Se nos muere la Verdad (Llagostera, 6 – Real Zaragoza, 2).


_Deportes20540197_d1275057El zaragocismo vivió ayer la jornada más humillante y dolorosa de su historia reciente y una de las más vergonzantes de sus 84 años de vida. Quienes ayer representaron el escudo del león no son dignos ni de esta afición, ni de esta institución ni de esta ciudad y pasará mucho tiempo antes de que podamos recuperarnos de la catastrófica derrota que ayer nos infringió el Llagostera.

He visto jugar en la Romareda a Juan Manuel Villa y a Santos, así que tengo un cierto recorrido zaragocista. Por eso puedo decir que muy pocas veces, en 45 años, había visto un equipo y un entrenador tan famélicos, ineptos y pusilánimes representando al equipo de mi vida. Los he visto sinvergüenzas, soberbios, vendidos, viejos, pero no tan incapaces como los que ayer recibieron la mayor goleada en segunda división desde hace más de cincuenta años. ¡Y a manos de un equipo recién descendido a 2ª B!

Si este cronista estuviera a la altura de lo que los jugadores y cuerpo técnico nos dieron ayer, ahora mismo finiquitaría esta crónica. No me siento en absoluto obligado a escribir ni media línea sobre fútbol, pues la catástrofe balompédica es de tal magnitud que hasta las palabras han huido de un escenario en el que no queda sino tierra quemada y varios cientos de miles de cadáveres.

Solo un dato: corría el segundo 56, es decir menos de un minuto, y el Llagostera ya había incurrido en dos fueras de juego. ¡En 56 segundos! Revísese el partido y comprobaremos que el oprobio a que nos sometieron ayer los 14 jugadores zaragocistas y su entrenador fue fruto de un planteamiento desastroso y una ejecución lamentable, indigna de un equipo de la historia, prestigio y trascendencia social del Real Zaragoza.

Un jugador, David Querol, podrá alardear toda su vida de haber siso con su cuatro goles el enterrador de una institución que afronta un futuro incierto y, en todo caso, doloroso. Con nada, con una sencilla carrerita a las espaldas de dos centrales, Gutián y Cabrera, que ayer firmaron el peor partido de sus vidas, y un poco de picardía a un saque de banda, le endosó los dos primeros goles a un Manu Herrera desastroso. En menos de 30 minutos el Zaragoza ya estaba herido de muerte. Y su entrenador, atónito, sin respuesta.

Un par de veces se acercó a la meta de René, pero ni Lanza ni Pedro, dos top de la categoría, supieron finalizar sendas jugadas de ataque. Facilitas, ¿eh?, no se vaya a creer el lector, pero debe ser que lo de rematar entre los tres palos es una tarea reservada a jugadores de 2º B. Luego llegó el descanso, y Carreras sacó a Jaime y Ángel, a los que les pidió que arreglasen el entuerto. No supieron. Por el contrario, en quince minutos Imaz y de nuevo Querol le rompieron el alma a un Zaragoza que se la había dejado en casa.

El equipo estaba muerto y ya nada podía evitar la hecatombe. Solo un gol de la Ponferradina abría un resquicio, pero las noticias no eran buenas. En esas, sin fútbol, sin sangre, sin fuerzas, sin sentido, Isaac sufrió un penalty que convirtió Jaime y al poco Ángel logró el 4-2. Una mínima luz se encendió e incluso llegamos a pensar en una remontada que nos permitiese, por lo menos, empatar. Pero fue un espejismo. Un Querol en estado de gracia tardó solo tres minutos en abofetearnos otra vez y devolvernos a nuestra miserable realidad. Poco después, Jordi López nos descerrajaba un sexto gol para vergüenza de unos jugadores y un técnico a los que siempre les agradeceremos habernos enterrado en medio de la podredumbre, de la cobardía y de la indignidad. Seis goles, seis, de la ganadería de la Mentira toreados en la plaza de la Inmisericordia.

Para acabar, la rueda de prensa de Carreras. Reconocer que no ha sabido, que no ha podido no es ni bueno ni malo. Desde luego pasará a la memoria del Real Zaragoza como el entrenador que consiguió desactivar a un grupo que se creó para mayores cotas que acabar ensuciando una historia y una memoria. En ese sentido lo ha hecho muy bien. Y él se irá, como tantos otros que ayer vistieron la gloriosa camiseta blanca por última vez. Ya estamos acostumbrados. Que la vida les regale senderos de gloria. Los mismo que ellos nos han robado a los zaragocistas que, ingenuamente, les creímos capaces de llevarnos de nuevo de regreso a casa. Nuestro dolor nos lo guardamos para compartirlo con nuestra gente.

Ellos buscarán otro lugar en el mundo y dentro de un tiempo reconocerán en una entrevista de esas que se hacen con el paso del tiempo que fue su peor día como profesionales y todo eso, pero solo les pedimos una cosa: que no escriban ninguna carta de despedida ni de arrepentimiento en la web del club, ningún tweet, ningún instagram. Por favor, que nos dejen en paz. Que nos permitan lamernos las heridas en casa. Ya han hecho bastante. Ya lo han hecho todo.

Foto: Heraldo de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 0.

Isaac: 0.

Gutián: 0.

Cabrera: 0.

Rico: 0.

Morán: 0

Ros: 0

Diamanka. 0

Lanzarote: 0

Pedro: 0

Dongou: 0

Jaime: 0

Ángel: 0

Sergio Gil: 0

 

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Cicatrices que enseñan (Real Zaragoza, 1 – Oviedo, 0)


   Tres crónicas en un semana, tres balazos al corazón del zaragocismo que se sostiene a duras penas en medio de un maremoto de emociones que tardaremos en olvidar. La herrumbrosa derrota ante el Nàstic y el oxidado empate ante el Huesca nos dejó mal heridos  y por eso el partido de ayer ante el Oviedo provocó en la afición una sensación de temor ante la posibilidad de que se consumase la tragedia. Hoy respiramos hondo pero solo con el tiempo sabremos valorar la gran importancia de la victoria de ayer. El agónico gol de Gutián, si dentro de 19 días estamos en disposición de celebrar la vida, pasará a la historia del Real Zaragoza, pues de no haberse producido ahora mismo estaríamos sumidos en un profundo abismo.

   El encuentro fue un monumento al desorden. En el minuto 1 el Oviedo quiso y casi pudo. Dos aproximaciones vertiginosas produjeron un ácido temblor en las piernas de los jugadores zaragocistas y que la grada recibiese muy malas vibraciones. Ser un equipo está caro, muy caro, y el Zaragoza ahora mismo no tiene cuartos para pagar semejante lujo, algo que significaría sin duda que los partidos pudiesen ser mejor gobernados y, como dijo el míster en la rueda de prensa, terminarlos con cierta tranquilidad. No era el caso y de eso se hizo cargo el equipo de Generelo en el primer tramo del choque.

   A partir del minuto 15 el juego se equilibró a pesar de que Morán no consiguiese coser ninguna jugada con criterio y Dorca nos recordase que tiene sombras en su juego que no le hacen bien al equipo. La banda izquierda no mezclaba bien, pues Rico se apuntó a su peor versión, la que nos recuerda al lateral fallón y descolocado de hace un par de años, e Hionestroza se empeñó en jugar como nunca lo debe hacer un extremo, es decir, de espaldas al área contraria y buscando cabriolas imposibles, lo que provocó un estupendo atasco en ataque.

   Tuvo que ser que Lanzarote el que ocupase esa banda para lanzar un centro medido que cabeceó Ángel en primera instancia y remató finalmente Guitián para lograr el único gol del partido. Un gol, con suspense, pues el árbitro tardó unos segundos en darlo al no tener claro si había traspasado la línea de meta. Pero gol.

   El partido cambiaba de cara y el equipo de Carreras decidió que tenía argumentos para manejar los tiempos y buscar una segunda ocasión para cerrar la tarde. No pudo ser y volvió a caer en esa especie de indolencia a la que se ha abonado últimamente, con toda seguridad a causa de una terrible presión a la que los jugadores y el cuerpo técnico no están sabiendo encontrarle un justo lugar en sus mentes. Las imprecisiones, el nerviosismo, el miedo al fracaso son muy malos compañeros y los muchachos ayer sintieron el dolor de la tenaza de la Historia y el incontestable peso de la responsabilidad. Malas noticias, en cualquier caso.

   El vestuario no alivió el estrangulamiento emocional que vive el equipo. En seguida se vio que el equipo estaba paralizado. Se echó en los brazos de la vulgaridad y de las guerras individuales. Morán seguía sin encontrar la luz y con el centro del campo deshilachado al Oviedo solo le faltó escuchar la voz de su míster para avanzar todas sus líneas en busca del gol del empate. Carreras reaccionó dándole entrada a Pedro en lugar de Hinestroza, pero el problema no era ese. El problema era que el Zaragoza no era equipo, no vivía como equipo, no sentía como equipo. Ni siquiera sufría como equipo. Les podía la ansiedad al mismo tiempo que el terror al fracaso les impedía elegir bien y tomar decisiones adecuadas.

   Aun así, el equipo aragonés dispuso de varias ocasiones de gol. No concretó ninguna, pero la afición, incansable y comprometida con la causa hasta la extenuación, entendió que los chicos necesitaban su aliento antes de que se cayeran del todo. Había que tomar alguna medida que aliviase el acoso al que el Oviedo estaba sometiendo al Zaragoza y la grada suspiraba por la entrada de Javi Ros, un jugador que podría sostener al equipo y equilibrar los embates asturianos. Parecía la sustitución lógica, pero no. El cuerpo técnico le pidió a Rubén que saliese al campo en lugar de Lanza, proponiendo una defensa de cinco con tres centrales capaces de repeler todos los balones aéreos que sobrevolaban la meta de un magnífico Herrera.

   La grada no lo entendió. O no lo compartió. La pitada fue monumental en un momento crítico. Con el equipo de Generelo en busca del gol sin ningún tipo de pudor, al Zaragoza solo le quedaba guardar bien sus espaldas y tratar de lograr un segundo tanto que nos diese la tranquilidad. Lo primero lo logró a muy duras penas, con dos sustos muy grandes que casi destrozan el corazón blanco y azul de la Basílica, y lo segundo no pudo ser porque ni Rico ni Ángel encontraron el hueco por el que introducir el balón en la puerta del Oviedo.

   Al final, tras un partido vacío de contenido y de fútbol, se logró una victoria de grandísima trascendencia que permite al equipo zaragozano mantenerse vivo y sostener con esperanza la antorcha de la promoción, algo que debe cerrarse definitivamente el próximo sábado en Palmós frente a la Llagostera. Un partido crucial que no debe llamar a la relajación ni a la confianza, pues solo la victoria debe ser el resultado final para entrar en el territorio por el que discurre el camino que nos debe devolver a casa. A Primera.

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Experiencia, madurez y valentía.

Isaac: 3. Muy rápido en ataque y muy luchador, a veces le pudieron sus ganas de atacar y descudió la defensa.

Gutián: 2. No estuvo fino en el corte y algo torpe en la salida. Goleó.

Cabrera: 2. Su fuerte, que es el juego áereo frontal, ayer no le acompañó. Espeso con el balón en los pies.

Rico: 2. Su espalda sufrió y no encontró buenas salidas con el balón.

Moreán: 1. Perdió balones y no encontró la línea de pase ofensivo.

Dorca: 2. Lento e inexpresivo.

Lanza: 3. Sigue siendo el mejor, si bien ayer no desbordó con claridad.

Hinestroza: 1. Desordenado en la conducción y oscuro en el desborde.

Dimanka: 3. Cubrió campo, luchó y aportó cosas en ataque.

Ángel: 3. Lo lucha todo y ayer llegó con más claridad a la portería contraria. Tuvo tres ocasiones muy buenas que no concretó.

Pedro: 2. Más entonado, participó con criterio en algunas acciones.

Dongou: 2. Hizo bien su trabajo, molestando a la zaga visitante y anunciando cierto peligro.

Rubén: 2. Es un buen profesional, que cumplió con su cometido.

Pobreza y pavor (SD Huesca, 1 – Real Zaragoza, 1)


 

_PartidoSDHuescaRea20454368_e25c2f75Nadie sabe cómo recordará el zaragocismo este tridente de famélicos partidos que el Real Zaragoza ha disputado en Soria, en Zaragoza y Huesca en tan solo diez días, pero lo que es seguro es que en nuestra memoria negaremos haberlos vivido. Por dolorosos, por miserables. Por injustos. No hay en la historia reciente del fútbol español una afición más castigada, más apaleada, más humillada que la del escudo del león y lo peor es que lo ha sido por directivos, por técnicos, por jugadores y por medios. No la hay. Y ayer se escribió el último capítulo de un relato que apunta a corrosión y a final infeliz.

   El partido de ayer era muy importante para ambos equipos. El Huesca podía cerrar su salvación y el Zaragoza tenía la oportunidad de acercarse de nuevo a la vida. Se prestaba al sacrificio, a la fiera lucha deportiva, al compromiso infinito. A todo ello se aplicó el equipo altoaragonés, con tan buen resultado que un choque que se le puso muy cuesta arriba con el gol de Dongou y, sobre todo, con la expulsión de Machís acabó convertido en un monumento a la raza y la rasmia. Sin embargo, el equipo de Carreras cumplió un vergonzoso ejercicio de indolencia. Y de insolencia.

   Indolencia porque la segunda parte del Zaragoza, ante un rival disminuido pero cumplidor y trabajador, fue sencillamente desastrosa. Después de haber cumplido unos aceptables primeros cuarenta y cinco donde estuvo bien plantado en el campo y supo aprovechar la ocasión que Pedro le regaló a Dongou, tras el descanso todo se derrumbó. Si hubiera seguido el guión con que comenzó el partido, con una buena línea de medio campo a cargo de Morán y Dorca y varias acciones correctas de Pedro y Lanzarote, otro habría sido el libreto, pero después de quince minutos aseados apareció Fran Mérida, que quiso enseñarnos cómo se gobierna un partido y cómo se reparte juego y se habilita a los compañeros.

   Quien mejor le acompañó fue Machís, que decidió complicarle la tarde a Isaac con sus incursiones y su velocidad. También el propio Mérida puso a prueba a Manu Herrera en el lanzamiento de una falta que detuvo el madrileño con agilidad. No obstante, cosas del fútbol, cuando más equilibrado estaba el encuentro llegó un rápido contraataque que Pedro culminó muy bien con un buen pase a Dongou para que este convirtiese el gol blanquillo. Era un premio que alegraba a la afición del valle y abría las puertas a la ilusión. Además, el Huesca no reaccionó con claridad al golpe recibido e, incluso, vio cómo Machís se ganaba una segunda amarilla en el minuto 44 por una dura entrada a Lanza.

   Era un buen momento para irse a la caseta a descansar y preparar con holgura y calma una segunda parte que se anunciaba favorable para los intereses zaragocistas. Y ahí llegó el revés del destino. El Huesca saltó al terreno de juego dispuesto a beberse el alma de los visitantes y lo hizo a base de furia, esfuerzo, trabajo y pundonor. Y porque tienen un plan que se lo han aprendido a las mil maravillas y saben ejecutarlo con presteza y aplicación. El día, en fin, frente a la noche en la que se instaló el Real Zaragoza. 

   Anquela decidió retirar a un apagado Camacho y darle entrada a Samu, quien, a la postre, se convertiría en el héroe de la tarde. Su agitación, osadía y voluntad férrea fueron suficientes para desarmar a un Real Zaragoza que vio cómo, con una jugada del madrileño, se le esfumaban todos los sueños que pudieran haberse traído a la Hoya. Carreras trató de reaccionar al gol oscense y dio entrada a Jaime, el añorado extremo que firmó un partido eléctrico y, cuando menos, significativo. Sus carreras, sus desbordes y sus regates dieron a entender que está recuperado para la causa y que puede aportar ese toque de distinción y carácter del que ahora mismo carece el Zaragoza. Así y todo, su aportación fue insuficiente para doblegar a un Huesca que supo muy bien nadar y guardar la ropa e, incluso, asustar en un par de ocasiones al Zaragoza con sus contragolpes y sus galopadas.

   Así murió el partido, en medio del regocijo del Alcoraz y la indefensión de la afición blanquilla que contemplaba, atónita e indignada, cómo sus jugadores deambulaban por el césped y no oponían ni medio gramo de intensidad a un Huesca que se les comió el ternasco, lo adornaron con una estupenda Trenza de Almudévar y lo regaron con un magnífico Somontano. Todo ello para propiciarle una digestión extremadamente pesada de la que no sabemos cómo se repondrá. Desde luego con algo más de autocrítica de la que hizo gala ayer por la noche Carreras en su rueda de prensa. Y con alguna solución futbolística que le permita afrontar la visita de un deshuesado Oviedo al que hay que derrotar para seguir teniendo la oportunidad de recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Estuvo magnífico en un par de intervenciones.

Isaac: 3. Lo luchó todo y tuvo que hacer frente a un peligroso Machís.

Guitián: 3. Como siempre, cumplidor y trabajador.

Cabrera. 2. Algo descoordinado con el resto de la defensa y blando en el corte.

Abraham. 1. Falto de ritmo y poco constructivo.

Morán: 2. Fue de más a menos. Acabó superado.

Dorca: 2. Como el resto, se desorientó en la segunda parte. No leyó bien la situación.

Diamanka: 1. Desaprovechó su oportunidad. Tácticamente débil y poco participativo.

Lanzarote: 3. Buenos movimientos, acciones talentosas pero no fue definitivo.

Dongou: 3. Goleó y eso siempre es positivo. No culminó otra buena ocasión.

Pedro: 1. Buen pase de gol, pero poco más.

Jaime: 4. Sin duda, la mejor noticia de la noche. Rápido, técnicamente creíble y osado.

Ángel: 1. Caracoleó pero no remató.

Tarsi: S.C.

Como esos viejos árboles (Real Zaragoza, 0 – Nàstic, 1)


   598515_gManolo Reina y su cohorte de alborotadores hablan de “gestión emocional” del penalty que Lanza ha errado. Hacía mucho tiempo que no leía semejante indignidad y solo espero, por el bien del deporte y de quienes lo amamos, que el futuro haga justicia y acabe esta negrura que nos envuelve. El partido que hoy ha disputado el Real Zaragoza es un capítulo más en esta historia de ignominias y desprecios continuados que el equipo aragonés viene sufriendo desde hace ya demasiado tiempo. Un golpe despiadado a un escudo, a una afición, a una historia que difícilmente puede soportar más ataques.

   Un árbitro claramente insuficiente e inepto, desbordado por unos acontecimientos que solo pueden calificados de vergonzosos y que demuestran que nuestros dirigentes no cuentan con los mejores actores, ha asestado varios golpes de muerte que se suman a los recibidos en otros partidos. A ello añadamos la actitud cuestionble y de muy dudosa elegancia de un técnico, Morales, que se maneja fenomenalmente en las fangosas aguas de las medias verdades y las afirmaciones maliciosas, como lo ha vuelto a demostrar hoy en la rueda de prensa. Un completo, en fin.

   El atraco sufrido en nuestro propio hogar ha dejado un amargo sabor de boca en una afición que lo ha dado todo por sus colores y como recompensa ha recibido, otra vez más, la hiel de la humillación. Algún día tendrá que acabar este infierno. Algún día sonreiremos porque la vida nos devuelva todo lo que el Mal nos ha quitado.

   El partido ha empezado con un Zaragoza atrevido, vívido y luchador. Se ha quedado con el balón y ha bloqueado las vías de circulación del Nàstic. Han sido quince minutos de brega, tensión y activo deseo. Luego el juego se ha equilibrado y la mañana ha dibujado un choque de poder a poder entre dos equipos que saben lo que quieren y conocen muy bien lo que se juegan. La banda defendida por Isaac ha sido la más castigada, pues por allí circulaban Emana y Naranjo, pero el andaluz, bien compensado por el trabajo de Ros y Gutián, ha impedido las incursiones catalanas.

   El Nàstic es un equipo sólido y compensado y de ello ha hecho gala en este tramo del partido. El propio Emana ha amagado con una peligrosa incursión por su zona de influencia que que ha sido contrarrestada con un magnífico chut de Rico que el portero forastero ha despejado bien. Pasada la media hora la Basílica ha contenido la respiración cuando Isaac ha interceptado un peligroso movimiento de Naranjo con un gesto arriesgado. Y a su vez el Zaragoza, por medio de Gutián y, sobre todo, Ángel ha estado a punto de inaugurar el marcador, este con un cabezazo que ha salido fuera por muy poco.

   La segunda parte ha sido un período mucho más calmado y horizontal. El juego se ha desarrollado en la zona ancha del terreno de juego y la fuerte lluvia caída en esos minutos centrales ha dificultado la circulación sensata del balón. Un par de llegadas por bando y poco más, a la espera de una jugada a balón parado o un contrataque con marchamo de oportunidad. Pero ninguna de las dos circunstancias se ha producido. Por el contrario, a partir del minuto 83 el cielo se ha desplomado sobre el zaragocismo cuando el árbitro ha activado la palanca de la incompetencia. 

   Ha señalado penalty en una jugada que sobre el campo ya se ha visto que no era. Una decisión incalificable que solo tiene por explicación que haya querido compensar la jugada de Isaac de la primera parte. Mal, muy mal el árbitro castellano. La pena máxima, transformada por Naranjo, ha destrozado el alma blanquilla. aun así, el equipo se ha recompuesto y ha buscado con fe y tenacidad el empate. Este ha podido llegar cuando Tejera ha desviado el balón con la mano. El penalty, este sí, existente, ha provocado una situación vergonzosa cuando el portero forastero ha amedrentado verbal y físicamente a Lanza en una acción que le inhabilita como jugador y como persona. Mientras tanto, sus compinches destrozaban el punto de penalty y provocaban una situación de violencia injustificable. Ya digo: gestión emocional, lo llaman en Tarragona.

   Que Lanza haya fallado el penalty ha sido el golpe final. El excelente jugador zaragocista ha lanzado alto el balón y ahí ha muerto la esperanza blanquilla de luchar por el ascenso directo. Ha sido cruel, demoledor. Una mañana dramática en la que ha tenido mucho que ver el siniestro e infausto arbitraje del colegiado. Y así, amable lector, con estas actuaciones administrativas, es prácticamente imposible que el Real Zaragoza pueda decir en voz alta que juega en igualdad de condiciones. Y atención a lo que nos espera el jueves en Huesca, que yo ya me he bajado de la causa de los hermanamientos y el buenrollismo. Así, desde luego, es prácticamente imposible que podamos recorrer el camino de regreso a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Buen partido, con personalidad y autoridad.

Isaac: 4. Grandísimo despliegue físico, táctico y técnico.

Gutián: 4. Poderoso, bien colocado y con limpia salida de balón.

Cabrera: 3. Muy bien alto y activo en el corte.

Rico: 4. Fuerte en la cobertura y atrevido en la banda.

Morán: 3. Le ha costado entrar en juego, pero luego ha gobernado bien el balón.

Ros: 4. Su trabajo le otorga equilibrio y tempo al equipo.

Dorca: 3. Activo, presente y comprometido.

Lanzarote: 4. Le ha dado a la banda dinamismo y peligro. El penalty, una lástima.

Hinestroza: 2. Menos fino que otros partidos. A veces ralentiza el juego con sus florituras.

Ángel: 3. Bullidor y luchador. Casi anota de cabeza.

Diamanka: 2. No ha encontrado su sitio. Su mal balance defensivo ha desequilibrado al grupo.

Dongou: 1. No ha entrado en juego. Muy aislado.

Pedro: S.C.

 Sobreponte y sigue el caminar (CD Numancia, 2 – Real Zaragoza, 2)


   597315_gEscribo esta desconsolada crónica cuando ya se sabe que el ascenso directo está carísimo, por lo que se hace difícil encontrar un gramo de esperanza. Y después de haber vuelto a ver lo ocurrido ayer en Soria y certificar con claridad y rabia que es verdad que un árbitro puede destrozar un partido con sus decisiones.

   Lo vivido en Los Pajaritos ayuda a no creer en la limpieza. Es cierto que al final de la temporada las decisiones arbitrales a favor y en contra puede que se equilibren, pero nada habría sido igual si el choque hubiera sido juzgado con equidad. Un encuentro que el Real Zaragoza afrontó con firmeza y buen criterio y que en seguida hizo suyo. Jugó los primeros minutos bien colocado, activo en todas sus líneas y sabiendo muy bien cuál era su objetivo. Transmitía en cada acción mensajes sólidos que en seguida supo traducir en jugadas de peligro. La defensa soriana no acertaba a controlar las llegadas blanquillas, que encontraban en la banda derecha un sendero favorable, muy bien acompañado por un centro del campo maduro e inteligente.

   Morán y Ros interpretaban muy bien el libreto y Lanzarote, talentoso y lúcido, se encargaba de abrir huecos en la retaguardia local. Sin embargo sería el más inesperado de los atacantes, el central Rubén, quien potagonizaría la jugada del momento al servirle a Ángel un balón de oro en una penetración por la banda que el canario remataría inapelablemente al fondo de la red. Era un gol de justicia, un tanto anunciado desde el minuto 1, pues el Real Zaragoza estaba jugando un partido muy bien planteado y mejor ejecutado.

   Pero las buenas noticias no habían acabado. Apenas dos minutos después Lanzarote volvió a regalarnos una nueva delicatessen, esta vez en forma de chut parabólico a la primera tras un mal rechace de la defensa del Numancia. Un 0-2 que servía para amortiguar ansiedades y permitir crecer en la clasificación. Sin embargo el relato no estaba escrito del todo. En el minuto 29 un desajuste defensivo obligó a Dorca acometer una falta en el borde del área que le cobró una tarjeta amarilla. El castigo lo ejecutó Julio Álvarez y una doble carambola en la barrera condujo el balón al camino del gol. Fue un tanto de fortuna que, no obstante, no hizo cambiar su plan al Zaragoza.

   Ángel seguía dispuesto a cerrar el partido con otro gol para su equipo, pero sus acciones no obtuvieron premio. Fue una lástima, porque una tercera diana habría cerrado el partido. Por contra, lo que sucedió fue que un árbitro mediocre y sin recursos técnicos quiso pasar a la historia por sus malas decisiones, muy alejadas de lo que se puede interpretar como un error. Lo suyo fue un ejercicio de torpeza que perjudicó claramente al equipo aragonés cuando sancionó con falta y tarjeta amarilla una mano de Dorca. Eso significaba que el Real Zaragoza se quedaba con 10 jugadores en el minuto 37.

   La segunda parte comenzó con un Zaragoza acobardado ante el empuje del Numancia. Con buen toque, movilidad y presencia en cada lance, el equipo rojillo acorraló a los de Carreras, que sufrieron mucho en el balance defensivo. La injustificada ausencia de Dorca perjudicó el equilibrio del equipo, pues ni Hinestroza ni Lanzarote están fabricados para un trabajo de desgaste y erosión del rival. Así, no quedaba más recurso que el contragolpe, que tuvo ocasión de ejecutar en varias ocasiones aunque no hubo forma de finalizar ninguno con éxito. Mientras tanto, el Numancia se beneficiaba de una intensidad inusitada mostrada por sus jugadores y de la fortuna, que ayer se alió con el adversario. SI el primer gol recibió el apoyo de un doble rebote, el segundo llegó después de un chut lejano que desvió con el pie un defensa zaragocista.

   No hubo forma de revertir la situación. Ni Lanzarote, ni Dongou, ni Culio ni Diamanka. Ninguno supo aprovechar sus ocasiones, que no habrían evitado la indignación por el arbitraje de López Amaya, pero sí habrían evitado dos cosas: alejarnos del ascenso por la vía directa y esta sensación de indefensión ante un estamento arbitral que demuestra, en ocasiones, que está formado por ineptos que no están a la altura de la competición. Mientras tanto, nos queda la fuerza que una afición grande como el Moncayo que, ayer sí, separa a los dos clubes va a seguir transmitiendo a sus jugadores. Y porque aún está por recorrer el camino de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Realizó paradas de enorme mérito y nada pudo hacer en los goles.

Isaac: 4. Su rapidez, descaro y tesón nos dieron mucho.

Rubén: 4. Muy fuerte y arrojado, dio un excelente pase de gol.

Cabrera: 2. Su trabajo fue no perder la posición y despejar todo lo que llegaba.

Rico: 3. Por su banda llegaron muchos ataques. Trabajó y lo dio todo.

Morán: 3. Muy buen trabajo en la primera parte. Sin Dorca, se apagó.

Dorca: 3. Jugó muy buenos minutos, sobre todo dando equilibrio defensivo.

Ros: 3. Buen partido cuando estaban los tres. Tuvo que trabajar muchísimo.

Lanzarote: 4. Fue el mejor. Volvió a golear y lleva siempre peligro.

Hinestroza: 2.  Partido flojo en prestaciones aunque lo intentó.

Ángel: 2. Goleó, pero no acabó de matar el partido.

Culio: 3. Aportó carácter en el control, pero le faltó aire para llegar.

Dongou: 2. Buenos movimiento, pero pecó de lentitud.

Diamanka: S.C. Tuvo una gran ocasión de gol.  

 

 

De la necesidad, virtud (Real Zaragoza, 2 – Bilbao Athletic, 0)


 

596580_gLuchar contra la frescura de la juventud, sin ataduras, sin compromisos, sin exigencias es duro. Y hacerlo cuando tú estás atado y el compromiso te ahoga, aún más. El Bilbao Athletic jugó un partido atrevido y ese atrevimiento casi estrangula a un Real Zaragoza agarrotado por la exigencia de un destino que está marcado en el cielo. Pudo hacerlo durante casi treinta minutos, los que discurrieron en el tramo final de la primera parte y los primeros veinte minutos de la segunda. Pudo hacerlo, pero no.

   El encuentro de ayer era vital. Como lo será el próximo. Vital y de difícil lectura. Carreras dibujó una propuesta en la que Morán, Rosa y Culio eran el armazón de un equipo que debía sujetar el centro del campo. al mismo tiempo, esa columna propiciaría la lanzadera de Hinestroza y Lanzarote para culminar en la verticalidad y potencia de Dongou. Ese era el plan. Sin embargo, los jóvenes cachorros juguetearon con el león asustado y cuando decidieron quedarse con el balón la Basílica dudó.

   El equipo del Cuco Ziganda sabe manejar el juego. Mueve el esférico con criterio y soltura y eso fue un problema para el Zaragoza. No había solidez en el medio campo y la defensa comenzó a sufrir los tiralíneas bilbaínos. Así llegó el primer susto, con un chut cruzado que repelió el poste derecho de la portería de Manu Herrera. Era un aviso que, afortunadamente, no se tradujo en gol. Sí lo hizo el equipo aragonés. En un ataque que no obedecía a ningún plan Lanzarote capturó un balón suelto y con un sutil toque bordó una trayectoria curva con la que alojó el cuero en la red contraria. Magnífico gol que abría las puertas a la victoria.

   Sin embargo, el tanto encajado pareció activar al equipo vasco. Apretaron aún más, continuaron con sus triangulaciones y acosaron al Zaragoza, que no supo sacudirse el dominio. Ni siquiera el descanso sirvió para romper la dinámica. Antes al contrario, la continuación supuso el comienzo de un calvario para los locales. El Zaragoza dio un paso atrás y las piernas de sus jugadores comenzaron a atascarse. Pareciera que los chicos de San Mamés eran más rápidos, más hábiles y más potentes. Llegaban antes y mejor a los balones divididos y pronto la grada comenzó a impacientarse. Era muy evidente que en el centro del campo aragonés había un hueco que convenía completar, sobre todo por la inexactitud de Culio para llegar a su destino. Quizás porque ni él mismo lo conocía.

Carreras así lo entendió y le pidió a Diamanka que supliera al argentino. Lo que hasta ese momento había sido un monólogo visitante comenzó a convertirse en un choque equilibrado. La inclusión de Pape como medio volante junto a Isaac activó la banda derecha. El centro del campo se activó y por ahí llegó el segundo gol. Cuando más lo necesitaba el equipo, el lateral andaluz protagonizó varias subidas y una de ellas la culminó con una valiente incursión que acabó con un pase a Diamanka que este aprovechó para convertir. Grandísima recompensa que le vino fenomenal al grupo para soltarse y finalizar sin agobios.

   En este paisaje de batalla ganada lució con luz propia Manu Herrera, que estuvo acertado en todas las ocasiones en que actuó, incluso cuando cometió sus ya clásicos errores que provocan que el corazón de la Romareda viva sus pequeños vuelcos. Y con una defensa que muestra sus dudas y sus fortalezas. En medio de todo ello conviene remarcar que este equipo no ha repetido alineación nunca y que resulta muy difícil sostener una propuesta futbolística en medio de una situación de inestabilidad manifiesta.

   Tres puntos, pues. Tres puntos de altísima importancia que permiten seguir manteniendo el durísimo pulso que protagonizan varios equipos y que debemos afrontar con entereza y solvencia durante los próximos cinco partidos. Solo así conseguiremos continuar el camino que nos lleve de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 3. Tuvo buenas intervenciones y algíun despiste mínimo.

Isaac: 3. Irregular en defensa, en ataque ganó mucho con la entrada de Diamanka. Asistió el segundo gol.

Gutián: 3. Correcto y serio.

Cabrera: 2. Algo limitado físicamente e irregular en el corte.

Rico: 3. Como siempre, luchador y correoso.

Morán: 3. Tuvo fases de acierto y algunos despistes.

Ros: 2. Algo menos intenso y participativo.

Culio: 1. Tuvo muy poca presencia y dejó vacíos preocupantes en el centro del campo.

Hinestroza: 3. Rápido y osado aunque algo precipitado.

Lanzarote: 4. El mejor. Su calidad nos da mucho. Goleó.

Dongou: 3. Realizó movimientos interesantes y lo peleó todo.

Diamanka: 3. Inactivo en defensa, su aportación atacante fue decisiva.

Tarsi: 3. Muy trabajador y equilibrante.

Abraham: S.C.

 

 

El fútbol no entiende (Ponferradina, 1 – Real Zaragoza, 1)


 

   1107374_1Cuando Ángel remató el buen pase de Diamanka y logró el gol del empate una enorme sensación de alivio recorrió el espinazo del zaragocismo. Si con los méritos que el equipo había presentado a su parroquia era capaz de salvar un punto que quién sabe si nos servirá para algo, bien podíamos abrazar la fortuna que nos visitaba. En un partido hueco, vacío de fe y ausente de fútbol, el Real Zaragoza cerraba una tarde que amenazaba tormenta y que, al final, nos daba un respiro para seguir en la batalla.

   La alineación ofrecía algunos huecos de entidad. La vuelta de Cabrera tras cinco semanas de inactividad, la ausencia de Hinestroza y, sobre todo, Lanzarote y la presencia en lugares inauditos de jugadores como Javi Ros y Sergio Gil auguraban, cuando menos, incertidumbre. Preámbulo, pues, inestable. Que pronto pudimos confirmar, cuando comprobamos que el grupo no estaba para apuestas decididas sino más bien para procurar que no se produjera ninguna vía de agua en el cascarón blanco y azul y, si se pudiera, agujerear el del adversario.

   La primera parte vivimos un choque mediocre pero exento de peligro. La Ponfe mostró una nerviosa versión de lo que es un equipo apurado y temeroso, asustado ante una posible debacle de consecuencias imprevisibles. Morán y Dorca sujetaban al equipo, pero poco más, pues la segunda línea no aportaba ninguna idea sabrosa. Ni Pedro, horrible, ni Sergio Gil, absolutamente desubicado, estaban para farolillos, mientras que Javi Ros no encontraba referencias  ni a izquierda ni a derecha. Arriba, un joven satélite llamado Dongou orbitaba aislado en busca de algún balón extraviado. Por contra, la defensa procuraba no recibir balones que pudieran poner el 1 en el casillero local, pues Isaac apuntaba que iba a ser una tarde irregular y Cabrera no ofrecía la seguridad de muchas tardes, recién salido de su lesión.

   Los minutos pasaban y nada relevante se producía. El 0-0 parecía el premio merecido. Escaso, pero merecido. Y con esa información nos íbamos al descanso. Lo que tenía que haber sido la continuación de la fantástica tarde ante el Alcorcón se estaba mostrando como un encuentro insustancial que solo una acción aislada podría desatascar en la segunda parte. Si se daba.

   Tras el descanso la Ponfe dio un paso adelante y como nadie vestido de rojo le dijo que no, se lo creyó. Los primero quince minutos fueron demoledores. El Real Zaragoza se fue arrugando a velocidad de vértigo. No había explicación convincente de lo que estaba ocurriendo, pero el equipo azulón comenzó a galopar a espaldas de Isaac, que veía una y otra vez cómo las jugadas trenzadas de los rivales proveían de balones peligrosos a los locales. Afortunadamente, ahí estuvo Manu Herrera, que ayer fue el mejor del equipo salvando con sus paradas hasta tres balones con etiqueta de gol.

   En medio de esa preocupante situación se produjo la primera de las cuatro jugadas que el árbitro adulteró con su errónea actuación. Dongou fue derribado por el portero, pero el penalti no fue pitado. A continuación, Manu Herrera resolvió dos de esas tres situaciones que hemos mencionado antes y Carreras apostó por ángel y Diamanka en lugar de Ros y Pedro, seguramente en un intento por apurar a la Ponfe con una mayor presencia arriba que acortase su intención ofensiva. La solución no dio resultado inmediato. En el minuto 69 un Rico menor no acortó el camino a Acorán, quien, por potencia, se escapó del burgalés y fusiló a Manu Herrera. Fue un golpe muy duro que el Zaragoza intentó amortiguar con ataques rápidos aunque desordenados. En uno de estos Dongou volvió a ser derribado por el portero en el área, pero de nuevo el árbitro miró hacia el peñón de Ifach y amonestó jocosamente al joven delantero diciéndole que no se tirase más.

   El partido estaba fracturado y aun se pudo enderezar si una falta magistralmente lanzada por Ortí, que acababa de salir por Guitián, hubiera sido interpretada como gol por el colegiado, pues pareció traspasar la línea de puerta. No fue así. Afortunadamente, dos minutos después Morán le puso un buen balón a Diamanka, que ejecutó muy bien la jugada con un pase letal a ángel que este convirtió en el gol del empate. Era una recompensa de difícil interpretación. Un punto de oro, pero un punto amargo. Tras un partido inconsistente y extraño, se lograba un empate que le permite al equipo seguir arriba pero con la idea de que se podía haber aprovechado mejor la difícil situación que atraviesa el equipo leonés.

   Partido, pues, de doble sabor. Se pudo obtener la victoria, pero también se pudo perder. Ayer, desde luego, salió la moneda de canto. Y gracias. Seguramente hasta la última jornada seguiremos instalados en territorio incertidumbre y hasta entonces mantendremos la inquietud de no saber con certeza si seremos capaces de regresar al camino que nos lleve de vuelta a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Manu Herrera: 4. Tuvo tres intervenciones decisivas.

Isaac: 1. Muy disminuido e incapaz de sujetar a sus pares.

Gutián: 3. Correcto, pero menos decisivo que en otras ocasiones.

Cabrera: 2. Se le notó la inactividad. Irregular.

Rico: 2. Tuvo dificultades. Físicamente se le vio un tanto justo.

Morán: 3. Tuvo una buena primera parte, pero al comienzo de la segunda se debilitó.

Dorca: 2. Un tanto inseguro y desubicado.

Ros: 2. No tuvo suerte con sus acompañantes. Muy aislado.

Pedro: 1. Mal partido. Insignificante y muy poco útil.

Sergio Gil: 1. No supo encontrar la razón de ser en la banda.

Dongou: 2. Luchó, estuvo presente e incordió al rival.

Ángel: 3. Goleó, que es mucho.

Diamanka: 3. Su salida ayudó a equilibrar el choque. Dio el pase de gol.

Ortí: 3. Trabajó por el equipo. Su falta pudo ser un gran gol que no le dieron.