El Villarreal, ese huésped de porcelana (a mis amigos de la Peña Juan Señor, de Alcorisa)


(por Juan Antonio Pérez Bello)

El domingo el Real Zaragoza se enfrenta al Villarreal. Si es verdad que el fútbol es un estado de ánimo, la tal afirmación no debe ser el árbol que esconda el bosque. Los últimos días han sido como rabiosos puñetazos en el costado sangrante del soldado herido. Herido, no muerto. Este equipo, lo que representa, lo que significa es más que un grupo de futbolistas (más o menos acertados, más o menos cumplidores) guiado por un entrenador (más o menos acertado, más o menos aceptado) y gobernado por un Presidente (más o menos conveniente, más o menos convincente). Este club, el Real Zaragoza, es la historia de nuestras vidas, como lo es aquella canción que bailamos aquel verano o aquel beso que gozamos por primera vez. Por eso, escribiré tan claro como sé.

Me apetece proponer que lo que precisan nuestros jugadores, nuestro cuerpo técnico, nuestros dirigentes es comprender que su trabajo es algo más que un juego. Que de su sabiduría, su entrega, su esfuerzo, su acierto y su compromiso dependen que la ilusión prenda en los corazones de sus seguidores; que la ciudad, nuestro Aragón, palpiten felices o se enmarañen en la decepción y la tristeza y que el nombre de nuestra memoria reciba el reconocimiento que merecen las gestas de nuestros héroes. Dicho lo cual, propongo.

“Los miembros de la primera plantilla del Real Zaragoza, sus responsables deportivos y los propios dirigentes deben visitar la exposición “Los años magníficos” a puerta cerrada, sin otros visitantes, y degustar con interés y aplicación todos y cada uno de los stands de la misma. El fin es que se empapen de lo que el Real Zaragoza ha significado, significa y tiene que significar para todos nosotros y, por ende, para todos ellos. Será una visita didáctica, pausada, vivida con devoción y sentida en lo más profundo de su ser. Contemplarán el gol de Nayim, visionarán películas antiguas, leerán portadas de periódicos, recitarán de memoria todas y cada una de las alineaciones históricas de nuestro Real Zaragoza, venerarán cada uno de los trofeos que adornan nuestros recuerdos. Que no son ni muchos ni pocos: sencillamente, son nuestras conquistas. Por último, una vez finalizada la visita, los componentes de la plantilla, los técnicos y los dirigentes deberán sentir en sus corazones el rugido de un león blanco y azul que, desde el túnel del tiempo, les empuja al futuro, les recuerda de quién y de qué son herederos y les dice, con la rabia que concede la fuerza de nuestra gente, que el domingo hay que ganar y que los dioses sólo conceden las mieles de la victoria a quien desgarra cada gramo de césped con sudor generoso. Si así no fuere, si alguno de ellos no sintiera nada de eso, su honor y su dignidad les pedirán abandonar nuestra casa, pues no serán dignos de habitar en ella”.

 Esta idea nace de un sueño, en el que vi cómo todos los jugadores del Real Zaragoza eran capaces de levantarse por sí mismos y por todos nosotros y lograban, con sus mentones de acero, darle la vuelta a esta noche prolongada que se ha instalado entre nosotros y deja clavadas sus uñas en cada intento que dibujamos para recuperar la paz. Y sólo un grito limpiará las heridas: ¡A ganar!

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Exposición "Los años magníficos"


   Ya podemos contemplar desde la distancia las primeras imágenes de la exposición que con motivo del 75 Aniversario ha sido inaugurada hoy bajo el título “Los años magníficos”. José Luis Melendo las ha colgado en su blog y a él le debemos las primeras gotas de emoción. ¡Gracias en nombre del zaragocismo en la diáspora!

 

Exposición 75 Aniversario: Los años magníficos, los sueños bebidos.


   (por Juan Antonio Pérez Bello)

   Hoy se inaugura la exposición que el Real Zaragoza va a dedicar a la celebración de su 75 Aniversario. “Los años magníficos” es una mirada bruñida a nuestras vidas, pues no hay pasado en nosotros si no es abrazado a los aromas de un equipo que nació del encuentro, como los hijos deseados y gozados.

   La ceremonia del brillo conjugado va a ser la mejor de las noticias que un periodista pueda publicar. Pero un periodista de los de verdad, como dice Paco Giménez en su blog; de verdad blanca y conquistada; de verdad relatada y propia; de verdad desnuda y descubierta. Es una verdad escrita con el aliento de cientos de sportmen que un día, muchos por la grandeza de ser grandes, algunos bajo la miseria de su miseria, acudieron a la llamada de un club que surgió por el deseo de enterrar las rivalidades pueblerinas de dos aficiones encontradas en la confrontación.

   Me hace mucha ilusión visitar la exposición. Es cierto que me agrada la idea de disfrutar durante varias horas de un espacio noble acomodado en los perfumes de lo que ya es historia pero promete el más dulce de los besos: el del triunfo acogido al esfuerzo y la lealtad a los tuyos. Sé que me emocionaré y aún no sé por qué; sé que sentiré latidos próximos y aún no sé por qué; sé que sonreiré ante fotografías que son mi vida y aún no sé cuáles serán.

   Esta exposición es tan querida y deseada como aquella acicalada camiseta con el número 10 a la espalda que mis padres me regalaron con motivo de mi primera comunión y que yo lucí orgulloso aquellas calurosas tardes del verano de 1970 en las calles de Madrid. Y sé que me cuesta una sonrisa recordar que a los comentarios bienintencionados de aquellos vecinos madridistas o colchoneros, “¡Pero bueno, chaval, si llevas la camiseta de Villa!”, yo respondía siempre con un “Sí, de Villa, el mejor” al tiempo que golpeaba con fuerza aquel balón de reglamento que, cabezón, acababa muriendo siempre en las paredes de las casas de al lado del Bar Solimar, en Moratalaz.

   ¡Ah, claro! Es que eso era así porque entonces en el resto de España los futboleros sabían que el 10 del Zaragoza era Villa, rescoldo amable y educado de aquellos Magníficos que se habían atrevido a sacar a la Luna a bailar, acción sólo reservada, como es bien sabido, a esos intrépidos mortales vestidos con túnicas dignas de un dios. Así era mi Real Zaragoza, así era el equipo de mis amores.

   Hoy, casi cuarenta años más tarde, sigo bebiendo los sueños nacidos bajo aquel cielo que para mí siempre será azul, no tanto porque la Naturaleza así lo dictó cuanto porque así lo ha querido la gente de mi tierra, representada en aquellos diez hombres que firmaron el documento fundacional aquel 18 de Marzo de 1932 para “aunar todos los sacrificios , construyendo un solo Club que reúna las colaboraciones dispersas de cuantos se han significado por su altruismo, por su entusiasmo y por su abnegación en anteriores campañas, dando por borradas definitiva y amistosamente cuantas diferencias derivadas de la lucha deportiva, los separaron hasta este día”. Hoy, casi cuarenta años después, se inaugura esta exposición que promete futuro y añade presente a lo que fuimos, a lo que queremos seguir siendo.

   Y por ser, precisamente, almas en alegría es por lo que hechos como la exposición se producen. Y por eso me gusta escribir que cuánto más necesaria es esta propuesta si quien la coordina es Antón Castro, el más cálido de los escritores, el más sugerente de los viajeros, el más cercano de los contadores de historias y, sobre todo, quien mejor recita las alineaciones del Real Zaragoza, sobre todo si la noche ya se ha caído y ha habido sobremesa de palabras y concilios.

Actualidad: 9 de Octubre de 2007


– Entrevista a Oliveira: “Quiero hacer historia en el Real Zaragoza” (Diario EQUIPO)

La puerta, blindada siete meses después (Diario EQUIPO)

El argumento del gol (Diario EQUIPO)

Un trío letal (El Periódico de Aragón)

– Entrevista a Oliveira: “Ojalá me quede corto con los 20 goles que prometí” (El Periódico de Aragón)

El Real Zaragoza inaugura la exposición de “Los años Magníficos” (El Periódico de Aragón)

75 años de largo (Heraldo de Aragón)

Real Zaragoza: quince días para recapitular (Heraldo de Aragón)