Velas negras (UD Almería, 2 – Real Zaragoza, 1)


 

    almería zaragozaDe  nuevo velas negras se dibujan en el horizonte zaragocista. De nuevo malas nuevas tras un viaje estéril. De nuevo el desastre se ha instalado en el universo blanco y azul tras un partido fantoche que nos avergüenza y nos hunde en el dolor inmerecido. Un equipo destruido por la impericia de unos jugadores cuyo desprecio a una historia legendaria no merece ni una línea. Ni siquiera un reproche. No mostraron ser dignos de esta camiseta después de arrastrar por el césped del estadio almeriense la vergüenza de una afición que ya no sabe en qué creer. Ni siquiera si tiene algo en que creer.

   Lluis Carrera dibujó una alineación muy novedosa, con la inclusión de Manu Herrera por Bono como detalle más sorprendente. No es muy habitual cambiar a un portero sin razones legales o médicas, ni siquiera después de una actuación tan floja como la del marroquí ante el Mirandés, aunque no fue la única sorpresa del catalán. Tiró de Tarsi y Campins para completar el equipo y siguió confiando tanto en Dorca como en Hinestroza, dos jugadores que deben dar un paso al lado para permitir la participación de otros muchachos que aporten algo más que la torpeza y el desatino a que nos han acostumbrado el catalán y el colombiano. Esos fueron sus argumentos para afrontar un choque vital ante un rival, el Almería, que tan solo había ganado un partido de los últimos diecinueve.

   Desde el inicio la mañana se tiñó de rojiblanco. El equipo aragonés planteó una propuesta centrada en aguantar atrás y procurar que algún balón llegase, por arte de birlibirloque, a las botas de Dongou o Ángel, los dos adelantados que disfrutaron de un sol mediterráneo a falta de oportunidades para acercarse a los dominios de Casto. El control del juego era local y en cualquier jugada disputada se veía que solo un equipo estaba dispuesto a buscar la victoria. La flaccidez del centro del campo y la ineptitud para gobernar las transiciones en las bandas, con Hinestroza y Pedro de nuevo a mil kilómetros de lo que se espera de ellos, propiciaba que el Almería buscase una y otra vez la banda de Campins, sobre todo con incursiones a cargo de Dubarbier.

   Manu Herrera no tuvo grandes problemas durante la primera parte, pues los delanteros andaluces no encontraron caminos hacia la puerta. Sí tuvo, sin embargo, una buena ocasión el Real Zaragoza al filo del descanso cuando Dongou le sirvió un buen balón a Pedro. Este dribló hábilmente y se plantó solo ante Casto, pero su chut fue detenido certeramente por el portero del Almería. Fue una muy buena ocasión desperdiciada.

   En la segunda parte el Real Zaragoza dio un paso adelante y se hizo con el gobierno del balón. Esto, que parecía una buena noticia, se convirtió en su tumba, pues el Almería aprovechó que el equipo zaragozano dejó su espalda muy desprotegida para propiciar sendos secos latigazos que convirtió en gol a botas de Chuli. En apenas seis minutos consiguió dos tantos que rompieron definitivamente la paupérrima idea futbolística zaragocista. El partido murió en apenas cuatrocientos segundos, como si de los cuatrocientos golpes de Truffaut se tratase y ahí Carreras no encontró la solución. O la encontró demasiado tarde. Sacó a Diamanka y a Sergio Gil en lugar de un apagadísimo Dorca y un aislado Dongou. El partido se agitó y entonces llegaron algunas ocasiones. Una de ellas, a cargo de nuevo de Pedro, volvió a abortarla Casto. La segunda la disfrutó Ángel, que tras un centro de Rico convirtió el gol de la mínima dignidad. Fueron, sin duda, los mejores minutos, justo cuando en el campo hubo dos jugadores que supieron manejar con cierto criterio el juego. Sin embargo, ya no había tiempo para casi nada, por lo que el match se cerró con una nueva derrota que deja al equipo muy tocado, al entrenador muy descolocado, al cuerpo técnico obligado a buscar soluciones y a la afición desesperada por una situación que ya no puede deteriorarse más. Si así fuera estaríamos hablando de algo cuyo nombre nadie quiere pronunciar.

   A estas horas el club trabaja a destajo para incorporar a la plantilla jugadores que contribuyan a la refundación del equipo y tratar de elevar el nivel de un grupo que ahora mismo solo transmite señales de abismo y negrura. Como esas velas de las que hablábamos al principio de esta crónica. Toca, pues, esperar a que amanezca para tratar de encontrar el camino que nos devuelva a casa. A Primera.

Foto: http://www.xtremefutbol.com

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 2. Discreto partido. En los goles, poco pudo hacer.

Campins: 1. Descolocado y falto de ritmo.

Vallejo: 3. Su coraje y compromiso merecen nuestra admiración. Lo peor, su lesión.

Mario: 1. Lento y torpe. Como su discurso.

Rico: 3. Luchador y valiente.

Dorca: 0. Llega tarde a todos los balones.

Tarsi: 2. Trabajador y voluntarioso.

Pedro: 1. Tuvo destellos, pero estuvo irregular y fallón.

Hinestroza: 0. Lamentable actuación.

Dongou: 1. Desasistido. Aun así, trabajó con valor.

Ángel: 2. Cada día aporta más. Goleó.

Diamanka: 2. Aportó ritmo y cierta audacia.

Sergio Gil: 3. Una vez más, nos regaló el poco fútbol que hay en el equipo.

Jorge Ortí: S.C.

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Victoria de trago largo (Real Zaragoza, 3 – UD Almería, 2)


   560407_gY la Basílica estalló como un volcán de lava blanca y azul para celebrar el cabezazo exacto del charrúa de anchos hombros. Era el minuto 93 y el fútbol nos regaló una noche de alborozo merecido y, ayer sí, buscado con tesón.

   Real Zaragoza y UD Almería jugaron ayer un partido con perfume a final de temporada, a momento crucial. Parecía que faltaba muy poco que jugar y todo por ganar. Y eso se vio a los quince minutos cuando Quique González obligó a Bono a realizar una buena parada. Fue el momento en que se certificó que había licencia para matar y ambos equipos se dispusieron a la batalla.

   Fue un choque duro, eléctrico, propio de jugadores programados para el combate y la herida. Popovic habilitó una propuesta seria ante un equipo muy bien dibujado y muy capaz a la hora de llevar a la práctica su idea, todo ello bajo la batuta de un veterano pero muy eficaz Corona. El manejo de Pedro y la velocidad de Jorge Díaz eran dos buenos argumentos ofensivos, mientras que atrás Rubén y Cabrera se encargaban de sujetar los ataques andaluces.

   La mejor arma local serían las jugadas de estrategia. Rubén y Cabrera mostraron las intenciones de abrir por ahí alguna vía de agua, pero fue Wilk, buen trabajador y esforzado obrero, quien lograría el primer gol tras saque de esquina del ayer certero Pedro. Un cabezazo esquinado provocó la alegría de la afición, que se aplicó a una celebración que pronto se demostraría que era precipitada, pues a los dos minutos una jugada dislocada de rebotes y malos giros dio con el balón en la red de Bono. Dos minutos, dos, y volvíamos al principio.

   Lo que el año pasado habría sido un mazazo del que no habríamos sabido recuperarnos ayer no supuso mella en el ánimo de los muchachos. El grupo se rearmó y siguió con el guión previsto, manteniendo la seriedad defensiva, trabajando a destajo en el centro y cocinando balones por las bandas con el fin de encontrar a un fluido Ángel que seguía olisqueando estrechos callejones por los que circular. Y en una de estas a punto estuvo el canario de superar a Casto, pero el balón golpeó el larguero con indolencia y ahí murió la amenaza.

   La segunda parte se anunció ágil y joven y en apenas ocho minutos Jorge Díaz y Ángel ya anunciaron que anhelaban el fogonazo del gol. Este, sin embargo, caería del lado almeriense. Un corner capturado por Casto, este regala el balón a Iago Díaz, quien se lo presta a Chuli para que a su vez lo ponga en la bota de Quique González para marcar el segundo gol. Contraataque de libro y jarro de agua helada en el corazón del zaragocismo.

   El Almería le había dado la vuelta al partido y había que subri una enorme cuesta, imposible de superar en otros momentos. Popovic recurrió a Ortuño y Jaime para que salieran por Jorge y Aria y fue, sin duda, una decisión acertada. El manchego decidió celebrar el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote haciendo lo que mejor sabe: seducir con su empeine al balón, conducirlo por las inmediaciones de las piernas de los contrarios, buscar su persecución y disponer pases de gol. Y lo hizo a las mil maravillas. En el minuto 66 centró un balón de oro al área pequeña donde Ángel lo cazó para cruzar un metálico remate que Casto no atrapó. Fue un bello gol que alentó los corazones blanquillos.

   El partido estaba bonito y emocionante. Los minutos que quedaban fueron una pugna digna y ecuánime a la que ninguno de los dos equipos le perdió la cara, si bien fueron los blanquillos quienes mantuvieron la fe en todo momento. Y prueba de ello fueron las excelentes actuaciones de Casto ante un remate de Ángel, un chut de Jaime a la escuadra y un cabezazo de Cabrera. Parecía el partido de su vida. Sin embargo, sería en la última del partido, en el enésimo corner sacado por Pedro cuando Cabrera terminaría por batir al buen portero almeriense con un cabezazo milagroso que le daba la victoria al Real Zaragoza.

   La grada celebró la victoria como en las grandes ocasiones, himno al viento, almas a los brazos de la noche. El equipo había trabajado alentado por una vocación de triunfo que le tiene que acompañar a lo largo de toda la temporada y aupado por una afición que, seguro, va a caminar al lado de los suyos en este viaje de regreso a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Bono: 2. Algo dubitativo en le primer gol, resolvió bien su trabajo.

Marc Bertrán: 3. Le da seguridad a la banda y sube con criterio

Rubén: 4. Fortaleza, potencia y colocación.

Cabrera: 5. Seguro y batallador, logró un gol de oro.

Rico: 3. Mejor atacando que defendiendo.

Wilk: 4. Oxigenó, cubrió campo y llegó con opciones al área contraria. Y metió un gol.

Dorca: 3. Irregular en el control, no escamitó el esfuerzo.

Jorge Díaz: 3. Bullidor e incordiante. Tiene ganas.

Pedro: 4. Magnífico en el control del balón y ejecutando jugadas de estrategia.

Aria: 2. Tiene destellos, pero le falta ritmo.

Ángel: 4. Inteligente, explorador de territorios. Lo intentó y lo consiguió.

Jaime: 5. Le dio al equipo un extraordinario plus de calidad.

Ortuño: 2. Poderoso físicamente, le faltó remate.

Erik Morán: 3. Cumplió con su trabajo.

Vivimos porque rompimos la muerte (Real Zaragoza, 1 – Almería, 0)


   El partido de ayer fue un vaso de agua en medio del desierto. Agua azul y madera, de la que da la vida, de la que abre los pulmones de la esperanza, de la que bebemos a sorbos agónicos. Ayer fue un partido de los que crecen a mordiscos, de los que aguardarán las esquinas de la memoria, porque si logramos permanecer en 1ª División deberá recibir el tributo del zaragocismo.

   Comenzó el choque con una clara apuesta del Real Zaragoza por el balón, por la territorialidad, por la costumbre de sentirse poderoso en el territorio amigo. Lo quiso y lo hizo y convirtió un partido de fútbol en una invasión delimitada por la ansiedad acumuladad a lo largo de los últimos meses, años ya. No se podía hablar de fútbol, no de fútbol añorado por la Romareda, que de ese ya tendremos noticias en el futuro, cuando volvamos a ser nosotros mismos, pero el zaragocismo vio, desde el primer minuto, que cabía la victoria. Nos la merecíamos por fervor, por afán, pero en seguida se vio también que iba a ser una tarea titánica lograr un gol.

   Sí éramos capaces de crear espacios, sí éramos capaces de dominar a un rival pusilánime, timorato, casi seco, pero no encontrábamos ni un sólo jugador capaz de embocar y conseguir el éxito. Ander cabeceó a la cúpula acristalada de la vieja Feria de Muestras. Ponzio nos regaló lo que ya es un clásico en cada partido: su chut de lejos para acercarse a la red. Jarosik rompió el tejado de la Romareda con un coup de tête desviado. Braulio lo intentó una vez, y el balón salió rebotado hasta la pirueta de Alves. Boutahar no recibió la alegría de un penalty pretendido. Jarosik culminó un lío fenomenal con un breve remate que capturó Alves, después de un remate al poste. Ander obligó a Alves a una buena parada con un chut desde fuera del área. Todo ello llevaba el sello del escudo del león. Mientras tanto, el Almería tuvo dos ocasiones, no importantes aunque sí inquietantes. Y es que ayer, todo servía para inquietarnos.

   La segunda parte nació muy abierta. El Real Zaragoza porfió en su voluntad y así lo mostró Ander, con un primer chut al palo tras jugada de Bertolo. Luego sería Lafita, sustituto de un inoperante Boutahar, quien probaría fortuna desde lejos con un potente e intencionado chut a la base del poste. Después, Da Silva rozaría el gol con un remate de cabeza a la salida de un corner que salvó Luna bajo los palos. Minutos después, Lafita recibía un gran pase de Ander que le permitió afrontar un uno contra uno ante Alves que no supo resolver, pues su disparo fue detenido por Alves. Siempre Alves.

   Pero, ¿sólo jugaba Alves, entonces? No. Tambiénlos postes querían protagonismo y así, Bertolo, tras magnífica jugada personal, a pie cambiado desde el extremos izquierdo, acarició el gol con un suave disparo que chocó con la cepa del poste. ¿Y ahí acabó el infortunio? No. Minutos después Sinama volvió a fallar una clarísima ocasión tras un fuerte disparo de nuevo de Bertolo cuando dilapidó un claro remate lanzando el balón otra vez al poste.

   Nadie quería pensar que semejante esfuerzo no pudiera tener recompensa. Por eso, cuando a los pocos minutos Bertolo envió un magistral pase de la muerte que Sinama supo interpretar bien cediendo la pelota a Gabi para que este chutara, golpease de nuevo el palo y rebotase en la espalda de Alves para entrar en laportería, la Romareda se derrumbó. De felicidad, de rabia, de felicidad, de alivio, de felicidad. Gol y el cielo rasgó las entrañas del zaragocismo. Gol y la luz inundó los oscuros latidos que hasta entonces golpeaban los pechos de los aficionados.

   Pero quedaban veinte minutos. Veinte minutos interminables e insoslayables que convirtieron el tramo final en un electrizante acoso del Almería que provocó que el Real Zaragoza no fuese capaz de sostener ni el tiempo del partido ni el espacio del campo de batalla. El Almería se echó al monte y allí encontró a once jugadores temblorosos, inseguros y débiles que a muy duras penas consiguieron mantener la portería a cero. Hasta seis ocasiones claras de gol tuvo el equipo andaluz, aunque fue Da Silva, a puerta vacía, quien frustró la más clara cuando Piatti encaró a Tonidoblas y le superó con un delicado toque. La carrera del paraguayo y su pelotazo a la grada quedará grabado en nuestros cuadernos de bitácora personales. Al poco, N’Daw se plantó ante Alves, siempre Alves, y el brasileño evitó lo que habría supuesto la punbtilla. No fue así y en la siguiente jugada Ander cortó un contraataque que le costó la roja. Y al rojo vivo estaba la noche, como para dejarse el corazón en la pelea que aún no acababa.

   Porque Diogo, a falta de un minuto, cometió una falta por mano al borde del área que casi nos rompe el alma. El disparo, envenenado y con ganas de muerte, fue despejado por Tonidoblas y esa fue la mejor la noticia de la noche. No porque fuese lo mejor, sino porque era lo último. Y aquí estalló la Romareda. El pitido final fue como un sello en el pasaporte a seguir teniendo derecho a luchar, derecho a poder exigir oxígeno. Queda lo peor, pero es que lo peor ya ha pasado, ya está pasando desde hace casi cuatro años, cuando iniciamos este estruendoso camino al infierno que nos negamos a recorrer en su plenitud. De momento, aquí estamos. De momento, vivimos.

La falsa moneda (Real Zaragoza, 1 – Almería, 1)


(Esta crónica pertenece al partido que enfrentó al Real Zaragoza y al Almería en la temporada 2007-2008)

 El Real Zaragoza empató ayer frente al Almería (1 – 1) en partido correspondiente a la 29ª Jornada del Canpeonato Nacional de Liga. El encuentro se presentaba frío y distante, como una amante desconocida, como una carta del Ministerio de Hacienda, como un control de esos con que la Policía Nacional nos obsequia últimamente en la pre-expositiva Zaragoza. Un choque-trampa, un enfrentamiento más falso que la falsa “monea”, noventa y pico minutos de esos que escuecen más que el picotazo de una medusa de Salou. En fin, un horror.Y así resultó. Desde los primeros minutos fuimos capaces de hacer un análisis sencillo pero lamentablemente certero de nuestro equipo: sin Matuzalem, este equipo es otra cosa. O sea, poca cosa. El propio Óscar, que parecía estar cargándose de razones para callarnos la boca a cuantos habíamos despotricado contra él y contra todos, he dicho todos, los entrenadores que habían confiado en él a lo largo de los años, se mostró muy desorientado, perdido, difuminado. Lo veíamos descender a las calderas del centro del campo en busca de su único alimento, el balón, ese que Matu le había proporcionado con tanta elegancia como eficacia en los dos últimos partidos.

   Pero hoy no estaba el brasileño, sino Gabi, una experto en deambular sin ton ni son por el medio campo sin otra orientación que los bandazos que el cierzo ofrecía y un torpe eslabón en esa débil cadena que fue ayer el Real Zaragoza que no supo aguantar 30 segundos a que Villanova hiciera el cambio que tanto bien nos iba a hacer: Gabi fue expulsado (justamente, me temo) por una segunda tarjeta amarilla que “solicitó” con insistencia al árbitro más odiado por el zaragocismo: Iturralde. Y ese fue un problema añadido.La primera parte fue un tuya-mía bastante insulso pero necesario para lograr que este partido fuese construyéndose como una buena ocasión para lograr los tres puntos. Mucho pelotazo, es verdad, y mucho balón largo que nuestros jugadores no supieron interpretar correctamente. Así y todo, se sujetó bien al Almería, que juega muy bien sin balón y no tanto cuando lo tiene en los pies y que gusta, pues ha sabido acoger en su regazo la calidad de Corona, la picardía de Negredo y la disciplina del resto.

La segunda parte continuó por los mismos senderos, hasta la salida de Matuzalem. Fueron muy pocos los minutos que pudimos contar con su aportación, pero creo que todos estamos de acuerdo en que el Real Zaragoza, cuando juega el brasileño, es un buen equipo, muy bueno, diría yo, y cuando él no está, el equipo se deshuesa, se deshace como un tolmo de hielo en día de verano. Esos minutos, no obstante, fueron suficientes para lograr un gol y casi los tres puntos.

Sin embargo, como este Real Zaragoza es un perro flaco, pues pasa lo que tiene que pasar. Y sobrevino la tragedia. Matuzalem se lesionó y Villanova hizo dos cambios más (Zapater y Celades) en un intento casi a la desesprada para lograr el control del balón, pero es verdad que este año estamos teniendo de todo menos suerte. Dos extraordinarias paradas de César, que habrían supuesto una ovación de La Romareda si todo hubiera acabado bien, fueron contrarrestadas con una extraña jugada de córner a favor del Almería que dio con el balón dentro de nuestra portería. Quedaba un minuto. Empate y a casa.

Por la noche, escuché con mucha atención a Manolo Villanova en el programa “La jornada”, de Aragón Televisión y sus palabras fueron el mejor bálsamo. Vamos a salir, vamos a mantener la categoría y vamos a seguir siendo equipo de Primera División. ¡Ah! Y vamos a enterrar el 75 Aniversario, sin lugar a dudas un “Anno Horribilis” que recordaremos con chufla dentro de un tiempo, cuando todo haya pasado. Porque pasará, ¿verdad?

Crónica de ayer: Real Zaragoza, 2 – Almería, 1 (temporada 2009-2010))


(Esta crónica pertenece al partido que enfrentó al Real Zaragoza y al Almería en la temporada 2009-2010)

(Lunes, 2 de Noviembre de 2009)
 
Envuelvo tu sudor en mi bandera
El Real Zaragoza ha derrotado (2 – 1) al Almería en partido correspondiente a la 9ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Los goles los han marcado Lafita y Pulido.

Confieso que respiré hondo, muy hondo, cuando el árbitro pitó el final de partido. Respiré aliviado y contento y volví a decirme a mí mismo que es grande y bonito que el Real Zaragoza gane, que la vida tiene otro color y se abren muchas ventanas por las que se ven hermosos paisajes. Respiré alegremente y me descubrí tranquilo y confortado, pues a la victoria le añadí la coriácea sensación de sangre ganada y sudor ofrecido que nuestros muchachos nos ofrecieron ayer. Lección aprendida, lección superada.

El partido comenzó repleto de señales inciertas, o mejor dicho, ciertamente inciertas, pues el equipo salió flojito, endeble, desubicado y nervioso. El Almería gobernaba el choque con solvencia y mostraba sus armas con insolencia, invitándonos a pensar que en cualquier momento podía hacer gol y poner el patio “patas arriba”. El Real Zaragoza no mantenía el balón en su poder más allá de dos o tres pases y la Romareda mostraba su inquietud con tímidos gritos de ánimo y un expectante silencio que ponía los pelos de punta. En un momento del partido, Carlos dijo: “Vamos a ver el partido como si fuéramos del Almería. Ya verás cómo se ven las cosas de forma diferente”. Lo que era una propuesta divertida se convirtió en un bálsamo que nos ayudó a afrontar la situación, porque alguien dijo: “Ya veréis cómo ellos (el Real Zaragoza), que no están haciendo nada, llegan una vez y nos la enchufan” Y a partir de ese momento, como si unsortilegio se hubiera instdo entre nosotros, comenzaron a llegar las ocasiones blanquiazules: cabezazo de Ayala, chut de Pulido…y gol de Angelito Lafita, que instaló la esperanza en nuestros corzones y abrió la puerta del segundo gol, logrado por un ayer eficaz Pulido en una jugada de estrategia magníficamente ejecutada por los nuestros.
Ya estábamos donde queríamos. Ya habíamos hecho lo más difícil, poner el partido muy favorable con dos goles en pocos minutos. Sin embargo, en seguida sufrimos un revés. Un contraataque andaluz después de una ocasión franca de gol a nuestro favor propició que Juanma Ortiz lograse, en fuera de juego, un tanto que hizo que el zaragocismo se echase a temblar. ¿Sería capaz el equipo de hacer frente a esta nueva bofetada o repetiría actuaciones anteriores, como frente al Racing o el Málaga? La respuesta, desde luego, was in the wind y allí nos fuimos, a atrapar la verdad que nos haría libres. Y lo hicimos.
Llegamos a la segunda parte castigados por la incertidumbre y por las lesiones, pues a esas alturas del partido ya habían tenido que abandonar el terreno de juego Pennant y Ayala, pero en seguida pudimos comprobar que el equipo tenía muy claro qué debía hacer y cómo debía hacerlo. Y lo que nos propuso fue lucha, compromiso, esfuerzo común e implicación. Herramientas suficientes para, junto al talento que algunos de sus jugadores poseen, cumplir sobradamente los objetivos de la temporada. Si hacen uso de ellas, seguro que veremos muchas victorias. Trabajadas, sufridas, esforzadas, pero victorias al fin. Y ayer se pudo comprobar. Porque hubo muchos más momentos en que el 3 – 1 estuvo cerca que de que lo hiciera el 2 – 2 y eso lo sabe el equipo, el entrenador, el club y la afición. Así pues, sabiendo lo que hay, apretemos los dientes y a la faena. Esto no ha hecho más que empezar.

Vídeo: Almería, 0 – Real Zaragoza, 1


   Los amigos de http://www.aupazaragoza.com nos invitan a disfrutar con los goles del Almería, 0 – Real Zaragoza, 1.

– Almería, 0 – Real Zaragoza, 1 (vídeo)

Para bajar el vídeo a tu ordenador, pincha sobre el enlace con el botón derecho y selecciona la opción “Guardar destino como…”

Catarsis. Del griego "κάθαρσις":purga, purificación. (Almería, 0 – Real Zaragoza, 1)


   por Juan Antonio Pérez Bello

   El fútbol me ayuda a vivir. Bueno, me ayuda a vivir mejor. O, por lo menos, más. En fin, el fútbol es fiel amigo de mis emociones. Si fuese necesario explicarle a alguien que nunca ha vibrado con un partido de fútbol por qué esta disciplina deportiva es capaz de llevarnos hasta la más lejana de las estrellas o transportarnos a los alrededores de los dominios del Can Cerbero, yo mismo debería confesar que soy incapaz. Pero sucede.

   El miércoles por la noche me acerqué a los cálidos territorios de la peña de mis afectos para cumplir una doble misión: servir bebidas a mis compañeros de escudo y contemplar, con cierta distancia, por si las moscas, las andanzas del Real Zaragoza. La primera misión fue tan grata como suele, si bien diré que la cerveza manaba esta vez de manera pausada, incluso melancólica, hasta los gaznates de los muchachos; la segunda me sirvió para comprobar que la suerte va y viene, pero siempre a acompañada del esfuerzo, el jadeo atenazado y el sudor compartido.

   El Real Zaragoza peleó cada balón, luchó cada jugada, combatió con tesón y se partió el cobre en cada lance, porque alguien ha debido convencerles de la necesidad de dejarse la piel a tiras en cada brizna de césped si queremos ser algo. Luego, por supuesto, está la calidad, pero lo cierto es que daba gloria ver a los once jugadores trabajar como negros (ahora que está tan de moda hacer demagogia con esto del racismo de la afición zaragocista) para lucir en el futuro como blancos (y eso, por cierto, que se utilizó, al fin, el uniforme avispa y nos dejamos de rebuscadas decisiones cromáticas).

   Todos hicieron su trabajo y eso es muy importante. Soy de los que piensan que en la vida si todos cumpliésemos con nuestra obligación, si todos hiciésemos muy bien nuestro trabajo, las cosas nos irían mucho mejor, y a eso se aplicó el Real Zaragoza el miércoles.

   Se ganó. Y se ganó después de sufrir, después de trabajar duro, de ser disciplinados tácticamente, de cumplir a rajatabla el papel de equipo grande que tiene muy claro qué partidos hay que ganar casi como sea (este, el del Valladolid, contra el Getafe, contra el Betis…) y en qué partidos hay que lucirse con motivación extra para que nuestros yelmos brillen al sol del triunfo (Valencia, Real Madrid, Atlético, Barça, Sevilla).

   El partido acabó, pero esto no ha hecho más que empezar. Dejemos tranquilos a las estrellas, bajémosles al suelo, mostrémosles cada partido el sendero del dolor para que, una vez recorrido, sus nombres reposen en el friso del éxito, aquel que limpiamos después de cada partido con la sangre que adorne nuestra armaduras.