Crónica de ayer: Real Madrid, 6 – Real Zaragoza, 0 (temporada 2009-2010)


(Este artículo fue escrito días después del partido que enfrentó al Real Madrid y al Real Zaragoza y en la temporada 2009-2010)

   Han pasado tres días. Setenta dos horas desde el momento en que mi alma se esfumó entre el vapor de la humillación. Media semana que ha servido para calcinar la honra de unos jugadores, unos técnicos y unos directivos que amenazan nuestra Historia como sólo lo hicieron las plagas de principio de siglo pasado. Ha pasado la parca con su guadaña oxidada de tanta sangre adherida a su filo y mi zaragocismo es hoy más fuerte, más sólido, más muralla que ayer. Y menos que mañana. “Like a bridge over troubled water”, es decir.

   Dicen los medios de comunicación que el Real Zaragoza está agitado.se habla de movimientos de gran calado entre los miembros del Consejo de dministración, a quienes, por cierto, tengo por personas muy sensatas y cuerdas. se habla de un Bandrés reflexivo y meditabundo aunque firmemente comprometido con la causa y, eso sí, más próximo a los Teruel, Melero y compañía. se habla de un Víctor Muño dispuesto a reflotar por segunda vez la maltrecha nao zaragocista. Se habla, en fin, de una reestructuración profundísima de la plantilla…¡en Enero! Todo esto, amigo, amiga, me deja indiferente, pues son tales los despropósitos que nos toca vivir y escuchar ysufrir y soportar que podríamos volvernos locos sólo con seguir las declaraciones del staff del club. A mí, desde luego, me marean.

   Empezaremos por la esperpéntica entrevista que concedió Herr Poschner el pasado domingo en Anragón Televisión, con un puñado de respuestas vacías y malhirientes hacai el zaragocismo, al que trató con un desdén y una desvergüenza dignas de una mala opereta. No fue capaz de dar ni una sola respuesta coherente, consistente y convincente. Porque a mí, que un tipo como este  me diga que esto se va a solucionar “sí o sí”, que es una expresión que, por cierto, me pone malo, es decirme que le importa un codillo germano nuestro club. Que un tipo como este me diga que hay sumar entre todos para salir adelante es decirme que no tiene ni idea de por dónde le da el aire. que un tipo como este me diga que lap lantilla la han hecho Prieto, herrera y marcelino es decirme que tiene un cuajo como hacía tiempo que yo no veía. ¡Ah! Y las frasecitas tipo “estamos en diciembre”, “no hay que tener miedo”, “si lo hago mal me voy y no pasa nada, que somos humanos”…En fin, qué más se pude decir.

   después viene lo del numerito de la reunión del sábado por la noche. Según cuenta las crónicas la bronca y el chorreo fue de los de época, pero que me digan a mí estos gestores de emociones y sentimientos ajenos para qué sirve poner a lap lantilla de vuelta y media. En todo caso, podremos concluir que cuando une quipo comienza con conjuras, reuniones de jugadores a solas, discursos del propietario cabreado y ruedas de prensa en los parkings de la ciudad deportiva es que aquí huele a podrido.

   ¿Conclusión? que hay que hablar de fútbol. Que hay que contratar a un entrenador ya, el que sea (a ser posible experto, zaragocista, que nos conozca bien y ql que se ldeje trabajar), hay que fichar a dos defensas de entidad, calidad y con personalidad, hay que fichar a un delantero goleador y hay que decirles cuatro cosas a jugadores que no sirven, que no valen, que no tienen categoría y apostar, de una vez por todas, por los chicos que no duermen después de una derrota como la del otro día, o como la de Mallorca, o como la de Valencia, o como la valladolid o…

   ¡Ah! Y por último. Aquí nadie da lecciones de zaragocismo, D. Eduardo, pero considerar que entre el zaragocismo no hay gente sensata, inteligente y que se dejaría la piel gratis por su Real Zaragoza a la que atender es un pecado de soberbia y necedad impropio de una persona como él.

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Crónica de ayer: Real Zaragoza, 2 – Almería, 1 (temporada 2009-2010))


(Esta crónica pertenece al partido que enfrentó al Real Zaragoza y al Almería en la temporada 2009-2010)

(Lunes, 2 de Noviembre de 2009)
 
Envuelvo tu sudor en mi bandera
El Real Zaragoza ha derrotado (2 – 1) al Almería en partido correspondiente a la 9ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Los goles los han marcado Lafita y Pulido.

Confieso que respiré hondo, muy hondo, cuando el árbitro pitó el final de partido. Respiré aliviado y contento y volví a decirme a mí mismo que es grande y bonito que el Real Zaragoza gane, que la vida tiene otro color y se abren muchas ventanas por las que se ven hermosos paisajes. Respiré alegremente y me descubrí tranquilo y confortado, pues a la victoria le añadí la coriácea sensación de sangre ganada y sudor ofrecido que nuestros muchachos nos ofrecieron ayer. Lección aprendida, lección superada.

El partido comenzó repleto de señales inciertas, o mejor dicho, ciertamente inciertas, pues el equipo salió flojito, endeble, desubicado y nervioso. El Almería gobernaba el choque con solvencia y mostraba sus armas con insolencia, invitándonos a pensar que en cualquier momento podía hacer gol y poner el patio “patas arriba”. El Real Zaragoza no mantenía el balón en su poder más allá de dos o tres pases y la Romareda mostraba su inquietud con tímidos gritos de ánimo y un expectante silencio que ponía los pelos de punta. En un momento del partido, Carlos dijo: “Vamos a ver el partido como si fuéramos del Almería. Ya verás cómo se ven las cosas de forma diferente”. Lo que era una propuesta divertida se convirtió en un bálsamo que nos ayudó a afrontar la situación, porque alguien dijo: “Ya veréis cómo ellos (el Real Zaragoza), que no están haciendo nada, llegan una vez y nos la enchufan” Y a partir de ese momento, como si unsortilegio se hubiera instdo entre nosotros, comenzaron a llegar las ocasiones blanquiazules: cabezazo de Ayala, chut de Pulido…y gol de Angelito Lafita, que instaló la esperanza en nuestros corzones y abrió la puerta del segundo gol, logrado por un ayer eficaz Pulido en una jugada de estrategia magníficamente ejecutada por los nuestros.
Ya estábamos donde queríamos. Ya habíamos hecho lo más difícil, poner el partido muy favorable con dos goles en pocos minutos. Sin embargo, en seguida sufrimos un revés. Un contraataque andaluz después de una ocasión franca de gol a nuestro favor propició que Juanma Ortiz lograse, en fuera de juego, un tanto que hizo que el zaragocismo se echase a temblar. ¿Sería capaz el equipo de hacer frente a esta nueva bofetada o repetiría actuaciones anteriores, como frente al Racing o el Málaga? La respuesta, desde luego, was in the wind y allí nos fuimos, a atrapar la verdad que nos haría libres. Y lo hicimos.
Llegamos a la segunda parte castigados por la incertidumbre y por las lesiones, pues a esas alturas del partido ya habían tenido que abandonar el terreno de juego Pennant y Ayala, pero en seguida pudimos comprobar que el equipo tenía muy claro qué debía hacer y cómo debía hacerlo. Y lo que nos propuso fue lucha, compromiso, esfuerzo común e implicación. Herramientas suficientes para, junto al talento que algunos de sus jugadores poseen, cumplir sobradamente los objetivos de la temporada. Si hacen uso de ellas, seguro que veremos muchas victorias. Trabajadas, sufridas, esforzadas, pero victorias al fin. Y ayer se pudo comprobar. Porque hubo muchos más momentos en que el 3 – 1 estuvo cerca que de que lo hiciera el 2 – 2 y eso lo sabe el equipo, el entrenador, el club y la afición. Así pues, sabiendo lo que hay, apretemos los dientes y a la faena. Esto no ha hecho más que empezar.

Esa forma de soñar (Real Zaragoza, 3 – Villarreal, 3)


El Real Zaragoza y el Villarreal han empatado (3 – 3) en partido correspondiente a la 38ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Loa goles los han conseguido Eliseu, Colunga y Pulido.

El partido del sábado era el último de la temporada 2009-2010, la más errática, esquinada y afilada que uno recuerda, y ya son más de cuarenta de las que podría hablar. Un partido dibujado con pinceles secos y huérfanos de pintura, porque ya no había lienzo que pintar ni pared que cubrir, aunque precisamente esa expectativa hueca fue la que propició que disfrutásemos de los mejores 45 minutos de los últimos meses. Una primera parte fértil, lozana, fresca y joven como la primavera que nos acompañó en la Romareda, en una tarde que yo guardaré en mi memoria como el final de una tormenta desgarrada y el comienzo de un mañana feliz y ensanchado.

El Real Zaragoza jugó un fútbol divertido, atrevido y jugoso, con unas transiciones dignas de lo que es en estos momentos el equipo, con una propuesta que le ha llevado a lograr 27 puntos en la segunda vuelta, con unos registros de Europe League y unos frutos que nos hacen pensar que sí se puede. La defensa estuvo firme, con un trabajo en el que quiero destacar a Goni, un joven jugador por el que me gustaría que se apostase, pues es buen jugador, firme defensa y, además, es de los nuestros, de casa. Jarosik estuvo grande y Pulido y Obradovic cumplieron con energía la tarea encomendada. Pero por detrás de todos ellos, que es lo mismo que decir por delante, estuvo Roberto, el mejor portero imaginado, el valladar que ha cerrado la portería zaragocista durante estos meses y ue ha conquistado el corazón blanquiazul como hacía mucho tiempo que no lo conseguía ningún cancerbero en Zaragoza. Atronó la Romareda con ese grito unánime, desesperado, desgarrado de “¡Roberto, quédate!” que sonó a lamento más que a ruego, a lágrima negra, más que a sonrisa conquistada. No parece que Roberto vaya a ser el portero del Real Zaragoz, si bien sería una de las mejores noticias del verano. Él lo sabe. Agapito lo sabe. Todos los sabemos.

El centro del campo contó con el esfuerzo generoso y derramado de Gabi y la elegancia y el tempo de Edmilson, lo cual también es una buena noticia, aunque ya se acerca la hora de fichar a un tercer centrocampista que le proporcione al equipo un punto de calidad y talento que nos permita aspirar a algo más. Y adelante, el cierzo convertido en clase. Colunga comandó una delantera  empeñada en darle otro aire al equipo. Eliseu quiso demostrarnos que sabe hacer más cosas que luchar en tareas defensivas y logró un magistral gol. Jorgelópez asomó por la esquina del pasado para recordarnos lo buen jugador que es, como queriendo pedir una segunda oportunidad. Ander intentó tantas cosas que alguna se quedó en el camino, aunque sigue siendo una de nuestras franquicias. Y Colunga. Rápido, eléctrico y fugaz. ¿O no? Logró el segundo gol, con una acción que le convierte en un deseo que quizás podamos cumplir y que le hace ser un jugador necesario para el año que viene. Estos fueron nuestros soldados.

Una primera parte deliciosa que se vió ensombrecida por el gol de Cazorla, aunque eso no impidió que viviéramos uno de los descansos más placenteros del año. Luego vendría la segunda parte, en la que el Villarreal también tuvo cosas que decir. Y las dijo. Salió Senna, se recompuso el equipo y logró dos goles cuando nuestros chicos perdieron el aire que les quedaba y redujo sus prestaciones. El partido estaba empatado, aunque aún pudimos derrotar al submarino con una acción de Ander que desaprovechó y con un grandioso disparo de Gabi a la cruceta que hizo temblar los andamios de Diego López. No pudo ser, pero el sabor de boca que nos dejó el grupo fue lo suficientemente dulce como para que la esperada bronca hacia Agapito quedase en tímidas protestas de los Ligallo y, más suaves todavía, del Colectivo. La afición, la sufrida, entendida y señorial afición zaragocista, dio una vez más una lección de gallardía y saber estar, esperanzada, eso sí, en que quien pueda tome las decisiones adecuadas para que nuestro Real Zaragoza vuelva a lograr que el Ebro ensanche su sonrisa y el Pilar se alce para tocar el cielo azul que nos espera. Hoy, ahora, nace el Real Zaragoza del mañana. A trabajar.

Si me dijeran: “Pide un deseo” (Xerez, 3 – Real Zaragoza, 2)


El Real Zaragoza ha caído derrotado (3 – 2) ante el Xerez en partido correspondiente a la 37ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Los goles los han conseguido Ander y Gabi.

La jornada se presentaba mustia y desustanciada, en expresión aragonesa tan utilizada por nosotros. Afortunadamente, pues a uno se le ponen los pelos como escarpias sólo de pensar en la situación que deben estar viviendo ahora mismo las aficiones del Tenerife, Málaga, Racing, Valladolid e, incluso, Xerez. Sosa y sin ningún interés. Hasta tal punto vivimos esa sensación de nada por nada, nada al cuadrado, que incluso cuando la televisión decidió dejar de emitir el partido por “problemas ajenos a nuestra voluntad”, nadie se mosqueó ni elevó la voz protestando. Y es que, hay que decirlo, el partidito era malo de los malos.

El Real Zaragoza llegó al Sur con la calma que concede saberse salvados, que no con el triunfo en los labios, pues nada había ni hay que celebrar. Si acaso, que seguimos respirando, aunque eso no es un éxito: es una obligación. Tranquilitos y fofos, en un encuentro que sólo el Xerez afrontaba con la intensidad debida. Nuestros jugadores tocaban la pelota, combinaban, pero muy poquico más. Nada de profundidad, nada de intención, nada de casi nada. Y así llegó el primer gol del Xerez, en un balón que colgó Francis sobre el área que se fue envenando hasta colarse en la portería de un asombrado Roberto. Antes ya habían advertido los jerezanos que tenían muchas ganas de vivir con un cabezazo de Orellana que entre Roberto y el palo evitaron que fuese gol. Y poco más.

La segunda parte comenzó con un perfil muy parecido. Zaragocistas y jerecistas jugaban a poco, si bien los azulones pretendían consolidar esa victoria que les mantenía con algo de aire en los pulmones. Hasta que llegó el gol de Ander. Un chut duro y seco a la base del poste logró encender un poco el ánimo de los aficionados y sirvió para que el joven jugador sacase la rabia que le comía el corazón. Se notó que ese gol era mucho más que un gol. Era la expresión de la raza contenida, de la muesca en el revolver de la agonía que le había atenazado a lo largo de toda la temporada, la de su bautismo en Primera.

Sin embargo, poco duró la alegría. El Xerez obtuvo el segundo gol en otra afortunada jugada, tras remate inverosímil que Roberto fue incapaz de atajar. Roberto, el gran Roberto que ya había salvado otra ocasión andaluza y que se nos escapa como agua entre los dedos. Roberto, un portero al que, mucho me temo, vamos a echar de menos a no ser que la Secretaría Técnica del club encuentre otro valladar que nos ayude a construir el Real Zaragoza 10-11. Roberto, que el sábado encajó tres goles, el terceroo también en juagada tonta y tras múltiple fallo defensivo. Roberto: nunca un portero, en tan poco tiemnpo, ha logrado ganarse al zaragocismo de manera tan unánime y grandiosa. Nunca.

El partido, pues, se había puesto 3 – 1. Los andaluces sonreían esperanzados, porque el primer paso hacia la salvación, dificílisima salvación, estaba dado. Y eso que Gabi abrió la puerta a los nubarrones con un magnífico gol, el mejor de la jornada, sin duda, que puso en el marcador luminoso de Chapín el 3 – 2. Un disparo desde fuera del área que se coló como un obús por la escuadra de Renan pero que sirvió tan solo para maquillar un resultado que, visto lo visto, era justo. Mal que nos pesara a los zaragocistas, más preocupados ya, porque el sentido común nos lo dicta, por el futuro de la entidad que por el presente de un partido sin vida ni alma. Pero eso, amigos, es harina de otro costal.

Escribamos una patria (Deportivo, 0 – Real Zaragoza, 1)


El Real Zaragoza ha derrotado (0 – 1) al Deportivo de la Coruña en partido correspondiente a la 35ª Jornada del Cameponato Nacional de Liga. El gol lo ha conseguido Colunga.

Un partido de fútbol jugado en sábado, a las 6 de la tarde, al mismo tiempo que junto a ti se están jugando la vida otros siete equipos es una ejericicio de estrés extremo que servidor, por ejemplo, no estaba dispuesto a vivir. Y no lo viví…al completo.  Porque recuerdo lo sucedido hace ahora justamente un año, cuando mi Real Zaragoza también se jugaba la vida en un apasionante encuentro frente al Tenerife, en un choque en el que despedimos al Gran Capitán Charly Cuartero y que finalizó empatado (1 – 1). Mi tensión arterial surió un ataque frontal que mi sistema empático trató de amortiguar y lo consiguió, pero la experiencia fue lo suficientemente significativa para no repetir riesgo. Y ayer no lo corrí.

Pero he visto el partido después. Lo grabé y, una vez conocido el resultado, he disfrutado de un encuentro trabajado, aseado y práctico que nos ha permitido conseguir tres dorados puntos deseados como el agua en el desierto. Y merecidos. No porque el Real Zaragoza hicicera un excelso trabajo, sino porque esta afición, este zaragocismo golpeado una y mil veces por la desgracia y la mala fortuna merece este respiro, esta sonrisa de media comisura que aún no es carcajada pero apunta a tal.

El partido empezó bajo la premisa de ese perfil bajo en el que nos hemos instalado pero que nos permite manejar la situación con gran solvencia. Esa es la clave. El Real Zaragoza es ahora un equipo eficaz, un grupo que ha optado por un patrón de juego y que sabe extraer de cada uno lo mejor. Un equipo, pues, sabio. Pues sabio es quien sabe que no sabe pero lleva al límite lo que conoce. Sabio es quien utiliza lo que posee con la maestría que nos proporciona no querer ser lo que no somos. Y sabio es quien hurga en la alforja para sacar los pocos granos de trigo que nos quedan y con ellos sembrar la semilla del triunfo.

Desde el principio vimos que íbamos a sufrir. El Depor jugaba con intención y deseo de victoria, pero también es verdad que no lo tuvo fácil. Las pocas veces que llegó a nuestra portería se encontró con un magnífico portero y con una defensa y centro del campo ordenado y muy bien colocado. La segunda parte comenzó con el viento a favor. La magistral jugada de contraataque, digna del mejor Atlético de Madrid de Luis Aragonés, nos dio la alegría del gol que sería la llave del triunfo. Un gran gol en el que tanto el despreciado Lafita coo el escurridizo Colunga ejecutaron a la perfección las ideas del manual del fútbol simple y directo. Y a partir de ahí a luchar, a pelear, a dejarnos la piel, a desangrarnos hasta la extenuación para defender lo que es nuestro, que es algo que hemos aprendido a hacer y ahí, sí, hemos logrado un equipo. Este equipo.

Vendrían ocasiones gallegas, paradones de Roberto, el fallo de Pablo Amo con el que, seguro, más de uno hace sangre y el larguero salvífico que también juega. Y lo hace, afortunadfamente, a nuestro favor. Nos atamos los machos, apretamos los dientes, elevamos nuestras plegarias a la Virgen del Pilar…y nos abrazamos al final cuando vimos, incrédulos pero convencidos, que habíamos ganado y que esta horripilante conflagración que estamos librando contra otros equipos, contra la prensa madrileña y contra nosotros mismos esta temporada asoma ya su último parte de guerra por la esquina de la esperanza. El miércoles, otra vez a luchar, y allí estaremos todos, en la vieja Romareda, primera línea de fuego. Hasta pronto, amigos. ¡Hasta la Victoria!

Real Zaragoza, 1 – R. Madrid, 2


El vendaval adormecido

El Real Zaragoza ha caído derrotado (1 – 2) ante el Real Madrid en partido correspodiente a la 34ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. El gol lo ha conseguido Adrián Colunga.   Las tardes de fútbol tienen el rostro perfilado por el sol de la emoción. La tarde de ayer asomaba por la esquina de nuestro corazón malherido con un latido abrazado al temor a la debacle y la esperanza del niño que nunca dejamos de ser. Era tarde de fútbol, tarde de pasión desbordada, tarde de emoción acantilada.

Como una playa en la que desembarcan las olas limpias por el aroma de un tango cansado. Así estaba ayer la Romareda, esa vieja dama blanca en la que hemos desagarrado nuestra voz tantas veces, a pesar de que en sus asientos cada vez hay más cuerpos arribados al aroma del imperio, cada vez hay más madridistas acurrucados durante todo el año a la espera de que llegue ese acorazado mediático capaz de conseguir victorias como la de ayer. Victorias, las del Madrid, con sabor a manjar robado. Victorias, las del Madrid, dolorosas como el desamor inesperado. Victorias, las del Madrid, que rompen esa verdad que tantos, ni madridistas ni culés, buscamos en la mirada del resto del mundo.   El partido arrancó recio y adusto, como corresponde a un choque en el que hay vida y muerte en juego. El Real Zaragoza reunió sus argumentos, pocos pero sencillos, en el centro del campo, por donde discurría la sangre de una maquinaria que ya sabía que su enemigo mortal, el Barcelona, había ganado su partido. Y lo hizo muy bien durante toda la primera parte. Y cuando no lo lograba ahí estuvieron nuestro Roberto, nuestro Jarosik, nuestro Ponzio, nuestro Contini, nuestro Gabi. Ahí estuvieron los nuestros, que ayer fueron los mejores soldados bajo la capa del cielo, los mejores defensores de una camiseta, de un escudo que ahora mismo sufre el dolor de la amenaza del descenso pero que luchará hasta el final, apoyado por una magnífica afición que ayer demostró que con ella debe ser imposible el fracaso.

La primera parte fue un durísimo encontronazo entre el orgullo del  sentimiento  de todo un pueblo y la necesidad de seguir siendo la marca registrada del poder establecido. Duro pero nunca desleal, pues el Real Zaragoza jugó ayer utilizando sus recursos, los mismos que emplean otros equipos en todas las Ligas del mundo, con la diferencia que los demás, cuando actúan con la deportiva fiereza que les caracteriza, no están haciendo sino demostrar  de este modo su casta, su tesón, su espíritu de lucha. Sin embargo, cuando quien actúa así es el Real Zaragoza los medios de comunicación imperiales se abalanzan sobre nosotros y no dudan en mancillar nuestra Historia, nuestro escudo y nuestro nombre con injustos adjetivos que contribuyen a crear una imagen deleznable de nuestro club. But that’s life!

La segunda parte el suelo se abrió bajo nuestros pies. A los cuatro minutos de juego Roberto destrozó por dos veces el grito de gol del madridismo, pero no fue suficiente. Un tal Raúl, uno de esos jugadores que escriben la historia con la fuerza de su estrella, pasaba por ahí y acertó a empujar el balón al fondo de nuestro pozo. Gol y ya está. ¿Ya está?

No. Minutos después nuestro gladiador del Lago Como, el valladar que vino del sol napolitano, acabó con su participación en el choque al protagonizar una acción que lo va a colocar en las portadas de los periódicos  durante algunas horas. Una acción similar había protagonizado Sergio Ramos en la primera parte que acabó con la lesión de Suazo y nadie la recordará. Y segundos antes Ander había recibido un reprobable golpe en la espalda pero ni una sola imagen de televisión lo mostrará. En fin, privilegios de vestir la camiseta imperial.

Con Contini expulsado, el Real Zaragoza se agrupó y se aprestó a vender cara su derrota. El Madrid la tocaba y la acariciaba, como un conde medieval hace uso de su derecho de pernada con las damas de su feudo, mas el equipo aragonés advirtió que Colunga podía ser una opción que aprovechar. Hubo una primera ocasión, pero Ramos, otra vez Ramos, se encargó de detenerlo en una acción que, en el otro área, habría sido penalty y expulsión. Sin embargo, un minuto después Aguilar iba a habilitar al asturiano con un soberbio pase que aprovechó muy bien el delantero zaragocista para lograr un esperanzador empate. Gol. El equipo de casa enardecía a la Romareda, que no había dejado de empujar en ningún momento y que recogía, así, el premio a su constancia y a su fe inquebrantable.

Quedaba mucho partido y el encuentro entró en una fase de toma y daca, en expresión castiza. El Madrid pugnaba por lograr una victoria en la que le iba la vida y Pellegrini, ese entrenador de perfil bajo que no acaba de recibir el aplauso de los suyos, optó por utilizar al mago brasileño. Kaká, el cuestionado, ese jugador que no brilla porque el frulgor imperial se lo impide, salió al terreno de juego. Y convirtió. Y le dio al Madrid un soplo de aire que le permita llegar al final del campeonato con todas las opciones intactas para lograr la Liga.

El golpe fue estremecedor, pero el zaragocismo lo encajó con gallardía. Quedaban apenas cinco minutos pero así y todo aún dispuso el equipo maño de un par de situaciones de gol que, por justicia, deberían haberle dado el empate. No fue. No pudo ser. No podía ser de ninguna manera. Este campeonato tiene el guión muy bien escrito y no hay renglón que pueda salir torcido, pues hay demasiado en juego. No pudo ser, pero debió ser, pues el Real Zaragoza emplazó al Imperio a un combate desigual sabiendo que al zaragocismo, a su afición se lo debe todo. Y se lo dio. Y así lo entendimos todos los mortales cuyo corazón blanco y azul sigue latiendo porque es nuestro firmamento añorado el que nos guía.

Athletic, 0 – Real Zaragoza, 0


La gabarra del valle

El Real Zaragoza y el Athletic de Bilbao han empatado (0 – 0) en partido correspondiente a la 33ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División.

Me cuenta mi madre, y asiente mi padre, que cuando vivimos en Bilbao aquellos amaneceres de principios de los sesenta tenían unos vecinos, matrimonio vizcaíno de raíz gruesa y voz metálica, que vivían con una pasión desbordada los colores de su Athletic. Ni el hollín de la ría que cubría las desoladas coladas matinales ni el gris marengo de los atardeceres bilbaínos conseguían apagar su atronadora fiebre por los leones de San Mamés, y esa calentura quedó en su memoria y me la hicieron saber a mí, que cuatro décadas después peino canas azules y arrugas blancas como los colores de mi amado Real Zaragoza.

Desde entonnces aragoneses y vascos se han enfrentado en mukltitud de ocasiones y hemos tenido de todo. Victorias a pecho descubierto, empates con sabor a nada y derrotas ácidas como el odio oculto. Sin embargo, de entre todas ellas recuerdo una victoria que logró el Real Zaragoza en la Romareda con un ggol mágico logrado por mi admirado Nino Arrúa, que salvó la imponente presenciua del Chopo Iríbar con una vaselina que, hoy, habría recorrido las pantallas de medio mundo y habría colapsado los canales de youtube que, aún, no se han vendido a la mercachiflería mediática blanquiblaugrana. Gol y victoria, creo recordar, por 3 – 0. Bellos recuerdos, emociones que volveremos a vivir.

El domingo, sin embargo, se enfrentaron dos equipos que perseguían caricias distintas, aunque todas ellas tienen el perfume del goce deseado y, a veces, logrado. Se apostaron a cada lado del barranco dos escuadras dispuestas al choque violento e inmisericorde, pues no otra podían ofrecer. Los unos, por estilo, corazón  e historia. Los otros por agonía, surco seco sin futuro y miseria al descubierto. Los dos nos dieron lo que tenían, aunque, eso sñi, nos lo dieron todo. Si me hubieran dicho al comenzar el partido que el Real Zaragoza iba a lograr el empate en San Mamés le habría mostrado mi incredulidead, puies sé que vencer o empatar en San Mamés es una gesta reservada, únicamente, a las grandes escuadras mimadas por el poder o a aquellos equipos que no tienen nada que perder y se la juegan a todo o nada. Pero ni uno ni otro es el caso de nuestro Real Zaragoza. Ahora bien, después  de visto lo que allí ocurrió he de decir que estoy orgulloso de estos soldados que han llegado al cobijo del cierzo para pelear por unas migajas que, en muchos casos, no les pertenecen. Así y todo, están demostrando casta y voluntad por cumplir con las órdenes de sus generales y defender un escudo que habla por sí solo de dignidad y memoria.

El partido fue muy feo. Poco fútbol, poco arte. Fue un encuentro áspero como un beso de Judas pero eso no impidió que las acciones de los jugadores zaragocistas no sean dignas de aprecio, pues si algo hay que apludir es el derroche de corazón roto por la urgencia. Y de eso hubo mucho. Sirvió la pugna para descubrirse ante Roberto, un portero que gana puntos y ofrece una seguridad al zaragocismo como no vivíamos desde los tiempos de César Lainez. Sirvió para poder escribir con letras rubias como su cabello que Jarosik es un gran jugador, uno de esos sportmen que recorren senderos esquinados para que nadie los conozca pero que cuando salen al camino su luz brilla como la coraza del príncipe conquistador. Y sirvió para comprender, por fin, a qué jugamos, tal y como ha expresado José Aurelio Gay en más de una ocasión. Jugamos, amigos, a salvarnos, que no es lo menos que puede hacer un pueblo cuando los cañones del invasor asoman por las tapias de Santa Engracia.

El Athletic propuso su partido y todo podría haber salido al revés si Fernando Llorente engatilla la primera ocasión de que dispuso o si De Marcos logra superar a ese coloso que tapa la valla del Real Zaragoza desde hace algunas semanas y cuyo recorrido deportivo ya ha conseguido seducir a la Romareda con su trabajo. Pero nada de eso fue. Porque la suerte, esa que nos dio la espalda y nos dejó abandonados en el arroyo hace dos años, también juega. Y si la jornada pasada llegó en forma de error arbitral a nuestro favor, el domingo lo hizo con el rostro de los errores bilbaínos y los aciertos en la defensa blanquilla. Y ojalá siga jugando con nuestras cartas marcadas.

Empate, pues. Empate y soplo de aire azul para unas almas deshilachadas y maltrechas que siguen agarrándose a la almadia de la esperanza en medio de un mar picado y arisco en cuyas aguas sigue navegando la nave zaragocista, zarandeada aún por la incertidumbre. Empate y un punto que será bueno, estoy sgeuro, el próximo sábado, cuando el zaragocismo apriete los dientes y haga frente, con la gallardía que nos distingue, al cíclope blanco, ese que llegará a orillas del Ebro pertrechado con toda la artillería que los medios de comunicación de la capital van a poner al servicio de la causa. Uno, en su inacabable ignorancia a pesar de los años, sólo ruega dos cosas: que nuestros jugadores sigan luciendo orgullosos el león en su pecho después de la batalla, y que eso sea porque lo han dado todo y que cuando el Real Madrid logre un gol (si lo consigue) aquello no parezca el Bernabéu Bis. Sé lo que me digo y mis lectores saben a qué me refiero.