Te pido una verdad, solo una (Real Zaragoza, 1 – CD Numancia, 2)


      A la salida del corner un relámpago me heló la mirada. No sé bien si fue la memoria, que ya se me hace larga, o los caminos empedrados que nos ha obligado a transitar la Historia, pero cuando aquel balón salió de las botas de Íñigo Pérez morí. Supe que algo terrible iba a suceder. Y no miré. Y sucedió. De nuevo la guadaña segó la esperanza de miles y miles de almas blanquillas que, incrédulas, se desplomaron sobre los cristales rotos de la miseria.

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   El partido de ayer fue la derrota de la cobardía, primero, y del infortunio después. Ya nos temblaron las piernas cuando conocimos los cuatro cambios que Natxo había introducido en la alineación. Incompresibles e incomprendidos. Natxo, el entrenador que desde que abandonó aquellos infinitos bailes de jugadores de la primera vuelta había encontrado el camino fértil, ayer volvió a sus orígenes. Dejó en el banquillo a Delmás, el Comprometido; a Verdasca, el Fuego; a Ros, el Eléctrico y a Pombo, el Imprevisible. Transformó el equipo que le había hecho un buen trabajo y modificó su planteamiento. Y fracasó.

   Por lo menos en la primera parte. El Numancia vino a complicarle la vida al Zaragoza construyendo un edificio inextricable que enredó al centro del campo local. Lo asfixió y ahogó cualquier acción clarividente que pudiera proponer. La ausencia de Verdasca fue un problema, pues la salida de balón no era nítida en los pies de Grippo y González y Eguaras braceaba contra la corriente anulado por un bosque de jugadores rojillos. En el centro del campo Zapater andaba muy pendiente de proteger a Benito, con lo que cada vez que el catalán corría la banda, el capitán restaba cubriendo su hueco, algo que dejaba al equipo en inferioridad a la hora de atacar. Esto lo notaron mucho Toquero y, sobre todo, Borja y Papu, que no recibieron ni un balón favorable. El Numancia, mientras tanto,  buscaba el contacto, provocaba encontronazos y presionaba con furia cada acción zaragocista y así era imposible liberar la máquina de hacer fútbol que ha sido el Zaragoza esta segunda vuelta.

   El equipo soriano se adueñó de la línea de tres cuartos y dispuso de dos buenas ocasiones de gol. La primera, un chut de Nacho que dio en el poste, y la segunda un cabezazo de Higinio que rozó la portería de Cristian. Malas noticias que se contrarrestaron con fláccidas respuestas por parte de los de Natxo. Tan solo anotamos un cabezazo de Zapater en el minuto 45 que Aitor detuvo sin problemas.

   Las sensaciones de la afición, incansable durante todo el partido, no eran muy favorables. Los comentarios en el descanso apuntaban a que era necesario reaccionar, cambiar la dinámica en una situación de altísima tensión. Todos sabíamos que un gol te mandaba de nuevo al averno o te abría las puertas del cielo. Y algo ocurrió en la caseta porque los aragoneses salieron al césped con otra disposición y otra actitud. Nada más empezar, Zapater se quedó solo ante Aitor tras recibir un pase de Borja, pero lo inesperado de la acción le impidió elegir bien y marró el remate. Y pocos minutos después Toquero estuvo a punto de rematar un centro de, otra vez, Borja que no alcanzó a completar por centímetros. El equipo nos transmitía hambre y aliento.

   Pero hubo más. Mucho más. En el minuto 55 Papu se quedó solo ante el portero y no acertó a convertir un gol que ya se cantaba. Y en el 60 de nuevo un mano a mano, esta vez a cargo de Borja, que también erró. Y la jugada subsiguiente llevó el balón a Papu que, solo ante el portero y con todo a favor, echó el baló fuera.

   Y todavía más. En el minuto 62 fue el delantero más querido por el zaragocismo de los últimos tiempos el que falló incomprensiblemente tras regatera a Aitor. No había manos suficientes para frotarnos los ojos. No cabía más incredulidad bajo las bóvedas de la Basílica. Pero sí cabía la injusticia. Como siempre ocurre en este deporte miserable y amado, cuando se yerra se paga. La primera vez que el Numancia se asomó a los dominios de Cristian fue para hacer gol. Un chut imparable de Íñigo Pérez perforó la red de la portería Norte después de un rechace inverosímil de un compañero. No podía ser. El Zaragoza había dispuesto de seis ocasiones, seis, y no había culminado ninguna. El Numancia había tenido una y la había coronado.

   Aún quedaba tiempo para, por lo menos, equilibrar el match. Al Zaragoza le quedaban argumentos pero, sobre todo, le quedaba la palabra y el apoyo de una afición indesmayable que empujó con la furia de la desesperación. Y dispuso de una nueva ocasión. De nuevo Papu, tras chut de Pombo, que había sustituido a Toquero, no cerró el gol a tres metros de la portería. Increíble. Inasumible. Por eso, cuando en el 79 Borja remató un centro de Lasure y Mikel arrastró el balón hasta el fondo de la red, la Romareda explosionó. Se había conseguido el empate y el zaragocismo se instaló en la cúpula del trueno. Quedaban diez minutos. Quedaba vida. ¿Quedaba vida?

   Los seguidores blanquillos ya hemos aprendido que esta es la era del fuego eterno, la de las ánimas consumiéndose en la caldera de la inmundicia. Por eso esos minutos fueron terribles. Aterrorizada y temerosa de Dios, la hinchada zaragocista contaba cada segundo suplicándole al destino que, por una vez, fuera clemente con el escudo del león. Era de justicia. Era. Pero no fue. Una vez más, no fue.

   Era el minuto 90, cuando ya casi se abría la puerta de la prórroga, cuando ya nos aprestábamos a insuflar el aliento que no tenían a nuestros muchachos. En ese mismo instante, un jugador mediocre que aquí no nos dio nada; un jugador que forma parte de la nómina de mercenarios deshilachados que han ensuciado la historia del equipo de león, cabeceó inmisericordemente un balón aéreo y le partió el alma a la mejor afición del mundo. No era agua lo que alfombraba el césped de la Basílica; eran lágrimas zaragocistas que ayudaban a escribir otra desdichada página en esta historia que nos fractura el corazón. Era el llanto de una ciudad, de un pueblo injustamente golpeado por el infortunio.

   El Real Zaragoza cayó y con él hemos caído todos. Dicen que toca levantarse. Lo haremos. Como siempre. Pero déjennos los triunfadores, los que se perfuman cada día con las esencias del éxito, que lloremos nuestra desgracia. Hoy no es un día para viejos ni para jóvenes. Dejémoslo en paz. Mañana será el día de empezar a escribir un nuevo relato. Mañana, de nuevo, volveremos a caminar sobre las aguas para hacer posible lo imposible.

Foto: Oliver Duch / Toni Galán (www.heraldo.es)

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Nada pudo hacer en los goles.

Benito: 2. No aportó en la primera parte aunque mejoró en la segunda ofensivamente.

González: 3. Estuvo seguro, pero las segundas jugadas le pudieron. Goleó.

Grippo: 3. Trabajó bien y luchó con brío.

Lasure: 4. Aunque empezó tímido, la segunda parte completó un buen partido.

Eguaras: 1. Anulado, su aportación fue muy pobre.

Zapater: 4. El gran capitán. La segunda parte interpretó muy bien el partido.

Febas: 2. Lo taparon muy bien en la primera parte aunque en la segunda se activó.

Papu: 2. Fue de menos a más, pero falló dos goles cantados.

Toquero: 2.Corrió y corrió, pero no inquietó a sus defensas.

Borja: 5. Extraordinario. Trabajó lo indecible y aunque falló un gol dio cuatro asistencias magníficas.

Pombo: 2. Tuvo destellos, pero no acabó de centrarse.

Buff: S. C.

 

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Bendita sea mi suerte (CD Numancia, 1 – Real Zaragoza, 1)


 

   Jugábamos ayer el primer partido de play off frente al Numancia. Y digo “jugábamos” porque la aventura que ayer inició el Real Zaragoza es una empresa común, un camino que vamos a recorrer juntos miles y miles de zaragocistas. Agarrados al escudo que cosimos a nuestro pecho cuando niños y que aún refulge como un faro que guía nuestra pasión, contemplamos cómo nuestro equipo supo resolver un choque complejo, espinoso. Y lo hizo con solvencia.

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   Natxo González nos había indicado el camino. Había que jugar el partido como si no hubiese vuelta, como si el sábado no existiese. Luego, llegados al minuto 60 ó 70, ya veríamos cómo se diseñaba el final, pero era fundamental no fiarlo todo al partido del sábado. Y el guión inicial se plasmó con extraordinaria eficacia ya en el minuto 3. Zapater ejecutó magistralmente una falta al borde del área cuando Los Pajaritos aún no habían empezado a piar. Mejor inicio no lo habíamos imaginado y así lo reflejó el júbilo con que la esforzada afición blanquilla lo celebró.

   No había mejor forma de comenzar. El equipo forjado por Natxo, con la incorporación de Grippo en la defensa como principal novedad, disfrutó de esas prematuras mieles antes de que los jugadores hubieran podido ubicarse en el terreno. Magnífico comienzo que hacía pensar en un paisaje favorable como nadie había podido imaginar. Sin embrago, nada más sacar de centro, el Numancia empató en una jugada afortunada tras haber gozado de una extraordinaria  ocasión que repelió el poste. Ese gol habría sido plausible. El del rechace resultó ridículo. Pero válido.

   El Zaragoza había conseguido uno de los principales objetivos con que había viajado a Soria: marcar. Y eso ya era mucho. Por lo demás, quedaba todo un mundo que habría que saber transitar sin perder el rumbo ni estropear la brújula. En muy pocos minutos habían pasado muchas cosas, pero el partido ofreció más de lo previsto en esta primera parte. El Numancia cedió el balón y el Zaragoza aprovechó la circunstancia. Tocó con paciencia, maduró todas y cada una de las jugadas tratando de provocar el error soriano, pero no lo consiguió. Era un partido de maceración, de cocción lenta. El equipo soriano buscó de vez en cuando el golpe eléctrico, pero la zaga aragonesa controló todos los acercamientos.

   En el área local se jugaba por aproximación. Y allí aparecía de vez en cuando Borja, muy solo y alejado de Papu y Pombo. Y allí apareció Papu. Primero para finalizar una jugada con un chut curvado y alejado. Pero, sobre todo, para protagonizar la otra jugada del partido (la primera fue el gol de Zapa). Se internó en el área y fue derribado claramente por Navarro, quien ya llevaba una tarjeta. El árbitro, el colegiado vasco Gorostegui, apreció engaño del georgiano y lo que era un claro penalti (y quizás expulsión) acabó en amarilla injusta.

   El descanso llegó con la urgencia del envite que se estaba dirimiendo en Los Pajaritos. Comenzó el segundo tiempo con sendas ocasiones muy claras para ambos equipos. Primero del Real Zaragoza, que no acabó de culminar tras triple acción de Borja, Papu y Ros y después de Medina, que tampoco vio puerta por poco. Era un partido muy típico de play off, un choque que cumplía todos los requisitos propios de una promoción. Y ahí es cuando Los Pajaritos empezó a estrujar el tiempo. Apretó la grada y los jugadores rojillos se creyeron que tenían licencia para agredir. Que se lo pregunten a Borja, que recibió dos golpes en dos acciones que bien podrían haber sido castigadas de ser otro árbitro. Pero no era la noche de la justicia.

   En esas estábamos cuando Natxo decidió valientemente poner a Febas por Ros y repetir el esquema del sábado ante el Barça B. Y le sentó muy bien al equipo. El pequeño catalán hizo de las suyas, como al principio de la temporada. Con Eguaras amortiguado y muy bien marcado, Febas encontró un pasillo interesante por el que desdoblar al equipo y asustar al contrario. Fue un período interesante, muy bien gobernado por el Zaragoza, que ya tuvo claro que a partir del minuto 70 tocaba pensar en el sábado.

   Aún dispuso el Zaragoza de una extraordinaria ocasión. Delmás centró desde la derecha y Borja, muy vigilado e incluso agredido por sus rivales, trató de rematar de chilena. Si hubiera convertido, estaríamos hablando de uno de los goles de la temporada. Aún así, a pesar de no lograr la victoria, el resultado se dio por bueno.

   Ahora queda la vuelta. Queda la batalla en la alfombra de la Basílica. Allí espera ansiosa una afición, la zaragocista, anhelante, rebelde con la Historia y dispuesta a darle la vuelta al presente. Será una tarde para la épica, para el sufrimiento y, ojalá, para poder seguir mirando de frente al futuro. Allí estaremos, Blanca Dama.

Foto: Ángel de Castro (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Poco trabajo pero resuelto con seguridad y acierto.

Delmás: 3. A pesar de haber podido hacer algo más en el gol, luchó y trabajó con denuedo.

Grippo: 4. Buen trabajo defensivo, sobre todo por arriba.

Verdasca: 3. Aplicado, potente y trabajador.

Lasure: 3. Tras una primera parte más oscura, la segunda parte conquistó la banda,

Eguaras: 2. Bien tapado, tuvo que buscar salidas casi imposibles.

Ros: 4. Muy implicado y aplicado al trabajo.

Zapater: 4. Gran trabajo. Estuvo en todas y logró un gol para recordar.

Papu: 2. Aunque estuvo discreto, siempre es un incordio para la defensa.

Pombo: 3. Tiene tanta calidad que su presencia siempre aporta destellos.

Borja: 4. Heroica actuación. Luchó todo y contra todos.

Febas: 4. Salió y revolucionó el partido. Está para jugar y hacerlo bien.

Buff: 1.Poco activo y muy alejado de su mejor versión.

Toquero: S.C.

Más lejos, siempre más lejos (Barça B, 0 – Real Zaragoza, 2)


 

   Cuando un equipo afronta un partido con tan solo dos titulares habituales y aun así lo resuelve con autoridad, quiere decir que es una escuadra con garantías. Cuando un equipo falla dos penaltis y aún así vence con holgura, quiere decir que es un grupo en el que se puede confiar. Y cuando un equipo necesita que se den otros resultados para que su clasificación sea la soñada y se producen todos y cada uno de ellos, quiere decir que esa imperceptible luz que acompaña a los ganadores ilumina su camino.

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   Esas tres circunstancias adornan al Real Zaragoza. El equipo de Natxo es hoy mismo el peor enemigo para los otros tres merecidos integrantes de ese club de afortunados contendientes que sueñan con la gloria. Nadie lo quiere enfrente, estoy seguro, y a nadie le acomoda tener que jugarse con él el ascenso y, además, con la vuelta en la Romareda. Porque si lo que ayer se vio sobre el césped es la versión “B”, no quieran saber nuestros enemigos lo que será la versión “A”.

   No es que jugase ayer un partido impecable, pero sí solvente. Sin errores, sin concesiones, solucionando los problemas que el rival le planteaba y aportando ideas para lograr la victoria. No fue el partido de un equipo bonito; fue el partido de un equipo maduro.

   De eso mismo habló Natxo en la rueda de prensa previa. Según él el Zaragoza es un equipo hecho, construido cuando juega en la Basílica, arropado por su indesmayable afición, pero no lo es todavía cuando lo hace lejos. Pues bien, ayer sus jugadores menos habituales le dijeron que eso parece ser ya un problema relativamente solventado. Con tesón, juego colaborativo y corrección supo imponerse a un Barça B desmantelado anímicamente pero con suficiente calidad en algunos jugadores como para amargarle los planes a los aragoneses.

   El partido en la primera parte fue poco atractivo y sin calidad, con mayor presencia del Barça B en el área de Ratón que del Zaragoza ante Ezkieta, pero aunque sin calidad hay que reconocer que los de Natxo mostraron implicación y empeño. Ratón paró lo que le llegó, en una ocasión magistralmente;  Grippo y Perone se empeñaron en despejarlo todo, a veces con modales toscos, Benito cumplió y Ángel estuvo decoroso. Febas fue, por fin, ese jugador dinámico e inquietante que incluso lograría en la segunda parte un gol que le ayuda a integrarse en la causa. A Buff le costó entrar en el partido y Toquero nos dio lo de siempre: esfuerzo y garra. Dejo para el final a Vinicius, el inédito delantero que ayer, por fin logró su primer gol de la temporada que sirvió para abrir el marcador y el sendero a la victoria.

   Cuando el brasileño logró el primer gol el zaragocismo pudo confirmar que, en efecto, nuestro equipo ahora mismo galopa sobre la amable grupa del éxito. Con poco logró mucho. Las sensaciones que transmite son de certeza y fiabilidad. Es algo que no se puede comprobar empíricamente, pero el corazón lo siente y el estómago lo confirma. Se veía sobre el césped un equipo que poco a poco fue compactándose y siendo protagonista de sus acciones.

   La segunda parte comenzó con un Barcelona lanzado, muy activado y apretando bien las costuras defensivas del Zaragoza. Dispuso de varias ocasiones que no consiguió concretar, bien por errores propios, bien por el acierto defensivo o del portero. Y aquí hacemos una especial mención a Ratón, que jugó un partido redondo: seguro, sereno y hasta expresivo en sus movimientos. Parece haber aprovechado muy bien haber tenido de maestro al gran Cristian, pues su actuación fue notable.

   El Zaragoza, así, decidió dormir el partido con un juego pausado, a veces hasta un punto irritante, con mucho toque en la medular pero con poca profundidad. Las noticias de Córdoba eran muy positivas y si todo acababa así la tercera plaza tenía color zaragocista. Sin embargo, todos veíamos que un segundo gol sería muy beneficioso para no sufrir y llegar al final con cierta tranquilidad. Natxo no se salió ni media línea del guión y le dio descanso a un trabajador Zapater para darle entrada al joven Pepe Biel. Era una apuesta arriesgada pero no le tembló el pulso y siguió con el plan establecido.

   La primera oportunidad de cerrar el partido llegó en el minuto 70. Un centro de Buff golpeó en el brazo de Palencia. El penalti era claro y el suizo se aprestó a convertirlo, pero su disparo, fláccido y centrado, lo despejó Ezkieta. Habría sido muy positivo lograr el gol en ese momento, pues el partido habría muerto ahí. No pudo ser. La segunda oportunidad de lograrlo fue diez minutos más tarde. Vinicius fue derribado en el área y, por consiguiente, volvió a disponer el Zaragoza de una segunda oportunidad. Pero no. El propio Vinicius desaprovechó también su ocasión al ejecutar mal la pena máxima. Parecía que no era el día de los 11 metros.

   Afortunadamente, Febas solucionó ambos desaguisados. Cuando quedaban dos minutos para el 90, agarró un balón en campo propio y dibujó un carrerón de 70 metros que él mismo culminó con un sutil toque que batió al portero barcelonista. Gran alegría y misión cumplida. Era el colofón a una jornada que ni el más forofo de los zaragocistas habría diseñado mejor. Victoria en el Mini Estadi, derrota del Sporting y Numancia y Valladolid al play off. No porque sean rivales más asequibles, sino porque son ciudades más cómodas para que la “Riada del Ebro” llegue hasta ellas y anegue sus campos, en caso de victoria, con sus cánticos, su pasión y su apoyo indesmayable.

   Hoy comienzan las (ojalá) dos semanas más importantes de los últimos tiempos. Hoy comienza el Futuro.

Foto: Albert Salamé (www.heraldo.es)

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Seguro, sereno y decisivo en dos paradas.

Benito: 2. Correcto, con algunas lagunas.

Grippo: 2. Algo aturullado, trató de ser contundente.

Perone: 2. Mejor de cabeza que con los pies, sufrió en algunas fases.

Ángel: 2. Le costó entrar en el partido. Fue de menos a más.

Ros: 3. Trabajador, comprometido y esforzado.

Zapater: 3. Ejerció de capitán. Organizó y coordinó la medular.

Buff: 2. Algo blando y desorientado en ocasiones.

Febas: 3. Se fue encontrando a gusto. Energético e inquietante. Metió un gran gol.

Toquero: 3. Lo dio todo. Es muy importante su garra y pundonor.

Vinicius: 3. Hizo un gol y eso le da valor a su trabajo.

Pep Biel: 3. Activo y participativo. Dio la cara,

Alfaro: 2. Participó poco. Buscó ser vertical.

Pombo. S.C.

La Basílica se rindió a Iglesias (Real Zaragoza, 3 – Real Valladolid, 2)


 La Romareda se frotó los ojos con los dedos de la esperanza. Después de librar una fogosa batalla, después de comprobar cómo el sudor recorría los surcos de su ambición, la apasionada hinchada zaragocista ovacionó a sus muchachos, justos vencedores de un partido que ojalá pase a formar parte de la leyenda del león.

   El Real Zaragoza batió ayer a uno de los equipos mejor armados que han pasado por la ciudad del Ebro. Es cierto que casi todos los gallos de la división han sido derrotados  aquí, justamente los que lo han hecho durante esta segunda vuelta de record, pero el de ayer era un rival en muy buena forma y con unos argumentos realmente sólidos. Por eso la victoria gana en valor. Y porque si se lograba significaría que el equipo de Natxo ya sería, matemáticamente, de play off.

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   Para lograrlo, el entrenador alavés tiró de repertorio y alineó a su equipo tipo. No porque sea suyo, sino porque es de todos. Que es lo mejor que le puede pasar a un grupo. Y eso se pudo ver un par de horas antes del partido, cuando centenares de zaragocistas recibieron a los chicos, en un ritual que se está convirtiendo en un momento clásico de la historia reciente del equipo blanquillo. Y con esa fuerza, con el apoyo indesmayable de la afición, el Zaragoza se aprestó a enfrentarse al delicioso Valladolid.

   Lo hizo poniendo en práctica lo que mejor sabe hacer: combinaciones prolongadas, movimientos inteligentes, continuos apoyos y apertura a las bandas para buscar el pase filtrado o el centro ventajoso. A eso se dispuso, al mismo tiempo que controlaba con autoridad las dos aproximaciones del equipo pucelano. Y de esa manera, aprovechando el talento de sus jugadores, que no es tema menor, llegó el primer gol. Un pase de Eguaras a Pombo, una aproximación de quilates de éste y un pase final magistral a Borja para que fusilase el 1-0. Magnificencia en estado puro.

   El estadio estalló en un griterío ensordecedor para festejarlo, mientras contemplaba cómo los suyos no variaban el guión. Mucho manejo de balón, mucha paciencia en la elaboración y, sobre todo, control absoluto del juego. Mientras tuviesen la posesión no habría peligro. Porque el Valladolid tiene mucha velocidad y un nueve letal, que ha metido ya 32 goles y eso es mucho. Una barbaridad. Eso lo sabían los jugadores locales, que aún así vieron cómo Cristian tuvo que hacer uso de sus reflejos para evitar un gol de Toni Villa. Sin embargo, se llegó al descanso con la sensación de que se podía mantener el 1-0 con solvencia, alejados de otras tardes en que tras el gol vivíamos un repliegue aparatoso con mucho riesgo, no siempre controlado.

   Comenzó la segunda parte con mejores sensaciones que otras veces. Ya es un clásico que al Zaragoza le cuesta activarse tras el parón y casi siempre cede al empuje del adversario, que suele aprovecharse de esta debilidad. No fue así. Los de Natxo salieron con ambición y trataron de mantener el balón lejos del área de Cristian. Incluso se acercó a la portería pucelana en jugada y con una falta que tiró colocadita, pero suave, Zapater.

   El primer golpe llegó en seguida. Un balón lateral que cayó templado al punto de penalti fue rematado por Toni Villa completamente solo. Era un empate que podía hacer daño. Afortunadamente, la grada respondió con furia y dio una soberana lección de  pasión por sus colores. Alentó con enorme fuerza a los suyos y su ánimo llegó a los jugadores. Siete minutos después, a la salida de un corner, Borja fue objeto de penalty. Fue muy protestado, pero de nada sirvieron los aspavientos castellanos. Borja sujetó con determinación el balón y batió magistralmente a Masip. El dos a uno fue agua bendita en el ánimo zaragocista, pero la alegría duró muy poco. A los pocos minutos una entrada de Eguaras fue castigada con tarjeta roja. La indignación se apoderó del público, que interpretó esta decisión como una afrenta.

   A partir de ese momento el municipal fue una olla a presión y su apoyo indesmayable ayudó a que el Zaragoza afrontase esa casi media hora en inferioridad con un ímpetu y un sacrificio extraordinarios. Recibió los embates visitantes con gallardía y por su parte trató de recordarle al forastero que aún tenía pólvora con la que hacer daño. Lo hizo Pombo, con un disparo lejano, y sobre todo lo logró el volcánico Verdasca, que provocó un segundo penalty un tanto discutible pero que el árbitro pitó para alborozo de los fans zaragocistas. Y de nuevo Borja se quedó el balón para certificar un hat trick que le aupó un poco más a los altares del zaragocismo moderno.

   De ahí hasta el final, el Valldolid se jugó el todo por el todo mientras la afición se rompía el alma animando a los chicos, sabedores de que ayer nos jugábamos algo más que la vida: entrar en la Historia. A ello contribuyó Natxo con sus cambios, tirando de calidad con febas y Buff, huyendo de la cueva y forzando al Valladolid a un ataque desbocado que controló muy bien el Zaragoza y desbarató magistralmente Cristian con sus genuinas paradas.

   Hasta el final, suspense. El equipo de Sergio logró un segundo gol, propio del empuje y la necesidad, pero no fue suficiente para doblegar a un equipo, el dueño del león, que abrazó el play off con orgullo, embadurnado en el valor y el orgullo de una idea que nos ha llevado hasta las orillas de la gloria. Y así lo reconoció la afición. Enamorada, entregada, dispuesta al combate y cómplice de sus jugadores, a  los que va a llevar en volandas hasta el final del camino. Todavía largo, tortuoso, pero quién sabe si al final de este viaje quedarán nuestras banderas tendidas al sol.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Cristian: 4. Realizó varias paradas decisivas. Una vez más.

Delmás: 4. Rápido, correoso y valiente, lo dio todo.

Mikel: 4. De nuevo dio una lección de experiencia.

Verdasca: 4. Está sensacional. Su pundonor y compromiso conmueven.

Lasure: 4. Lo dio todo y en ataque aporta profundidad.

Eguaras: 4. Hasta su expulsión fue el timón del equipo.

Zapater: 4. Estuvo en todas partes y se vació en el campo.

Ros: 4. Se acopló muy bien a la idea y se entregó totalmente.

Papu: 3. No enconbtró carriles de progresión y en ocasiones se atascó. Luchador.

Pombo: 5. Genial. Dio un primer gol de crack y desconcertó a la defensa.

Borja: 5. Grandioso. Tres goles y perfecto en desmarques, controles y compromiso.

Febas: 3. Aportó suavidad y desequilibrio.

Buff: 3. Se integró bien en la idea. Le dio pausa al equipo.

Perone: 3. Reforzó la defensa en un momento crítico.

Magia es probar a soñar (Real Zaragoza, 4 – Albacete, 1)


 Sabían los más viejos del lugar que el partido de ayer era una llave mágica que podía abrir la puerta a la esperanza. Era uno de esos partidos agazapados tras la indolencia que tanto daño hacen a los equipos mediocres. Por tal motivo había inquietud en la afición, que había sufrido una severa decepción el lunes pasado en el Carranza. Sin embargo, el zaragocismo demostró que sabe de fútbol y que conoce muy bien los mecanismos de un campeonato endiablado que te da mucho y te quita todo. Como sabe tanto, recibió a los suyos como en las grandes ocasiones. Y metió el primer gol antes del pitido inicial: primero en la calle con un recibimiento multitudinario y después con el himno a capella a la salida de los chicos al césped. Lució bella la Basílica un domingo más.

Papu

  Natxo volvió a su libreto de cabecera. Decidió regresar a la alineación tipo, la que todos queremos y en la que todos confiamos. Incluyó al centro del campo más aragonés y recuperó a Pombo para la causa. Por último, rescató al Papu de la caverna para plantarle cara al rocoso Albacete, al equipo que me lleva a mi infancia y revuelve mi sangre manchega. Y afortunadamente sus decisiones dieron un extraordinario fruto.

  Se había hablado mucho de la necesidad de recuperar sensaciones y de abrir la lata del Alba lo antes posible. Se sabía que de ese modo se rompería la idea de Enrique Martín, y eso se logró pronto. Con intensidad, con compromiso y con talento, Borja puso un balón en los pies de Papu, quien no dudó en quebrar a su par y dibujar un zurdazo de rosca que sacó a bailar a la escuadra. Un golazo que abrió aún más los brazos de la Basílica, que se hicieron alas para volar.

  El partido estaba muy bien enfocado y el Real Zaragoza siguió con el guión previsto. Intensidad, combinaciones fértiles, calidad en las divisiones y vocación de triunfo. Pero el fútbol es como un adolescente incierto y en una jugada inocua, de la que nada se espera, nació una ocasión de gol que no desaprovechó Zozulio. Tras hacerle falta a Verdasca, se escapó solo con el balón, quebró a Mikel y batió a Cristian. Fácil y doloroso.

  El empate silenció a la jubilosa hinchada zaragocista durante unos minutos, pero en seguida volvió a conectar con los suyos. Y de nuevo el fútbol se hizo señor de la tarde. Lasure recogió el guante de Delmás y tiralineó un pase marca Laudrup que llegó a  Pombo. El zaragozano vio a su amigo Papu y le regaló un balón que sirvió para firmar el segundo gol. Solo habían pasado seis minutos desde el injusto gol del Albacete y las cosas volvían a su sitio.

  El equipo de Enrique Martín adelantó líneas y tuvo sus opciones, pero no logró batir a Cristian, bien protegido por sus defensas. Y como en estas lides lo importante es tener fe y conversar con el empeño para lograr tus propósitos, una afortunada jugada entre Pombo y Papu dio con el balón en los pies de Zapater, que aprovechó para meter un gol en casa nueve años después. No es extraño, por eso, que el capitán celebrase el gol como lo hizo. Todo su zaragocismo impregnó la grada a través de la expresión de su cara y no era para menos. Después, Cristian también reclamó su parte de protagonismo con una muy buena parada a chut de Morillas.

  La segunda parte empezó con registros parecidos. Ambos equipos porfiaron en busca del gol y bien pudo darse el cuarto blanquillo si el disparo de Zapater no lo hubiera despejado vistosamente Nadal. Después, el partido entró en un túnel irregular en el que el Alba asedió al Zaragoza. Y ahí surgió de nuevo con un par de paradas el Cristian de las grandes ocasiones. Evitó el segundo de los manchegos y esas acciones abrieron la ruta hacia el 4-1. Sería una buena jugada de un inmenso Pombo que lo peleó todo y le ofreció a su Papu del alma un precioso balón para que firmase su primer hat trick en España.

  Con un resultado de tal calibre Natxo movió inteligentemente al banquillo. Invitó al zaragocismo a ovacionar a Papu sustituyéndole por Buff. Y también protegió a Eguaras cambiándolo por Ros, en una decisión claramente de futuro. Había que dosificar los esfuerzos y esperar a que llegase el fin del partido, lo que ocurrió en medio de la alegría generalizada después de unos veinte minutos finales con algunas ocasiones de gol que ninguno de los dos fueron capaces de convertir. Ni siquiera la más clara de ellas, una escapada de Borja que no finalizó porque prefirió que Pombo se llevase la gloria. El balón tropezó con un contrario y el quinto no llegó.

  La Romareda respiró feliz y esperanzada. Queda aún un camino largo y tal vez tortuoso, pero el espíritu del león ayer volvió a mostrar que hay un latido poderoso que anuncia un futuro posible. Frente al Valladolid habrá que sellar el salvoconducto a la batalla.

CALIFICACIONES

Cristian: 4. De nuevo decisivo con sus intervenciones.

Benito: 3. Vigoroso y generoso en el esfuerzo.

Mikel: 3. Serio y gobernante en la cobertura.

Verdasca: 3. Esforzado y decidido en todos los lances.

Lasure: 4. Muy eficaz en defensa y con gran talento ofensivo.

Eguaras: 3. Volvió a ser un poco más él.

Zapater: 4. Muy grande en todas las funciones, tanto defensivas como ofensivas. Goleó.

Guti: 4. Muy trabajador y útil en todas las tareas encomendadas.

Papu: 5. Grandioso partido. Además del hat trick, se mostró como un media punta de lujo.

Pombo: 5. Un lujo de partido. Si está, es imprescindible.

Borja: 4. A pesar de no golear, jugó uno de sus mejores partidos. Pudo con todos.

Buff: 3. Aseado y elegante, aportó lucidez.

Ros: 3. Trabajador, luchador y participativo.

Perone: S. C.

A este lado de la desilusión (Cádiz, 2 – Real Zaragoza, 0)


 

El Real Zaragoza regaló ayer a su afición un disgusto que esta no se merece. Una derrota famélica consecuencia de un partido mal planteado y peor ejecutado. Frente a un rival sin vergüenza, al que no le importa mostrar sus arteras armas, no siempre muy decorosas, no se ajustó a lo que el choque demandaba. Un partido en el Carranza ante este Cádiz requiere de otros argumentos y de una narración más fornida y áspera que la que ayer expuso el equipo aragonés. Y, claro, así es fácil que te arranquen la ilusión a tiras.

Eguaras_02

   Natxo planteó una alineación de seda, con Febas en el vértice del rombo y Toquero acompañando a Borja. Con esa idea comenzó el match y no pintó mal durante los primeros cinco minutos. Un par de osados acercamientos rojillos avivaron la llama de la esperanza, sobre todo el segundo de ellos, tras un gran pase de Delmás que el jugador vasco remató flojito. Pero todo acabó ahí. El Cádiz, en una jugada acerada y fértil, puso un baló de oro en las botas de Barral, que remató magníficamente batiendo a Cristian. Era el minuto 7.

   El gol fue como un The End anticipado. Muy pocas señales de vida en el Zaragoza, que comenzó una fase larga y tediosa en busca de alguna fisura en el entramado defensivo local. La intención era muy buena pero Eguaras jugó toda la primera parte asfixiado por la presión de Perea y no encontró el soplo de la más ligera brisa en ningún lugar del campo gaditano. A su lado, Zapater descorría cerrojos pero no abría ninguna puerta y Ros se perdió en la zona ancha sin responder a ninguna pregunta.

   Los dos delanteros zaragocistas andaban desconectados de los suyos y ni un solo balón nítido llegó a sus pies. Bueno, sí: uno le cayó a Borja, que llegó a rematar con fiereza para ver cómo el palo repelía su chut, pero el linier había levantado el banderín para marcar un justo fuera de juego.

   El temprano gol andaluz y su exigente trama defensiva fueron dos argumentos demoledores ante los que el Zaragoza no pudo presentar ni una sola idea productiva. Antes bien, el paisaje nos recordaba mucho al primer tiempo ante Osasuna, cuando Natxo decidió sustituir a Febas por un Buff que, al final, sería determinante. Pero no era el mismo caso. El mister sostuvo su equipo hasta el descanso sin el menor asomo de modificación y así nos fuimos a la caseta, con un palmo de narices por el marcador en contra y la sospecha de que la noche no era propicia.

   El inicio de la segunda parte no mostró ningún cambio significativo. El Cádiz siguió escribiendo el mismo texto en su libreto y las páginas del Zaragoza mostraban los mismos borrones. Natxo movió al banquillo y sustituyó a un desactivado Febas y a Ros, que había vuelto a ser un jugador más nutritivo, incluso con un buen disparo desde fuera del área. Guti y Buff fueron los sustitutos.

   No obstante todo acabó con una acción de Delmás sobre Álvaro. Cometió una falta que el árbitro interpretó como merecedora de tarjeta amarilla. Como era la segunda, se convirtió en roja. De nada sirvieron las protestas y la situación fue muy bien aprovechada por el Cádiz, que en una rápida galopada de Álvaro superó a Zapater y batió a Cristian. Fue el final. El Zaragoza quedó noqueado y nada pudo hacer para afrontar el último tramo del partido completamente abatido anímicamente y disminuido futbolísticamente.

   Pombo saltó al campo en el minuto 80 pero el Cádiz se maneja magistralmente en aguas turbias y turbulentas. Atascó el partido, atrancó las puertas del fútbol entendido como deporte y nos enseñó cómo gobernar el juego cuando todo lo tiene a favor y cuenta con la anuencia del árbitro.

 Hasta el final no ocurrió nada, ni bueno ni malo. Si acaso, en el equipo aragonés se instaló la atonía, acompañada del deseo de que aquello acabase lo antes posible para empezar a olvidar. Ahora ya solo queda sacudirse la decepción, apartar de sus mentes la frustración y limpiar el ánimo para recibir a un rocoso Albacete que el domingo visita la Basílica. Ese partido, y solo ese, es el importante. Lo que haya pasado hasta ahora y lo que ocurra después es absolutamente irrelevante. Porque la vida se escribe con la uve de victoria.

Foto: La Liga 1-2-3

CALIFICACIONES

Cristian: 2. Nada pudo hacer en los goles. No tuvo más ocupación.

Delmás: 2. Mucho trabajo y no siempre bien resuelto. Pecó de inexperto.

Mikel: 2. Algo irregular, cumplió con discreción.

Verdasca: 1. Lento y alejado del corte y la presión.

Lasure: 2. Correcto en defensa, estuvo menos activo en ataque.

Eguaras: 1. Desactivado, no encontró vías de juego.

Zapater: 1. Fuera de lugar, la velocidad contraria le superó.

Ros: 2. Fue de menos a más. La segunda parte se ubicó.

Febas: 0. Muy mal partido. Le pasó por encima.

Toquero:  2. Luchó pero no encontró su lugar en el campo.

Borja: 2. No fue su partido. Trabajador pero sin fortuna.

Guti: 1 No aportó juego ni potencia. Le tocó jugar en inferioridad.

Buff: 1. Irrelevante. No se notó su presencia.

Pombo: S.C.

Aprendiendo a soñar (Real Zaragoza, 2 – Sporting, 1)


El corazón de la vieja Basílica, la bella Dama Blanca, latió ayer al calor de una hinchada indesmayable que acompañó a sus chicos en una tarde que promete convertirse en legendaria. El estruendo del zaragocismo atronó en el cielo zaragozano amparando el titánico esfuerzo de unos jugadores que ayer entregaron su alma a la Historia. Y todo ello ante un equipo, el Sporting, que llevaba doce partidos invicto, y una afición,  la Mareona, digna de grandes clubes como el asturiano. Más mérito. Más gloria. Más honor.

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El choque ante los asturianos traía aroma a momento para recordar. El equipo zaragocista fue recibido por los suyos con las banderas del alma al viento y como ocurrió ante la SD Huesca, en cierto modo el primer gol se metió en ese instante. Con el sol en lo alto del cielo, los de Natxo se aprestaron a jugar un partido en el que habría que ser muy precisos, luchar hasta la extenuación y estar muy atentos a los tiempos del partido. Y no se pudo empezar mejor.

Natxo hizo un cambio significativo de inicio. Puso al joven Delmás para controlar al peligrosísimo Joni, seguramente confiando en su rapidez y voluptuosidad defensiva. No sabemos si también para que jugara en ataque con la listeza que está demostrando siempre que se le da la oportunidad. Lo bien cierto es que desde el primer momento el Real Zaragoza jugó con mucha intensidad y desafió al Sporting a un enfrentamiento serio y concienzudo. Y así fue como llegó el primer gol.

Fue muy pronto. Apenas en el minuto 10 Delmás entregó el balón a Eguaras. Este abrió a la banda donde recibió Toquero, quien centró un balón roto que le llegó a Borja para que rematase y lograse su primer gol de cabeza. El éxtasis rasgó la tarde primaveral y la afición demostró su euforia con una explosión de júbilo. El partido se ponía de cara y el Sporting, obligado a ganar después de la victoria del Huesca, abrió sus líneas. El Zaragoza se defendió con orden y probó el pulso del centro del campo gijonés. Y lo hizo con mucho acierto, pues su posicionamiento y los movimientos de balón de Eguaras con las rupturas de Ros y Zapater hacían vacilar la retaguardia visitante.

En uno de esos movimientos de apertura, Delmás le regaló un gran balón a Borja, en un pase largo y medido que fragmentó la línea defensiva del Sporting. El Panda, haciendo gala de una gran templanza, acarició la red con un gol de oro puro. Nueva y descomunal reacción de la grada, que celebró el tanto con una alegría propia de las grandes gestas.

El equipo de Baraja acusó este segundo golpe, pero eso no le impidió poner a prueba al, seguramente, mejor portero del categoría. Bergantiños de cabeza y una falta de Carmona fueron las dos situaciones que Cristian solventó con sendas extraordinarias paradas. Otra vez el rosarino dándole puntos al Zaragoza, detalle trascendental para alentar a sus compañeros a emprender aventuras de todo tipo, como la cabalgada de Lasure que finalizó con chut arriesgado que, de ser gol, habría puesto a la Romareda vigas arriba.

Tras el descanso todos esperábamos una salida impetuosa del Sporting. No le quedaba otra. Perdía el partido y si quería seguir en la pelea, tenía que ganar. Y así fue que el esfuerzo físico del Zaragoza de la primera parte no le dio para sostener mucho tiempo el acoso de los astures. Sería en el minuto 52 cuando un chut de Rubén García batía a Cristian. Muy pronto. Demasiado pronto. Había que hacer algo pues el partido era claramente visitante y el centro del campo era incapaz de contrarrestar su furibundo ataque. Natxo apostó a lo grande y metió en el campo sangre joven y fresca. Febas primero y Guti y Pombo después oxigenaron al equipo. A pesar de que el Sporting seguía a lo supo y ponía a prueba a Cristian en varias ocasiones que resolvió con agilidad y oficio, el partido se fue ensanchando. Ni los veinte corners que botó el Gijón pudieron romper la fornida muralla zaragocista, cuyos jugadores poco a poco fueron acercándose al área sportinguista y creando ocasiones de peligro.

La entrada de Febas le dio más posesión al equipo y la potencia de Guti y el talento de Pombo abrieron canales de posibilidades. El más claro un chut de Pombo que casi dobla el larguero astur, lo que habría sido un tercer gol salvador y definitivo. Como el partido podía quebrarse en cualquier acción, y muy consciente de que ayer era una tarde para la gesta, la entregada hinchada aragonesa, que no había dejado de animar y apoyar en ningún momento, redobló sus esfuerzos y sostuvo con sus cánticos al equipo hasta el pitido final.

Fue sin duda un partido para el recuerdo. Un choque que guardaremos en nuestros corazones durante mucho tiempo, sobre todo si este relato acaba “fantásticamente”. Si es así, es seguro que la victoria ante el Sporting será uno de los hitos que narraremos a nuestros jóvenes cuando pase el tiempo. De tal calibre fue lo que ayer se vivió en la vaporosa tarde zaragozana. De tal altura el esfuerzo de nuestros guerreros.

Foto: Liga 1-2-3

CALIFICACIONES

Cristian: 5. Llega ya el momento de situar a Cristian en el altar de los elegidos.
Delmás: 5. Lo dijo Natxo y lo firma toda la afición. Enorme partido.
Mikel: 4. Gobernó, gestionó y solucionó.
Verdasca: 4. Está creciendo a pasos agigantados. Gran actuación.
Lasure: 4. Contribuyó con fe, esfuerzo y talento a la defensa del botín.
Eguaras: 4. De nuevo fue el comandante del equipo. Mandó y templó.
Zapater: 4. Grandioso despliegue físico e inteligente aportación táctica.
Ros: 3. Aportó su esfuerzo y regaló compromiso generosamente.
Papu: 4. Cada día entiende mejor lo que se le pide. Inquieta y descoloca a los defensas.
Toquero: 4. Su experiencia, su entrega y sabiduría fueron claves.
Borja: 5. Definitivamente, su trabajo es clave.
Febas: 3. Aportó concisión en el control y el equipo ganó en manejo.
Guti: 3. Su potencia y sacrificio contribuyeron de forma relevante.
Pombo: 4. Serenó el juego y creó peligro. Un gran chut suyo mereció ser gol.