El Real Zaragoza ya está en casa. En Primera.


Cinco muchachos vestidos de arriba a abajo con los colores de nuestro equipo caminaban con paso decidido en dirección a la Plazaelpilar por la Callealfonso la tarde del sábado. Íbamos en direcciones opuestas, pues yo dirigía mis pasos a la Plazaespaña cogido de la mano de quien más me quiere y mejor quiero y, por un momento, temí que ya hubiera acabado la fiesta y no pudiera vivir el momento en que “el autobús” llegase al centro de Zaragoza con nuestros héroes a su grupa. Les pregunté:

– ¿Ya ha llegado el autobúsa la Plazaespaña?

– ¡Bém, aún le queda! ¡Pero no creo que veáis nada, porque hay un mogollón de gente y no se puede ni andar!

Respiré, respiré sonriendo y emocionado como, supongo, lo hice hace 45 años cuando, en esa misma calle, y en aquella ocasión a corderetas de mi padre, aclamé como sólo lo puede hacer un niño, a los Magníficos, que recorrían las calles de mi ciudad con la Copa del Generalísimo lograda después de derrotar al Atlético de Madrid por 2 – 1 con goles de Lapetra y Villa. Respiré emocionado, como cuando hace 31 años celebré el ascenso a Primera en un mágico 23 de Abril después de haber soleado mi corazón aragonés en la manifestación por la autonomía esa misma mañana. Respiré ilusionado, como lo hice hace 23 años, aquella mañana de domingo en la Plaza del Pilar en que recibimos a los héroes del Calderón que habían derrotado al Barça con gol del Poeta al malogrado Urruti en la Final de Copa del 86. Respiré, en fin, como lo hicimos miles de zaragocistas esa tarde, porque nuestros ojos ya divisan un horizonte claro y abierto, el que merecemos, el que añoramos, en el que hemos crecido y nos hemos hecho hombres y mujeres.
El sábado fue un hermoso día. Para mí y los míos, pues nos reunimos en una cálida jornada porque cálido era el motivo. Hubo boda, hubo unión ante todos de Yolanda y Fernando y eso fue motivo para compartir afectos y cercanía. Y en medio de las palabras queridas y las músicas comunes llegaban los mensajes amigos, los textos esperados que hablaban de victoria, de fiesta, de objetivo logrado. Y la sonrisa, más ancha.

Cuando supimos que el Real Zaragoza vencía por 2 – 0 me encargué de compartirlo con todos los que tenían la sonrisa blanca y azul, que eran muchos, y los apretones de mano y los abrazos cerraron un círculo que se había hecho enorme e inacabable a lo largo de trece meses. Luego llegó el 3 – 0 y puesto que la fiesta llegaba a su fin en su primera entrega, me fui al mismo lugar en el que el año pasado cerré los ojos cuando el Mallorca enterró nuestro maltrecho cuerpo. Me prometí a mí mismo que volvería un año después para celebrar el ascenso y allí nos fuimos. Y sonreímos y nos reímos, igual que hace poco más de un año lloramos y nos hundimos.

Todo había acabado. O mejor: todo empezaba de nuevo. Y de nuevo el horizonte ancho, así que nos fuimos a la Campana de los Perdidos para cantar, beber, bailar, querer…Eso sí, cambiamos el rumbo durante unos instantes, porque la Plazaespaña estaba tan cerca que su atracción fue irresistible y allí recibimos a los héroes, a nuestro guerreros sonrientes, esforzados en la batalla, suaves en la alegría. La gente alegre cantaba y gritaba frases bien cosidas que levantaban el color zaragocista hasta el cielo que se negaba a llover, como si no quisiera romper la celebración.

Llegó el autobús y llegó la algarabía. Como ocurrió hace tantos años, en 1951, por ejemplo, cuando el Real Zaragoza derrotó al Real Murcia por 3 – 2 en un agónico partido y supo que era equipo de Primera tras una agónica espera de veinte minutos cuando se consumó la derrota del Málaga ante Las Palmas por 4 – 1. El zaragocismo protagonizó entonces una multitudinaria peregrinación hasta el Pilar para celebrar el ascenso y la ciudad vibró como nunca. Como el sábado. Había que ver los rostros de los miles de presentes y los gestos entregados de los jugadores y el cuerpo técnico. De jugadores como Ander, futuro del Real Zaragoza, y de Fabián Ayala, historia viva del fútbol mundial y, ahora mismo, zaragocista por los cuatro costados.

Acompañamos al autobús, enfundados en nuestra emoción, y después optamos por regresar a la Campana. Allí nos esperaba el amor. Allí estaba el futuro. Como en nuestros corazones. Ya estamos en Primera otra vez. Ya estamos en casa.
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UD Salamanca, 1 – Real Zaragoza, 3


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La alegría como estandarte

El Real Zaragoza venció (1 – 3) a la UD Salamanca en partido correspondiente a la 40ª Jornada del Cameponato Nacional de Liga de Segunda División. Los goles los consiguieron Ewerthon (2) y Jorgelópez.
El partido comenzó como lo hacen los amores juveniles. Vértigo, confusión en el enemigo, latido desaforado, sofoco en el fragoroso incendio que se produce en los cuerpos deseados…y fuego, fuego inacabable, fuego violento y apasionado que sólo el agua de las caricias puede apagar. Y en once minutos, dos goles de La Flecha, cuya punta envenenada con el curare del ascenso perforó la portería de un atónito Biel Rivas que veía cómo los alados jinetes blanquillos arrasaban los territorios fronterizos y ganaban las posiciones débilmente defendidas por sus compañeros. Dos goles y todo parecía más fácil.

Sin embargo, lo que se presentaba como un paisaje suave y accesible se tornó acantilado nórdico casi inexpugnable cuando, tras lesionarse el mejor de los nuestros, Arizmendi, el árbitro pitó un penalty en contra que nubló nuestro horizonte durante unos minutos que a todos nos parecieron interminables. Los instantes finales de la primera parte y la primera media hora de la segunda parte se parecieron demasiado a aquellos partidos en que con muy poco nos hacían gol y borraban nuestras ilsuiones.

La UD Salamanca creció tras su gol y nuestro Real Zaragoza entregó el gobierno de la batalla al contrario. Los jugadores blanquinegros acogieron con fervor la posesión del balón y trataron de jugarlo, acercándose a los dominios de Doblas con cierta gallardía y, eso sí, con digna disposición de ir a por el partido. Así y todo, diremos que este Real Zaragoza ha ganado en consistencia defensiva y, aun sabiedo que sin el balón somos más débiles, gestionó muy bien la situación, avalada su tarea por la decisión de Marcelino de cambiar a Ander Herrera por Songo’o para lograr una mayor capacidad de maniobra en los contraataques. Sin duda era una opción, pues ya se estaba demostrando ineficaz la idea de posesión, más acorde con las capacidades de Ander.

Y así llegó el tercero, en una magistral y rápida transición propiciada por Paredes, que ofreció a Jorgelópez, tras hábil amago de Ewerthon, un balón que le permitió plantarse ante Biel Rivas y ejecutar una soberbia vaselina que supuso el gol de la victoria. El delirio, las lágrimas, la rabia escupida por cada poro zaragocista se hicieron reinas del Helmántico, que comprobó el sabor del zaragocismo puro representado por esos mil leales que acompañaron durante todo el partido a nuestros jugadores.

El encuentro agonizaba, pero aún tuvo tiempo la UD Salamanca de atacar el marco zaragocista con un magnífico disparo de Isaac que repelió el poste izquierdo de la portería de Doblas. Habría sido un golazo, pero ya nada importaba. La victoria era nuestra y la felicidad, casi completa. No se logró el ascenso matemático, pues el Hércules (un día de estos hablaremos de su afición y su staff) venció agónicamente a su eterno rival (1 – 2), el Alicante, pero daba igual. Reservamos la fiesta para la Romareda el próximo sábado, pues si conseguimos vencer al Córdoba seremos equipo de Primera División. Lo mejor, sin duda, la victoria. Lo más emocionante, por supuesto, el gesto de los futbolistas de salir al terreno de juego media hora después de finalizar el encuentro para saludar a los zaragocistas que habían alentado su esfuerzo incansablemente. Como lo haremos dentro de cinco días.

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Real Zaragoza, 3 – Albacete, 0


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He conocido otros ojos en tu mirada

El Real Zaragoza derrotó al Albacete (3 – 0) en partido correspondiente a la 39ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 2ª División. Los goles los consiguieron Ewerthon (2, uno de ellos de penalty) y Caffa.
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Ahora ya lo sé. Ya sé lo que siente un seguidor culé, un forofo madridista, un sevillista hasta la muerte, un guerrero del Frente Atlético, incluso un supporter groc del Villarreal. Ahora ya conozco esa placidez que da saberte superior, conocer de antemano el resultado final, hacer una porra para jugarte con los amigos cuántas pavas le vas a meter al contrario. Ahora, ya. Y es que este Real Zaragoza ha logrado un status propio de los campeones, una circunstancia que ni los más veteranos recordaban y, francamente, se agradece.

Desde el primer toque al balón el zaragocismo, léase mis amigos de la Peña y yo mismo, disfrutamos de una sensación dulce, pues en seguida se vio que ese partido también iba a acabar en victoria. Toque, rasmia, colocación, solidaridad, clase, esfuerzo y cuantas palabras se imagine el amable lector servirían para acompañar el partido que ayer protagonizó nuestro Real Zaragoza. Fue un placer, amigos, y la sonrisa no se nos fue de la cara en ningún momento. Jorgelópez, mi tercipelo azul, se mostró en toda su grandeza, hizo un partido bello hasta la locura, ejerció de enorme jugador de clase inacanzable para paladares toscos y norteños y enseñó su rostro más bruñido y sedoso, regalándonos varios detalles propios de playstation. Y eso lo agradeció todo el equipo, incluido Ewer, por supuesto, que recibió un estelar regalo en forma de pase que le sirvió para conseguir el primer gol. El abrazo entre ambos que siguió al gol es para guardarlo en video. Y el de todos. Y la sonrisa de equipo amado y amante, agrupado, fuerte, unido.

Después vendría el penalty provocado por Zapater y convertido por Ewer. Y gol. Y descanso. Y cambio, para que no se nos rompa el Pichichi de ébano. Salió Caffa y todo siguió igual, aunque se vio que el equipo ya estaba con la mente en Salamanca, donde seguramente abrirán los paisajes perdidos para traerse a la ribera del Ebro el Santo Grial. Y aquí les estaremos esperando, pues el gol del argentino cerró el círculo de la sabiduría y alentó los vientos del Moncayo en dirección a la cima.

Luego, lo sucedido en otros campos ha proporcionado más alegría y esperanza al zaragocismo. El Rayo casi murió ayer y al Hércules se le ha roto la vasija de cerámica levantina que con tanto mimo ha ido construyendo a lo largo de estos meses. Aún tiene la posibilidad de recomponerla, pero de nosotros depende que pueda hacerlo o no. Mientras tanto, ya sólo quedan seis días para saber si nuestro Cielo está más cerca o aún precisaremos de otro billete para llegar al destino.
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Alicante, 0 – Real Zaragoza, 3


Quiero beberme todos tus sueños

El Real Zaragoza derrotó (0 – 3) al Alicante en partido correspondiente a la 38ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de Segunda Divisón celebrado en el Estadio José Rico Pérez. Los goles fueron logrados por Gabi (p) y Ewerthon, en dos ocasiones.

La tarde comenzó con ese ligero temblor en el alma que nos acompaña desde el pasado 18 de Mayo de 2008, trágica tarde que el zaragocismo recuerda estremecido por la angustia de la miseria anunciada y que rescatamos de nuestra memoria aún herida el pasado lunes al cumplirse un año. Temblor tenue, pero temblor al fin, sensación capaz de enmudecer los cánticos que con una timidez osada se asoman a nuestras gargantas por necesidad de respirar, por valor de romperle la cara al pasado y abrazar, enfurecidos de deseos de gloria, ese futuro que poco a poco nos hace llegar mensajes de pasión prometida y placeres de tormenta roja. Temblor que se desvaneció, por cierto, a los pocos minutos de arrancar la batalla, a los pocos minutos de arrojar al aire levantino nuestros primeros gritos de conquista, pues esa tarde sólo cabía ella: la Victoria.

Fue un partido con una sola melodía, una sola letra, un solo intérprete: el Real Zaragoza, creído de sí mismo, poseído de sí mismo, convencido de sí mismo. Arrebatado por las olas que la tierra quemada nos traía, cada zancada de sus jugadores, cada regate de sus jugadores, cada aliento de sus jugadores olía a golpe sin retorno, a chasquido de la espada forjada en la fragua del Vulcano mejor dispuesto, en el fuego mejor avivado y eso, amigo lector, produce un placer infinito en estas manos cansadas de escribir líneas apagadas y buscar palabras sin letras. Son tantas las tardes en que me he retirado a mi tienda de campaña vencido por el peso de las lágrimas que el sábado pasado creí poder abrazar el torso del Aquiles invicto. Y soñé.

Llegó el primer gol y rompí la rabia contenida tras tantas humillaciones y cuando Ewerthon abrió las tripas del enemigo por dos veces sujeté con fuerza la voz que pugnaba por salir de mi garganta y me dormí. Y no quiero que nadie me despierte de este sueño, ni siquiera para decirme que el Hércules ha empatado, ni siquiera para anunciarme que el Xerez cayó a orillas del Mediterráneo, ni siquiera para relatarme la surrealista derrota del Rayo. Quiero dormir y quiero seguir soñando y sólo despertar cuando las llanuras de la Primera División retumben bajo los pies de una afición maltratada por tanto engaño, tanta trampa, tanto vacío en los mensajes. Sólo quiero despertar cuando ya nadie nos pueda arrebatar la sonrisa.
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Real Zaragoza, 3 – Celta, 0


La esperanza ya está aquí
El Real Zaragoza derrotó al Celta (3 – 0) en partido correspondente a la 37ª jornada del Campeonato Nacional de liga de 2ª División. Los goles los consiguieron Eerthon, Jorgelópez y Vicente.

Dicen los más viejos del lugar, y por tanto los más sabios, que al fútbol se juega con una pelota y que el que la tiene, gana. Sencillo y grandioso. Ayer el Real Zaragoza tuvo la pelota y la manejó a su antojo, como quiso, donde deseó y como soñó y en dos caricias letales le puso nombre a la batalla con sendos goles que llevaban el aroma de Ander, el color de Ewer, el terciopelo de Jorgelópez, la melodía de Arizmendi y la sinfonía de Tonidoblas, Zapa, Pulido, Fabián, el Jabalí, Gabi y Leoponzio. Y sonreímos.

El partido de ayer lo guardaré en mi videoteca enfundado en un paño de placidos pespuntes, pues no hay quien me arrebate la convicción de pensar que el equipo de mi alma está definitavemente armado y presto al combate final y que los rescoldos de este interminable infierno cada vez queman menos.

La primera parte vimos a un Real Zaragoza sólido, convencido, muy bien organizado y perfectamente ensamblado. Además, cada jugador sabe lo que tiene que hacer y, además, lo sabe hacer. Hay conocimiento, esfuerzo, talento y solidaridad y esas herramientas son las necesarias para armar un equio de fútbol. Pero también hay solidez mental, cohesión espiritual y un corazón metálico que late como lo hace el rugido del león que nos identifica y con todo ello era lógico que en veinte minutos la pugna estuviese decidida.

Después vino el momento valle, el espacio desértico que nos visita en cada partido y que nos insinuó unatisbo de temor por si llegaba ese gol contrario que nos llevase, una semana más, a la agonía el final de los partidos. Sin embargo en esta ocasión contamos con algo que, por fin, ya se está convirtiendo en seña de identidad de nuestro Real Zaragoza: una solidez defensiva y una solvencia dignas de un equipo campeón, victorioso, con una fe en sí mismo propia de los grupos que persiguen un “goal”, un objetivo y lo logran. A dentelladas, a golpes, con tiralíneas, con sedosa e implacable voluntad de ser, con todos esos ingredientes llegamos al tramo final para ver cómo se le abria el cielo a ese chaval de sangre turolense que ha librado mil batallas con el infortunio y las lesiones pero que ayer conoció, por fin, la cara más bella del Fútbol: el gol, un gol en la Romareda.

Vctoria, pechos henchidos y corazas brillantes, prestas para afrontar el partido de Alicante, que se ofrece arisco, bronco y duro. Sin embargo, diré que ahora ya nada me da miedo.

SD Huesca, 0 – Real Zargoza, 1


La llegada del tiempo azul

He vivido dos semanas alejado del césped blanco que es cada página virgen que se me ofrece para que la acaricie con unas cuantas frases que trasladen mi fervor zaragocista a los lectores de este blog. Y las he vivido alejado porque a veces los caminos del día a día nos impiden llegar a ninguna parte o porque el corazón deja de latir contra nuestra voluntad. Algo de eso ha habido.

El partido fue claro, amontonado en el deseo de los veintidós jugadores. Fue el partido más aragonés que he visto en toda mi vida, si es que un partido tiene nacionalidad, y ese aspecto se reflejó en las mandíbulas atormentadas de los jugadores, que no reblaron, que abatieron cualquier atisbo de flaqueza, que acongojaron el silencio de la tristura.

Me gustó mucho el partido, porque fue el trago que debíamos beber para seguir creciendo, para convertirnos en ese cuerpo que ya no siente el dolor, en ese torso que no se fija en las heridas, en esa espalda que ignora el peso del miedo. Fue, desde el principio, un magnífico ejemplo de pugna despiadada en la que los ataques se repartían con equidad y limpieza. La SD Huesca honró a sus seguidores y se ofreció, generosa, al intercambio de golpes, ávida de gloria, deseosa de escribir una página que sus hijos recuerden con la sonrisa complacida de ver muerto al hermano del sur. Afrontó con gallardía el enfrentamiento y así pudimos saborear el aroma de esas flores que ya empiezan a nacer en las veredas de nuestro camino, pues el Real Zaragoza aceptó la propuesta y allá que se fue con todas sus fuerzas.

Si hubo ocasiones esas fueron para el equipo zaragocista, que se acercó con disciplinada pasión al área de Miguel. La SD Huesca, también, aportó su metálica idea de fútbol abierto y progresivo, moderno, para acuciar la portería de Doblas. Fue en una de esas oleadas cuando vimos cómo el pecho de Pavón engañaba a la vista y nos hacía temblar con la posibilidad de un penalty que, afortundamente, no pitó el colegiado. Así, se llegó al descanso.

Cuando los gladiadores regresaron al terreno de juego pudimos comprobar que el Real Zaragoza cuenta entre sus filas con varios jugadores muy capaces y, sobre todo, decididos. Me recordaron a esos acantilados a los que la fatalidad golpea en forma de olas amargadas pero ante las que jamás dobla su mirada. Y tanto es así que Gabi logró, en seguida, un cabezazo envenenado que el larguero escupió con cierta chulería. No le sirvió de nada. A los pocos minutos Ander cogió el balón, se lo quedó, lo escondió, lo mostró, lo condujo y le dijo a Miguel por dónde se lo iba a poner. Y allí fue y allí murió el gol verdoso que nos daría la victoria. El Real Zaragoza se mostraba grande, enorme, inalcanzable para los futbolistas oscenses, quienes, como héroes arañados por la voluntada divina, se fueron apagando, difuminando.

Y llegó el segundo gol, ese gol que desde hace unas jornadas el Real Zaragoza marca pero que los árbitros, en silencioso contubernio, se niegan a concedernos. Será porque no lo merecemos, será porque debemos congelar nuestro júbilo hasta que el Dios al que le debemos la vida oculte la negrura delinfierno y nos conceda la luz que alguien nos debe. Sea por la razón que sea, ese gol, el segundo, el que logró Alberto Zapater de magistral falta, no subió al cielo, no subió a las estrellas. Y nos apagamos un poco.

O la SD Huesca volvió a la vida después de la expulsión de Edu Roldán. Fue entonces cuando se vivieron esos momentos en los que el murmullo del pánico se acomoda en nuestras gargantas y tememos que los labios se nos sequen y las manos no puedan apartar el aire relto de mosquitos infectados de infortunio. Afortunadamente esos momentos hacen grande a Toni Doblas, como ya lo ha demostrado en varias ocasiones, y este sábado volvió a suceder: el arquero andaluz secó un endiablado chut de Rubén Castro y mantuvo su portería a cero. Cero por cero, cero. O sea, con un par.

Y fin. Me emocionó ver la rabia con la que los jugadores zaragocistas celebraron la victoria y la compartieron con los seguidores del león. Me emocionó y me dio fuerzas para soportar el vendaval de roja sangre que vamos a necesitar para afrontar las seis encarnizadas batallas que nos esperan. Sigo confiando en ti, amado equipo.
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Eibar, 2 – Real Zaragoza, 3


“Por eso sé que a veces necesito tu mano “
“Can you hear the drums, Fernando?”

«No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». Estas palabras fueron pronunciadas por Winston Churchill en la Cámara de los Comunes el 13 de Mayo de 1940, meses después de que Gran Bretaña le declarara la guerra a la Alemania de Hitler y en medio de un fragor de bombas y horror que asolaba los hogares británicos sin piedad. Son sus palabras más conocidas, pero en ese breve e intenso discurso el Primer Ministro dijo también: “Me preguntáis: ¿cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra: Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia.”

Me permito la licencia, sin presunción, sin soberbia, de utilizar el pensamiento del gran estadista europeo para aportar unas gotas de grandeza al titánico esfuerzo que están haciendo nuestros jugadores en este tramo final de la Liga, cuando más falta hace la rasmia, el pundonor, el orgullo y el deseo de existir. Y la mejor prueba es el partido que ayer disputó en el escueto campo de Ipurúa frente a un enrabietado y categórico Eibar cuyos jugadores se dejaron el alma y la sangre en el césped y en las piernas de nuestros muchachos.

El Real Zaragoza venció al Eibar (2 – 3) con goles de Gabi y Arizmendi (2). Tres goles magníficos que valen tres puntos como un sol de atradecer, de excepcional factura cada uno de ellos. El primero, tras extraordinaria jugada fabricada por Gabi, Ander y Jorgelópez, lo logró el centrocampista madrileño con un cabezazo digno de las mejores videotecas. El segundo fue fruto de un corner muy bien trabajado, pues aunque algunos entrenadores no lo entiendan así, la estrategia se trabaja y este Real Zaragoza, con Marcelino a la cabeza, se lo curra y se están recogiendo los frutos, como lo demuestra el certero cabezado de Arizmendi. Y el tercero fue el resultado de una extraodinaria jugada de contragolpe y toque medido que culminó de nuevo Arizmendi con un magnífico remate cruzado.

El equipo aragonés salió muy enchufado, con una intención y un deseo de vencer que nos hizo remover en nuestros asientos y esperar lo mejor desde el primer minuto. Y esa expectativa se vio cumplida con el golazo de Gabi y con el juego que desplegaban nuestros chicos. La primera parte fue netamente zaragocista, con posesión, con toque, con presión, con orgullo. Y todo eso setradujo en un segundo gol que venía a cumplir el deseo que Marcelino había mostrado durante la semana: salir a por el partido desde el primer momento y no llegar, en ningún aso, a los últimos minutos con el partido sin decidir. La primera parte, pues, el Real Zaragoza hizo los deberes y nos fuimos al vestuario satisfechos.

Sin embargo, en la segunda parte algo ocurrió. O mejor, algo dejó de suceder. Perdimos el baló, abandonamos la posesión y renunciamos a jugar y de eso se aprovechó el Eibar, que decidió poner en “on” su maquinaria y darle al botón de “balón p’arriba y todos a la olla”. Y surtió efecto. El primer balón que llegó al área, con Ayala ausente en ese momento debido a un golpe que había recibido minutos antes, lo remató Germán Beltrán, un zagal de Palomar de Arroyos al que el Real Madrid formó en su cantera y que ahora disfruta de esta Segunda División haciendo lo que mejor sabe: meter goles llegado desde la media punta. Luego llegó el despropósito de cada jornada y el equipo vasco consiguió un gol de opereta, de esos de “me-rebota-te-da-se-cuela-por-debajo-mi-rechace-es-tuyo-dos-botecitos…¡y gol!”. Y a temblar. Y a sufrir.

La diferencia frente a tiempos pretéritos es que ahora este Real Zaragoza no se rinde y así, en dos minutos, sus generales, por nombre Gabi y Jorgelópez, recuperaron el balón y cosieron una jugada de seda que finalizó Arizmendi con un gol esplendoroso que valía toda una victoria y otro saco de confianza y amor a lo propio que nos hace aún más fuertes y nos dispone para el importantísimo choque del próximo sábado contra el Tenerife.

Victoria, pues, y victoria más dulce que otras, si cabe, pues la vivimos en compañía de afectos y sonrisas familiares de esas que nos ofrecen el calor de lo más cercano. Partido que guardaré en mi memoria porque lo disfrutamos juntos y porque es de los que viven por siempre, así que nada mejor que abrochar la emoción que ayer compartimos y desearnos lo mejor. Y que la Virgen del Pilar nos acompañe, que ya hemos quedado con ella el 13 de Junio en su casa y allí estaremos.

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