Mi crónica: Real Zaragoza, 1 – Atlético de Madrid, 3 (Arriba los compañeros)


    descenso01bAdiós, Primera División. Hola, Infierno. Lo hemos conseguido. Ya somos equipo se Segunda. Ayer no se ganó al Atleti y además la Romareda estalló. No mostró indiferencia, animó al equipo y expresó su repulsa hacia Agapito, pero todo fue inútil, todo era ya inútil. Los jugadores se quitaron las caretas (¿serán estas las caretas a las que se refería el decadente Jiménez?) y nos enseñaron todas sus miserias. Mal, muy mal. El partido fue el certificado de defunción. Ya hemos caído.

   Jiménez nos anunció la titularidad de Jorge Ortí y mantuvo al resto de los jugadores, salvo los obligados cambios de Leo por Roberto y Fernández por Sapu. os demás, igual. En los primeros minutos hubo algunas ocasiones de gol propiciadas por algunos disparos lejano que Courtois se encargó de desactivar mientras el Atleti, armado de una gran calidad, nos ponía los pelos de punta cada vez que se acercaban a nuestra área. Al mismo tiempo, algunos jugadores muy señalados por la grada cometían errores graves que otros se encargaban de corregir. Nombremos a Apoño y Loovens en el capitulo 1 y a Álvaro en el capítulo 2.

   Cuando llegó el minuto 32 la Romareda recuperó la agapitada, estruendosa anoche, pero los jugadores no parecieron darse por aludidos y mantuvieron el mismo tono indolente que les había llevado a mostrar un latido apagado y falto de sangre. Así las cosas, corrían los minutos y nuestra única esperanza era el milagro. Algún chut lejano y nada más.

   La segunda parte nos trajo la inclusión de Movilla en lugar de Pinter, buscando un mayor control de balón y algo más de madurez, pero muy poco cambió el paisaje. Se mejoró en la combinación aunque el ataque seguía estéril, pero se perdió en la recuperación, con lo que el Atleti se acercaba con más peligro aún. Y ahí morimos. El equipo poco a poco fue bajando los brazos y a Jiménez se le ocurrió gastarle la útima roma a la afición de la que tanto habla: Bienvenu por Victor. La pitada fue colosal pero se la trajo al fresco. Y comenzó la agonía. En una de tantas llegadas que el equipo de Simeone fabricó, llegó el primer gol del Atleti. La Romareda se desmoronó.  La vieja Basílica vio cómo se iniciaba un desolado abandono de localidades por parte de cientos de aficionados que, literalmente, no pudieron soportar el dolor que nos produjo este gol. Todo se derrumbaba. A los pocos minutos Postiga remataba a placer y devolvía el partido a sus inicios, pero todo se antojaba imposible. Demasiado tarde.

   Así era. En el minuto 90 Diego Costa lograba un segundo gol y un minuto después firmaba la hecatombe con el tercero. El resultado era un hierro al rojo vivo penetrando en las carnes del zaragocismo, que ya no pudo aguantar por más tiempo la indignidad y proclamó su ira con gritos y gran bronca. Nada que ver con las extraordinarias protestas que los más veteranos recordamos haber vivido en nuestro estadio pero nada que ver tampoco con el aquiescente apoyo a los jugadores de las ultimas seis plantillas. Ayer hubo para todos y para todo y hasta se llegó a discutir en la grada agriamente ante la divergencia de pareceres con lo que se estaba viviendo.

   Esta es la crónica. Este es el (pobre) relato de un (pobre) partido protagonizado por unos (paupérrimos) jugadores que no supieron hacer honor a la camiseta que vestían y cuyo escudo les pesa muchísimo y por un (inepto) entrenador que ha perdido el norte y ha dilapidado el crédito más formidable que ningún coach haya vivido nunca en ningún campeonato de cierta entidad. Ahí queda eso, hermanos. A partir de ahora, máxima exigencia. A todos. Y a la afición que la dejen, que nos dejen en paz, pues no hay ninguna como esta en ningún lugar del mundo. Se acabó.

CALIFICACIONES:

Leo Franco: 2. Aún salvó algún gol.

Fernández: 2. se hincho de subir por la banda, pero sufrió en defensa.

Loovens: 0. “Pa qué”.

Álvaro: 3. Esforzadísimo y valeroso, pero no pudo cerrar todas las vías de agua.

Abraham: 2. Como siempre, mejor en ataque que en defensa. 

Apoño: 0. Jugó con fuego y se acabó quemando.

Pinter: 1. Mermado físicamente tras una entrada, no llegó.

Victor: 2. Buenos primeros minutos, pero luego se apagó.

Jorge Ortí: 2. Peleó y jugó algunos balones con clase. Le faltó atrevimiento.

Montañés: 1. No consiguió desbordar. 

Postiga: 2. No se escondió y logró un gol.

Movilla: 2. Le dio cierto poso al partido, pero se diluyó. Luchó

Bienvenu: 0. 0. 0.

Rochina: 0. No sabe jugar en equipo.

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Mi crónica: Real Betis, 4 – Real Zaragoza, 0 (La Milla Verde)


   golbetisEl Benito Villamarín ha adoptado, por un par de horas, la fisonomia del Estado de Oklahoma, por el que se ha desplazado un devastador tornado blanquiverde que ha arrasado todo lo que se ha encontrado a su paso. El Real Zaragoza, es decir. Su acción ha abarcado un rectángulo de 105 por 68 metros y a los quince segundos de iniciar su acción ya se había cobrado las primeras víctimas. Las autoridades hablan de un balance provisional de varios cientos de miles de zaragocistas heridos de muerte y un corazón de león agonizante, si bien no se conoce la suerte que han podido correr los dirigentes del club, cobijados en refugios especialmente construidos para la ocasión.

   Lo ocurrido en el transcurso de esas dos horas se puede resumir en pocas palabras. Un encuentro muy ben planteado y mejor ejecutado por un Betis cuyo colmillo goteaba sangre, con un entrenador fortalecido por un trabajo bien hecho y unos jugadores talentosos y atléticos que han encontrado una tierna víctima que apenas ha llegado a la orilla del lago ha visto como el enemigo se tiraba a la yugular y lo destrozaba con cuatro certeras dentelladas. Y en las cuatro ocasiones con un esquema muy similar: rápida circulación, ajustada combinación, búsqueda de las diagonales y ejecución certera. 

   En ningún momento el Real Zaragoza ha sabido jugar el partido. Ni intensidad, ni idea futbolística, ni músculo, ni vergüenza. Nada. Sobre el césped los defensores del león no han sido dignos de representar a una afición, una camiseta, una historia, una ciudad. No han aportado ni medio gramo de lo que se debe ofrecer a un contrario que le ha roto las costuras desde el primer segundo. Y es que no ha habido más. Un muestrario de torpezas, una colección de despropósitos que Manolo Jiménez no ha sabido, tampoco, corregir. Ni sobre la marcha ni en el descanso, y eso que a mitad de partido ha tirado de Rochina, sin duda el único que ha intentado, de forma grotesca a veces, sí, crearle algún problema a Adrián y a la zaga bética, pero ha sido insuficiente. Dos goles en la primera parte y dos en la segunda han sido el botín, pero hay que ser justos y decir que el caos en el equipo aragonés ha podido propiciar algún gol más de los chicos del Betis, porque lo de hoy ha sido lamentable. Y muy doloroso.

   No sé si se nota que no sé qué escribir. No me avergüenza decirlo, porque es tal el sufrimiento que nos ha producido el partido de esta tarde que resulta imposible encontrar las  palabras. Será porque han huido al ver venir el desastre y no hay forma de encontrarlas. Nadie sabe su paradero. Porque hoy lo único que nos queda es la tristeza de la muerte tantas veces anunciada y cuya llegada nunca hemos querido aceptar. Su sombra ya asoma por la esquina y sólo una condescendiente acción valedora de la Diosa Fortuna puede evitar lo que parece inevitable. A ella encomendamos nuestra suerte. 

CALIFICACIONES:

Roberto: 0.

Sapunaru: 0.

Álvaro: 0.

Abraham: 0.

Apoño: 0.

José Mari. 0.

Victor: 0.

Rodri: 0.

Montañés: 0.

Postiga: 1. Se lo ha peleado todo.

Rochina: 1. Ha intentado meter gol en un par de ocasiones.

Fernández: 1. Ha corrido la banda con osadía y velocidad, tanto en ataque como en defensa.

Binevenu: 0.

Mi crónica: Real Zaragoza, 1 – Athletic, 2 (Llamando a las puertas del infierno)


   tifo_RZGZ_AthleticNo hay suficientes lágrimas para amortiguar el dolor de la derrota de esta noche. Una derrota aguada por la inexperiencia de un equipo que lo tenía todo de cara para cerrar favorablemente la jornada pero que se encuentra ahora mismo ahogado en sus errores y con muy pocas opciones de llegar al final con vida. Después de lo sucedido, la amargura que nos ha invadido puede impedirnos analizar lo ocurrido, pero vamos a intentarlo.

   El partido ha comenzado con un ritmo interesante, agitado, no mezclado, y se veía que el equipo aragonés tenía toda la intención de presionar a los de Bielsa para evitar su salida con balón y`propiciar situaciones de riesgo. Para ello, sus tres medias puntas ejercían una presión de alta intensidad y lograban recuperar balones que servían para mantener la tensión ofensiva. Tan ha sido así que a los trece minutos una preciosista combinación entre Apoño y Montañés ha propiciado un centro de éste que ha sido magistralmente rematado de cabeza por Postiga consiguiendo un bellísimo gol. La basílica ha estallado de alegría, han sonado las gargantas de todos los zaragocistas, los presentes y los ausentes, y la tarde ha pintado más blanca y más azul que nunca.

   El trabajo táctico era bueno y en él brillaban un magnifico Pinter y unos muy dinámicos Rodri, Montañés y Víctor. Además, Apoño se encontraba muy a gusto liberado como estaba por el trabajo del húngaro, con lo que los balones que pasaban por sus botas circulaban con criterio. El partido estaba donde quería el Real Zaragoza. Adormilado, apaciguado, aunque nadie con el león en el corazón daba la batalla por ganada. Se ha entrado en una fase de atonía e imprecisiones y el Athletic poco a poco ha ido ganando terreno y quedándose la bola, lo que se ha traducido en  un aburrimiento un tanto insultante, pues la grada estaba por vivir emociones fuertes,no por sufrir semejante tedio.

   En el descanso Bielsa ha dado entrada a Llorente e Ibai Gómez y el panorama ha cambiado para mal. El equipo de Bielsa se ha hecho con la posesión, con el dominio y el tacto y aquí ha empezado la tragedia. Todo ello ha coincidido con la sustitución de Rodri por Rochina. Si había una mínima esperanza de recuperar balones, ésta ha desaparecido con la marcha del andaluz y a ello se ha sumado que Rochina se ha ocultado de sí mismo y ha escapado al limbo futbolístico. Ha tenido miedo a hacer lo único que sabe hacer y hoy no ha querido intentar nada. Luego se ha roto Montañés y Movilla ha salido para hacer algo que no sabe. Por último, la lesión de Víctor ha permitido que Binevenu, el Marco Pérez de esta temporada, saliera para acabar de descoser al equipo.

   Para entonces Bielsa ya habia decidido darle una vueltecita de tuerca al partido con la inclusión de Castillo, quein ha sabido interpretar muy bien el libreto. Los dos laterales del Athletic han decidido que por su banda podían. Ellos sí. Y han cumplido a la pefección. Primero Llorente, en una acción absolutamente payasa, ha logrado el gl de empate que ha provocado que la noche cayera sore la Romareda. Pero eso no ha sido todo. Pocos minutos después, con un Real Zaragoza noquedao, Ibai Gómez le ha dado una bofetada al zaragocismo consiguiendo un gol que rompía en mil pedazos las ilusiones de toda una afición. El desastre se acababa de consumar. El Real Zaragoza acababa de tirar a la basura, él solico, los tres puntos que le daban la vida. Sin ellos, no queda casi nada por lo que luchar. El milagro se ha burlado de nosotros.

CALIFICACIONES

Roberto: 0. Nunca creí que pudiera escribir esto. Sus actuaciones por alto, famélicas. En los goles, mal. 

Fernández: 2. La primera parte ha estado muy dinámico y participativo. Mejor en ataque que en defensa. La segunda parte se ha perdido.

Sapunaru: 1. Ha tenido problemas a sus espaldas. Bien por alto, pero Llorente le ha descubierto.

Álvaro: 2. Contundente al principi, ha sufrido mucho con los balones laterales.

Abraham: 3. Pundonor, clase y velocidad. Ha trabajado mucho y bien. Al final ha acabado exhausto. En el peor momento. 

Pinter: 4. Muy buen trabajo defensivo el suyo. Además ha participado en algunas acciones ofensivas de fuste.

Apoño: 2. Ha ido de más a menos. El último tramo ha perdido l brújula.

Victor 3. Muy buena presencia ofensiva y meritorio trabajo de contención.

Rodri: 3. Su corazón late con la fuera necesaria para cumplir su papel de agitador. Se ha notado su salida.

Montañés: 3. Su banda ha notado sus galopadas y sus quiebros. El centro del gol ha sido suyo.

Postiga: 3. Ha marcado un gran gol y ha luchado con decisión. Iraizoz le ha sacado un gran disparo.

Movilla: 1. Ha jugado de algo que no sabe. Ha corrido, pero ha sido ineficaz.

Rochina: 0. Borrado del partido.

Bienvenu: 0. Una broma. Una mala broma.

Mi crónica: Levante, 0 – Real Zaragoza, 0 (Otra noche incurable)


   levantezgzLa gota fría levantina ha cubierto el medio campo zaragocista durante treinta terroríficos minutos en los que ha caído una torrencial tormenta que ha estado a punto de acabar con nuestras ilusiones. Ha sido una primera media hora en la que los jugadores del Levante han hecho añicos la muy débil organización futbolística del Real Zaragoza, que ha salido al campo como si sobre el césped se celebrase una merendola propia de una romería de pueblo pequeño pero no invisible y no lo que realmente se ventilaba: la salvación, la captura de tres puntos que nos deberían permitir seguir en la pelea y no morir precipitadamente. 

   Han sido veintitantos minutos de agonía y pánico. Los jugadores del Levante llegaban por todas partes y de todas maneras. Ha sido un vendaval blaugrana, una plaga de granotas que arrasaba los campos aragoneses dejando nuestras paupérrimas cosechas aún más asoladas. Las ocasiones se han sucedido vertiginosamente y cada una de ellas anunciaba el gol. Despejes a la desesperada, remates envenenados, un penalty que nos han perdonado, un gol anulado, una medio parada de Roberto, un medio despeje de Loovens, un medio control de Apoño, una medio muerte.

   La intensidad que le imprimían al juego los jugadores locales era de tal calibre que parecía que necesitaban cinco goles para remontar una eliminatoria de vuelta, mientras nuestros muchachos le levantaban la falda a la luna de Valencia en un ejercicio romántico de despiste digno de mejores tiempos. Pedro Ríos, Valdo, penalty que no pitan, Valdo, gol que anulan, Diop, Acquafresca, Pedro Ríos…Esta sucesión de oportunidades ha conformado un fresco que ha hecho temblar los cimientos de la fe zaragocista y la única esperanza era esperar que pasase la tormenta y después hacer recuento delos daños causados para ver si se podía recomponer un poco la hacienda.

   Eso ha ocurrido a partir del minuto 30, cuando el Levante ha bajado el ritmo frenético que había imprimido al partido y el Real Zaragoza, poco a poco, ha ido recuperando el pulso. Han sido unos últimos quince minutos más pausados, insulsos en cualquier caso, que han ofrecido un paisaje más amable aunque no se puede decir que se haya equilibrado la balanza. En todo caso ha amainado el temporal. De esta fase tan solo podemos hablar de la corrección de Pinter y de la frescura de Víctor, mientras que los otros nueve parecía que habían sufrido los efectos de la autocomplacencia provocada por las dos últimas victorias.  

   La segunda parte ha amanecido un poco más calmada, aunque un fallo de Fernández, muestra del nerviosismo de la zaga, ha estado a punto de provocar el gol local. La buena noticia ha llegado en el minuto 52, cuando una violenta entrada de Diop a Victor ha invitado a Gil Manzano a sacarle la roja. Ha sido un momento dulce, pues quedaba más de media hora y el Levante se quedaba con diez. Una sonrisa de media comisura ha asomado al rostro de la afición zaragocista. Todos hemos pensado en Rochina, bala de un revólver que parecía lógico utilizar, pero no ha pensado lo mismo Manlojiménez. Ha pesado más la prudencia y la bondad de un punto en la mano que la posibilidad de ir a por tres y quedarse con ninguno. El temor al contraataque del Levante y que nos hicieran un roto ha sido la razón por la que hemos entrado en una fase contemplativa, de control del balón y ritmo pausado a la espera de una ocasión, en lugar de optar por una acción de ataque frontal al grito de “Deus lo vol!” y romper las defensas, débiles y asustadizas, de un equipo, el valenciano, definitivamente esbafau, dicho sea en LAPAPYP.

   Todo muy calculado. Carmona por Montañés y José Mari por un lesionado Loovens han ido lo cambios Un mensaje muy claro. Y, si acaso, cuando quedan quince minutos, la vigorosa presencia de Rochina. Control, control, control. Y, si acaso, la explosividad del saguntino, ma non troppo. Y es que todo podía pasar, en una portería y en la otra. En tan solo quince minutos, Iborra casi marca obligando a Roberto a paradón. Apoño lanza desde lejos y el efecto óptico nos hace cantar gol. José Mari dispara desde lejos y Keylor despeja. Rochina lanza un obús y Keylor adorna una buena parada. Y ya. Cuando Gil Manzano ha pitado el final un agridulce suspiro ha surgido de las entrañas del Ebro. Se había perdido una ocasión muy buena de sellar la permanencia, pero tal y como se ha desarrollado el partido y visto el desastroso inicio del mismo, el punto no aparece como un mal botín. Y es que esta es la miseria en que nos movemos: a semejante absurdo nos ha conducido la horrible segunda vuelta del equipo zaragocista y la penosa realidad que vivimos desde hace unos años. El hecho de fiarlo todo a la Romareda nos hace temblar, pues no deja ningún tipo de margen a error. Claro que a lo mejor el error es no poder despertar de esta pesadilla.

CALIFICACIONES:

Roberto: 2. Inseguro y de nuevo ineficaz en los balones altos. Paró espectacularmente un cabezazo de Iborra pero le precedió el error de no salir a por el balón.

Fernández: 1. Muy nervioso e inexacto. Protagonizó varias pérdidas de balón y la banda nunca fue suya. Si acaso en el aspecto ofensivo aportó velocidad.

Loovens: 1. Mal partido, con poca autoridad y muy poco contundente. Por alto no llega a ninguna.

Álvaro: 2. La atmósfera de zozobra general le afectó, y no supo imponer su carácter y su interés al resto de la defensa. Despeja bien, pero no saca ningún balón con criterio. 

Abraham: 2. Al mismo nivel que los demás. Ayer no consiguió progresar en ningún momento con sus ya clásicas galopadas y en defensa le cogieron varias veces la espalda.

Apoño: 1. Perdió balones, ralentizó el juego, decidió mal los pases y no sacó bien ni una falta.

Pinter: 3. Fue el más entonado de la defensa y el medio campo En medio de la desidia consiguió sujetar varios contraataques y cortar alguna que otra vía de agua.

Victor: 4. El mejor. Mantuvo el mismo ritmo, vivo y eléctrico, que los dos últimos partidos, pero sus centros y pases no encontraron compañeros que estuvieran a la altura. 

Rodri: 2. Dislocado y desorientado, en ningún momento se le vio a gusto. Siguió con el guión de presión/recuperación/provisión, pero ayer no tuvo la claridad de otras veces.

Montañés: 1. Anulado y sin criterio. No se quedó con el balón ni una sola vez ni consiguió encarar a su par. La segunda parte fue doblemente de noche para él.

Postiga: 2. Peleó, luchó y lo intentó, pero no jugó ningún balón franco. Sus remates, desesperados.

Carmona: 0. No aportó nada. Si tenía que dar profundidad en la banda, se cayó a la sima de San Pedro.

José Mari: 2. Estuvo activo y luchador. Disparó a puerta con peligro y contuvo el poco ímpetu que le quedaba al centro del campo del Levante.

Rochina: 3. Individualista y egocéntrico, nos ofreció dos detalles de altísima calidad, una rabona y un disparo envenenado, que, sin embargo, no fueron suficientes para lograr el gol. Debió estar más tiempo en el campo.

 

Mi crónica: Real Zaragoza, 3 – Rayo Vallecano, 0 (Al borde de nuestro sueño)


   apoñoSi uno busca, es más fácil encontrar. Si uno cree, es factible que la fe te provea de recompensa. Si uno lucha, es posible lograr la victoria. Hoy el Real Zaragoza ha buscado, ha tenido fe y ha luchado y estas tres acciones han ayudado a lograr una victoria tan importante para el equipo como merecida para una afición grande como la Historia que nos contempla.

   El Real Zaragoza ha jugado un trabajado partido en el que ha puesto sobre el césped los pocos argumentos futbolísticos con que cuenta pero que han sido suficientes para derrotar a ese bonito equipo que ha construido Paco Jémez. Con una presencia física irreprochable y una altísima intensidad para evitar la salida del balón del Rayo, el partido lo ha sabido manejar el equipo aragonés hasta conseguir equilibrarlo. No había ocasiones claras en ninguna de las dos áreas, pero sí interés por llegar al territorio contrario entendiéndolo como la mejor manera de proteger el propio. En ese contexto ha llegado la jugada del primer gol, fruto de una porfía implacable del incasable Abraham que ha dado como resultado un penalty que le ha abierto al Real Zaragoza las puertas del cielo.

   Apoño ha encarado a Rubén con la firmeza y seguridad que le otorgan los galones de los que hoy ha hecho ostentación y ha subido el primer gol al marcador. El partido se ponía bien pero había que seguir. Habría sido un error abandonar la intensidad que le había aportado al match y afortunadamente la ha mantenido. De este modo el balón ha seguido en poder de los chicos de Vallecas pero con muy poca sustancia y la primera parte ha muerto con la ventaja en el marcador y la esperanza en el corazón.

   En el descanso las tertulias han abierto el cajón de la duda sobre si era conveniente tocar algo o mantener el concepto. La defensa estaba más entonada que otras tardes, el centro del campo ofrecía una estupenda mezcla con un Apoño mandón y un Pinter omnipresente y el ataque aportaba soluciones imaginativas y creativas, con Montañés y Victor muy activos, Postiga peligroso y Rodri bullidor y hacendoso. Por eso la lógica ordenaba continuar con el plan y así se ha hecho. El Rayo seguía tocando y tocando y ha encerrado a los zaragocistas en su terreno, lo que ha provocado una cierta inquietud en la grada. Esta ha desaparecido cuando en una de esas contras que tan felices nos hicieron en la primera vuelta Victor ha centrado, Postiga ha rematado y el rechace lo ha recogido Rodri para conseguir el segundo.

   Era el momento de la velocidad y verticalidad de Rochina y de la sabiduría de Movilla, sustitutos de los muy aplaudidos Rodri y Victor, y en seguida se ha visto que los cambios iban a ayudar a sostener al equipo en la misma línea. Antes la Basílica viviría un sobresalto tras una mala salida de Roberto que solventaría Apoño sacando bajo la línea un remate rayista y eso aun le ha dado más valor al espíritu combativo y certero tácticamente que ha sabido mantener el equipo. Rochina había avisado con un chut poderoso ligeramente alto. Después, Postiga ha cruzado en exceso un chut después de prodigiosa galopada y aun ha tenido ocasión el portugués de poner en pie a la Romareda tras otra grandiosa jugada que no ha podido culminar por culpa del poste. Todo eran razones para la ilusión, por eso la llegada del tercer gol ha significado que la afición explotase de emoción. Un balón que Romaric, que había salido por un magnífico Pinter, ha habilitado para el malagueño se lo ha sacudido éste procurando un latigazo magistral que se ha colado como un obús en la meta de Rubén. No cabía más felicidad y la satisfacción del deber cumplido ha henchido los maltratados pulmones zaragocistas que hoy han cogido un poco más aire que nos permite llegar a la fase final vivos como la mirada del padre Ebro cuando pasa por el Pilar.

CALIFICACIONES

Roberto: 3. Un tanto inseguro en las salidas, ha protagonizado una de ellas que no ha sido gol gracias a Apoño. Ha detenido dos balones peligrosos que podrían haber sido gol.

Sapunaru: 3. Combativo e intenso ha sufrido con los retruécanos de Piti y los balones a la espalda de Trashorras.

Álvaro: 4. Muy bien colocado, ha actuado con seguridad y firmeza. Se ha multiplicado e incluso ha tenido arrestos para rematar jugadas de estrategia.

Loovens: 2. Ha ido de menos a más. Por alto ha ido bien y su buena colocación le ha ayudado a anticiparse a los balones diagonales del Rayo.

Abraham: 4. Gran partido del lateral. Intenso, llegando a los balones divididos una milésima de segundo antes que el contrario, ha subido la banda con energía y clase. suyo es el mérito del penalty a favor.

Apoño: 5. El mejor en construcción e insuperable en mando y presencia. Ha metido dos goles, el segundo muy bueno, y ha salvado otro. Si él juega, el mundo gira.

Pinter: 5. Su mejor partido con el Real Zaragoza. Ha prorrogado la buena actuación del otro día y ha actuado con disciplina rigor y vigor cortocircuitando las líneas de pase y de construcción del Rayo.

Montañés: 4. Muy activo, eléctrico en sus jugadas e inteligente interpretando los pases de Abraham y Victor.

Victor: 4. Ha entendido cuál es su papel en el equipo y sus pases diagonales a través de senderos imposibles hacen mucho daño. Controla el balón con seguridad y está muy bien físicamente.

Rodri: 4. Ha corrido lo indecible, ha obturado la salida del balón del Rayo, ha combinado con intención con Victor y Montañés y ha metido un gol de delantero-delantero.

Postiga: 4. Sólo le ha faltado el gol, que la mala fortuna le ha negado. El segundo tanto viene de un remate suyo rechazado por Rubén, ha enviado un balón al palo y se ha peleado con Amat y Figueras, con éxito casi siempre.

Movilla: 2. Ha hecho de Rodri (¿?) y ha luchado cada balón. Su labor de liderazgo dentro y fuera de la cancha es muy positiva.

Rochina: 3. Nada más salir ya ha disparado a puerta un gran chut y hoy, además, ha combinado y ha contribuido con su velocidad y potencia en tareas defensivas.

Romaric: S.C.

Mi crónica: Real Zaragoza, 3 – RCD Mallorca, 2 (Saber y ganar)


 RZGZ_MallorcaEl Real Zaragoza logró ayer una agónica e imprescindible victoria. En el límite, apurando el poco aire que nos queda, exprimiendo las escasas virtudes que nos adornan y apoyándose en el indesmayable aliento de una afición que nunca morirá, pues el amor es infinito y de ello andamos sobrados. El partido se sostuvo en el saber o no saber. En el saber porque los tres goles zaragocistas fueron fruto del conocimiento, con tres acciones de gran calidad que mostraron al mundo que este equipo sí sabe aplicar el talento que en algunos momentos de la temporada, sobre todo en el primer tercio, se exhibió. Pero también tuvo arte y parte el no saber, porque los dos goles encajados, tres, si se tiene en cuenta el justamente anulado a Arizmendi, fueron producto de la impericia y la torpeza del grupo para afrontar situaciones defensivas.

   Saber, pues. Y actitud. Porque si bien durante los primeros minutos el Mallorca dibujó un paisaje aterrador y Mr Panic se hizo el dueño del césped y la grada, gol demoledor en contra incluido a saque de una falta, es decir, lo de siempre, hubo un momento en que el equipo despertó. Fue el instante en que Montañés y Víctor agitaron la segunda linea y convulsionaron a la defensa mallorquina. Ambos jugadores perfilaron un estado de ánimo en el que el vigor y la movilidad eran los apellidos, propiciando que la inquietud se adueñara del contrario. Así, llegó el gol del empate. Un magnífico pase de un Víctor recuperado para la causa que habría firmado el mismo García Castany o el maestro Juan Señor permitió que Montañés encarase a Aouate batiéndolo, no sin cierto suspense.

   Fue el comienzo de una fase claramente blanquilla con sucesivos acercamientos a la portería del Mallorca, cuyo arquero tuvo que actuar con acierto y fortuna hasta en tres ocasiones. Era el momento, pero no llegó ese segundo gol que habría calmado las agitadas almas de la afición. Sin embargo, el descanso marcó una línea de cierta esperanza, sobre todo teniendo en cuenta que los primeros minutos   habían pintado un panorama deshilachado y mediocre. En esos momentos ya sabíamos que arriba estábamos bien pero que la retaguardia nos ofrecía pocas garantías, pues si bien Roberto había salvado los muebles en un mano a mano ante Alfaro los balones aéreos eran siempre anuncio de tragedia; si bien Álvaro le cogía poco a poco el tono al partido, Sapu y Fernández, éste excesivamente revolucionado, temblaban ante cualquier aproximación balear; si bien Pinter crecía conforme el partido se hacía viejo, Apoño no acababa de encontrar vías de acceso a los chicos de arriba. Dudas.

   Jiménez opto por sustituir al joven lateral derecho, ya con una tarjeta, por la experiencia de Paredes, colocándolo de central y retornando a Sapu a su ubicación habitual. Y al poco le pidió al “italiano” Rochina que saliese al campo y se divirtiese, que jugase y le partiera la cara al partido. Y el combate alcanzó la altura que un partido como el de ayer merece alcanzar para convertirse en un hito para la Historia. Alguien dijo que el minuto 20 era un buen momento para meter el segundo y el minuto 27, perfecto para el tercero, pero no hizo fata esperar tato. Con un choque destrozado en el centro del campo, ambos contendientes iniciaron un alocado intercambio de golpes del que salió vencedor, en primera instancia, el Real Zaragoza.

   Todo comenzó con un ambicioso contraataque desarrollado por Rochina, que cruzó medio campo con el balón cosido al músculo, lo cedió a Víctor quien, con un medido centro, puso un balón de oro en la cabeza de Postiga para que su remate pusiera el segundo gol en el marcador emulando al mismo Marcelino, Dios me perdone por tal comparación. Gran jugada, gran centro, gran cabezazo.

   Partido de cara guapa, partido que apuntaba a victoria. A pesar de las aproximaciones de Giovanni, a pesar de los nerviosos despejes de una zaga en la que tan sólo Álvaro aportaba claridad en la cobertura. Y en ese tramo en el que el “Sí se puede” atronaba en las cúpulas de la Basílica sucedió lo inesperado. A siete minutos del final Roberto y Paredes, presas del miedo, no se entienden y gestionan fatal un balón extraviado que acaba en los pies de Arizmendi para que convierta el gol del empate. LA desolación y la indignación, a partes iguales, se hicieron dueñas de la grada. Era un mazazo terrible, injusto, demoledor. Era un gol que nos arrastraba a la lúgubre realidad de una hazaña, ahora sí, imposible. Era una bofetada a la esperanza. No nos lo podíamos creer, pero la realidad era que acabábamos de arrojarnos a las vías del tren y nadie parecía poder evitar la tragedia.

   O sí. El fútbol nos tenía guardada una última oportunidad, una última bocanada de aire que nos permitirá seguir vivos por lo menos ocho días más y que llegó en forma, otra vez, de poderoso contragolpe a los pies de Rochina, ese hercúleo atleta de formas cartaginesas que adorna su juego con una soberbia impropia de un equipo seco de ingenio y escaso de voluntad. Se apoderó del balón, se acordó que en ese césped galopó con arte el gran Diarte, explotó el viento en su pecho y rompió el área isleña con un chut recto y plano para lograr el tercer gol. El corazón de la afición sobrevoló la noche y una vez más pudimos corear el grito que nos mantiene vivos. ¿Lo lograremos?

CALIFICACIONES

Roberto: 3. Nervioso, genial, inestable, prodigioso. Falló en los dos goles. Salvó dos ocasiones increíbles. Por alto muere. Por abajo vive.

Sapunaru: 2. Pasión e inexactitud. Temblor y furia. Lucha y yerra.

Álvaro: 3. Del sopor a la energía. De la duda a la certeza.

Abraham: 2. Demasiadas curvas en senderos rectilíneos. Buscó lo que casi nunca encontró.

Apoño: 2. Sacó cien faltas, casi ninguna bien. Cuando jugó al fútbol el equipo vivió sus mejores momentos. Transmite mucha ansiedad.

Pinter: 3. Su mejor partido en muchos meses. Le dio al equipo una fuerza y un despliegue que hacía mucho no veíamos. Tiene un gran chut y promete gol.

Montañés: 4. Su aportación fue fundamental. Se movió, agitó al equipo, desquició a los contrarios y metió un gol de clase.

Rodri: 1. No encontró su lugar en el partido. Apostó por la picardia y el engaño y acabó engañándose a sí mismo.

Victor: 4. Gran partido. Activó todas las alarmas en la defensa contraria. mezcló fenomenal con Montañés y dio dos asistencias de gol ambas de gran categoría.

Postiga: 4. Su gol es de crack. Ayer volvió a conectar con sus compañeros, que le entendieron muy bien. Su movilidad, su calidad para sostener el balón y su sacrificio le hacen digno de que aplaudamos su actuación.

Paredes: 0. Nervioso desde el minuto 0, responsabilizado para mal, protagonizó con Roberto la jugada que nos podría haber matado. Merece el perdón gracias a Rochina.

Rochina: 5. Su gol le da esta puntuación, pero es que sus jugadas consiguieron resucitar el pulso de una afición que aun tiene en su memoria los gestos de calidad de tantos y tantos jugadores que vistieron esta camiseta. Muy bueno.

Bienvenu: S.C., aunque corrió todo en diez minutos y rozó el balón que le llegó a Rchina para que este marcase.

Mi crónica: Real Zaragoza, 0 – FC Barcelona, 3 (Garrote vil a la esperanza)


   333835_gbis¿Alguien sostiene en su memoria alguna sensación parecida a la que nos abruma esta noche? Si es así este cronista agradecerá que ese prójimo benefactor le haga llegar un puñado de palabras con que describir el bochornoso espectáculo que hemos sufrido hoy en la Romareda, muy alejado de lo que esta afición y esta ciudad se merecen por Historia y por Vida.

   El partido ha sido un desastre de principio a fin. La ausencia de fútbol en el equipo de Manolojiménez ha sido tan escandalosa que dolían las costuras del sentimiento blanquillo cada vez que el equipo visitante se quedaba el balón. O sea, en todo momento. Ha sido tal la vergüenza que nos han hecho pasar que cada pase del contrario era una puñalada en el pecho del león y en seguida ha sido evidente que era cuestión de tiempo que llegase el primer gol y la impotencia se adueñase de la animosa parroquia zaragocista que había saludado al mundo con dos caprichosos tifos en cada uno de los goles, Norte y Sur.

   El endeble centro del campo encarnado en un voluntarioso Movilla y un torpe José Mari era incapaz de gestionar el aluvión de fútbol de los blaugrana y eso daba pie a que la defensa viera con asombro cómo una y otra vez Alexis y, sobre todo, Tello nos rompiesen la cara con sus diagonales y sus precisos regates. Y ha sido preciamente en una de esas pérdidas de balón cuando Thiago se ha merendado a Álvaro, ha combinado con Alexis y ha resuelto a la perfección con un tiro cruzado. se le ha quedado cara de estupefacción a la Basílica y a partir de ahí, la debacle. Tímidos intentos de reaccionar, alguna suave protesta al árbitro por sus erráticas decisiones, algún que otro arranque de pundonor, pero e partido estaba fuera del gobierno local. Víctor porfiaba por la derecha, Rodri trotaba desorientado y Montañés, ese sí, procuraba abrir vías de penetración por su banda, pero lo cierto es que ninguno conseguía conectar adecuadamente con un, una vez más, abandonado a su suerte Postiga. Y así ha llegado la segunda muerte, el segundo gol.

   Porque la tarde ha sido un monumento a la desidia. Y a ello ha contribuido también Jiménez. Porque en el descanso ha optado por sustituir a José Mari, desafortunado, y a Victor, voluntarioso, por Apoño, aparentemente recuperado, y Jorge Ortí. esta decisión ha provocado debate en la grada porque nos e veía muy claro que este fuese el partido para la reaparición del malagueño. Lamentablemente, y se veía venir, los cambios no han aportado nada. Si acaso entusiasmo del joven aragonés, porque el malagueño ha firmado un dislocado partido en el que ha protagonizado algunas pintorescas jugadas que han logrado irritar a los aficionados del león. Y la gota que ha colmado el vaso de la desesperación ha sido la jugada en la que Tello ha desnudado a Loovens y ha cruzado un mágico chut que cerraba el círculo de la excelencia futbolística.

   ¿Y a partir de ahí? Esperpento. Jiménez le ha dicho a Rochina que saliese en lugar de Postiga y el equipo se ha aprestado a tratar de arañar el casco del Titanic con las uñas rotas, pero el resultado ha sido que el equipo contrario ha sonreído con displicencia y además ha visto cómo la afición local aplaudía a dos de sus jugadores cuando salían al campo, seguramente porque esa afición están tan huérfana de alegrías que ya se anima incluso a vitorear a sus verdugos. El concepto “contradicción” en estado puro. De ahí hasta el final, la nada. Tan sólo Rochina, que en una jugada de calidad y empuje ha conseguido armar un poderoso chut que ha salido por encima del larguero, y Montañés, que ha puesto el alma en un contraataque finalizándolo con un disparo esquinado después de pelear ardorosamente con su par, han sido capaces de incordiar al coloso. Los demás, secos y estériles como el hogar de un escorpión. Y algunos, como Loovens, señalados por la Basílica en un gesto que hacía muchísimo tiempo que no se veía a orillas del Ebro.

   En definitiva, día aciago. Horizonte oblicuo. No ha habido agallas, pero lo peor es que no ha habido fútbol y lo más importante: no hay liderazgo. Fin.

CALIFICACIONES

Roberto: 2. No manda, no gobierna, no resuelve. Muy nervioso e inexacto todo el partido.

Sapunaru: 0. Lamentable partido de Sapu. Doblegado por Tello una y otra vez, su lateral ha sido un agujero negro en la defensa por el que ha desaparecido.

Loovens: 0. Deplorable actuación. Su trabajo ha recibido el premio de unos silbidos lacerantes por parte de la grada.

Álvaro: 2. Valiente y atento a todas las vías de agua que ha abierto el equipo contrario, no ha podido evitar el desastre.

Paredes: 1. Regresaba al equipo titular, pero su actuación no ha hecho olvidar a Abraham. Flojea mucho en tareas ofensivas.

Movilla: 1. Su pulmón ya no es capaz de insuflar aire a este cuerpo maltrecho. Hoy no ha llegado a las vías de creación en ningún caso.

José Mari: 0. No ha tapado los senderos ofensivos contrarios y ha perdido balones con mucho peligro.

Victor: 2. Lo ha intentado de todas las maneras pero ha perdido frescura en el toque de balón. Tiene que recuperar esa finura técnica que exhibió en otoño.

Rodri: 1. No, no ha sido un buen día. Ha trotado por el frente pero siempre muy alejado de los focos de eficacia ofensiva.

Montañés: 3. El mejor. Es el único que ha estado a la altura del choque, con velocidad, vigor, intención y calidad.

Apoño: 1. Muy torpe. Lento y falto de criterio. Excesivamente escorado a la izquierda, él mismo se ha cerrado la línea de creación con una muy mediocre interpretación del partido.

Jorge Ortí: 2. Le ha puesto un punto de velocidad y presencia a la segunda línea, pero no ha podido con la zaga contraria.

Rochina: 2. Su presencia es muy útil. Su control del balón y su gran disparo so dos argumentos que hoy habrían hecho falta durante más minutos.