Que así pinten tu memoria (Real Zaragoza, 1 – Córdoba, 0)


 

Ayer fue un partido muy especial. Volvía a la Basílica días después de que mi padre, mi sangre manchega, le diese el último abrazo a la vida. Mi padre, que me inyectó el blanco y azul en la sangre siendo un niño, vivió en mí ayer una vez más, como cuando me llevaba a la entonces joven Romareda montado en aquella vigorosa Vespa. Confieso que una tímida lágrima asomó en mis ojos cuando Pombo logró el gol. Confieso que en silencio musité: “Mira, papá, este gol te lo quedas, que es para ti”.

   Sí, fue un partido muy especial para mí y quería compartirlo con el lector, que a buen seguro guardará en su memoria encuentros legendarios y acciones heroicas en nada parecidas a lo que ayer vimos. Fue un triunfo agónico. Inmerecidamente, es verdad, pues el equipo zaragocista hizo méritos para cerrarlo con cierta holgura, pero su desacierto ante el gol, mal que ocupa y preocupa, es un problema cada vez más acuciante. Ante un Córdoba mediocre y pusilánime, el Zaragoza no supo entender bien de qué va esto durante los primeros treinta minutos. Sendas faltas ejecutadas muy bien por Javi Lara pusieron en apuros la meta de Cristian, mientras que el extremo Galán volvía loco a Benito, que sufrió muchísimo ante la rapidez y buen dribling del 11 cordobés.

Pombo_03

   Mientras tanto, el equipo aragonés fue poco a poco modulando el juego, sobre todo por el buen hacer de Eguaras y el sacrificio de Ros y Zapater, muy atentos a cerrar los movimientos laterales del Córdoba. En una de esas el capitán habilitó a Pombo con un pase muy ajustado que lo dejó solo ante Kieszek. El zaragozano lo convirtió en el primer y único gol del partido, lo que aclaraba la mente del equipo y los corazones de la hinchada.

   El Córdoba continuó con su guión pero su falta de pegada impedía que llegase el empate. Cristian detuvo un peligroso cabezazo de Jovanovic  pero el empate no asomaba por ninguna de las frías esquinas de la noche. Lo que sí ocurrió fue que Ros obtuvo un penalti tras un disparo suyo que golpeó en el brazo de Afonso. El zaragocismo se frotaba las manos, y no solo por la temperatura. Irse al descanso con un 2-0 era un escenario muy favorable que habría puesto el partido en un lugar apetecido por desconocido. Sin embargo, un atribulado Borja Iglesias no supo engañar al portero polaco del Córdoba, que lo detuvo sin dificultad.

   Una nueva decepción. Otro duro golpe a la autoestima del equipo y, sobre todo, de Iglesias, quien no acabó de recuperarse bien del error cometido. Así, los últimos minutos de la primera parte fueron una especie de cachivache futbolístico en el que el equipo andaluz casi logra el empate, otra vez a botas de Jovanovic, pero un ágil Cristian lo impidió con una intervención acrobática.

   Tras el descanso, el paisaje no cambió. El Córdoba siguió ocupando minutos de posesión pero el último pase no encontraba remates nítidos. Además, la defensa blanquilla actuó con corrección, siempre atenta a destruir cualquier ocasión de gol. Al mismo tiempo, el Zaragoza decidió contragolpear cada vez que robaba el balón y tratar de cerrar el choque con un segundo gol definitivo. Zapater en dos ocasiones, una de ellas de falta, y Grippo lo intentaron, pero sin fortuna.

   Ambos entrenadores movieron ficha. El local, haciendo debutar a Alfaro, quien le otorgó cierta frescura al ataque con sus galopadas por la banda derecha, pero sus balones no encontraron destino. Por su parte, el Córdoba siguió su porfía confiando en que el empuje sería suficiente argumento para lograr el empate. Y en uno de esos embates logró el premio en forma de penalti. La noche se hizo más noche, pero entonces emergió la figura de un Cristian tocado con la varita de la serenidad y la templanza. Detuvo el penalti y la grada estalló jubilosa.

   De nuevo el argentino le daba puntos al equipo, como en aquella noche de Gijón. Encajar un gol en el minuto 82 habría sido un latigazo en la espalda en carne viva de un equipo que en ese momento ya buscaba el aire desesperadamente y arrastraba los doloridos músculos por el césped. Desde ese momento hasta el final padecimos minutos de desazón, inquietud e inseguridad. Aún se vivieron acciones salvadas in extremis y balones que parecían atraídos por imanes gigantescos por la portería de Cristian. Afortunadamente, el colegiado vasco Sagués Oscoz pitó el final del partido. El final del sufrimiento, en realidad.

   Ayer, decía, fue un partido especial. Volví a ver un partido de mi Real Zaragoza días después de aquella mañana de punto y seguido. Volví a ver al equipo de mi alma, papá, el que tú me enseñaste a amar. Como cuando era un niño. E igual que entonces, sabes que por siempre serás mi eterno compañero en los viajes a la Romareda.  

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Cristian: 4. Fino, seguro y decisivo.

Benito: 1. Sufrió muchísimo con su par. Se entonó un poco como atacante.

Grippo: 2. Serio y disciplinado.

Verdasca: 2. Actuó con decisión en el corte y el choque.

Lasure: 3. Seguro, comprometido y activo en ataque.

Eguaras: 3. Aunque a veces duda, su papel de gobernante gana enteros.

Zapater: 4. Presente y muy colaborador, imprime carácter. Como siempre.

Ros: 2. Algo desubicado, le costó recuperar posiciones. Trabajador.

Pombo: 3. Inquietó a la defensa cordobesa con sus gestos técnicos. Goleó.

Febas: 2. Comienza bien las jugadas, pero no las completa. Irregular.

Borja: 1. Falló el penalti y mostró cierta indolencia. Inexacto.

Vinicius: S.C.

Valentín: S.C.

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