Aranda, el sabio ignorante


   ArandaAranda está a punto de escribir otra de esas road movies a las que es tan aficionado y que han ayudado a construir una leyenda en torno a una vida deportiva errática y desorientada. Jugador alabado por sus cualidades técnicas y físicas, fue descubierto para la causa por Vicente del Bosque cuando éste era director de la cantera del Real Madrid. Su infancia, dura y cruel, tiznada de muerte y soledad, fue su sello, el que le ha marcado desde entonces, el que ha hecho que los fantasmas de la miseria ayuden a explicar las dificultades a las que ha tenido que enfrentarse y cómo se ha arado para enfrentarse a ellas.

   Su recorrido deportivo está lleno de muescas en el revólver de la inconsistencia. Grandioso jugador no ha acabado, sin embargo, de cuajar en iningún equipo en los que ha jugado. Si acaso en el Albacete, en el que llegó a disputarle a Fernando Torres la primacía goleadora nacional a mediados de la década pasada, pero su apellido es más conocido por sus inacabadas aventuras futbolísticas que por sus logros.

   Hace un año llegó a las orillas del Ebro. Venía de otra renuncia, en este caso al Levante. No jugaba y buscaba un equipo en el que hacerlo. Fuimos nosotros su destino y Manolojiménez su valedor. De él llegó a decir que “o lo pongo en forma o lo mato”, en medio de una beatífica sonrisa que denotaba cariño y ganas de hacer de él “un hombre”. Por momentos lo consiguió. Aranda ha sido importante durante este año en el Real Zaragoza. Muy importante, incuso. No como a él le habría gustado. No como él lo desea, pero es que eso es imposible. Carlitos no puede ser nunca grande como lo son otros, a base de esfuerzo, tesón y constancia, sino destilando gotitas de genialidad, de grandeza futbolística. Lo será con goles como ante el Granada o el Levante, con partidos como ante el Barça, con actuaciones como ante el Depor. Aranda es un jugador que no puede perder el tiempo desgastándose 90 minutos tras un balón para firmar actuaciones “bastante buenas”, sino que debe comprender que los dioses del Olimpo le han guardado un sitio para dormir al abrigo de la belleza reservada a los inmortales e irrumpir en medio de los seres terrenales para rubricar un gesto, un toque, un movimiento que deslumbre a los propios y a los extraños e irse a casa a seguir degustando la ambrosía celestial y lo cuerpos de las huríes.

   Manolojiménez tiene ante sí un formidable desafío: convencer a Aranda que es grande, pero que lo es de esta manera. Debe enseñarle que su nombre será coreado por la Romareda, seguro, pero que sólo nos quemarán las manos al aplaudir sus treinta minutos de majestuoso talento y que si lo asume pasará a formar parte de nuestra memoria y nuestra Historia. De otro modo, no. Ni aquí ni en los jardines de la Alhambra.

– Morata, delantero del Real Madrid es el sueño de Jiménez

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No hay número más aragonés que el 13


   RobertoEs el brillo del nuevo año el que me invita a desearle al universo zaragocista lo mejor y al mundo entero que el horizonte, hoy lejano y ajeno, se acerque y nos traiga el calor de un mejor futuro.

   Un año que promete tristeza y dolor pero que nosotros acogemos con fuerza y ánimo para enseñarle que no hay pobreza en nuestro empeño y así se lo diremos a quien nos quiera escuchar.

   Hoy es víspera de partido y precisamente por haber estrenado el año 13 te cuento, amigo lector, que viví tres años en Illueca, cuna y hogar de quien llegaría a ser Papa con el nombre Benedicto XIII y llegó a enfrentarse al poder de Roma oponiendo otro cetro a quien hasta ese momento había ostentado la herencia de Pedro. Y fue ese Benedicto quien mostró tenaz resistencia hasta hacer famoso el dicho “mantenerse en sus trece”. ¿Cabezonería? ¿Necedad? En cualquier caso, obstinada voluntad de defender lo logrado.

   Esa voluntad es la que necesitará el Real Zaragoza para mantener sostenidos los logros alcanzados en la primera parte de la competición. Porque a veces uno tiene la impresión de que se ha instalado en el zaragocismo una inusitada alegría que nos hace pensar que este año vayamos a obtener conquistas hasta hace poco inaccesibles y eso es peligroso. Mañana hay un partido muy importante que, de ganarse, nos puede abrir las puertas a un paisaje bellísimo, pero mucho ojo, pues el Betis es el mejor equipo fuera, tan solo superado por el grandioso e independentista Barça y el Real Zaragoza es uno de los peores equipos en casa. Y para terminar de arreglarlo hoy ha estallado la tormenta Aranda, de la que escribiremos después de mañana, pues se merece un par de párrafos y cuarto y mitad de verdades del barquero.

   De momento, pues, mañana a ganar y después hablamos por la reja, que diría mi amigo Ángel.