Para mí, la Romareda es la Basílica del fútbol.


Aquel 17 de marzo de 1974 yo tenía 11 años. El Real Zaragoza se enfrentaba al Athletic de Bilbao en un emocionante partido que acabaría con una magnífica victoria zaragocista por 3 a 0. Arrúa, mi ídolo, marcó dos goles al “Chopo” Iríbar, uno de ellos soberbio. El tercero fue obra del gran Javier Planas.

Recuerdo que mi padre me dijo que era un triunfo enorme porque el Athletic, me contó, era un equipo muy importante que jugaba en el estadio de San Mamés al que, me dijo, se conocía como “La catedral”.

   “La catedral”, pensé. “Ese campo se llama así seguramente porque en Bilbao hay una catedral. Pues si eso es así, aquí en Zaragoza tendríamos que llamar a la Romareda ‘La basílica’. Por el Pilar, ¿no, papá?”.

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   Aún suena su risa en mi memoria y de vez en cuando me decía a mí mismo que sería bonito decir aquello de “nos vamos a la basílica a ver al Zaragoza”.

   Años después, cuando decidí escribir las crónicas de los partidos del Real Zaragoza en mi blog zaragocista “Real Zaragoza, Aire azul”, escribí este párrafo en el relato del Real Zaragoza – At. de Madrid del 25 de marzo de 2012 que acabó con victoria zaragocista por 1 a 0.

      “Sin embargo, se puede escribir con tinta de cierzo oro que esta mañana la Romareda, la Basílica del Fútbol, esa que lleva nombre de mujer y ha visto cómo el terciopelo de Lapetra, la fortaleza de Violeta, la abundancia de Arrúa, el entendimiento de Señor, la tozudez de Poyet o la rasmia de Zapater alfombraban su césped con su fútbol, le ha dicho al mundo que hay motivos para respirar y razones para el combate.” 

   Escribí este párrafo en el que íntimamente bauticé al estadio zaragocista como “la Basílica” porque para mí y para cientos de miles de zaragocistas de alma blanca y azul es el templo de nuestra infancia. En él bendecimos un amor que nos ensancha el alma y compartimos con los nuestros la memoria de mil vidas.    

   Desde entonces, a lo largo de ya casi seis años, en todas y cada una de las crónicas de los partidos jugados en casa he utilizado el término “Basílica” para referirme a la vieja Romareda. Además he escrito artículos como “La Romareda, la Basílica del Fútbol, cumple 60 años”, “La Romareda, blanca dama, basílica azul”, “Vuelve el fútbol a la Basílica” o “De basílica a basílica. Concentración del 17 de julio”, uno de mis artículos más emotivos.

   Es mi Romareda, nuestra Romareda. Es mi Basílica, nuestra Basílica. Por siempre y porque aquel marzo del 77 así lo imaginé después del triunfo ante los leones. Así lo imaginamos mi padre y yo. Que así pinten tu memoria.

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