La esperanza no cesa (Real Zaragoza, 3 – Alcorcón, 1)


 

594796_g   La imagen de Ubieto llevándose las manos a la cabeza tras celebrar el primer gol de Dongou es la mejor expresión de lo que ayer se vivió en la Basílica. Un golazo que hacía mucho tiempo que no disfrutábamos los zaragocistas y que rubricaba una primera parte extraordinaria, repleta de juego, fuerza, combinación, tesón y esfuerzo solidario. Una primera parte que subrayaba la voluntad de ser de un equipo que ayer actuó de grande en una ocasión grande y que sirvió para abrir de par en par la ventana de la esperanza. No de las metas conseguidas, no de los objetivos logrados. No la ventana del final del camino sino la que nos da derecho a creer que se puede creer. Un partido que, si todo acaba como soñamos, guardaremos en nuestras videotecas como un pequeño tesoro que pasará a formar parte de nuestra historia blanca y azul.

   El partido señalaba al norte de las grandes tardes. Aunque no del todo, el zaragocismo se olía que ayer era una tarde importante. Las peñas prepararon el detalle de recibir a los jugadores a las puertas de los vestuarios y los supporters de los fondos alisaron las gradas para acoger a los suyos con dos tifos espectaculares que ayudaron a agitar el match. Y el equipo recibió el mensaje. Los primeros minutos fueron un agitado viento que anunció lucha y éxito. La banda izquierda sacudía una y otra vez las defensas amarillas, con Rico e Hinestroza muy activos y Morán y Ros sujetando las costuras del centro del campo con frescura. Sin embargo, el frasco se rompió en el minuto 11. Un centro medido desde la banda derecha lo remató Rafa Páez ante la lentitud de Vallejo y la torpeza de Manu Herrera, logrando un gol que hizo daño. Pero poco.

   La afición reaccionó inmediatamente y los jugadores también. Con un juego muy bien trenzado, sólido en la presión y rápido en el despliegue el Real Zaragoza construyó una propuesta muy atractiva que en seguida encontró vías de desarrollo. La ejecución de una falta muy bien entrenada nos mostró un buen centro de Lanza, un adecuado cabezazo de Rico, un acrobático remate de Dorca y una fértil culminación de Ros, que certificó así su magnífico trabajo junto a Morán. Era el gol del empate y los senderos de la victoria se hicieron un poco más anchos.

   Pero lo mejor estaba por llegar. El Zaragoza encendió las bobinas del viento del valle para elaborar fútbol de altura y en una de las varias acometidas que elaboró Hinestroza casi astilla la madera de la portería de Dimitrovic. Tras una meteórica galopada que culminó con un metálico zurdazo, el colombiano levantó las ánimas de la afición. Habría sido un gol de extraordinaria belleza, sin duda el de la jornada, pero no hubo que lamentarse mucho tiempo del infortunio. Como si alguien hubiese escrito un guión para no olvidar Rico galopó una vez más por su banda, levantó su frente de Campeador y alargó el balón hasta el balcón del área. Allí le esperaba un pecho de ébano que acomodó el balón con una templanza propia de un veterano y esculpió un chut imparable que mordió la red del Alcorcón. Fue un gol imperial que puso a la Romareda boca abajo e hizo que los dieciocho mil zaragocistas compartieran el asombro de los goles históricos.

   Fue un momento especial. Dongou acababa de conseguir el gol más bello de la temporada y, lo más importante, darle la vuelta a un partido que se había puesto feo al poco de comenzar. Excelentes noticias, al fin.

   La segunda parte nació extraña. Vallejo se quedó en la caseta y lo sustituyó Abraham. La recomposición de la banda izquierda, con Rico de central, causó un desajuste que el Alcorcón trató de aprovechar. Hinestroza se lesionó y Culio, su suplente, no cubrió el trabajo del colombiano. El juego madrileño no daba para mucho, pues su propuesta de tiro largo y segunda jugada afortunada encontró, una vez más, justa respuesta en el centro del campo aragonés. Además, Chema Rodríguez fue expulsado por doble amarilla, lo que contribuyó a allanar el camino un tanto más. La confirmación llegaría con otro magnífico gol de Dongou, que contó en esta ocasión con la colaboración de Isaac y, sobre todo, Diamanka.

   El resultado final es algo más que una victoria. Por mucho que se empeñen los matemáticos en decir que no son más que tres puntos, el partido de ayer da para situarse en el Olimpo de la categoría, a muy pocos centímetros del segundo, con unas buenas sensaciones en el cuerpo y con una muy profunda comunión entre el equipo y la afición que se convertirá, seguro, en el más sólido argumento que nos invite a soñar con que es posible regresar al camino que nos lleve de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 2. Pudo hacer más en el gol. El resto del trabajo, correcto.

Isaac: 3. Luchador en defensa y profundo en ataque.

Vallejo: 2. Un tanto disminuido en su posición de central zurdo. Se lesionó.

Guitián: 4. Nuevo gran partido del asturiano. Sobrio, inteligente y firme.

Rico: 4. Lleva una trayectoria admirable. Tanto de lateral como de central, muy bien.

Ros: 4. De los mejores. Corrió, luchó y solucionó atascos de circulación. Y goleó.

Morán: 4. Magnífico en su regreso. Gobernó el partido y dirigió el juego. Excelente ancla.

Dorca: 3. Muy trabajador y colaborador. Cubrió campo y ayudó en todo.

Lanza: 4. Gran clase y extraordinario compromiso. De nuevo un centro suyo dio un gol.

Hinestroza: 4. Veloz, desbordante y muy guerrero. Casi mete un gran gol.

Dongou: 4. Explotó. Metió el gol de la temporada y se movió con gran inteligencia.

Abraham: 2. Sufrió mucho en defensa. En ataque ofrece soluciones.

Culio: 1. Está falto de forma. Lento e inexacto.

Diamanka: 2. Un inteligente movimiento suyo propició el remate de Dongou.

 

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Sin destino (Alcorcón, 1 – Real Zaragoza, 0)


   1069314_1Dos palabras definen la situación del Real Zaragoza: enredar y enredarse. Siendo dos verbos que se parecen tanto no son lo mismo. El primero, en su acepción más aragonesa, viene a querer decir que el equipo, los jugadores, su cuerpo técnico están tomando decisiones torpes. No aciertan a encontrar el camino ni a optar por los senderos adecuados. Decir que Popovic tiene que dejar de enredar es lo mismo que decir que el entrenador debe aplicarse y hacer un diagnóstico correcto de lo que le pasa al equipo para salir del bache de juego y escapar del abismo de la ausencia de ideas. El segundo, enredarse, se acerca un poco más al concepto de enmarañarse, verse atrapado en una alambrada de espinos huecos y oxidados que obstaculizan la ruta hacia el fútbol. Dos verbos, pues; dos abismos a los que ahora mismo se asoma  el equipo.

   El partido de ayer en Alcorcón fue una muestra de ineficacia, torpeza, dejadez y falta de fe. Un horror que sacudió al zaragocismo desde el el primer balón dividido. En el minuto uno ya se sabía que aquello no iba a funcionar. Con un dibujo exacto al utilizado durante el último mes pero con dos piezas distintas, Aria y Pedro, que no supieron entender en ningún momento el significado de la propuesta de Popovic, el equipo se vio atrapado sin posibilidad de escapatoria por la fiereza y entereza del Alcorcón. El ímpetu de los jugadores locales ahogó cualquier propuesta zaragocista, con Morán asfixiado por Fausto e Insa y los tres media puntas aragoneses aislados en un territorio soberanamente gobernado por el Alcorcón.

   El balón no circulaba de ninguna manera y cuando lo hacía eran las botas madrileñas las que lo conducían. Con rápidos latigazos y una incansable presión, el Zaragoza veía una y otra vez cómo se acercaban a los dominios de Bono con peligro, provocando diversas situaciones de pánico que el portero marroquí solucionó con reflejos. Pero poco duró la defensa. Tras un error garrafal de Cabrera, Plano se plantó ante la portería zaragocista y resolvió con una irregular vaselina que rasgó la hasta ayer imbatible meta de Bono. El récord soñado se esfumaba.

   El partido era local. No había ideas, ni disposición táctica, ni capacidad para combinar. Ni siquiera seguridad defensiva. Los balones volaban hacia el área blanquilla y la posibilidad de recibir otro gol era muy alta. En la banda, un superado Popovic gritaba a los suyos consignas que el viento se llevaba, mientras que en el césped Morán ya no estaba y Pedro no recordaba ni de lejos a la mitad del futbolista que fue la temporada pasada. Se diría que su cabeza está en otra parte, pues reacciona airadamente a cualquier contratiempo y su calidad ha desaparecido para convertirse en torpeza de principiante. Hinestroza, mientras tanto, corría y corría, pero siempre hacia atrás y nunca con espacios por delante, donde le esperaba un fatigado Ortuño que no fue capaz de controlar ni un solo balón de espaldas a la defensa.

   El murciano fue el único que inquietó a Dmitrovic con un chut fláccido y mal dirigido, pero el grupo no ofreció ninguna otra señal que aliviase el pesimismo de la afición. Con esos argumentos llegó el descanso, momento elegido por Ranko para sustituir a Aria, el jugador más insustancial de la plantilla. Eligió a Ángel, en un intento por reactivar el ataque y abrir alguna vía de agua en la nutrida y sólida defensa del Alcorcón. Era una idea, un cambio con intención, pero tampoco la propuesta funcionó. El partido siguió por los mismos derroteros. Si acaso con algo más de peligro por parte de los locales, pues el Zaragoza abrió sus línea y por esos huecos creados se colaron los rápidos delanteros amarillos, que pudieron comprobar la calidad de Bono cuando este detuvo dos peligrosos balones que llevaban la etiqueta del gol colgando.

   Minutos después Popovic le pidió a Sergio Gil que saliera al campo, pero el cambio fue claramente equivocado. Sacó a Morán del campo, con lo que Sergio se ubicó en un lugar no muy favorable para sus condiciones y se perdió el ancla del equipo. Demasiado retrasado, su juego no fluyó. En un último intento, salió Jorge Díaz por Marc Bertrán, pero tampoco este cambio funcionó. Con Dorca, Vallejo y Cabrera como únicos defensas, el equipo se echó adelante, pero su incapacidad quedó expuesta y nada importante sucedió, pues solo encontró como argumento el balonazo largo y la espera de algún rechace.

   El partido se perdió porque el equipo jugó muy mal, los jugadores no acertaron con sus cometidos y Popovic no supo leer en ningún momento el choque. Hay luces rojas por doquier y esto ya no es un bache, sino un barranco en el que se ha caído y del que no se puede salir con los planes utilizados hasta ahora. No es así como vamos a encontrar el camino de regreso a casa. No es así como vamos a volver a Primera.

CALIFICACIONES

Bono: 4. Realizó tres grandes paradas.

Marc Bertrán: 1. Escaso de juego y falto de intensidad.

Vallejo: 2. Descentrado por el juego del equipo.

Cabrera: 1. Desnortado y fallón. Su grave error costó el gol.

Rico: 3. Buen trabajo en defensa y mejor en ataque.

Morán: 2. Tapado por los contrarios, le faltó aire.

Dorca: 1. Lento, nublado y fatigado.

Hinestroza: 1. Desorientado y errático.

Pedro: 1. Descentrado e iracundo. No está.

Aria: 0.

Ortuño: 2. Peleón sin fortuna.

Ángel: 1. Fuera de sitio. Poco aportó.

Sergio Gil: 1. Le pidieron lo que no puede dar.

Jorge Díaz: S.C.

No podemos (Real Zaragoza, 1 – Alcorcón, 1)


   En la primera jugada del partido la afición zaragocista ya comprendió que aquello era la guerra. La tremenda entrada que sufrió Pedro fue toda una declaración de intenciones y un claro gesto que anunció una tormenta de la que nos iba a costar mucho alejarnos. Un choque abrupto, metálico, engarzado a las púas de una alambrada infranquebale, al menos para los muchachos de Popovic.

   El partido frente al Alcorcón, el equipo más tarjeteado de la categoría, no estuvo bien planteado por el entrenador balcánico. A una escuadra aguerrida le opuso un grupo de finos estilistas que en ningún momento pudieron contrarrestar el violento empuje madrileño. El balón tenía color amarillo y la presión se volvió insufrible. Ni Basha, muy lento e inseguro, ni Dorca, ineficaz y desbordado, pudieron controlar el curso del balón y la defensa vio cómo un aluvión de contrarios invadían nuestro territorio desvergonzados y convencidos de su idea.

   En la cobertura Cabrera y Mario hacían bien su trabajo, mientras Fernández y Rico, como es habitual, sufrían más de lo debido con las lanzaderas forasteras. Había pocas posibilidades de jugar al fútbol, a lo que contribuía la excesiva dureza con la que se empleaba el Alcorcón y la extrema permisividad del árbitro, muy protestado por la afición local durante todo el partido. El balón no salía del campo zaragocista y poco a poco el equipo se vio ahogado por la intensidad mostrada por el equipo de Bordalás.

   Cuando el partido estaba muy de espaldas, un pase largo de Pedro lo controló a duras penas Cabrera con tan buena suerte que cayó a los pies de Willian para que este definiese y lograse un buen gol. Era un regalo del cielo, una dádiva divina que venía a tranquilizar al respetable y a darle un poco de oxígeno a un equipo hasta ese momento superado por el adversario.

   El choque entró en una fase de toma y daca. El Alcorcón siguió con su guión y el Real Zaragoza optó por el balón largo a la busca de Willian, activo y dispuesto a la pelea en carrera. En una de esas tuvo la mejor ocasión del partido, además de la que le porporcionó el gol. Fue un pase en prolongación, luchó el balón con el lateral derecho y chutó con furia. Solo una magnífica parada de Javi Martínez impidió el gol, como si la divinidad quisiera impedir lo que, a todas luces, habría sido injusto.

   La segunda parte empezó aún peor. La avalancha madrileña era de una insultante insolencia. Los balones en el área zaragocista se sucedían y la posesión era claramente visitante. Los jugadores de Popovic no sabían cómo atajar su intensidad ni podían ofrecer una resistencia digna. Y mucho menos hacerse con las migajas que el Alcorcón le dejaba. A los diez minutos Basha dejó su sitio a Sergio Gil, que le dio algo más de lustre al juego blanquillo, pero el match era claramente de los amarillos.

   El gol no tardaría en llegar. Una jugada muy mal defendida fue la antesala de un durísimo chut que Fausto ejecutó para ubicar el balón lejos del alcance de Alcolea. El empate no sorprendió a nadie, aunque le dolió mucho a una grada decepcionada con el juego de su equipo y la poca intensidad mostrada. Popovic trató de reactivar al grupo dando entrada a Rubén por un sobrecargado Mario y, en los últimos minutos, a Diego Suáarez por un Willian completamente desconectado.

   El partido murió entre pitidos y temores. El empate se vio como un mal muy menor y la frustración que el zaragocismo sufrió ayer se dio sobre todo porque vio que los jugadores no podían. Fundidos y desanimados este grupo vive horas bajas y corre el peligro de entrar en un tobogán de desidia y flaqueza que le puede hacer mucho daño. Ojalá los temores no se cumplan, pero hay motivos para la preocupación.

CALIFICACIONES

Alcolea: 3. Mostró seguridad y tranquilidad. El gol, imparable.

Fernández: 1. Su banda fue un camino especialmente transitado por los contrarios.

Mario: 3. Peleón y firme. Aportó seguridad y oficio.

Cabrera: 3. Fue de los pocos que aceptó con garra el desafió de los contrarios.

Rico: 1. Su banda sufrió mucho con las incursiones adversarias.

Basha: 1: Lento y en baja forma.

Dorca: 1. Desactivado y desconectado.

Pedro: 2. Irregular y poco concreto.

Jaime: 1. Intentó varias jugadas individuales, pero no le salió nada.

Galarreta: 1. No encontró su lugar en el partido.

Willian: 2. Metió un gol y casi mete otro. En la segunda parte se hundió.

Sergio Gil: 2. Tuvo detalles de calidad pero le marearon con cambios de posición.

Rubén: 1. Poca participción y sin relevancia.

Diego Suárez: S.C.

Creer que soñamos (Alcorcón, 1 – Real Zaragoza, 3)


   Minuto 2. Córner que bota Eldin. El balón lo peina el tumulto y por allí asoma la cimitarra de ese Al-Mutqadir del área que es Borja Bastón para lograr el primer gol. El partido sonríe en blanco y azul. Pero no hay nada cerrado. En esto del fútbol nunca se acaba nada hasta que empieza la calma de después del pitido final. Comienza la batalla. Tosca, ruda, poliédrica. Los rocosos jugadores del Alcorcón afilan sus uñas, rompen el aire en cada balón dividido. Una línea quebrada divide la propuesta local del plan visitante. Aquí nadie ha dicho que un gol sirva para conseguir nada. Balones vidriosos, pugnas diagonales, dientes rechinando en medio de un choque que sabe a poco fúbol y mucho nervio.

   El equipo de Víctor Muñoz no encuentra el sendero de la calma y nota cómo sus flancos acogen los embates de unos muchachos dignos y enrabietados. Hay más desajustes que control. Nuestro centro del campo sufre los efectos de un juego que habla más de sudor que de terciopelo. Así llegó el gol del empate. Un córner en contra, un despeje fláccido, una mala decisión en el juego de cabeza y un jugador amarillo habilitado para la ocasión. Gol y vuelta a empezar.

   Llegaron los minutos de la tormenta imperfecta. El Alcorcón consideró interesante la opción de la estrategia y a punto estuvo de lograr el segundo gol en una falta ejecutada con picardía que desbarató Whalley primero y Mario después. Pudo haber sido una pequeña bofetada al orgullo zaragocista, pero el equipo salvó los muebles e incluso logró nivelar el bajel blanquillo, que había vivido varios zarandeos a cargo de las olas madrileñas. Se superó el mal trago e incluso se pudo lograr un bonito gol en las postrimerías del descanso si William hubiese acertado con el potente chut que ejecutó en un contraataque llevado por él mismo. No fue y nos retiramos a la caseta empatados a casi todo.

   La segunda parte prometía emociones fuertes pero nuestros chicos prefirieron darnos una alegría y apostar por la contundencia. Después de que Whalley volviese a interceptar una peligrosa jugada local, Jaime contribuyó con su eléctrica velocidad y su capacidad combinativa con William para romper el marcador a nuestro favor con un bonito gol que confirmaba el acierto de su alineación y el interesante crecimiento que está experimentando como jugador. El equipo, con este plan de acción, funcionaba. No trenza grandes jugadas, no deslumbra con su juego, pero tiene una pegada demoledora. Si consigue equilibrar el balance defensivo y consolidar la bisagra del centro del campo, tenemos equipo para grandes alegrías. Equipo, que la plantilla ya es otra cosa.

   Con 1-2 en el marcador el partido solo tenías dos trayectorias: o se completaba la faena con un tercer gol o corríamos el riesgo de volver a sufrir los rigores del apremio casero. Para conseguir el propósito, el grupo se aplicó en la tarea de combinar, controlar y tratar de aprovechar alguna fulgurante salida para coser el último pespunte. Y esto es lo que sucedió. Borja robó un balón, Eldin corrió la banda y su centró lo sujetó el delantero centro con el hambre del matador para marcar el tercero. Fue un fogonazo de placer que recorrió el alma de los zaragocistas, los presentes en Alcorcón y los que desde lejos disfrutamos de la victoria.

   El partido era del Real Zaragoza. Nada hizo pensar, desde ese momento, que pudieran correr peligro los tres puntos. Se jugó con cabeza, con calma, con mesura. Víctor hizo los cambios pertinentes, apretó la hebilla del partido y perfumó la sonrisa de una afición que respira ilusionada con el horizonte que se abre ante todos nosotros.

CALIFICACIONES

Whalley: 4. Intervino poco, pero sus paradas fueron muy importantes.

Fernández: 2. Continúa su línea mediocre en defensa y justa en ataque.

Mario: 4. Muy bien. Serio, duro y mandón. No se arrugó ante los rudos jugadores locales.

Rubén: 3. Algún desajuste no empaña su trabajo de ayer. Salvó un balón bajo palos.

Cabrera: 3. Un tanto desubicado en algún momento, volvió a cumplir.

Dorca: 4. Su trabajo, callado y discreto, es muy importante.

Galarreta: 4. Volvió a marcar muy bien los tiempos y a manejar el balón con inteligencia.

Eldin: 4. Fino, talentoso y vibrante.

Jaime: 4. Relámpagos en sus botas. Metió un gran gol.

Borja: 5. Sobresaliente actuación. Dos goles y temblor en las piernas de los contrarios.

William: 4. Firme en la combinación y potente en el ataque.

Tato: S.C.

Lolo: S.C.

Mi crónica. Tengo miedo de ti (Alcorcón, 1 – Real Zaragoza, 0)


   Álamo_bPues si Víctor Muñoz estaba cabreado, él, capitán general de la moderación verbal, imagínese el lector cómo andaba el zaragocismo ayer por la tarde. El partido número cuarenta y dos de esta liga fue un feo gesto de desprecio por parte de los jugadores hacia su afición. La más castigada de esta España “monarblicana” que parece no saber quién es, razón por la que a lo mejor ellos se sintieron legitimados para avergonzarnos un poco más. Mal, muy mal. Lamentable y vergonzoso el no esfuerzo. Insultante. Inolvidable. Porque será imposible olvidar lo que hemos sufrido estos meses, más lo que sufrimos la temporada anterior, más lo que sufrimos la anterior, más lo que sufrimos la anterior, más…

   ¿De verdad se merece este equipo que malgaste mi tiempo escribiendo sobre el “no partido” en Alcorcón? No, ni ayer ni ningún otro de los cuarenta y un fines de semana anteriores. Nadie se salva, si exceptuamos un par de paradas de Whalley y tres toques de Tierno o Víctor. Lo demás, un horror. Sin ganas, sin intención, sin calidad. Abúlicos y amorfos, los jugadores que ayer tuvieron el honor de vestir nuestra gloriosa camiseta ya pueden dormir tranquilos. Seguramente les pagarán, que es justo, no digo que no, pero sepan todos, futbolistas y staff, que no hay por dónde coger este sinvivir. Y no sé qué más decir.

   Por no tener no tengo ni notas del partido ni recuerdos del mismo. Lo vi con la distancia que me otorga no sentir como propio lo que debería ser parte de mí y eso me impide escribir nada con cierto interés. Si es que la salida apática de los jugadores merece ser relatada, o la pusilanimidad de la defensa merece ser narrada, o la insustancialidad del centro del campo salvo los detallitos de Tierno merece ser reseñada.

   Con tales datos sobre el césped no era difícil que el Alcorcón, que nada se jugaba tampoco, se apropiara en seguida del partido, nada extraño por otra parte esta temporada, acostumbrados como estamos a llorar cada pase, cada error, cada inexactitud.

   En la segunda parte todo fue a peor. Más indolecia, más tristeza, más vergüenza. Ni Barkero, ni Suárez ni Cortés aportaron nada y lo que sí sucedió es que llegó al área zaragocista el balón número 1534 desde la banda derecha para ser rematado limpiamente, cómo no, por el delantero contrario de turno. Un déjà vu demasiado doloroso por repetido y por previsible. Un horror.

   Acaba la temporada, acaba este desastre que no admite ningún adjetivo más porque los hemos gastado todos y no nos queda rabia que derramar. Adiós, soldados harapientos. Adiós, comandantes deshuesados. Adiós, generales incapaces. Adiós, vergüenza sempiterna.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 2. Hizo dos paradas de mérito. Fernández: 1. Insulso. Álvaro: 1. Superficial. Laguardia: 1. Triste. Rico: 1. Debilitado. Cidoncha: 0. No sirvió. Tierno: 2. Dio cierto sentido al juego. Víctor: 2. Inquieto y voluntarioso. Montañés: 1. Ausente. Álamo: 1. Inexacto. Ángelo: 0. Vacío. Barkero: 1. Dio tres pases. Suárez: S.C. Cortés. S.C.

Mi crónica. Real Zaragoza, 3 – Alcorcón, 1 (Rugido y decisión)


Ver a la Romareda aplaudir a Barkero cuando fue sustituído fue la prueba del algodón. Se demostró, a quien corresponda, que esta afición está huérfana. De fútbol, de cariño, de atenciones. De vida. Por eso comprobamos que no hace falta mucho para conjugar pasión y amor por unos colores. Tan solo dedicación, humildad, unas gotas de talento y respeto a una historia, un escudo, una ciudad.

El partido de fútbol de ayer fue lo más parecido a un partido de fútbol. Desde el primer momento el Real Zaragoza quiso jugar bien. Las combinaciones se sucedían vertiginosas y audaces y aunque el Alcorcón dispuso de una inmejorable ocasión en el minuto 3, fue el equipo zaragocista el que le puso el sello de calidad a la tarde. Luis García y Barkero nos enseñaron su talento y le dijeron al mundo que si quieren, pueden. Montañés, grandioso desde el minuto 1, provocaba temblor en las piernas de la defensa madrileña y Roger encontró la clave de su fútbol en cada gesto de presión, en cada acelerón, en cada balón peleado.

A ellos se sumaron la dupla argentina. Mario y Walter supieron jugar como pareja de control y gestión, en una actuación digna de aplauso en la que combinaron gestos defensivos y acciones en las que la salida de balón se ejecutó con limpieza y claridad. Atrás, Leo Franco mantenía su magnífico tono de la temporada y la defensa sujetó al contrario eficazmente. La presenca de Arzo, en tan solo dos partidos, le ha pintado la cara a la zaga con otro color, demostrando una vez más que en ocasiones una presencia madura vale más que mil carreras. El castellonense transmite seguridad y calma a una línea desde hace mucho tiempo agujereada por la incosistencia y la flaccidez.

A todo ello ayudó la llegada del primer gol en el minuto 13. Se veía venir que el equipo quería. Tenía un plan y la afición sintió que también tenía los jugadores apropiados. Y allí estuvieron Montañés, Roger y Bakero para romper la tarde con un gol de voluntad. Y no acabó ahí la apuesta. El  equipo pareció ceder al despertar del Alcorcón, pero no abandonó su afán por ahogar al contrario. Robó un balón y el contrataque fue muy bien aprovechado por un pundonoroso Roger, que porfió y lo acabó alojando en la portería de Dani para clavar el segundo.

La Basílica sonreía. El zaragocismo aplaudía a su equipo y el partido parecía mostrar su cara más amable. Llegar al descanso con ese 2-0 parecía una cuestion de estado y a ello se aplicó el equipo. Y lo logró.  

La segunda parte comenzó con un Alcorcón jovial y echado para adelante dispuesto a molestar y estropear una jornada que apuntaba a felicidad. Y estaba afanado en semejante tarea cuando Roger, de nuevo eléctrico y zascandil, se fue de Babin, quien se vio obligado a derribarlo. Penalty y roja. Si Luis García convertía, el partido se pondría de dulce. Y ocurrió. Con 3-0 y el equipo contrario con diez todo apuntaba a partido victorioso. Con el Alcorcón decidido a acortar distancias, Herrera le pidió a Víctor que revolotease por el área visitante para redondear un partido que podía llevarnos a una posición de privilegio. Ese fue el momento en que estuvo a punto de conseguirse el cuarto en sendos chuts de Montañés y Álamo que el portero alcorconero resolvió muy bien.

Si bien el Real Zaragoza completó una segunda parte más atenuada, sí supo encajar un magnífico gol del Alcorcón que, ayer sí, gestionó con calma y oficio. Eso lo supo reconocer la afición, que despidió a sus jugadores con el canto del himno y una sonrisa de media comisura que aventura mejores tiempos que los vividos desde agosto.

Reconoceremos que la defensa cosió as costras otrora deshlachadas. Convendremos en que Mario y Walter encontraron ayer caminos antaos obturados. Acordaremos que si los veteranos saben gobernar esta nave será más fácil llegar a puerto. Entenderemos que Montañés y Roger nos regalaron ayer las señales necesarias para creer en ellos. En ello. En la vuelta a casa. A primera.

Leo Franco: 3. De nuevo serio, ubicado, maduro.

Cortés: 3. Defendió con oficio y corrió la banda con arte y clase de lateral.

Álvaro: 3. Ha crecido en dos partidos con Arzo a su lado.

Arzo: 4. Su presencia es mucho más importate que su propia participación en el juego.

Rico: 3. Muy bien en defensa y mejorado en ataque.

Paglialunga: 3. Muy bien sacando el balón y atento a achicar balones.

Acevedo: 3. Manejó muy bien el tiempo. Se quedó el balón cuando era preciso.

Montañés: 4. El mejor. Cuando le llega el balón, el contrario tiembla.

Barkero: 4. Muy buen partido. Talentoso, esforzado y mandón.

Luis García: 3. Es amigo del balón. Cuando le llega, se lo queda y lo reparte.

Roger: 4. Su vigor, fe y velocidad son armas fundamentales en este equipo.

Lagardia: 2. Salió por Cortés y se acomodó con listeza en el lateral.

Víctor: 3. Agitador y explosivo, su trabajo de nuevo fue valioso.

Álamo: 2. Su zancada y velocidad prometen escenarios verticales.

El partido de fútbol de ayer fue lo más parecido a un partido de fútbol. Desde el primer momento el Real Zaragoza quiso jugar bien. Las combinaciones se sucedían vertiginosas y audaces y aunque el Alcorcón dispuso de una inmejorable ocasión en el minuto 3, fue el equipo zaragocista el que le puso el sello de calidad a la tarde. Luis García y Barkero nos enseñaron su talento y le dijeron al mundo que si quieren, pueden. Montañés, grandioso desde el minuto 1, provocaba temblor en las piernas de la defensa madrileña y Roger encontró la clave de su fútbol en cada gesto de presión, en cada acelerón, en cada balón peleado.

A ellos se sumaron la dupla argentina. Mario y Walter supieron jugar como pareja de control y gestión, en una actuación digna de aplauso en la que combinaron gestos defensivos y acciones en las que la salida de balón se ejecutó con limpieza y claridad. Atrás, Leo Franco mantenía su magnífico tono de la temporada y la defensa sujetó al contrario eficazmente. La presenca de Arzo, en tan solo dos partidos, le ha pintado la cara a la zaga con otro color, demostrando una vez más que en ocasiones una presencia madura vale más que mil carreras. El castellonense transmite seguridad y calma a una línea desde hace mucho tiempo agujereada por la incosistencia y la flaccidez.

A todo ello ayudó la llegada del primer gol en el minuto 13. Se veía venir que el equipo quería. Tenía un plan y la afición sintió que también tenía los jugadores apropiados. Y allí estuvieron Montañés, Roger y Bakero para romper la tarde con un gol de voluntad. Y no acabó ahí la apuesta. El  equipo pareció ceder al despertar del Alcorcón, pero no abandonó su afán por ahogar al contrario. Robó un balón y el contrataque fue muy bien aprovechado por un pundonoroso Roger, que porfió y lo acabó alojando en la portería de Dani para clavar el segundo.

La Basílica sonreía. El zaragocismo aplaudía a su equipo y el partido parecía mostrar su cara más amable. Llegar al descanso con ese 2-0 parecía una cuestion de estado y a ello se aplicó el equipo. Y lo logró.

La segunda parte comenzó con un Alcorcón jovial y echado para adelante dispuesto a molestar y estropear una jornada que apuntaba a felicidad. Y estaba afanado en semejante tarea cuando Roger, de nuevo eléctrico y zascandil, se fue de Babin, quien se vio obligado a derribarlo. Penalty y roja. Si Luis García convertía, el partido se pondría de dulce. Y ocurrió. Con 3-0 y el equipo contrario con diez todo apuntaba a partido victorioso. Con el Alcorcón decidido a acortar distancias, Herrera le pidió a Víctor que revolotease por el área visitante para redondear un partido que podía llevarnos a una posición de privilegio. Ese fue el momento en que estuvo a punto de conseguirse el cuarto en sendos chuts de Montañés y Álamo que el portero alcorconero resolvió muy bien.

Si bien el Real Zaragoza completó una segunda parte más atenuada, sí supo encajar un magnífico gol del Alcorcón que, ayer sí, gestionó con calma y oficio. Eso lo supo reconocer la afición, que despidió a sus jugadores con el canto del himno y una sonrisa de media comisura que aventura mejores tiempos que los vividos desde agosto.

Reconoceremos que la defensa cosió as costras otrora deshlachadas. Convendremos en que Mario y Walter encontraron ayer caminos antaos obturados. Acordaremos que si los veteranos saben gobernar esta nave será más fácil llegar a puerto. Entenderemos que Montañés y Roger nos regalaron ayer las señales necesarias para creer en ellos. En ello. En la vuelta a casa. A primera.

Puntuaciones (de 0 a 5)
Leo Franco: 3. De nuevo serio, ubicado, maduro.

Cortés: 3. Defendió con oficio y corrió la banda con arte y clase de lateral.

Álvaro: 3. Ha crecido en dos partidos con Arzo a su lado.

Arzo: 4. Su presencia es mucho más importate que su propia participación en el juego.

Rico: 3. Muy bien en defensa y mejorado en ataque.

Paglialunga: 3. Muy bien sacando el balón y atento a achicar balones.

Acevedo: 3. Manejó muy bien el tiempo. Se quedó el balón cuando era preciso.

Montañés: 4. El mejor. Cuando le llega el balón, el contrario tiembla.

Barkero: 4. Muy buen partido. Talentoso, esforzado y mandón.

Luis García: 3. Es amigo del balón. Cuando le llega, se lo queda y lo reparte.

Roger: 4. Su vigor, fe y velocidad son armas fundamentales en este equipo.

Lagardia: 2. Salió por Cortés y se acomodó con listeza en el lateral.

Víctor: 3. Agitador y explosivo, su trabajo de nuevo fue valioso.

Álamo: 2. Su zancada y velocidad prometen escenarios verticales.

Mi crónica del partido: Alcorcón, 1 – Real Zaragoza, 1 (No dejes que me olvide del miedo)


Duelo de voluntades, duelo de firmamentos opuestos. En la noche madrileña el Alcorcón, el equipo de Segunda obligado a reivindicarse ante un equipo de superior categoría, no cumplió con el ritual que se suele celebrar en este tipo de eliminatorias y que consiste en mancillar al grande con goleadas inauditas o victorias para contar a los nietos. Sin embargo, bien cerca estuvo de ello, pues dispuso de algunas claras ocasiones para vencer al grande venido a menos y marcar una nueva muesca en su revólver copero.

El partido prometía poco. La alineación de Aguirre era un mensaje al mundo en el que los párrafos estaban escritos con tinta invisible y cada palabra encontraba la indeferencia de los lectores. La vuelta de Juárez y Paredes por un lado y la titularidad de Ortí y Oriol por otro eran dos ideas contradictorias que propiciaron la apatía inicial del equipo, muy por debajo de la motivación local, motor de deseo incontestado porque el rival venido de las orillas de Ebro no ofrecía ni poso ni peso.

Sin embargo el fútbol en ocasiones bendice al pecador y en una jugada inteligente y muy bien definida, Oriol y Ortí consumaron una de esas acciones que los zaragocistas añejos guardamos en el baúl de nuestra memoria pero que hace demasiado tiempo que no forman parte de nuestro imaginario. Fue un bonito gol, inesperado y muy bien recibido por el equipo, que corrió a abrazarse empujado por la rabia y la inmisericorde realidad que nos toca vivir.

Ese fue el comienzo. El choque siguió, no obstante, en términos parecidos y pocos minutos después de la ya rutinaria lesión de Mateos, la defensa blanquilla se rompió por en medio, justo donde había llegado Ramiro para quedarse a vivir, y Riera logró el empate. Era justo, pero dolió igual. El equipo decidió capear el temporal y abogó por una propuesta nerviosa y timorata que le valió llegar al descanso con el empate.

La segunda parte fue un poco más abierta. El cansancio y el desgaste de ambos equipo favoreció que el centro del campo se fracturase y el balón volase de un área a otra bien a causa de los balones largos de las defensas, bien porque ambos equipos manejaron el contraataque con cierta solvencia. En esa atmósfera prosperó con relativa facilidad un partido fluido e inculto, con circulaciones idiotas y alguna que otra ocasión que tenía que producirse porque cada vez había más espacios para deambular y crear situaciones favorables. De ellas recordamos una muy clara del Alcorcón, a botas de Riera, el delantero de la noche, que despejó muy seguro Roberto, y dos ocasiones zaragozanas: un chut lejano de Lafi y un cabezazo de Luis García que detuvo bien Raúl Moreno.

El empate no era mal resultado, según están las cosas, aunque el juego desarrollado no fue ni esperanzador ni motivo de alegría. Y a él se agarró el grupo, seguro de poder hacer un viaje de regreso a casa en el que poder hablar de la metálica batalla que habrá que librar el sábado y en la que la sangre se nos puede ir por la boca y ensuciar un futuro que ahora mismo duerme en el Averno, sólo a la espera de que la Muerte lo empuje al Hades o la Misericordia lo rescate de las puertas del Hades.

En todo caso degustemos la amable complacencia en que nos instalamos al ver jugar a cuatro aragoneses juntos o la certeza de que Oriol no aporta menos que Barrera. Todos ellos, junto a un Zucculini más entonado en su posición natural que como lateral, conforman un grupo seco e inquieto que ahora mismo no se ve a sí mismo capaz de ninguna hazaña, por muy pequeña que sea, como era ganar ayer en Alcorcón. Pero es “nuestro” grupo. Eso mientras esperamos la tercera revolución en el plantel en tres años, algo que se antoja imprescindible para poder afrontar el vendaval de miseria que asoma por la esquina del nuevo año y que lleva bordado a fuego en sus corazas la palabra “Descenso”.

Calificaciones

Roberto: 3. No mucho fue el trabajo que tuvo, aunque lo resolvió con su habitual solvencia. Excelente la parada al chut de Riera.

Juárez; 1. Soso, insustancial. Sus rivales no tenían nada con que amenazar su banda, si bien no aportó confianza a la defensa.

Mateos: S.C.

Paredes: 1. Jugó de central y su fuerte fue el corte. Los balones aéreos son un problema que no sabe cómo afrontar.

Abraham: 1. Empezó mejor que acabó. Su mirada denotaba ansiedad y necesidad de salir de este infierno y eso le hizo mostrarse inestable.

Zucculini: 3. Gustó el argentino, que se maneja bien en partidos como el de ayer y en esa posición de medio volante que tan bien acabó ejecutando Gabi.

Antonio Tomás: 1. Empezó bien, y hay que valorar que era su primer partido y en una alineación extraña e inédita. Acabó mal físicamente y muy desdibujado.

Edu Oriol: 2. Magnífico su pase del gol y muy valiente para intentar cosas. Muy de valorar su descaro y su intensidad durante todo el partido.

Luis García: 1. Logró varios pases interesantes y conectó mejor con sus compañeros que otros días. Incluso remató muy bien un centro de Ortí que detuvo el portero madrileño. Sin embargo no maneja bien el tempo de las jugadas.

Lafita: 1. Tiene detalles de gran calidad, lo intenta todo, pero le falta la frescura y la tranquilidad necesarias para que sus regates no se pierdan por un centímetro y sus chuts encuentren al fin los tres palos. Necesita un gol y una victoria como el comer.

Ortí: 2. Metió un gran gol y no rebló en ningún momento. Si se le dan las mismas oportunidades que a otros tendremos jugador, pues en todo momento le dio la cara al partido y afrontó el combate con gallardía y valor.

Ramiro: 1. Su descolocación propició, junto al resto de la defensa, el gol de Riera, pero eso no le amilanó y se recompuso, cumpliendo dignamente.

Kevin Lacruz: 1. Le costó un poco acomodarse al choque, pero lo hizo bien, sobre todo aportando una correcta dosis de conducción de balón y corte inteligente en algunos momentos.

Juan Carlos: S.C. Estuvo poco tiempo, pero nos enseñó cómo se controla un balón que viene desde la Luna.