atrevidos, intentaron jugar con calidad, fueron valientes en cada acción y con cada posesión les decían a los jugadores forasteros que aquella era su casa y allí se iba a jugar como ellos decidieran.

    La segunda parte comenzó muy bien. El equipo seguía el mismo guión con que habían acabado los primeros cuarenta y cinco minutos y lo mejor vino con una peligrosa falta que Apoño ejecutó con gran acierto. Micael toco, Paredes ubicó y el malagueño impulsó un misil que Iraizoz no supo gestionar. Gol, divina palabra. El 2 – 0 brillaba en el vetusto marcador y la hinchada rugía con el “Sí se puede”, que se ha convertido en una plegaria que el zaragocismo recita con fe y fortaleza cada día, como si su sola mención sirviese para agrandar la esperanza. Gol y a seguir en la lucha.

    Y ahí nació el mejor Real Zaragoza de toda la temporada. Disfrutamos del mejor partido en años. Un espectador que viera ayer el encuentro pensaría que los equipos que pugnaban sobre el césped de la Basílica eran dos conjuntos que el próximo año se pasearían por Europa, tal era la calidad que allí se estaba desplegando. Y en ese contexto aún pudimos disfrutar de dos bellísimas acciones protagonizadas por Postiga, con un atrevido chut desde cincuenta metros que casi es gol, y Zucculini, que, osado, condujo el balón entre las líneas enemigas para acabar soltando un zapatazo que casi revienta el larguero del gol norte. Habría sido impresionante, mas lo importante ayer no era protagonizar una hermosa goleada, sino rearmar el espíritu del zaragocismo, el de “El León siempre vuelve”, el de “Zaragoza nunca se rinde”, el de “Quien quiera llevarse el agua…”. Y eso se consiguió.

    Bielsa tiró de calidad y recurrió a Susaeta, Muniaín y Llorente, pero no sirvió de mucho. El equipo acabó gustándose, con jugadas individuales de gran nivel protagonizadas por, ya lo hemos dicho, Edu Oriol, Lafi, Postiga. Por un Micael cada vez más aragonés, con un Apoño que, ayer sí, mezcló bien con el portugués. Por un Zucculini bravo y audaz que estuvo en todas partes, menos en la portería. Y por una defensa que interpretó muy bien la partitura y, aunque nerviosa en algunos compases, interpretó correctamente la sinfonía. Y por Roberto, de nuevo gigante.

    El partido acabó con una victoria que abrió las puertas del cielo zaragocista y nos permite girar la cabeza para contemplar la llegada de los valencianos, que vienen orgullosos y altivos en busca de un billete a la gloria. Nuestros guerreros hoy descansan, pero el zaragocismo ya está preparando las gargantas para argumentarle a la Historia que aquí, en las orillas del Ebro, habita una afición, toda una ciudad, dispuesta a escribir una nueva página con párrafos de esperanza.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 5. Sus primera intervenciones señalaron el camino al equipo. Inmenso.

 Álvarez: 4. Su audacia y su entrega es digna de reconocimiento y su rostro evitó un gol que habría sido una herida muy dolorosa.

 Da Silva: 2. Puso garra y empeño, y alternó errores fruto de la precipitación con heroicos aciertos.

Paredes: 3. Su trabajo fue el de un esforzado capitán que arrastra a sus soldados a la victoria a base de fe y arrojo.

 Abraham: 3. Muy activo y presente en todas las tareas, tanto defensivas como ofensivas.

 Zucculini: 4. Ya hemos dicho que estuvo en todas las partes y consiguiño, además, inquietar a la defensa contraria. Por no mencionar el que podría haber sido uno de los goles de la temporada.

 Micael: 4. Está tremendamente motivado. Se ha convertido en el Gabi del equipo en los últimos tres partidos en los que ha participado. Su garra y calidad lo convierten en imprescindible.

 Apoño: 3. Metió un gran gol y se entendió mejor que otras veces con Micael y Zucculini. A veces trastea el balón inoportunamente.

 Lafita: 5. Impresionante partido de Ángel Lafita. Controló balones imposibles, afrontó a la defensa contraria con osadía, luchó con el corazón a 190, consiguió centros imposibles y buscó el gol con ambición. Magistral.

 Edu Oriol: 5. Su gol, espléndido. Fue el de ayer su mejor partido con el Real Zaragoza y llegó un momento en que protagonizó gestos y jugadas propios de un gran jugador.

 Postiga: 5. Extraordinario partido. Mereció el gol y a punto estuvo de lograrlo con un magnífico chut que despreció el poste. Controló el balón, dribló con maestría, jugó de espaldas como los grandes y por fin se creyó que es un muy buen jugador.

 Lanzaro: 2. Muy nervioso, salió a trabajar en defensa como él sabe, pero ayer estuvo algo impreciso.

 Luis García: S.C.

Mi crónica del partido: Athletic, 2 – Real Zaragoza, 1 (¿Hasta cuándo, desventura?)


¿Qué escribir de un partido que en sus siete primeros minutos ya ha vivido tres “mano a mano”, siempre a favor del mismo equipo? ¿Qué escribir de un partido que nos ofrece un vendaval de ganas, calidad, intensidad y talento, en todo momento, eso sí, originado por el mismo equipo? ¿Qué escribir de un partido en el que los jugadores, siempre del mismo equipo, olfatean desesperados en busca de un aroma de vida mientras los otros jugadores, siempre del mismo equipo, recogen las velas porque el viento a su favor es tan poderoso que amenaza con llegar al Nuevo Mundo antes siquiera de que éste exista? Tres preguntas muertas que jamás encontrarán respuesta en este infierno al que el zaragocismo ha sido arrojado por la ineptitud de unos gestores, unos técnicos y unos jugadores que han mimado este fuego mortífero en el que nos estamos consumiendo desde hace demasiado tiempo.

Los frágiles y escuálidos muros de la fortaleza aragonesa cayeron en apenas unos segundos como un castillo de naipes hecho por un niño de cinco años ante los embates del equipo vasco, que salió al campo a matar y le otorgó a Roberto las estrellas que este portero se gana partido tras partido al ofrecerle la posibilidad de lucirse en dos jugadas que olían a gol desde el primer pase. Pero como si eso fuese un delito, Juárez, siempre Juárez, le regaló un balón de oro a un estupefacto Susaeta que aprovechó magníficamente para lograr el merecido 1 – 0. Hoguera, debacle, universo desplomado. Los de casa elaboraban, amenazaban, iluminaban la agreste noche con su alegría y su osadía futbolística. Sin embargo, el fútbol, el deporte más injusto que el ser humano ha sido capaz de inventar, le dio al Real Zaragoza un boleto para la resurrección. Una combinación interior permitió a Lafita, ayer segundo delantero, plantarse ante Iraizoz para recibir la falta de Javi Martínez. Penalty y expulsión. La cara de incredulidad de la afición maña dio paso al gol de Ponzio. Era el empate. Era la ventana abierta al campo de la esperanza.

Fueron diez minutos de frotarse los ojos. El Athletic se descompuso un tanto y en esa marejada inesperada nuestros navegantes encontraron un par de olas favorables que les permitieron llegar con cierto peligro a la meta local, pero ni Postiga ni Lanzaro consiguieron el remate salvífico que habría supuesto un segundo gol que permitiese afrontar la segunda parte con garantías de éxito. Por el contrario, nos fuimos al descanso con la sensación de que se había perdido una ocasión de platino de matar el partido.

El regreso nos llevó de nuevo a la negrura de las catacumbas futbolísticas en que se ha instalado este Real Zaragoza, que busca el aire en la orilla pero se olvida de que su oxígeno no está en la propia área. Aguirre, en un nuevo desafortunado ejercicio, sacó a Luis García y desplazó a Lafi al extremo, impidiéndole que se reivindicara donde más y mejores éxitos le ha dado al equipo: por detrás del delantero. Ahí se rompió la cara del equipo. Ahí desapareció la rapidez, el descaro y la poca pólvora que habíamos sido capaces de emplear para atacar las defensas rojiblancas. Y para acabar de morir, la segunda amarilla a Lanzaro por una mano que un futbolista no se puede cortar pero que en un estadio como el bilbaíno, gracias a la presión del público, siempre es castigada con rigor. Y fin.

Porque ahí comenzó el calvario de los nuestros. Encerrados en su castillo sin almenas, con los torreones destrozados, sin víveres y con unas huestes famélicas y malheridas, los cañonazos de los de Bielsa fueron inmisericordes. Ya en el minuto 73 se le anuló un gol a Susaeta por fuera de juego, pero la fruta estaba muy madura y fue Toquero el que apareció en el área pequeña, siempre el área pequeña, para, entre un desordenado bosque de piernas blancas, encontrar el sendero del gol. Minuto 86. El volcán erupcionó. La lava de la decepción emergió con una violencia tal que sepultó a toda una afición, solidificando en segundos la estúpida sonrisa que habíamos dibujado con el gol de Ponzio.

No hay más. No hay nada. Hay quien dice que el Real Zaragoza va camino de Segunda. Disiento. Nada más lejos de la verdad. El equipo no camina hacia Segunda: ya está en Segunda. Y debemos plantearnos el rugoso, afilado y minado camino que debemos recorrer desde hoy hasta Mayo como un desafío que consiste en “subir” a Primera. Pues ni el entrenador está a la altura, ni los jugadores están capacitados ni, por supuesto, la presidencia es digna de ejecutar el mandato de una Historia gloriosa y conquistada a golpe de esfuerzo común que nos contempla estupefacta y nos pide vivir. Tan sólo la afición, depositaria de la esencia del Real Zaragoza, puede conseguir rescatar la vida del fango del campo quemado después de la batalla. Lo demás, los demás, tienen que irse. O le hacemos un ERE a la miseria o pronto, en lugar del himno, en la Romareda sólo se oirá el silbido del viento en el desierto

CALIFICACIONES:

Roberto: 5. Dos extraordinarias paradas en el minuto 4 ya me hicieron pensar en el “5”. Incluso en el “6”, que no existe como puntuación. Ahora, sólo puedo decir que me hace mucho duelo que este chico tenga que vivir semejante calvario.

Juárez: 0. ¿Por qué tengo que esforzarme en buscar palabras para comentar su actuación? Cero multiplicado por cero.

Lanzaro: 1. Le valoramos su esfuerzo, pero esto es la Primera División española.

Pinter: 1. Me lo imagino preguntándose las razones por las que le piden que haga lo que nadie le ha enseñado a hacer.

Paredes: 1. Si una moneda tuviese seis superficies, nos daría una cara y cinco cruces.

A. Tomás: 1. “Run, Forrest, run”.

Ponzio: 1. Leo ya no puede más. Está en medio del mar, las olas alcanzan alturas de tres metros, su tabla está rota en mil pedazos y a su lado los tiburones merodean exhibiendo sus sanguinarias fauces.

Edu Oriol: 0. Esto no es Alcorcón y de ello se dio cuenta en el minuto “1” de partido. Aún debe estar buscando en el césped el lugar en el que ubicarse.

Lafita: 2. Cuando jugó de segundo delantero “Lafi” disfruta, encara, se atreve, prueba y hasta lo consigue, como en la jugada del penalty, pero es evidente que Aguirre no lo ve así. Cuando lo desplazó a la banda, desapareció.

Juan Carlos: 0. Ayer ni él se creyó el papel que tenía que jugar. No hizo nada bien y, además, no se le vio tan atrevido como en otras ocasiones. ¿Tuvo miedo?

Postiga: 2. Como segundo delantero, o al menos cuando está acompañado, ofrece muchas más prestaciones que cuando recorre el campo de punta a punta él “solico”. Ayer, en la primera parte, estuvo cerca del gol.

Luis García: 0. Si Aguirre le pidió que aportara watios al ataque, no lo supo hacer. Si no fue eso, no entiendo cuál era su misión.

Abraham: 0. Res de res, amic. Salió cuando Lanzaro fuer expulsado para que Paredes pasase al centro de la defensa, pero no fue ni solución ni problema.

Zucculini: S.C.

Tu espejo refleja mi patria (Real Zaragoza, 2 – Athletic, 1)


Sabía el zaragocismo que ayer era uno de esos días que quedarían señalados en el Calendario de la Esperanza o en el Mausoleo de los Horrores. Sabía el hincha del león que ayer se podía abrir una herida tan profunda como nuestro sufrimiento o encontrar en la mochila de los milagros un brebaje que nos ayudase a vivir unas horas más. Sabía eso y mucho más, por lo que el aire que hoy ocupa nuestros pulmones nos sabe a gloria bendita, a melodía deseada durante tantas noches. Ayer el zaragocismo encontró un huracán de pasión en cada patada al balón que le dieron nuestros jugadores. Desde hoy, y hasta le final, nuestros héroes. Victoriosos o harapientos, son los nuestros.

El partido comenzó con una timorata puesta en escena del real Zaragoz,a que a los pocos minutos ya se tragó el primer puñado de piedras cuando Susaeta envió un envenenado chut a la portería de un descolocado Tonidoblas que no entró porque la Virgen del Pilar lo impidió. Primer golpe a la moral; primera bofetada a la esperanza. Sin embargo, lo peor vino unos minutos después, cuando los jugadores vizcaínos ejecutaron un lanzamiento de falta que nadie con camiseta blanca supo leer adecuadamente y entre el estatismo de Jarosik y la estupefacción apareció la espinilla del delantero centro bilbaíno para obtener un botín inesperado para todos. Gol visitante…y a comernos el miedo.

Inesperadamente, los jugadores zaragocistas apretaron el mentón, irguieron el estandarte del honor y comenzaron una labor que permitió a la Romareda y a todo corazón azul que aún tenga fuerza para latir saborear el aroma de la victoria. ¿Cómo? Con raza, con nobleza, con orgullo y pasión. Con toda el alma que aún les queda y que les dibujó la ruta el viento amigo. Con esa fuerza que da saber que das lo que tienes y confiar en que el destino, algún día, te lo devolverá.

El Real Zaragoza despertó a la vida tras el gol bilbaíno. Y lo hizo comenzando la casa por los cimientos. Trituró la imagen de partidos anteriores y prefirió parecerse a un equipo de fútbol. La fe y la combinación fueron buenos argumentos para, durante casi media hora, plantarle cara al equipo contrario y al pasado y elaborar varias juagadas de ataque que apuntaban a algo más que a un lamento. Uche, que ya comenzaba a proponernos otro tipo de fútbol, y Ander dispusieron de sendas buenas ocasiones que Iraizoz en el primer caso y la espalda de un defensor en el segundo impidieron su traducción en gol. Surtida la noche de premoniciones y convencimiento, nos fuimos a la segunda parte.

Jarosik se prometió a sí mismo que conseguiría que olvidásemos su error en el gol de los vascos y en el minuto 3 recogió un medido centro de Boutahar para rematarlo, primero de cabeza y en segunda instancia con su pie derecho y logró un empate que nos alegraba la vida a los aficionados que hasta ese momento aún soñábamos con logros imposibles. Empatado el partido, el real Zaragoza continuó con un discurso aguerrido, futbolero, físico y merecedor de mejores tiempos. Este Real Zaragoza quizás sorprendió a los más jóvenes, pero quienes hemos visto correr la banda a Oliveros y le hemos proporcionado balones a Rubial para que sacase los corners, este Real Zaragoza se parecía a nuestro Real Zaragoza, al de siempre, al de mañana. Jugaba al fútbol, trabajaba en defensa y, muy importante, nos anunciaba la posibilidad de darle la vuelta al partido. Y lo hizo. Un muy buen pase de Gabi a Uche lo resolvió este con un magnífico recorte, una galopada con aire de gacela y una definición propia de un buen delantero centro. Gol y delirio. Gol y lágrimas. Gol y vida.

Quedaba mucho partido, es verdad. Pero era un partido con dueño, el Real Zaragoza, con un propósito, ganar, y con una luz al final de este larguísimo y cruel túnel: mantener la llama del zaragocismo con brillo blanco y azul que nos ayude a llegar al final del agreste camino con bien. El Real Zaragoza mantuvo el tipo, contuvo sin dificultad a un paupérrimo equipo que no mostró ni demostró ningún mérito para estar donde se le supone y al mismo tiempo amagó el equipo aragonés con varias contras muy bien conducidas por Ander, Bertolo y Gabi. Un emocionante abrazo con la ilusión de poder ser un equipo de fútbol que aún, y por muchos años, es capaz de convocar a miles de gargantas, a decenas de miles de corazones que quieren seguir latiendo al ritmo de la Historia.

Eso, y la fuerza que da el coraje compartido, sirvió para que Tonidoblas, al igual que Jarosik había hecho antes, pagase su deuda con el zaragocismo con una extraordinaria parada a disparo de Llorente que habría supuesto que el partido acabase en un injustísimo empate. Buena parada que firmaba una grandiosa cuando más falta hacía, cuando más necesaria era la sonrisa congelada de una afición, la del Real Zaragoza, que se merece que una fuente luminosa de ilusión y miradas limpias llegue a nuestra casa y barra todas las tristezas que tanto nos agotan. Sabía el zaragocismo que ayer era día de pasión incanjeable.


Vídeo: Athletic, 2 – Real Zaragoza, 2


Sinuhezgz, ilustre forero de http://www.aupazaragoza.com, nos proporciona un día más una joya audiovisual con la que podemos disfrutar de la Historia de nuestro Real Zaragoza. Gracias, sinuhezgz; gracias por tu dedicación y tu compromiso zaragocista.

Athletic, 0 – Real Zaragoza, 0


La gabarra del valle

El Real Zaragoza y el Athletic de Bilbao han empatado (0 – 0) en partido correspondiente a la 33ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División.

Me cuenta mi madre, y asiente mi padre, que cuando vivimos en Bilbao aquellos amaneceres de principios de los sesenta tenían unos vecinos, matrimonio vizcaíno de raíz gruesa y voz metálica, que vivían con una pasión desbordada los colores de su Athletic. Ni el hollín de la ría que cubría las desoladas coladas matinales ni el gris marengo de los atardeceres bilbaínos conseguían apagar su atronadora fiebre por los leones de San Mamés, y esa calentura quedó en su memoria y me la hicieron saber a mí, que cuatro décadas después peino canas azules y arrugas blancas como los colores de mi amado Real Zaragoza.

Desde entonnces aragoneses y vascos se han enfrentado en mukltitud de ocasiones y hemos tenido de todo. Victorias a pecho descubierto, empates con sabor a nada y derrotas ácidas como el odio oculto. Sin embargo, de entre todas ellas recuerdo una victoria que logró el Real Zaragoza en la Romareda con un ggol mágico logrado por mi admirado Nino Arrúa, que salvó la imponente presenciua del Chopo Iríbar con una vaselina que, hoy, habría recorrido las pantallas de medio mundo y habría colapsado los canales de youtube que, aún, no se han vendido a la mercachiflería mediática blanquiblaugrana. Gol y victoria, creo recordar, por 3 – 0. Bellos recuerdos, emociones que volveremos a vivir.

El domingo, sin embargo, se enfrentaron dos equipos que perseguían caricias distintas, aunque todas ellas tienen el perfume del goce deseado y, a veces, logrado. Se apostaron a cada lado del barranco dos escuadras dispuestas al choque violento e inmisericorde, pues no otra podían ofrecer. Los unos, por estilo, corazón  e historia. Los otros por agonía, surco seco sin futuro y miseria al descubierto. Los dos nos dieron lo que tenían, aunque, eso sñi, nos lo dieron todo. Si me hubieran dicho al comenzar el partido que el Real Zaragoza iba a lograr el empate en San Mamés le habría mostrado mi incredulidead, puies sé que vencer o empatar en San Mamés es una gesta reservada, únicamente, a las grandes escuadras mimadas por el poder o a aquellos equipos que no tienen nada que perder y se la juegan a todo o nada. Pero ni uno ni otro es el caso de nuestro Real Zaragoza. Ahora bien, después  de visto lo que allí ocurrió he de decir que estoy orgulloso de estos soldados que han llegado al cobijo del cierzo para pelear por unas migajas que, en muchos casos, no les pertenecen. Así y todo, están demostrando casta y voluntad por cumplir con las órdenes de sus generales y defender un escudo que habla por sí solo de dignidad y memoria.

El partido fue muy feo. Poco fútbol, poco arte. Fue un encuentro áspero como un beso de Judas pero eso no impidió que las acciones de los jugadores zaragocistas no sean dignas de aprecio, pues si algo hay que apludir es el derroche de corazón roto por la urgencia. Y de eso hubo mucho. Sirvió la pugna para descubrirse ante Roberto, un portero que gana puntos y ofrece una seguridad al zaragocismo como no vivíamos desde los tiempos de César Lainez. Sirvió para poder escribir con letras rubias como su cabello que Jarosik es un gran jugador, uno de esos sportmen que recorren senderos esquinados para que nadie los conozca pero que cuando salen al camino su luz brilla como la coraza del príncipe conquistador. Y sirvió para comprender, por fin, a qué jugamos, tal y como ha expresado José Aurelio Gay en más de una ocasión. Jugamos, amigos, a salvarnos, que no es lo menos que puede hacer un pueblo cuando los cañones del invasor asoman por las tapias de Santa Engracia.

El Athletic propuso su partido y todo podría haber salido al revés si Fernando Llorente engatilla la primera ocasión de que dispuso o si De Marcos logra superar a ese coloso que tapa la valla del Real Zaragoza desde hace algunas semanas y cuyo recorrido deportivo ya ha conseguido seducir a la Romareda con su trabajo. Pero nada de eso fue. Porque la suerte, esa que nos dio la espalda y nos dejó abandonados en el arroyo hace dos años, también juega. Y si la jornada pasada llegó en forma de error arbitral a nuestro favor, el domingo lo hizo con el rostro de los errores bilbaínos y los aciertos en la defensa blanquilla. Y ojalá siga jugando con nuestras cartas marcadas.

Empate, pues. Empate y soplo de aire azul para unas almas deshilachadas y maltrechas que siguen agarrándose a la almadia de la esperanza en medio de un mar picado y arisco en cuyas aguas sigue navegando la nave zaragocista, zarandeada aún por la incertidumbre. Empate y un punto que será bueno, estoy sgeuro, el próximo sábado, cuando el zaragocismo apriete los dientes y haga frente, con la gallardía que nos distingue, al cíclope blanco, ese que llegará a orillas del Ebro pertrechado con toda la artillería que los medios de comunicación de la capital van a poner al servicio de la causa. Uno, en su inacabable ignorancia a pesar de los años, sólo ruega dos cosas: que nuestros jugadores sigan luciendo orgullosos el león en su pecho después de la batalla, y que eso sea porque lo han dado todo y que cuando el Real Madrid logre un gol (si lo consigue) aquello no parezca el Bernabéu Bis. Sé lo que me digo y mis lectores saben a qué me refiero.